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¡Terminé de escribir otro libro!

Por fin, se acabó. Ya estaba algo más que harto, porque escribir es costosísimo, y llevaba dando vueltas a esta historia como cuatro o cinco años. Lo he acabado tras la decimocuarta revisión, y he pasado casi de contar una historia a contar algo diferente, con otra perspectiva y con más fuerza. Hay más en la historia que no cuento y se ha caído de la versión final que lo que aparece en ella, pero es para que mejore y sea más entretenida de leer. Siempre para mejorar. Lo que he desechado era bueno, alguna parte incluso muy buena, pero lo importante en una novela es el todo… y hay que sacrificarse, chicos. Bye, bye.

Comprendo que haya gente que no revise lo que escribe y le salgan novelas como churros azucarados, pero no es mi caso. Yo las trabajo y las corrijo una y otra vez hasta que quedan, para mi gusto, aceptables tirando a buenas. Por menos de un notable, no publico. Luego uno se sorprende, porque le ponen mejor nota, (los que me suspenden no me han dicho todavía nada a la cara) pero me da igual. Dicen que a quién le tiene que gustar la novela es al novelista, y sí, a mi me gustan. Además, para eso soy su madre, y me cuesta parir a fuerza de dilatar y empujar unos cuantos años para que salga el nene.

Quizás sea un defecto que comparto con Walt Whitman, que revisaba y reeditaba muchísimas veces hasta que sacaba lo definitivo. “Hojas de Hierba” es un ejemplo de aburrimiento escrituril y falta de seguridad en un juntaletras, pero también es una obra maestra de la poesía. ¡Un abrazo Walt, ejemplo de orgullo gay no histriónico!

En cambio Cervantes, que me cae mejor, no debía revisar mucho, porque el Quijote está lleno de defectos. Desde variar el nombre de la señora de Sancho Panza, hasta meter con calzador otro par de novelas ejemplares en las tripas de la susodicha obra. Proust tampoco debía revisar mucho y me encanta. Y Faulkner escribía de corrido y con la memoria trabajando. Yo no podría, querido. Mi cabeza no da para tanto.

Es verdad que el problema de revisar hasta morir es que no sacas demasiadas novelas al año, pero la ventaja es que lo que sacas es de calidad. O eso te crees. Y ese es mi objetivo, publicar calidad… En realidad tengo varias novelas terminadas, definitivamente terminadas… Al menos dos más, pero me da cosa que salgan a la calle, que todavía son jovencitas y casaderas.

En cambio ésta que he re-terminado por decimocuarta vez, ésta que ya la consideraba finiquitada, ha sido recuperada y revisada unas cuantas veces más para entrar en el olimpo de los dioses publicados. Porque esta sí que la echo de casa en cuanto pueda.

No me explayo. Terminar un libro es muy agradable. Se tiene una sensación de tranquilidad, de paz conseguida, de felicidad, y de horizonte por delante. Mi idea es publicarla antes de las navidades. Por supuesto la autopublicaré, porque las editoriales convencionales cada vez me dan más grima, sobre todo viendo lo que le hacen a algunos compañeros escritores que van de putada en putada.

La novela, si no le cambio el título, que no creo, se llamará DAVID35. LA ISLA DE LAS ESFERAS. Ciencia ficción, novela para pensar, para entretener y para denunciar los males de nuestra sociedad, que no son pocos. Sé que os gustará, pero tendréis que esperar. He, he.

Feliz Verano.

¿Autopublico o lo cuelgo en amazon? Consejos de un escritor.

Me han lanzado un guante y escribo. ¿Por qué no? El otro día desde facebook alguien, en esas múltiples páginas de lectores y escritores en las que estoy presente, se preguntaba y nos preguntaba por el asunto. La persona en cuestión mostraba sus dudas si acudir a amazon o autopublicar, pues tras escribir un libro, no sabía con claridad qué hacer con él. Apostaba por amazon, pero le surgían dudas, porque evidentemente, no es oro todo lo que reluce en el mundo. Así que me lanzo, me atrevo y echo una mano a los escritores nóveles que puedan pasar por aquí, que son unos cuantos, supongo.

Lo primero que tiene uno que decidir, se supone que ya tiene algo escrito y que no es una basura, es a cuánto público quiere llegar. ¿A miles de millones? Vale, colega. Entonces necesitas miles de millones de euros en publicidad. Es así de simple. Los libros se compran si se conoce el libro en cuestión y te han hablado bien de él. Se venden cuando te lo recomienda alguien, si el autor es conocido, aunque sea porque sale en la tele, o escribe en una revista o un periódico, o tiene seguidores porque es alguien que nos suena. El resto, incluso los anteriores, necesitan de publicidad y mucha. Además, la mayoría de la gente en este país no ha leído nada en su vida, ni lee, ni leerá.

No estoy diciendo nada nuevo. Las editoriales grandes (y pequeñas, qué coño) no apuestan por autores desconocidos que tengan que gastarse un pastón en publicidad. Para ellos un libro es un negocio, y les da igual vender a Dan Brown, aunque sea una mierda que a Murakami, que está mejor. Ellos lo que quieren es ganar dinero. Y ya está.

Las editoriales, las distribuidoras y las librerías viven de este tipo de libros, los best seller. Habitualmente publican libros que ya han triunfado fuera, sobre todo en EStados Unidos y aquí los traducen sin más, la publicidad ya la tienen medio hecha, y les basta con poner ” el libro que ha cambiado la vida sexual de las amas de casa de medio mundo” para que las 50 sombras de Gray se venda como rosquillas. Aunque sea malote, que ya lo sabemos. Un dato, España publica muchísimos más títulos de autores extranjeros que nacionales, a diferencia de Francia, Inglaterra o Estados Unidos. Aquí no arriesgan por una cultura propia, y lo entiendo. Es su dinero y hacen con él lo que les sale del susodicho; pero eso nos hace entender la sensibilidad que hay por los nuevos escritores.

Si escribe un libro Ana Rosa, la Belén Esteban o el Cristiano Ronaldo, tiene las ventas aseguradas porque ya son conocidos y tiene tirón. A pesar de todo… no se gastarán demasiado en publicidad, salvo que piensen que lo van a recuperar de largo. Nadie tira el dinero a cambio de nada. Por eso, si quieres que tu libro se venda, tienes que publicitarte y vender tu producto. Y hay que pensar que quizás no recuperes lo que has invertido.

Por eso te preguntaba que cuánto quieres vender. ¿Amigos, conocidos, desconocidos, tu ciudad, tu comunidad autónoma, tu país, el mundo entero? Decídelo mirándote el bolsillo, porque nadie arriesgará por tí y por tu libro. Lo siento si soy demasiado realista, pero escribir es un negocio cuando quieres vender tu libro.

Vamos con AMAZON. Colgar un libro en amazon no garantiza que se vaya a leer ni a descargar. Si nadie te conoce, nadie lo leerá. La publicidad te la tienes que pagar tú de tu bolsillo, incluso ni eso. Este tipo de plataformas de libros (hay unas cuantas por ahí) ofrecen un hueco en la web para que cuelgues lo tuyo, la gente se lo descargue y al escritor le den unas “regalías”, un dinerito por libro. Evidentemente, el escritor no arriesga mucho (la publicidad si se la quiere pagar), y la plataforma arriesga todavía menos, pues tampoco tiene por qué publicitártelo. Ellos (y tú, mi querido juntaletras) ganan algo gracias a tus amigos y conocidos, que suelen ser los primeros que se animan a leerte. Eso es fundamental.

La gran ventaja de amazon, en mi opinión, es que permite descargas en cualquier lugar del mundo. Y eso para los que escribimos en lengua castellana es una ventaja. Pero hay que publicitar el libro también en México, Colombia o Estados Unidos, por ejemplo, para que te lean allí. Lógicamente necesitas una página web, o un blog, estar en las redes sociales y crecer en relaciones para que te vean y te conozcan. Un blog, algo para ir haciendo amigos… para que cuando alguien quiere saber de tí y de tus libros te encuentre y te descubra como un nuevo escritor.

Amazon tiene también la ventaja de que fabrican libros en papel según la demanda del usuario. Y tardan no demasiado en llegar a cualquier rincón del mundo. La calidad de tales impresiones bajo demanda no son demasiado buenas, aunque se puede revisar y controlar el proceso de edición con cierta facilidad. Pero es igual que lo anterior. Si nadie conoce el libro, nadie lo comprará. Incluso poniendo el libro gratuito en internet, la gente no se lo descargará si no lo conoce. Además, hay un exceso de oferta de libros gratuitos en la red.

AUTOPUBLICARSE es una opción que yo he hecho con bastante éxito. Cada vez más gente se lanza a ello. El precio se calcula multiplicando por cuatro (a veces por tres para que salga barato) el coste de cada ejemplar. Tú fijas el precio, buscas una editorial imprenta que se dedique a ello y pides presupuesto. Yo he trabajado con UNO Editorial y con Ambrosio Rodríguez y lo hacen bien.

El problema de autopublicar es vender, no fabricar el libro. Las librerías son las tiendas donde se venden libros, pero las librerías no pueden poner miles de libros en sus escaparates. Tampoco los libreros tienen porqué recomendar tu libro cuando a ellos les da igual vender uno u otro. Las montañas de libros que usan en carrefour, el corte inglés o la casa del libro son medios de publicitación. Realmente no venderán ni la cuarta parte de esas torres, pero es la manera de que cuando un comprador entre en una tienda se fije en esos libros. ¿Qué libros son esos de las montañas de libros y del escaparate? Lo has adivinado, los de las grandes editoriales, que generalmente son lo de los autores más conocidos. De nuevo la publicidad. Y es que esas editoriales pagan pasta por tener su montañita en la entrada de la tienda.

Por cierto, las librerías suelen llevarse un 30% del precio del libro.  Te tocaría llevar el libro tú mismo a la librería, porque si buscas una distribuidora que haga ese trabajo (es la opción que acabé teniendo) te pedirán el 50% o más, y ellos darán su parte a las librerías. Por supuesto, los libros que no se vendan te los devolverán y se almacenarán por si alguien los pide. Nadie lo va a pedir si nadie sabe que existe tú libro.

También se puede vender el libro directamente, y te llevas todo lo que ingresas por venta. es la manera de ir pagando la edición. Cuantos más ejemplares hagas, más tienes que vender, porque más te costará recuperar dinero.Yo me lancé con 200 ejemplares, y luego he ido haciendo más y más (de 50 en 50) según se han ido agotando. De esto hace ya cuatro años. Autopublicarse hace que el libro no se agote tan pronto como en una librería, pues tú lo mantienes vivo si lo sigues vendiendo y publicitando, aunque es difícil.

¿Qué dónde se venden libros autopublicados?

Las presentaciones ayudan a vender libros, las firmas en librerías y las promociones personales que se haga en medios de comunicación mucho más. Cuanto más salga uno en prensa más se vende un libro, cuanto más se publicite uno, más libros venderá. Normalmente los amigos y conocidos suelen comprarte el primer libro, y en ocasiones, si va bien la cosa, habrá gente que le gustes y que compren todo lo que saques. Los lectores mandan. Pero el universo en el que nos movemos será limitado. Tan limitado como el mundo al que tu libro llega realmente y es conocido. Recuerda: nadie compra algo que no sabe que existe. Si eres conocido en tu ciudad, venderás allí, pero no en el resto del planeta.

Tampoco los grandes escritores (los conocidos en España me refiero) venden demasiado. El pirateo los está machacando, y además están controlados y sometidos a las presiones de las editoriales para que escriban más como Dan Brown que como Marcel Proust. De la escritura no se mantiene casi nadie. La mayoría son periodistas o tienen otras profesiones más estables. Yo soy profesor, como has podido comprobar.

Otro campo, los PREMIOS. Los premios literarios siempre son interesantes y agradables de recibir. Muchos de ellos están amañados por las grandes editoriales para darlos a autores que ya venden, y que de esa manera van a vender más. Fíjate en los que ganan los grandes premios en España… casi todos son grandes editoriales que ponen a competir a SUS escritores. Forma parte de su publicitación. Si no estás en ese círculo, no conseguirás demasiado. Pero hay otros premios, los medianos y pequeños, que suelen ser más libres y auténticos, y que dan satisfacciones. Yo no suelo ir tras ellos, pero están bien y permiten la libertad de escribir lo que te apetezca, aunque eso no te garantice ganar. Los AGENTES LITERARIOS son parecidos a las editoriales, solo que querrán sacarte el dinero dándote unos consejos para que tu libro sea mejor libro y se venda mejor. O sea, más Dan Brown. Hay de todo, pero es un mundo cerrado donde hay que vender productos llamados libros.

Por cierto, si publicas en amazon, ya no puedes optar a esos concursos, pues dejan de ser obras inéditas.

¿Mi consejo? Disfruta escribiendo, y escribe para que “alguien” disfrute leyendo. Llegar a unos pocos, o a unos muchos, es lo de menos. Cuando hay una buena historia que contar, y hay palabras hermosas para hacerlo… ¿a quién le importa lo que opinen el mundo?

 

 

 

 

¿Libros de texto gratuitos? No, gracias.

Me reconozco a contracorriente de las tesis que proclaman que hay que dar gratis los libros de texto a los niños. Es la que defiende el sindicato de padres de izquierdas CEAPA, y a la que se apunta la gente sin demasiado criterio. Todo gratis, que nos den que estamos necesitados de todo. Es la tesis del pedigüeño, del que ratonea por un plato de sopa, cuando tiene en casa un jamón colgado. Lo siento pero no. Los que se da gratis, termina por no valer nada. Y hay libros de texto que valen oro. Joyas auténticas. Mejor que se quiten el fútbol de pago, coño.

Ya sé que está de moda socorrer a los padres con becas. Vale, si se necesita dinero porque no se tiene, vale. Pero los libros cuestan dinero a alguien, y la cultura de la gratuidad, del intercambio y del usar y ceder a otro, termina haciendo de los libros una especie de objeto olvidable, como si fuera una mochila, un estuche, la tableta o un sombrero viejo. No me parece. Mejor que proclamen la conexión a internet gratis para la humanidad, o que subvencionen los pinchos en los bares. Que no. Que un libro es otra cosa, y no precisamente de usar y tirar. No es un profiláctico, ni un abono de tele de un año.

Yo guardo varios de los libros de texto de mi juventud, los más valiosos, que se han convertido en auténticas reliquias culturales. De hecho me he arrepentido cientos de veces haber “prestado ” (ya no volvió) un libro de Literatura Contemporánea de COU que era cojonudo. Mejor que una enciclopedia. Era sencillo, claro y didáctico. Se podía repasar cientos de veces y no caducaba, entre otras cosas porque las humanidades no caducan nunca. También he vuelto a revisar los de filosofía de aquellos años, los de historia, los de latín, y muchos otros. Cuando en algunas ferias de libros de ocasión examino los viejos libros de texto, me doy cuenta de lo bien hechos que estaban, de los sintéticos que eran, de lo claros y límpidos que presentaban los temas. Por desgracia, no hay muchos. Y los que se hacen ahora están demasiado pensados para satisfacer a los grupos de presión de nuestra sociedad, desde las feminazis hasta los nacionalistas y los animalistas.

Añoro mis viejos libros, y me parece que eran los mejores. No porque fueran en los que estudié, sino porque están muy bien. Infografías buenas, fotografías fantásticas, cuidado editorial y esmero en su preparación. Mapas estupendos y esquemas y síntesis para quedarte con lo más importante. Pasados unos años, volvías a ellos y siempre aprendías cosas. Era como despertar a una información que se había dormido, que simplemente la habíamos memorizado en espera de años de madurez, donde el recuerdo fuera capacidad para comprender y relacionar lo que uno descubrió un día.

Pero aquellos buenos libros de texto han ido desapareciendo. Primero fueron las grandes superficies que tiraron los precios. Muchas librerías dedicadas a los libros de texto tuvieron que reordenarse o desaparecer. La Ley del Libro, donde el precio del libro no puede ser modificado por el vendedor, llegó tarde en España. Por entonces, el marasmo de legislación educativa había hecho mella en los editores. Se sacan proyectos educativos que más parecen hechos para satisfacer a la clase política local y particular que a educar y a enseñar cosas. La culpa no ha sido del todo de los editores, creo yo; sino de los legisladores que se empeñan en meter su coletilla de género, su rollito de igualdad, su tontería nacionalistas, y los pobres editores cada vez los sacan más deprisa y con peor calidad. Que se lo digan a los escritores de libros de texto (generalmente profesores), que trabajan a destajo y a contrareloj cada vez que hay una reforma educativa.

Lo último en el desastre educativo está en no vender el libro, sino el acceso electrónico a un libro electrónico con fecha de caducidad. Es la solución que están dando, por desgracia, los editores, con el beneplácito de los partidos y sindicatos de la cosa nostra. La moda de las nuevas tecnologías de la sumisión, que lograrán en no mucho tiempo que todos repitamos lo mismo, está logrando que no haya libros de texto, sino tabletas. Es decir, se vende el libro para tablet, la licencia mejor dicho, con una clave que es tanto como decir que tiene fecha de defunción. O te lo estudias o te lo tendrás que comprar otra vez el próximo curso. Y por supuesto, y esa es la tragedia, nunca podrás volver a revisarlo, no podrás repasarlo el próximo año, ni en los venideros. Se murió el texto. No hay pruebas, no hay delito. No traspasaremos el libro a otro, porque no habrá libro. Il est disparû, que dirían en Francia.

Por eso me encanta, cuando salgo al extranjero, hojear los libros de texto de Portugal, de Francia, de Alemania. Me da que los hacen mejor que aquí; y digo yo que será porque las autoridades educativas no están deseosas de que los alumnos se los pasen de un curso a otro, sino porque piensan, como lo creo yo, que un libro de texto es para toda la vida. Por eso no puede ser gratis. Gratis son los apuntes de clase. Digo yo.

 

 

LAS MIERDAS QUE LEEMOS Y SUS CONTENEDORES.

Twitter está que se sale de poesía, y es que últimamente se lleva mucho la frasecita chorras, la que se supone que hace estragos de inteligencia entre la población, y que es soltada enigmáticamente por un fulano conocido en su casa. Es como soltar citas clásicas de la antigüedad pero evacuada por gente que no se ha leído un libro en su vida. Cosas como: “el amor es el pozo de la vida”, “cuando llega la soledad no tengo más remedio que sumergirme en el mar”, y pasteladas por el estilo, que digo yo que están hechas por adolescentes mentales, de los que escriben con faltas de ortografía y presumen de una sensibilidad especial.

Pero enfín, no me voy a meter con ese nuevo foro de poesía, sino con la lectura de peso. El libro con mayúsculas, porque hoy los libros están minusculados por culpa de la invidencia en el sector editorial.

Estoy leyendo Ana Karenina, del ruso Toltoi. Es verdad que tal como están las cosas por Crimea, a algunos les parece un delito entregarse a la causa de los maestros rusos, pero es que la literatura no tiene fronteras tan angostas como las mentalidades y las ideologías de pose.

Estoy disfrutando leyéndolo, y lo hago en un formato perfecto: el libro de papel y tinta, con tapa dura, y magnífica traducción. Es de la editorial Aguilar y es el segundo tomo de las obras completas de Toltoi, comprada en un quiosco salmantino del barrio de Pizarrales hace no demasiados años. Su lectura es perfecta: se necesita sillón, taza de váter o silla, pero nunca defrauda. No entro en el romanticismo de pasar las páginas, sino en la literatura misma. Como viajo frecuentemente tengo el mismo libro en formato electrónico, un kindle, para más señas y dando publicidad gratis. Pero es una mierda con perdón para las mierdas. Los libros electrónicos están hechos para leer basura, y a los hechos me remito.

La traducción que tengo en el ebook es bastante penosa, se juntan capítulos, y de repente aparecen páginas con una palabra por renglón. Está bajado de una página barata, de los de euro y medio por libro, la misma que te advierten que tienen cookies (putas en inglés ¿?) para orientarte en tu compra y en tus gustos. Se jactan de que es más barato, de que así los pobres pueden acceder a la cultura, como si pudiéramos los pobres leer en esas condiciones. Yo creo que confunden el contenedor de plástico con el papel, la basura con el reciclado, y la mierda con el abono. Y además te lo quieren vender como que es el futuro. Y yo es que me cago en el futuro, porque siempre termina llegando.

Leer en formato electrónico es como ver telebasura y deportes por la tele, es una experiencia mundana y cutre que pocas veces te produce la satisfacción del libro (o campo de fútbol) de toda la vida. Se almacenan libros y libros, y más libros que nunca se van a leer, pero que se tienen porque son gratis. Y cuando un libro lo venden por dinero, no vale ni lo que pagas. Leer en formato electrónico está hecho para el metro, el autobús, que como estás ocioso y te aburre la radio, pues te entregas a la novelita de toda la vida, pero que parece que es la hostia.

No quiero ser injusto, pero el otro día intenté leer un libro que me regaló un señor murciano por internet. Gracias a Dios tengo muy buena idea de Murcia, porque al fin y al cabo un pedazo de mi vida pasa por Yecla, y a mucha honra; porque el libro era diarréico. Hay tanto cursillo de cómo escribir, que cualquier ignorante te hace un libro. Agrega intriga e inventiva teológica a lo Dan Brown, y a repartir mierda en lata. Cuando andan cavernícolas con el sexo, te escriben las Cincuenta sombras del Gay ese, y así andan, como Jackson Pollock, soltando pinceladas de caca por un lienzo arrugado.

Los libros que se publican, cada vez se parecen más a lo que nos hechan por televisión: programas y programas para entretener a las amas de casa (literatura femenina), cadenas de programación infantil (literatura infantil con historias sorprendentes), programas de chistes (esto en twitter hay mucho) y demás. Pasarse por una librería es como zapinear, carteles gigantescos ofreciéndote el último detritus de la temporada (las almudenas, pancoles, y juego de tronos crepusculares con ribetes de Pérez Reverte para que parezca esto algo serio y plural), y luego pequeñas joyas por las estanterías perdidas y descatalogadas. Para los primeros libros aconsejo descargarlos gratis de la red, para la bisutería recomiendo el papel.

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