Archivo del Autor: Antonio José López Serrano

Refranes y lenguaje: Agosto tiene el secreto de doce meses completos.

 

Pronosticar el tiempo de manera popular se ha hecho toda la vida, y una de las maneras más curiosas que utilizaron nuestros antepasados fueron las CABAÑUELAS, las HEBREAS o las HERRERAS, que consistían en observar variaciones atmósféricas en los primeros días de enero o de agosto. Con tales observaciones deducían el tiempo que iba a hacer el resto del año. De ahí el refrán: “Agosto tiene el secreto de doce meses completos”; aunque también hay otros refranes al respecto, como aquel que dice “cabañuelas en febrero, en lluvias junio entero”. Explico como lo hacían por si quiere aprender la marisabidilla del telediario.

Esta costumbre de las cabañuelas se mantuvo hasta tiempos recientes en muchos lugares de España, entre otros en Tierra de Campos, en las actuales provincias de Valladolid, Palencia y Zamora, y duraba exactamente 24 días, que se extendían desde el 13 de diciembre (Santa Lucía) hasta que concluía el cómputo a principios de Enero.

Cada día de los primeros doce días observados correspondía a la primera quincena de cada mes, y las segundas quincenas coincidían con los restantes 12 días. Es decir, se contaba el día 13 de diciembre para la primera quincena de enero, el 14 diciembre predecía la primera quincena de febrero, y así sucesivamente. Cuando se terminaba la primera quincena se iba con la segunda desde el día correspondiente, es decir, el 25 de diciembre era la segunda quincena de enero, el 26 de diciembre la segunda quincena de febrero, etc.

Me gusta la terminología y el léxico relativo a los fenómenos atmósféricos que se usaban antaño, pues eran bastante más expresivos y reales, cercanos a la condición humana. Muchas de estas palabras se están perdiendo, aunque por suerte, nos quedan los diccionarios y la gente mayor que todavía sabe hablar sin mover las manos al modo espantajo gringo. Me detengo en algunos que me gustan especialmente y lo hago por orden alfabético rastreando un diccionario de castellano tradicional, cuyas palabras muchas no están en la DRAE ni en el María Moliner.

Abonanzar es el tiempo que se serena y calma. Bonanza es una palabra preciosa que habla de tranquilidad y buen tiempo. Ahora parece que solo tiene que ver con la época de vacas gordas, pero no. Es el tiempo meteorológico, no “las bonanzas empresariales”.

Abrego es el viento fuerte y cálido que procede del sur. Era el mejor para aventar la parva en los meses de verano, cuando había que separar el grano de las pajas. Con los abregos de estío, los campos debían estar segados, pues la labor era otra, y los vientos soplan por donde quieren.

Abrocar es llover, está en desuso y es pariente de palabras como embrocar o brocar. Tiene otras acepciones que tienen que ver con el bricolaje. Llover es abrir brocas… que lo sepas.

Agostar es sufrir el calor fuerte de agosto. Abrilada, en cambio es el tiempo lluvioso de abril. Marciada el de marzo y no hay muchas más.

Aguachona es el nombre que recibe la nieve blanda, casi líquida. Es lo mismo que aguanieve.

Albanciar es lo mismo que escampar. Es cuando deja de llover.

Andaluviar es llover torrencialmente. Probablemente es variación de diluviar, que tiene su referente en la Biblia.

Arbayada es otro nombre que recibe el rocío de la noche.

Barbazar, barbuzar o barciar es la lluvia ligera que se produce cuando el tiempo está muy húmedo y nublado. Cuando se puede sentir la profunda humedad en todo el cuerpo y está lloviendo ligeramente empapando todo se habla de barciar.

Bernizo es la lluvia fina que termina empapando. Se le llama también calabobos, chirimiri o mojabobos. Bernizo suena mejor que calabobos, sobre todo para el que se moja, que no quiere ser un pelele ni por asomo.

Beruje es el viento muy frío, y tiene unas cuantas variaciones: baruje, baruji, biruji… Para estos vientos fríos se usan muchos nombres diferentes, según los matices que incorporan. Otras palabras que se usan es cierzo y corisco.

Calambrones es el nombre que reciben también los carámbanos de hielo, pero también reciben el nombre de candelitas, chupiteles, cirriones o cerriones. todo parece que tiene que ver con las velas y los cirios que se ponían a los santos. Calambrón suena simpático.

Cambrina es el nombre de la escarcha tenue, también se llama carama o caramada.

Cencellada y cencellear es la helada de la niebla que congela la escarcha y los cenceños. Esta palabra es muy usada en Valladolid, sobre todo porque la niebla, cuando es muy fría deja todo blanquito, blanquito. Ha cencelleado, dice la gente por la calle.

Cencío es el viento húmedo que procede de un arroyo o de un río cercano. Es la brisita fresca de los humedales cuando corren por sus cauces y la sentimos cerca cuando nos aproximamos.

Chaparrón es la lluvia intensa de corta duración, pero también tiene variantes semejantes como charpazo o champlazo. El término es popular, pero champlazo ya es otra cosa.

Cierzo es el viento fresco y seco del norte, el viento de las heladas tan de Burgos. Lso de la capital castellana diferencian su frío del frío que hace en el resto del planeta. En burgos el frío del norte es el Cierzo y pega que no veas. A veces esta palabras se usa con otras acepciones vinculadas a escarcha o a chubascos de corta duración que llegan con frío.

Corisco es casi lo mismo. Es el viento frío del norte, pero este es el nombre que suele recibir  cuando es verano. Es el airecito fresco de las tardes de agosto que nos obliga a ponernos una chaquetilla en las terrazas castellanas. Algo impensable en Valencia, donde no corre el aire fresco en verano ni por la mañana.

Engazarse se usa para la helada que sufren los ríos y los arroyos en invierno. Las aguas congeladas del campo se dice que están engarzadas; sin embargo, cuando la persona es la que se ha helado, o lo ha sufrido un ser vivo se habla de enganirse. Algo que suene a quedarse sin ganas.

Los copos de nieve también se llaman falepas, y según sea su tamaño y grosor se habla de falispas, que son las nieves finas como en ráfagas, también llamadas farraspas; la falliscosa es el nombre de la nieve que no termina de cuajar en tierra, la nieve que se deshace pronto. en cambio la farrapera es la nieve casi convertida en agua. Farrapos es otro nombre más vulgar para los copos de nieve.

Las burbujas que se forman en los charcos cuando llueve también gozan de nombres específicos. Los gargulitos, foroles o forolas son los sustantivos ya extintos para este fenómenos. Son como si hubiera ranas que hacen pompas en los charcos. Foroles es la palabra.

Garduñas son las heladas fuertes y se les llama también las jabardas. Pero la palabra garduña tiene también otros significados vinculados a la ornitología. Son términos muy populares, recogidos en pequeños lugares donde probablemente las palabras han prestado su forma para dar otros significados. Menuda garduña está cayendo.

Invernia es el frío del invierno. Los de Juego de Tronos no se inventaron la palabra.

Jarupia es el viento fuerte que te pega en la cara y no te deja mirar.

Jarrear es llover a cántaros, pero llover tiene muchas formas con la que se completa el término. Llover a cántaros es una lluvia abundante y permanente; llover a chaparrón o a jarros es algo parecido. En cambio, llover del regañón es cuando llueve con aire del noroeste. En cambio, llover en bernizo es llover pausadamente durante mucho tiempo. Es la lluvia lenta que parece no terminar nunca.

La muelda es el bloque de hielo que baja deslizándose entero. La palabra tiene un significado semejante a muela, como si fuera muela de molino, o algo así, pero en hielo.

Nidio es la nieve lisa y resbaladiza, y nevar poco es nevuscar, nevusquina o nevada de la cigüeña. La nevada de la cigüeña es la nevada menuda que no cuaja, y digo yo que será porque tiene poco blanco el animal, aunque tampoco hay que olvidar a la cigüeña negra, sin una pluma blanca y en peligro de extinción por estas lides.

Orbayo es el rocío, la pruina. Se usa el nombre como si fuera gallego, pero lo que sí sé seguro es que para hablar del rocío se usan muchos términos distintos. Le pasa algo parecido al planeta Venus, desde lucero del alba hasta el lucero trabayeguas. No me digan por qué, que no lo he investigado.

Pintear es el nombre de las primeras gotas de lluvia. Pintea porque pinta el suelo con los primeros dibujos de agua.

Hemos hablado de los vientos del norte y del sur. Nos queda uno más, el solanillo y solano es el viento de levante, el que procede del Este y que en Castilla es viento de Aragón. Lo habitual en estas tierra es el viento del oeste al este, por eso toman nombre los vientos contrarios por llamativos.

Trabancos son los montones de nieve que se acumulan en lugares resguardados y protegidos. Son palabras todas estas que tienen que ver con la nieva, con días fríos y de hielo. Por eso los saco a colación. Así que ya saben, si quieren hacer cabañuelas, igual hasta acertamos más que los del tiempo de la tele. Eso sí, cualquier día de estos zurrusquea. ¿Que qué es? Zurrusquear es nevar suavemente. Y es que estos días fríos son los propicios para ver la nieva blanca y fría de todos los años.

 

 

 

La salvación que viene.

Salvarse, lo que se dice salvarse, es casi un grito unánime y colectivo de nuestro tiempo. Desde la cumbre del clima hasta el terror que infunde el heteropatriarcado en las niñas de bien. Todo es apocalíptico y teleológico, por lo que me temo que la humanidad está hoy más sedienta que nunca de salvación, y por ende de salvadores. Y ahí está el problema, que cualquier memo puede salvarte sin preguntar ni siquiera si quieres ser salvado, ni de qué.

Muchos de los nuevos mesías son verdes. Y el color vale para casi todo. Los pluriecologistas y su humanidad mediática no paran de repetir que el planeta necesita ser salvado. Que vamos al colapso y que el planeta está a punto de reventar. Que es demasiado tarde, aunque a veces también dicen que no lo es, que aún estamos a tiempo, pero que hay que tomar medidas urgentísimas y draconianas para salvarnos. Ellos saben lo que hay que hacer para salvar al mundo, pero en lugar de ser coherentes con lo que dicen que piensan, parchean la economía y la sociedad mientras los auténticos profetas verdes gimen desconsolados con que no es suficiente. Recicla, nene, que así salvarás al mundo. Lo dicho. Greta y el arrimado eventual tío Sánchez nos van a salvar de nuestra historia de progreso. O sea, que nos vamos a la mierda con estos mesías, y verde que te quiero verde.

Yo creo que tienen razón los greens auténticos, porque dudo que nos vayan a salvar los políticos guays gastándose una pasta en concienciarnos y contarnos repetidamente verdades indemostrables y acientíficas. Por mucho que inunden los libros de texto con la foto de Greta y los garbos, y por mucho que nos suelten una monserguilla utópica por inalcanzable, no vamos a salvar este desastre. Además, esta salvación ecológica es una caca, porque nos abandona empecatados al exterminio que nos espera en la historia. Salvaremos al planeta, si y sólo si nos extinguimos; o volvemos a las cavernas del tío Arborio.

Y es que el ecologismo como religión deja mucho que desear. ¿Qué quieren que les diga? Una salvación que no me salva a mi personalmente, y que me condena a morir y extinguirme por el bien del planeta no me mola. En realidad es una estafa. Ahí está Greta y el apóstol Sánchez bien arrimadito, os vamos a salvar, chicos. Ya, claro.

La otra caterva mesiánica es de color violeta. Me refiero a las señoras agentes de la dictadura de género, que es el nombre fino que reciben las feminazis. Nos quieren salvar de muchas cosas, algunas de ellas de dudosa existencia. Nos van a salvar del patriarcado, de la invisibilidad de la mujer y de nuestro género preconfigurado. Casi nada. En realidad esta salvación es bastante menos creíble, pero no por ello goza de menos adeptos, en este caso adeptas. Se ha construido sobre una serie de falacias indemostrables, y a cambio reciben un dinero que da gusto. Es la deconstrucción filosófica absoluta, el pensamiento débil convertido en pensamiento oficialista para la salvación de la mujer y del mundo. Salvar a las mujeres de las garras de la vida patriarcal y fascista que llevan.

El problema de esta segunda salvación es que necesita mantener a toda costa los prejuicios construidos artificialmente por la tercera oleada feminista, la de la ideología de género, para poder sobrevivir y ser creíble. Eso la convierte en una salvación excluyente para la mitad de la humanidad, o sea los varones heterosexuales y casi todas las mujeres oprimidas por la maternidad, amén de sus hijos y maridos. Estas salvadoras son menos proféticas y más molestas pues se empeñan en salvarnos de cosas insalvables, que además son imposibles de erradicar. Y que incluso son buenas hasta que se demuestre lo contrario. Ya advierto que tienen poco o nada que ver con el feminismo de equidad, al que combaten con tesón. El problema es el género, no la igualdad ante la ley. Nostradamus.

Las feministas de género, por ejemplo, pretenden salvarnos de hablar correctamente y nos introducen el lenguaje inclusivo, que en realidad consiste en hablar mal y confusamente. Nos salvan haciendo que nadie sepa escribir correctamente. ¿Por qué quieren salvar lo que no es pecado? También quieren salvar a las mujeres de tener hijos, de tener pareja para toda la vida y de querer a alguien incondicionalmente, para la salud y la enfermedad o las alegrías y las penas. Enamorarse y tener hijos tampoco es pecado, pero ellas quieren salvar a la humanidad de hacer lo que toda la vida se ha hecho. Amar, perdonar y crecer en la adversidad. Todo es patriarcado y todo es pecado, dicen.

También nos quieren salvar de Aristóteles, de Platón y de todos los varones que en la historia han pensado, han soñado, han escrito y han investigado. Todo el pasado cultural es patriarcado, y por eso gritan “os tenemos que salvar, chicas”. Mueran los filósofos y los artistas machotes; y vivan las mujeres. Porque yo lo valgo y viva mi vagina.

Yo creo que su salvación es una especie de narcisismo que en lugar de salvar a las mujeres, las condena a una muerte en vida, donde lo único valioso es su ego humano más absoluto. Lo malo es que además condenan al resto de hombres y de mujeres que no piensan como esta gente.

Lo más curioso de este mesianismo es que estas profetisas pretenden salvarnos de practicar sexo, porque también afirman que incluso el sexo consentido es violación (y no me lo invento, voto a bríos que lo dicen). Nos van a salvar de cosas que ni nos hacen daño, ni nos dan miedo. Para salvarnos manipulan a la opinión pública haciendo pensar que todos los hombres son machistas, agresivos y malos. Y que ellas son buenísimas, santísimas y que están hiper-oprimidas por el patriarcado. Ellas víctimas, y ellos verdugos.

Esta salvación en realidad no es tal, pues necesita condenar a media humanidad (a los varones) y tres cuartos más de mujeres (que todavía no se han liberado de sus maridos y que quieren a sus hijos y a sus fetos). Es una salvación que apuesta por el odio como solución final. Lo disfrazan de muchas cosas, pero esa es su conclusión final.

Personalmente sigo prefiriendo la salvación cristiana. Un Dios que se hace humanidad y que muere de amor por nosotros, que nos redime de nuestros pecados desde lo profundo del pecado y de la vida y que nos proporciona una vida eterna, es mucha mejor salvación. ¡Dónde vas a parar! Además, ahora que es Adviento, se puede celebrar y vivir desde la intimidad del corazón, en la paz del silencio y en la venida del Niño en la esperanza de una mujer encinta. Lo dicho, una salvación así sí es una auténtica salvación. Tiene esperanza, que es lo que le falta a los demás. Por eso me apunto a Jesucristo y a su Reino. Marana tha. ¡Ven Señor Jesús! ¡Ven a salvarnos del pecado y de la muerte!

Presentación del libro TRAS EL CIELO DE URANO.

 

La verdad es que estuve muy relajado y a gusto. Como no no podía ser menos. Acudieron amigos, viejos conocidos y algún que otro familiar; gente lectora en general y gente interesada en disfrutar de un encuentro ameno en particular. Aproveché para saludar a viejos y entrañables amigos, y me entregué a la febril tarea de firmar y estampar firmas y dedicatorias en unos cuantos libros. Nunca había tenido tanta cola esperando la inmortal rúbrica que convierta la novela TRAS EL CIELO DE URANO, en un ejemplar único. Digo. Eso me obligó a despedirme con rapidez de Carlos Malillos que me ayudó con genial talento en la presentación del susodicho pequeñuelo. Gracias a él y a todos los asistentes, que fueron muchos e importantes.

Ahora a descansar. Tengo nueva firma en La librería el Sueño de Pepa el día 18 de diciembre por la tarde. Allí nos veremos, si Dios quiere.

Os dejo con unas cuantas fotos del evento.

Dentro de dos días presentamos el libro. TRAS EL CIELO DE URANO

Los sentimientos se cruzan para retorcerse. Presentar un libro es casi como bautizar a una criatura pero sin el como. El caso es que tal actividad produce en el progenitor -en este caso, un servidor de usted- una tensión no exenta de respeto y temor hacia el público, el cual termina convirtiéndose en el crítico verdadero del libro. ¡Vaya mierda o me ha encantado! Ahí es nada.

Escribir es agradable y placentero. Puede ser bastante cansado y tedioso en algunas de sus partes, o convertirse en un esfuerzo grato y entretenido, incluso divertido. Escribir requiere constancia y exige perseverar hasta el final. Primero se estudia el tema, luego se planifica, se redacta, y finalmente se revisa hasta que te parece que queda medianamente aceptable. Entre uno o dos años mínimo. Algunos se quedan en la primera fase, en la segunda o en la tercera. Y yo sé que pasa el tiempo, y que no todos los libros ven la luz, pues muchos son los llamados y pocos los escogidos.

Casi todos los escritores (y artistas) tenemos costumbres parecidas con respecto a nuestra obra. Me identifico con otros creadores en la sensación de inseguridad que produce a cualquier artista su obra. Lo haces porque lo llevas dentro y te revienta el alma no sacarlo fuera. Es como parir, se hace con dolor y alegría, y hasta que no sale de tus entrañas no te quedas a gusto. Pero esto es distinto a tener un bebé. Porque un hijo siempre es para su madre y su padre la más bella criatura del mundo (hay excepciones que saltan a la vista y que motivan un “madre mía, que bicho más feo”); y escribir, pintar o componer no resultan casi nunca bellos a los ojos de su creador.

Escribir es como parir un alien, y la duda del huevo será si alguno se dará cuenta de los defectos que tú sí que ves. Quizás no les importe, piensas. Y eso es lo que suele pasar. Un hijo es así, y así me lo ha dado Dios; pero parir un libro es ver sus defectos cara a cara.

Coincido con muchos escritores en que escribir para los demás tiene algo de exhibicionista, y eso te obliga a pasar por el trance que envenenará tus emociones los próximos meses. ¿Te ha gustado? Es la pregunta que haces, y la afirmación, lo que esperas que te digan sin más ni más es el bálsamo de Fierabrás, el que cura todos los males. “Sí, me ha gustado. Es la mejor novela que he leído en mi vida”. Por desgracia, si te lo dicen, no te lo crees. Además, eso no suele pasar tan fácilmente, sobre todo porque hay cientos de novelas clásicas mejores. ¿Qué leerá este tipo para que le guste lo mío? Y así hasta el que la duda metódica del artista bordea la galaxia de un infinito imposible de recorrer. Igual no soy tan malo, y te animas a escribir otra cosa.

Personalmente -confieso mi obsesiva naturaleza- como me embarco en un nuevo proyecto más pronto que tarde, suelo considerar el libro recién parido como algo del pasado, como algo que ahí está por el mundo bambando a sus anchas sin tenerme en cuenta. De cuando en cuando nos volvemos a ver en una Feria del Libro, o en una firma improvisada.

Este es el quinto libro que publico, aunque en el fondo sea el tercero, pues “Los Caballeros de Valeolit” era una obra única que publiqué en tres partes por exigencias de tamaño. Cuando saqué “El ángel amado” no me inquieté tanto, pues sabía y sé, que es una buena novela y que aunque no sea la temática religiosa la más apetecible por mis lectores, nadie podía echarme en cara que fuera una mierda. Al contrario, sé que El ángel era una obra maestra. ¿Y ahora? ¿Qué pasa ahora?

Ahora sucede que el niño parido es una novela de ciencia ficción. He cambiado de género. TRAS EL CIELO DE URANO es una novela de aventura pura y dura, con intrigas, supervivencia, amor y amistad. Yo creo que lo tiene todo, pero se trata de una aventura espacial que puede extrañar y sorprender a mis lectores de siempre. La libertad que tengo como escritor que se ha librado de las editoriales debe asumir el riesgo que produce la intemperie de ir y venir por donde el arte y el instinto te lleven. Y eso no es tan fácil para un alma creativa.

Sé, porque lo sé, que Picasso se sintió igual que yo cuando presentó por primera vez “Las señoritas de Avignon”, y es que la inseguridad de cualquier artista está siempre bajo la piel, a veces coraza, que soporta y aparenta soportar. Orgullos que disimulan los temores. ¿Gustará o no gustará? Por orgullo puedes pensar que no la entienden; pero también, la lógica y el instinto, te pueden llevar a temblar ante la terrible realidad de que no sea lo suficientemente buena.

Siempre he pensado, desde que terminé la primera redacción hasta la última revisión, que TRAS EL CIELO DE URANO era una buena novela, de las que puede gustar mucho y emocionar al lector, incluso hasta el punto de que podría convertirse en un superventas. Pero no sueño, pues conozco el color del suelo por donde piso. También conozco los errores nimios que presenta este tercer hijo que publico. Tengo confianza en la fuerza y capacidad de esta novela; y todavía confío más en la benevolencia del que me lee. ¿Me perdonarás que haya cambiado de género literario? Hay quien me dice ya que soy el mismo escribiendo en otro género, y que se nota. Pero yo también sé que puedo parir una obra mejor, una que me deje satisfecho cien por cien y que traspase el desfilar de las generaciones.

Este jueves será un gran día. Presentaré una obra diferente. Sé que el viernes por la mañana TRAS EL CIELO DE URANO será una criatura que dejará de pertenecerme. Me huirá y vivirá sin mi. Para siempre o hasta el olvido. Nos veremos en alguna feria, en otras firmas, y en lugares a los que sueles frecuentar. Si te portas bien, querido libro, te escribiré una segunda parte.

TRAS EL CIELO DE URANO. Viajar por el espacio exterior.

Este pinturajo que hice hace unos meses quiere reflejar medianamente a los distintos icosaedros, las naves espaciales del grupo de colonos que sobrevolaron el cielo del planeta Urano antes de emprender vuelo hacia el espacio exterior. Historia que se cuenta en el libro que presentaré en sociedad el próximo jueves 28 noviembre en la Casa Revilla de Valladolid a las 19h30 y que lleva por título TRAS EL CIELO DE URANO. Ni que decir que estáis todos invitados y que la entrada es libre.

Ayer mismo, con la intención de preparar el evento, quedé con Carlos Malillos, escritor cuyo éxito y buen hacer en las letras me deparó una buena tarde, llena de sonrisas y cariño. Por supuesto no faltó el humor, ni la tranquilidad de alguien que convierte lo que toca en sensatez.

Me trajo a la mente varias reflexiones que luego me llevé a casa. Reflexiones sobre escritores y editoriales, donde nunca faltan referencias a qué sucede en el periodismo local, cual es la realidad solitaria de los que escribimos, o cómo los momentos de encuentro con los lectores son más gratificantes que las discusiones con los editores. Escribir es un drama, pero es importante no olvidar que es también un placer solitario que se termina compartiendo.

Escribir TRAS EL CIELO DE URANO llevó consigo una serie de reflexiones sobre viajar al espacio exterior que no son nuevas para los científicos. Nuestra especie está muy bien adaptada a la Tierra, donde se dan unas condiciones que son difícilmente repetibles en cualquier otro lugar del universo. Es casi imposible que encontremos un planeta idéntico al nuestro, y es bastante problemático salir al espacio exterior en calzoncillos y bufanda.

Abandonar la órbita de la Tierra nos obligará a ajustarnos y a adaptarnos al hostil espacio exterior, que nos agrede con dos asuntos especialmente graves: la ausencia de gravedad que daña nuestra salud multifuncionalmente y la radiación solar y espacial que nos bombardea cuando no estamos protegidos por la magnetosfera de la Tierra, y que daña nuestro código genético y nuestras células.

Tenemos dos soluciones para esa adaptación:

La primera solución es sacrificar nuestro organismo y modificar nuestra genética para poder sobrevivir en otras condiciones. En resumen, dejar de ser seres humanos para convertirnos en otra especie que no quede afectada por la ausencia de gravedad ni por la radiación. Seguramente la solución a tales problemas nos llevará mucho tiempo encontrarla. Sabemos que algunas bacterias pueden sobrevivir fuera de la Tierra, y que hay especies que no necesitan la gravedad para vivir. Así que tenemos un largo camino para aprender y aceptar que esta vía es una posibilidad.

La segunda solución es adaptar nuestro entorno permanentemente para vivir. Crear mundos, naves y espacios físicos con gravedad artificial que reproduzca lo que tenemos en la Tierra es la otra vía. Deberemos crear mecanismos y sistemas de protección para que la radiación no penetre en nuestros organismos ni en lo que nos rodea. Generar gravedad artificial para movernos y igual que por Valladolid y un cordón magnético que nos proteja.

Necesitamos, en definitiva, llevarnos todo de nuestro mundo y viajar a otros lugares con un amplio equipaje. De alguna manera, es la manera ordinaria que tenemos cuando salimos de casa cuando para aventurarnos por el monte. Es como lo hicieron en los siglos pasados por continentes y mares desconocidos. Llevábamos la pata de jamón metida en la bodega del barco. Ahora sucederá lo mismo, llevaremos la granja de cerdos en la nave espacial para poder comer de cuando en cuando un lomo embuchado de los que nos gusta. Todo curado a la sombra de la radiación cósmica y de los anillos de Saturno.

No me quiero salir del tema, pero casi todas las soluciones que está proponiendo la NASA sobre el espacio y su aventura proceden del segundo bloque. Adaptarnos y adaptarnos. ¿Estamos recorriendo un camino equivocado e imposible por excesivo? El tema es más filosófico que científico y la solución me temo que vendrá del precio más asequible. Si es más barato modificar nuestra genética, pues así será. Si es más fácil reproducir la Tierra a nuestro alrededor, pues así lo haremos.

Recién llegado de imprenta. TRAS EL CIELO DE URANO.

Lo esperaba para finales de semana, pero hete aquí que ha llegado esta misma tarde.

Dormía la siestecilla cuando una llamada perturbó mi tranquilidad. ¿Antonio José López? El repartidor me entregaba las cajas con los ejemplares de TRAS EL CIELO DE URANO. En pocos días estará en manos de la distribuidora RM con sede en Mojados y se empezará a llevar a las librerías de Castilla y León para venderse. Quien desee el libro puede pedirlo a la distribuidora y lo envían. Claro que sí.

Ni que decir tiene que he abierto una de las cajas para tocarlos con mis manos. “¡Hijos míos! Clamaba el poeta viendo que aquellas páginas eran un trozo de su carne…” Bueno. Menos bobadas y al grano.

TRAS EL CIELO DE URANO es ya una realidad tangible y física. Y haremos la presentación oficial el próximo día 28 de noviembre a las 19h30 en la Casa Revilla, Sala Francisco de Cossío. Será un ratito agradable. Seguro.

De momento os dejo con unas fotos para que veáis un publirreportaje del encuentro con la última criatura.

 

Presentación del libro TRAS EL CIELO DE URANO en la Casa Revilla de Valladolid

Ya tenemos fecha. PRÓXIMO 28 NOVIEMBRE, A LAS 7 Y MEDIA DE LA TARDE EN LA CASA REVILLA.

Se trata de TRAS EL CIELO DE URANO, mi primera novela de ciencia ficción. Aventura en toda regla, con trama trepidante incluida y una historia preciosa de amistad, amor y superación. Será en la Sala Francisco de Cossio de la Casa Revilla, que desde hace años es lugar de encuentros y de cultura.

Salgo así de la pereza y la reclusión a la que me suelo entregar entre libro y libro. Me gusta acudir a las cosas, pero soy poco amigo de organizar y meterme en líos. Pido perdón a mis lectores pues no hice ninguna presentación con mi novela anterior EL ÁNGEL AMADO. Es verdad que se vendió aceptablemente, y que estuve en las firmas en las que pude, pero ahora, ante la luz y la lamparilla de mi mesa de trabajo, puedo prometer y prometo que no volverá a pasar. Trataremos a TRAS EL CIELO DE URANO como se merece. Con honores de libro.

Por supuesto no puedo dejar de agradecer a Pepa, de la “Librería el Sueño de Pepa” de la plaza Mayor de Valladolid su esfuerzo para organizar este encuentro en la CASA REVILLA. Pepa es una mujer diligente y activa que respalda y apoya el trabajo de los escritores de la ciudad. Y eso es de agradecer y mucho.

Me ayudará en la noble tarea de bautizar este libro TRAS EL CIELO DE URANO mi querido amigo y escritor de encuentros y tardes felices, D. Carlos Malillos. Sus novelas son una enseñanza para el lector adolescente y juvenil, una delicia para los adultos que nos atrevemos a entrar en su mundo y su escritura. Le agradezco que esté con nosotros en esa tarde que aventuro memorable, y por supuesto, les emplazo a todos ustedes, lectores asiduos al DÍA 28 DE NOVIEMBRE A LAS 7 Y MEDIA EN LA CASA REVILLA PARA LA PRESENTACIÓN de TRAS EL CIELO DE URANO.

 

Algo de ti, algo de Camilo Sesto. Homenaje a su música.

Hay una costumbre muy española consistente en denigrar al artista que ha conseguido cierto reconocimiento, y que solo cuando alcanza la estratosfera, nos callamos la boca. Se llama envidia, y es uno de nuestros pecados nacionales, por encima del orgullo y subiendo. En España nos hemos metido con Julio Iglesias, con Almodovar, con Bardem y señora y con Camilo Sesto. Pero cuando mueren sacamos la raza y el orgullo de ver qué grandes somos. Sobre todo en piel ajena.

Camilo Sesto ha sido uno de los más grandes artistas de la segunda mitad del siglo XX en España. Cantautor, compositor e intérprete de muchas de sus canciones, fue el único cantante español en los años 70 que poseía un club de fans nada despreciable, un artista atractivo que arrasaba donde llegaba y que como muchos otros terminó siendo reconocido por los españoles al cabo de muchos años. Murió el pasado 8 de septiembre y todo el mundo ha hablado bien de él. Ya era hora, supongo.

Yo a Camilo lo he escuchado desde que era niño. Estaba en la radio a todas horas, y aunque nunca le compré un maldito disco de vinilo, forma parte de la banda sonora de la infancia y la adolescencia. Cuando Camilo cantaba, la tata que nos atendía en casa se emocionaba. Calla, que esta canción me gusta mucho. Subía el volumen y me tocaba escucharlo. Y eran canciones bellas, bien interpretadas, con un timbre de voz limpio y una entonación algo dulzona. Acompañaban por entonces las orquestas de violines, trompetas y director con batuta. Otros tiempos para la música, desde luego. Escuchar sus canciones era escuchar música popular decían. Pues eso. Viva la música popular.

Luego me arrimé al heavy, el rock y las interminables movidas, las cuáles sustituyeron aquellos sonidos de música melódica. Siempre hay un hueco para todos, o eso pensaba hasta que descubrí a los Beatles. Entonces mi cultura musical cambió y se enfangó hasta el día de hoy con los fab four. Siempre hay un hueco para otros desde luego, y últimamente escucho mucho de lo que me perdí en los años en que se había buena música.

El caso es que Camilo seguía por el mundo y yo también. El astro parecía languidecer, aunque hoy sé que eso nunca terminó de suceder. Se operó y se hizo los retoques que le propusieron sus enemigos. Estirado y acartonado. Se convirtió en el Michael Jackson español. Pero Camilo era mucho más Camilo.

Con los años y el tiempo he ido regresando a los sonidos de mi juventud y adolescencia, y recuperé la música de Camilo, para escucharla ahora que no tengo prisa. Tengo algún disco de sus éxitos, y reconozco que no me caso de escucharlo. Me parece un buen cantante, de lo mejor, y sus canciones son buenas. ¿Por qué todo el mundo había olvidado a Camilo? Ayer estuve escuchando a María Ostiz y reconozco que es extraordinaria. ¿Dónde están estos músicos especiales de ayer?

La primera vez que escuché hablar bien de Camilo Sesto fue no hace mucho, y fue en boca de Marta Sánchez, también una de las mejores cantantes españolas, de las mejores voces femeninas de nuestro país. Camilo ha sido de los mejores, sino el mejor, dijo.

Y me sorprendió, porque no suelen reconocerse los músicos con tanta vehemencia. Marta estuvo extraordinaria. Si esto hubiera sido Estados Unidos, Camilo Sesto habría sido reconocido como el Frank Sinatra patrio. Pero esto es España, y Camilo ha sido considerado por muchos, y durante mucho tiempo, como un galán cantante guaperas de otros tiempos. Y no. Era mucho más. Ha sido mucho más.

Hoy pienso que Camilo ha sido cantautor de algunas de las canciones de amor más bellas y directas de lengua castellana. Se habla de los cantautores como personas que tienen que estar comprometidas con la política o la sociedad. Camilo lo estaba con el amor de las personas, con los sentimientos y con las emociones. Un trabajador nato que compuso cientos de canciones que él mismo interpretó o que cedió para que otros las lucieran. Letras sencillas y directas. Sólidas y eficaces. Cada uno tiene una canción de Camilo preferida en su subconsciente.

Camilo puso voz a Jesucristo Superstar en una interpretación y en el teatro donde alcanzaba notas altas que pocos cantantes pueden llegar sin romperse. Durante mucho tiempo escuché que la voz de Camilo no podía compararse con la del cantante Ian Gillan, vocalista de Deep Purple, que fue el que hizo la interpretación del Superstar en versión inglesa. Pero no termino de estar de acuerdo, y hoy menos que nunca. Camilo arriesga más y da más. Propone con más fuerza la canción, de ahí que la versión española de Jesucristo Superstar estuviera, a mi juicio, más conseguida que la versión inglesa. Teddy Bautista puso el resto, desde luego, aunque haya acabado mal para lo buen artista que fue. Si no hubiera sido Judas… El caso es que aquello fue apoteósico. Fue el inicio de los musicales en la Gran Vía de Madrid. El primero y el más exitoso de aquellos años en los que se aprobaba la Constitución, y Juan Pablo II venía a España al Bernabeu.

Camilo Sesto triunfó con su música y tuvo el mundo a sus pies. Su gran éxito durante los años 70 y 80 lo mantuvieron en lo más alto durante las décadas siguientes. El trasplante de hígado en el 2002 no lo apartaron del mundo de la música, pues siguió componiendo y produciendo a otros artistas. Incansable y gran trabajador de la música, a la que amó con profundidad y respeto, hoy lo sigo escuchando y sigue gustando.

La música de Camilo no ha envejecido, ni mucho menos. Sus interpretaciones son impecables, bien logradas, firmes y sólidas. Su voz no admite réplica. Cualquier versión de otros autores puede estar condenada al fracaso, pues no es fácil el reto de dar vida al vitalismo en plenitud que es lo que él representa en la música melódica.

Recuerdo una de las entrevistas que le hicieron tras “mola mazo”, que fue uno de sus últimos éxitos, donde quiso mantenerse junto a un público juvenil. ¿Por qué no siguió? La pregunta de la periodista era, como suele ser en oficio de periodistas, molesta y algo ridícula. Su respuesta, la de nuestro Camilo, fue la de una persona sincera, la que yo interpreto como de un creador que ya está de vuelta.  Fue la respuesta de un artista que sabe que no tiene que demostrar nada porque lo ha conseguido todo en su oficio. Sencillamente, no me apetecía, respondió. Ole, y ole. Hoy me descubro ante tí, Camilo Sesto.

 

 

 

Los nefastos y repetitivos planes de estudios.

Porque los sufro, hablo de ellos. Tengo hijos y doy clase. Pues bien, me encuentro en el tema dos de varios libros de texto de Lengua y Literatura la misma explicación y el mismo contenido. Estamos con los nombres o sustantivos, que sirven para designar, y que los hay concretos, abstractos, comunes, propios y demás. No digo que el tema no sea importante, pero no creo que haya que estudiar exactamente lo mismo y con las mismas palabras en 2º de primaria, en 5º de primaria, en 1º de secundaria y en 3º de secundaria versión plan de mejora de los resultados. Se repite la materia y los chicos están hartitos hasta el punto de aburrirse como ostras y continuar tan ignorantes como cuando lo estudiaron en 2º de primaria por primera vez. Normal. Aprender cosas nuevas es lo interesante, y no perder el tiempo mal repitiendo lo mismo un año tras otro.

Coincido cuando hablo con padres ilustrados en que es absurdo repetir un mismo tema todos los años durante quince días, pero como no tenemos dónde reclamar, y los sindicatos están a las tajadas, pues nadie nos hace caso. ¿A quién se le ocurrió explicar un poco del sistema métrico un año, al año siguiente dar lo mismo pero con un párrafo más, y al tercer año volver a lo mismo  con otro párrafo de nuevas? ¿No sería mejor dar el Sistema Métrico Decimal una sola vez y en profundidad y así disponer de más tiempo para explicar otras cosas importantes otro año? Pues no. Nuestros pedagogos demagogos favoritos se empeñan en que cada vez sepan menos y sean más felices; lo cual es un precipicio para la infelicidad.

El caso es que la ignorancia es supina y subiendo. No saben bien lo que llevan toqueteando desde hace años porque siempre repiten lo mismo y de manera superficial; y no saben cosas nuevas más complejas porque nunca lo han dado. La pescadilla que se muerde la cola. No es un tema de pedagogías nuevas y viejas, sino de aprender algo nuevo de cuando en cuando y en profundidad. Les invito a hacer una prueba: las tablas de multiplicar (nunca terminan de aprendérselas), los tiempos verbales, los acentos… Y eso que son las instrumentales y se suponen que sirven para la vida. Pues bien, ya informo. Nuestros niños son incapaces de hacer frente a la vida, y cada vez peor.

Reconozco que el tema no es nuevo. Hace años hojeé algunos libros de texto de Sociales de 1, 2 y 3 de la ESO y me quedé pasmado de los topicazos y eslóganes allí recogidos. En realidad no les enseñan historia, en realidad nos los adoctrinan para que sean superinclusivos, hembristas y activistas solidarios. Por ejemplo, cuando estudian la Edad Media recurren a las monserguillas que los medievalistas están hartos de combatir -evidentemente con poco éxito- , te dibujan un castillo con los nombres de las almenas, te ubican la pirámide social del marxismo y la lucha de clases -para que nadie se olvide que somos de izquierdas y por tanto estamos en contra de la desigualdad- y dedica una página entera a contar el machismo de la época a propósito de la inquisición y la quema de brujas. Eso es todo. Imagino que los alumnos más brillantes preguntarán de dónde viene eso del cristianismo, porque suele ser un asunto, el religioso, tabú y olvidado en los planes de estudios. Da igual, que te lo expliquen en casa o te lo dé el de religión.

Los padres que van a colegios bilíngües lo tienen peor. Además de no saber casi nada en el idioma pretendido, se tienen que esforzar para que el nene aprenda las palabras en el idioma autóctono. My God, my God… Al final logran algo maravilloso, y es que sepa inglés a medias y nada de lo demás, pues gracias a Dios, el castellano lo aprenden en casa desde que son bebés. Trabajo doble para los padres. Sería mejor que fuera a clases normales y por la tarde acudieran a una academia irlandesa con nativos de verdad a jugar a baloncesto. Pero eso obligaría a los listillos pensadores de las consejerías de educación a volver a sus trabajos ordinarios.

Debería ofrecer una solución, pero sinceramente, no la tengo. Los pedagogos y los demagogos son los mismos y pululan como tecnocracia que son, por todos los partidos políticos del espectro que conozco. La lucha que planteó Habermas para emancipar al hombre de la verdad técnica es hoy una utopía innombrable, entre otras cosas porque no se estudia a Habermas en secundaria, y casi ni en la Universidad, y las siguientes generaciones son cada vez más estúpidas en saber algo relevante, y soberbios en los múltiples detalles de la sociedad de la información.

Los padres que educan ahora a sus hijos son más ignorantes que los padres de más edad, y más tarados imagino que los que educaron hace unos años. Ya ni siquiera discuten sobre el método pedagógico. Directamente te cuentan que son grandes adalides de los juegos en red, que así se conocieron ellos y que si son la tercera pareja que tienen con hijos repartidos por varios barrios de la ciudad es porque se querían y muscho. Por eso su hijo juega a la play cuatro horas todas las tardes.

Con este percal, no es extraño que sus opiniones sobre Franco, la guerra civil o el papel de la mujer en la posguerra sean iguales que las de la menistra. Son un calco de de lo que ven y oyen en televisión, en las redes sociales y en las maquinarias de pensamiento correcto de los gobiernos democráticos que desean y luchan por un mundo mejor.

Me planto, que no quiero ser agorero. Desde aquí y ahora ofrezco una luz de esperanza: hay padres que no son así y que están tan preocupados como yo. Me temo que serán los que paguen las pensiones al resto de los ninis con los que comparten hoy pupitre en las aulas. Ni que decir de mi jubilación, que seguramente me llegue a los 80 años.

 

 

Viejos y nuevos totalitarismos.

Acabo de terminar la lectura de dos clásicos que releí en tiempos tan pasados que casi no guardaba memoria de sus formas: “Rebelión en la granja” y “1984”. Ambos de nuestro querido Orwell. Ni que decir tiene que su relectura me ha llenado de un profundo placer, y un terrible desasosiego que me revuelve en forma de interrogante. ¿Vamos camino de algún nuevo tipo de totalitarismo? Quiero pensar que no, pero tengo dudas. Muchas dudas.

Volver a sumergirme en las inquietantes aguas de Orwell me han traído el recuerdo de otra de las obras apocalípticas de nuestro tiempo, una que ya me llamó la atención en su día, “El país de las últimas cosas” de Paul Auster. Creo que lo leí hace unos dos o tres años. Pero hay muchas más, muchísimas en la literatura juvenil y no tan juvenil donde el mundo deviene en horrible y tremebundo.

Todos estas distopías navegan por mundos repletos de aguas pantanosas y tétricas, sociedades destruidas o lugares de caos y muerte donde se añora el presente opulento, democrático, libre igualitario y plural. Es curioso que la libertad (y por consiguiente la pluralidad) sea la gran damnificada en todos los casos. La libertad, el pensamiento libre, la seguridad y la integridad física. Estos valores son siempre amenazados o directamente perseguidos, en cambio no lo son tanto la piedad, la sencillez, el perdón, la vida o la inocencia. Será que ya hemos abandonado estos valores y no los echamos de menos. No lo sé. El caso es que estos libros a menudo suelen mostrar sociedades totalitarias y son ejemplos de mundos militarizados y politizados hasta el extremo de ahogar a sus individuos en su naturaleza humana, que hoy definimos como libre e íntegra; y a la que yo añado el valor de lo espiritual y relacional para con Dios y los hombres.

La pregunta que nos hacen estos escritores es si no caminamos hoy hacia un totalitarismo. Y lógicamente, releyendo las distintas distopías descubro que no todos los totalitarismos son iguales, aunque sí sean todos terribles y aterradores para el hombre contemporáneo. Mi pregunta es qué sentiría o pensaría alguien del siglo XVIII al leer “1984”, o que idea tendría un franchute en 1774 cuando leyera “Rebelión en la granja”, seguro que lo interpretarían como un infierno no deseable, como una pléyade de pecados absurdos y en comandita. Me queda la duda.

Desde el punto de vista de la antropología social y cultural, no hay grupo humano ni sociedad que no sobreviva generando mecanismos internos que eviten las disensiones graves y corrompan al grupo con su disolución. No existe. Estos mecanismos suelen tener formas muy diferentes, pero todos guardan en común la necesidad de mantener un “mensaje común”, lo que se viene a denominar una “cosmovisión compartida” donde la mayoría se encuadra y se siente cómoda; y dónde la minoría es relegada, tolerada o perseguida.

Nuestra cultura no es distinta al resto de las culturas, y es notable que en muchas de ellas no son conscientes del totalitarismo y el control férreo e ideológico bajo el que viven, pacen y mueren. Sólo cuando salen de su cultura y conocen otras realidades; o simplemente reciben la influencia occidental con su libertad por bandera, rehúsan entonces a lo propio y enarbolan lo nuestro. O se reafirman en odiarnos. Lo cierto es que nadie sufre por no vivir en el mundo idílico que imagina, pues de una u otra forma la gente sobrevive haciendo y construyendo su felicidad con las pequeñas cosas de su alrededor. Por eso la vida en blanco y negro que dibujamos para una sociedad como la España de la dictadura franquista es una falacia contemporánea. La gente también era feliz entonces, unos más y otros menos. Igual que ahora. El mundo no es en blanco y negro, pues el hombre es capaz de vivir los colores incluso en las peores circunstancias. Es evidente que hay mundos menos deseables que otros, pero no mundos donde se haya perdido la esencia colorida del hombre totalmente.

También tienen en común todas las sociedades humanas el control ideológico mediante la trasmisión cultural, es decir la educación. La educación forma parte de algo más que unos contenidos inocuos. Se aprende lo que somos y lo que seremos, y se controla y decide la sociedad del futuro mediante el control del pensamiento y la  memoria contemporánea. Igual que lo muestra Orwell en “1984”. Nuestros libros de texto son un reflejo de lo que seremos en el futuro: más ignorantes y más manipulables que ahora. Que ya es decir.

También es significativo que todos los totalitarismos crean un enemigo al que alimentan para mantener la ideología a toda costa. El miedo a la antítesis es un motor muy importante para los totalitarismos, que crecen más cuando sus partidarios y acólitos perciben que ese mal crece. Cualquier ideología que funciona asustándose de otros, probablemente está generando en sus entrañas algún tipo de totalitarismo aterrador e incontrolable.

Si me pongo a examinar hacia donde va el pensamiento dominante, y desde qué fuentes se generarían los próximos totalitarismos, descubro varias realidades ideológicas que, si Dios no lo remedia, conformarán los totalitarismos del futuro. Son las preferencias sociales públicas que generan una cosmovisión y que ya están impregnando la sociedad. Me detengo en tres aspectos: religión, familia y política. Por ejemplo…

En Occidente se prefiere lo no-religioso a lo religioso Católico. Entre medias se ubica actualmente el agnosticismo débil y la religiosidad costumbrista, que se percibe como menos negativa que la convicción religiosa profunda y la vivencia mística o espiritual fuerte y sólida. El totalitarismo del futuro será ateo. Y si no pueden será islámico, que son más impermeables a estas ideologías totalitarias del laicismo. Los enemigos del totalitarismo ateo son los fanatismos religiosos. Por eso, cualquier persona que se tome en serio la religión es sospechosa de maldad y descontrol. El futuro totalitarismo perseguirá más lo religioso probablemente, o como digo, será islámica.

Se prefieren en Occidente las ideologías de género a la observación empírica y científica de la naturaleza sexual humana. Claramente el feminismo de género y todas ideologías respectivas son una muestra de totalitarismo que quiere modificar la manera de pensar, de hablar y de vivir de nuestra sociedad. De nuevo “1984”, y el Gran Hermano que son los observatorios de género de nuestra sociedad. Cambiar la sociedad y cambiar la mentalidad de la gente. ¿Puede haber un totalitarismo más en marcha que éste?

En este neototalitarismo “el varón heterosexual” es claramente menospreciado frente a cualquier otra persona, dando preferencia a la “mujer empoderada” que es la mujer teóricamente liberada del enemigo, que no es otro que el machismo. Ya tenemos leyes discriminatorias contra los varones, y leyes que persiguen a los que opinan y actúan intentando “sanar” a los homosexuales, por ejemplo. El malo es de nuevo el catolicismo, pero también el machismo y una sociedad en su conjunto que es calificada como patriarcal, y por tanto indeseable.

Se prefiere también al concienciado activista frente indiferente. Este totalitarismo agrede y persigue al pasota de otros tiempos, al hombre corriente que no desea que cambien las cosas. Estos sujetos son acusados de tener hijos, de comer carne o de no tomarse en serio la hipótesis del cambio climático. Es el totalitarismo de los idealistas, de los que sueñan sociedades mejores, y que fácilmente cuando gobiernan o asaltan los gobiernos generan otra cosa. Se repite la granja de Orwell con sus cerdos que ahora en lugar de ser los pensadores aprovechados, son los soñadores. Muchos también aprovechados. Este totalitarismo es de ordinario el del progresismo de izquierda, donde el gran malo es la ultraderecha, o cualquiera que ponga en duda sus “avances” entre los que se encuentra el aborto, la eutanasia y unos cuantos más faros de que efectivamente, caminamos hacia una sociedad totalitaria. ¿Será evitable?

Imagino una sociedad totalitaria en el futuro donde se persiga la religión católica por ser machista y patriarcal, por ejemplo. Una sociedad donde los varones tratarán de disimular su virilidad en favor de arquetipos culturales más afeminados y andróginos. Una sociedad, en definitiva, que tendrá sus cárceles llenas de disidentes. Por eso, donde nos jugamos todo es en la libertad, y sobre todo en la pluralidad ideológica. Es nuestra única posibilidad.

 

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