Yiurops livin a celebreison (Europa se va de fiesta con los neonazis).

La fiesta de la democracia es el nombre más bobo que han dado los políticos bienpensantes al noble arte de opinar introduciendo la papeleta en una urna electoral. Lo adjetivan democrática, o sea del pueblo, pero para mí que es una fiesta tan exclusiva y cerrada como la papeleta que nos ofrecen, llenos de nombres extraños, impronunciables, y desde luego poco vulgares. Faltan Garcías y Manolos, me parece a mí. Además, es una fiesta a la que la mayoría de los españoles, y europeos, prefieren no ir. Y por algo será, cuando nos encanta pasarlo bien. En Valladolid celebramos los descensos de categoría, así de chulos somos, imagínate si ganamos la Champions por penaltis: el no va más. Nos bebemos hasta el agua del Pisuerga.

Para mí votar es todo menos una fiesta, la verdad. Yo diría que es más un trámite administrativo que hay que hacer de vez en cuando para que los políticos toquen madera y se palpen la ropa pensando que se van a su casa. Votar está bien para echar a alguien, pero no para elegir a otro mejor, porque quizás no lo haya, y los votantes, comprobado está, no son mejores que sus dirigentes. La democracia es una buena válvula de escape para evitar guerras civiles, para no afostiarnos a leches, pero una fiesta, lo que se dice una fiesta no lo es. Y desde luego la fiesta de la democracia europea es una fiesta  aburrida de cojones, salvo que invadan los neonazis franceses y griegos, entonces si va a ser un tronche que te pasas, sobretodo para los emigrantes y para el resto, que nos van a liquidar en cámaras de gas financiadas con nuestros impuestos. Nos vamos a morir de risa en esa fiesta.

Además, para que sea una fiesta hay que currarse un poco su preparación, y en estas elecciones europeas, si nos vamos a su preparación, han sido una chapa de lo peor en años. Es la única fiesta que deseábamos que pasaran lo antes posible, y desde luego, ante el fiestón de Lisboa, todo lo demás parecía un funeral en esta patria nuestra.

Cañete, que parece un tío simpático estaba empaquetado en un papel que no sabía hacer. Quería asemejarse a Aznar y Rajoy en una fusión sin precedentes, y no le salió bien. Poca calidad con su gargosa voz que no sabía elevar en plan político cabreado. Es que no sabe arengar a la masa. Encima se puso prepotente en unas declaraciones chulescas, que si parecía el macho camacho y todo eso. Se creyó que era Aznar y actúa de pena. Eso le vale, porque un político que disimula mal es más digno de confianza que otro sibilino que dice y no se sabe. ¿Están pensando en algún gallego dirigente político? Yo sí. Si encima tiene barba pensaremos que oculta algo. Y es que la imagen lo es todo en una fiesta.

Para que no queden dudas: yo con Cañete me iba de fiesta a comer un lechacito, verduras confitadas, buenos vinos y yogures caducados, y a escojonarnos de lo que sea. Unos buenos chistes, y a retorcerte con las carcajadas.  Lo que sea. Eso es una fiesta, coño. Te ríes y se te ensancha la cara. Nos vamos de paellada y hablamos de lo que nos apetece. Seguro que la cosa pelaba de otra manera. Sin corbata, con chancletas y bermudas debajo de una parra, en plan italiano y con cantidad de peña en el mismo plan. Se han equivocado de campaña en el pepé, como suele ser habitual últimamente, y Cañete habría estado más propio y auténtico con otro estilo menos plasta.

En las antípodas de Cañete está la señora Valenciano que es alegre a rabiar. Sería el alma de una juega japonesa, donde toman sake a espuertas y lloran sus penas en silencio. Irse de fiesta con la Valenciano tiene que ser como comerse una chuleta de cordero quemada. Te vas a casa con acidez de estómago, y la convicción de no volver hasta que no cambien al cocinero del restaurante. ¿Pero es que esta mujer no se ríe nunca? Está tan indignada con la vida que cuando se ríe se piensas que ha asesinado a alguien.

Hace años que me contó un misionero que los pobres de Africa se reían mucho, que eran gente muy alegre, más de lo que nos imaginábamos en Europa, y eso pasaba aunque no tuvieran nada que comer ese día. ¡Vaya contraste!

Aquí, fruto del dualismo ancestral platónico nos encanta quejarnos y malhumorarnos mostrando que somos los más aguerridos y sacrificados del mundo. No falta gente en nuestro pais que te cuenta en cuanto te ve lo mucho que sufre, lo prontísimo que se levanta y lo chungo que lo está pasando (aunque le vaya de puta madre). La gente que le va mal, suele disimular porque les da vergüenza, y solo cuando están a punto de reventar porque no pueden más, te enteras porque te lo dicen a gritos; y no pocas veces te enteras demasiado tarde del problema del que tienes al lado. Desde luego, al que le va bien en España tiene complejo de culpabilidad, y prefiere decir que sufre a mansalva en lugar de sonreír gratis. Diría Nietzsche que no tenemos ni idea de disfrutar de la fiesta de la vida, ni de la voluntad de poder, ni de nada de nada, y es que los políticos no eran demasiado valorados por el filósofo alemán, y los de hoy lo serían aún menos.

En España, además de quejarnos por todo, estamos bien contentos (y anestesiados) gracias al fútbol, claro; menos la Valenciano, que tiene pinta de no gustarle ni el fútbol, por ser una cosa frívola y de fachas. Yo para pasar una juega me iría con Rubalcaba, aunque siendo del Madrid mejor me busco uno del Pucela, por si acaso, o o del Atletic, que esa gente si se divierta manque pierda.

Esto ya lo dijo Vizcaíno Casas, la derecha parece estar siempre de juerga riéndose de todo, y la izquierda llora que te llora, indignada y empeñada en cambiar este triste mundo. Por eso Rubalcaba parece más de derechas (como González) que la Valenciano, que es izquierda pura y dura. En cambio Aznar es de todo de izquierdas, porque está superenfadado, aunque es porque no le hacen caso en su partido. Una cena de Aznar y la Valenciano tiene que ser la hostia, hasta los chistes serían tristes, pedirían lechuga, serrín para adelgazar y contarían dos anécdotas en total. Por supuesto cada uno pagaría lo suyo.

Decía Ortega que las tradiciones deben recuperar su sentido si lo tienen, y que no bastaba con repetir las costumbres de manera automatizada pues se anquilosarían, tampoco las democráticas añadiría yo. La tradición con su ritual electoral no puede perder el sentido ni la razón del proceso por culpa de unos políticos ineptos mal aconsejados por sus asesores de imagen. Esto no es una fiesta, y menos una fiesta de descerebrados. Precisamente, por pensar que era una fiestuqui fantástica se nos han colado varios neonazis por el sobaco francés y griego. Y eso si que no tiene ni puta gracia.

 

Un pensamiento en “Yiurops livin a celebreison (Europa se va de fiesta con los neonazis).

  1. Maga

    Querido Antonio, los resultados tanto en Europa, como en España, son para asustarse. En el resto de Europa con el Nazismo o partidos directamente Fascistas (ideologías condenadas por Pío XI en la Mit brennender Sorge) y aquí con el PODEMOS de marras con la extrema izquierda marxista más montaraz y castrista que uno se pueda imaginar es para e3chase a temblqar. Ambas ideologías se quieren cargar la Democracia y son anticristianas. Entiendo el cabreo de la gente, pero una enfermedad no se soluciona con cianuro como se est65á optando Europa. Nos vamos a arrepentir de ello, luego vendrá el crepitar y el rechinar de dientes.

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