Archivo del Autor: Antonio José López Serrano

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Acerca de Antonio José López Serrano

Nací en Valencia a finales de los años sesenta, pero casi toda mi vida la he pasado en Valladolid. A esa ciudad le debo lo que soy, lo que creo, lo que siento y lo que amo. En ella estudié Derecho primero y Teología después. En ella conocí a mi mujer y en ella ví por primera vez el rostro de mis hijas. En ella descubrí que la CREATIVIDAD puede ser amiga de la VERDAD, y que la AUTENTICIDAD es un bien escaso que se descubre PENSANDO y VIVIENDO. Trabajo como profesor de Filosofía en Secundaria y Bachillerato, y recientemente he descubierto una nueva pasión: ESCRIBIR. Disfruto escribiendo y me gustaría que disfrutaras leyendo. Como puedes ver, solo soy un profesor de filosofía al que le gusta pensar, rezar, escribir y amar.

COMENTARIO BREVE A LA ENCÍCLICA MAGNIFICA HUMANITAS. Orar y esperar.

Después de estas semanas de verano, donde hemos dado cuenta de una pequeña parte de esta Encíclica, de los apartados relativos a la construcción de la Civilización del amor, llegamos al último comentario que hacemos, el número 228, que es titulado: orar y esperar.

Las palabras del Papa son excelentes y nos llenan de aliento. Separo las frases para poder orar con ello.

«Estas vías de compromiso se nutren de la oración y la alimentan. Para nosotros, la paz, ante todo, «proviene de Dios», Dios, que nos ama a todos incondicionalmente».

Es un don entregado por Jesús a sus discípulos el día de Pascua:

«¡La paz esté con vosotros! Esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante.»

Y sigue diciendo el Santo Padre.

Con estas palabras saludé a la Iglesia y al mundo el día de mi elecció´n a la Sede de Pedro, y deseo repetirlas para invitar a todos a pedir este don. No nos cansemos de orar por la paz y de comprometernos a hacerla realidad en nuestras relaciones y en la sociedad.

La encíclica MAGNIFICA HUMANITAS, está llena de muchas otras cuestiones también sabrosas y gustosas para pensar y reflexionar. Me he parado en estas pocas del final, porque construir un mundo desde nuestra pequeñez siempre es un valor evangelizador, constructor de conciencias y de mundos mejores que el que la dura realidad nos regala.