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Veintidós ministros de cuchipanda.

Este fin de semana, el presidente del Gobierno, gente progresista y feminista a tope, se ha ido de casa rural con los ministros de su gobierno. Es verdad, que les ha costado encontrar una casita, pues son veintidós pibes y no es fácil, pero al final la Calvo lo ha conseguido. De hecho, llevaba el tema en mente desde hace días, y debió ser un tema importante en el último Consejo de Ministros, que son secretos y los martes, pero que deduzco de manera natural de qué hablan en los ruegos y preguntas.

-¿Qué tenéis para el finde del 8 de febrero? Pues reservar que nos vamos de convivencias.

-Bieeeeen.

Y se lo han tenido que pasar bomba, porque esta gente de izquierda solidaria, progresista, feminista y antifascista donde va, triunfa. De hecho fueron en autobús para divertirse más y no sufrir los atascos de la capital. Es lo que tiene ser solidarios con el medio ambiente. Es verdad que podrían haber ido en bici, pero la Calvo dijo que no. Que ni hablar. Mejor en un ecoautobús, y se acabó.

Es verdad que los desayunos eran temprano, y que hay ministros que no les mola madrugar porque no están acostumbrados al curro duro; pero claro, tras la fiesta de pijamas del primer día, nadie quiso perderse al coletas despelujado con babuchas sarracenas. Bajó por la mañana con Irene, su señora, que está henchida de gozo por irse de convivencias con su marido.

Los demás se morían de envidia, pues no pudieron llevarse a sus respectivos ni por asomo. A los de Galapagar les dieron la suite nupcial, y los barones que se han enterado se han chinado de la leche. El amigo Pedro, que es el líder cuya luz nunca le llega al cogote, no estaba contento del todo la primera noche, pues parece ser que cuando se va de casa rural suele tener problemas porque se le salen los pies de la cama. Y es que el tío es alto y tiene problemas con sus pies.

El tema trajo miga incluso en el autobús. No es para menos. Pablo e Irene son la primera pareja matrimonio que son ministros los dos, y eso, aunque a muchos les suene a Ceaucescu y su señora, o a Marcos y la Imelda, no es verdad. Es porque somos unos fachas malpensados. Ellos viajaron juntos en el autobús, y los demás tuvieron que andar regateando pareja de viaje. Dicen las malas lenguas que es porque se parecen a los Clinton, Bill y Hillary, y por supuesto hay que alejar a las becarias de macho alfa de la tribu de los progresistas, feministas, solidarios y antifascistas. De hecho, aquella noche, fueron los únicos que se daban arrumacos  en la fiesta de pijamas para envidia del resto de los ministros, que se tuvieron que conformar con mirar y beberse su cubata de cincuenta euros.

El caso es que la fiesta de pijamas fue un éxito, sobre todo cuando se hizo tertulia en el salón de abajo después de cenar.

Pedro sacó su guitarra, la del campamento de las juventudes socialistas, cuando cantaban a Quilapayun y el kumbayá. Y se sintieron todos dichosos cantando lo de la muralla y el pueblo unido jamás será vencido, que para eso se han juntado. Pablo, que también es muy ducho en fiestas de facultad, sacó unos petas, y aunque la ministra de sanidad (no sé quien es pero seguro que es una mujer y acierto) le miró con recelo por aquello de facilitar el contagio del coronavirus chupando el mismo cigarro, nadie dijo nada, pues son gente moderna y moralmente superiores. Cantaron una cancioncitas y disfrutaron contando unos chistes de Franco que casi nadie se sabía, pues no lo vivieron. De hecho los llevaba Abalos escritos. Eran malos, los chistes digo, pero se tuvieron que reír para evitar suspicacias. Cuando llegaron chistes de mariquitas, de aquellos de Arévalo, ya dejaron de reirse y se fueron a la cama. El coletas con su churri, faltaría más, y los demás con pena pensando que no habían tenido ninguna oportunidad de ligar en aquel ambiente tan insano.

Al día siguiente, tras el desayuno de café au lait, digo que a media mañana, alguno se empezó a aburrir y propusieron una caminata al Valle de los Caídos, pero se vé que no tuvo éxito, y ahí empezaron los problemas, pues montar una convivencias sin nada que hacer es superaburrido. Por supuesto, alguien dijo que se podía jugar a hacer una lluvia de ideas bajo un mismo tema, en este caso: temas que cabrean a la derecha, y se entretuvieron hasta la hora de comer y se lo pasaron muy bien, aunque el tema era repetitivo.

Un, dos, tres, responda otra vez. Cosas que cabrean a la derecha: sacar a Franco de la tumba, llamar ultraderecha al que no diga que todo es violencia de género, quitarles la educación de sus hijos, afirmar que la Justicia es un poder al servicio del gobierno, indultar catalanes sin preguntar, invitar a Torra a la cuchipanda… Jajaja. interrupción. Perdieron algunos, porque todo el mundo sabe que Torra es de derechas y nacionalista, y no de ERC. ¿Quién lo iba a decir? La próxima vez hay que invitar al Rufián, que es un parto el tío.. Ahí se lo pasaron bien, y han sacado unas cuantas ideas para los próximos meses, que se van a divertir y nos van a entretener a todos con sus cosillas de gobernantes.

Con la comida llegaron otros problemas no menos graves que los anteriores. Con la cena del día anterior no pasó nada, pues la gente fue con su bocata, y aunque hablaron de compartir, no se animó más que el Ministro de Agricultura con unos yogures que guardaban de la época de Cañete. Nadie los probó, pues procedían del averno Aznar. Pero ahora, con la comida, los ánimos se empezaron a caldear cuando propusieron el menú.

Que si a mi me gusta lo vegano, que si yo soy huevófago y sólo trincho pimientos coloraos, que si yo no puedo comer pescado porque los progresistas no comemos seres vivos con memoria de pez (lo cogen, lo cogen). Ahí se entablaron varias discusiones terribles, que se resolvieron cuando el presidente afirmó que había que llamar a los veintidós cocineros personales de Moncloa, asesores incluidos de radio y televisión, para que les hicieran un menú verdaderamente progresista, sostenible y con perspectiva de género. Un ecomenú, vaya.

Comieron lo que les dio la gana, excepto rabo de toro, que lo denunciaron como comida fascista y machista en grado superlativo. Pásame otro peta, Pablo.

Por la tarde las actividades se atascaron, pues varios ministros se echaron una cabezadita que se prolongó hasta la merienda. Recuperaron las formas con el partido de fútbol  que propusieron. Siendo veintidós, pues once contra once. El problema es que para no parecer cerrados, se hicieron equipos nombrando como capitanes a Pedro y a Pablo. Se cabrearon varias ministras cuando vieron que nadie las escogía, y decidieron formar su propio equipo. Heteromachos contra mujeres, y para dar perspectiva de género, los hombres tenía que jugar de rodillas, sin poner las plantas de los pies sobre el suelo. Es discriminación positiva, y todos se callaron como muertos jodiendose los ligamentos cruzados anteriores y posteriores.

Aquí se lo pasaron bárbaro. No porque ganaran ellas, sino porque dieron un balonazo a Abalos en los huevos, y daba gusto ver trinchado por el suelo al ministro. Luego se fueron a cenar a un burguer cercano de unos sindicalistas, que quisieron homenajear a los legítimos representantes del pueblo. Por supuesto, hubo langostinos, pero aquí nadie protestó pues dieron la consigna de no contradecir en asuntos de Estado a los sindicatos mayoritarios. Y se comieron los langostinos como está mandado. Luego volvieron a casa felices, no sin antes abrazarse a sus nuevos amiguitos.

Que digo yo, que si lo retransmitiera la tele, que sería mejor que la Isla de las tentaciones. Es por dar ideas a las cadenas…

(continuará algún día…)

 

 

1978-2018. Cuarenta años de Constitución. (Tercera parte).

Con la victoria por mayoría absoluta de Aznar en el año 2000, y la posterior incorporación a la moneda única, el Euro, se inicia una tercera fase histórica de nuestra constitución, que probablemente haya que dividir en dos periodos. Hasta el año 2008, fecha en la que se inicia la crisis económica, y desde entonces hasta nuestros días.

El gobierno de Aznar con mayoría absoluta (2000-2004) se destaca por manejar prudentemente los tiempos políticos. Todo pasa por las decisiones del líder popular, que parece engrandecido con la boda fastuosa de su hija. La sociedad lo percibe excesivo, pero es apoyado porque está gobernando bien. De hecho, la estabilidad y el crecimiento económico están asegurados, y quizás porque la izquierda no está encontrando su camino para recuperar el gobierno perdido en las urnas, se inicia una etapa histórica, en mi opinión, marcada por una mayor presión en la calle. La izquierda sale a la calle ante sus carencias parlamentarias con la intención de desgastar al gobierno de Aznar, que seguía siendo un tipo antipático.

Curiosamente, las grandes manifestaciones de la izquierda contra Aznar contaron con un fuerte apoyo mediático, cuyo dominio y control seguía en sus manos. Igual que la policía o la educación. La derecha está acomplejada, y Aznar no se atreve a controlar las televisiones privadas que no le son afines, que son todas, pues así lo dispuso la izquierda en su momento.

El caso es que se sale a la calle porque un petrolero revienta cerca de las costas gallegas. El “nunca mais” se dirige contra el gobierno del PP, aunque ellos no son directamente responsables. Se sale en segundo lugar por el “no a la guerra”. Una guerra que se había producido seis meses antes entre Sadam Husseim contra Estados Unidos y Gran Bretaña. En realidad España no estuvo en la guerra, sino en la pacificación posterior del territorio Irakí, pero la propaganda cambia los hechos, y Aznar aparecía como aliado de los americanos y británicos. El tema quedará olvidado, y es que Aznar manejaba perfectamente la legislatura. Hasta el atentado del 11 de marzo. En los últimos años de su mandato pone en marcha la LOCE, Ley Orgánica por la Calidad de la Educación, que no llegará a implantarse. Había prometido marchase y propone como sucesor a Mariano Rajoy. No obstante, su balance es excelente: ETA está debilitada y agotada, y deja como legado una magnífica situación económica. Sin embargo su marcha coincidirá con un brutal atentado en Madrid.

El 11 de marzo del 2004, vísperas de las elecciones generales, se produce el mayor atentado de la historia reciente de España, en Atocha. La intención es claramente alterar el curso de las elecciones y lo logran. Por primera vez en la democracia, el ambiente de concordia se rompe de manera flagrante en una jornada de reflexión. La izquierda del PSOE y de IU rodea las sedes del PP pidiendo claridad en unos atentados cuya información primera es confusa y variable. De hecho nunca se llega a saber quién atenta y porqué, pues mueren en Leganés un grupo de presuntos terroristas musulmanes radicales, antes de que puedan confesar las razones de su fechoría.

En medio de un clima emocional alterado se celebran las elecciones; acuden a las urnas más votantes de los esperados, y si las encuestas hablaban de nueva mayoría de Rajoy; se produce un vuelco electoral al acudir masivamente muchos españoles que habitualmente no votaban. Vencerá el candidato del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, que se había mostrado como un hombre sonriente, cordial y buenazo; y que no se lo esperaba. El nuevo gobierno se forma de manera abrupta y con precipitación. Los ánimos se van serenando poco a poco, pero la forma de gobernar el nuevo inquilino de Moncloa no ayuda. La derecha se siente engañada ante el vuelco electoral, pero es incapaz de reaccionar con firmeza ante lo sucedido.

El clima de convivencia no mejorará en los siguiente meses, al contrario. Da la sensación de que la izquierda es revanchista y que el odio que despertó en la calle contra Aznar lo va a mantener y alimentar. Se quiere hacer un cordón sanitario para aislar al PP en Cataluña y en muchos otros lugares. El PP debe quedar aislado, a pesar de ser la fuerza política más fuerte y estable, incluso por encima del PSOE.

Zapatero gobernará mirando exclusivamente a su partido y a sus intereses ideológicos. En sus primeros seis meses deroga la ley de educación sin consenso con el PP, que la había puesto en marcha. Aprueba la Ley de igualdad absoluta del matrimonio entre homosexuales con respecto al matrimonio tradicional. Tampoco quiere consensos. Retira las tropas de Irak, y abandona los acuerdos de España en materia internacional, lo que le valdrá el desprecio de una buena parte de la comunidad internacional. En resumen: Gobierna para los suyos, y esto despierta a los votantes católicos que se sienten especialmente agredidos. El PP los acompaña un tanto acomplejado. De ahí que salgan a la calle para reclamar su opción política. Se manifiestan contra la Ley del matrimonio homosexual, contra la nueva reforma del aborto (que se agranda más), contra la eliminación de la asignatura de religión de la escuela. El gobierno presenta un perfil muy ideológico y se crea, por ejemplo, el Ministerio de Igualdad, con una ministra defensora de las ideologías de género, feminismo radical.

Sin embargo, el gobierno nefasto de Zapatero (nefasto por gobernar sin sentido de Estado) en su primera legislatura no terminará ahí. Aprueba una Ley de Memoria histórica que reabre las heridas de la guerra civil española. La reconciliación de los primeros años de Constitución son borrados, pues pretende colocar a la izquierda en el bando de los buenos, humillando al bando de los malos, que se supone que son la derecha. Estar heridas despiertan nuevos rencores y odios en los siguientes años. Su segundo gran error, quizás aún más grave consistirá en negociar un nuevo Estatuto de Autonomía para Cataluña con la consigna de que hagan lo que hagan será aprobado por el gobierno y el parlamento. Tal Estatuto de Autonomía fue declarado inconstitucional por los tribunales, despertando en la sociedad catalana más nacionalista la sensación de engaño, y de que la hora de la independencia ha llegado. Era el año 2010, y tal enfado generará una indignación mayor entre los independentistas catalanes, los cuáles irán creciendo su odio y enfrentamiento con los catalanes no independentistas. Como punto final darán un golpe de Estado en septiembre y octubre del año 2017.

La segunda legislatura de Zapatero fue abrupta y difícil. La crisis se empieza a asomar en el año 2008. Las elecciones de ese año revalidaron la mayoría de Zapatero, que niega su existencia y que no es consciente de la magnitud de la misma. Se equivocará incrementando el gasto público pensando que de esa forma potenciará el consumo y se minimizarán sus efectos. Lo que logra es endeudar al Estado arruinándolo y dejándolo a las puertas de la suspensión de pagos.

Con políticas económicas titubeantes, Zapatero dimite presionado por su propio partido y por la calle, no se volverá a presentar a las elecciones. En mayo de ese año, una serie de colectivos toma la Puerta del Sol de Madrid y se instala allí para reclamar un cambio. Es el movimiento 15 de mayo, 15M. Afirman ser apolíticos, dicen estar hartos, y se muestran en muchos casos antisistema. El parlamento no les representa, no reconocen el bipartidismo, y están indignados con la crisis. Se muestran asamblearios, y montan una serie de reuniones, foros de debate que están siendo controlados por una izquierda diferente, de procedencia universitaria (Facultad de Políticas de Madrid) y distinta tanto a IU como al PSOE al que condenan por ser “casta política”.

En dos años, y con el apoyo de las nuevas concesiones televisivas (La Sexta) logran obtener diputados en las elecciones Europeas. Se constituirán en un nuevo grupo político con diferentes tendencias, desde anticapitalistas, stop desahucios, antisistemas, etc. Se asociarán en las elecciones con IU para concurrir con ellos. Serán PODEMOS, y estarán dirigidos por Pablo Iglesias, un profesor de políticas muy mediático y con vínculos ideologicos y políticos con Hugo Chávez, Presidente de Venezuela.

En el año 2011, con nuevas elecciones, obtiene la mayoría absoluta el Partido Popular de Mariano Rajoy. Sin embargo, su principal prioridad será hacer frente a la crisis económica del país, olvidando sus promesas de los años de oposición. Serán los últimos comicios del bipartidismo, pues en las siguientes elecciones, las del 2015, irrumpirán dos nuevos partidos políticos con fuerza: Podemos, de ultraizquierda, y Ciudadanos, de centro antinacionalista. Un año antes, en el 2014 se produjo la abdicación del Rey Juan Carlos I, y la proclamación de Felipe VI como nuevo rey de España. Sin duda una nueva época.

 

100 millones de muertos en el libro “MEMORIA DEL COMUNISMO” de F. Jiménez Losantos

No suelo comentar ni reseñar ensayos ni libros técnicos en esta bitácora. No tengo costumbre, o mejor dicho no he tenido costumbre hasta el día de hoy.  Así que, sin más preámbulos, rompemos la tradición y apuntamos a uno de los hombres más odiados (por la izquierda, parte del centro y de la derecha españolas), de los más temidos (políticos y ganapanes de todo pelaje), y de los más amados (por librepensadores que es lo mismo que liberales): Federico Jiménez Losantos.

La ocasión, víspera del día del Trabajo, forma parte de esas casualidades que se producen en la vida. No lo he hecho a posta. Lo terminé de leer hace unas semanas, y después de dejarlo resposar levemente, me atrevo con él y con sus ideas. De entrada ya lo digo: el libro lo recomiendo a los de izquierdas que presumen de ser de izquierdas y que se sienten superiores moralmente por serlo. Os va a escocer, pero el vinagre siempre se agradece cuando se ha empachado con la grasa del cochinillo de la granja de Orwell. A los de derechas también les viene bien su lectura, es como terapia para acomplejados. El resto verá bien sintetizado lo que ha significado el comunismo en siglo y medio de discurso y revolución.

La obra es magnífica por su ambición, pero, en mi opinión, se queda corta ante la magnitud de los hechos históricos analizados. Realmente se necesitan varios tomos para exponer con detalle lo que Jiménez Losantos intenta en ochocientas y pico páginas (no tengo el libro delante porque se lo he prestado a mis padres). Se queda corto porque me hubiera gustado conocer con detalle las masacres de los Jemenes Rojos, los amiguetes de Pol Pot, por ejemplo, uno de los asuntos más inverosímiles de la historia del comunismo. Estos tipos se dedicaron a asesinar a los que tenían gafas por ser contrarios a la revolución. Veleidades de la izquierda para cambiar el mundo.

También me faltan explicaciones y comentarios sobre Corea del Norte, Angola o los Ceaucescu, entre otros. Reconozco que me hubiera agradado leer más de los Jacobinos y sus descerebradas pretensiones; pues son el germen del odio comunista de siglos posteriores.

El libro no encara estos problemas. Se centra y limita, creo que por falta de espacio y páginas, a analizar con bastante detalle la figura de Lenin, de Stalin, de la guerra civil española y sus personajes siniestros; del castrismo y sus víctimas; y finalmente de Pablo Iglesias y su ambición por destruir la democracia e instaurar un régimen de privación de libertades.

Escuchando al autor en internet – en las presentaciones del libro – tengo que decir que él mismo considera que es la obra de su vida, un gran ensayo producto de su persistente investigación sobre el fenómeno comunista y su impunidad ante el asesinato y la masacre. Su implacable maquinaria propagandística. Lo cual se ve perfectamente reflejado en sus páginas.

Jiménez Losantos pretende hacer memoria de las víctimas olvidadas, las que llegan a los 100 millones a lo largo del siglo XX. El libro es, por consiguiente, además de memoria, homenaje; y además de homenaje, llamada de atención a los lectores. El comunismo no está derrotado, y sigue siendo aplaudido a pesar de haber sido una ideología perniciosa para la vida de millones de personas, y para la libertad de muchos millones más. Una ideología que ha conducido al atraso, la pobreza y el hambre de sus supervivientes. Y a la tumba de los que no lograron superar el infierno.

Por desgracia, Federico Jiménes Losantos no se equivoca. Las maneras de este periodista, doctor en hispánicas, suelen ser abruptas y molestas para mucha gente. Es un periodista independiente, perseguido por la izquierda desde hace años y por la derecha acomplejada desde tiempos más recientes. En España, decir que escuchas a Jiménez Losantos y que te gusta su capacidad comunicativa es como lanzarte en brazos del oso. No voy a pedir perdón por ello, a mi me gusta. Y, por desgracia, Federico Jiménez Losantos suele tener razón. Donde otros sonríen y hacen chistes fáciles rezumando odio y soberbia, Federico habla sin tapujos y sin buenismo. Y también me hace reír. Discrepo a menudo, y me adhiero a sus ideas; como me sucede con muchos otros periodistas, escritores, filósofos… El libro es más grande que el personaje, lo cual es algo que honra sobremanera a Federico y a su deseo de comunicar la verdad.

El gran “pero” que tiene el libro, en mi opinión, es su redacción. En ocasiones me ha resultado apresurada su gramática, con poco estilo. Escribe mejor en el periódico. Los contenidos están bien investigados, la bibliografía es amplia, pero su estilismo (puntualmente) flojea más de lo que sería deseable. Tampoco creo que sea importante ni que enturbie el mensaje de MEMORIA DEL COMUNISMO. Da la sensación de que el material era muy abundante, pero su planificación para configurar un índice y meter la pluma ha sido más precipitado. No desmerece en exceso, pero se nota. O yo al menos, lector exigente, lo noto.

Para muchos de mis lectores y amigos, que conocen mis debilidades hacia la izquierda y el comunismo cuando era joven, no me queda sino echar mano del conocido refrán:

“Quien no es es de izquierdas cuando es joven es porque no tiene corazón; pero quien no es de derechas cuando llega a adulto, es porque no tiene cabeza”.

Pues eso. Por suerte, ya no soy de izquierdas. Demasiadas víctimas, purgas, gulags, robos y asesinatos como para pensar que las ideas y los hombres cambian el mundo. Por desgracia, eso significa que no soy tan joven.

¿Mi credo? El mundo lo cambia Dios y el amor al prójimo. Que tampoco sus seguidores.

 

Reformar la Constitución del 78. ¿Para qué?

Celebraremos el próximo año, el 2018, el cuarenta aniversario de la Constitución Española de 1978, que es tanto como decir el periodo de más paz y estabilidad que ha habido en nuestro país en casi doscientos años (con permiso de Cánovas, claro). La Constitución lleva gobernando esta república-monárquica nuestra más años que Franco campeando la suya, lo cual demuestra que es mejor la democracia que la dictadura, y que lo que les sucede a los venezolanos es una putada, por no hablar de los chinos.

Seguramente, la razón por las que haya perdurado tanto tiempo una Constitución en nuestra patria, tan amante de los golpes de Estado, y tan derogadora de constituciones (en el siglo XIX hubo unas cuantas) se debe a la incorporación de España al club de las potencias europeas. También a las virtudes de los políticos de entonces, que fueron capaces de escribir una carta magna sin vencedores ni vencidos, un texto que fuera un punto de partida para un país que quería ser distinto: democrático y de derecho, plural y con oportunidades para todos. Libertad, igualdad, justicia y pluralismo político. Casi nada.

España aspiraba a ser un país como el resto de los países europeos. Sin complejos. Con una monarquía moderna como las Europeas, un respeto elemental a los derechos humanos (con Franco esto no lo hubo, y con Stalin menos) y un sistema comercial basado en el libre comercio y en el capitalismo intervenido por razones sociales. Todo estupendo. La Constitución es simplemente una norma jurídica bien hecha que permitió que fuera posible tal proyecto. Si no se ha hecho mejor no es porque la Constitución no lo permitiera, sino porque los gobiernos puntuales que hemos tenido han sido cortoplacistas, han buscado el triunfo electoral por encima de la mejora nacional, y han anhelado el poder para colocar a los amiguetes en lugar de trabajar por la mejora real del asunto concreto que les ha tocado. Ha habido gobernantes nefastos, es verdad, y si el chiringuito no ha petado es porque a pesar de ellos, la Constitución es mejor que nuestra clase política. Sin duda que sí.

Aunque supongo que las buenas intenciones no hayan faltado, también es verdad que un buen número de los gestores de la cosa pública han acabado en la cárcel. Barrionuevo, el Ministro de Interior del PSOE, fue aclamado a las puertas de la prisión por los “suyos”, olvidando que había montado un grupo terrorista para perseguir a ETA en plan clandestino. Por suerte, Aznar demostró que a ETA se le puede derrotar simplemente acosando a los terroristas y al entorno terrorista con las leyes de la mano. La Constitución permitió la derrota de ETA, que ha sido a la postre el gran intento de desestabilizar la democracia en estos cuarenta años.

No recuerdo otra quiebra más grande del Estado de Derecho en estos cuarenta años salvo la del golpe de Estado de Tejero en el 81, militares nostálgicos que no se enteraron que la democracia funcionaba bien, o el golpe de Estado del Gobierno Catalán perpetrado a cámara lenta durante varios años y que ha culminado en el 2017, bajo la complicidad del gobierno central que ha hecho como que no lo veía (y que sigue sin ver lo que hay al otro lado del río). También el atentado del 11 de marzo del 2004 en vísperas de unas elecciones tuvo algo de golpe a la democracia. Aquello colocó en la Moncloa a Zapatero. Por desgracia se desestabilizaron las reglas democráticas, y una parte de la izquierda salió a la calle sin respetar las reglas del juego de la jornada de reflexión, pero bueno. Tampoco muy grave. Votar es muy sano, porque si pierdes te callas por un tiempo, y si ganas te quedas a gusto. Y lo mejor, se van unos y vienen otros. Aunque algunos no terminen nunca de llegar y otro no se marchen del todo. De todas formas, esto funciona, porque la Constitución y la sociedad española aguanta lo que le echen.

Lo cierto es que el texto constitucional consiguió casi todo lo que se propuso, casi todo lo que estaba en su mano, claro. Por desgracia, los gobernantes no han estado a la altura, y han destruido una parte importante del patrimonio cultural y social, jurídico que heredaron, lo cual debería ser un delito en sí mismo. La independencia judicial sin ir más lejos. En el año 78 era magnífica; pero el PSOE se la cargó politizándola en el año 85 con el CGPJ, una de las mayores estafas políticas que luego ha mantenido el PP, y que simplemente quebraron la división de poderes. A pesar de todo, el sistema aguanta, pero el daño es tan profundo, que la sospecha contra la administración de Justicia nunca ha terminado, a pesar de que la inmensa mayoría de los jueces lo son de oposición, unos cuantos lo fueron a dedo del político de turno. En fin, que la Constitución ha aguantado, lo que supone que es hace bien lo suyo, incluso a pesar del Tribunal Constitucional y sus caóticas y contradictorias sentencias.

La creación de un país descentralizado totalmente en autonomías lo permitió la Constitución Española. No era el modelo propuesto por los políticos de entonces, que solo contemplaba que esto fuera algo para que las autonomías más pertinaces (Cataluña y las provincias Vascongadas) se deleitaran un poquito más mirándose el ombligo. Se reconocía que España era un país plural, vale. Aunque eso ya lo reconociera el gran sistema descentralizador del siglo XIX, las provincias y las diputaciones.

Luego llegó el café para todos, y filetes para todos, y langostinos para todas las autonomías. La Constitución lo permitía, pero que se hayan creado 17 reinos de taifas con sultanes, califas y chupópteros de toda clase y condición no es culpa de la Constitución. El descalabro educativo, el caos sanitario, la persecución de los castellanos parlantes en algunos territorios por razón de su procedencia o lengua es algo que la Constitución no ha podido detener, entre otras cosas porque los gobernantes del momento no han querido hacerlo, ni en Madrid ni la periferia.

Por eso, ahora que se habla de reformar, me pongo a temblar de espanto. ¿Quién va a reformar la Constitución? ¿Los que no creen en la separación de poderes? ¿Los que no respetan la independencia del Poder Judicial y colocan a los suyos? ¿Los que no creen en la unidad ni en la bandera ni respetan la institución más estable que tenemos que es la Monarquía? Reformar no significa hacerlo a mejor, también se puede hacer una cagada monumental; y por desgracia, no veo a la clase política actual preparada para hacer tal cambio. Tampoco veo a la sociedad española con suficiente humildad ni capacidad para afrontar un reto así. Mucho sectario y mucho soberbio es lo que domina el panorama de la izquierda, y muy acojonada y acomplejada veo a la derecha. Saldrá un pastiche fétido y partidista como se pongan.

Lo dicho, no veo políticos capaces de reconducir el Estado Autonómico para que mejore el país; ni gente preparada en mejorar la educación. Salvo el rey Felipe VI que tiene bastante cabeza, esto está lleno de ineptos. Así que me declaro en contra de cagarla. O sea, que mejor no meneallo.

 

Mamá, soy un fascista.

Se ha puesto de moda en el debate político faltar al otro diciendo que es un fascista. Como si fuera un insulto (ale, ya salio el fascista este). El problema está en que nadie se escapa, y hasta la izquierda más radical recibe insultos de la izquierda más antifascista, que los tacha de ser todos unos fascistas. O sea, en realidad todos somos fascistas en diferente grado de la escala rijter. Menos el último descerebrado, el gran puro y casto antifascista, que considera a la humanidad en su conjunto una falange miliciana toda ella a su derecha. Será manco, claro, ya que él es el único antifascista de verdad, y los demás unos fascistas camuflados.  Yo seguramente sea un fascista en grado 6 escala richter, pero los hay de grado 2 y de grado 9 dependiendo de si sacan la bandera española el día del fútbol, el día del Pilar o cualquier otro día. Desde luego, aquí hay tema para cortar, y mucho.

Al principio de los tiempos fascistas, los fascistas eran simplemente los italianos que seguían a un socialista reconvertido, cuyo nombre era Benito y cuyo apellido era Mussolini. Era el nacimiento de los movimientos totalitarios de nuevo cuño se caracterizaron por su socialismo totalitario reconvertido con una absolutización de la patria, la raza, la nación que es el pueblo y los milicianos con uniformes bonitos. En todo eso chocaban frontalmente con un enemigo artificial que se crearon, el comunismo y el marxismo de Stalin (que era su primo hermano); y con su enemigo natural que era la iglesia católica, siempre defensora de la prudencia, la mesura y el amor al prójimo. Pero como la iglesia no era suficiente enemigo natural, se buscaron el liberalismo y la democracia, que daba más juego, y que además tocaba poder.

Luego surgió el Nazismo, que era el fascismo en plan alemán. En lugar de Mussolini, tuvieron como dirigente a un tipo cetrino de brillante oratoria llamado Hitler. Y en lugar de amar lo suyo, se decidieron a quitarle al otro lo que tenía. Del amor a lo propio y del odio al prójimo debía haber un paso para esta gente. Y así, llámese judíos, gitanos, patria polaca o lo que fuera, se dedicaron a poner en marcha sus ideas machacando al resto. igual que Stalin, vaya.

Curiosamente, Franco nunca fue un fascista, sino un militar, que como todo el mundo sabe, siempre han sido muy admirados por los fascistas. Cuando llegó el momento la desenfundó, se cargó a la falange suplantándola (¡Franco el gran antifascista!) y los mezcló con los requetés, que eran los carlistas del siglo anterior. Para colmo, durante el franquismo, mandó gobernar a los liberales de la iglesia católica, o sea, a los tecnócratas con los pobres falangistas, que casi ya ni eran lo que había deseado ser. Sorpresaaaaa.

En nuestros tiempos, del fascismo no queda nada. Lo que hubo en Alemania lo barrió la guerra, y lo mismo pasó en Italia. Los movimientos de ultraderecha, en realidad no son más que gentes de ultraizquierda cabreada con los emigrantes y con sus ideas imposibles; los cuáles terminan, en un alarde de mosqueo y bronca, votando al primero que les prometa limpieza étnica por las calles, orden público y justicia social. Es el comunismo de Stalin  pero con otro nombre. Fascista, eres un fascista. El liberalismo, que es la base de la democracia, es precisamente el grupo político más acusado de ser fascista y malo, cuando precisamente son los más antifascistas de libro. Para estos insultadores, genios de la propaganda, un fascista es un anticomunista, y un comunista un antifascista. Por eso, si no eres comunista, eres, por definición, un fascista. Así que… todos somos unos fascistas. Incluso muchos comunistas son fascistas como no se anden con ojo.

El epíteto se extiende como el aceite en la sartén, y cualquiera te puede llamar fascista por cosas tan nimias como discrepar de sus ideas. Si no te gusta la ideología de género (totalitaria al estilo Stalin) eres un fascista; si permites la libertad de expresión para todos, puedes ser tachado de fascista, si te gustan los toros eres un superfascista, y si no reciclas las toneladas de plástico que te venden los fascistas eres otro fascista. Si sacas la bandera de España eres un fascista, y no la sacas eres un fascista camuflado. Estamos perdidos, porque la definición de fascista es: tipo que discrepa de otro que se considera antifascista.

En Cataluña, ya lo ha dicho la tipa esa de las cavernas, todos somos fascistas por ver la televisión española y no la teuvetres. Es fascista el Rey Felipe VI, y son fascistas los polis (en realidad son trabajadores) y los guardias civiles (son militares), y hasta la poli regional la pone de fascista según el día.

Como decía Churchill, los fascistas del futuro se llamarán a sí mismos antifascistas. Pero claro, que se puede esperar de Churchill, que como todo el mundo sabe es uno de los fascistas más fascistas del fascismo.

Paseando a Francisco Franco Bahamonde.

Franco va a terminar siendo como el Cid, triunfará después de muerto. Sus enemigos le tienen miedo, y con solo oír su nombre la adrenalina les empieza a funcionar. En realidad no le odian, le tienen más admiración que rencor, y más amor que indiferencia. Escribí hace tiempo que Franco ya era un desconocido total en las escuelas, gracias a los intentos del PSOE por borrar del mapa la cultura general en los colegios. Bueno, pues ahora la sorpresa es que los mismos del PSOE piden exhumar el cadáver del viejo generalísimo de amor y tirria que le tienen. Para mi que lo van a pasear por los pazos de España como la Copa del Mundo que ganó Iniesta con su gol, para mayor gloria de Pablo Iglesias. Podemos, podemos.

Una gran parte de los antifranquistas de antaño, gentes de izquierda y de Falange de verdad, odiaba a Franco sin tapujos, pero con el tiempo y tras un periodo de indiferencia, si han llegado a las canas y son sinceros consigo mismo y ha leído algo, han terminado valorando bastantes cosas del Régimen Franquista. Y es que no hay nada como comparar la dictadura de Franco con la de la estupidez que hoy nos preside. El dictador vuelve a ganar la guerra, y ya le vale, porque sigue siendo por falta de inteligencia del enemigo.

Por desgracia, siempre ha quedado otra izquierda, la que por no odiar a Franco cuando hubo que hacerlo, lo acaba admirando, pues del amor al odio hay un paso. Y estos que presumen de odiar mucho, son unos despechados de un amor imposible. Y es la hora, digo yo, de resucitar la momia del dictador, del Valle de los Caídos, que no de los muertos de Karnak, y darle un paseo entre pitos y palmas para regocijo de la plebe, y confusión en Europa. Pues eso va a ser. Y el PSOE, ahora sí, se va a poner en primera fila para ver cómo se ha quedado el difunto tras 41 años sepultado, que se dice pronto. Un fiestón al estilo Tarantino, pero con un muerto de serie A.

La propuesta no es tan ridícula. El mismo Orígenes, teólogo del siglo III, fue condenado por hereje 150 años más tarde de morir. La pena es que no hubo cadáver para quemarlo o pasearlo, que es casi lo mismo. En cambio, los franceses, que viven en un permanente autoengaño, enterraron a su dictador particular, un tal Napoleón, como si fuera el mismo Lenin en su mausoleo. Es la grandeur, y los muertos son lo más grandioso que tiene una nación. Lo ideal sería que a Franco le hicieran un mausoleo en la Puerta del Sol, o la de Oriente, que era más emblemática, y tengan así los españoles un sitio donde escupir por la mañana y reconciliarse con su historia por la tarde. Con entrada de 10€ y con IVA cultural del 4%, todo a beneficio de los de la memoria, se me ocurre.

Será curioso ver la cara de Pedro Sánchez o de Susana Díaz cuando abran la tumba de Franco y vean que no está, por ejemplo. O que está muerto de verdad, o que está con el cuerpo incorrupto. Eso sí les daría un soponcio y de los gordos. Buscarían a alguien a quien culpar y sacarían una nueva ley educativa para que nadie piense que era un elegido por Dios. La familia de Franco, si fuera inteligente y hubiera sabido hacer buenos negocios, debería reclamar el cadáver del abuelo y llevarlo a un mausoleo privado en alguna capillita de esas escondidas de Madrid. Cobrarían la entrada a 25 euros, y llenarían la sala con la posibilidad de insultarlo o de besar al muerto, a gusto. También otra opción es mandar el cadáver a Montserrat, o pedir a los cubanos que nos presten el cadáver de Fidel Castro una temporada para reemplazar el hueco que deja el difuntísimo caudillo, que se lo podemos intercambiar, como los libros. Sería bonito, un intercambio de dictadores, Lenin en París, Napoleón en España y Franco a Rusia. Por un par de años, eso sí, que cada uno tiene que cargar con sus muertos.

La propuesta de Podemos terminará siendo la de pasear el cadáver de Franco por toda España, como hicieron con la monja aquella Barcelona que exhumaron sin permiso durante la guerra civil. Esa será la propuesta de los radicales de salón en cuanto pasen unos meses aburridos sin nada que hacer por el Parlamento. Es el morbo de toda la vida. Contemplar los restos putrefactos, la sangre y los filetes del muerto siempre pone mucho a la gente y mantiene vivo al pueblo entre liga y liga. La peña podría disfrutar de la leche. ¿Más ideas para recuperar la memoria? Se podrían hacer procesiones, conferencias contra el franquismo con el cadáver de Franco delante, mítines con Franco y sin él, y hasta se podría llevar a la Sexta, para lo entrevistara la Pastor esa. Lo mejor sería ver que la copa del Rey vuelve a ser del Generalísimo. Un señor detrás manejando el muñeco, que es un cadáver muy respetable sería trending topic. Seguro que la gente cantaba el himno español en Barcelona con más ganas y devoción. El espectáculo sería único, y colocaría la marca España en los lugares más elevados de su historia. Luego tras cinco años de festejos, intercambios y verbenas, pedirían devolverlo al Valle de los Caídos y ya está. Hasta dentro de otros 41 años.

Seguro que el Pepé se abstenía para evitar confusiones de última hora. Y es que somos así. Nos encanta la fiesta, y si hay cadáveres y muertos para procesionar ya ni te digo. Menos al Pepé, que son unos paniaguados, ni de fiesta, ni en las casetas, ni trabajando en contra. La verdad es que entre todos haremos bueno al chico ese de Eurovisión (duyufollolove, duyufollolove). Otro cadáver, en este caso musical, que también pone mucho. Ale, a la isla de los famosos con el cadáver de Franco.

Rejuvenecer o envejecer en política. Crónica de un debate histórico. 13 de junio 2016

 

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¡Santa María! ¡Lo mucho que ha envejecido Pablo Iglesias en cuatro días! Este muchacho parecía tener una adolescencia retrasada, de esa que con 24 años andas de fumeta y de movida por la facultad, divirtiéndote y pasándolo de puta madre. Pero el tío se ha quedado anticuado en menos de un año, desde que ha tocado poder, desde que se ha asociado con Izquierda Unida y dice que es socialdemócrata para disimular que es comunista. Eso envejece a cualquiera, claro. Y es que la gerontocracia (poder para los ancianos) siempre ha sido el gran problema de la izquierda real. Que se lo digan a los soviéticos. Pero es un mal que afecta a todos los partidos políticos. Están todo el día diciendo que son el cambio y el progreso, pero en realidad lo único que cambian son ellos que envejecen. A saber.

La política tiene sus edades, y la imagen de las formaciones políticas también. Así, por ejemplo, y siguiendo con PODEMOS, estos muchachos eran unos adolescentes rebeldes hace cuatro días, pero desde que llevan gobernando en Madrid y Barcelona como que han madurado; siguen siendo jóvenes salvapatrias, pero ya no montan sus tiendas de campaña en la calle. Ahora ya son gente de bien que te cuenta lo guay que son sus ideas y disimula la edad que tiene. No le dan al canuto, y te piden el voto porque ahora los del Congreso SÍ nos representan. Todavía vociferan eso del “sí se puede”, pero en cuatro días se buscan un himno solemne para sus mítines, con letra y todo, en plan el de Riego y a llorar recordando lo bien que estuvimos en el 15M.

Esta gente que hace cuatro días nos parecían unos alocados descerebrados, ahora muestran una cara más madura y circunspecta. En poco rondarán los treinta y pico años, yo creo que será en esta legislatura, tanto gobiernen como si no, y cuando pasen cuatro años o seis, serán cuarentones venidos a menos. Están condenados por el tiempo, y, ¡sorpresa!: en ellos pasan más deprisa los lustros que en otros partidos. El chico, que se me ha hecho mayor de repente. Y van a la tele a debatir con sus enemigos de antes (la casta), que ahora son casi coleguitas (Sánchez), y dentro de poco se irán de cañas por Valladolid con la Soraya del Pepé, que para ellos tienen mucho morbo las tías del PP; y es que van en plan macho alfa, para probar que son atractivos con las incautas hijas del señor Rajoy.

Los votantes también cumplen años, por eso ahora los votantes podemitas son peña joven. Según vayan madurando en la vida, lo harán sus líderes de PODEMOS. Así que hay Pablito para rato, pero no hay que alarmarse: el tío evolucionará y yo ya predigo que será una mezcla entre Zapatero, Mussolini y Felipe González. Pablemos se negará a ponerse corbata, salvo en los Goya, y sus partidarios le seguirán votando aclamándole como un gran tipo que no renuncia a sus principios, aunque por entonces tenga amigos multimillonarios, como Roures, por ejemplo, que se está forrando y lo que le queda; y declare un par de guerras contra algún terrorista tocahuevos del futuro, que seguro que lo habrá.

Convergencia también ha caducado. Pujol era el padre del invento, y el hijo, Artur Mas, ha quedado tocado. Es como un hijo mayor bobolicón que no se va de casa ni a tiros. Se tienen que reinventar, y echar al muchacho de casa. Para eso tendrán que sacar un discurso nuevo, unos líderes nuevos y unas ideas nuevas. Tan nuevo todo que ni se parecerá.

Los que tienen problemas de edad son los del PSOE. Sobre todo porque no aceptan que son mayores, que han envejecido, y el tiempo los hace menos guays y progresistas. Son como esas señoras que no quieren tener arrugas y hacen el ridículo yendo a que se las planchen por aquí y por allá. En plan Preysler, que se hizo unos arreglitos y parece estirada, como una esfinge. Sara Montiel es su modelo, parecía joven pero tenía entre doscientos y trescientos años. Así está el PSOE, estirado y con la cara llena de botox. Cien años de honradez, presumen, pero es como el mantra de un abuelo en la residencia, ¿a qué no sabes cuantos años tengo? Pues eso, cien. Y es que no hay nada peor que alguien que no acepta la edad que tiene.

En realidad no están tan mayores. Zapatero rejuveneció el partido con locuras de juventud, pero la cagó (para sus votantes) cuando se rindió a Obama y a Merkel. En un día descubrieron sus partidarios que Blancanieves era en realidad la bruja arrugada ochentona de su madrastra. Y eso es muy fuerte. Por eso la mandaron al asilo con Felipe y buscaron algo nuevo, un tal Snchz, que es como Zapatero pero con restos de viruela. Nadie cree a Sánchez, este buen hombre, porque la gente está escamada con esos cambios de edad repentinos.

El gran complejo del PSOE surge cuando se arriman a PODEMOS. Parecen los hermanos mayores pijos y conservadores que presumen de luchar contra no sé qué franco (todo inventado porque fue el PCE), y quedan como el culo. Somos progresss. No cuela, le dice el tío de enfrente con chupa de marca y un tatuaje por el cuello. El enemigo es Rajoy. No hombre, no, el enemigo eres tú mismo, que has envejecido y no te has enterado.

IU siempre ha sido la formación más centenaria. Eran abuelos que contaban batallitas para cambiar el mundo que ellos no pudieron cambiar porque la cagaron. Por eso la coalición PODEMOS e IZQUIERDA UNIDA tiene algo entrañable. Es como juntar al abuelo con el nieto rebelde y sacarlos a tomar una cerveza. Es que tengo mal es estómago dice Cayo Lara. ¡Qué mayor estás abuelo! Han puesto un corazoncito para que nos lo creamos. Entrañable, digo. Y es que la imagen es lo primero, decía Goebbels antes de hacerse famoso por cabroncete.

Nos queda el PP, un partido que supo rejuvenecer en su momento quitándose de en medio a Fraga, y poniendo a Aznar al frente. Pero el tiempo pasa. El bigote se le ha quedado blanco, y Rajoy, parece el benjamín de una pandilla que ya tiene una edad y bastantes golferías a sus espaldas. Lo que hacen bien es no disimular la edad, y en el debate de ayer por la tarde lo dijeron con mucha tranquilidad. Gobernar no es fácil y esto no es un juego. Y los otros, que ya están en ayuntamientos disfrutando de ser poderosos, pues se quedan como que sí que es un juego, y es que es de puta madre jugar a mandar.

Nos queda Ciudadanos, que de momento se conserva bastante bien. Aparentan unos cuarenta años, edad de sensatez y prudencia, pero llevan diez años en Cataluña con la misma edad, y eso es sospechoso. No han tocado poder, y eso es como si tuviéramos al chico en casa, con una formación buenísima, gran capacidad y estudios, pero sin empleo. De la tele al frigo, y leyendo en inglés. O tocan poder en un par de legislaturas o envejecerán tanto que habrá que enterrarlos en vida. Es el síndrome del CDS, caen bien pero nadie les vota porque no parecen ser una alternativa. Es lo que ha pasado con UPD, que han muerto de ancianidad simplemente por no quererse renovar con los de Ciudadanos. Una oportunidad perdida para que Rosa rejuveneciera, sin duda.

En mi opinión habría que dar una oportunidad a estos muchachos de Ciudadanos. A la juventud sensata siempre hay que dejarles pasar, para que nos ayuden con sus ideas y su dinamismo. Antes de que envejezcan, claro. Lo de Podemos es otra cosa, son los getas de la facultad, los que mientras tú estudiabas ellos copiaban en los exámenes, y claro. No son de fiar, aunque vengan ahora con camisa blanca.

¿El fin del Psoe? ¿Se convertirá Anakin en Darth Vader y servirá al Lord Sith que quiere presidir la República?

La cosa está entretenida, y la segunda entrega de la Guerra de las Galaxias parlamentarias está en marcha. Tras una semana de charreta con el Rey, las cosas han avanzado lo suficiente como para que vislumbremos un horizonte, en este caso negro. O sea, llega el fin de las libertades en España (bolivarización), o el fin de España misma (independentismo) como el Psoe no esté a la altura de su historia.

Hay que decir que el Psoe no suele hacerlo demasiado bien en los momentos decisivos. Le pueden los colores, como a muchos. La última vez que se vio en la encrucijada hizo lo peor: optó por Largo Caballero, un revolucionario socialista de salón, frente a un socialdemócrata como Julian Besteiro. Si el Psoe hubiera apostado por Besteiro, es probable que el ambiente de la II República no se hubiera deteriorado tanto, no se habría empujado desde el Psoe al golpe revolucionario del 34 en Asturias, y no hubiéramos llegado a un levantamiento militar apoyado por media España deseosa de orden y respeto a las tradiciones de siempre. Pero como no se sabe a ciencia cierta lo que hubiera pasado, pues nadie asume sus responsabilidades históricas y el “qué hubiera sucedido si…” se convierte en una especulación de bar y terraza veraniega.

Fuera de España es distinto. Los alemanes sí hablan de qué hubiera sucedido si Hitler no les hubiera engañado, y por eso optan por gobiernos moderados, centristas y socialdemócratas o demócrata-cristianos, y lo hacen sin aspavientos ni tonterías, con sentido de Estado y altura de miras. Gobiernan los moderados y los sensatos, y punto. Y es que se escarmienta cuando se reflexiona sobre la propia historia. Una asignatura pendiente en España, donde la única reflexión sobre el pasado la ha ido haciendo la izquierda más ávida de venganza. Por suerte no toda la izquierda, ni todos los que han reflexionado sobre el tema merecen nuestra descalificación, pero es verdad que los que más gritan lo que fue o no fue el franquismo y el pasado, son a veces los que menos ilustrados están en este tema. Son los colores otra vez. Malditos colores que nos impiden ver el arco iris completo.

La historia suele ser cruel con los buenos, y es un hecho constatado que los malos terminan tergiversando el pasado para aparecer como adalides de libertades que no defendieron a tiempo. La única excepción creo que la he visto con claridad con la Alemania Nazi; porque incluso los rusos hoy andan melosos con Stalin, que fue su gran dictador psicópata. Aquí, en la cosa nostra que es nuestra España (termino discutido y discutible según algunos), cualquier tiempo pasado puede ser idolatrado e imaginado de otra forma, para que cuadren las cuentas, y justifiquemos a los afines en ideas y convicciones. Y así tenemos una II República idílica, o una Cataluña entregada a la libertad contra el Borbón malvado que fue Felipe V, o un franquismo de lágrima y tristeza. Cada uno cuenta la historia según le conviene, que no según sucedieron las cosas, por eso hay que decirle a la gente que durante el franquismo la gente no lloraba por las calles oscuras represoras, de hecho se contaban más chistes que ahora, menos enlatados en la red, y muchos lo hacían escojonándose de Franco. Eso sí, en privado.

Pedro Sánchez, puede hacer lo que quiera (o lo que pueda), porque la historia la contarán los historiadores, y la manipularán las teles. Lo que no sabemos es si contarán lo mismo sus amigos de Podemos cuando instauren su “república independiente de sus ministerios”, o sus amigos de Esquerra con una Cataluña decapitada e independiente, y no es ironía. Desde luego, Pablemos y sus amiguetes guays ya han dicho lo que quieren: quieren que el PSOE les regale sus votos para gobernar sin cortapisas, para montar sus ministerios populistas, (que no populares) y hacerse con el control y el poder, que para eso quieren cambiar la sociedad y el mundo; y el PSOE tiene que bajarse los pantalones, que para eso andaba coqueteando con ellos. Faltaría más. Este tío llamado Pablo no necesita un atentado como Aznar para tener carisma, le basta con decir lo que piensa y mantener a sus palmeros en las redes sociales enredando para ser un gran político, con más ambición que la bruja de Blancanieves, Hitler y el Gorila rojo juntos. El poder por el poder, para hacer lo que le parezca, desde quitar la Navidad hasta mandar a toda la concertada al paro. Les da igual. Los de Podemos ya nos dicen que piensan gobernar contra los españoles que no le han votado, como Zapatero, que para eso llegó al poder. Vivan mis colores, mueran los del rival.

Yo hace unas semanas dije que íbamos a nuevas elecciones, porque el Psoe no pactaría con la planta carnívora que era Podemos, pero me equivoqué. El Psoe se va a autodestruir por falta de capacidad en sus dirigentes. Se veía venir. Se volcaron en la autoridad y el prestigio de su líder, Felipe González, que comparado con Sánchez parece Churchill  frente al Chapulín Colorado; y no ha encontrado un recambio sólido a un presidente carismático. Ni Almunia, que era como un Rajoy sosito, ni Zapatero, que gobernó para los suyos hasta que decidió gobernar para Obama y Merkel perdiendo a su electorado más cerril, ni Rubalcaba que lo intentó todo para no destruir lo que quedaba del viejo proyecto.

Sánchez no está capacitado para gobernar el país con los podemitas, seguramente no lo esté ni para gobernar con su partido (de su casa no hablo porque no soy Bertín), porque repetiría los mismos errores de su predecesor Zapatero. Digo una cosa y hago otra, o sea, lo que puedo. La cuestión ahora es si hay algún Julián Besteiro en el partido socialista que se lo haga ver al chaval; y me temo, como suele suceder en la historia, que se repiten los mismos errores por falta de inteligencia y de ganas.

Los Podemitas, que son más de montar tumultos y escraches, creen que ganarán esta Guerra de las Galaxias, que Anakin Sánchez se convertirá en Darth Vader, y el Emperador Podemita gobernará la galaxia con su ayuda. Como le sucedió a Negrín con Stalin durante la guerra, o parecido. La resistencia de la vieja y destruida república la compondrán los restos que deje Rajoy en el Partido Popular. Salvo que triunfe el bien, y gobierne Rivera con el apoyo de PP y PSOE, una opción descabellada en la España de hoy. De otra galaxia seguramente.

Miedo a la ignorancia que alimenta el odio.

No suele ser habitual que dedique varias entradas seguidas al mismo tema, pero me siento obligado, pues esta semana me han dedicado varios comentarios, algunos largos hasta aburrir, y otros patéticos hasta llorar, sobre la entrada que hacía la semana pasada sobre los resultados electorales. La sarta de tonterías que vomitaban algunos eran de juzgado de guardia, pero como la ignorancia es libre y atrevida, pues seguro que se las creían. En esto no sé si mejoro mi categoría, pues como todo el mundo sabe, no hay escritor en este país al que no le salga de vez en cuando un carroñero, de esos cuyo oficio consiste en insultar, vilipendiar y mortificar la soberana verdad que presumen conocer. El gran delito es siempre el mismo: pensar razonadamente, con libertad, y sobre todo distinto, lo cual es muy molesto e insidioso para los imbéciles y los fanáticos.

Siempre empiezan igual, que parece mentira un profesor y un filósofo que diga esas cosas que dice. Claro, desconocen que un filósofo que dice lo que la gente quiere oír es un soplagaitas. Mal profesor (y escritor) sería si mintiera a mis alumnos o lectores, enseñara falsedades, o no me estudiara los asuntos antes de manifestar opinión, o escribir un relato; así que lo siento, amigos, pero me considero un tipo avanzado de ideas, no de pose, y el respeto al lector ( a la inteligencia de los alumnos) es lo primero, y las frases hechas y la demagogia lo dejo para después. No pertenezco a ninguna secta ideológica de las que ahora cacarean tanto sus verdades gritándolas por las redes. Me gusta la pluralidad y la libertad más que a un tonto un lápiz. Una pluralidad capaz de razonar y de escuchar, cosa rara en un país donde casi nadie lee, y donde el único referente cultural de la población están en escupir tonterías en una barra de bar, o en un plató de televisión.

Me criticaban sólo en lo que puse sobre Podemos, no en lo demás, por lo que deduzco que no se lo leyeron entera la entrada, ni entendieron su sentido, pero eso es otra cuestión cuyo única solución está en que se lo vuelvan a leer. No puedo hacer más. Me decían, entre otras cosas, que no tuviera miedo a los de Podemos, que no eran como “nosotros”, o sea como yo y los malos (que no sé quienes son) que les esclavizaron durante 40 años. Tela la afirmación. Ni me quiero imaginar la sarta de tonterías que han tenido que escuchar para soltar una aberración tan estúpida. Está claro que no vivieron esos años, pero que tampoco se han molestado en informarse como fue el franquismo. También desconocen que en mi familia se perdió la guerra, y que estuvimos represaliados; pero les da igual, porque necesitan alimentar su memoria histórica con mentiras, con cosas que no sucedieron y que se imaginan. Olvidan selectivamente sus crímenes porque no toleran no ser los buenos, y luego se llenan de odio por algo que ni vivieron ni sucedió en la realidad. La ignorancia alimenta el odio, porque lo que no ocupa la mente con razonamientos, invade el corazón con sentimientos. Y esta gente no quiere saber la verdad, y se les va la fuerza por la boca.

Gracias a Dios es verdad que no somos iguales, entre los podemitas y un menda hay una distancia insalvable llamada logse, libros, estudios, carreras, madurez y lecturas. Yo abandoné la demagogia hace mucho tiempo, casi desde que empecé a comprender como funcionaba el sistema jurídico y político. Aposté por la democracia como un mal sistema, pero un sistema que permitía echar a un gobernante cuando lo hacía mal, y ratificar a otro cuando intentaba hacerlo bien. Porque gobernar a gusto de todos es imposible. Comprendí pronto, estudiando historia y observando el comportamiento humano, que siempre hay por el mundo cuatro iluminados salvapatrias dispuestos a rescatar a los pobrecitos de sus males, y que esos revolucionarios (o matarifes) suelen esgrimir sus argumentos gracias a la fuerza de sus propagandas y de sus armas, pero pocas veces por la fuerza de los hechos y la argumentación.

La Unión Soviética, paraíso de izquierdas, es un ejemplo de aquello, y la República Española, o la comuna de París, otro tanto. Gente ansiosa de poder, que logra engañar a mucha gente durante mucho tiempo. Por eso monsieur Robespierre no me parece un gran tipo, sino un psicópata, primo hermano de Pol Pot, y el Che Guevara no es un gran idealista, sino un asesino que se pasó por las armas a bastantes campesinos bolivianos cuyo único delito fue no seguirlo en su revolución. Hitler, líder del Partido Obrero Alemán Nacional Socialista (pongo el nombre completo porque era un partido como muy de obreros nacionalistas) es el único genocida que reconocen como tal la izquierda de manera abrumadora, porque incluso a Stalin, bastante más capullo, le perdonan la vida, y a Castro no digamos, es casi un mártir del capitalismo.

Todos ellos, los que justifican el uso de la violencia y la imposición de ideas para cambiar la sociedad, son simplemente unos soberbios (por no decir cómplices del crimen que defienden) que piensan que lo suyo es lo mejor, y que hay que imponerlo por la fuerza al otro. Esa gente que sale a la calle cada poco, que no respetan las normas de convivencia, que mienten y engañan a la gente contándoles la mitad de la verdad, que desconocen la historia de los crímenes de su bando, y a mi eso sí, me da mucho miedo, entre otras cosas porque no razonan, vomitan eslóganes y se creen que van a cambiar el mundo reventando mítines de los rivales políticos. Eso sí da miedo, porque me recuerda a la Alemania Nazi.

Me decía esta gente que habían estado esclavizados durante 40 años de franquismo, y que la Constitución del 78 era medieval, y que a mi me gustaba mucho el medievo y el franquismo. Y que era una mala persona por llamar asesinas a las abortistas. Algo que no mencioné en la última entrada, sino en una de hace un par de años; una, titulada TERRORISMO CON LICENCIA, donde atacaba el presumido derecho de la izquierda de hacer lo que le saliera de los cojones los días de huelga con sus piquetes terroristas, y en general con el bajo respeto que guardan hacia el Estado de Derecho. ¿Se han dado cuenta que los que decían hace unos meses “que no nos representan”, ahora sí se sientan representados y se callan como putas? ¿Saben por qué? Porque un parlamento que no sea de mayoría de izquierdas no es un parlamento democrático para estos fanáticos. Ellos, que son lo más liberticida que ha habido en la historia, presumen de defender las libertades y la democracia; y claro, yo no me lo creo, se lo digo y se cabrean. Las medallas son de los liberales, ni de los conservadores ni de los progresistas, pero ese es otro tema.

PD: Perdona chavalita, pero eso te pasa por creerte lo que dice la Sexta ( o la secta).

El triunfo de la democracia, el fracaso de los demócratas.

Estas elecciones son las del cambio, eso está claro, y que nadie lo dude. En Valladolid no seguirá León de la Riva, que ya está mayor y muy visto, veintipico años de corregidor incorregible. En Castilla y León los peperos gobernarán mirando de reojo y teniendo en cuenta lo que opinan Ciudadanos. Aquí siempre han estado licuados por lo que decían los sindicalistas, que son los que realmente gobiernan la comunidad desde hace años y años, junto con las cofradías de amiguetes del partido popular. Ahora eso va a cambiar, y van a tener que gobernar mirando al parlamento regional. Pues ya era hora, que para eso nos cuesta una pasta el Congreso, y que se paga gracias a mi sueldo congelado de funcionario profe de la susodicha Junta.

Yo tras las elecciones siempre quedo muy contento, y siempre he pensado que lo mejor del sistema democrático es que si no te gusta un tío, no le votas (votas a otro) y le mandas a su casa. Eso se hace sin matarse la gente, aunque, eso sí, tiene que haber mucha gente que piense como tú, y eso cuesta. Se vota y ¡ale hop!; hemos ganado, hemos perdido. En cambio, en las dictaduras, a menudo con grandes y mejores gestores que en las democracias (a poco), se enquistan los políticos sin que nadie les pueda largar. Se aferran al poder y no se van ni con espermicida, ni con las armas, ni a trabucazos. Y hay que montar una revuelta por la democracia y las libertades; una guerra de liberación en la que siempre mueren muchos inocentes y pocos culpables, y al final es una masacre. Como Ceaucescu, por ejemplo. Pero en democracia no. Echas al que te cae mal, aunque lo haga bien, que eso es otro tema, y lo haces votando. ¡Ale hop, ale hop! Veis el conejo, ahora no lo veis. La paloma, ¿la veis? Pues ya no la veis. Eso es la democracia, y la verdad es que funciona bien, es el mejor sistema que conozco para echar inútiles, vagos, maleantes, déspotas, lenguaraces, aficionados, paletos, bocazas, profesores de universidad, listillos de media pila, mangantes, ideólogos y trepas. Todos ellos nos inundan las pantallas de los televisores con frasecitas ocurrentes. Adios tíos plastas, escribid cuando lleguéis.

Pero con los cambios vienen los problemas de verdad. No me refiero a que hagamos repartos de silla o de ideas, que es casi parecido, sino a que hay que cumplir las leyes ya establecidas o cambiarlas. Si no tocas nada, en realidad no hay ningún cambio. Esto el Pp no lo sabe, por eso creen que han mejorado muchas cosas pero en realidad no han hecho nada interesante. Ni han reformado la Administración, ni han bajado los impuestos, ni han reordenado racionalmente el crimen del aborto para disminuirlo, ni han hecho nada que dijeron que iban a hacer. Han toqueteado la educación para que sea la misma (o peor) basura burocrática en la que lo convirtió el Psoe en sus años de gloria, y han gastado menos a costa de joder a los ciudadanos con unos servicios penosos, mientras han mantenido subvenciones para chorradas. ¡Ale hop, ale hop!

Lo malo a veces es que no logramos que haya una mayoría de gente que quiera que se vayan algunos políticos, y se acaban quedando en plan gorrones décadas y décadas. En Andalucía solo ha gobernado el PSOE y el Franquismo, cada uno cerca de cuarenta años. La gente no les echa porque se identifica mucho con sus dirigentes. Son de los nuestros, te dicen. Y ya pueden robar que no se van ni a escobazos. Pero ahora la gente se ha hartado de esa peña. Que la cambien, dicen. ¿Por algo mejor? De momento es una incógnita, porque otro vendrá que bueno te hará, dice el refrán. Y yo, después de varios años viendo alternancias y alternativas, me quedo con que se suele cambiar todo para que no cambie nada. Y todos tan contentos.

No es que los que lleguen sean mejores demócratas que los que se van, es que están sin estrenar, o sea, sin corromper. Pero es cuestión de tiempo que se nos caigan los palos del sombrajo. No nos van a engañar, al menos a mi no, y en poco tiempo crecerán los enanos en los circos de Podemos y Ciudadanos, igual que han salido chinches bajo los pies del PP y del PSOE. Y tendremos que volver a echarlos. ¡Ale hop, ale hop! Por eso la democracia funciona, y los demócratas fracasan cada cierto tiempo, que hoy se comen el mundo, y mañana hay que obligarlos a devolver todo lo que se han comido (qué bella metáfora).

Ada Colau ha ganado en Barcelona, la chica que encabezaba los stop desahucios. De la calle a la alcaldía sin pasar por la oposición política. Ella, que se oponía a la policía cuando hacía su trabajo, ahora tendrá que cumplir la ley, y enviársela a otros tipos. ¿A quién? Pues a los padres que en Cataluña están hasta las narices de que no los escolaricen en castellano, por ejemplo. Seguro que se equivoca en alguna y deja de molar. O le sale un Gamonal por el paseo de Gracia. Seguro que dentro de unos años la gente dice que ha cambiado, que no es la misma y que se ha apoltronado. Porque cuando uno llega al poder deja de molar, esto lo saben todos los que no tocan poder ni en su casa. No es que el poder corrompa, es que no regenera la materia humana.

La pregunta final, es… ¿quién ha perdido las elecciones? Yo apunto a un colectivo importante que no estará representado en ayuntamientos, diputaciones ni parlamentos autonómicos: los que están en contra del aborto, por ejemplo, los que quieren que se les bajen los impuestos, los que quieren defender la escuela concertada, ¿sigo? Los que están en contra de la ley que equipara el matrimonio homosexual. Supongo que es el fracaso los obispos en la actividad política, el de Benigno Blanco y del Foro de la Familia, el fracaso de VOX, y el fracaso de los cristianos de base, ausentes desde hace 40 años de la vida política. Lo malo es que a esos no podemos echarlos, porque nunca han llegado a gobernar. ¿Volveremos a ver las manifestaciones que hubo contra Zapatero, y que organizó la iglesia para el partido popular? Me temo que no. ¡Ale hop, ale hop! Seguimos chupando banquillo, ahora con nuestros antiguos amigos del pepé.

PD: A ver como se redefinen los partidos emergentes. Para mí que muchos van a salir movidos y desenfocados. Dentro de cuatro años serán castigados si no ha habido cambios que pueda percibir la ciudadanía. Será el ¡ale hop! de los que ahora se gozan en sus votantes. Gracias a Dios, claro. Porque no hay nada más desagradable que un tío que gana siempre y deja de ser humilde ( ¿han pensado como yo en Felipe González o en Aznar?).

El agua de la fuente

Blog de espiritualidad cristiana. Oraciones, poesía mística del autor, reflexiones teológicas, pensamiento católico y cristiano.