Archivo del Autor: Antonio José López Serrano

Nuestros hijos son de Dios, por eso los educamos conforme a sus preceptos.

Me suele suceder a menudo. Me paso varios días pensando sobre la temática próxima de esta bitácora, que como ustedes saben, actualizo cada semana, pero luego no me acuerdo de lo que había pensado. Confieso que en estos trajines dedico algunos ratos, que tampoco demasiados, pues ando trabajando en un próximo libro, y como mi tiempo es limitado por culpa de esta pestilente sociedad de la prisa, pues ando vacilando entre unas cosas y otras.

En fin, no voy a quejarme, pero sí a confesar que esta semana me ha sido bastante más fácil y sencillo. No me gusta hablar de actualidad, pero como la señora Ministra del nuevo nosequé ha soltado un rebuzno que ha distraído mi necesario estoicismo de las letras, pues me animo a entrar a trapo, que para eso tenemos un gobierno de toreros, chulapas y fullangueros.

La Ministra ha dicho que “los hijos no son de los padres”, y ha explicado que había que protegerlos de los caprichos de sus progenitores obligándoles a acudir -en eso anda la polémica y la propaganda totalitaria de turno- a las clases lectivas que se dan fuera del currículo, pero que según la Ministra es donde nos jugamos vertebrar la democracia. O sea, donde el gobierno se juega su ideología feminista, progresista y de género. Todos pensábamos que ya se hacía mucho hincapié en Historia, en Matemáticas, en Lengua o en Filosofía de sus monserguillas, pero no debe ser suficiente con hacer el currículo por Decreto (así lleva desde hace décadas), ahora quiere controlar también los contenidos de la educación afectivo-sexual que dan los paracaidistas de la educación, jovencitos formados en los preceptivos laboratorios sociales de género. A eso le llama la Ministra democracia, insultando una palabra tan bella.

Para los cristianos, y lo digo sin acritud, los hijos son de Dios. Las personas son de Dios. No son nuestras propiedades. La vida es un regalo de Dios, y hoy que andan tantas parejas descubriendo lo complicado que es tener un hijo, quedarse embarazada y demás, la afirmación de que la vida es un misterio, y de que Dios es la respuesta a tal misterio, es para los creyentes, ya digo, una verdad casi revelada.

Dios nos ama y nos ha hecho para el amor, de ahí que el matrimonio sea la manifestación natural del amor de Dios a los hombres; y en el caso del matrimonio canónico y por la iglesia, ese amor es bendecido por la Iglesia como signo de la presencia de Dios. Y nos vamos de boda y formamos un matrimonio. Incluso una pareja donde de verdad haya amor, la iglesia lo considera que hay una presencia divina, es un sacramental, un reflejo del amor de Dios.

Cuando nacen los hijos, los creyentes no dudamos de que esos hijos nuestros son también hijos de Dios, son un regalo de Dios. Por eso los educamos, los queremos, los amamos, les procuramos el mejor de los entornos y los bautizamos, les enseñamos la fe, la esperanza y el amor que hemos conocido en Dios. Los cristianos sabemos que esos hijos nuestros son de Dios, por eso deseamos que amen y se encuentren con Dios, pues tal experiencia es la más sublime y delicada que puede conocer y vivir. Es la puerta de acceso a una felicidad que los no creyentes no pueden siquiera intuir. A nuestros hijos no podemos robarles la posibilidad de  contemplar la presencia de Dios y dejarse querer por Él. Presencia que les llevará, si son consecuentes con su fe, a expandir y a construir el Reino de Dios en este mundo, que siempre necesitará de la misericordia de Dios. Por eso los cristianos pretendemos ser ciudadanos ejemplares -siempre lo hemos querido ser y me remito a Diogneto- y eso lo intentamos (todos somos pecadores) educando a nuestros hijos en el amor que Dios nos ha dado.

Los cristianos, y no descubro nada nuevo, buscamos por todos los medios que esos hijos nuestros, dentro de su libertad, puedan conocer a Dios y amarlo igual que nosotros lo amamos.

Pero no todo el mundo piensa igual que nosotros.

Sabemos que nuestra sociedad es, en ocasiones, contraria a los valores cristianos que la han alumbrado, por eso es una sociedad -desde mi punto de vista- en descomposición. Los cristianos seguiremos siendo un resto dentro de cientos de años, porque siempre lo hemos sido. Pero hoy por hoy somos respetuosos con las demás familias y con los hijos de otros. Si les quieren educar para que no tengan hijos, pues lo sentiremos mucho; pero no nosotros sí queremos educarles para un mundo diferente, bastante mejor que el que otros pretenden diseñar en un laboratorio social.

Sabemos que las personas no creyentes también aman a sus hijos, y respetamos que quieran educarlos conforme a las convicciones que ellos tienen. Y lo hacemos así porque la conciencia que Dios ha puesto en cada una de las personas es precisamente un regalo que no podemos ni queremos privar a nadie. Dios no nos pertenece, es más grande que su iglesia y que los creyentes, por eso asumimos que Dios actúa también fuera de ella,  a través de no creyente, pues todo es gracia. ¡Cómo no aceptar y aplaudir que cuando un padre decide la educación y educa a sus hijos en unos valores, aunque sean contrarios a lo que pensamos los cristianos, no están guiados por la conciencia y las ganas y el amor por hacerlo bien! Es verdad que pueden equivocarse, pero “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Son sus hijos, y tienen todo el derecho del mundo a hacerlo. Esa ley natural no la quebrantamos los cristianos, al contrario, nadie se educa mejor que en su familia, en la que Dios ha querido.

La Ministra no ha mentido al decir que los hijos no son de los padres; pero no ha dicho toda la verdad, pues los hijos son de Dios. ¿Y los no creyentes? ¿Y los que no creen en Dios? Los no creyentes pueden pensar lo que quieran de sus hijos, siempre que no los conviertan en una mercancía ni en una propiedad, pues como diría Kant, “el hombre es un fin en si mismo”, y como tal debemos tratarlo y considerarlo. Esa premisa es válida también para los cristianos, pues tal fin no es otro para nosotros que Dios y su trascendencia. Kant, no hay que olvidarlo, era, además del mejor filósofo, un pietista luterano que oraba bastante

¿Nos ponemos de acuerdo en qué educar y cómo educar a nuestros hijos? Debería ser el ideal en una sociedad madura, libre y razonable, llegar a un acuerdo, a un consenso educativo. Pero eso no es posible con una ministra, un gobierno y una izquierda que no cree en el pluralismo político, que no confía en los padres a los que trata como imbéciles (salvo que sean de izquierdas) y que actúa con un sectarismo propio de regímenes totalitarios y dictatoriales. Querer educar a nuestros hijos conforme a sus convicciones “progresistas”, que para nosotros son retroceso social, es una atentado contra los Derechos Humanos más elementales. Estoy seguro de que quieren una sociedad totalitaria, donde nadie sea cristiano y donde nadie hable con Dios. Ese es su programa, el que se olvidaron de contar a la gente en campaña. Les saldrá mal, porque meterse con Dios siempre le sale mal al malvado. Con Dios y con sus hijos, claro.

 

Monotemática y temas tabú.

No soy el único que lo ha notado. Los telediarios, los reportajes, el equis ele, los periódicos y las radios parecen cortados por el mismo patrón. Cuando toca hablar de un tema, nos dan la matraca hasta el final, hasta aburrirnos y hasta agotar el tema. Lo hacen de manera divulgativa, que es ensartando unas cuantas mentiras, unos datos confusos y unas obviedades que den por verdadero lo particular y dudoso. Así funciona el sistema propagandístico de las democracias occidentales, porque en el resto nadie discute que no haya libertad de expresión. Ya sabe, da igual que sea mi tema o tu tema, lo importante es hablar y hablar sin parar del único tema que podemos y debemos hablar. Es propaganda, por supuesto, y en un país donde se supone que debería existir el pluralismo político, es una lacra que nos inunda y nos impide ver los árboles del resto del bosque.

Y es que además de pinos piñoneros, también hay abedules en el bosque. Incluso son a veces más abundantes. Frente a las 55 víctimas de presunta violencia de género, hay que contraponer, porque nunca se habla de ellos, de los 3000 suicidios anuales. Sí, lo han visto bien: 55 frente a 3000. De unos se hace monotema, y del otro tema tabú. Se justifican diciendo que hablar de suicidios incrementa los suicidios, pero no dicen que hablar de violencia de género también debe incrementar el número de este tipo de crímenes pasionales. ¿O acaso hay alguien que quiere que se incremente el número de casos porque vive de eso? No me lo respondan, por favor, me imagino la respuesta y me da náuseas.

Por supuesto nunca se habla en profundidad de ninguno de los monotemas. ¿Para qué si el tema está claro y nadie discrepa? Los periodistas repiten las consignas prejuiciosas de turno y sacan sus monotemas aunque no sean importantes. Da igual que haya habido un bombardeo en Siria, que los iraníes derriben un avión comercial, que tengamos terremoto en Filipinas con miles de muertos… si casualmente ese día hay un sobreseimiento en una causa de corrupción, o muere una señora presuntamente a manos de su marido, lo importante es eso. Dicho de otra forma,  predomina lo particular frente a lo general. Predomina el monotema, lo que demuestra que el caso particular da igual, lo que interesa es continuar con la propaganda un día más, un telediario más, una hora más, un minuto más.

Los monotemas son tres o cuatro, no más, porque si superan esos números se diluye la propaganda del sistema. Cuando pones un telediario, cualquier día y casi en cualquier cadena, se muestran lo mismo. Algunos dedican más tiempo a su propaganda ideológica y otros menos, pero en general, casi todos dicen lo mismo y dan las mismas noticias. ¿Todos los periodistas piensan que las noticias importantes son las mismas? Parece que sí, y supongo que es porque tienen los mismos miedos y los mismos jefes.

El primero de los monotemas del telediario es lo que hacen y dicen los políticos del día, casi siempre tema nacional, si es internacional es Trump, y por supuesto, nunca hablan de la democracia en el Congo ni del presidente de Liberia. ¿Para qué? Si no es interesante, dicen.

Los políticos suelen colgar sus rebuznos en twitter y así no molestan a los periodistas con ruedas de prensa. Lo que dicen y lo que braman son imbecilidades soltadas para el ganado. Y el ganado se lo traga como pan bendito. Ocupan un porcentaje alto. Lo que ha hecho y dicho el ministro y así. A estas declaraciones se añaden las especulaciones jurídicas de los periodistas, que no saben muy bien si el juez hace o deshace, porque básicamente no saben qué es un juez porque no lo han estudiado. El magistrado dice, deja de decir, imputa, procesa, declara. Probablemente no saben qué es cada cosa, pero les da igual, porque de inmediato son contestados por los políticos que sí saben, pero que en su maldad disfrutan destrozando la separación de poderes. De eso no hablan, de la independencia judicial. Tampoco hablan del Congo. Eso no importa, en cambio, la chorrada de cualquier imbécil metido a portavoz de algo sí importa, y mucho.

El segundo monotema es la consabida y tediosa violencia de género. Casi nunca hablarán de otros crímenes: ni drogas, ni contrabando, ni extorsiones, ni robos con violencia, ni robos sin violencia, ni desapariciones, ni ocupas, ni atracos, ni vandalismo callejero, ni suicidios ni casi nada de nada. Y si son menores o extranjeros tampoco lo mencionan, es tema tabú. A veces dedican algo cuando el tema es muy gordo, pero más bien poquito. Hay que vender, y se conoce que la violencia de género vende mucho, o cobra mucho. Que será eso también. Lo dicho, 3000 suicidios al año, y 1000 muertos en carretera en España anuales, no tiene nada que hacer frente a 55 presuntos asesinatos de género y con perspetiva de género. El 1,3% de las muertes de la cosa nostra ocupan la única actualidad en sucesos del país. Y he sido generoso en la proporción.

El tercer tema es el relativo a la meteorología y al cambio climático. Suceda lo que suceda, llueva o haga frío, todo es por el la consabida verdad verdadera del cambio climático, que ni es cambio, ni es climático, pero que da igual, porque todos le llaman así y Sánchez ha dicho que no se puede discutir. Nunca te explican las opiniones disonantes, las voces de los científicos que no son subvencionados, ni siquiera salen científicos de más de 60 años hablando en la televisión. Casi siempre son jovencitos que parecen recién salidos de las facultades de Ciencias Medio Ambientales, donde también debe ser todo monotemático. El caso es que te cuentan el tiempo por activa y por pasiva, y te dicen hasta el porcentaje de luna que tenemos. Información basura y poco relevante, pero que ellos lo dan, porque piensan que tenemos que estar informados. Jaja, que gracia tienen los tíos. El culmen del monotematismo es hablar del cambio climático con perspectiva de género. Palabra que lo dijeron el otro día en no se qué cumbre de las miles que hacen al año sobre el monotema.

El cuarto tema es el relativo al deporte. Perdón, quiero decir al fútbol que practican dos equipos: el Real Madrid, el Barça, y a veces el Atlético de Madrid. Cuando gana Rafa Nadal también lo sacan y sonríen los periodistas, y cuando gana algún otro u otra nos lo cuentan rápido. ¡Ah sí! ¡Qué también somos campeones de badminton gracias a Carolina Marín! ¿O era Martín? Vale, Ahora hablamos de los nuevos fichajes del Real Madrid. Pase lo que pase son noticia. O están en crisis y están ganando; pero nunca están fuera de los telediarios.

Frente a estos temas, se cuela alguno más relativo a la cultura, por poner algo, supongo. A las noticias científicas tampoco le dedican ni dos segundos. Que si han lanzado un satélite los de la NASA a Plutón. Y por supuesto deben ser noticias de relumbrón, porque si no, no son noticias. Lo cotidiano no es noticia, y por eso, mejor les contamos cinco minutos más lo del Madrid y ya. Que eso sí que es noticia, los entrenamientos del Madrid…

El caso es que hay grandes sacrificados en los informativos y los telediarios, que son, a saber, el arte en general y la ciencia en particular. Nada de música, ni de literatura, ni de poesía, ni de cine, ni de toros, ni de teatro, ni de danza, ni de ópera, ni de… Se ve que tampoco existen documentales sobre Carlos II, ni sobre Felipe III, ni sobre Galdós (ahora que está hasta de minimoda),  nadie habla de las consecuencias del Brexit, ni de la guerra en Ucrania, ni de nada. La inanidad debe ser esto. Monotemas y temas tabú. De unos repiten y repiten, Segunda Guerra Mundial y lo malísimos que fueron los nazis, y de el resto no se habla.

Hay otro tema de los documentales que sí se habla y mucho, y es el asunto de los extraterrestres y la teoría de los antiguos astronautas, que debe ser el monotema en Estados Unidos. Hasta las cadenas dedicadas a historia hablan de esto y no de historia. Luego están los reportajes sobre la naturaleza, y no parece haber más que bichos y animales asesinos que se comen a sus presas a lo salvaje. ¡Cómo que son bichos, coño!

En fin, que si te apetece ver algo diferente tienes que andar ronroneando al canal cocina; a canal sur, que siempre están triki triki; o Telecinco donde el monotema se llama “Sálvame” que es un programa con un final tan incierto como repetitivo. Por supuesto, siempre nos queda la lectura.

 

La fuente de inspiración inagotable de un escritor.

Hablo de mi caso, y creo recordar que coincide con la de muchos escritores latinoamericanos del siglo XX. La vida de los vecinos y de la familia es una fuente de inspiración constante para un escritor cuando la vida se hace relato.

Desconozco de qué hablan otras familias, pero en la mía es muy habitual contar historias de un abuelo, de un bisabuelo, de un tío abuelo o de cualquier otro antepasado, primo, tío o sobrino. Se comenta jocosamente sobre lo que le pasó, lo que hizo o lo que tenía por costumbre. Son anécdotas que llaman la atención a sus parientes, y por eso lo recordamos con humor, con gusto, con intriga y con gozo. Los ojos de nuestros mayores brillan cuando recuerdan cómo era fulanita o menganito. Genio y figura… dicen. Qué forma de ser. Y son personas que han pasado por nuestra vida dejando una huella indeleble en el alma.

Estas personas queridas, se convierten en perfiles, en arquetipos humanos cuando por observación los utilizamos como personajes para edificar un relato. Yo no sé otros escritores, pero yo tengo que ver al personaje, tengo que saber todo o casi todo de él para comprenderlo y moverlo por la trama. Aunque no lo cuente en la novela, mis personajes tienen un pasado, y yo soy dueño de su presente y de su futuro. Tienen un carácter, una manera de ser, y ahí es donde las viejas historias y lo que observo y conozco es vital para mi.

La realidad supera la ficción, por eso siempre ha habido gente que ha hablado con los muertos, gente con deseos de soledad y de compañía a partes iguales; y gente, en general más díficil de carácter o más fácil. También ha habido siempre personas cuyo único interés en la vida ha consistido en nacer, casarse, reproducirse y morir. Por ese orden, mientras que otras siempre han tenido más gusto en inventar un crecepelo, un aparato que vuele o un idioma universal para entendernos con los que no son del pueblo. Sin embargo, en general todos coincidimos en que la vida hace de las suyas, y todo lo que uno planificó se derrumba. La historia es imprevisible, incluso la historia de las personas en su individualidad lo es. Encontramos gente con inquietudes, y gente muy satisfecha con su vida, pero casi siempre gente que no controla su vida y que necesita darle un sentido.

Recuerdo cuando estudié hace años las técnicas de escritura del guión de cine y TV que se aconsejaba que sucediera algo y que los personajes no fueran ordinarios. Nos pedían que tuvieran algo especial. Un policía que se prostituye por la noche es más interesante que un policía aburrido; y un cantante famoso que odia la música da más juego en una serie de televisión que un tipo aburrido y feliz de haberse conocido. Por eso ha dejado de ver un tipo series y determinada clase de cine: porque es demasiado previsible que si no se enrollan todos los personajes  y se acuestan todos con todos el guionista no sabe qué hacer para que no sea aburrido. Alargan las series poniendo al personal en pelotas o bajo tierra. Dicho con un ejemplo: lo de los Alcántara en Cuéntame no es normal. La vida no es así de estresante, gracias a Dios.

Pero no por eso es menos interesante, entre otras cosas porque es más real.

Recuerdo la historia de un hombre desconocido que pasó por el majuelo con su caballería . Tenía ganas de tomar un trago de vino, y le pidió a un vinatero que vio por allí que le diera algo de beber. El hombre le ofreció un vaso colmado, y tras probarlo y disfrutar de él, pidió un barril entero para saciarse la sed, pues dijo, ser muy buen vino. Ni corto ni perezoso el bodeguero le vendió un barril pequeño, supongo que de unos tres o cuatro litros. Aquel forastero acercó su boca al agujero por donde salía el néctar de la uva y se bebió todo el contenido del barril. Lo tiró al suelo con cierto estruendo. Muy rico, dijo. Y subió a su caballería para continuar camino. Ni que decir tiene que salieron todos en espera de que aquel hombre se cayera del caballo, pero eso no sucedió. Se mantuvo erguido mientras les dijo adiós con la mano a él y a su familia. El majuelo era el de mi tatarabuelo, y la historia nos la hemos ido contando unos a otros.

La República Independiente de las Delicias y el alcalde de León.

Cuando era estudiante de Derecho fundé con un grupo de amigos nuestro fantástico sueño regado con cerveza y oreja rebozada: la República Independiente de las Delicias.

Las Delicias es un barrio de Valladolid, un barrio histórico de ferroviarios y obreros. Lo hicieron famoso los Celtas Cortos en una canción que dedicaron a su túnel, uno que pasa por debajo de las vías, pero el barrio es fantástico por popular y salvaje a un tiempo. Para entendernos, Delicias es un microcosmos, y por eso lo escogimos para nuestras pretensiones políticas. Por supuesto, compañeros de las Delicias sólo eran cuatro de los colegas, pero nos daba igual. Nos bastaba con justificarnos con que vivíamos en el exilio, o sea, al otro lado de la vía del tren, que es tanto como decir en el resto de la ciudad.

La asamblea institucional dónde proclamamos la independencia era la trastienda de un bar, el Gallego, que estaba en la calle Cervantes, frente al cine. Allí solían servir buenas tapas, algunas de orella de cerdo rebozada y con pimentón, amén de otras enjundiosas pitanzas, las cuales regadas con abundante cerveza servida en jarras contribuían a exaltar el espíritu independentista que nos enardecía y colmaba de ímpetu. El barrio es nuestro y el mundo también. Y gritábamos y cantábamos felices de nuestras ocurrencias. En la primera sesión repartimos el pastel; en la segunda cambiamos de gobierno porque entramos en crisis, y en la tercera disfrutamos sintiéndonos viejos militantes de un gobierno en el exilio. Eso sí, siempre delante de una estudiantil cena de patatas bravas, orella y demás platos finos. No dejamos nada por escrito, no fueran a pillarnos; y tampoco pretendimos otra cosa que divertirnos a costa de nuestra imaginación.

Ni que decir tiene que nos autonombramos ministros en el exilio y en funciones, entre otros hubo un impecable Ministro de Asuntos Exteriores (al que no pisaba la Facultad), otro de Justicia (al que quería ser juez y se lo jugó a los chinos) y bastantes otros que no recuerdo, pero que conformaron una de las etapas más entretenidas de mi vida. No recuerdo si fui Presidente del Gobierno, creo que sí, pero que dimití en la siguiente reunión para dejar el puesto a otro. De esa forma pasé a convertirme en un jarrón de la República y en un miembro indiscutible del Consejo de Estado de la República Independiente de las Delicias. Incluso discutimos sobre cuáles debía de ser sus fronteras y no llegamos a ningún acuerdo más que sirvieran más bravas y más cerveza. Daba gusto dirimir el presente y el futuro con tanta alegría y felicidad. Luego proseguíamos hasta la madrugada, donde el frío y la niebla se pega por Valladolid al cuerpo. Viva la República de las Delicias, gritábamos como posesos de cuando en cuando. Y éramos unos fenómenos.

El caso es que han pasado muchos años, y las Delicias sigue en su sitio. Pero el resto del planeta no. La última la ha montado el alcalde de León, que seguro que también se lo debe de estar pasando en grande. Quiere una autonomía para él solito y para disfrutarla con sus amigotes. Se habrán tomado una caña en el barrio húmedo, alrededor de unas tapas de es morcilla leonesa tan cremosa y cojonuda, y se habrá venido arriba.

Muchos dicen que lo que quiere es pillar más cacho y disponer de más pasta para gastar. Y no le falta labia, pues estos del PSOE nunca han carecido de ella. Pero yo creo que no. Yo creo que la morcilla repite, y ahí está el verdadero problema de este asunto tan emocional. Imagino que tendrá problemas con los bercianos, pues como todo el mundo sabe (así lo leí en un simpático grafiti por las calles de Ponferrada) “el enemigo natural del Bierzo es León”. Y me parece que tampoco encontrará mucha gente por Zamora o Salamanca con ganas de hacer experimentos autonómicos. Para un Zamorano, Valladolid está más cerca que León, y para un salmantino, ahora que tienen autovía a Madrid, el tema les traerá al pairo. Así que no tiene mucho que hacer, porque no va a encontrar pueblacos que lo respalden. O igual sí, porque una morcilla bien preparada con su cervecita puede llegar a hacer estragos en casi todas las ciudades de la España despoblada.

Lo que me ha sorprendido del alcalde de Leoń es su falta de cultura y su impertinente ignorancia, de la que alardea por hablar más de la cuenta. Dice que León no tiene nada que ver con Castilla, y eso demuestra que, o no ha leído un libro en su vida sobre la historia de León y de Castilla, o es un imbécil estafador vendepatrias. Como suelo considerar que la gente actúa de buena fe, y cómo tampoco quiero perderle el respeto a este “elegido” por la demogresca, me veo en la obligación de deducir que es un memo con vara de mando y medio dedo de frente. Quizás un chorras arrastrado por la Unión del Pueblo Leonés, que es un partido que tiene un representante en las Cortes de Valladolid según el año que toca; o un simpático bobolicón engañado por los de Podemos, que siempre están dispuestos a ridiculizar a la izquierda pija.

No creo que valga la pena contar de qué manera se llegó a la unidad entre los dos reinos históricos con Fernando III el Santo, pero es que han pasado unos cuantos siglos como para andar tan despistado. Es un ignorante y eso me preocupa, porque nosotros, que éramos unos chiquillos estudiantes de Derecho, unos voceras cervecistas y unos juerguistas de primera división, ya teníamos por entonces más cabeza, más conocimientos y más sesera que la que demuestra este pijiprogre leonés y sus amigotes de francachela.

El probable que si hubiéramos llegado a independizar el barrio de las Delicias, en este momento tendríamos un monolito cada uno, un sueldo millonario y un barrio mucho más próspero que el que hoy disfrutan sus vecinos (yo sigo viviendo en el exilio). Seguro que corría el dinero por las calles del barrio, y que los perros comerían longaniza y caviar todos los días. Y por supuesto, estoy seguro de que hablaríamos todos el deliciano, que es el dialecto superior que se habla en el barrio y que hay que normalizar en las escuelas y los comercios. Ni qué decir tiene que el diccionario de Deliciano-Español lo habría hecho un servidor de ustedes. Eso sí, cerveza en mano y comiendo orella con mis viejos amigos.

 

Star christmas wars. La ascensión de los cuñados.

Feliz Navidad, le dijo su peor enemigo de la empresa, y él, que es un hombre bueno, esencialmente bueno, le contestó con la misma cantinela: Feliz Navidad y próspero año nuevo. Luego vino todo lo demás. El cuñado pelma chupando percebes a su lado en la cena, el estofado quemado de la suegra, el retrovisor descuajado en el coche tras una noche aparcado en el barrio enemigo, y finalmente, todos discutiendo al llegar a casa sobre si había sido una cena sostenible y con perspectiva de género.

Es lo que le hizo regresar al cine para ver la última de los Star Wars, en este caso con subtítulo y final de una enealogía que va camino de ser parrésica: la ascensión de Skywalker, pero que él leyó como algo de cuñados: el retorno de los cuñados, el regreso del cuñado, y tras frotarse los ojos lo ratificó “La ascensión de los cuñados”. Nunca mejor dicho. La peli ya la había visto y no lo sabía.

No seamos negativos: la película está bien. Es mejor que ir a cenar, pero tampoco es como salir al campo. El problema es que está lleno de peña pululando que ya no te enteras. En las primeras de los star wars los personajes buenos eran pocos: la princesa Leia, el guapete Luke, el chuleta de Harrison Ford, un bicho peludo y un par de robots. El malo siempre era Dark Vader y luego su jefe, el emperador. Punto pelota.

Luego la cosa se fue liando. Aparecieron buenos y malos a porrillo. El Dark Vader de joven resulta que era otra persona, o sea un bueno que resulta que va de adolescente chulo en unas cuantas pelis para luego hacerse malote y terminar arrepentido de ser malo. Todos dudando sobre si es bueno o malo, y el tío sin definirse en la vida. Cosas de los tiempos complejos en que vivimos, supongo. Y

Luego se duplicaron los buenos a porrillo, casi tanto como los malos. Más robots, más jedis y más tipos de negro oscuro de Bruselas. Pero para mi, y ahí tengo que pedir excusas por mi osadía, el verdadero problema de Star Wars ha sido encajar tanta familia y tanto cuñado suelto.

La primera saga ya lió el asunto familiar. El famoso “yo soy tu padre” marcó una época. ¡Qué shock traumático tan profundo (entonces, hoy no) que un hijo bueno tenga un padre malísimo! Pero el tema se siguió enredando. La princesa y el Luke son hermanitos. Y Harrison Ford es el cuñado de toda la vida y para toda la vida. La prueba de su cuñadismo es que lo acompañaba un perro gigante que no habla ni Pamplona y que es como de otro planeta; y la segunda prueba es que es un fantarrón y se las sabe todas. Pues vale.

En la tercera trilogía la confusión alcanzó la altura mental de nuestro tiempo. Más hijos indeseados, más cuñados y amigos que no saben si deben ser buenos o malos y más parentela desorientada que parecen pollos sin cabeza. Han intentado darle una perspectiva de género poniendo de heroína una chica pero tampoco saben salir del lío. La última frase con la que me quedo es muy buena: “yo soy tu abuelo”. Ahí es nada. Más lío, más confusión, y casi se queda uno pensando si el emperador se lo hacía con el Vader cuando no miraba nadie en el teatro aquel de la capital, y de aquellos polvos estos lodos.

Star Wars no lo van a arreglar sacando a muertos del armario, que es lo que aparece en estas sagas, gente que viene y que va, que no sabes si son de la primera, la cuarta o la quinta película. Entre fantasmas y aparecidos y gente como que es de verdad deambula la saga. Los viejos y los jóvenes se regodean multiplicando colegas por el mundo. Y lo que es peor, todos cascando frases de cuñado cansino, de los que José Mota hace un programa de tres horas.

Por suerte todo acaba bien, espero que definitivamente. Se mueren los malos y triunfan los buenos. La dictadura y los totalitarismos parece que no convencen demasiado a las gentes de la galaxia, y de repente se rebelan y se monta la de Dios es Cristo. La lucha final de turno. Una más de las cientos de luchas finales del cine. La gente idealista está feliz yendo a luchar por el bien, que es lo que hace este tipo de pelis, alentar en la “lucha” al pueblo que lo que quiere es vivir en paz de una p. vez. Es verdad que luchan sin demasiado objetivo, en plan Greta en el presente, pero el caso es que luchan y se parten el pecho por lo que haga falta.

Lo que me sorprende es que ninguno piense qué orden constitucional y republicano van a montar, porque la galaxia va camino de una anarquía llena de bárbaros sin educar. Y la lideresa no parece saber mucho de organizar el tema. Lo dicho, como nos descuidemos se forma una nueva república tan caótica e ineficaz como la de la primera película, y nos meten otros nueve filmes por donde amargan los pepinos.

Reconozco que como fanfán histórico, no me convence ya el tema. Star wars se ha llenado de cuñados de distintos linajes y en este momento no me tomaría ni un mal café con ninguno de ellos. ¿Qué poesía se escribe en las lunas de Endor? ¿Y que tal el teatro de Aldebarán? ¿Vais al cine en el planeta Nabú? Nada. No hay nada interesante que hablar con esa gente tan aburrida y chorras. Son adolescentes que no crecen. Incluso Harrison Ford ha vivido sin madurar y con sentimientos de culpa porque le salió un hijo torcido. ¿Y la princesa Leia? Parece que tiene síndrome de nido vacío. Dejad descansad a Carrie, please.

Ni un café, digo.  Si quedo con ellos sería para darles un par de consejos sobre lo que es la vida, y recomendarles un buen psicólogo para que asimilen sus confusos parentescos, propios de familias desestructurada y con problemas. Casi el emperador de la tercera película parecía saber algo importante, y los jedis de entonces, me refiero a Yoda, hablaban con la suficiencia del que conoce los arcanos secretos de fuerzas desconocidas. ¿Se acabó todo? ¿Leía algún libro el viejo Yoda? ¿De Zenón de Citio? Lo digo porque esta Rey tiene pinta de analfabeta, todo el día en el gimnasio, y lo mismo sus amigos. Una banda de descerebrados. Al menos los Jedi parecían saber algo más, aunque igual era fachada. Desde luego es una buena alegoría para los tiempos presentes.

Yo habría finiquitado la saga con una cena espléndida de Nochebuena, que es donde todo cobra su sentido. Los cuñados se retratan, y la gente inteligentes se calla por no ofender. Hablaría el bueno de Yoda, y educadamente el emperador Palpatine le refutaría con argumentos inteligentes. Y luego todos a la misa del Gallo. La Nochebuena tiene sentido, al menos para los cristianos, y esta gente necesita convertirse cuanto antes. El tema es fácil: hoy nace un Salvador, que es Dios mismo, y ya está. Morirá por tí, porque te ama. Porque sin muerte no hay Resurrección.

Nada de héroes a medias y acomplejados con problemas de identidad. Si es que son como alumnos especiales llenos de carencias… y si miras sus padres. No te extraña nada, que hayan salido así los pobres chiquitos.

FIRMA de libros el miércoles 18 diciembre por la tarde en la Librería El sueño de Pepa.

Pasado mañana…

Por si no pudiste a acudir a la presentación del pasado mes de noviembre…

Ahora tienes una nueva ocasión…

FIRMA DE LIBROS DE ANTONIO JOSÉ LÓPEZ SERRANO

El próximo miércoles 18 de diciembre.

De 18h a 20h de la tarde.

En la librería EL SUEÑO DE PEPA

Plaza Mayor 3, en Valladolid

¿Te lo vas a perder? ¿Tener un libro firmado por el autor para poder regalar estas navidades?

Vaaaale, si no puedes no pasa nada…

y si puedes…

Nos vemos allí… Un saludo.

 

 

Refranes y lenguaje: Agosto tiene el secreto de doce meses completos.

 

Pronosticar el tiempo de manera popular se ha hecho toda la vida, y una de las maneras más curiosas que utilizaron nuestros antepasados fueron las CABAÑUELAS, las HEBREAS o las HERRERAS, que consistían en observar variaciones atmósféricas en los primeros días de enero o de agosto. Con tales observaciones deducían el tiempo que iba a hacer el resto del año. De ahí el refrán: “Agosto tiene el secreto de doce meses completos”; aunque también hay otros refranes al respecto, como aquel que dice “cabañuelas en febrero, en lluvias junio entero”. Explico como lo hacían por si quiere aprender la marisabidilla del telediario.

Esta costumbre de las cabañuelas se mantuvo hasta tiempos recientes en muchos lugares de España, entre otros en Tierra de Campos, en las actuales provincias de Valladolid, Palencia y Zamora, y duraba exactamente 24 días, que se extendían desde el 13 de diciembre (Santa Lucía) hasta que concluía el cómputo a principios de Enero.

Cada día de los primeros doce días observados correspondía a la primera quincena de cada mes, y las segundas quincenas coincidían con los restantes 12 días. Es decir, se contaba el día 13 de diciembre para la primera quincena de enero, el 14 diciembre predecía la primera quincena de febrero, y así sucesivamente. Cuando se terminaba la primera quincena se iba con la segunda desde el día correspondiente, es decir, el 25 de diciembre era la segunda quincena de enero, el 26 de diciembre la segunda quincena de febrero, etc.

Me gusta la terminología y el léxico relativo a los fenómenos atmósféricos que se usaban antaño, pues eran bastante más expresivos y reales, cercanos a la condición humana. Muchas de estas palabras se están perdiendo, aunque por suerte, nos quedan los diccionarios y la gente mayor que todavía sabe hablar sin mover las manos al modo espantajo gringo. Me detengo en algunos que me gustan especialmente y lo hago por orden alfabético rastreando un diccionario de castellano tradicional, cuyas palabras muchas no están en la DRAE ni en el María Moliner.

Abonanzar es el tiempo que se serena y calma. Bonanza es una palabra preciosa que habla de tranquilidad y buen tiempo. Ahora parece que solo tiene que ver con la época de vacas gordas, pero no. Es el tiempo meteorológico, no “las bonanzas empresariales”.

Abrego es el viento fuerte y cálido que procede del sur. Era el mejor para aventar la parva en los meses de verano, cuando había que separar el grano de las pajas. Con los abregos de estío, los campos debían estar segados, pues la labor era otra, y los vientos soplan por donde quieren.

Abrocar es llover, está en desuso y es pariente de palabras como embrocar o brocar. Tiene otras acepciones que tienen que ver con el bricolaje. Llover es abrir brocas… que lo sepas.

Agostar es sufrir el calor fuerte de agosto. Abrilada, en cambio es el tiempo lluvioso de abril. Marciada el de marzo y no hay muchas más.

Aguachona es el nombre que recibe la nieve blanda, casi líquida. Es lo mismo que aguanieve.

Albanciar es lo mismo que escampar. Es cuando deja de llover.

Andaluviar es llover torrencialmente. Probablemente es variación de diluviar, que tiene su referente en la Biblia.

Arbayada es otro nombre que recibe el rocío de la noche.

Barbazar, barbuzar o barciar es la lluvia ligera que se produce cuando el tiempo está muy húmedo y nublado. Cuando se puede sentir la profunda humedad en todo el cuerpo y está lloviendo ligeramente empapando todo se habla de barciar.

Bernizo es la lluvia fina que termina empapando. Se le llama también calabobos, chirimiri o mojabobos. Bernizo suena mejor que calabobos, sobre todo para el que se moja, que no quiere ser un pelele ni por asomo.

Beruje es el viento muy frío, y tiene unas cuantas variaciones: baruje, baruji, biruji… Para estos vientos fríos se usan muchos nombres diferentes, según los matices que incorporan. Otras palabras que se usan es cierzo y corisco.

Calambrones es el nombre que reciben también los carámbanos de hielo, pero también reciben el nombre de candelitas, chupiteles, cirriones o cerriones. todo parece que tiene que ver con las velas y los cirios que se ponían a los santos. Calambrón suena simpático.

Cambrina es el nombre de la escarcha tenue, también se llama carama o caramada.

Cencellada y cencellear es la helada de la niebla que congela la escarcha y los cenceños. Esta palabra es muy usada en Valladolid, sobre todo porque la niebla, cuando es muy fría deja todo blanquito, blanquito. Ha cencelleado, dice la gente por la calle.

Cencío es el viento húmedo que procede de un arroyo o de un río cercano. Es la brisita fresca de los humedales cuando corren por sus cauces y la sentimos cerca cuando nos aproximamos.

Chaparrón es la lluvia intensa de corta duración, pero también tiene variantes semejantes como charpazo o champlazo. El término es popular, pero champlazo ya es otra cosa.

Cierzo es el viento fresco y seco del norte, el viento de las heladas tan de Burgos. Lso de la capital castellana diferencian su frío del frío que hace en el resto del planeta. En burgos el frío del norte es el Cierzo y pega que no veas. A veces esta palabras se usa con otras acepciones vinculadas a escarcha o a chubascos de corta duración que llegan con frío.

Corisco es casi lo mismo. Es el viento frío del norte, pero este es el nombre que suele recibir  cuando es verano. Es el airecito fresco de las tardes de agosto que nos obliga a ponernos una chaquetilla en las terrazas castellanas. Algo impensable en Valencia, donde no corre el aire fresco en verano ni por la mañana.

Engazarse se usa para la helada que sufren los ríos y los arroyos en invierno. Las aguas congeladas del campo se dice que están engarzadas; sin embargo, cuando la persona es la que se ha helado, o lo ha sufrido un ser vivo se habla de enganirse. Algo que suene a quedarse sin ganas.

Los copos de nieve también se llaman falepas, y según sea su tamaño y grosor se habla de falispas, que son las nieves finas como en ráfagas, también llamadas farraspas; la falliscosa es el nombre de la nieve que no termina de cuajar en tierra, la nieve que se deshace pronto. en cambio la farrapera es la nieve casi convertida en agua. Farrapos es otro nombre más vulgar para los copos de nieve.

Las burbujas que se forman en los charcos cuando llueve también gozan de nombres específicos. Los gargulitos, foroles o forolas son los sustantivos ya extintos para este fenómenos. Son como si hubiera ranas que hacen pompas en los charcos. Foroles es la palabra.

Garduñas son las heladas fuertes y se les llama también las jabardas. Pero la palabra garduña tiene también otros significados vinculados a la ornitología. Son términos muy populares, recogidos en pequeños lugares donde probablemente las palabras han prestado su forma para dar otros significados. Menuda garduña está cayendo.

Invernia es el frío del invierno. Los de Juego de Tronos no se inventaron la palabra.

Jarupia es el viento fuerte que te pega en la cara y no te deja mirar.

Jarrear es llover a cántaros, pero llover tiene muchas formas con la que se completa el término. Llover a cántaros es una lluvia abundante y permanente; llover a chaparrón o a jarros es algo parecido. En cambio, llover del regañón es cuando llueve con aire del noroeste. En cambio, llover en bernizo es llover pausadamente durante mucho tiempo. Es la lluvia lenta que parece no terminar nunca.

La muelda es el bloque de hielo que baja deslizándose entero. La palabra tiene un significado semejante a muela, como si fuera muela de molino, o algo así, pero en hielo.

Nidio es la nieve lisa y resbaladiza, y nevar poco es nevuscar, nevusquina o nevada de la cigüeña. La nevada de la cigüeña es la nevada menuda que no cuaja, y digo yo que será porque tiene poco blanco el animal, aunque tampoco hay que olvidar a la cigüeña negra, sin una pluma blanca y en peligro de extinción por estas lides.

Orbayo es el rocío, la pruina. Se usa el nombre como si fuera gallego, pero lo que sí sé seguro es que para hablar del rocío se usan muchos términos distintos. Le pasa algo parecido al planeta Venus, desde lucero del alba hasta el lucero trabayeguas. No me digan por qué, que no lo he investigado.

Pintear es el nombre de las primeras gotas de lluvia. Pintea porque pinta el suelo con los primeros dibujos de agua.

Hemos hablado de los vientos del norte y del sur. Nos queda uno más, el solanillo y solano es el viento de levante, el que procede del Este y que en Castilla es viento de Aragón. Lo habitual en estas tierra es el viento del oeste al este, por eso toman nombre los vientos contrarios por llamativos.

Trabancos son los montones de nieve que se acumulan en lugares resguardados y protegidos. Son palabras todas estas que tienen que ver con la nieva, con días fríos y de hielo. Por eso los saco a colación. Así que ya saben, si quieren hacer cabañuelas, igual hasta acertamos más que los del tiempo de la tele. Eso sí, cualquier día de estos zurrusquea. ¿Que qué es? Zurrusquear es nevar suavemente. Y es que estos días fríos son los propicios para ver la nieva blanca y fría de todos los años.

 

 

 

La salvación que viene.

Salvarse, lo que se dice salvarse, es casi un grito unánime y colectivo de nuestro tiempo. Desde la cumbre del clima hasta el terror que infunde el heteropatriarcado en las niñas de bien. Todo es apocalíptico y teleológico, por lo que me temo que la humanidad está hoy más sedienta que nunca de salvación, y por ende de salvadores. Y ahí está el problema, que cualquier memo puede salvarte sin preguntar ni siquiera si quieres ser salvado, ni de qué.

Muchos de los nuevos mesías son verdes. Y el color vale para casi todo. Los pluriecologistas y su humanidad mediática no paran de repetir que el planeta necesita ser salvado. Que vamos al colapso y que el planeta está a punto de reventar. Que es demasiado tarde, aunque a veces también dicen que no lo es, que aún estamos a tiempo, pero que hay que tomar medidas urgentísimas y draconianas para salvarnos. Ellos saben lo que hay que hacer para salvar al mundo, pero en lugar de ser coherentes con lo que dicen que piensan, parchean la economía y la sociedad mientras los auténticos profetas verdes gimen desconsolados con que no es suficiente. Recicla, nene, que así salvarás al mundo. Lo dicho. Greta y el arrimado eventual tío Sánchez nos van a salvar de nuestra historia de progreso. O sea, que nos vamos a la mierda con estos mesías, y verde que te quiero verde.

Yo creo que tienen razón los greens auténticos, porque dudo que nos vayan a salvar los políticos guays gastándose una pasta en concienciarnos y contarnos repetidamente verdades indemostrables y acientíficas. Por mucho que inunden los libros de texto con la foto de Greta y los garbos, y por mucho que nos suelten una monserguilla utópica por inalcanzable, no vamos a salvar este desastre. Además, esta salvación ecológica es una caca, porque nos abandona empecatados al exterminio que nos espera en la historia. Salvaremos al planeta, si y sólo si nos extinguimos; o volvemos a las cavernas del tío Arborio.

Y es que el ecologismo como religión deja mucho que desear. ¿Qué quieren que les diga? Una salvación que no me salva a mi personalmente, y que me condena a morir y extinguirme por el bien del planeta no me mola. En realidad es una estafa. Ahí está Greta y el apóstol Sánchez bien arrimadito, os vamos a salvar, chicos. Ya, claro.

La otra caterva mesiánica es de color violeta. Me refiero a las señoras agentes de la dictadura de género, que es el nombre fino que reciben las feminazis. Nos quieren salvar de muchas cosas, algunas de ellas de dudosa existencia. Nos van a salvar del patriarcado, de la invisibilidad de la mujer y de nuestro género preconfigurado. Casi nada. En realidad esta salvación es bastante menos creíble, pero no por ello goza de menos adeptos, en este caso adeptas. Se ha construido sobre una serie de falacias indemostrables, y a cambio reciben un dinero que da gusto. Es la deconstrucción filosófica absoluta, el pensamiento débil convertido en pensamiento oficialista para la salvación de la mujer y del mundo. Salvar a las mujeres de las garras de la vida patriarcal y fascista que llevan.

El problema de esta segunda salvación es que necesita mantener a toda costa los prejuicios construidos artificialmente por la tercera oleada feminista, la de la ideología de género, para poder sobrevivir y ser creíble. Eso la convierte en una salvación excluyente para la mitad de la humanidad, o sea los varones heterosexuales y casi todas las mujeres oprimidas por la maternidad, amén de sus hijos y maridos. Estas salvadoras son menos proféticas y más molestas pues se empeñan en salvarnos de cosas insalvables, que además son imposibles de erradicar. Y que incluso son buenas hasta que se demuestre lo contrario. Ya advierto que tienen poco o nada que ver con el feminismo de equidad, al que combaten con tesón. El problema es el género, no la igualdad ante la ley. Nostradamus.

Las feministas de género, por ejemplo, pretenden salvarnos de hablar correctamente y nos introducen el lenguaje inclusivo, que en realidad consiste en hablar mal y confusamente. Nos salvan haciendo que nadie sepa escribir correctamente. ¿Por qué quieren salvar lo que no es pecado? También quieren salvar a las mujeres de tener hijos, de tener pareja para toda la vida y de querer a alguien incondicionalmente, para la salud y la enfermedad o las alegrías y las penas. Enamorarse y tener hijos tampoco es pecado, pero ellas quieren salvar a la humanidad de hacer lo que toda la vida se ha hecho. Amar, perdonar y crecer en la adversidad. Todo es patriarcado y todo es pecado, dicen.

También nos quieren salvar de Aristóteles, de Platón y de todos los varones que en la historia han pensado, han soñado, han escrito y han investigado. Todo el pasado cultural es patriarcado, y por eso gritan “os tenemos que salvar, chicas”. Mueran los filósofos y los artistas machotes; y vivan las mujeres. Porque yo lo valgo y viva mi vagina.

Yo creo que su salvación es una especie de narcisismo que en lugar de salvar a las mujeres, las condena a una muerte en vida, donde lo único valioso es su ego humano más absoluto. Lo malo es que además condenan al resto de hombres y de mujeres que no piensan como esta gente.

Lo más curioso de este mesianismo es que estas profetisas pretenden salvarnos de practicar sexo, porque también afirman que incluso el sexo consentido es violación (y no me lo invento, voto a bríos que lo dicen). Nos van a salvar de cosas que ni nos hacen daño, ni nos dan miedo. Para salvarnos manipulan a la opinión pública haciendo pensar que todos los hombres son machistas, agresivos y malos. Y que ellas son buenísimas, santísimas y que están hiper-oprimidas por el patriarcado. Ellas víctimas, y ellos verdugos.

Esta salvación en realidad no es tal, pues necesita condenar a media humanidad (a los varones) y tres cuartos más de mujeres (que todavía no se han liberado de sus maridos y que quieren a sus hijos y a sus fetos). Es una salvación que apuesta por el odio como solución final. Lo disfrazan de muchas cosas, pero esa es su conclusión final.

Personalmente sigo prefiriendo la salvación cristiana. Un Dios que se hace humanidad y que muere de amor por nosotros, que nos redime de nuestros pecados desde lo profundo del pecado y de la vida y que nos proporciona una vida eterna, es mucha mejor salvación. ¡Dónde vas a parar! Además, ahora que es Adviento, se puede celebrar y vivir desde la intimidad del corazón, en la paz del silencio y en la venida del Niño en la esperanza de una mujer encinta. Lo dicho, una salvación así sí es una auténtica salvación. Tiene esperanza, que es lo que le falta a los demás. Por eso me apunto a Jesucristo y a su Reino. Marana tha. ¡Ven Señor Jesús! ¡Ven a salvarnos del pecado y de la muerte!

Presentación del libro TRAS EL CIELO DE URANO.

 

La verdad es que estuve muy relajado y a gusto. Como no no podía ser menos. Acudieron amigos, viejos conocidos y algún que otro familiar; gente lectora en general y gente interesada en disfrutar de un encuentro ameno en particular. Aproveché para saludar a viejos y entrañables amigos, y me entregué a la febril tarea de firmar y estampar firmas y dedicatorias en unos cuantos libros. Nunca había tenido tanta cola esperando la inmortal rúbrica que convierta la novela TRAS EL CIELO DE URANO, en un ejemplar único. Digo. Eso me obligó a despedirme con rapidez de Carlos Malillos que me ayudó con genial talento en la presentación del susodicho pequeñuelo. Gracias a él y a todos los asistentes, que fueron muchos e importantes.

Ahora a descansar. Tengo nueva firma en La librería el Sueño de Pepa el día 18 de diciembre por la tarde. Allí nos veremos, si Dios quiere.

Os dejo con unas cuantas fotos del evento.

Dentro de dos días presentamos el libro. TRAS EL CIELO DE URANO

Los sentimientos se cruzan para retorcerse. Presentar un libro es casi como bautizar a una criatura pero sin el como. El caso es que tal actividad produce en el progenitor -en este caso, un servidor de usted- una tensión no exenta de respeto y temor hacia el público, el cual termina convirtiéndose en el crítico verdadero del libro. ¡Vaya mierda o me ha encantado! Ahí es nada.

Escribir es agradable y placentero. Puede ser bastante cansado y tedioso en algunas de sus partes, o convertirse en un esfuerzo grato y entretenido, incluso divertido. Escribir requiere constancia y exige perseverar hasta el final. Primero se estudia el tema, luego se planifica, se redacta, y finalmente se revisa hasta que te parece que queda medianamente aceptable. Entre uno o dos años mínimo. Algunos se quedan en la primera fase, en la segunda o en la tercera. Y yo sé que pasa el tiempo, y que no todos los libros ven la luz, pues muchos son los llamados y pocos los escogidos.

Casi todos los escritores (y artistas) tenemos costumbres parecidas con respecto a nuestra obra. Me identifico con otros creadores en la sensación de inseguridad que produce a cualquier artista su obra. Lo haces porque lo llevas dentro y te revienta el alma no sacarlo fuera. Es como parir, se hace con dolor y alegría, y hasta que no sale de tus entrañas no te quedas a gusto. Pero esto es distinto a tener un bebé. Porque un hijo siempre es para su madre y su padre la más bella criatura del mundo (hay excepciones que saltan a la vista y que motivan un “madre mía, que bicho más feo”); y escribir, pintar o componer no resultan casi nunca bellos a los ojos de su creador.

Escribir es como parir un alien, y la duda del huevo será si alguno se dará cuenta de los defectos que tú sí que ves. Quizás no les importe, piensas. Y eso es lo que suele pasar. Un hijo es así, y así me lo ha dado Dios; pero parir un libro es ver sus defectos cara a cara.

Coincido con muchos escritores en que escribir para los demás tiene algo de exhibicionista, y eso te obliga a pasar por el trance que envenenará tus emociones los próximos meses. ¿Te ha gustado? Es la pregunta que haces, y la afirmación, lo que esperas que te digan sin más ni más es el bálsamo de Fierabrás, el que cura todos los males. “Sí, me ha gustado. Es la mejor novela que he leído en mi vida”. Por desgracia, si te lo dicen, no te lo crees. Además, eso no suele pasar tan fácilmente, sobre todo porque hay cientos de novelas clásicas mejores. ¿Qué leerá este tipo para que le guste lo mío? Y así hasta el que la duda metódica del artista bordea la galaxia de un infinito imposible de recorrer. Igual no soy tan malo, y te animas a escribir otra cosa.

Personalmente -confieso mi obsesiva naturaleza- como me embarco en un nuevo proyecto más pronto que tarde, suelo considerar el libro recién parido como algo del pasado, como algo que ahí está por el mundo bambando a sus anchas sin tenerme en cuenta. De cuando en cuando nos volvemos a ver en una Feria del Libro, o en una firma improvisada.

Este es el quinto libro que publico, aunque en el fondo sea el tercero, pues “Los Caballeros de Valeolit” era una obra única que publiqué en tres partes por exigencias de tamaño. Cuando saqué “El ángel amado” no me inquieté tanto, pues sabía y sé, que es una buena novela y que aunque no sea la temática religiosa la más apetecible por mis lectores, nadie podía echarme en cara que fuera una mierda. Al contrario, sé que El ángel era una obra maestra. ¿Y ahora? ¿Qué pasa ahora?

Ahora sucede que el niño parido es una novela de ciencia ficción. He cambiado de género. TRAS EL CIELO DE URANO es una novela de aventura pura y dura, con intrigas, supervivencia, amor y amistad. Yo creo que lo tiene todo, pero se trata de una aventura espacial que puede extrañar y sorprender a mis lectores de siempre. La libertad que tengo como escritor que se ha librado de las editoriales debe asumir el riesgo que produce la intemperie de ir y venir por donde el arte y el instinto te lleven. Y eso no es tan fácil para un alma creativa.

Sé, porque lo sé, que Picasso se sintió igual que yo cuando presentó por primera vez “Las señoritas de Avignon”, y es que la inseguridad de cualquier artista está siempre bajo la piel, a veces coraza, que soporta y aparenta soportar. Orgullos que disimulan los temores. ¿Gustará o no gustará? Por orgullo puedes pensar que no la entienden; pero también, la lógica y el instinto, te pueden llevar a temblar ante la terrible realidad de que no sea lo suficientemente buena.

Siempre he pensado, desde que terminé la primera redacción hasta la última revisión, que TRAS EL CIELO DE URANO era una buena novela, de las que puede gustar mucho y emocionar al lector, incluso hasta el punto de que podría convertirse en un superventas. Pero no sueño, pues conozco el color del suelo por donde piso. También conozco los errores nimios que presenta este tercer hijo que publico. Tengo confianza en la fuerza y capacidad de esta novela; y todavía confío más en la benevolencia del que me lee. ¿Me perdonarás que haya cambiado de género literario? Hay quien me dice ya que soy el mismo escribiendo en otro género, y que se nota. Pero yo también sé que puedo parir una obra mejor, una que me deje satisfecho cien por cien y que traspase el desfilar de las generaciones.

Este jueves será un gran día. Presentaré una obra diferente. Sé que el viernes por la mañana TRAS EL CIELO DE URANO será una criatura que dejará de pertenecerme. Me huirá y vivirá sin mi. Para siempre o hasta el olvido. Nos veremos en alguna feria, en otras firmas, y en lugares a los que sueles frecuentar. Si te portas bien, querido libro, te escribiré una segunda parte.

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