BREVE COMENTARIO A LA ENCÍCLICA MAGNIFICA HUMANITAS. Asumir la mirada de las víctimas.

La tercera de las contribuciones que podemos hacer a la humanidad, afirma el Papa León en el número 216 y 217 es asumir la mirada de las víctimas. Desarrolla este asunto en dos apartados.

Leemos el primero de ellos, el número 216. No tiene desperdicio.

«Hay situaciones en las que, para seguir siendo humanos, debemos abandonar las vacilaciones y tomar partido. Hay conflictos en los que no s justo permanecer neutrales y no basta con pensar en «no ser cómplices». Cuando nos enfrentamos a bombardeos contra civiles, ataques contra hospitales, escuelas o infraestructuras vitales, a abusos que afectan a los niños, nos encontramos ante escándalos que hieren a la humanidad misma. Por eso no podemos quedarnos a nivel de análisis abstractos. Como recordó el papa Francisco, debemos «tocar la carne» de quienes sufren: mirar los rostros, escuchar las historias, reconocer las heridas. Los acontecimientos dolorosos necesitan tanto de historia como de memoria: la una para tratar de relatar los hechos, la otra para dar testimonio de lo vivido

No hay que estar en silencio, y esto es muy interesante para los creyentes de base, en muchos casos silenciosos y mudos ante la injusticia. ¿Por qué?

Aprecio dos razones al menos para este silencio. El primero el de vivir una fe de manera vergonzosa. Siempre ha sido difícil afirmar la fe en una sociedad pagana y alejada de Dios. Las sociedades modernas liberales, y laicas, han empujado la fe y la religión a la esfera de los privado. Eso hace que muchas personas no se sientan cómodas testimoniando su fe, pues consideran que es algo íntimo, privado que nadie debe conocer.

En segundo lugar hay razones de abrazo del oso. Causas que son justas son apoyadas por colectivos que utilizan tales injusticias para medrar políticamente, para desgastar a los gobiernos y para ideologizar la sociedad. Muchas personas, que ven una injusticia, prefieren no manifestar la injusticia para evitar ser confundidos y equiparados. Para evitar dar alas al «rival ideológico».

El Papa nos alerta de la pasividad. Al parecer, es preferible se confundido en un mundo complejo, que ser mudo o insensible. Cuando hay escándalos que hieren a la humanidad, no hay que permanecer callados, y estos escándalos florecen tanto por la derecha como por la izquierda.

El radicalismo político, en el que viven algunas personas, los ciega ante la injusticia. Esto ya lo hemos visto sobradamente. Se justifican masacres y de dan argumentos y razones a la injusticia, por el simple hecho de defender un bando político, una construcción ideológica, olvidando que la verdad es siempre la verdad.

Reconocer las heridas, es tocar carne. Significa que tenemos memoria.

Esto de la memoria es también muy interesante, porque la memoria debe centrarse en las heridas de unos y de otros. Y no en las ideologías que propiciaron las heridas. En este sentido, la Ley de Memoria Histórica es una catástrofe, porque más que sanar heridas, las abre por culpa del olvido selectivo de las víctimas.

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