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Artistas libres; artistas controlados.

Cuando a un artista se le encarga una obra, la ejecuta y cobra. No hace lo que quiere, pero gana dinero. En este mundo del arte, el que paga, manda. O mandaba. Así ha sido durante mucho tiempo en el mundo del arte, de los artistas y de los escritores. Por eso, amigo lector, si quieres vivir de esto, tienes que buscarte un mecenas. O ser independiente y funcionario.

Te recuerdo que un mecenas es cualquiera que te da dinero por lo tuyo. Puede ser un lector o amazon. El problema es que a veces la obra no gusta mucho cuando es terminada, o que gusta pasado un tiempo, o que no es ubicada donde te esperabas.

Me cuentan que a veces el cuadro no hace juego con el tresillo de casa porque es de colores apagados, aunque también hay casos donde el pagador se “pasa” de cuando en cuando por el taller del artista y le da instrucciones, aporta su visión de lo que debe ser, y lo que considera que está bien o mal según su criterio y su bolsa. Poderío, que se llama. Sí moana, dice el artista. Mejor colores claros que hagan juego con el tresillo. Lo que usted mande, señor editor.

Lo dicho, tú eliges, o independiente o lo que diga el jefe.

Esta visión no está tan superada como podría parecer. El que paga sigue mandando, y salvo que un artista tenga una familia con pasta, le tocará plegarse a las exigencias de su jefe.

Hoy los que pagan son muchos (lectores y compradores) y piden que tu obra sea agradable, rentable y que valga algo, aunque sea en el futuro. Que no es poco. Ya saben, si no gusta tu cuadro al propietario de la galería de arte, siempre puedes venderlo a tus amigos, conocidos, despistados y turistas manirrotos. A veces te lo compran pensando que vas a ser famoso en el futuro. Ya está. Se lo vendes.

A los poetas siempre les queda un último recurso. ¡Amigo escritor, si tu poesía no le gusta a tu editor, siempre puede declamarla en el Campo Grande de Valladolid a los pavos reales! No pasa nada. Así empezó Clarín y terminó suicidándose.

Cada uno tiene su caché y para no amargarnos, nos recordamos una y otra vez que van Gogh no vendió una morcilla en su vida, y que mira ahora. Lo descubrimos tarde. ¿Seguro? Digamos que generó dinero tarde, cuando el pobre ya había palmado y no podía hacernos cientos de cuadros de girasoles similares. Si le hubiéramos pillado a tiempo…

Pocos artistas ha habido en la historia del arte que hayan sido verdaderamente libres. Pero los ha habido. Casi siempre responden al creador que ha logrado alcanzar un estatus y reconocimiento a partir del cual, hagan lo que hagan, tienen éxito y son apreciados. Dejan de ser deudores de sus intermediarios, e incluso de su público. Hacen lo que quieren, desde el punto de vista creativo, y todo se les perdona y se les compra. Porque son de fulanito.

Esto permite a los autores liberados crear sin cortapisas, construir su obra, pintar lo que les da la gana y como les da la gana. O escribir lo que les parezca sin que nadie les diga lo que tienen o no que hacer. Así le sucedió a Victor Hugo, pero no a Cervantes ni a Shakespeare.

Siempre me hace gracia que los mismos que coartan en el presente la libertad de sus artistas en nómina, son los que afirman guardar un amor desmedido por lo que hicieron los genios con toda la libertad del mundo. Y así encontramos al mismo editor que rechazó “Cien años de soledad” o abomina de “Marcel Proust” dando lecciones de lectoescritura a una camarilla de adláteres escritores que trabajan sometidos a él en la editorial equis. Ese mismo editor es además el que otorga los títulos de buenos escritores a los de su pesebre con la concesión de suculentos premios. Si les dices algo te contarán que si el mercado patatín, el mercado patatán. Y que ellos defienden el arte. Pero no es verdad. Lo esquilman sin sostenibilidad para el artista.

Picasso pudo pintar lo que le daba la gana cuando tuvo un estatus de pintor genial. Antes no, pero luego sí. Lo mismo le sucedió a Dali, que firmaba lienzos en blanco para incrementar su cuenta corriente. En la música popular, los Beatles decidieron dejar de actuar en directo y pasaron a experimentar en el estudio de grabación de Abbey Road en Londres, entre otras cosas, porque estaban hasta los mismísimos tarantinos de dar conciertos donde no se escuchaban ni a sí mismos desafinar del griterío que había. Hasta aquí hemos llegado, Paul, dijeron. Y se acabó. Y tres años después “Let it be”.

Los Beatles hicieron lo que quisieron, experimentaron e inventaron como quisieron. Revolucionaron gran parte de la música, y siguieron vendiendo discos. Son seguramente sus mejores discos, los menos comerciales y los más interesantes. Si no hubieran sido tan famosos, no habrían editado ni la mitad de sus discos, y hoy serían un grupo más de los muchos que hubo en los años 60 por la pérfida albión. No habrían salido de su pueblo, vaya. Por muy molonas que sean sus canciones no tendríamos la psicodelia del Sgt Peppers, ni el album blanco, ni habrían llegado a cruzar Abbey Road, frente a los estudios Apple, que ellos mismos fundaron.

El otro día me contaban las penas de varios escritores consagrados, teóricamente consagrados y conocidos. Escriben lo que todos esperan que escriban. Si han parido una novela histórica buena tienen que escribir una trilogía. Y cuando tienen una trilogía, otra segunda parte de la trilogía. Y así se pasan su vida de artistas escribiendo lo mismo que una vez escribieron. Son envidiados por el resto de escritores; pero es curioso que muchos escritores consagrados envidian a los que no tenemos tanto éxito, entre otras cosas porque disfrutamos de libertad para escribir lo que nos sale del prepucio, el pucio y el pospucio.

Ellos viven de escribir, o mejor dicho, viven de reescribir aquello que les dio éxito, y lo reescriben una y otra vez. Nueva novela del año, la última de fulanito. Y es igual que las anteriores, incluso peor. No tienen el suficiente éxito para escribir lo que quieren y en ocasiones se van autodestruyendo. En cambio los pequeños escritores que no vivimos del tema, podemos escribir más libremente, aunque tenemos que alimentarnos de otro empleo para sobrevivir.

Es curioso que haya sido así en la historia de la literatura de manera tan generalizada. Abundan los escritores militares, periodistas, profesores, funcionarios, hijos de papá, etc.

Los artistas de nuestro tiempo están controlados por el pensamiento políticamente correcto. Pero también por los grandes inversores de arte, gente que ha construido una maquinaria para vender y comprar arte, libros o cuadros al por mayor. Esa maquinaria tiene mucho que ver con la política y las ideologías del mercado democrático. Artistas de izquierdas y artistas contraculturales. ¿Les suena? Hay público para todo, es verdad, pero los grandes del negocio quieren productos de bajo coste y mucha venta. Por eso hay arte basura, arte para usar y tirar, arte mercado y arte clandestino. Libros basura y libros de usar y tirar.

Por eso muchos artistas hoy se rebelan. Autoeditan sus discos, sus libros, sus novelas y su pintura. Son los nuevos genios que no quieren someterse al viejo mecenas, ni a las viejas formas.

Yo quiero ser uno de ellos. Como los poetas, que son los más libres de todos. A ellos les basta con compartirlo en las redes sembrando luces de belleza donde antes solo había caos.

 

 

Escribir en España es llorar.

No me quiero poner dramático ni histérico. Pero escribir en España es una tragedia. Les cuento por qué y luego nos tomamos unas cañitas. Venga, a su salud.

La primera tragedia es intentar vivir de lo que escribe. Son cuatro los que lo logran, a costa de estar hasta las narices de sus editores, agentes y demás público exigente que presiona y presiona hasta que vuelven a escribir la misma novela que tuvo éxito hace dos años. Si escribiste un día novela histórica y le fue bien a la editorial, estás condenado a no poder escribir nada más en tu vida. O si lo haces, será como empezar de cero, sin padrino y sin abuela. Por eso somos cientos de escritores los que vivimos de otra cosa. Muchísimos somos profesores y docentes, y otros muchos periodistas u otros oficios. Gracias a eso podemos escribir y comer. Lo que pasa es que no estaremos fácilmente en los circuitos de muchas editoriales, que buscan gente dedicada en cuerpo y alma a promocionar mi libro. O mejor dicho, el libro de la editorial, que son los que invierten y los que gana dinero con nuestro “oficio”.

Conocí a un escritor que me contó que se salió del circuito de su editorial. Le “obligaban” a ir a presentaciones de amigos escritores, a perder el tiempo con gente que ni le interesaba ni le decía nada, y encima tenía que escribir lo que no le apetecía escribir para seguir vendiendo lo que ya se vendió una vez. Me dijo que era un hartazgo, que ganaba dinero para otros, y que no era el único. Me habló de varios compañeros de profesión (que vivían del tema), algunos hasta conocidos por el público. Estaba hasta las narices de acumular consejos de gente que odia la buena literatura y que te obligaban a escribir la segunda parte, continuación, lo que fuera de “esa” novela que tanto les gustó a unos pocos. El tío me envidiaba: “bueno, al menos tu escribes lo que quieres”.

Y pienso en muchos escritores de hoy que parecen escribir el mismo libro una y otra vez. ¿Por qué hacen eso? Ahora me lo explico.

Segunda tragedia. Las editoriales apuestan por un tipo de escritores con marca de fábrica. Es sospechoso que todos los autores que triunfaron en los años setenta y ochenta (casi todos) sean amigos de la izquierda, simpatizantes del Partido Comunista y demás. Antes se llevaba ser izquierdoso, rojetilla de jersey de cuello alto, gafas culo vaso y pantalón manchado de restos seminales. Ahí están los Goytisolo, los Marsés, Vázquez Montalbanes y Caballeros Bonales. Serán buenos escritores, no lo discuto, pero que hicieron su carrera gracias a sus amigos del partido, también. Algunos de entonces se salvaron del politiqueo, pero otros hoy no los conoce ni el tato, a pesar de haber sido geniales, incluso mejores que los escritores oficiales del régimen cultureta. Castillo-Puche sin ir más lejos. ¿A qué no les suena? Pues eso.

Ahora la marca del escritor que busca las editoriales ha cambiado. Aquellos daban grima, y fumaban como colachas. Por eso ahora prefieren a las féminas, les encantan las escritoras luchadoras que venden universo de mujer que lucha por conseguir un puesto en un mundo tan duro. Escritoras de treinta y cuarenta. Ni jóvenes (salvo que sean pijirebeldes, que entonces sí, si venden), ni mayores, que van a parecer beatas de misa. Se vende la literatura femenina, y eso lo tienen que escribir las chicas. Ah, claro, era eso. Me temo que el resto de escritoras y escritores nos movemos en las pasarelas de lo inadvertido si no hablamos del tema que toca. Del único tema que toca ahora, claro. Si no escribes una novela con alguna lesbiana o gay por medio, o algo de un par de mujeres sufridoras  en una novela negra, no eres nadie en el mundo de las letras.

La tercera tragedia está en los Premios. Los premios son un invento de las editoriales para vender y promocionar sus propios libros. Los negros que leen los tochos que les envían suelen ser agentes editoriales vinculados a esos premios y editoriales, los cuales hablan con sus escritores para que presenten tal o cual cosa. Esos tipos, generalmente tipas, son muchas veces gente joven que no tiene ni un poso cultural para hacer la criba. Pero eso no importa, porque hacen el filtro, para que no se cuele nada que no sea comercial y vendible. Los cánones son los de la actualidad. No es casualidad que casi todos los finalistas de equis premios sean escritores de la misma editorial que convoca el premio. Luego salen en los medios asombrados. Ya claro. Es como un concurso oposición, donde gana el amigo del sindicato. No hablo solo de Planeta, Nadal o los Ateneos, es que no hay un premio medianamente remunerado en España que no funcione así. Hoy por tí, mañana por mi. Así llegaron algunos escritores que hoy todo el mundo lee y celebra, y olvida en cuanto fallecen. Y no me extraña. Algunos no llegan a escribir ni tres libros en toda su vida. La licuadora saca el zumo y abandona las colfas de la naranja cuando los ha exprimido. Ah, que rico el zumo; y corre, bebe rápido que se le van las vitaminas.

¿Sigo? Venga, un poco más.

Cuarta tragedia. Abundan las editoriales timadoras. Como lo oyen. El mundo está lleno de tipos sin escrúpulos que te ofrecen grandes negocios donde tu pones todo, pagas todo, y ellos te aplauden por vender libros a tus amigos. Viven de la ingenuidad y de la vanidad de muchos escritores cuyo principal delito es tener ganas de triunfar. Les sacan el dinero cuando envían el manuscrito, les sacan el dinero para que lo editen, y les sacan el dinero para venderlo, porque se quedan con sus porcentajes.

Ante este panorama, que haya pocos lectores es casi una suerte, decimos algunos con ironía.

La quinta tragedia es que a la clase política, les importa este tema una mierda. De hecho, obligan a los escritores de cierta edad a elegir entre cobrar su pensión o cobrar por derechos de autor. Pues eso, que se jodan los escritores y que no escriban cuando se jubilen. Ahí es que lo clavaron. No es extraña esta actitud, porque muchos políticos no leyeron ni los apuntes de clase cuando tuvieron oportunidad. Y se les nota. Hay que leer, dicen. Sí claro, la mierda tuya y con letras de molde.

Sexta tragedia. Escribir un libro es fácil, relativamente fácil. Pero escribir muchos es costoso, y requiere mucho tiempo, a veces muchísimo tiempo y sinsabores. El arte no tiene prisa, y es esfuerzo de escribir es inimaginable para el que no se dedica a ello. Muchos escritores hacen un libro para sentir que son capaces de escribir un libro, y lo consiguen, pero no vuelven a escribir en su vida el segundo o el tercero.

Los verdaderos escritores sentimos la necesidad de escribir y seguir escribiendo aunque no publiquemos fácilmente, o aunque guardemos el manuscrito bajo llave, o aunque autopubliquemos y saquemos quinientos ejemplares cada dos años. El número no importa, y el éxito no depende de nosotros.

Dicen que el problema no está en el escritor frente al folio en blanco, sino en el mercado; y en parte es verdad. Hay muchos escritores vendiendo lo suyo, y los hay de todo tipo. Hay miles de escritores malísimos y mediocres; y hay menos que son normales e interesantes, incluso excelentes. Lo que vende cada escritor, no está en relación con la calidad de sus escritos. La historia de la literatura ratifica esta verdad. Es triste que se reconozcan a algunos artistas más cuando mueren que mientras viven. La pléyade de gilipollas dice entonces que eran avanzados a su tiempo, lo que es siempre mentira. Eran de su tiempo, pero no hubo nadie con luces a su alrededor.

¿Qué puedo decir de esto? Muchos “best seller” son malísimos y mediocres, y por desgracia, los escritores que considero excelentes y buenísimos están compitiendo con una abundancia enorme de títulos que se publican al día de escritores malos o muy malos. Es difícil visibilizar la calidad, incluso para un librero, que no tiene tiempo de leer todo lo que le llega a  la librería. Cada tres meses cambia el escaparate y el interior de la tienda. Por eso no se escapan ni los escritores muertos a la tragedia de su olvido. Incluso los excelentes son olvidados, salvo que alguien los siga publicando, promocionando y aconsejando.

¿La séptima tragedia? La vida mercantil de un libro es de menos de dos años, y normalmente es un producto de temporada. A los seis meses está quemado; a los dos años es libro de viejo; y a los cien son del dominio público y no hay derechos de autor.

¿La octava tragedia?

No sigo. Habría que hablar del pirateo, de lo poco que lee la gente, de la competencia que tenemos con las series de la tele, o con la baja calidad de lo que lee la poca gente que lee. Pero no voy a seguir. Tengo pendiente continuar disfrutando de Marcel Proust y las chicas en flor. Así qué… me piro, vampiro.

Acabo, venga. Les cuento, mis queridos lectores, que yo escribo, me autopublico y tengo gente a la que le encantan mis novelas. No pierdo dinero, y ya es bastante. Por eso estoy satisfecho y seguiré escribiendo. Mi tragedia es que no saldré de los parámetros ostracistas a los que me ha sometido el mercado; lo cual que convierte en un escritor libre, con proyección internacional, y lectores en todo el planeta. Quién quiera (se entere y me conozca) me puede leer.

Y eso, en los tiempos que corren, es mucho.

 

Zuckermann encadenado, de Philip Roth. La novela de las neuras de los escritores

El pasado mes de mayo murió Philip Roth, un escritor norteamericano de origen judío. Me enteré de la noticia por el homenaje que le hicieron en la televisión francesa. En la española creo que ni lo mencionaron, pero no estoy seguro porque tampoco la veo mucho. El caso es que en Francia sí le dieron cancha, y pude visualizar la última entrevista que dio en su hogar en USA. Una entrevista de más de una hora, que me encantó. El hombre se había retirado, había dejado de escribir bajo un argumento demoledor: no tengo nada nuevo ni interesante que contar. Ya he contado todo. Ahí están mis libros. Llevaba varios años sin escribir, y sin que le hicieran entrevistas. Feliz, supongo.

La sentencia me pareció implacable y me recordó a Miguel Delibes, y es que escribir es siempre algo muy costoso, y no siempre gratificante. Luego están los lectores, que no siempre son respetuosos, y por supuesto las críticas y las incomprensiones de la obra, que también proporcionan dolor de cabeza cuando se traspasan ciertos límites. Por eso me abrumó su sinceridad, pero también su inteligencia y el dolor que arrastraba como escritor, como escritor y como judío rechazado por el sionismo radical.

Roth es alguien que ha contado cosas, que no ha escrito por escribir. Es la prueba de que los libros no duran lo que las editoriales les dan de vida (nueve meses de novedad, y dos años para los libros de viejo). Roth es la prueba de que un escritor es un transmisor de ideas, y no una fábrica de tontadas banales. Imaginé a alguien parecido a Saramago, y no anduve muy desencaminado.

Me leí en verano un primer libro donde dialogaba con otros escritores y pensadores judíos, escrito por su mano. La obra se titulaba EL OFICIO: UN ESCRITOR, SUS COLEGAS Y SUS OBRAS. Y luego, como me dejó un regusto dulce, me atreví con su monumental ZUCKERMANN ENCADENADO, que son tres novelas en una, más una novela corta. El principal personaje es un tal Zuckermann, un personaje-escritor inventado por Roth, que es un reflejo bastante aproximado (no deja de ser una novela) del mismo Philip Roth.

La novela no la desgrano, se lo dejo al avezado seguidor de este blog que le apetezca disfrutar con los relatos y las neurosis divertidas de Zuckermann. Así que me entretendré mejor pensando en voz alta lo que me ha sugerido.

Es algo archisabido, pero no siempre todo el mundo es consciente. Los escritores no son los personajes de sus novelas, aunque se parezcan mucho a su padre eyaculador. Si uno escribe una historia cuyo protagonista es un psicópata asesino, no hay porqué encerrar al escritor. Ni mirarlo de reojo. El asunto me viene al caso como anillo al dedo (que diría don Quijote), hay escritores que afirman que es mejor no conocerlos, porque decepcionan. Igual hay alguno psicópata, me temo. El otro día, sin ir más lejos, con un compañero de trabajo comentaba el prejuicio que genera conocer al escritor a la hora de leer una novela. La sexualidad de los personajes, las relaciones sanas o insanas, los sueños y los anhelos de los personajes son tomados como reflejo del que escribe; y viceversa. ¿Cómo puede un tipo tan apocado escribir tan encorajinado? Lo dicho, si no se le conoce hay menos prejuicios a la hora de abordar el libro. Es como si juzgáramos a los hijos viendo a los padres; y viceversa, como si imagináramos a los hijos con solo tomar una cerveza con su padre.

Segunda cosa. Los libros son hijos concretos del autor. Es decir están sometidos al tiempo y al espacio. Son hijos del escritor de un momento de su vida. Luego dejan de ser suyos. Los libros se interpretan, se convierten en símbolos, se destruyen, se odian y son olvidados por los escritores, a veces tanto o más que por los lectores. No conozco (ni he leído) a ningún escritor que diga que escribir sea fácil. A alguno incluso le persiguen sus personajes durante años. Puede ser entretenido, visceral, placentero por momentos; pero también es tedioso durante años de trabajo escondido y silencioso. Escribir requiere pensar mucho y crear mucho. Más de lo que parece. Tras las páginas de un libro hay revisiones, silencios, y me atrevo a decir que lágrimas e impotencias inimaginables. Los personajes se rebelan, y las historias no siempre osn buenas.

Añado sin rubor que todos los escritores guardamos libros que nunca publicaremos. Todos tenemos libros monstruosos que nacieron con dos cabezas, que son insostenibles. Quizás malos o avergonzantes. Los libros muestran el ADN de su progenitor, y no siempre exhibir las miserias es agradable para los pecadores. Dicho queda.

Y una tercera cosa. Los libros se escriben para ser leídos, tanto por la gente cercana como la lejana. Con los que uno nunca se va a cruzar no pasa nada, el problema son los parientes y amigos cercanos. Tal desnudo requiere un grado de libertad interior y de compromiso con uno mismo que confieso no haber alcanzado. Me explico: si yo hubiera escrito “50 sombras de Gray” tendría problemas con mis vecinos y con la familia. Y Roth tuvo problemas por escribir EL LAMENTO DE PORTNOY, que es la historia sexual de un onanista judío en Estados Unidos. Por eso me admira su osadía y sus agallas.

Igual que Zuckermann, todos los escritores estamos encadenados a nuestros miedos. Y eso es un gran descubrimiento para un escritor como yo. Gracias Roth, y descansa en paz. Ahora sí.

 

Un programa excelente de libros y escritores en Francia: LA GRANDE LIBRAIRIE.

¿Por qué no tenemos en España un programa con este formato tan brillante y sencillo? Supongo que es porque las autoridades del sector audiovisual nos desprecian hasta acabar extenuados. Tanto reportero granuloso haciendo aspavientos que parecen malas traducciones de adolescentes americanos saliendo de su villorrio; y sin embargo, no todo está perdido. Al menos no en Francia, donde cuentan con un programa excelente sobre escritores y libros titulado LA GRANDE LIBRAIRIE. Es en el canal France 5, y se puede ver en el canal del internacional vecino previo pago al monopolio “fusión” (como el fútbol). Gracias, gabachos. La revolución fue una cagada sanguinolienta, pero este programa os dignifica. Merci beaucoup.

La estructura del programa, por si alguien no lo ha visto, es bien simple. François Busnel, que además de presentador se lee los libros y se los curra con detalle, se dedica a entrevistar simultáneamente a unos seis escritores. Los temas varían, hablan de otros escritores, de libros de autores no francófonos, de mundos de escritores, de universos lingüísticos, de las filosofías de lo que escriben, de psicologías y experiencias vividas y reflejadas en los libros, etc. Pensamiento y quizás divine gauche, pero bueno, al menos hablan de libros y de escritores, sin censuras y sin alharacas. La primera vez que lo ví, hace unos años, entrevistaban a Roman Polanski; y acto seguido, varias escritoras feministas lo repudiaron. Aunque lo corriente es que se junten alrededor de una mesa baja llena de libros los seis del día. Hablan todos, se escuchan y no se interrumpen. Y da gusto.

Habitualmente, François Busnel, que es el presentador, va entrevistando uno por uno, y él mismo va interviniendo para que nadie quede fuera de la conversación general. Relee algunos párrafos, cita autores consagrados, vivos o muertos, y hace fluir el programa de manera sencilla. A la vez interactúan entre ellos, añaden puntos de vista y respetan los turnos tanto o más que el presentador. Magnifique. Están así como una hora y media, por lo que dedican a cada escritor entre diez minutos y cuarto de hora. Todos hablan de lo suyo sin que tengan que pegarse ni vociferar (a diferencia de los debates españoles de La sexta y Telecirco). El programa queda aderezado con algunos minutos breves, donde varios libreros de Francia cuentan sus experiencias con las letras, los libros que más le gustaron a ellos, o sus lecturas impactantes. En ocasiones hay reportajes especiales sobre algunos escritores norteamericanos, ingleses, franceses. De fondo siempre hay público, de todas las edades, y no solo jubiletas como en España.

Lejanamente en España hizo algo parecido Sanchez Dragó, pero no era habitual que fueran tantos escritores distintos. En cambio, en LA GRANDE LIBRAIRIE los hay mayores, jóvenes promesas, filósofos o historiadores, y todos hablan y comparten sus puntos de vista ampliamente. En España estos programas superan un par de años, como mucho. Más que nada porque parecen no contar con los programadores de la tele, que prefieren concursos y debates políticos amañados a gritos. Los seguidores de Dragó, o de las lecturas y los libros, nos tenemos que conformar con la Milá haciendo de Milá en su librería, o con los de la 2 entrevistando a la Dueñas.

Cuando en España queremos hacer un programa cultural, la primera pregunta que se hace el preboste de turno es si va a aburrir. Por eso los mejores programas culturales los hacen en Canal Sur, donde están cantando el triki triki las 24 horas. De libros nada, o formatos superficiales que no aburran, o no hay programa.

En cambio el de los franceses es una delicia. Aburre a los que les aburre la cultura y a los que no les gustan los libros. Como tiene que ser. A los demás nos encanta.

En Intereconomía, que es cadena también de pago en el monopolio y que está cerca de la France 5, intentan algo más. Hay un programa de libros donde dos paisanos hablan de libros en una librería, libros prohibidos para la cultura dominante, claro. Hablan de Maeztu y tantos otros asesinados por los Republicanos, aunque también se salen de tema y hablan de muchos más libros alternativos. Está bien y se puede ver. Es también muy corto. Y luego hay otro curioso que no lo he visto mucho, porque no sé cuando lo echan. Nos enseñan las librerías particulares y personales de algunos personajes de la tele, gente culta y que tiene buenas librerías y que nos habla de sus joyas. Ese está mejor, pero tampoco va demasiado lejos. La de Alaska y Mario me encantó.

¿Qué más puedo decir? En el último programa del año de LA GRANDE LIBRAIRIE hicieron un homenaje a Philip Roth, escritor norteamericano fallecido en mayo de este año 2018. Redifusión íntegra de la última entrevista que dio el escritor hace ya unos años antes de retirarse. Luego hablaron de él hasta hacerme disfrutar. Me animaron a leerlo, y me está gustando mucho, muchísimo. Roth es un escritor que tiene algo que decir, como el programa de LA GRANDE LIBRAIRIE. Si no pinchara la France 5 de cuando en cuando no saldría nunca del universo Planeta. (Es broma). No recuerdo que homenajearan a Philip Roth en las televisiones españolas, supongo que es porque era judío… (ha, ha, ha, otra maldita broma semita). Y eso que le dieron el Príncipe de Asturias, si no ni lo mencionan en el telediario que no ví.

Buscando un tema, preparando el siguiente libro.

Me identifico con los creativos, con los creadores y con los artistas y genios de cualquier condición. Me identifico con los que agotan su mente buscando una idea, una pequeña y simple idea que nos haga recrear, procrear, policrear y expandirnos. Me identifico con todos los locos del mundo que se obsesionan con lo que tienen entre manos, con los que agotan su tiempo y lo pierden buscando expresar lo que llevan dentro. Gracias a ellos ha sido posible el arte, la ciencia, la técnica y la literatura.

Si no lo hacemos, si no creamos, nos ahogamos en nosotros mismos, nos estancamos y pudrimos como agua pantanosa. Lo nuestro es el agua que corre, la acequia que se lleva la tierra de la orilla, el río señorial y el ancho y precioso mar donde pretendemos desembocar nuestras ideas. Luego nos arrepentiremos, queremos destruir a nuestros hijos, nos aburrirán sin que podamos retocarlos, pediremos perdón por equivocarnos, pero seguiro que pensaremos en la siguiente tarea creadora, en la última y la siguiente que es la más interesante y sugerente. Al menos para nosotros.

Crear supone un esfuerzo. Siempre ha sido así. El ejercicio de crear una obra de arte requiere un estado mental agotador, de obsesión permanente y de trabajo continuado. Las musas no nos visitan, y en cambio lo hace la soledad, el hastío cuando no sale nada, el silencio roto por la incomodidad de no saber, de estar perdido creando, haciendo, escribiendo o pintando, que tanto da. Las noches pensando para parir una idea son tan necesarias en el científico como en el novelista.

Confieso que tengo un buen número de libros escritos, bastantes más de los que he publicado, pero no son suficientes. Primero escribí LOS CABALLEROS DE VALEOLIT como una sola novela. Por razones de venta he tenido que sacar la novela en tres partes, pero realmente era una única novela, una epopeya al estilo Los miserables, Guerra y Paz… Nada más terminarla, empecé a escribir EL ÁNGEL AMADO. Estoy hablando de novelas que escribí hace ya unos cuatro o cinco años.

Luego me entretuve con dos novelas que estuve escribiendo a la vez. Era como si el descanso de una supusiera concentrame y descansar mentalmente con la otra. Estaban (y están bien escritas), pero las he ido abandonando al olvido. La primera se titula ENTRE DOS RAMBLAS, y está ambientada en Tarragona, la ciudad en la que pasé mi infancia. Es una historia de misterio y de amor a un tiempo, más autobiográfica que otras y con varias escenas que me fascinan. Buena literatura aunque los temas sean vulgares. La otra novela que escribí al tiempo la titulé LA ISLA DE LAS ESFERAS, es de ciencia ficción en la Tierra, gentes del futuro que se dan una vuelta por nuestro mundo, y con todos los componentes para hacer pensar al público. Es mi novela más Saramago, supongo, también en el olvido. La envié a algún premio de los que están amañados, y lógicamente no me lo dieron.

Tardé en terminarlas unos dos años, pero luego, cuando ves que el mundo editorial es una castaña pilonga, y que hay más tiburones en el mar que peces de colores, pues te tiendes a desanimar y a refugiarte en más y más escrituras y lecturas.

Continué escribiendo, claro que sí. No podía dejarlo, y empecé otro relato. En mi opinión es el mejor pero es inclasificable. ¿Quién escribiría Cien años de Soledad otra vez? Pues yo, que me gusta escribir y me gusta el realismo subrealista mágico y a la española. Reinventé el estilo, y he inaugurado con esta obra una corriente nueva en la literatura universal. Digo yo que es así, pero no creo que venda mucho a los lectores de novelas de usar y tirar.

Es una obra maestra, eso creo. Pero no alcanzará al número de los selectos lectores de Marcel Proust, que actualmente se encuentran en unos cincuenta por todo el mundo. Así que mejor no publicarlo. los pocos que lo han leído les ha parecido una obra extraordinaria. No se venderá, lo presiento, o será un éxito descomunal. Me da igual. Lo titulé primero NATURALEZA MUERTA, y luego le puse por título LA EXTRAÑA FAMILIA DE ARGIMIRO MONTAÑES. Está ambientada en Yecla, y con ella cambiará la historia de la literatura, modestia aparte. ¿Seguimos?

Tengo recién terminada una última novela de ciencia ficción aventuras muy al uso. Se titula TRAS EL CIELO DE URANO, y seguro que terminan haciendo una película con ella los de Hollywood. Dice mi hermano, que se la ha leído, que habrá cientos de capítulos y libros en continuación, y es que las aventuras son siempre una delicia. Mi madre opina que es como Julio Verne, y no creo que le falte razón.

El caso es que no sé que más escribir. Y tampoco tengo muy claro qué va a ser lo siguiente que voy a autopublicar. De momento voy sacando las entradas de este blog en PALABRAS ATADAS, formato Amazon, pero no termino de darle salida a lo que escribo. Todo se andará.

Tengo, como objetivos próximos, escribir una novela con la vida de la primera madre heroína de la que tenemos noticia: Santa Mónica. Me da pereza empezar. Otra sería continuar con el estilo realimo mágico subrealismo español, pero es menos vendible que un humidificador en el desierto del Sahara. También tengo pensado lanzarme con ls siguientes partes de TRAS EL CIELO DE URANO, pero también me da hartura. He pensado escribir EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO versión propia, mi búsqueda del tiempo perdido en relatos sencillos y profundos. Si Proust lo hizo, ¿por qué no lo voy a poder escribir yo?

En fin, que estoy perdido, buscando tema y preparando el próximo libro. Casi nada.

 

Publicación del libro: PRIMERAS PALABRAS ATADAS.

A principios de Noviembre, entre revisión y revisión de un libro de ciencia ficción que no termino de acabar, me sugirieron que recopilara y seleccionara los artículos y las entradas que he ido publicando en este blog. La idea no me pareció mala, pues muchos de aquellos artículos eran bastante buenos e interesantes, y era probable que tras la maraña de nuevas entradas se perdieran las perspicaces reflexiones que entonces se pudieron hacer.

Ciertamente, llevaba cuatro años en PENSAR, ESCRIBIR, AMAR Y REZAR, y desde entonces no ha parado de crecer el número de lectores y de seguidores. A todos ellos, gracias.

Sin embargo, era la hora de comprometerme y ofrecer una selección, recopilación de aquellos textos, de aquellas palabras atadas.

Empecé a releer con la extraña sensación de mirarme en un espejo, de redescubrirme en un pasado no muy lejano. Era como volver a un viejo diario para encontrarse con inquietudes dormidas, muertas, como regresar a uno mismo, a la tierra donde uno vivió y estuvo.

Encontré ademas que el número de artículos acutales y vivos, trabajados y elaborados, era muy abundante. Lo que me obligaba a acortar la edición que tenía pensado hacer, desde un primer momento, en versión ebook, y que luego he ampliado a versión papel por las facilidades que da la multinacional amazon para editar bajo demanda.

El libro es simplemente lo que es. Una recopilación antológica de las mejores entradas del año 2014. Son las primeras palabras atadas a los lectores y a esta bitácora de escritor, comentadas jugosamente con los sucesos que rodearon algunas de ellas. No están escritas al albur, y algunas de ellas despertaron reacciones diferentes en los lectores, que por entonces era sobre todo de Bembibre, lugar en el que vivía. Muchos leyeron a escondidas las entradas que criticaban y hablaban veladamente de los problemas del instituto donde trabajé. Los primeros artículos virales llegaron en pocos meses, y me sorprendieron. No por lo qeu ponía, sino por lo que la gente pensaba que ponía. En cada uno de los artículos y entradas hago un comentario sobre su razón de ser, su porqué.

Recorrer aquellas páginas me ha emocionado, alterado, enervado, enamorado. Me ha hecho pensar en lo que siempre hemos pensado, lo que siempre hemos amado y buscamos. las palabras escritas ya no se las lleva el viento del Bierzo. Con esta recopilación quedan atadas, al menos para el que quiera reflexionar y pensar con ellas.

Gracias.

 

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Poliartista, polifacético, poliantropoide.

Me reconozco en los hombres del Renacimiento, que son los mismos que los del Medievo, que los de la Antigüedad. Me gusta todo y amo todo saber y todo arte. En realidad, la especialización ha conducido a una mediocridad abrumadora. El catedrático en física cuántica resulta que no lee un libro de narrativa en su vida. Un desperdicio, porque seguramente no dirá nada importante nunca en física, y menos en narrativa. Nadie sabe nada, ni uno no sabe de todo y quiere aprender de todo. Y el narrador de novela negra, que nunca ha sentido el placer ni la atracción por hacer y construir música no deja de ser un juntaletras. ¡Con lo bien que le vendría para montar la película de la novela!

Y es que la humanidad especializada es una humanidad muerta, fragmentada, rota y diabólicamente dividida en su interior. El hombre que busca, el que sabe que no sabe, el que desea aprehender el mundo con su mente y su alma es un hombre polifacético. En el arte se les reconoce perfectamente. Escriben, pintan, cantan y bailan. Dalí hacía de todo, lo mismo que Picasso, igual que Leonardo, o que Aristóteles o Platón, igual que Abelardo, que el arcipreste de Hita, Lorca, Lennon, Averroes y miles más. Gracias a Dios no estoy solo. No estamos solos, porque somos muchos.

En la antigüedad también era así. El médico Avicena era también matemático, filósofo y narrador. Y Julio César no digamos. Además de político y militar se dedicaba a escribir sus hazañas bélicas. Cervantes también era militar, y escritor, y poeta y dramaturgo. Como tiene que ser. De todo un poco y de un poco nada. Newton, por si acaso alguien duda, además de la ciencia se dedicaba a la teología y a la Biblia. Y es que constreñir la curiosidad es no tener curiosidad. San Juan de la Cruz también dibujaba. Lógico.

Por eso nuestro mundo camina a convertirse en un basurero planetario. La especialización nos mata y nos destruye. Nos aliena en lo más profundo. El telediario que no sabe relacionar el hambre en Etiopía con triunfar en Nueva York en Broadway es un telediario manipulador. Colocan las noticias como piezas de un dominó, como si el cuatro no fuera parte del dos. Y así nos va. De incomprensión en incomprensión.

El todo y las partes forman parte de una misma armonía (renacentistas dixit). La especialización es la muerte, terminar sabiendo una porción tan diminuta del mundo convierte las almas en la porción que analizan. El jurista que solo tiene ojos para el derecho ve derechos de autor cuando visita el Prado. El ecónomo solo verá precios, ofertas y demandas. El público general ve una manera de pasar la mañana, y un artista encontrará que tal o cual cuadro se podría expresar mejor con un piano y la voz de Monserrat Caballé, o ideará una historia detectivesca sobre el robo en un museo. Y si es original, pensará mejor en una historia de ciencia ficción donde la humandidad decide enviar los cuadros a la órbita de Plutón para preservarlos de la fatídica mano de la inteligencia artificial. Popof, popof. O una pira de todos ellos ardiendo con el final de la humanidad… Imaginar es disfrutar, crear es vivir para el gran Creador.

Todo esto viene a cuento de que he vuelto a la pintura. Además de escribir para mi y para mis lectores (muchos o pocos) quiero dibujar, pintar, plasmar el mundo con colores, con manchas y sombras planas y rugosas. Pero no quiero pintar lo que todos ven, sino lo que a mi me gustaría ver. Lo que realmente veo, cuando veo algo que me gusta. Lo que me trasmite y me hace sentir.

La afición no es nueva, ya me entregué a pintar cuando era más joven y apuesto. Duró un año, el tiempo que decidí en la vida lo que debía decidir. Me había entretenido antes con la música, compuse un puñado de canciones que publiqué con VOZ DE LOS SIN VOZ. Gente buena del Movimiento Cultural Cristiano, Partido Saín para más señas. Disfruté y mucho con Diego. Canciones a miles, muchas de ellas no publicadas ni editadas, pues no había youtube. Ahí están, esperando el sueño de los justos. Quizás nunca las rescate del hundimiento del Titanic.

Pero ahora mi entretenimiento es otro. Pintar. Terminaré la novela que tengo a medias de ciencia ficción, que publicaré cuando me parezca. Y esperaré a que un agente literario me responda emocionado por última novela que le envié (subrealismo, realismo mágico español, naturaleza muerta). Quizás antes tenga que mandar al pairo a un galerista del monopolio editorial del arte. Igual que los de la escritura no ven artistas, sino gallinas con capacidad para poner huevos. Y nos exhortan a que les aportemos el huevo de oro. Pues eso. El gallinero nos pertenece.

Una muestra de mis basurillas, las que me siguen dejando insatisfecho y satisfecho a la vez. Las que nos dan vida y nos hacen disfrutar del ocio y del negocio.

 

Mañana más.

 

 

Ya está EL ÁNGEL AMADO en papel.

Trailer presentación del libro EL ANGEL AMADO.

Entrevista al autor, ANTONIO JOSÉ LÓPEZ SERRANO

NOVIEMBRE 2017.

¿Por qué escribió EL ANGEL AMADO?

Cuando terminé la novela LOS CABALLEROS DE VALEOLIT, sentí una especie de vacío. Es una especie de precipicio que se abre frente a cualquier persona creativa. Escribir es algo cotidiano, por eso cuando terminas algo, tienes que preveer lo siguiente. De alguna forma hay una necesidad creativa por contar algo nuevo y distinto. Antes de terminar de parir ya estamos pensando en la siguiente criatura.

¿Una novela sobre mártires del siglo II d.C.?

Así es, un tema olvidado incluso por muchos cristianos de hoy. Aquellos primeros siglos de cristianismo fueron fascinantes, tanto por la fundación de la iglesia, una institución milenaria, como por los riesgos y compromisos que mantuvieron por sus creencias. Pero eran también personas corrientes, incluso vulgares. Los santos nunca son gente distinta al resto, los hagiógrafos reinventan a los santos para que parezcan bichos raros. Eso es una tentación. Juan Pablo II intentó por todos los medios hacer de la santidad algo cotidiano y abundante, porque en verdad lo es. Dios es más fecundo de lo que creemos en su iglesia. La tentación anticlerical consiste en secularizar tanto a los santos que se convierten en una caricatura, en gente sin fe, enfermos mentales o algo parecido. Supongo que hay un punto medio para la mayoría de ellos, entre los que incluyo los santos anónimos, los olvidados…

¿Con continuidad?

Mi pretensión inicial – y no sé si la mantengo, porque escribir es siempre un acto de fe y un esfuerzo doloroso y placentero – es escribir una especie de Episodios Eclesiales, y lógicamente la historia de EL ANGEL AMADO, sería la primera de esas historias. Sería el Trafalgar del cristianismo, el origen martirial y amoroso de los que no saben que serán esenciales para el futuro. Lo que no sé es si continuaré, porque escribir es duro, y no siempre gratificante.

¿Qué significa entonces para usted EL ANGEL AMADO?

EL ANGEL AMADO es una de las novelas que más aprecio. La escribí en pocos meses, casi de un tirón y apenas hubo correciones. Era buena tal y como la parí. Me gustó desde el principio. Y las pocas personas que lo han leído me han dicho que es magnífica, qué está muy bien escrita y que es entretenida y fácil de leer.

Pero es distinta a LOS CABALLEROS DE VALEOLIT. Siendo novela histórica, la manera de narrar es diferente. Se lee muy bien, pero hay más literatura, más estilismo a la hora de escoger las palabras, por ejemplo.

Es cierto, es una novela distinta. La verdad es que siempre he considerado EL ANGEL AMADO como una novela menor, más por tratarse de una novela breve que por el contenido o la fuerza de su temática. Apenas me ocupó unas 150 páginas, durante aproximadamente unos meses. Es ciertamente una novela histórica, pero también es una novela religiosa, espiritual, teológica e incluso filosófica. Soy consciente de que es una novela diferente a LOS CABALLEROS DE VALEOLIT, no es una simple novela de aventuras, es algo más. Creo que mi pretensión inicial era mostrar una época y unas circunstancias que se dieron, y que son desconocidas para la mayoría de los cristianos. La ignorancia a la hora de interpretar la intrahistoria sigue siendo una tarea pendiente.

¿Es entonces una novela para creyentes?

Digamos que es una novela para gente con cierta sensibilidad hacia la temática religiosa, pero no creo que sea una novela para un modelo de lectores. No creo que se pueda clasificar a los buenos lectores, eso son cosas que crea el mercado del libro para vender determinadas novelitas a los lectores que cree que son de determinada forma. Aborrezco esa forma de tratar la cultura. Tolstoi no escribe de religión en Ana Karenina, pero puede gustar a gente religiosa. De la misma forma, alguien sensible puede leer a San Juan de la Cruz y disfrutar, sin que necesariamente sea una persona piadosa. Eso nos distingue de las sectas. Es además una forma de dialogar con el lector, sea quién sea. Supongo que esos libros desconciertan a los editores, que siempre están buscando un best seller que les saque de pobres por una temporada. Por eso publican cualquier cosa que les parezca vendible, y por eso se equivocan cientos de veces despreciando novelas buenas, o publicando bazofias. Arriesgan con su dinero, no lo olvidemos.

O sea, EL ANGEL AMADO es una novela que puede gustar a todo el mundo.

Creo que a cualquier persona que le guste leer disfrutará con EL ANGEL AMADO. Si además le gusta la novela história lo disfrutará más, y si encima es creyente, seguro que le emociona y agradará mucho más. Pero es difícil calibrar los gustos. Un libro es siempre una propuesta de un escritor, una especie de desnudo personal. Como escritor soy LOS CABALLEROS DE VALEOLIT, pero también soy EL ANGEL AMADO. Los dos son hijos míos, fragmentos de una misma persona, de un mismo universo literario, supongo.

El libro, sin embargo, sale en una edición muy limitada.

El libro lo tengo colgado en la plataforma digital Amazon desde hace mucho tiempo. Decidí sacarlo en papel porque tengo la seguridad de que el papel es más valioso que la nube. Supone acceder a un tipo de lector que no utiliza libros electrónicos, y que merece un respeto por mi parte. Esta edición tiene la letra más grande, para facilitar a personas más mayores su lectura. Eso ha repercutido en el coste de cada ejemplar, que he asumido personalmente y que no repercute en el comprador.

¿Es usted escritor y editor de sus libros?

La autoedición está cambiando el mundo del libro, casi de la misma forma que lo está haciendo internet. Los agentes literarios, por ejemplo, obtienen cada vez más recursos haciendo cursos para aprender a escribir que representando a los escritores. Las editoriales, que son las que otorgan los premios literarios más jugosos, juegan con un número casi endogámico de escritores. Muchos se buscan la vida en internet y de ahí vienen los problemas.

¿A qué problemas se refiere?

Hay libros en internet que son auténticas basuras, que sin embargo conviven con novelas muy interesantes y buenas. Pero sucede igual en el mercado tradicional del libro. Hay libros malísimos muy publicitados que son lamentables, y que se venden como “imprescindibles”. En realidad los imprescindibles son los clásicos. Y tenemos auténticas joyas en internet, obras de poesía que no se editan, o mejor… que se autoeditan.

Sinceramente, creo que mucho de lo que se vende en las librerías como obras maestras son libros de usar y tirar. Eso ha hecho que las editoriales y los premios sean peores filtros de selección. Internet está ganando la partida, igual que sucedió hace tiempo con la música. Tampoco hay que olvidar que para esta gente un libro tiene una vida comercial de unos seis meses o menos. Para ese final trágico no vale la pena un libro en papel.

¿Dónde se puede comprar EL ANGEL AMADO en papel y qué precio tiene?

He pedido a la LIBRERÍA EL SUEÑO DE PEPA, de la Plaza Mayor de Valladolid que se encargue de las ventas, tanto presenciales como por correo o internet. Su precio final es de 17 euros. Seguramente estará también en la PAPELERÍA AMBROSIO RODRÍGUEZ de Valladolid. Son los que han hecho la impresión del libro en su editorial, Editorial Azul.

Por supuesto, también se lo facilito a los amigos más cercanos.

Una última cosa. ¿Tiene previsto hacer una presentación del libro?

Físicamente no. Lo presentaré en la red con un video más elaborado que el que he hecho del trailer.

 

La cortesía ortográfica.

Muchos debates en redes sociales comienzan hablando de cualquier tema (casi siempre política), y terminan ahondando en la ortografía y la escritura de la gente. Y es que hay peña que exhibe sin arrobo sus vergüenzas ortográficas creyendo que cuanto más zafios, más espontáneos y majetes son. Suelen recibir bastantes críticas, y es lógico, pues es más fácil recriminar a un pollo tomatero su faltas de ortografía que argumentar sobre el cambio climático, pongo por caso. Luego vienen los insultos contra los talibanes de la ortografía, y que escribir con faltas no es un indicativo de tener más o menos cultura.  Entonces responden otros cabreadísimos sobre el estado lamentable de la cultura, y no les falta razón. Suele ser entonces cuando abandono el tema para entretenerme con los deberes de mi hija, o con otros asuntos prosaicos que la vida familiar me ofrece.

Me molestan, aunque reconozco que no demasiado, las faltas de ortografía cuando son menores; pero me asombra y fastidia la soberbia del que escribe con más faltas que una embarazada en periodo de gestación y presume de ello chuleando al resto. También me golpean las faltas graves, esas que dañan a al vista y que me impiden seguir leyendo salvo que me inicie en el noble arte de la jaculatoria mariana. ¡Madre mía, Virgen Santa! Siempre son expresiones socorridas que ayudan a aligerar las emociones encontradas. Me da pena el infractor, y juzgo (pues ya tengo premisas y prejuicios para andar valorando) que el contenido de lo expresado flojea tanto como el que contenedor del fulano que la expresa. ¿Será un bachiller contemporáneo o un licenciado remasterizado actual? Y me entra un yuyu que vuelvo a la jaculatoria.

Decía Ortega, que la cortesía del filósofo era la CLARIDAD, y de la misma forma y parafraseando, la cortesía del que se comunica por escrito debe ser la CORRECCIÓN ORTOGRÁFICA Y GRAMÁTICAL. Lo contrario es la incomunicación, o la comunicación con interferencias. Dicho en román técnico: no se entiende una mierda, y vete a saber que c… dice este tío. Aprender a escribir con corrección ortográfica y gramatical es una de las tareas más elementales que debe enseñar la escuela; y si no lo hace, es mejor cerrarlas, resetearlas y volver a encender el disco duro de los planes educativos.

Es verdad que la ortografía es simplemente un convencionalismo. Se parte de unas reglas de juego heredadas por el latín, y se busca la eficacia y la claridad comunicativa. Ya está. Esas reglas de juego se expresan y clarifican desde la RAE, lo cual permite que podamos escribirnos y leernos sin que se nos salten las lágrimas de risa o de pena, y que podamos simplemente comunicarnos con gusto y corrección. Los cambios en las reglas ortográficas suelen ser molestos, sobre todo cuando se han asimilado las reglas anteriores. De ahí que deberían permitir siempre las reglas anteriores, sobre todo cuando la ambigüedad que toleran y proponen es mayor. Ahí está el famoso debate sobre “tomar un café solo” o tomar un café sólo”. Se equivocarán los de la RAE, sin duda, pero es un trabajo respetable y nada fácil el que les toca hacer. Yo solo pido no cambiar a peor. Perdón. Quiero decir que yo sólo pido no cambiar a peor.

También es verdad que no todas las reglas ortográficas tiene la misma importancia. Es más molesto en la lectura una ausencia de “h” que el olvido de un acento, y también hay que aceptar que algunas reglas ortográficas son complicadas de aprender, pues varían sutilmente según el contexto en el que se escriba, acentos diacríticos, palabras juntas o separadas, etc. Son pequeñeces, pero cuando uno se dedica al oficio de escribir, percibe que no es tan fácil ni claro escribir sin faltas. Y si eso le sucede a un escritor con folios de vuelo, que no le sucederá a un chavalito de quince años, o a un redactor de Televisión Privada.

Esas faltas, en mi opinión, son muy veniales cuando la comunicación es privada y personal, incluso me atrevo a decir que no son casi ni faltas. Pero cuando se escribe a un público amplio, o se redacta desde la Administración Pública, la corrección ortográfica es casi una cuestión de “marca nacional” y de juzgado de guardia.

Es curioso que en Secundaria no podamos poner los profesores como objetivo educativo el escribir sin faltas, pues los contenidos, incluso en la asignatura de Lengua Castellana lo impiden. Cuando los políticos dicen que hay que meter más horas de Lengua, casi nunca se acuerdan de la ortografía, y menos de la Literatura. Casi siempre se empeñan en meter más sintaxis, teoría del lenguaje y otros conocimientos, en mi opinión menos decisivos para la vida. Escribir correctamente es una cortesía que deberíamos enseñar a todos los ciudadanos. Lo de la sintaxis y el primo de Saussure pueden esperar un poco, creo yo, a que lo primero quede replandeciente.

Luego está el resto, el cotarrillo de la España contemporánea, cuna del castellano y refugio de listillos, donde emergen grafías inhumanas llenas de signos impronunciables. De todas ellas, la que más me mosquea es la del duplicado arrobático, que se ha extendido como grama por el monte. Es el signo “@”, que pretende sustituir el genérico masculino por el masculino y femenino a la vez. Asistí, hace unos años a un conferencia dada por un vasco de la Universidad suya, que añadía el femenino allí donde el masculino ya hacía su labor, creyendo que con tal vicio, nos informaba de que era muy feminista el tío. En realidad me abrió los ojos a la estupidez humana, pues se hizo tan tediosa y farragosa su explicación, que me juré que nunca hablaría ni escribiría así. Aquel hombre faltaba al deber de claridad y de corrección más elemental.

Luego han proliferado otros signos (“#”) que lo único que han logrado es que la gente que se cansa de escribir, se anime a escribir en jeroglíficos y en emoticonos, que es el nombre que reciben los dibujitos que se añaden a los textos.

Todo muy expresivo, pero poco claro de lo que realmente se siente. Y es que las palabras dichas con corrección son, y pueden ser además, bellas. Por eso enseñar ortografía debería ser cuestión de Estado, para que no nos quedemos sin poetas ni literatos.

La misión del escritor.

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Es algo que nunca se termina uno de plantear, me refiero a las razones por las que uno escribe y los motivos por los que sigue haciéndolo. Decía Mark Twain algo así como que “si hubiera sabido lo costoso que era escribir un libro, nunca hubiera empezado a escribir”. Y recuerdo, porque es obligación de un vallisoletano de adopción, recordar el trabajo y el cansancio que soportaba el maestro Miguel Delibes cuando concluyó su novela “El hereje”. Es la última, dijo. Y es que escribir es cansado. Compensa, pero es cansado. y a veces, no nos engañemos, no compensa tanto.

Detrás de un escritor (que pretende que lo publiquen, claro) siempre hay un pequeño exhibicionista al que le agrada que la gente sepa de él. La fama y la notoriedad no son lo mejor del mundo, pero salvo que te falte un tornillo, el reconocimiento de los demás siempre se agradece, y creo que eso es válido en cualquier trabajo. En mi caso, prefiero el reconocimiento a la fama, así que de momento me va bien.

En este sentido, se escribe además – y es común a cualquier persona creadora – porque necesitamos expresarnos de una manera especial que nos proporcione placer, aunque también nos obsesione. Eso es válido para músicos, escritores, pintores, etc. Necesitamos expresarnos y crear, aunque muchos no les guste exhibir lo que crean, por vergüenza o miedo. En mi caso, me gusta ofrecer lo que hago, aunque solo sea por el gusto de que agrade y lo disfruten los demás, supongo que así doy rienda suelta al exhibicionista que llevo dentro. Mantengo así la mente ocupada en algo atractivo y como un niño pequeño voy con mi dibujo a la gente: ¿te gusta? Un artista es como un pequeño niño que ha crecido y pide ser aprobado por los demás. Algo de eso hay.

Yo tuve varias razones para escribir “Los caballeros de Valeolit”, aunque la más apremiante fue que echaba de menos una novela ambientada en Valladolid en el siglo XI donde se contara su origen. Valladolid y España están impregnadas de historia y de lugares especiales, y me parecía interesante llenarlas de vida, con historias y personajes. Luego, como lo quieres hacer bien, lo mejor posible, pues te animas a seguir corrigiendo, escribiendo y te enganchas al oficio. Así fue.

Tuve una segunda razón, y era dejar a mis hijas algo que pudieran apreciar de su padre cuando fueran mayores. Algo más que fuera un par de fotos y un recuerdo borroso. Conforme han crecido, esa necesidad se ha ido paliando, pues los libros ya están escritos, y también he ido escribiendo cosas buenas en sus tiernas y delicadas almas. Supongo que esto segundo se llama educar, y no es una tarea menos fácil que la primera. Algo inacabado, pues siguen siendo unas niñas.

Pero hay una tercera razón que atisbé de alguna manera cuando me puse con “El ángel amado”, que era la necesidad de ofrecer algo más que una historieta entretenida. Es verdad que de manera indirecta los personajes llegan al lector, que los lugares escogidos y las acciones diseñadas hablan del autor, pero siempre hay un mensaje que uno quiere trasmitir y que no logra fácilmente. En este sentido me gusta Jiménez Lozano porque es lo que hace con delicadeza, dar cuenta de la trascendencia que le embriaga; o José Saramago, que intenta hacer pensar y reflexionar con muchos de sus escritos.

Como escritor me gustaría trasmitir que Dios nos está esperando pacientemente, y que tal amistad es la felicidad misma. Eso me convierte en un místico de tercera, claro; pero un místico al fin y al cabo. Además, como lo he experimentado, no hablo de boquilla, sino desde lo que he vivido. Más místico todavía. Me gustaría contar que la piedra que desecharon los que edifican la sociedad contemporánea es la piedra angular de nuestra cultura, y que abandonarla supondrá contemplar el derrumbe lento y agónico de muchas cosas que hoy valoramos, pero que en el futuro no se apreciarán: libros, cultura, Dios, esperanza, fraternidad, libertad, humanidad, etc. Todo esto me convierte en un desfasado, en una persona molesta para el sistema contemporáneo posmoderno. Quiero ser el Boecio de mi tiempo, pero uno termina siéndolo aunque no quiera, porque un escritor, y más un poeta, es alguien molesto, alguien que saca de sus casillas a la gente. Es un filósofo que mariposea con un aguijón, una especie de Sócrates, un filósofo que incomoda a las ideas correctas e inmutables.

Eso es nada menos que una misión, una tarea encomendada, una forma de estar en el mundo. en el fondo un escritor que no está comprometido es un escritor que no tiene nada que decir. Por supuesto siempre queda un compromiso con el arte y el buen gusto. Y es que no solo cambiamos el mundo con ideas, también con belleza y con arte. En mi caso me gustaría crear belleza y hacer pensar. Las dos cosas. No se puede tener mejor oficio. Aunque sea terriblemente costoso.

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