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La soledad en la novela de LOS ASQUEROSOS. La novela de Santiago Lorenzo.

“Los asquerosos” es la última novela que ha publicado Santiago Lorenzo, al menos la última hasta que escriba una nueva. Tuve ocasión de saludarle en la Feria del Libro del año pasado, cuando no estábamos recluidos, y me firmó el libro. Hablamos un poco de “Mamá es boba” y mi colaboración en ella. Nos reímos, o mejor tendría que decir que nos sonreímos. Me preguntó si había leído algo de él, y le contesté que todavía no. Le hablé también de lo mío. Me firmó la obra cumplidamente con cuatro letras garabateadas y nos deseamos lo mejor hasta la próxima.

Pero a estas alturas de la película (la de la vida) tengo que decir que sí, que ya me he leído un par de novelas suyas, LOS MILLONES y ésta que incluyo de LOS ASQUEROSOS, que acabo de leer por culpa de la ineficacia del gobierno y del poder técnico sanitario (esto es de Habermas) aislando pandemias. Las dos me han gustado, las novelas digo, así que agradezco la reclusión.

Son dos novelas diferentes, pero tienen cosas en común. No obstante, me entretengo comentando la primera, la de LOS ASQUEROSOS, pues me ha gustado y la recomiendo.

Santiago Lorenzo no escribe convencionalmente, y eso es de agradecer. Se le distingue del marasmo de miles de millones de escritores que pululan por las editoriales, de los que hacen cursillos donde lo primero que te dicen es que escriba así y asá. Cuando yo no distingo a un escritor por su forma de escribir, pienso que estoy ante algo malo, y no me suelo confundir. Por lo que he visto, tampoco Santiago les hace puñetero caso, y por eso escribe con personalidad propia.

Santiago es lo que llaman los editores una voz nueva. Es un autor que no lo han descubierto ellos, pues desde hace bastante tiempo trabaja con una editorial pequeña, casi de autoedición y alternativa, donde le han publicado varios de sus libros. Olé por él. Santiago es, sin duda, una voz nueva, pues nadie escribe como él, al menos formalmente.

De hecho, incluso inventa y reformula palabras nuevas. No le importa construir y crear términos que se entienden perfectamente, pero que son inexistentes para el diccionario. No abundan, pues agobiarían, pero sí son suficientes como para que Santiago se exprese libremente y se le entienda perfectamente. Esta osadía es legítima, pues a los escritores se nos permite cualquier licencia, que para eso somos escritores. ¡Coño, pues claro!

En algunas ocasiones, aunque formalmente el texto es impecable, tengo la impresión de que me da algunos saltos. Quizás es que soy un poco tikismikis y exigente. El caso es que mi afán ultracrítico me lleva a apreciar cierto titubeo. Este mal , como creo que es propio de cualquier escritor, incluido los mejores de la lengua castellana. Pues no me ha importado, al contrario, es un defecto que suelen segarlo los editores en cuanto pueden, ratificando la vulgaridad de una obra. Hasta en esto se aprecia la libertad de Santiago para escribir. Y la genialidad y luminosidad de su obra. Gracias de nuevo por no doblegarte a los grandes, pues esa ha sido la clave de tu éxito. El que ha llegado tras unas cuantas novelas.

El contenido de LOS ASQUEROSOS viene que ni pintado en estos días de prisión condicional. Es la historia de un tipo que marcha a la soledad de la tierra soriana huyendo de la policía y de la gente. Los asquerosos son la “gente”, la peña, la sociedad que se dedican a perturbar la vida tranquila del resto de la población, no haciendo más que lo que saben hacer, que es ser ellos mismos, y así joder la vida de los demás. Siempre con buenas caras y con un “vaya, como se pone este tío por nada que le he dicho”. El silencio es el centro neurálgico de la novela, el premio pretendido y buscado. Y el antagonista es la gente, los pesados de turno.

Esto me recuerda a un calvo que regalé a un grupo de asquerosos, que llegaron al mismo paraje solitario de la montaña berciana de los Ancares en el que nos encontrábamos nosotros (unos amigos) bien a gusto. Nos encasquetaron su radio a tope, sus niños maleducados y nos jodieron el silencio de contemplar las nubes y el horizonte. Lo del calvo no se lo cobré, aunque nos tomaran por unos macarras de barrio bajo. Lo que valió que se cortaran un poco.

Me gusta que Santiago haga filigrana con el lenguaje, que sea directo y un tanto surrealista, pues reconozco que ando indagando, desde hace varios años, intentando construir un tipo de novela de tal calado, donde lo real y lo fantástico se den la mano sin que se aprecie la diferencia. Una especie de surrealismo mágico diferente, más nuestro y menos confuso. Santiago consigue un lenguaje único, surrealista, sí; pero creo que no logra que la historia tenga el surrealismo que sí posee el lenguaje. Para más información, visita Antona Onarres.

En la novela de LOS MILLONES, le pasa algo parecido. Es una historia original, pero no surrealista. Una historia plausible, y disculpen la palabra. Creo que Santiago podría contar ambas historias con un lenguaje más aburrido sin que cambien las historias. Gracias a Dios no lo hace, pues su lenguaje formal es lo más importante de su genial obra literaria. Lo más difícil de conseguir, además.

¿Qué como escribe? A mi me suena a F. Ibáñez de Mortadelo, pero otras veces me suena más como si estuviera leyendo a un niño que fabrica un collage de palabras, en plan manualidades y pretecnología de la semántica. Algo así. Como un adolescente ilustrado que se cabrea con el mundo, y que lo hace bien. Muy bien. Escribe como Santiago Lorenzo, y nadie lo hace como él, por eso es una voz única. Gracias Santiago.

 

Mi entretenida y curiosa carrera cinematográfica.

Veía el fin de semana la gala de los insoportables premios Goya de este año, y me acordaba de mi incursión por el mundo de la cinematografía. Hay bastantes escritores que antes de escribir se sintieron muy atraídos por el cine, y que luego, viendo que era un campo imposible por endogámico, optaron por escribir, que es más barato y más satisfactorio. Además, siempre hay que pelotear menos a la gente y bajarse menos los pantalones ante los consagrados de todos los tiempos. ¿Qué hay de lo mío? Eso en el mundo del cine es lo habitual.

El caso es que el gusanillo por el cine me vino por culpa de la película que vi en la Seminci de un director novel llamado Fernando León de Aranoa, y que se titulaba Familia. La peli me resultó fascinante, incluso yo diría que mágica. Aquella actriz desconocida llamada Elena Anaya, y aquella trama tan sugerente sobre la verdad y la mentira en la vida de las personas me mantuvo en vilo, en reflexión permanente y asombrado durante varios días. Yo quería hacer algo así, hacer cine y arte. ¿Era imposible?

Conocía la mecánica de la música y la mecánica de la pintura. En aquel año, octubre del año 96, estaba acabando la carrera de teología, con la finalidad de ser ordenado sacerdote no tardando mucho, sin embargo aquella película me embriagó y me sacó de un itinerario que parecía marcado. Ya era Licenciado en Derecho, y era una persona leída, pero desconocía todo lo que había detrás de una cámara, y me empecé a interesar y a obsesionar por el Séptimo Arte. ¿Qué era aquello? ¿Cómo se hacía? ¿Era posible el arte?

Durante ese curso escolar busqué todo lo que pude sobre el mundo del cine. Me metí en él, me interesaba todo y quería aprender mucho. Soy autodidacta por naturaleza, sobre todo cuando no existe otra posibilidad. Me hubiera ido de buena gana a Madrid, o a Miami, o a Los Ángeles a alguna escuela de Cine que me enseñara, pero no podría ni quería dejar los estudios de Teología, que como he dicho, concluía ese mismo año.

Participé en un curso breve de guión y cine impartido por Primitivo Aguado. Primi era el productor ejecutivo que trabajaba habitualmente con Elías Querejeta, y ahí conocí a un buen número de personas jóvenes, todas amantes del cine y de hacer cine. Leí todo lo que puede sobre narrativa cinematográfica, guiones de cine. Estudié y estudié. Comprendía que el guión y el guionista es la madre de todas las historias y todas las películas. Luego el director hace y rehace, y finalmente el montador. Era como una danza de varias personas donde la sincronización era fundamental.

El caso es que lo aprendí todo. Tuve la oportunidad, me invito una amiga, a participar como extra en el rodaje de la película Mamá es boba de Santiago Lorenzo. Me gustó la experiencia tanto, que le pedí al director si podía quedarme por allí viendo y aprendiendo. Me dijo que sí, y sin que habláramos demasiado, estuve durante la semana que rodaron en Valladolid husmeando todo lo que pude, preguntando a unos y otros y aprendiendo. Script, iluminación, sonido, maquillaje. lo único que no hice fue molestar a los actores, que estaban en lo suyo. Todo aquello me parecía un gran engranaje, una especie de orquesta filarmónica que dirigía un maestro con su batuta.

Uno de los días me dijo Santiago si quería decir una frase en la película, propuso a varios y tras hacer una recitación, me eligió y debuté en el celuloide. La frase, encajada en una conversación, la pronuncio con Gines García Millán, un buen actor al que saludé. ¿Mi frase? “¿Quién es ese tío que se ríe todo el mundo de él”. Hicimos tres tomas, todas de lujo que debieron sorprender al montador. Según me contó Santiago, le encandiló mi ejecución vocal.

En esos meses me sucedieron muchas más cosas sorprendentes, pero sería muy prolijo contar ahora. Entre otras, saludé al Papa, Juan Pablo II en Roma, abandoné el seminario, obtuve la Licenciatura en Ciencias Eclesiásticas (Teología) y continué estudiando cine. Me empapaba de todo lo que podía.  Durante aquel verano hice buena relación con el joven director de cine Ivan Sainz-Pardo, participando como asesino, o algo así, en uno de sus primeros cortos. No recuerdo si participé en algún otro rodaje suyo. El chico rodaba cámara en mano con mucha habilidad y talento. Eran historias llenas de vida. Iván luego se fue a Alemania y continúa dirigiendo cortos, algunos de los cuales han sido premiados, hoy es un tipo muy reconocido, al que por supuesto, también le gusta escribir. Reconocido, pero no en los Goya, claro. El cine es el cine.

El caso es que durante ese verano acudí a un curso de cámara de televisión y de realización para deempleados. Era curioso pero mi vida parecía girar de nuevo hacia un mundo desconocido para mi. Escribí varios guiones de cine, cortos; y rodé, en formato Betamax, creo, mi primer corto con ayuda de varios enamorados del cine. Choco y varios más. Yo mismo participo como actor en un corto suyo. En esos días, fundé la Asociación de Cineastas Quinito Films, cuya continuidad terminó en un armario de mi casa. Sorpresa tras sorpresa. De esta manera escribí mi primer guión de cine, y registré mi primera obra literaria, si es que se puede llamar así. Era un proyecto de cineasta, de jurista, de teólogo y de merluzo que tenía toda la vida por delante.

Sin embargo, los garbanzos son los garbanzos. Por eso, cuando en septiembre me propusieron trabajar como profesor de Religión en el Ferrari de Valladolid, en media jornada, no me lo pensé. Era algo de dinero, y ya seguiría con el cine cuando pudiera. ¿Acaso era imposible compaginar la vida? Desde entonces he dado clase, y como la faceta de cineasta no he podido desarrollarla, pues me he dedicado a escribir, que es bastante más barato.

¿Qué por qué dejé lo del cine? Es una afición demasiado cara; además, se necesita a mucha gente para sacar adelante una peli. La suerte última que me desesperó fue la excesiva endogamia de los que se dedican a ésto en España; o tienes apellido o eres amiguete de los amiguetes progres y guays de ese mundillo. Ni siquiera los que estaban bien relacionados son atendidos ni tienen suerte. Daba igual que fueras un genio o un pardillo, se necesita abuela y padrino. Y bajarse los pantalones. Opté por ir al cine sin más, y disfrutar viendo lo que otros hacían.

Por eso, cuando veo una fotograma de una película recuerdo lo que significa estar al otro lado, esperando que llegue el cámara, que suene la claqueta, que se ilumine la escena, que haya treinta personas mirando cuando parece que no hay nadie. Y me veo a mi mismo haciendo cine otra vez. Al menos por unas horas y hasta el día siguiente, hasta que me siento a escribir las siguientes letras de mi próxima novela.

El viernes nos vemos en la FERIA DEL LIBRO DE VALLADOLID 2019.

FIRMAMOS LIBROS EN LA FERIA DEL LIBRO DE VALLADOLID 2019

Caseta de la librería EL SUEÑO DE PEPA.

7 DE JUNIO 2019

18h30 a 20h30

Ya queda poco para el viernes 7 de junio.

Estaré firmando libros en la FERIA DEL LIBRO de Valladolid, desde las seis y media de la tarde hasta las ocho y media.

Lo único que siento es que coincido en día y hora con Santiago Lorenzo, que también estará firmando sus libros. A Santiago lo conocí hace unos años, en el rodaje de su primera película “Mamá es boba”en Valladolid. Año 1997 si no recuerdo mal.

De hecho, salgo en una de sus escenas con frase y todo. Le tengo un especial cariño, claro que sí. “¿Quién es ese tío que se ríe todo el mundo de él?“. La mejor frase del cine español de los últimos años; dicha por un actor (un servidor) que prometía tanto que no tuvo necesidad de hacer ninguna película más para consagrarse en la categoría.

¿Sorpresa para los que no lo sabíais? Son esas cosa curiosas que tiene la vida. Ahora Santiago Lorenzo está triunfando con su último libro “Los asquerosos”, libro que varias personas me lo ponen bastante bien. Dejó el cine porque debía de oler bastante mal el reino de los compadreos, y desde que se ha pasado a la literatura le va bastante mejor. Y yo me alegro por él, porque lo ha pasado mal, y porque se lo merece.

¿Por qué será que muchos cineastas terminan escribiendo novelas y narrativa? Pues porque es más barato. Que me lo digan a mi. También tengo que decir que la profundidad y la belleza que se alcanza con la literatura como arte es muy diferente a la que proporciona el cine. Ahí lo dejo.

 

 

 

El agua de la fuente

Blog de espiritualidad cristiana.