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Reformar la Constitución del 78. ¿Para qué?

Celebraremos el próximo año, el 2018, el cuarenta aniversario de la Constitución Española de 1978, que es tanto como decir el periodo de más paz y estabilidad que ha habido en nuestro país en casi doscientos años (con permiso de Cánovas, claro). La Constitución lleva gobernando esta república-monárquica nuestra más años que Franco campeando la suya, lo cual demuestra que es mejor la democracia que la dictadura, y que lo que les sucede a los venezolanos es una putada, por no hablar de los chinos.

Seguramente, la razón por las que haya perdurado tanto tiempo una Constitución en nuestra patria, tan amante de los golpes de Estado, y tan derogadora de constituciones (en el siglo XIX hubo unas cuantas) se debe a la incorporación de España al club de las potencias europeas. También a las virtudes de los políticos de entonces, que fueron capaces de escribir una carta magna sin vencedores ni vencidos, un texto que fuera un punto de partida para un país que quería ser distinto: democrático y de derecho, plural y con oportunidades para todos. Libertad, igualdad, justicia y pluralismo político. Casi nada.

España aspiraba a ser un país como el resto de los países europeos. Sin complejos. Con una monarquía moderna como las Europeas, un respeto elemental a los derechos humanos (con Franco esto no lo hubo, y con Stalin menos) y un sistema comercial basado en el libre comercio y en el capitalismo intervenido por razones sociales. Todo estupendo. La Constitución es simplemente una norma jurídica bien hecha que permitió que fuera posible tal proyecto. Si no se ha hecho mejor no es porque la Constitución no lo permitiera, sino porque los gobiernos puntuales que hemos tenido han sido cortoplacistas, han buscado el triunfo electoral por encima de la mejora nacional, y han anhelado el poder para colocar a los amiguetes en lugar de trabajar por la mejora real del asunto concreto que les ha tocado. Ha habido gobernantes nefastos, es verdad, y si el chiringuito no ha petado es porque a pesar de ellos, la Constitución es mejor que nuestra clase política. Sin duda que sí.

Aunque supongo que las buenas intenciones no hayan faltado, también es verdad que un buen número de los gestores de la cosa pública han acabado en la cárcel. Barrionuevo, el Ministro de Interior del PSOE, fue aclamado a las puertas de la prisión por los “suyos”, olvidando que había montado un grupo terrorista para perseguir a ETA en plan clandestino. Por suerte, Aznar demostró que a ETA se le puede derrotar simplemente acosando a los terroristas y al entorno terrorista con las leyes de la mano. La Constitución permitió la derrota de ETA, que ha sido a la postre el gran intento de desestabilizar la democracia en estos cuarenta años.

No recuerdo otra quiebra más grande del Estado de Derecho en estos cuarenta años salvo la del golpe de Estado de Tejero en el 81, militares nostálgicos que no se enteraron que la democracia funcionaba bien, o el golpe de Estado del Gobierno Catalán perpetrado a cámara lenta durante varios años y que ha culminado en el 2017, bajo la complicidad del gobierno central que ha hecho como que no lo veía (y que sigue sin ver lo que hay al otro lado del río). También el atentado del 11 de marzo del 2004 en vísperas de unas elecciones tuvo algo de golpe a la democracia. Aquello colocó en la Moncloa a Zapatero. Por desgracia se desestabilizaron las reglas democráticas, y una parte de la izquierda salió a la calle sin respetar las reglas del juego de la jornada de reflexión, pero bueno. Tampoco muy grave. Votar es muy sano, porque si pierdes te callas por un tiempo, y si ganas te quedas a gusto. Y lo mejor, se van unos y vienen otros. Aunque algunos no terminen nunca de llegar y otro no se marchen del todo. De todas formas, esto funciona, porque la Constitución y la sociedad española aguanta lo que le echen.

Lo cierto es que el texto constitucional consiguió casi todo lo que se propuso, casi todo lo que estaba en su mano, claro. Por desgracia, los gobernantes no han estado a la altura, y han destruido una parte importante del patrimonio cultural y social, jurídico que heredaron, lo cual debería ser un delito en sí mismo. La independencia judicial sin ir más lejos. En el año 78 era magnífica; pero el PSOE se la cargó politizándola en el año 85 con el CGPJ, una de las mayores estafas políticas que luego ha mantenido el PP, y que simplemente quebraron la división de poderes. A pesar de todo, el sistema aguanta, pero el daño es tan profundo, que la sospecha contra la administración de Justicia nunca ha terminado, a pesar de que la inmensa mayoría de los jueces lo son de oposición, unos cuantos lo fueron a dedo del político de turno. En fin, que la Constitución ha aguantado, lo que supone que es hace bien lo suyo, incluso a pesar del Tribunal Constitucional y sus caóticas y contradictorias sentencias.

La creación de un país descentralizado totalmente en autonomías lo permitió la Constitución Española. No era el modelo propuesto por los políticos de entonces, que solo contemplaba que esto fuera algo para que las autonomías más pertinaces (Cataluña y las provincias Vascongadas) se deleitaran un poquito más mirándose el ombligo. Se reconocía que España era un país plural, vale. Aunque eso ya lo reconociera el gran sistema descentralizador del siglo XIX, las provincias y las diputaciones.

Luego llegó el café para todos, y filetes para todos, y langostinos para todas las autonomías. La Constitución lo permitía, pero que se hayan creado 17 reinos de taifas con sultanes, califas y chupópteros de toda clase y condición no es culpa de la Constitución. El descalabro educativo, el caos sanitario, la persecución de los castellanos parlantes en algunos territorios por razón de su procedencia o lengua es algo que la Constitución no ha podido detener, entre otras cosas porque los gobernantes del momento no han querido hacerlo, ni en Madrid ni la periferia.

Por eso, ahora que se habla de reformar, me pongo a temblar de espanto. ¿Quién va a reformar la Constitución? ¿Los que no creen en la separación de poderes? ¿Los que no respetan la independencia del Poder Judicial y colocan a los suyos? ¿Los que no creen en la unidad ni en la bandera ni respetan la institución más estable que tenemos que es la Monarquía? Reformar no significa hacerlo a mejor, también se puede hacer una cagada monumental; y por desgracia, no veo a la clase política actual preparada para hacer tal cambio. Tampoco veo a la sociedad española con suficiente humildad ni capacidad para afrontar un reto así. Mucho sectario y mucho soberbio es lo que domina el panorama de la izquierda, y muy acojonada y acomplejada veo a la derecha. Saldrá un pastiche fétido y partidista como se pongan.

Lo dicho, no veo políticos capaces de reconducir el Estado Autonómico para que mejore el país; ni gente preparada en mejorar la educación. Salvo el rey Felipe VI que tiene bastante cabeza, esto está lleno de ineptos. Así que me declaro en contra de cagarla. O sea, que mejor no meneallo.

 

No lo llames desahucio, llámalo depredación.

Me envió mi hermano una invitación a comentar algo al respecto, y el título no puede ser más sugerente: no lo llames desahucio, sino depredación. Es el viejo gusto por los eufemismos, el juego de palabras, donde parece que no decimos lo mismo, aunque sí lo digamos. ¿Es lo mismo interrupción del embarazo que abortar? Pues sí. ¿Es lo mismo desahucio que depredación? Aquí es más dudoso, pues ni todos los desahucios son depredaciones, ni todas las depredaciones son desahucios. Vamos por partes.

Técnicamente y por la RAE, desahucio es el nombre que damos a la ejecución de una sentencia donde una persona o personas son desalojadas de una vivienda que no les pertenece, que han ocupado como inquilinos o arrendatarios. Cuando un señor alquila un piso, y sus inquilinos por ejemplo no le pagan, se va al juzgado y logrará, con suerte y una caña, que desahucien a los gorrones que lo ocupaban. En estos desahucios el depredador suele ser el inquilino que deja el piso hecho un asco, aunque tampoco faltan mafiosillos arrendadores que se aprovechan de la gente alquilando auténticos contenedores de basura a precios astronómicos. La predación se hizo antes, cuando se contrató, y el desahucio es casi una liberación.

Pero no es este el tipo de desahucio que ocupa las portadas y la indignación de la gente, sino otro cuyo origen es el impago de una hipoteca. El dinero lo prestan los bancos y los usureros. Los primeros en plan legal, y los segundos rompiendo las piernas al que no paga. Formas parecidas, acciones semejantes. En los años de prosperidad mucha gente se lanzó a comprar un pisito: monísimo, con cuatro habitaciones, baño, terraza y calefacción individualizada, como a las afueras de cualquier ciudad de España. Pero, claro, para pagar algo así con nuestros miserables sueldos se necesita pedir un préstamo a un banco. Da igual cual, uno cualquiera y todos encantados de colocarte el  inevitable préstamo. Porque el dinero cuesta dinero, que es algo que muchos no saben. Los préstamos se cobran, y claro, los pobrecitos bancos y cajas de ahorros, como hacen sus negocios con sonrisa profident y el puñal bajo el brazo, pues piden algo a cambio por si no pagas. Porque está claro que vas a pagar, pero, ¿y si no? Pues un aval mejor que romperte las piernas.

La hipoteca, como figura jurídica, y esto desde el tiempo de los romanos que inventaron la genialidad del derecho civil, implica que se pone de aval el mismo piso o bien que se pretende comprar con el préstamo. Es una condición sobre el bien. Aquí la prenda y la hipoteca son figuras jurídicas con cierta semejanza, que ahora no vamos a detallar. El gran invento de los bancos modernos es exigir avales. Y como el pisito es tan mono, pues ¡ale hop! Ponemos de aval el piso de la abuela, de tu madre, de la mía, del tío inválido de Getafe. Lo que sea. Y luego vienen los bancos para cobrar su préstamo y se quedan con todo. Como en el monopoli, tu das vueltas, cobras poco, y ellos te sacuden con sus hoteles y casas.

¿Cómo que no tiene para pagar? ¿Cómo que avaló el piso de la abuela? ¿Cómo que la mujer tiene novecientos años? ¿Cómo que le han echado de su empresa? ¿Como que ha cerrado su negocio? ¿Cómo que necesita tiempo y dar otra vuelta por la casilla de salida? Da igual. El banco quiere tu dinero, y el juez debe cumplir la ley que han aprobado los parlamentos. Se llama Estado de Derecho, que solo funciona para algunos (para los catalanes no, estos dejan sin ejecutar sentencias del Supremo sin que les tiemble el pulso). Luego nos cuentan en los telediarios que los bancos han tenido nosecuantos beneficios.

Es notable la diferencia entre un banco cuando estafa con preferentes,  y un particular cuando no paga al banco, porque en los dos casos el ciudadano es el sodomizado, depredado y castigado. Por tonto y retonto. Ya veremos si recupera el dinero, dice el político y el juez por igual, en declaraciones por las preferentes. Y venga a reunirse los pobrecitos que se fiaron de lo que les contaba su amiguete del banco. Como si tuvieran alguna posibilidad.

En cambio cuando el banco es la víctima que no recauda el dinero que prestó, entonces se recupera el dinero por cojones. O sea, se subasta del piso, te bloquean la cuenta y te revenden tu casa. Contigo a la puta calle, lógico. El piso es de ellos ahora, lo dice el contrato abusivo que un día firmaste como un pardillo. Cuatro habitaciones, terraza, y salón con baño a tomar por culo, era tan mono que era del banco, y tu como un gilipollas.

Vamos a ver. La culpa no es del derecho romano, que hemos humanizado gracias al cristianismo ( a quién si no…). Antiguamente los romanos castigaban con la esclavitud al que no pagaba sus deudas. O con la muerte tras una hondonada de hostias. Ya está. La culpa es del Estado de Derecho que permite que un memo firme un contrato con un cabronazo, así dicho en plan faltón. El memo tiene una parte de culpabilidad, y el cabronazo casi toda. Eso que se persigue para los usureros que estafan, se protege cuando son grandes entidades financieras (se llaman así) las que prestan pasta.

Desde el punto de vista jurídico el tema no es sencillo ni baladí, porque la pregunta está en cómo conciliar la obligación de pagar las deudas con el derecho a vivir dignamente. Esto ya lo hicieron los Padres de la Iglesia (obispos del siglo IV y V) cuando condenaban los préstamos abusivos. En la época carolingia, medievo bendito, se prohibieron los préstamos, y los únicos usureros eran los judíos. Santo Tomás ya hablo de ésto, pero por desgracia, la gente no sabe ya ni quién es Santo Tomás, y así nos va. Menos cultura, más abuso; menos religión, más inanidad para hacerles frente a los depredadores contemporáneos.

Yo creo que la solución no está en impedir el desahucio, que es el fin de la cadena, sino en el principio de la misma, es decir, en la depredación del contrato abusivo. ¿Se puede discutir con un banco algo del contrato? ¿Se puede contratar un préstamo con las condiciones que a uno le gustaría? No, claro que no. Son contratos de adhesión. Si quieres lo tomas y si no lo dejas, te quedas sin préstamo y sin casita mona en las afueras. Los bancos fijan las cláusulas por impago, te dicen que necesitas un aval, y te ponen la pena si no pagas a tiempo (25% o lo que les de la gana), sanción que cobran cuando les apetece con tu pasta en el banco. Ese es el abuso, ahí es donde hay que intervenir. Ahí es donde no nos podemos bajar los pantalones, pero es precisamente ahí donde no se atreven los políticos a meter mano. Negocio privado lo llaman. ¿Por qué no se prohiben los avales hipotecarios teniendo ya como aval el piso? ¿Por qué no se fuerza a renegociar los préstamos cuando uno es poderoso y el otro no? ¿Por qué no se rescata a los ciudadanos, en lugar de rescatar a los bancos? ¿Para que nos sigan sodomizando con nuestro dinero?

Hace unos años, en un banco, me contaron que habían cobrado una comisión indebidamente a los que tenían la nómina con ellos, y que si los clientes reclamaban se les devolvía. ¿Y si no lo reclaman porque no se habían enterado? Pregunté. Pues no se devuelve, me contestó la señora del banco con una sonrisa cómplice, como satisfecha de su delito. Le dije que eso era robar. Y no le gustó. Es lo que tiene el mundo de la banca, que roban con la ley en la mano, y tú, pobrecito imbécil, como no tienes tiempo para demandarlos cada jueves, pues tienes las de perder. Ellos sonríen, y si quieres hacer un ingreso, pues de 8 a 830 de la mañana del día uno al cinco del mes. Así son. Malos y depredadores.

Los gobiernos, si quieren hacer legislaciones mejores que eviten la depredación de los grandes sobre los pequeños, tendrían que entrar a reformar las leyes hipotecarias, hacerlas más restrictivas para los bancos, leyes de préstamos de dinero, donde el mango de la sartén no lo tengan los bancos, sino la ciudadanía y la administración con organismos de control más eficaz. Que quedemos al menos más protegidos de sus malévolas mañas, qeu son muchas, y no desterrados al Defensor del pueblo, que parece el Rey de los pardillos cuando va al Congreso una vez al año.

Ya puestos a hacer programas electorales, yo prohibiría los contratos de adhesión, regularía el derecho a solicitar en determinadas condiciones laborales un préstamo, y regularía la obligación a concederlos por parte de bancos. Sin avales abusivos, y sin penalizaciones cabronas. ¿No es un derecho el acceso a la vivienda? Pues hagamos leyes que faciliten el dinero para acceder a ella. Y fin.

PD: ¡Ah! Es verdad. Se me olvidaba que los partidos políticos deben mucho dinero a los bancos. Si es que nos tienen cogidos por los huevos a todos…

Dedicado a los López.

El agua de la fuente

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