I love you, infanta Cristina.

Estoy que trino, llevo dos Prontos de retraso (que yo los subrayo y me los estudio, oiga) y me llega el telediario de hoy que me abre con el notición de que la exduquesa de Palma se me separa del Urdanga. Vamos, que la Cristina manda al Iñakito a tomar por cuenca. ¡Ole y ole!

¿Qué quieren que les diga? Un dolor para ella, y una esperanza para los admiradores de la infanta, entre los que me cuento. Que siempre ha sido mi infanta preferida, y como la pobre lo está pasando mal, pues le dedico una entrada en este blog. Ale, que te den Mañueco.

Que nadie se asuste. Es lógico que el telediario no encuentre otra noticia más importante (¿con qué abrimos, jefe?) para este 24 de enero. Al fin y al cabo, este es un país hecho por y para gilipollas, y conviene alimentar a la plebe con el morbo del día, para que se zampen el filete con patatas forjisgüey mientras comentan: qué joputa el Urdanga y quién lo iba a decir. Lo de Ucrania es una anécdota, claro.

Por cierto, creo que la segunda noticia de hoy, lo de la Conferencia Episcopal y su acuerdo con el Gobierno, será un modelo y ejemplo de manipulación informativa para dentro de unos años. Digo yo que se contará en las facultades de periodismo como ejemplo de totalitarismo disimulado y de fake news contada por un medio serio y respetable como es la TVE. Ha, ha.

Me he tenido que leer las noticias de la página de la Conferencia Episcopal para enterarme de que cualquier parecido con lo narrado en TVE era pura coincidencia. Estos de la tele son malos y mentirosos hasta decir basta. Hasta Franco se cortaba más con el NODO. Estos no. En fin, que dejo el tema para otro día, y me centro en la infanta.

Cristina siempre ha sido, y será, la mejor. Es verdad que los borbonistas de toda la vida apreciaban más a Elena, por aquello de parecerse en campechanía a su padre. Pero Cristina siempre ha molado más. Es más guapa, y aunque se quitó la verruga del moflete, la que nos hipnotizaba a sus admiradores, siempre será una señora fantástica.

Cristina ha pasado de ser poco, a ser nada. Y eso es una injusticia. Para empezar, nunca ha sido la primera en la línea de sucesión, siempre fue o segunda (detrás de Elena), o luego, cuando nació el Felipito, se convirtió en la tercera. Luego vino el desastre familiar, y pasó a ser la cuarta, la quinta, la sexta, la séptima y la octava. Va por detrás de sus sobrinitas las pijas, de su hermana Elena, e incluso del Froilán y la Victoria, que ya es humillante.

Para mi que eso la ha mosqueado mucho, y le ha tocado las brevas toda la vida, y es que no hay derecho. Tenían que haber hecho una oposición en la Casa Real, como Dios manda, y con un baremo en el grado de sucesión. Encima, le dan el título de Duquesa de Palma, y se lo quitan por culpa del empalmado de su marido. Una mierda es eso.

A Cristina le ha tocado proteger a su marido de las hordas igualitaristas. Ella lo amaba hasta no separarse de él, y eso que el tío se había pasado cuatro pueblos y medio. Cristina ha levantado y sostenido a sus hijos, su familia real, los cuales han tenido que soportar a ciento y un mil babosos patrios de esos que les encanta acosar a los que son mejores que ellos. Sus hijos, que por cierto, son los más guapos de la casa real.

Cristina vive en un exilio del que nadie habla. ¿Nadie se ha dado cuenta?

Le exigieron que se humillara más todavía y que abdicara. Por el bien de su patria, le dijeron. Y ella, con una encomiable actitud de dignidad humana ante el acoso, (y con dos cojones bien puestos) les mandó a paseo a todos. Familia, gobierno y chusma. Qué se mueren los ocho que van delante, y ya veremos quién es la reina de España. ¡Olé tus cojones y viva Cristina! Sería una gran Reina titular.

Para mi, que ese día, empezó a remontar.

Es verdad que el populacho la puso a parir, pero claro, cuando la ignorancia te insulta es porque tú lo vales. Recuerdo que le pusieron al Hospital de Badajoz “Infanta Cristina” y luego lo cambiaron y le pusieron “Infanta” a secas, que es como no decir nada. Me recuerda que a Franco, alcalde honorario a perpetuidad de Salamanca, le cambiaron la perpetuidad por unas cuantas décadas. Es lo que tiene la perpetuidad, que dura menos de lo previsto. ¡Quedaos con vuestro hospital y vuestra alcaldía, mamones veletas!

Lo dicho, una mierda de vida es lo que ha tenido esta pobre, que ni le mantienen el nombre en un hospital de provincias. El asunto es que ahora manda a paseo al Iñaki, y eso sólo puede significar una cosa: Cristina está retomando las riendas de su vida, y eso merece un aplauso y una ovación. ¡Olé!

El tema es que las dos (incluso los tres diría alguno) se casaron como el culo, con gente cutre e inmerecida, especialmente Cristina, que se desposó con un don nadie, altorro y chuleta, al que le cayó el gordo de su vida, además de una medalla de oro. Pero ha recapacitado, y nunca es tarde.

Iñaki llevó a su familia al fondo del pozo; y ella, por amor, siguió con él y lo quiso hasta el límite. Eso merece reconocimiento y asombro, pues nos demuestra entereza y solidez. Pero ahora tiene la oportunidad de rehacer su vida.

Y ahí entro yo.

Como ya estoy casado, no me pongo ofrecido. Pero con que lea mis novelas y sea feliz, me conformo. Cristina I, mi reina amada, te deseo lo mejor.