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Viejos y nuevos totalitarismos.

Acabo de terminar la lectura de dos clásicos que releí en tiempos tan pasados que casi no guardaba memoria de sus formas: “Rebelión en la granja” y “1984”. Ambos de nuestro querido Orwell. Ni que decir tiene que su relectura me ha llenado de un profundo placer, y un terrible desasosiego que me revuelve en forma de interrogante. ¿Vamos camino de algún nuevo tipo de totalitarismo? Quiero pensar que no, pero tengo dudas. Muchas dudas.

Volver a sumergirme en las inquietantes aguas de Orwell me han traído el recuerdo de otra de las obras apocalípticas de nuestro tiempo, una que ya me llamó la atención en su día, “El país de las últimas cosas” de Paul Auster. Creo que lo leí hace unos dos o tres años. Pero hay muchas más, muchísimas en la literatura juvenil y no tan juvenil donde el mundo deviene en horrible y tremebundo.

Todos estas distopías navegan por mundos repletos de aguas pantanosas y tétricas, sociedades destruidas o lugares de caos y muerte donde se añora el presente opulento, democrático, libre igualitario y plural. Es curioso que la libertad (y por consiguiente la pluralidad) sea la gran damnificada en todos los casos. La libertad, el pensamiento libre, la seguridad y la integridad física. Estos valores son siempre amenazados o directamente perseguidos, en cambio no lo son tanto la piedad, la sencillez, el perdón, la vida o la inocencia. Será que ya hemos abandonado estos valores y no los echamos de menos. No lo sé. El caso es que estos libros a menudo suelen mostrar sociedades totalitarias y son ejemplos de mundos militarizados y politizados hasta el extremo de ahogar a sus individuos en su naturaleza humana, que hoy definimos como libre e íntegra; y a la que yo añado el valor de lo espiritual y relacional para con Dios y los hombres.

La pregunta que nos hacen estos escritores es si no caminamos hoy hacia un totalitarismo. Y lógicamente, releyendo las distintas distopías descubro que no todos los totalitarismos son iguales, aunque sí sean todos terribles y aterradores para el hombre contemporáneo. Mi pregunta es qué sentiría o pensaría alguien del siglo XVIII al leer “1984”, o que idea tendría un franchute en 1774 cuando leyera “Rebelión en la granja”, seguro que lo interpretarían como un infierno no deseable, como una pléyade de pecados absurdos y en comandita. Me queda la duda.

Desde el punto de vista de la antropología social y cultural, no hay grupo humano ni sociedad que no sobreviva generando mecanismos internos que eviten las disensiones graves y corrompan al grupo con su disolución. No existe. Estos mecanismos suelen tener formas muy diferentes, pero todos guardan en común la necesidad de mantener un “mensaje común”, lo que se viene a denominar una “cosmovisión compartida” donde la mayoría se encuadra y se siente cómoda; y dónde la minoría es relegada, tolerada o perseguida.

Nuestra cultura no es distinta al resto de las culturas, y es notable que en muchas de ellas no son conscientes del totalitarismo y el control férreo e ideológico bajo el que viven, pacen y mueren. Sólo cuando salen de su cultura y conocen otras realidades; o simplemente reciben la influencia occidental con su libertad por bandera, rehúsan entonces a lo propio y enarbolan lo nuestro. O se reafirman en odiarnos. Lo cierto es que nadie sufre por no vivir en el mundo idílico que imagina, pues de una u otra forma la gente sobrevive haciendo y construyendo su felicidad con las pequeñas cosas de su alrededor. Por eso la vida en blanco y negro que dibujamos para una sociedad como la España de la dictadura franquista es una falacia contemporánea. La gente también era feliz entonces, unos más y otros menos. Igual que ahora. El mundo no es en blanco y negro, pues el hombre es capaz de vivir los colores incluso en las peores circunstancias. Es evidente que hay mundos menos deseables que otros, pero no mundos donde se haya perdido la esencia colorida del hombre totalmente.

También tienen en común todas las sociedades humanas el control ideológico mediante la trasmisión cultural, es decir la educación. La educación forma parte de algo más que unos contenidos inocuos. Se aprende lo que somos y lo que seremos, y se controla y decide la sociedad del futuro mediante el control del pensamiento y la  memoria contemporánea. Igual que lo muestra Orwell en “1984”. Nuestros libros de texto son un reflejo de lo que seremos en el futuro: más ignorantes y más manipulables que ahora. Que ya es decir.

También es significativo que todos los totalitarismos crean un enemigo al que alimentan para mantener la ideología a toda costa. El miedo a la antítesis es un motor muy importante para los totalitarismos, que crecen más cuando sus partidarios y acólitos perciben que ese mal crece. Cualquier ideología que funciona asustándose de otros, probablemente está generando en sus entrañas algún tipo de totalitarismo aterrador e incontrolable.

Si me pongo a examinar hacia donde va el pensamiento dominante, y desde qué fuentes se generarían los próximos totalitarismos, descubro varias realidades ideológicas que, si Dios no lo remedia, conformarán los totalitarismos del futuro. Son las preferencias sociales públicas que generan una cosmovisión y que ya están impregnando la sociedad. Me detengo en tres aspectos: religión, familia y política. Por ejemplo…

En Occidente se prefiere lo no-religioso a lo religioso Católico. Entre medias se ubica actualmente el agnosticismo débil y la religiosidad costumbrista, que se percibe como menos negativa que la convicción religiosa profunda y la vivencia mística o espiritual fuerte y sólida. El totalitarismo del futuro será ateo. Y si no pueden será islámico, que son más impermeables a estas ideologías totalitarias del laicismo. Los enemigos del totalitarismo ateo son los fanatismos religiosos. Por eso, cualquier persona que se tome en serio la religión es sospechosa de maldad y descontrol. El futuro totalitarismo perseguirá más lo religioso probablemente, o como digo, será islámica.

Se prefieren en Occidente las ideologías de género a la observación empírica y científica de la naturaleza sexual humana. Claramente el feminismo de género y todas ideologías respectivas son una muestra de totalitarismo que quiere modificar la manera de pensar, de hablar y de vivir de nuestra sociedad. De nuevo “1984”, y el Gran Hermano que son los observatorios de género de nuestra sociedad. Cambiar la sociedad y cambiar la mentalidad de la gente. ¿Puede haber un totalitarismo más en marcha que éste?

En este neototalitarismo “el varón heterosexual” es claramente menospreciado frente a cualquier otra persona, dando preferencia a la “mujer empoderada” que es la mujer teóricamente liberada del enemigo, que no es otro que el machismo. Ya tenemos leyes discriminatorias contra los varones, y leyes que persiguen a los que opinan y actúan intentando “sanar” a los homosexuales, por ejemplo. El malo es de nuevo el catolicismo, pero también el machismo y una sociedad en su conjunto que es calificada como patriarcal, y por tanto indeseable.

Se prefiere también al concienciado activista frente indiferente. Este totalitarismo agrede y persigue al pasota de otros tiempos, al hombre corriente que no desea que cambien las cosas. Estos sujetos son acusados de tener hijos, de comer carne o de no tomarse en serio la hipótesis del cambio climático. Es el totalitarismo de los idealistas, de los que sueñan sociedades mejores, y que fácilmente cuando gobiernan o asaltan los gobiernos generan otra cosa. Se repite la granja de Orwell con sus cerdos que ahora en lugar de ser los pensadores aprovechados, son los soñadores. Muchos también aprovechados. Este totalitarismo es de ordinario el del progresismo de izquierda, donde el gran malo es la ultraderecha, o cualquiera que ponga en duda sus “avances” entre los que se encuentra el aborto, la eutanasia y unos cuantos más faros de que efectivamente, caminamos hacia una sociedad totalitaria. ¿Será evitable?

Imagino una sociedad totalitaria en el futuro donde se persiga la religión católica por ser machista y patriarcal, por ejemplo. Una sociedad donde los varones tratarán de disimular su virilidad en favor de arquetipos culturales más afeminados y andróginos. Una sociedad, en definitiva, que tendrá sus cárceles llenas de disidentes. Por eso, donde nos jugamos todo es en la libertad, y sobre todo en la pluralidad ideológica. Es nuestra única posibilidad.

 

80 años de paz en España (1939 – 2019)

“Viñeta de Mingote con motivo de los 25 años de paz”.

Decía mi abuela que lo peor que había en el mundo era la guerra. Y es que ella padeció una terrible en España. Cualquier cosa menos una guerra, decía. Es el peor de los males. Y tenía razón.

A mis abuelos les tocó la guerra Civil, preludio de la 2ª Guerra Mundial, y la pasaron en Valencia, que fue una de las ciudades que más sufrió, pues mientras que en otros lugares hubo una relativa paz, en Valencia no. La ciudad cayó del bando nacional pocos días antes de acabar la guerra, creo que por el 27 de marzo del año 1939. Lo que significa que fue bombardeada y castigada por todos los males que encierra la palabra dolor, sufrimiento, guerra, muerte y hambre hasta el final.

El 1 de abril del 1939 empezó una paz que continúa hasta hoy. Y no lo hemos valorado demasiado. Llevamos ochenta años de paz, y eso es un hito en nuestra historia reciente. No participamos en la Segunda Guerra Mundial, e hicimos una transición sin volvernos a matar como bestias. Quizás no hubiera pasado desapercibida la celebración si no la hubiéramos disfrutado.

La memoria histórica no sé lo que es, pero la memoria de las personas que lo sufrieron en sus carnes, no puede ser más terrible. Mejor olvidar, decía mi abuela. Mejor dejarlo atrás, y que no vuelva  a haber otra nunca. Eso decía.

En Valencia se dieron paseillos y se sembró el Saler de asesinados. Se registraron casas arramblando con el oro y las pocas pertenencias de la gente. Es para el frente, gritaban los milicianos robando para luego morir. Hubo checas, primero de un bando, y luego cárceles infestadas de sentenciados a muerte para los perdedores. Por ellas pasaron varios de mi familia, también por las checas del otro bando. Muerte, miseria, huérfanos y hambre. Bombardearon el puerto e incendiaron la Campsa, y de noche se veía el resplandor del fuego en todo Valencia. Sirenas y gente que bajaba al refugio (hoy es un aparcamiento subterráneo disimulado), y mi abuela nos contaba que al final ella ni bajaba. Que para qué. Y se quedaba en casa mientras silbaban las bombas a su alrededor.

En Yecla, en el pueblo, no fueron mejor las cosas. Ya nos lo cuenta el magnífico escritor que fue Castillo-Puche. Asesinaron a unos cuantos, entre ellos a los escolapios del colegio que tanto bien hizo al pueblo y destruyeron gran parte de su patrimonio artístico y cultural. Muerte, miseria, hambre y reproches.

La guerra que fue deseada por los que veían en ella la posibilidad de hacer la “revolución” fue luego aborrecida. Lo decía mi abuelo con juiciosas palabras… “cuando vimos lo que era aquello, muertos, balas, tipos descerebrados con fusiles y disparos a nuestro alrededor… pues que nos queríamos volver a casa”. Queríamos vivir, pero había que matar para lograrlo. Eso es una guerra.

 Mi tía María nunca supo dónde murieron sus hijos. En el frente… pero siempre tuvo la esperanza. ¿Y si un día vuelven vivos? Hasta que murió ella también con la pena en el alma. Eso fue la guerra. Siempre con su traje negro de luto por sus hijos. Murió con la democracia bien entrada en años, como mi abuela, como muchos otros que lo vivieron y que fueron muriendo con el siglo XX. Buena gente.

Por lo que he escuchado y puedo corroborar, los buenos y los malos se debieron repartir a partes iguales entre los dos bandos. He escuchado historias heroicas, y gestos magníficos, de gente de derechas y de izquierdas que ayudaron a gente del “otro” bando durante y tras la guerra. Condenados a muerte, que en el último momento salvaron la vida simplemente porque en el pelotón había uno que lo conocía y dijo que ese era buena persona. Le amenazaron a él, y tras ponerse farruco y valiente… vale, a ese no. Pero matamos a los demás. Y salvó la vida a uno. Uno más. Ni más ni menos. Así salvaron la vida en juicio mis abuelos, gente de Falange que intercedió por ellos y que les salvó la vida. No eran los malos, desde luego. Unos denunciaban por envidia, por salvar el culo, por odio personal, porque era una guerra. Hubo curas que salvaron la vida a muchos, y otros que señalaron para condenar. Muchos que murieron torturados por un bando por el simple hecho de ser curas. Malos y buenos se entrelazaban condenando y salvando. Así fue.

Por eso, los que tratan de resucitar su bando y de remover tumbas y muertos, le hacen un flaco favor a los hombres buenos que hubo en los dos bandos; y buscan despertar a lo peor de nosotros mismos. A los malos de los dos bandos, y a sus hijos y nietos resentidos. Que por desgracia terminarán llevando a una guerra a los hombres buenos.

Por eso, cuando yo era niño creía que a todas las personas les tocaba una guerra en su vida. Me contaban que hubo otra guerra antes a la que fue reclutado el hermano de mi abuela, pero que no llegó a ir, porque terminó antes de embarcar. Debió ser la de Marruecos, o la de Cuba, que también guardaba su relato de alguien que fue para no volver.

Por eso yo pensaba que me iba a tocar una guerra en la vida. Que tarde o temprano llegaría alguno con ganas de fiesta y con menos cabeza que un chorlito. Y cuando miraba la historia de nuestro país veía que había habido guerra cada poco. La de Marruecos en los años 20, la de Cuba en 1898, las tres Carlistas del siglo anterior, la de la independencia en 1808, la de Sucesión cien años antes… no era imposible que nos tocara una.

Pero de momento, hemos tenido suerte. Y quizás más cabeza de lo que parece. Por eso doy gracias a Dios. Porque una guerra es lo peor que hay. Y ruego y pido a Dios que acabe con los centenares de conflictos que hay todavía por el mundo. Porque es lo peor, y eso me lo dijo mi abuela, que vivió tan solo una.

Contemplar el pasado que hemos sido.

Hace unos años, unos cuantos, cuando estaba de moda escuchar música de cantautores, era frecuente que hubiera versos entrañables y melancólicos, entregados sin pudor al otoño, el mes de los románticos y a la caída de las hojas amarillentas y anaranjadas. La lluvía empapaba los cristales de Serrat, y todo parecía evocar el calor de una chimenea encendida en un entorno frío y desapacible. Es el rostro amable de la soledad y de la caída de las hojas. Y así, todo parece buscar la lectura entrañable de un libro, o la envoltura de una manta, donde el frío de la vida retrocede ante el cálido respiro de nuestras carnes, las mismas que se nos van cayendo por el peso de la gravedad en alianza con el tiempo vivido y entregado.

Me reconozco escuchando de cuando en cuando aquellas músicas, y aunque no soy demasiado dado a las melancolías, tampoco me resisto en estos meses recién estrenados de tardes cortas y fríos invertebrados, a recordar lo que uno ha sido en la vida, lo que vamos siendo. Lo que nunca volveremos a ser, ni dejamos de ser.

Cada uno tiene su propia historia, su propia experiencia y su exclusivo sendero. Vidas únicas e irrepetibles, como aquellos que las recorren. Vidas colmada de errores y de aciertos, de grandes egoísmos y de fecundas generosidades que durante años inciertos sacuden las almas. Somos capaces de lo peor y de lo mejor, y muchas de las realidades que nunca pensamos que tendríamos ni viviríamos, acaban arribando cuando el otoño deja caer las hojas, y vislumbramos con más nitidez qué y quiénes somos.

En mi historia descubro a un niño lleno de alegría jugando en el anfiteatro romano de Tarragona con sus amigos. Amigos que gracias a Dios, todavía conservo. Anfiteatro que hoy está vallado y preservado de las criaturas del móvil y la tablet, cuya entrada y recorrido cuesta una cantidad de euros que desconozco. Anfiteatro vacío de juegos, inundada de sesudos extrajeros, porque aquí quedan pocos para admirar la vieja Roma. Ramblas nuevas de Tarragona cuyos nombres cambiaron, pero que siguen siendo recorridas por sus vecinos de antaño y de hogaño.

Recuerdo las primeras impresiones de Valladolid, la ciudad en la que vivo desde hace muchos años. Aliento que desprendía vapor en el invierno, y nieve que se asomaba de cuando en cuando por sus calles. Antes coches, hoy calles peatonales. Represiones y libertades. Hoy regresan otras represiones no menos angustiosas; tienen forma de democracia, y maneras de libertad, pero sin ella. Envoltorios peores. Aquellos años de democracia recién estrenada no volverán, cuando teníamos ganas de disfrutar de la libertad. De prensa, de expresión, de ser nosotros mismos, de cantar y de vestir como nos diera la gana. Los negocios destruyeron lo que ingenuamente se impuso, y aquellas evocaciones de un tiempo nuevo hoy son souvenirs en televisión y en el recuerdo. La movida se quedó inmóvil y fosilizada en algún año que Olvido Gara y Mario Vaquerizo no me han confesado.

Añoro a los curas de aquellas horas de evangelio y Cristo Joven, aquellos hombres buenos del concilio que celebraban la misa sin más artificio que las ganas de seguir a un Cristo resucitado, un modelo de identidad, un joven para los jóvenes, un Mesías sin más reino que nuestros corazones. Eran días de generosidades, de minusválidos y de encuentros con gentes que peregrinaban por la tierra hasta encontrarse en Taizé, por ejemplo. O en Lourdes, o en cualquier otro rincón de Europa; que se plantaban frente a un muro derribado para gritar Solidaridad, y muchas ganas de vivir.

Llegaron universidades, seminarios, estudios y personas. Recuerdo cuando estuvimos unos cuantos seminaristas de Valladolid en Roma, y saludamos a Juan Pablo II. Recuerdo su mirada y su apretón de manos. Tengo la foto, pero está tomada por fuera de mi cuerpo. El recuerdo lo sigo guardando dentro.

Recuerdo las manos de mis abuelos, el perfume de los sarmientos de la Bronquina, el árbol que plantamos él y yo, un almendro. Todavía en un rincón del jardín, junto a la casa majuelera y el aljibe blanqueado con cal y moscas de julio y agosto. Recuerdo las conversaciones al colegio, de la mano de mi padre, las primeras canciones tocadas con la guitarra de mi hermana, y los suspiros de amor de los primeros anhelos sin resolver. Podría recordar el nombre de muchas de aquellas niñas, supongo que hoy mujeres. Pero no guardo sus rostros en mi memoria, porque el olvido es en ocasiones corto, y el amor demasiado largo para no despertarlo de cuando en cuando.

Aprobé la oposición, escribi mi primer libro, los caballeros de Valeolit, y crucé mi mirada con la de mis hijas. Todavía son pequeñas. Podría añorar los años pasados, pero no podría dejar de atenderlas sin saborear que los recuerdos que ya tengo de ellas, de hace bien pocos años, se han quedado indelebles sobre mi alma. Son para toda la vida, como si hubieran sido escritos desde los días del anfiteatro, o las tardes de salón escuchando los Beatles en Tenerías.

Tengo conciencia de los días de juventud, cuando escuchaba la voz de Dios y me sorprendía de lo que me decía. Palabras que sigo escuchando a diario y que siguen siendo frescas, juveniles, sólidas y bellas. Es quizás lo único que no ha cambiado en estos años de vida, la trascendencia de los filosófos, con un nombre común, el que corresponde a un melenudo de barba poblada y túnica de una pieza. Jesús de Nazaret. Cristo joven decíamos, supongo que hoy sería Cristo adulto.

Y me encuentro con los viejos amigos, con los que compartí vientos y sueños, tierras y desvelos, esperanzas y sosiegos. Y los descubro como yo. Llenos de vida, y con ganas de seguir viviendo. Quizás con heridas y zarpazos, pero con la mirada envuelta en lo que somos. Lo que simplemente somos. Cada uno una cosa distinta, pero únicos e irrepetibles.

 

 

Gracias Cataluña, ¡Qué chispa tenéis, tíos!

Sería una tragedia si nos faltara sentido del humor. Y sería una tragedia si muriera alguien, porque cuando escribo esto todavía no ha sucedido nada serio y verdaderamente irreversible. ¿O sí? Los catalanes están decididos a hacer humor, a divertir a toda la comunidad internacional, incluida la española, y la verdad, se lo agradecemos mucho, porque estamos realmente aburridos sin una revolución pachanga que llevarnos a la cara, y sin un reality chou auténtico, de los que se construyen con la vida real, con butifarra y calzoncillo cuatribarrado.

La verdad es que estos días parecía que se iba a quedar en nada el rollito este catalán, pero, ¡qué va! Estaban preparando un gorda, de las más divertidas que yo recuerdo en el mundo de la farándula nacional. El retrato no ha podido ser más bufo y absurdo, cual comedia de Pirandello: las urnas en la sacristía, el Puigdemont escondido cual zorro para votar en la casa del vecino,  gente merendándose varias butifarras nocturnas cual panceta aragonesa, colegios abiertos en noches estrelladas (que no esteladas) con padres escondidos tras sus hijos, el Piqué llorando más que cuando hubo un atentado terrorista y gente votando y metiendo la papeleta en cualquier buzón sonriente. Ni las FARC, oyes. Y el Piqué nos cuenta que es un derecho votar aunque se salten la ley (¿se lo habrá sugerido Shakira?), y los mossos de escuadra (que son la poli catalana) disecados frente a los manifestantes.

No sé por qué dicen que no son españoles, si son la esencia de la españolidad que retrató Berlanga e interpretó Paco Martínez Soria. Mary Sampere era una aficionada al lado de estos tíos. Y por supuesto, hay que dar las gracias a su ideólogo Puigdemont, el quinto miembro del Tricicle, y por supuesto a Marianico, que está esperando en la Moncloa a que pase la fiesta, porque él no es amigo de jaranas, y ha enviado a la poli para ver si alguien hace algo con el problema catalán. Porque él si que no piensa hacer res de res. Ni hoy ni mañana. Que lo sepas.

La fiesta de la independencia ha molado mientras nadie los molestaba. Aunque todo era más aburrido, seguro. Y al amanecer una pena, porque la peña estaba cansada y no ha dado la talla ni para responder a la poli reclamando la independencia por las armas. No tendremos independencia, pero que bien lo hemos pasado. Había juerga hasta en el polideportivo del cole. Como dijo un castizo español, ¿para qué cojones sirve una tía antes de la seis de la mañana? Y es que es verdad, para divertirnos nos bastamos los tíos. Pues bien, la guardia llegó a las seis de la mañana, supongo que con las horas extras pagadas, porque un domingo a esas horas… ya está bien. Y unos cuantos que no se iban. Que viva la democracia. Digo yo que si hubieran llegado antes la poli… pero no. Y ahí ha estado la cosa. Se ha animado el cotarro, y para mi que estaba de antemano todo organizado por la teuve tres para entretener al resto de los españoles y del mundo, que todavía no sabe si las hostias de la poli son legítimas o no. Gracias, tíos. Entretenimiento desde las seis de la mañana, y sin pagar por anuncios.

Los nenes a su casa, dijo la Guardia Civil, y claro, la gente, que tenía a los párvulos de fiestuqui en el polideportivo del colegio tuvo que hacer oreja. Se acabó el maltrato infantil y el tener a los críos dando la nota a las tantas, que hay vecinos que duermen. Serán charnegos dando la murga, qué si no.

El caso es que decidieron clausurar el buen rollo de los que han excluido a media Cataluña por no hablar castellano; y se han pillado un rebote, porque esta gente piensa que un colegio no un centro para educar, sino un lugar para reivindicar sus ideas a costa del erario público, e inculcarles al resto las propias. Visca Catalunya y la República catalana. Que se vayan del cole, que no, que sí. Ale. Gran espectáculo televisado en directo, donde lo único que nos hemos perdido es la butifarra, porque sin duda la han guardado antes de que llegara la poli. Para mi que la han escondido dentro de las urnas, que por eso son opacas. Votaremos por cojones, y vaya si han votado, unos contra otros.

Al final, digo, se ha llevado la poli los votos en bolsas de basura. Por supuesto, se quedaron los que estaban dispuestos a morir como héroes, entre los cuales no hemos encontrado ni a Puigdemont, ni al Junqueras ni a la Gabriela. ¿Qué raro? ¿Dónde habrá votado el honorable Pujol? En su lugar aparecieron los sindicalistas de la causa de turno, los cuales, después de jartarse toda la noche a zamparse buenos huevos fritos con chorizo, butifarra, pan tomaca y rebanadas de payés, han terminado contándonos que son unos mártires de Cataluña. Y que la democracia es hacer lo que les sale de los huevos; por eso es el peor día de la vida del lloroso Piqué. Que agredir a gente que incumple la ley está muy feo, que es mejor que hagan la vista gorda como en los últimos cuarenta años. Y que Rajoy es un facha. Aunque esto último no nos pilla de nuevas.

El día ha estado curioso. Me he enterado que los de la CUP guardaban las urnas en la sacristía de la parroquia, unas urnas opacas, para que no se viera si había dentro una serpiente de cascabel o un taco de votos ya emitidos. Se votaba en casa (la de los ocupas, claro), o en la iglesia, que es la casa de todos. Es lo que tienen las democracias precipitadas. Y solo había un sitio donde esconder las dichosas urnas: o en el contenedor del barrio, siempre bajo la desgracia de que pase el camión de la basura antes de la madrugada; o en la parroquia, que es el lugar menos visitado en Cataluña desde que la religión nacionalista se instaló en el subconsciente colectivo. Yo creo que la Gabriela esa se fue a ver al párroco de su pueblo. La mujer (aunque tengo dudas serias sobre si es tal) hizo un esfuerzo notable, pues desde la comunión no había pisado por allí. Se colocó unas coletitas, y se puso un par de lazos rosas, tipo hello kitty. El sacerdote, poco acostumbrado a ver a la mureneta en directo, se creyó que estaba ante una aparición. Y es que cuando se reza poco, no se reconoce lo divino. El caso es que el hombre se vino arriba emulando a los mejores sacerdotes trabucaires de nuestra tradición española. Español, español. Guarda aquí lo que quieras, hija mía, total… hay sitio. Visca Catalunya y muera el clero. Hombreeee, eso no hija mía. Que el clero siempre es servicial y bueno.

Pero eso es nada comparado con nuestro epígono Carles Puigdemont, campeón del humor.  A la altura de la Sardá, el Buenafuente y el Eugenio juntos. El tío se fue a votar al colegio electoral que le apetecía para votar y hacerse la foto. Más que nada porque el de su pueblo de Gerona estaba ocupado por la poli. Que vis cómica, qué gusto, qué elegancia. Ni siquiera se tuvo que poner una peluca en la cabeza, ni unas gafas de sol. Apareció en otro colegio electoral, quizás el que abrieron en el supermercado de un cuñado suyo, y tras votar y sonreir, pegó su foto en el twitter, para que viéramos que todo transcurría con normalidad. En realidad, no. Bueno. Todavía no saben si ha habido normalidad o no. Subnormalidad sí ha habido, creo; ¿o tengo que hablar de sobrenormalidad? Da igual. En España la normalidad es esto, y en Cataluña más. Luego ha jugado el Barça su partido de liga contra Las Palmas, y todos tan contentos de volver a la rutina. Piqué el primero.

Dicen los golpistas que la culpa de que no hubiera normalidad no era porque se hubieran saltado la ley sin querer (una vez más desde hace 40 años), sino porque esta vez el Rajoy mandó a la poli a poner seriedad al asunto. Gran intervención, sobre todo cuando pienso en los coches  de la Guardia Civil destrozados hace tan solo unos días. Las hostias les cayeron a los otros. Curiosamente, se cambiaron las normas de votación antes casi de empezar a meter butifarras y votos en las urnas. ¿Algún voluntario para presidir esta urna electoral por la independencia? Y los más aguerridos a la causa dieron un paso adelante, deseosos de pasar a la historia del humor patrio. Por catalunya, por catalunya. Me pido presi, yo secre. Y todos felices. Metieron las papeletas sin control, yo meto tres, yo quince. Viva la democracia. Que malo es el Rajoy, collons. Seguro que no es ni gallego. Y la tele venga a filmar sin cortarse.

Rebuscando por ahí encuentro muchas fotos, y no me resisto a la siguiente. Es Puigdemont en el Hugginton post o como coños se escriba. Es el quinto miembro del Tricicle, sin duda. Nos mira como serio, pero en el fondo está de cachondeo, dispuesto a soltarnos en cualquier momento un chiste ingenioso. ¿Saben aquel que diu, que en qué se parece el parlament de catalunya al parlamento español? En que los dos están lleno de patriotas… he, he.

Mucha gente no ha votado, ni le interesa el rollo de lo ilegal. Normal. Se han quedado en su casa y no les ha parecido que sucediera nada raro. Los turistas como siempre, han paseado por las ramblas y se han hecho una foto con la Remedios, que es lo que les importa. Habrán comprado flamencas con el toro, y Sagradas Familias tamaño menudo. Es lo que hay que hacer. Otros han puesto banderas españolas en sus balcones, para que alguien se acuerde de que lo del referendum es una movida de una minoría. El caso es que Cataluña dormirá esta noche tranquila. Digo yo. Hasta el martes o el miércoles, donde proclamarán la república catalana por decreto legislativo. Que son así de cachondos.

Ha sido como si el televisor de hubiera llenado de Sazatorniles en la ESCOPETA NACIONAL, y sin avisar ni nada. “Ah, es que los catalanes siempre ponemos el dinero para Madrit. Y en este caso el espectáculo sale gratis a todos…” La escopeta catalana, lo habría llamado yo. Ridículo y bochornoso hasta aburrir. Unos por pasarse la ley por el forro, y otros por dejarles cuarenta años más sueltos que berracos en celo.  Hasta la próxima diada igual no pasa nada. Eso sí, yo creo que esta va a ser insuperable, y les vamos a tener que dar la independencia, por cachondos. Porque esta vergüenza que hemos pasado, no lo mejoran en siglos.

 

¿Por qué se está haciendo odioso el feminismo?

El mérito no es mío, el chiste circula por la red, éste y cientos más. Por cierto, procede de una tal “monicarogo” en twitter, y como es mujer, no es sospechosa. ¿Hay tías que no piensan como las feministas? Bastantes más de lo que parece. Y es que, en este mundo terrible, hasta las mujeres están hasta las narices de las feministas, feminazis y femiplastas, y no me extraña, porque hacen méritos para que la gente les tenga manía.

Las feministas son como un latiguillo que suena permanentemente, una propaganda pesada y cruel que limita los derechos y libertades fundamentales conseguidos en la historia. Reducen y limitan la libertad de expresión, anulan la presunción de inocencia de los varones heterosexuales (la mitad de la población que se dice pronto), y dificultan la igualdad de hombres y mujeres. En realidad no protegen mejor a las mujeres de la violencia, sino que nos distraen con sus juegos ideológicos para seguir chupando del bote y viviendo del cuento del “rollo de ser mujer”.

Observatorios, delegaciones de la mujer, secretariados para la mujer,… hay cientos de organismos institucionales que cuestan mucho dinero y que no han logrado mejorar las cosas para las mujeres. Al contrario, yo creo que las están perjudicando gravemente en sus aspiraciones sociales y culturales, que son tantas como las que tiene el resto de la sociedad. Ni han roto el techo de cristal, ni han reducido la violencia doméstica, ni han equiparado salarios, ni concilian la vida familiar y laboral de las familias. El modelo de mujer al que aspiran y se empeñan en imponer, es una mujer que tiene que renunciar a los hijos, tiene que empoderarse (hacerse con el poder político, social y cultural), y tienen que enfrentarse con tolerancia cero y continuamente a los opresores varones. Porque esto es una lucha, dicen. Y yo creo que no.

Las mujeres son válidas lo mismo que los tíos, unos más y otros menos. Y no tienen que andar demostrando nada a nadie, ni siquiera a ellas mismas. Si los hombres no tiene que demostrar nada, las mujeres tampoco. ¡Qué disfruten de la vida, coño!

La igualdad ante la ley fue en su momento una conquista del liberalismo democrático que se fue extendiendo poco a poco. Era un principio de la Revolución Francesa. Algunos colectivos que eran políticamente sospechosos, dejaron de serlo, y accedieron al voto a lo largo de las décadas. Ser pobre o ignorante era mirado con sospecha, porque se pensaba que podían ser manipulados por los enemigos de la patria o por el dinero; y con la mujer sucedió lo mismo, se sospechaba de si se dejarían llevar por sus confesores (así defendió la izquierda la negativa a que votaran en la II República Española). Pero cuando acabó la sospecha ejercieron el derecho a voto. Es una conquista ya realizada, y su único lugar de exigencia son los tribunales. Por cierto, los niños tampoco votan, y no hablamos de discriminación. ¿Me entiendeeees? La igualdad ante la Ley ya está conseguida desde hace décadas. Ahora tendríamos que derogar las leyes que otorgan privilegios a las mujeres, que son las que defienden las femiplastas a capa y espada.

La discriminación positiva, que defienden estos colectivos femibroncas, es discriminación, y por tanto un retroceso social evidente que solo puede ser defendido por un discurso “victimista”, que es lo que han hecho las feministas de última hornada. Discurso que perjudica mucho a las mujeres que no van de víctimas por la vida, y que no quieren que las ayuden porque no se consideran inferiores. Y es que no lo son, ni débiles ni bobas.

El victimismo del feminismo contemporáneo se ha vinculado con las llamadas ideologías de género, y eso ha hecho que los avances reales de la mujer por conseguir una mayor igualdad jurídica y social se hayan atascado y retrocedan. Entre otras cosas porque estos colectivos no saben defender los derechos de las mujeres sin SOSPECHAR DE LOS VARONES. Y este es el problema. Han terminado generando una victimización insoportable y una agresividad protegida, y frente a ellas, muchos varones y mujeres se oponen. Las mujeres se niegan a que las protejan, y los hombres se oponen a que se sospeche de ellos solo por ser varones.

Por desgracia la lacra feminista y las ideologías de género cuentan con el apoyo directo e indirecto de los medios, además del apoyo de la clase política que tiene miedo a ser “incorrecto” o a ser tachado de “machista”. En este sentido, son un auténtico lobby de poder. Su único enemigo (además de la iglesia católica) es la lógica, la ciencia y la realidad, a la que muchos nos aferramos; pero todo lo demás, está a su favor, y por eso se les escucha mucho, y generan mucho rechazo, tanto entre las mujeres como entre los hombres. Ahora se quejan de misoginia, y mañana se quejarán de otra cosa. El victimismo como argumento político se agota en su lamento, y no da más de sí. Y casi todo lo que cuentan que han conquistado recientemente, en realidad son retrocesos en libertades y derechos.

Uno de los temas más escabrosos, y que más relieve tiene en los medios es el asunto de la agresividad que sufren las mujeres por ser mujeres. Le llaman erróneamente “violencia machista” y se equivocan, porque el machismo en sí no es violento, no tiene por qué serlo. De hecho, para un machista de toda la vida, pegar a una mujer es una cobardía impropia de un hombre. La hombría se demuestra frente a los iguales, y no ante los inferiores. ¿Me entienden, verdad? El machismo no tiene por qué ser agresivo, pero como han mezclado todo para conseguir su gran objetivo, continúan instaladas en la queja y el lamento. Su gran pretensión es hacerse con el control y el poder. Pero cuando lo tienen, tampoco saben qué hacer, salvo meter en la cárcel a todos los que no piensen como ellas. A los machistas, a los maridos y a los meapilas, ale.

Cuando fue aprobada la Ley contra la Violencia de Género, se oyeron algunas voces discrepantes, que fueron acalladas por ser machistas, o sea discrepantes. Predecían un fracaso antropológico que luego se ha comprobado real. La ley, por cierto, fue aprobada por casi la unanimidad del parlamento, derechas e izquierdas, radicales y moderados. Pero ya verán como no derogan la Ley, le darán una vuelta de tuerca para limitar más derechos esenciales, y seguirán sin saber qué hacer con el asunto. ¡Con la de observatorios de la mujer que hay! Para mi que en todos los observatorios usan las mismas gafas polarizadas de antimachismo. Y no ven nada que les dé una pista, claro.

Hay una opinión novedosa, que me resulta fascinante de las muchas que he escuchado y que creo que tiene toda la razón. La violencia doméstica forma parte del grupo de las violencias que se generan en torno a las relaciones afectivas, por eso siempre se dará un cierto número de agresiones (algo inevitable pero reducible): de padres a hijos, de hijos a padres, de maridos a sus mujeres, de adultos a ancianos, en pareja de novios y de casados… Como los accidentes de tráfico, no desaparecerán, pero podríamos reducirlos al máximo. Mejores coches, mejores carreteras, y menos distracciones, alcohol y móviles cuando se conduce. Interesante.

Seguramente también potenciando unas relaciones afectivas sanas se logre reducir la violencia en general de una sociedad competitiva que ya es bastante violenta de por sí. Mejores personas, mejores relaciones, mejores familias; y menos aislamientos, menos ignorancias, menos dar caprichos a los hijos.

Es un dato que es fácil de observar. Los jóvenes de ahora controlan más a sus parejas a través del móvil. Son más dependientes y más desconfiados. ¿No eso acaso un caldo de cultivo para las agresiones del mañana? Pues eso.

Rejuvenecer o envejecer en política. Crónica de un debate histórico. 13 de junio 2016

 

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¡Santa María! ¡Lo mucho que ha envejecido Pablo Iglesias en cuatro días! Este muchacho parecía tener una adolescencia retrasada, de esa que con 24 años andas de fumeta y de movida por la facultad, divirtiéndote y pasándolo de puta madre. Pero el tío se ha quedado anticuado en menos de un año, desde que ha tocado poder, desde que se ha asociado con Izquierda Unida y dice que es socialdemócrata para disimular que es comunista. Eso envejece a cualquiera, claro. Y es que la gerontocracia (poder para los ancianos) siempre ha sido el gran problema de la izquierda real. Que se lo digan a los soviéticos. Pero es un mal que afecta a todos los partidos políticos. Están todo el día diciendo que son el cambio y el progreso, pero en realidad lo único que cambian son ellos que envejecen. A saber.

La política tiene sus edades, y la imagen de las formaciones políticas también. Así, por ejemplo, y siguiendo con PODEMOS, estos muchachos eran unos adolescentes rebeldes hace cuatro días, pero desde que llevan gobernando en Madrid y Barcelona como que han madurado; siguen siendo jóvenes salvapatrias, pero ya no montan sus tiendas de campaña en la calle. Ahora ya son gente de bien que te cuenta lo guay que son sus ideas y disimula la edad que tiene. No le dan al canuto, y te piden el voto porque ahora los del Congreso SÍ nos representan. Todavía vociferan eso del “sí se puede”, pero en cuatro días se buscan un himno solemne para sus mítines, con letra y todo, en plan el de Riego y a llorar recordando lo bien que estuvimos en el 15M.

Esta gente que hace cuatro días nos parecían unos alocados descerebrados, ahora muestran una cara más madura y circunspecta. En poco rondarán los treinta y pico años, yo creo que será en esta legislatura, tanto gobiernen como si no, y cuando pasen cuatro años o seis, serán cuarentones venidos a menos. Están condenados por el tiempo, y, ¡sorpresa!: en ellos pasan más deprisa los lustros que en otros partidos. El chico, que se me ha hecho mayor de repente. Y van a la tele a debatir con sus enemigos de antes (la casta), que ahora son casi coleguitas (Sánchez), y dentro de poco se irán de cañas por Valladolid con la Soraya del Pepé, que para ellos tienen mucho morbo las tías del PP; y es que van en plan macho alfa, para probar que son atractivos con las incautas hijas del señor Rajoy.

Los votantes también cumplen años, por eso ahora los votantes podemitas son peña joven. Según vayan madurando en la vida, lo harán sus líderes de PODEMOS. Así que hay Pablito para rato, pero no hay que alarmarse: el tío evolucionará y yo ya predigo que será una mezcla entre Zapatero, Mussolini y Felipe González. Pablemos se negará a ponerse corbata, salvo en los Goya, y sus partidarios le seguirán votando aclamándole como un gran tipo que no renuncia a sus principios, aunque por entonces tenga amigos multimillonarios, como Roures, por ejemplo, que se está forrando y lo que le queda; y declare un par de guerras contra algún terrorista tocahuevos del futuro, que seguro que lo habrá.

Convergencia también ha caducado. Pujol era el padre del invento, y el hijo, Artur Mas, ha quedado tocado. Es como un hijo mayor bobolicón que no se va de casa ni a tiros. Se tienen que reinventar, y echar al muchacho de casa. Para eso tendrán que sacar un discurso nuevo, unos líderes nuevos y unas ideas nuevas. Tan nuevo todo que ni se parecerá.

Los que tienen problemas de edad son los del PSOE. Sobre todo porque no aceptan que son mayores, que han envejecido, y el tiempo los hace menos guays y progresistas. Son como esas señoras que no quieren tener arrugas y hacen el ridículo yendo a que se las planchen por aquí y por allá. En plan Preysler, que se hizo unos arreglitos y parece estirada, como una esfinge. Sara Montiel es su modelo, parecía joven pero tenía entre doscientos y trescientos años. Así está el PSOE, estirado y con la cara llena de botox. Cien años de honradez, presumen, pero es como el mantra de un abuelo en la residencia, ¿a qué no sabes cuantos años tengo? Pues eso, cien. Y es que no hay nada peor que alguien que no acepta la edad que tiene.

En realidad no están tan mayores. Zapatero rejuveneció el partido con locuras de juventud, pero la cagó (para sus votantes) cuando se rindió a Obama y a Merkel. En un día descubrieron sus partidarios que Blancanieves era en realidad la bruja arrugada ochentona de su madrastra. Y eso es muy fuerte. Por eso la mandaron al asilo con Felipe y buscaron algo nuevo, un tal Snchz, que es como Zapatero pero con restos de viruela. Nadie cree a Sánchez, este buen hombre, porque la gente está escamada con esos cambios de edad repentinos.

El gran complejo del PSOE surge cuando se arriman a PODEMOS. Parecen los hermanos mayores pijos y conservadores que presumen de luchar contra no sé qué franco (todo inventado porque fue el PCE), y quedan como el culo. Somos progresss. No cuela, le dice el tío de enfrente con chupa de marca y un tatuaje por el cuello. El enemigo es Rajoy. No hombre, no, el enemigo eres tú mismo, que has envejecido y no te has enterado.

IU siempre ha sido la formación más centenaria. Eran abuelos que contaban batallitas para cambiar el mundo que ellos no pudieron cambiar porque la cagaron. Por eso la coalición PODEMOS e IZQUIERDA UNIDA tiene algo entrañable. Es como juntar al abuelo con el nieto rebelde y sacarlos a tomar una cerveza. Es que tengo mal es estómago dice Cayo Lara. ¡Qué mayor estás abuelo! Han puesto un corazoncito para que nos lo creamos. Entrañable, digo. Y es que la imagen es lo primero, decía Goebbels antes de hacerse famoso por cabroncete.

Nos queda el PP, un partido que supo rejuvenecer en su momento quitándose de en medio a Fraga, y poniendo a Aznar al frente. Pero el tiempo pasa. El bigote se le ha quedado blanco, y Rajoy, parece el benjamín de una pandilla que ya tiene una edad y bastantes golferías a sus espaldas. Lo que hacen bien es no disimular la edad, y en el debate de ayer por la tarde lo dijeron con mucha tranquilidad. Gobernar no es fácil y esto no es un juego. Y los otros, que ya están en ayuntamientos disfrutando de ser poderosos, pues se quedan como que sí que es un juego, y es que es de puta madre jugar a mandar.

Nos queda Ciudadanos, que de momento se conserva bastante bien. Aparentan unos cuarenta años, edad de sensatez y prudencia, pero llevan diez años en Cataluña con la misma edad, y eso es sospechoso. No han tocado poder, y eso es como si tuviéramos al chico en casa, con una formación buenísima, gran capacidad y estudios, pero sin empleo. De la tele al frigo, y leyendo en inglés. O tocan poder en un par de legislaturas o envejecerán tanto que habrá que enterrarlos en vida. Es el síndrome del CDS, caen bien pero nadie les vota porque no parecen ser una alternativa. Es lo que ha pasado con UPD, que han muerto de ancianidad simplemente por no quererse renovar con los de Ciudadanos. Una oportunidad perdida para que Rosa rejuveneciera, sin duda.

En mi opinión habría que dar una oportunidad a estos muchachos de Ciudadanos. A la juventud sensata siempre hay que dejarles pasar, para que nos ayuden con sus ideas y su dinamismo. Antes de que envejezcan, claro. Lo de Podemos es otra cosa, son los getas de la facultad, los que mientras tú estudiabas ellos copiaban en los exámenes, y claro. No son de fiar, aunque vengan ahora con camisa blanca.

Miedo a la ignorancia que alimenta el odio.

No suele ser habitual que dedique varias entradas seguidas al mismo tema, pero me siento obligado, pues esta semana me han dedicado varios comentarios, algunos largos hasta aburrir, y otros patéticos hasta llorar, sobre la entrada que hacía la semana pasada sobre los resultados electorales. La sarta de tonterías que vomitaban algunos eran de juzgado de guardia, pero como la ignorancia es libre y atrevida, pues seguro que se las creían. En esto no sé si mejoro mi categoría, pues como todo el mundo sabe, no hay escritor en este país al que no le salga de vez en cuando un carroñero, de esos cuyo oficio consiste en insultar, vilipendiar y mortificar la soberana verdad que presumen conocer. El gran delito es siempre el mismo: pensar razonadamente, con libertad, y sobre todo distinto, lo cual es muy molesto e insidioso para los imbéciles y los fanáticos.

Siempre empiezan igual, que parece mentira un profesor y un filósofo que diga esas cosas que dice. Claro, desconocen que un filósofo que dice lo que la gente quiere oír es un soplagaitas. Mal profesor (y escritor) sería si mintiera a mis alumnos o lectores, enseñara falsedades, o no me estudiara los asuntos antes de manifestar opinión, o escribir un relato; así que lo siento, amigos, pero me considero un tipo avanzado de ideas, no de pose, y el respeto al lector ( a la inteligencia de los alumnos) es lo primero, y las frases hechas y la demagogia lo dejo para después. No pertenezco a ninguna secta ideológica de las que ahora cacarean tanto sus verdades gritándolas por las redes. Me gusta la pluralidad y la libertad más que a un tonto un lápiz. Una pluralidad capaz de razonar y de escuchar, cosa rara en un país donde casi nadie lee, y donde el único referente cultural de la población están en escupir tonterías en una barra de bar, o en un plató de televisión.

Me criticaban sólo en lo que puse sobre Podemos, no en lo demás, por lo que deduzco que no se lo leyeron entera la entrada, ni entendieron su sentido, pero eso es otra cuestión cuyo única solución está en que se lo vuelvan a leer. No puedo hacer más. Me decían, entre otras cosas, que no tuviera miedo a los de Podemos, que no eran como “nosotros”, o sea como yo y los malos (que no sé quienes son) que les esclavizaron durante 40 años. Tela la afirmación. Ni me quiero imaginar la sarta de tonterías que han tenido que escuchar para soltar una aberración tan estúpida. Está claro que no vivieron esos años, pero que tampoco se han molestado en informarse como fue el franquismo. También desconocen que en mi familia se perdió la guerra, y que estuvimos represaliados; pero les da igual, porque necesitan alimentar su memoria histórica con mentiras, con cosas que no sucedieron y que se imaginan. Olvidan selectivamente sus crímenes porque no toleran no ser los buenos, y luego se llenan de odio por algo que ni vivieron ni sucedió en la realidad. La ignorancia alimenta el odio, porque lo que no ocupa la mente con razonamientos, invade el corazón con sentimientos. Y esta gente no quiere saber la verdad, y se les va la fuerza por la boca.

Gracias a Dios es verdad que no somos iguales, entre los podemitas y un menda hay una distancia insalvable llamada logse, libros, estudios, carreras, madurez y lecturas. Yo abandoné la demagogia hace mucho tiempo, casi desde que empecé a comprender como funcionaba el sistema jurídico y político. Aposté por la democracia como un mal sistema, pero un sistema que permitía echar a un gobernante cuando lo hacía mal, y ratificar a otro cuando intentaba hacerlo bien. Porque gobernar a gusto de todos es imposible. Comprendí pronto, estudiando historia y observando el comportamiento humano, que siempre hay por el mundo cuatro iluminados salvapatrias dispuestos a rescatar a los pobrecitos de sus males, y que esos revolucionarios (o matarifes) suelen esgrimir sus argumentos gracias a la fuerza de sus propagandas y de sus armas, pero pocas veces por la fuerza de los hechos y la argumentación.

La Unión Soviética, paraíso de izquierdas, es un ejemplo de aquello, y la República Española, o la comuna de París, otro tanto. Gente ansiosa de poder, que logra engañar a mucha gente durante mucho tiempo. Por eso monsieur Robespierre no me parece un gran tipo, sino un psicópata, primo hermano de Pol Pot, y el Che Guevara no es un gran idealista, sino un asesino que se pasó por las armas a bastantes campesinos bolivianos cuyo único delito fue no seguirlo en su revolución. Hitler, líder del Partido Obrero Alemán Nacional Socialista (pongo el nombre completo porque era un partido como muy de obreros nacionalistas) es el único genocida que reconocen como tal la izquierda de manera abrumadora, porque incluso a Stalin, bastante más capullo, le perdonan la vida, y a Castro no digamos, es casi un mártir del capitalismo.

Todos ellos, los que justifican el uso de la violencia y la imposición de ideas para cambiar la sociedad, son simplemente unos soberbios (por no decir cómplices del crimen que defienden) que piensan que lo suyo es lo mejor, y que hay que imponerlo por la fuerza al otro. Esa gente que sale a la calle cada poco, que no respetan las normas de convivencia, que mienten y engañan a la gente contándoles la mitad de la verdad, que desconocen la historia de los crímenes de su bando, y a mi eso sí, me da mucho miedo, entre otras cosas porque no razonan, vomitan eslóganes y se creen que van a cambiar el mundo reventando mítines de los rivales políticos. Eso sí da miedo, porque me recuerda a la Alemania Nazi.

Me decía esta gente que habían estado esclavizados durante 40 años de franquismo, y que la Constitución del 78 era medieval, y que a mi me gustaba mucho el medievo y el franquismo. Y que era una mala persona por llamar asesinas a las abortistas. Algo que no mencioné en la última entrada, sino en una de hace un par de años; una, titulada TERRORISMO CON LICENCIA, donde atacaba el presumido derecho de la izquierda de hacer lo que le saliera de los cojones los días de huelga con sus piquetes terroristas, y en general con el bajo respeto que guardan hacia el Estado de Derecho. ¿Se han dado cuenta que los que decían hace unos meses “que no nos representan”, ahora sí se sientan representados y se callan como putas? ¿Saben por qué? Porque un parlamento que no sea de mayoría de izquierdas no es un parlamento democrático para estos fanáticos. Ellos, que son lo más liberticida que ha habido en la historia, presumen de defender las libertades y la democracia; y claro, yo no me lo creo, se lo digo y se cabrean. Las medallas son de los liberales, ni de los conservadores ni de los progresistas, pero ese es otro tema.

PD: Perdona chavalita, pero eso te pasa por creerte lo que dice la Sexta ( o la secta).

El triunfo de la democracia, el fracaso de los demócratas.

Estas elecciones son las del cambio, eso está claro, y que nadie lo dude. En Valladolid no seguirá León de la Riva, que ya está mayor y muy visto, veintipico años de corregidor incorregible. En Castilla y León los peperos gobernarán mirando de reojo y teniendo en cuenta lo que opinan Ciudadanos. Aquí siempre han estado licuados por lo que decían los sindicalistas, que son los que realmente gobiernan la comunidad desde hace años y años, junto con las cofradías de amiguetes del partido popular. Ahora eso va a cambiar, y van a tener que gobernar mirando al parlamento regional. Pues ya era hora, que para eso nos cuesta una pasta el Congreso, y que se paga gracias a mi sueldo congelado de funcionario profe de la susodicha Junta.

Yo tras las elecciones siempre quedo muy contento, y siempre he pensado que lo mejor del sistema democrático es que si no te gusta un tío, no le votas (votas a otro) y le mandas a su casa. Eso se hace sin matarse la gente, aunque, eso sí, tiene que haber mucha gente que piense como tú, y eso cuesta. Se vota y ¡ale hop!; hemos ganado, hemos perdido. En cambio, en las dictaduras, a menudo con grandes y mejores gestores que en las democracias (a poco), se enquistan los políticos sin que nadie les pueda largar. Se aferran al poder y no se van ni con espermicida, ni con las armas, ni a trabucazos. Y hay que montar una revuelta por la democracia y las libertades; una guerra de liberación en la que siempre mueren muchos inocentes y pocos culpables, y al final es una masacre. Como Ceaucescu, por ejemplo. Pero en democracia no. Echas al que te cae mal, aunque lo haga bien, que eso es otro tema, y lo haces votando. ¡Ale hop, ale hop! Veis el conejo, ahora no lo veis. La paloma, ¿la veis? Pues ya no la veis. Eso es la democracia, y la verdad es que funciona bien, es el mejor sistema que conozco para echar inútiles, vagos, maleantes, déspotas, lenguaraces, aficionados, paletos, bocazas, profesores de universidad, listillos de media pila, mangantes, ideólogos y trepas. Todos ellos nos inundan las pantallas de los televisores con frasecitas ocurrentes. Adios tíos plastas, escribid cuando lleguéis.

Pero con los cambios vienen los problemas de verdad. No me refiero a que hagamos repartos de silla o de ideas, que es casi parecido, sino a que hay que cumplir las leyes ya establecidas o cambiarlas. Si no tocas nada, en realidad no hay ningún cambio. Esto el Pp no lo sabe, por eso creen que han mejorado muchas cosas pero en realidad no han hecho nada interesante. Ni han reformado la Administración, ni han bajado los impuestos, ni han reordenado racionalmente el crimen del aborto para disminuirlo, ni han hecho nada que dijeron que iban a hacer. Han toqueteado la educación para que sea la misma (o peor) basura burocrática en la que lo convirtió el Psoe en sus años de gloria, y han gastado menos a costa de joder a los ciudadanos con unos servicios penosos, mientras han mantenido subvenciones para chorradas. ¡Ale hop, ale hop!

Lo malo a veces es que no logramos que haya una mayoría de gente que quiera que se vayan algunos políticos, y se acaban quedando en plan gorrones décadas y décadas. En Andalucía solo ha gobernado el PSOE y el Franquismo, cada uno cerca de cuarenta años. La gente no les echa porque se identifica mucho con sus dirigentes. Son de los nuestros, te dicen. Y ya pueden robar que no se van ni a escobazos. Pero ahora la gente se ha hartado de esa peña. Que la cambien, dicen. ¿Por algo mejor? De momento es una incógnita, porque otro vendrá que bueno te hará, dice el refrán. Y yo, después de varios años viendo alternancias y alternativas, me quedo con que se suele cambiar todo para que no cambie nada. Y todos tan contentos.

No es que los que lleguen sean mejores demócratas que los que se van, es que están sin estrenar, o sea, sin corromper. Pero es cuestión de tiempo que se nos caigan los palos del sombrajo. No nos van a engañar, al menos a mi no, y en poco tiempo crecerán los enanos en los circos de Podemos y Ciudadanos, igual que han salido chinches bajo los pies del PP y del PSOE. Y tendremos que volver a echarlos. ¡Ale hop, ale hop! Por eso la democracia funciona, y los demócratas fracasan cada cierto tiempo, que hoy se comen el mundo, y mañana hay que obligarlos a devolver todo lo que se han comido (qué bella metáfora).

Ada Colau ha ganado en Barcelona, la chica que encabezaba los stop desahucios. De la calle a la alcaldía sin pasar por la oposición política. Ella, que se oponía a la policía cuando hacía su trabajo, ahora tendrá que cumplir la ley, y enviársela a otros tipos. ¿A quién? Pues a los padres que en Cataluña están hasta las narices de que no los escolaricen en castellano, por ejemplo. Seguro que se equivoca en alguna y deja de molar. O le sale un Gamonal por el paseo de Gracia. Seguro que dentro de unos años la gente dice que ha cambiado, que no es la misma y que se ha apoltronado. Porque cuando uno llega al poder deja de molar, esto lo saben todos los que no tocan poder ni en su casa. No es que el poder corrompa, es que no regenera la materia humana.

La pregunta final, es… ¿quién ha perdido las elecciones? Yo apunto a un colectivo importante que no estará representado en ayuntamientos, diputaciones ni parlamentos autonómicos: los que están en contra del aborto, por ejemplo, los que quieren que se les bajen los impuestos, los que quieren defender la escuela concertada, ¿sigo? Los que están en contra de la ley que equipara el matrimonio homosexual. Supongo que es el fracaso los obispos en la actividad política, el de Benigno Blanco y del Foro de la Familia, el fracaso de VOX, y el fracaso de los cristianos de base, ausentes desde hace 40 años de la vida política. Lo malo es que a esos no podemos echarlos, porque nunca han llegado a gobernar. ¿Volveremos a ver las manifestaciones que hubo contra Zapatero, y que organizó la iglesia para el partido popular? Me temo que no. ¡Ale hop, ale hop! Seguimos chupando banquillo, ahora con nuestros antiguos amigos del pepé.

PD: A ver como se redefinen los partidos emergentes. Para mí que muchos van a salir movidos y desenfocados. Dentro de cuatro años serán castigados si no ha habido cambios que pueda percibir la ciudadanía. Será el ¡ale hop! de los que ahora se gozan en sus votantes. Gracias a Dios, claro. Porque no hay nada más desagradable que un tío que gana siempre y deja de ser humilde ( ¿han pensado como yo en Felipe González o en Aznar?).

Reformar a los españoles.

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Yo creo que la Constitución Española del año 78 sigue siendo de las mejores constituciones del mundo, y lo que de verdad hay que reformar es a los españoles, que en su conjunto, y admitiendo variantes, se han vuelto histéricos con su sistema político. Se creen que cambiando la constitución van a encontrar trabajo, se va a acabar con la corrupción, o les va a ir de puta madre, y no. Hay que decirles la verdad, que si su jefe es un cabroncete, lo será con constitución o sin ella; y que no hay más democracia porque votemos si queremos que el vecino se afeite la barba, o se depile las piernas. Por eso, la verdadera tarea que urge en reformar a los españoles, que son los que dan la medida de nuestro país.

Aquí coincido con otros tantos comentaristas y escritores, que opina que hay demasiado tonto contemporáneo, tantos, que aquí no cabe ni un tonto más, dice Pérez Reverte; de Prada opina que vamos camino de la disgregación nacional, pues la venta al por mayor de nuestras tradiciones, nos arroja a una intemperie merecida. Otros intelectuales han optado por hacer mutis por el forro, y buscan aislarse de la estupidez patria, en sus casas de campo o en el extranjero, lo más alejados de la necedad nacional, que es mucha. Y siempre hay alguno que se disputa su saber con la estupidez compartiendo páginas de periódico, o tertulias interrumpidas por el grito y la publicidad, o voceras solitarios en alguna universidad rodeados de miserables que lograron sus cátedras con ayuda de los amiguetes del partido.

Hay que reconocer que reformar a los españoles es la tarea más complicada de todas, porque no hay por donde coger el toro, y es tan ingente la obra, que seguro que nuestros compatriotas se liarían a discutir si empezamos reformando una cosa u otra; por eso la estrategia no puede consistir en preguntar y luego hacer; sino en hacer, y luego preguntar. Cambiamos la forma de pensar de los españoles, y luego les preguntamos que qué opinan. Es exactamente la estrategia de la ingeniería social del Psoe y la progresía a lo largo de estos casi cuarenta años de democracia, que es justamente la contraria de lo que hace el Pp, que termina siempre ratificando los desmanes morales y éticos que hace la progresía cuando están en la oposición, sin atreverse a proponer más que la liquidación de la justicia social, para no parecer demasiado fachas. Maricomplejines les llamó certeramente Jiménez Losantos, y no le faltaba razón. Tan nefastos han sido los gobiernos de izquierdas (y sus aplaudidores) como los de derechas en la democracia, y cada uno ha ido sepultando por entregas la conciencia ética y las tradiciones de un pueblo, o sea lo poco bueno que albergaban los españoles.

Es curioso que al final del franquismo había más derechos sociales y laborales que hoy (recogidos en el Estatuto de los trabajadores del 80), y eso no es solo una expresión políticamente incorrecta para los gurús de hoy, sino que es estrictamente la verdad. ¿Dónde están los economatos? ¿Los contratos indefinidos? ¿La estabilidad geográfica en el empleo? ¿Las jubilaciones anticipadas? Las leyes administrativas hechas durante el franquismo fueron las mejores leyes nunca hechas en nuestro pais, si exceptuamos el Código Civil de 1888, cuyo haber está en el derecho romano. Todas aquellas buenas leyes se han ido dilapidando y siendo sustituidas por leyes generosas con los mangantes, los arrimados y los mafiosillos de profesión sus negocios. Quitaron a los altos funcionarios de la administración (de oposición durísima) para sustituirlos por idiotas con carnet, subnormales éticos sin estudios, o consejos de fraternidad dudosa. En el año 80 el Estado era propietario de una buena parte de la Industria de nuestro país, y a lo largo de estos casi treinta y cinco años se ha vendido al mejor postor, soportando hoy a las compañías que levantaron los españoles con trabajo, y que hoy nos saquean de manera impune: Véase Telefónica o tantas otras del estilo, que roban y roban y vuelven a robar, y nadie les para los pies. A mi me mangaron pasta el mes pasado, en su línea vaya. Llame al mil cuatro.

La culpa de todo la tiene el capitalismo, que todo lo descompone y deconstruye, centrifuga la familia hasta convertirla en una nada vacía y rizomática llena de cargas y ningún derecho. ¿No es un síntoma de deterioro moral que haya tantos fracasos matrimoniales ( o sea divorcios)? ¿No es un síntoma de fracaso cultural que nuestros jóvenes fracasen escolarmente? ¿No es una vergüenza que la única chica que no se acuesta con toda la clase sea la rarita, y el resto de zorras y zorros gritones alardeen de sus miserias? Esto lo digo por una conversación que tuve el otro día con una madre de familia, que no me invento nada, porque el colegio era además de curas. ¡Sonamos, dijo Mafalda! La Pucha, digo yo.

A fuerza de tontear con el mal, acabamos pensando que todo es fiesta, y se celebra el divorcio como si fuera una juerga, el aborto como si fuera un derecho, y matar al vecino como un futuro reality. Ser un cabrón es uno de esos derechos de bragueta recién adquiridos, y matar al no nacido un deporte nacional alentado por los tetazos de las de Femen. Y además no se puede decir, porque sino eres un facha, un malhumorado, y lo peor de todo: un machista; que ahora es sinónimo de malo malísimo a secas, casi al nivel del fascista de libro.

Esto demuestra la estulticia nacional, no solo del que lo disfruta, sino de los que lo aplauden, que son tanto y tan idiotas como los anteriores. Ya voy pensando en desapuntarme del país.

La ética en su conjunto se ha deteriorado, y la mayoría de los españoles no distingue el bien del mal. O mejor dicho, ha mutado tanto sus principios morales que ha acabado asumiendo que lo que era malo ahora es bueno, y lo que era bueno, ahora es malo. Por ejemplo el asunto del aborto, que es el que más asombra a la gente que aún distingue el bien del mal. El aborto es malo, es un fracaso social y personal, es el indicativo de una sociedad cobarde que prefiere matar a sus futuros hijos, antes que darlos en adopción y permitirles la vida. Cuando una persona prefiere matar a dejar vivir, es que las cosas están mal. ¿Saben como se mitigaría el problema del aborto? Lo digo con toda la ironía del mundo: permitiendo que se pague por hijos adoptados. Seguro que más de una madre des-moralizada prefería ganar un dinerillo en lugar de abortar. Y es que para el capitalismo todo tiene precio, incluido el ser humano, incluidos los no nacidos.

Que no se pueda detener la violencia de un lerdo agresivo de esos que pululan por la faz del planeta pegando a su mujer y a sus hijas, o matando rivales deportivos, o quemando contenedores en Gamonal, o rompiendo escaparates de Barcelona porque están en la lengua de los españoles, es otro síntoma de incapacidad moral y ética. Y es que mucha gente no distingue ya que no pagar el IVA el robar al resto de la sociedad, o que cobrar un subsidio por jornalero cuando no han trabajado una peonada es ser tan corrupto como el profe de Universidad que cobra por no trabajar (Errejón te hemos pillado), o el Jefe de Sección que no coge el teléfono de su oficina porque es un inepto que no sabe hacer la O con un canuto, y que está ahí por ser un exconserje con influencias. Eso es  lo que hay que cambiar, la inmoralidad y el desorden ético en los niveles más bajos, para poder así exigir en los niveles más altos.

Esto no se hace en cuatro días. Si la Logse ha logrado que dos generaciones de españoles sean más demagogos ignorantes que la generación anterior, salvo excepciones (han pasado 25 años desde que se aprobó, y sus hijos pueblan ya la escuela (y la universidadpodemos dando lecciones de didáctica y sabiduría políticamente correcta), nos va a costar rearmar éticamente esta sociedad. Otros 40 años como mínimo de democracia, creo yo. Pero claro, para eso tienen que haber democracia y constitución, porque si se cambian las reglas de juego se va a acabar la partida, y eso no.

Termino que ya va siendo hora: La reforma ética de los españoles tendría que ser la primera de las reformas. Pero ésta tiene que ir de la mano de otra reforma no menos exigente ni necesaria: devolver a los españoles su religión. Durante años han ridiculizado la religión, y han perseguido de manera directa e indirecta lo religioso. ¿Como vamos a logra una sociedad feliz, madura y adulta, si se les priva de las últimas respuestas a la población? En lugar de que nos salve el Sálvanos de la tele, que no hace más que ahogar a la sociedad en su fango, sería más adecuado otra cosa que ayude a los españoles a pensar por sí mismos, a razonar, a rezar y a encontrar el sentido perdido de la vida.

Es verdad que nunca hemos tenido una formación religiosa en condiciones, pero lo de los últimos años raya el patetismo más contradictorio, y la burla más injuriosa posible. El año pasado mandé leer los evangelios en clase, y la reacción más generalizada fue “no me imaginaba que era así”. Si desconocemos lo básico de nuestra cultura y nuestro arte, ¿cómo vamos a entender siquiera la constitución? Esto es necesario e imprescindible, porque sino andaremos como pollos sin cabeza, que es como van el resto de los Europeos, que se han convertido ( y que además queremos imitar), en descerebrados (alienados) explotados y reventados, sin Dios ni lugar donde caerse muertos.

¡Qué gran ocasión el quinto centenario del nacimiento de Santa Teresa, para que los españoles queden admirados de una señora que renovó la iglesia y la sociedad en un mundo de hombres! ¡Y sin usar condones ni móviles! Por suerte, nuestro principal patrimonio cultural está ya escrito, y siempre podremos volver a él. Aunque nos exiliemos al Pernambuco.

¿Suena facha? Entonces es que he acertado.

PD: Si he puesto la imagen del águila de San Juan es porque era el escudo de España cuando se inauguró la democracia. El águila que nos preside desde hace quinientos años, pero claro, ¿no simbolizaba el águila la visión profunda? Pues eso, hoy el escudo de España debería presidirlo un grajo negro y con gafas de sol; y con los huevos amarillos como pelotas de fútbol, por supuesto, barça madrí que no falte.

El Palacio de los Sueños.

Es el título de la novela que escribió el eterno candidato al premio nobel Ismail Kadaré.  En España se le otorgó el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en el 2009. Recibió también en el 2005 el Premio Booker internacional y otros cuantos más. ¿A qué esperan en Estocolmo para premiar  a este albanés, perseguido y exiliado? Enfin, un candidato a nobel que aguarda su momento para codearse con los rubios suecos, y sus princesitas de cuento y de palacios encantados. En este caso el Palacio de los Sueños no es precisamente Hollywood, sino más bien el Gran Hermano totalitario de la Albania de la que procedía. Un mundo tenaz y vigilante que buscaba depurar la disidencia sembrando el miedo y la paranoia en sus habitantes.

Kadaré tardó en escribir EL PALACIO DE LOS SUEÑOS nada menos de seis años, los que mediaron entre el año 1976 y 1981. Esto podría suponer que estamos ante una obra larga y tediosa, pero nada de eso. El resultado es una novela muy agradable y comprometida, entre lo fantástico y el realismo de la tragedia de un mundo donde todos los sueños son analizados en el Palacio. Guarda el aroma de las novelas escritas bajo la vigilancia de la censura y la cárcel, y edifica así una gigantesca metáfora del totalitarismo y el control ideológico que tanto gusta a los poderosos. Es una obra corta y fácil de leer, complicada de interpretar y sencilla de entender. Lo tiene todo, para entendernos, y creo que defrauda solo al que no le gusta pensar cuando lee algo.

El Palacio de los Sueños es una maquinaria burocrática que controla, analiza y archiva los sueños de los súbditos de una Turquía decimonónica. A través de sus páginas nos enseña el mundo islámico y balcánico, moro y europeo a la vez, donde la familia del protagonista, de origen albanés, tiene un papel decisivo en la conspiración que se esconde detrás de los premonitorios sueños de los habitantes de ese mundo. Se respira la tranquilidad de un vaso de té detrás de un zoco plagado de soñadores. ¿Soñarán lo mismo los turcos que los españoles o los mexicanos? Quién sabe.

La novela no busca el realismo, sino la representación de una sociedad enferma y destruida por la paranoia de la conspiración de una familia albanesa, origen de nuestro protagonista. La idea de un enorme almacén donde se guardan y archivan los sueños de sus habitantes es una genialidad, superior a la Biblioteca de los Libros Olvidados de Carlos Ruiz Zafón. Entre otras cosas porque aquí los legajos son los enemigos principales del funcionario, y no sus amigos.

Me sugieren muchas cosas, y no es para menos. ¿Es esta la aspiración de nuestros democráticos gobiernos, controlarnos y someternos? ¿Para qué sino tantos medios de comunicación afines y cercanos? ¿Tantas leyes educativas ( a cual más nefasta) o tantas normas minuciosas sobre cuestiones donde la costumbre lo hace mejor y sin problemas?

Cuando era niño podíamos viajar siete en un coche, y sin cinturones de seguridad por la ciudad. Yo lo hacía entre las piernas de mi abuelo, que para eso era el pequeño. Detrás viajaban cuatro personas, dos adultos y dos niños. Recuerdo que el profesor fumaba en clase, y explicaba sus matemáticas confundiendo la tiza con el cigarrillo. En el cine te comías el bocadillo de atún envuelto en papel de periódico. ¿Por qué tengo que cambiar la instalación de gas cada pocos años? ¿Quién hace negocio de todo eso? Los tiempos han cambiado no hay duda. Muchas normas, y la mayoría absurdas, empeñadas en legislar y prohibir lo que nadie ha pedido. ¿Quién está soñando por mi? Cuando era pequeño el vino se compraba a granel, y el aceite se servía en aceitera. ¿Por qué lo han cambiado? ¿Quién se ha empezado en controlar nuestros sueños?

En mi colegio, cuando era pequeño, llovian en primavera orugas de los pinos. Eran las procesionarias del pino, urticantes y malévolas para la pléyade de niños que corríamos por aquel patio tras una piña, convertida temporalmente en pelota de fútbol. Hoy solo hay cemento y asfalto, ni un pino, y cero orugas rojizas. Jugarán los niños con la pley, supongo. Y para mi, que nos han quitado desde hace tiempo muchos sueños que quedan en nuestras mentes como viejos recuerdos de un mundo mejor. Un sueño que alguien quiso borrarnos de nuestra mente y que están archivados en el Palacio de los Sueños, lugar de conspiraciones. Imagino.

¿Fue lo del Mundial de hace cuatro años un sueño? Empiezo a dudarlo.

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