¿POR QUÉ SE ESTÁ HUNDIENDO LA EDUCACIÓN EN TODO EL MUNDO? HABLAMOS DEL INFORME PISA, 2025.

Acaba de salir el informe Pisa de las pruebas que se hicieron en 2025, y el resultado es revelador y claro. Se está retrocediendo si comparamos con los datos que obtuvimos hace 5, 10 o 15 años. Vamos a peor, en un declive imparable.

¿Hasta cuánto se hunde? Se habla de hasta un curso o dos por debajo de los resultados de hace una década. En el caso de España, y de los países europeos, el declive parece irreversible. Apenas aguantan tres países europeos frente al arrollador éxito de los asiáticos: Gran Bretaña, Estonia y Suiza. El resto se cae.

En el caso de Gran Bretaña algunos sociólogos hablan de buenos resultados en matemáticas por parte de los alumnos asiáticos de la pérfida Albión. Si hablamos de los asiáticos también conviene notar que bajan, lógicamente menos que los demás, pero tampoco son buenos resultados para ellos. En matemáticas son fuertes, pero no tanto en las otras dos pruebas: comprensión lectora y ciencias.

¿Por qué sucede esto? Como profesor de Castilla y León, una de las comunidades que mejor puntúa desde siempre, puedo anotar algunas causas, que por supuesto, siempre son más profundas que lo que de manera superficial perciben los periodistas o las familias. La experiencia en la docencia durante casi 28 años me permite observar una evolución en las aulas donde sigo dando clase.

El informe PISA, además, sólo valora Lengua, Matemáticas y Ciencias. No valoran si hay más educación, más compromiso social, más valores, o más conocimientos en un segundo idioma, en religión o en historia. No se valora si se potencia mucho el deporte, la salud alimentaria, la lectura de clásicos, o la ortografía. Es decir, estamos ante unas pruebas marcadas y tasadas desde unos porcentajes, y con arreglo a unas estadísticas. Las pruebas tampoco son demasiado claras.

Es habitual, y esto mucha gente no lo sabe, que los exámenes de PISA tengan errores serios que dificultan su realización, y por supuesto, conviene conocerlo, son pruebas que miden la educación con arreglo a las nuevas pedagogías. No son pruebas de contenidos, sino pruebas que cualquiera puede realizar en su casa, sin haber estudiado previamente. No preguntan si pueden situar en siglos el Imperio Romano, aunque el texto sea sobre el algo de la antigua Roma.

Es decir, miden, por ejemplo, la comprensión lectora relativa a un texto que se les entrega. Pero no saben si el alumno lee habitualmente, visita museos o si escucha música moderna. Se trabaja con arreglo a niveles sociológicos, y de migración, y poco más.

PISA mide lo que mide. Lo más significativo para mi es que podemos comparar con años anteriores y ver la tendencia. En este caso es negativa en todo el mundo.

¿Qué razones puede haber detrás a esta caída libre?

La primera razón del deterioro es la tendencia misma decreciente. Esta genera más deterioro en los siguientes años. Los profesores son peores que hace 10 años, que a su vez eran peores de los de hace 20 años De esto nadie quiere hablar, pero quizá tengamos que hacerlo. Los alumnos que obtenían regulares resultados hace diez años, son ahora profesores. Si no sabían escribir correctamente hace 10 años, es probable que sigan teniendo esa laguna.

Esto es fácilmente comprobable en las pruebas de oposición. Aspirantes a maestros que no conocen ni dominan la ortografía; aspirantes a profesores de matemáticas que se quejan de que las pruebas son muy difíciles. Plazas desiertas por falta de personal que apruebe al menos un examen. Una sociedad analfabeta en su idioma no puede enseñar a escribir bien a la siguiente generación; y esto es tan cotidiano que basta con analizar una docena de escritos de Centros Escolares, tutores o profesores para ver que no se sabe escribir correctamente, ni adultos presuntamente formados, ni niños. La tendencia es cada vez más difícil de cambiar. Se requieren años, décadas. La Logse, de hace 36 años, empeoró la Ley Villar Palasí, que era también mala. Para revertir la tendencia se necesitan leyes educativas buenas. Y eso es imposible con los políticos actuales, educados en la Logse y en la Villar Palasí.

La Universidad, que en otro tiempo, marcaba el ritmo académico del país, hoy está muy dispersa y con niveles subterráneos. En muchos casos parecen estar a las tonterías de género, los Powerpoints o el valorar a los profesores.

Puedo constatar, que la primera de las carreras que estudié, Derecho en Valladolid, mantenía unos niveles medios altos; la última de ellas, Filosofía en la UNED, soportaba a varios departamentos con auténticos analfabeto y analfabetas que presumían más que una mierda en un solar. Gente soberbia, pedante e ignorante de cualquier otro saber que no fuera su centímetro cuadrado. Una Universidad y un sistema educativo, por cierto, diseñado por el PSOE de principio a fin. Donde no han faltado amiguetes, lameculos y trepas que no han mantenido ni mejorado ni un ápice el nivel académico que alcanzó a mediados del siglo XX en España. La Universidad y su Sindicato de Estudiantes ha logrado el igualitarismo por abajo, y la ignorancia generalizada. Tales polvos, tales lodos.

La segunda razón, y no deseo extenderme mucho, radica en el fracaso de la Modernidad y el triunfo de la Posmodernidad. Es la sociedad líquida que lloriquea cuando suspende. Hay departamentos de la Universidad donde hay carteles donde se avisa a los padres de los alumnos que no pueden ir a protestar los exámenes. La posmodernidad ha convertido el saber y la razón en algo sospechoso frente a lo emocional y disperso. ¿Hay alguien que quiera saber mucho latín o matemáticas pudiendo ser youtuber? Hoy tira mucho la Educación Física, la Criminología y la Psicología. Se prefiere la fisioterapia a la medicina.

El conocimiento tradicional está en retroceso cultural. Retrocede el valor que se concede a los estudios de las humanidades, pero también retrocede el valor que se da a la Biología, a la Medicina o a la Física. Las mismas pruebas PISA reflejan el desastre ofreciendo exámenes con poco contenido. Es verdad que se puede buscar en cualquier móvil las razones de la guerra de Troya, o por qué no se cae la Luna sobre nosotros si hay gravedad; pero nadie va a buscarlo si no interesa el asunto. Y no nos engañemos. A muy pocos les interesa saber cosas nuevas. La curiosidad por el saber es algo pasado de moda. La posmodernidad quiere vivir a tope.

Dicho de otra forma. Apuntaba Aristóteles que para amar el saber, había que tener ganas de saber, tener tiempo y no conformarse con las respuestas que ya se daban. Hoy faltan las tres.

Las personas de hoy no tienen curiosidad por saber más allá del cotilleo de su red social; no tienen tiempo para aprender nada nuevo, porque el móvil ya les da la respuesta sin tener que indagar nada; y por supuesto, se conforman con todo lo que les ofrece, porque tienen miedo a perder el bienestar y el placer obtenido. Son conformistas, incluso bajo fórmulas aparentemente rebeldes. Convierten el saber en una pose, en una foto de biblioteca, pero no quieren estudiar ni aprender. Quieren un título, un aprobado, una palmadita de sus padres.

¿En una sociedad hedonista va a mejorar el informe PISA? Esta es la pregunta.

No digo que seamos como los asiáticos, que se sacrifican hasta morir por no perder el honor. Pero es evidente que para nuestros alumnos es mejor no esforzarse. Las preguntas que escuchamos todos los días en clase son del tipo, de si esto entra en el examen, de si no puedes quitarnos un poco de materia que es mucho, o de si me tienes que aprobar porque tengo el cuaderno limpio.

Esto nos lleva a la tercera razón. La pérdida de valores morales y espirituales. Una sociedad que desprecia su pasado cristiano, por ejemplo, está condenada a disolverse en la nada. Eso es lo que nos sucede. Estamos en plena disolución educativa. Primero la religión, luego las humanidades, luego las instrumentales: matemáticas, lengua, para acabar no importando nada. Total, todo viene en el móvil.

Lo que sería interesante es ver qué nota saca en PISA alguno de los programas o aplicaciones de la Inteligencia Artificial, y ver si cada cinco años mejoran o empeoran. Yo estoy seguro que van a empeorar, porque nadie los alimenta con inteligencia.

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