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¿Por qué triunfan los populismos?

El asunto no viene de nuevas, desde hace unos cuantos años vencen en elecciones los que nos parecen a muchos los más mentirosos, los más fantasioso, los que dicen más tonterías por minuto, los más incoherentes, los más idiotas y los más lerdos, pero que por falta de contraste, en parte, y por otras razones, que ahora vamos a analizar, terminan llevándose el gato al agua.

Ganan las elecciones, y la peña se queda cariacontecida, asustada o lloriqueando directamente. ¿Pero cómo ha ganado este tío? Te dicen asustados. Lo que yo me pregunto es si alguien se mirar en el espejo; porque el triunfo de los populismos lleva funcionando en Europa desde hace bastantes lustros. Por lo menos se me ocurre desde que Napoleón III ganó las elecciones en Francia (en 1848) simplemente porque se presentó como pariente de Napoleón I, (otro iluminado en plan Hitler que pensó que se podía invadir el mundo a la fuerza). Francia de populismos sabe mucho, es verdad, y a las pruebas me remito, pero también sabemos mucho de lo mismo en Alemania, Rusia, España, Portugal, China, Japón, Corea del Norte, Gran Bretaña, Austria,… y por continentes la palma se la llevan en América del Sur y África. Cada poco tiempo surge un iluminado en la historia, un tío que promete el oro y el moro, y la gente se va detrás como los ratones con el flautista de Hamelín. Como los niños detrás de la música que tocan.

No hay que olvidar que el populismo es un fenómeno de la modernidad y la posmodernidad. Llegó con los nuevos vientos que trajo la Ilustración (uno de los periodos más nefastos de la historia), en la que se empeñaron en contarnos la falacia de que el pueblo era bueno y sabio (decía el vagabundo Rousseau), y que no se dejaba engañar porque era cantidad sabio y racional. Y claro, como es mentira, pues pasa lo que pasa. Que al pueblo le engaña cualquier mercachifle con cuatro ideas que suenen estupendas, incluso aunque no sean coherentes las cuatro ideas entre sí. El pueblo, ya lo decía Séneca, es una turba asquerosa, una masa lacerante para la filosofía y la inteligencia, estúpida y manipulable hasta decir basta. Aristóteles sostenía que el pueblo siempre elegía a sus representantes en función de sus intereses y de sus pasiones, por eso acaba degenerando la democracia en la demagogia. El prefería la monarquía como el mejor sistema político, cuya degeneración era la tiranía. Es curioso, que tanto D. Trump como H. Clinton, que son bastante parecidos en su afán por manipular a la peña, los veamos como rivales cuando apenas son basuras de distintos contenedores. En realidad no había mucho que elegir. Una representa el sistema que no funciona y está infectado de listos que se aprovechan del mismo y te venden la moto, y el otro es el antisistema de un tipo cuyo primer éxito a consistido en acojonar a Europa, para disfrute del ruso Putin.

El populismo tiene como principal caldo de cultivo la impotencia de una sociedad que se harta de ver incompetentes gobernando. Les han vendido que el mundo se arregla fácilmente. Que el pueblo tiene derecho a no sé qué cosas, y que esto se arregla rápido. Y no. Hay problemas en política que no tienen solución, y otros cuyo remedio es peor que la enfermedad. A veces no hacer nada es el mejor gobierno (no empeorar las cosas, por favor), pero eso nunca lo hará un populista. Siempre prometerá lo que la gente quiera escuchar, y la gente, por desgracia, está dispuesta a escuchar cualquier tontería que suene bien. Incluso aplaudirá a su líder aunque le suene mal, que es el colmo del populismo.

Profundizo un poco más. El populismo surge cuando se caen las ideas, las creencias y las convicciones profundas. En una sociedad agnóstica los populismos sustituyen a las religiones. Y en Estados Unidos, cuya religiosidad está dispersa y atomizada en la privatización de la fe, el populismo aparece como la salvación que las religiones no pueden lograr en el ámbito público. Kennedy fue un populista, pero B. Clinton, Nixon, Obama o Reagan también lo fueron. América necesita salvadores, y el presidente es lo más parecido a un superhéroe para ellos. Lo llaman líder, pero en realidad es una divinidad con fecha de caducidad. Una divinidad con pies de barro. Al menos sabemos que se largará en cuatro años, a lo sumo ocho. Gracias democracia.

Lo peor que le puede sucederle a una sociedad, y de eso las democracias tampoco son inmunes, es tener un populista tras otro, porque no hay forma de salir del agujero. Es lo que ha pasado en Argentina, en Venezuela o en Rusia con Yelsin y Putin seguidos. Se enquistan y parece que no hay forma de “desectarizarlo” todo. En España, el populismo lo despertó Zapatero y lo va a consolidar Pablo Iglesias, que es un ZP sin corromper y un Che sin escopeta. En cambio, la derecha en España no quiere populistas, porque ya tuvieron a Franco y saben bien que un gobernante no tiene por qué ser simpático. Que se lo pregunten a Aznar o a Rajoy, que caen mal hasta a los que les votan. Aquí el populismo vendrá de los perdedores de nuestra historia (izquierda y república), en cambio en otros lugares llega de manos de los  otros derrotados, como fueron los nazis en Francia, por ejemplo.

En Europa los populismos vienen teñidos por el color de la sangre y del pasado. Quizás por eso somos más sensibles y nerviosos a los lumbreras ajenos. Ya sufrimos a Hitler, un tipo que encandiló con su música a media Europa (sigue encandilando a muchos sin que lo sepan), o a Stalin, un psicópata que murió en la cama y que algunos todavía añoran y aclaman. El culto al líder. Normal. Es lo que pasa cuando se pierde el culto a Dios. En palabras de mi querido Chesterton: “cuando el hombre deja de creer en Dios, termina creyendo en cualquier cosa“. Pues eso, Europa es un ejemplo claro de rumbo errático en asuntos de política, que es lo que sustituyó básicamente a la religión cuando mataron a Dios. Por suerte, los valores que impregnan los derechos humanos, los que defiende Europa, siguen siendo básicamente cristianos. Hasta que los cambien por otros derechos tipo animalista transexualizado u otra cosa. Vamos camino.

Nuestra próxima “sorpresa” populista será Le Pen en Francia, igual que Siriza en Grecia, y en el futuro Pablemos en España. La gente tiene que creer a algo lo suficientemente deslumbrante, aunque sea estúpido. Algo que no recuerde la inanidad en la que vive, ni su vacío existencial, ni el errático devenir de su sociedad y cultura. Aquí estamos además, en España me refiero, bien adocenados gracias a los cuarenta años de dictadura educativa socialista, esa que ha impedido una Trascendencia con la que combatir el populismo. ¿Qué dices? ¿Qué están paralizando la LOMCE? Igual estaremos otros 40 años más, 80 en total. Aunque ya te digo, son contenedores con la misma basura. La LOMCE, la LOE, la LOGSE y lo que venga. Aquí estamos de populismo hasta las orejas y subiendo.

 

 

Podemos o no Podemos, esa es la cuestión.

Podemos dice que sí que puede. La agrupación de izquierdas levantada de la nada por el tertuliano Pablo Iglesias, ha logrado estar en boca de todos desde que en las elecciones al Parlamento Europeo lograra algunos escaños. Y eso hay que reconocer que tiene mucho mérito, porque Javier Nart, otro tertuliano, logró menos siendo un buen argumentador, mejor incluso que el Iglesias ese, al que vi una vez en intereconomía como se lo comía con patatas el feo de Jiménez Losantos, el azote de la progresía en este país. Los dos tienen en común que están como enfadados, igual que la Valenciano, y es que para ser convincente en este pais parece que tienes que argumentar con cara de cabreo, porque sino no eres creíble. En eso Nart, la Valenciano y Pablo Iglesias se parecen mogollón.

El caso es que la prensa en tropel dijo que el bipartidismo estaba herido de muerte, y como el Psoe era el que más perdía pues ha empezado a renovar lo suyo. En lugar de buscar otro tío con cara de cabreo ha aparecido un tal Sánchez, (esto es como un tal Blázquez que dijera Arzallus), pero sonríe demasiado, lo cual es horroroso para los de izquierdas, porque ahora hay que estar con cara de circunstancias, como Cándido Méndez. Otro que no sonríe ni a su ángel de la guarda por si le destapa algún secretillo.

Con Sánchez han aparecido en el Psoe caras nuevas, pero con las mismas ideas de siempre. Pijiprogres es lo que me parecen desde hace mucho tiempo estos del Psoe, pero es que ahora sonríen, y claro, con la herencia de Zapatero, que estaba en plan Mona Lisa, pues casi como que no. Mejor que salga un agonías, que seguro que le va mejor. No quiero dar ideas, pero es que las necesitan a voces.

Los que deberían estar cabreadísimos son los de IU. Después de una tradición histórica impresionante en la clandestinidad, luchando desde una guerra civil, apostando por ofrecer un programa distinto, revolucionario y solidario con los obreros y los desheredados de la tierra. Un programa utópico e irrealizable como ninguno, con gente y caras nuevas cada poco tiempo, con explicación tras explicación, dando la vara a la peña, que es lo que hacen bien los de izquierdas, llegan estos del Podemos y les adelantan por la derecha (no en el sentido político), y dejan a Cayo Lara con un pasmo de tres narices. El partido obrero comunista de toda la vida superado por una panda de colegas de ciudad. Está tan alucinado que todavía no ve que son sus rivales naturales, y que luchan por el mismo espacio político.

Lo que pensamos todos (incluidos los pocos de izquierdas que no se han exiliado a Francia) es que la izquierda está desorientada desde que se les cayó el muro de Berlín encima, y tienden a repetir el mismo discurso pseudomarxista sin demasiada creatividad. Deberían buscar en el cristianismo una fuente de inspiración segura para sus posiciones políticas, como hacen en algunos países nórdicos, pero eso en España, donde está la crème de la crème de la quema y tortura de obispos e iglesias, con un laicismo tan arraigado como el anticlericalismo de aldea, es casi imposible de plantear. Ni en el Psoe, ni en el Pce (que desde hace años no escucha a los creyentes que militan en sus filas). Cristianos para el socialismo parece cristianos en el olvido, porque no les hacen ni caso.

Podemos ha llegado copiando campaña. Se llaman así, Podemos, lo cual recuerda mucho a Obama en la campaña que lo aupó a Presidente de los Estados Unidos, (yes, we can – Sí, podemos), como a la furia española, luego llamada la Roja por la prensa, y que ganó el Mundial de Brasil (perdón, quiero decir el de Sudáfrica). La jugada fue maestra, porque ya estaba la publicidad hecha de antemano. Podemos ha jugado fuerte en la red y le ha ido bien. En lugar de una estrella o cruz esvástica, se han buscado un logotipo de otro tino, unos circulitos, en plan alianzas, y ahí están en el parlamento europeo, codeándose con Daniel el Rojo, el del mayo francés. Todos amiguitos tomando mejillones y cerveza, que es lo que se puede hacer en Bruselas.

Lo contrario de poder es la impotencia. Y eso es lo que parece que les está empezando a suceder. En el Parlamento Europeo no pudieron hablar lo que les diera la gana. Es que los turnos de palabra está asignados en función del poder real que tengas. Y Podemos, no puede hablar horas y horas en plan Fidel Castro. Es que no te dejan. Por eso tuvieron un coitus interruptus el otro día en el parlamento europeo, y se quedaron con las ganas de terminar su perorata. También se han bajado del burro del asamblearismo, y están montando su asociación en plan partido político y con un gran líder al frente: Pablo Iglesias. O sea él mismo. Desde que ganaron sus escaños creo que están perdiendo votos, pero vete a saber, que en este país hay gente para todo.

Podemos no va a poder hacer lo que quiera, igual que Obama tampoco ha podido en sus años de presidencia. No es que las cosas estén atadas y bien atadas, es que si te sales de las reglas de juego democrático te conviertes en un dictador. Y Obama, como todo americano, cree en la democracia porque es la esencia de su patria. Entre esas reglas encontramos unas tan sencillas como el respeto a las libertades  (incluido el respeto a la libertad religiosa y a sus acuerdos internacionales), la división de poderes (y la prohibición de tomar el Congreso por la fuerza), que seguro que llena de pena a muchos de los suyos;, y por ejemplo el respeto al Jefe de Estado, que en España es el Rey. Lo que está claro es que solo “podemos” cambiar la Monarquía respetando las reglas constitucionales, que son las reglas de nuestra democracia.

Ahora que es parlamentario en Europa quizás vea más pluralismo que el que suele haber por la cadena televisiva amiga, la que le ha aupado, porque si no le gusta se convertirá inmediatamente en un dictador, porque todo el mundo convendrá conmigo que un soviet (asamblea) no era exactamente una democracia, aunque se llame así. Pablo nos quiere convertir en una dictadura sin que nos demos cuenta, usando la palabra democracia, y eso no es posible. Los de Iu han tardado algún tiempo en aprenderlo, y los del Psoe lo aprendieron pronto olvidando a veces que hay que gobernar para todos, y no solo para los de su chiringuito.

Sus ideas, las de Pablemos, seguro que son muchas de ellas interesantes, pero no todas serán factibles. Podemos no va a poder hacer lo que se le ocurra, entre otras cosas porque muchos otros no piensan lo mismo que él. Y seguro que están tan dispuestos a pelearse por sus ideas como él por las suyas. En una palabra, tendrá que irse cambiando el nombre, y dejar de llamarse Podemos, porque cuando se vea que no puede, se cabrearán pensando que antes muertos que incoherentes a sus raíces, claro. Yo le sugiero Impostura, Impodemos, o simplemente Izquierda Unida Pablemos, que es donde creo que van a acabará este experimento político en no muchos años.

 

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