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Podemos o no Podemos, esa es la cuestión.

Podemos dice que sí que puede. La agrupación de izquierdas levantada de la nada por el tertuliano Pablo Iglesias, ha logrado estar en boca de todos desde que en las elecciones al Parlamento Europeo lograra algunos escaños. Y eso hay que reconocer que tiene mucho mérito, porque Javier Nart, otro tertuliano, logró menos siendo un buen argumentador, mejor incluso que el Iglesias ese, al que vi una vez en intereconomía como se lo comía con patatas el feo de Jiménez Losantos, el azote de la progresía en este país. Los dos tienen en común que están como enfadados, igual que la Valenciano, y es que para ser convincente en este pais parece que tienes que argumentar con cara de cabreo, porque sino no eres creíble. En eso Nart, la Valenciano y Pablo Iglesias se parecen mogollón.

El caso es que la prensa en tropel dijo que el bipartidismo estaba herido de muerte, y como el Psoe era el que más perdía pues ha empezado a renovar lo suyo. En lugar de buscar otro tío con cara de cabreo ha aparecido un tal Sánchez, (esto es como un tal Blázquez que dijera Arzallus), pero sonríe demasiado, lo cual es horroroso para los de izquierdas, porque ahora hay que estar con cara de circunstancias, como Cándido Méndez. Otro que no sonríe ni a su ángel de la guarda por si le destapa algún secretillo.

Con Sánchez han aparecido en el Psoe caras nuevas, pero con las mismas ideas de siempre. Pijiprogres es lo que me parecen desde hace mucho tiempo estos del Psoe, pero es que ahora sonríen, y claro, con la herencia de Zapatero, que estaba en plan Mona Lisa, pues casi como que no. Mejor que salga un agonías, que seguro que le va mejor. No quiero dar ideas, pero es que las necesitan a voces.

Los que deberían estar cabreadísimos son los de IU. Después de una tradición histórica impresionante en la clandestinidad, luchando desde una guerra civil, apostando por ofrecer un programa distinto, revolucionario y solidario con los obreros y los desheredados de la tierra. Un programa utópico e irrealizable como ninguno, con gente y caras nuevas cada poco tiempo, con explicación tras explicación, dando la vara a la peña, que es lo que hacen bien los de izquierdas, llegan estos del Podemos y les adelantan por la derecha (no en el sentido político), y dejan a Cayo Lara con un pasmo de tres narices. El partido obrero comunista de toda la vida superado por una panda de colegas de ciudad. Está tan alucinado que todavía no ve que son sus rivales naturales, y que luchan por el mismo espacio político.

Lo que pensamos todos (incluidos los pocos de izquierdas que no se han exiliado a Francia) es que la izquierda está desorientada desde que se les cayó el muro de Berlín encima, y tienden a repetir el mismo discurso pseudomarxista sin demasiada creatividad. Deberían buscar en el cristianismo una fuente de inspiración segura para sus posiciones políticas, como hacen en algunos países nórdicos, pero eso en España, donde está la crème de la crème de la quema y tortura de obispos e iglesias, con un laicismo tan arraigado como el anticlericalismo de aldea, es casi imposible de plantear. Ni en el Psoe, ni en el Pce (que desde hace años no escucha a los creyentes que militan en sus filas). Cristianos para el socialismo parece cristianos en el olvido, porque no les hacen ni caso.

Podemos ha llegado copiando campaña. Se llaman así, Podemos, lo cual recuerda mucho a Obama en la campaña que lo aupó a Presidente de los Estados Unidos, (yes, we can – Sí, podemos), como a la furia española, luego llamada la Roja por la prensa, y que ganó el Mundial de Brasil (perdón, quiero decir el de Sudáfrica). La jugada fue maestra, porque ya estaba la publicidad hecha de antemano. Podemos ha jugado fuerte en la red y le ha ido bien. En lugar de una estrella o cruz esvástica, se han buscado un logotipo de otro tino, unos circulitos, en plan alianzas, y ahí están en el parlamento europeo, codeándose con Daniel el Rojo, el del mayo francés. Todos amiguitos tomando mejillones y cerveza, que es lo que se puede hacer en Bruselas.

Lo contrario de poder es la impotencia. Y eso es lo que parece que les está empezando a suceder. En el Parlamento Europeo no pudieron hablar lo que les diera la gana. Es que los turnos de palabra está asignados en función del poder real que tengas. Y Podemos, no puede hablar horas y horas en plan Fidel Castro. Es que no te dejan. Por eso tuvieron un coitus interruptus el otro día en el parlamento europeo, y se quedaron con las ganas de terminar su perorata. También se han bajado del burro del asamblearismo, y están montando su asociación en plan partido político y con un gran líder al frente: Pablo Iglesias. O sea él mismo. Desde que ganaron sus escaños creo que están perdiendo votos, pero vete a saber, que en este país hay gente para todo.

Podemos no va a poder hacer lo que quiera, igual que Obama tampoco ha podido en sus años de presidencia. No es que las cosas estén atadas y bien atadas, es que si te sales de las reglas de juego democrático te conviertes en un dictador. Y Obama, como todo americano, cree en la democracia porque es la esencia de su patria. Entre esas reglas encontramos unas tan sencillas como el respeto a las libertades  (incluido el respeto a la libertad religiosa y a sus acuerdos internacionales), la división de poderes (y la prohibición de tomar el Congreso por la fuerza), que seguro que llena de pena a muchos de los suyos;, y por ejemplo el respeto al Jefe de Estado, que en España es el Rey. Lo que está claro es que solo “podemos” cambiar la Monarquía respetando las reglas constitucionales, que son las reglas de nuestra democracia.

Ahora que es parlamentario en Europa quizás vea más pluralismo que el que suele haber por la cadena televisiva amiga, la que le ha aupado, porque si no le gusta se convertirá inmediatamente en un dictador, porque todo el mundo convendrá conmigo que un soviet (asamblea) no era exactamente una democracia, aunque se llame así. Pablo nos quiere convertir en una dictadura sin que nos demos cuenta, usando la palabra democracia, y eso no es posible. Los de Iu han tardado algún tiempo en aprenderlo, y los del Psoe lo aprendieron pronto olvidando a veces que hay que gobernar para todos, y no solo para los de su chiringuito.

Sus ideas, las de Pablemos, seguro que son muchas de ellas interesantes, pero no todas serán factibles. Podemos no va a poder hacer lo que se le ocurra, entre otras cosas porque muchos otros no piensan lo mismo que él. Y seguro que están tan dispuestos a pelearse por sus ideas como él por las suyas. En una palabra, tendrá que irse cambiando el nombre, y dejar de llamarse Podemos, porque cuando se vea que no puede, se cabrearán pensando que antes muertos que incoherentes a sus raíces, claro. Yo le sugiero Impostura, Impodemos, o simplemente Izquierda Unida Pablemos, que es donde creo que van a acabará este experimento político en no muchos años.

 

Yiurops livin a celebreison (Europa se va de fiesta con los neonazis).

La fiesta de la democracia es el nombre más bobo que han dado los políticos bienpensantes al noble arte de opinar introduciendo la papeleta en una urna electoral. Lo adjetivan democrática, o sea del pueblo, pero para mí que es una fiesta tan exclusiva y cerrada como la papeleta que nos ofrecen, llenos de nombres extraños, impronunciables, y desde luego poco vulgares. Faltan Garcías y Manolos, me parece a mí. Además, es una fiesta a la que la mayoría de los españoles, y europeos, prefieren no ir. Y por algo será, cuando nos encanta pasarlo bien. En Valladolid celebramos los descensos de categoría, así de chulos somos, imagínate si ganamos la Champions por penaltis: el no va más. Nos bebemos hasta el agua del Pisuerga.

Para mí votar es todo menos una fiesta, la verdad. Yo diría que es más un trámite administrativo que hay que hacer de vez en cuando para que los políticos toquen madera y se palpen la ropa pensando que se van a su casa. Votar está bien para echar a alguien, pero no para elegir a otro mejor, porque quizás no lo haya, y los votantes, comprobado está, no son mejores que sus dirigentes. La democracia es una buena válvula de escape para evitar guerras civiles, para no afostiarnos a leches, pero una fiesta, lo que se dice una fiesta no lo es. Y desde luego la fiesta de la democracia europea es una fiesta  aburrida de cojones, salvo que invadan los neonazis franceses y griegos, entonces si va a ser un tronche que te pasas, sobretodo para los emigrantes y para el resto, que nos van a liquidar en cámaras de gas financiadas con nuestros impuestos. Nos vamos a morir de risa en esa fiesta.

Además, para que sea una fiesta hay que currarse un poco su preparación, y en estas elecciones europeas, si nos vamos a su preparación, han sido una chapa de lo peor en años. Es la única fiesta que deseábamos que pasaran lo antes posible, y desde luego, ante el fiestón de Lisboa, todo lo demás parecía un funeral en esta patria nuestra.

Cañete, que parece un tío simpático estaba empaquetado en un papel que no sabía hacer. Quería asemejarse a Aznar y Rajoy en una fusión sin precedentes, y no le salió bien. Poca calidad con su gargosa voz que no sabía elevar en plan político cabreado. Es que no sabe arengar a la masa. Encima se puso prepotente en unas declaraciones chulescas, que si parecía el macho camacho y todo eso. Se creyó que era Aznar y actúa de pena. Eso le vale, porque un político que disimula mal es más digno de confianza que otro sibilino que dice y no se sabe. ¿Están pensando en algún gallego dirigente político? Yo sí. Si encima tiene barba pensaremos que oculta algo. Y es que la imagen lo es todo en una fiesta.

Para que no queden dudas: yo con Cañete me iba de fiesta a comer un lechacito, verduras confitadas, buenos vinos y yogures caducados, y a escojonarnos de lo que sea. Unos buenos chistes, y a retorcerte con las carcajadas.  Lo que sea. Eso es una fiesta, coño. Te ríes y se te ensancha la cara. Nos vamos de paellada y hablamos de lo que nos apetece. Seguro que la cosa pelaba de otra manera. Sin corbata, con chancletas y bermudas debajo de una parra, en plan italiano y con cantidad de peña en el mismo plan. Se han equivocado de campaña en el pepé, como suele ser habitual últimamente, y Cañete habría estado más propio y auténtico con otro estilo menos plasta.

En las antípodas de Cañete está la señora Valenciano que es alegre a rabiar. Sería el alma de una juega japonesa, donde toman sake a espuertas y lloran sus penas en silencio. Irse de fiesta con la Valenciano tiene que ser como comerse una chuleta de cordero quemada. Te vas a casa con acidez de estómago, y la convicción de no volver hasta que no cambien al cocinero del restaurante. ¿Pero es que esta mujer no se ríe nunca? Está tan indignada con la vida que cuando se ríe se piensas que ha asesinado a alguien.

Hace años que me contó un misionero que los pobres de Africa se reían mucho, que eran gente muy alegre, más de lo que nos imaginábamos en Europa, y eso pasaba aunque no tuvieran nada que comer ese día. ¡Vaya contraste!

Aquí, fruto del dualismo ancestral platónico nos encanta quejarnos y malhumorarnos mostrando que somos los más aguerridos y sacrificados del mundo. No falta gente en nuestro pais que te cuenta en cuanto te ve lo mucho que sufre, lo prontísimo que se levanta y lo chungo que lo está pasando (aunque le vaya de puta madre). La gente que le va mal, suele disimular porque les da vergüenza, y solo cuando están a punto de reventar porque no pueden más, te enteras porque te lo dicen a gritos; y no pocas veces te enteras demasiado tarde del problema del que tienes al lado. Desde luego, al que le va bien en España tiene complejo de culpabilidad, y prefiere decir que sufre a mansalva en lugar de sonreír gratis. Diría Nietzsche que no tenemos ni idea de disfrutar de la fiesta de la vida, ni de la voluntad de poder, ni de nada de nada, y es que los políticos no eran demasiado valorados por el filósofo alemán, y los de hoy lo serían aún menos.

En España, además de quejarnos por todo, estamos bien contentos (y anestesiados) gracias al fútbol, claro; menos la Valenciano, que tiene pinta de no gustarle ni el fútbol, por ser una cosa frívola y de fachas. Yo para pasar una juega me iría con Rubalcaba, aunque siendo del Madrid mejor me busco uno del Pucela, por si acaso, o o del Atletic, que esa gente si se divierta manque pierda.

Esto ya lo dijo Vizcaíno Casas, la derecha parece estar siempre de juerga riéndose de todo, y la izquierda llora que te llora, indignada y empeñada en cambiar este triste mundo. Por eso Rubalcaba parece más de derechas (como González) que la Valenciano, que es izquierda pura y dura. En cambio Aznar es de todo de izquierdas, porque está superenfadado, aunque es porque no le hacen caso en su partido. Una cena de Aznar y la Valenciano tiene que ser la hostia, hasta los chistes serían tristes, pedirían lechuga, serrín para adelgazar y contarían dos anécdotas en total. Por supuesto cada uno pagaría lo suyo.

Decía Ortega que las tradiciones deben recuperar su sentido si lo tienen, y que no bastaba con repetir las costumbres de manera automatizada pues se anquilosarían, tampoco las democráticas añadiría yo. La tradición con su ritual electoral no puede perder el sentido ni la razón del proceso por culpa de unos políticos ineptos mal aconsejados por sus asesores de imagen. Esto no es una fiesta, y menos una fiesta de descerebrados. Precisamente, por pensar que era una fiestuqui fantástica se nos han colado varios neonazis por el sobaco francés y griego. Y eso si que no tiene ni puta gracia.

 

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