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1978 – 2018. Cuarenta años de Constitución. (Segunda parte)

Tras los años de gobierno con mayoría absoluta de Felipe González (82-93) llegó el final de la hegemonía del PSOE en el gobierno de España. Se iniciaba, en mi opinión, una nueva etapa histórica y política que se extendería desde el año 1993 hasta el año 2001.

En el año 1993, todavía con Felipe González en el Gobierno, el PSOE había desgastado una buena parte de su discurso. Habían pasado más de 10 años desde que llegaron al poder, y 15 desde la aprobación de la Constitución. Una buena parte de los españoles estaban profundamente desencantados con el gobierno socialista por varias razones. La primera era que no controlaban el paro y no podían reducirlo. Las promesas incumplidas de González eran objeto de burla social. En segundo lugar, la corrupción no podía seguir ocultándose bajo la cortina de la soberbia y los “cien años de honradez” del PSOE que se seguían vendiendo como los puros y los buenos. En tercer lugar el problema de ETA que no arreciaba. Por desgracia seguía matando, ahora con la baza de ser víctimas del GAL. Y en cuarto lugar, la situación internacional soplaba vientos ideológicos contrarios, la Unión Soviética había fracasado, el bloque del Este se había derrumbado, y el modelo socialista parecía abocado a su desaparición. El PSOE y la izquierda tenían que reinventarse, pues ya no bastaba con amedrentar a los votantes con el miedo a la derecha, el cansancio era real, y el socialismo no era la panacea que durante la transición movió al voto a muchas personas.

Ciertamente, Felipe González ganó las elecciones por última vez en aquel año, pero ya sin mayoría absoluta, por lo que tuvo que pactar con los nacionalistas para asegurarse la estabilidad. Intercambio de favores con los catalanes y vascos. Esta misma estrategia la mantuvieron los siguientes gobiernos, tanto del PSOE como del PP. Cuando no había mayoría absoluta, se pactaban y regalaban prebendas y privilegios a los nacionalistas; y ellos aseguraban la gobernabilidad del país. Convocó elecciones a los 3 años, y las perdió. El ganador, el PP volvió a pactar con los mismos que hacía 3 años habían dado la mano al PSOE.

El cambio no sorprendió, aunque sí extrañó por falta de costumbre. En los años anteriores al 93, la derecha había fracasado en su intento por desbancar al PSOE. Había sido el principal partido de la oposición, pero apenas había logrado ser alternativa al poder. Hasta que se modernizó convirtiendo el viejo partido de Fraga, Alianza Popular, por el nuevo Partido Popular, de línea conservadora, liberal y democrata-cristiana. Ganaron poco a poco en municipios y autonomías, hasta que llegó el turno al parlamento español. Al frente de estos cambios estuvo José María Aznar.

Aznar había gobernado en la autonomía de Castilla y León sin demasiadas alharacas. Era una generación diferente, y el político en sí era la antítesis de Felipe González. Parco en palabras, escueto en sonrisas y más bien antipático. Ningún carisma. Hablaba con poca gracia y fue blanco de burlas (y de odios profundos) por parte de la izquierda hasta el día de hoy.

En mi opinión hubo dos hechos decisivos que auparon a Aznar. El primero fue que sufrió un atentado terrorista del que salió ileso y por su propio pie. ¿Podía ser un presidente firme y sólido aquel señor bigotudo? Su imagen salió fortalecida y su seguridad indicaba que estábamos ante un hombre que no se rendía ante nada. Ni siquiera ante las bombas de ETA.

El segundo hecho fue que el miedo a la derecha, reiterado recurso  electoral del PSOE, se agotó con la siguiente generación. Habían pasado los años, y el PP fue llegando poco a poco a los gobiernos municipales y autonómicos sin que se hundiera el mundo. Aznar ya había gobernado en Castilla y León, sin que hubiera que temer. Dejar paso a la derecha para que gobernara democráticamente era algo que prácticamente no había sucedido desde la Segunda República que terminó como terminó. Es decir, la izquierda tenía que aceptar que gobernara la derecha, y debía hacerlo pacíficamente. Y precisamente cuando Aznar fue investido presidente del gobierno en el año 96, se pudo afirmar que nuestra democracia y nuestra Constitución estaban consolidadas. Habían pasado 18 años.

Los años del último gobierno del Felipe González (93-96) y los cuatro primeros de José María Aznar (96-00) se caracterizaron por la búsqueda de apoyos en los partidos nacionalistas catalanes y vascos. No hubo mayorías absolutas en ocho años. González siguió en el poder tres años más, creo que por inercia. sin embargo, la sensación de que su proyecto político estaba agotado fue la tónica. De hecho, cuando perdió las elecciones del año 1996, dimitió como Secretario General del PSOE, iniciándose una profunda crisis en el liderazgo del partido.

Aznar gobernó 8 años, y él mismo, quizás viendo el agotamiento de González, decidió que no estaría más de dos mandatos, cosa que cumplió. Llegaba con un estilo más sobrio, más serio y tranquilizando los ánimos. Durante sus primeros cuatro años (96-00) gobernó sin mayoría absoluta, acordó la estabilidad de la legislatura con los catalanes, y obtuvo un gran éxito económico, que fue el aval para que consiguiera la mayoría absoluta en el año 2000.

Sus políticas lograron en cuatro años lo que no había podido el PSOE en una década: crecer económicamente con fuerza, disminuir el déficit y crear mucho empleo. Bajó impuestos, dinamizó los mercados y colocó en cuatro años a España a las puertas de la moneda única europea. Se hablaba del milagro español, y nuestro país se convirtió en un modelo de economía dentro de Europa. Ya no estábamos en el furgón de cola.

Era un éxito incontestable de la derecha que ni siquiera la izquierda podía discutir. Además, las políticas liberales, no habían olvidado subir las pensiones, y la creación de empleo es, a la postre, la mejor política social de todas.

Sin embargo, Aznar no fue capaz de quitarse de encima el complejo y el miedo a ser de derechas. Es decir, gran parte de sus políticas fueron coincidentes y seguidoras de la ideología que la propaganda de izquierdas había consolidado en el país. No tocó el tema del aborto, no cambió las leyes de educación, no se movió en política familiar y apenas hizo cambios para devolver a los jueces y magistrados la independencia que les quitara González. Así fue en los primeros cuatro años. Aznar mantuvo los apaños que hizo el PSOE favoreciendo a los medios de comunicación afines a la izquierda. Sus políticas más de derechas fueron timoratas, y muchas de ellas no cambiaron ni cuando obtuvo la mayoría absoluta en el año 2000. Razonaban que las elecciones se ganaban en el centro, y quizás tuviera razón. Pero abandonaba lentamente a un electorado de derechas que siguió apostando por el PP por falta de otro mejor.

En la izquierda, la misma crisis que atenazaba al PSOE se cebaba con IU, la nueva apuesta el Partido Comunista. Las renovaciones no hicieron sino acentuar la crisis de un modelo agotado. La oposición y la izquierda, (así lo hicieron en la segunda legislatura Aznarista), optaron por desgastar al gobierno popular de Aznar en la calle.

La excepción al titubeo fue la lucha contra ETA. Aznar acorraló a los terroristas cuando vio imposible un acuerdo con ellos (la famosa tregua). Y los puso contra las cuerdas en una persecución que se realizó, no sólo contra el asesino de la pistola, sino también contra su entorno político y económico. Se prohibieron los partidos políticos que apoyaban el terrorismo, se les echaba de las instituciones y se impedía que recibieran dinero del Estado para sus fines torticeros. En el año 1997 ETA asesinaba a Miguel ángel Blanco, un concejal del PP de Ermua. La gente salió a la calle como nunca lo había hecho ni lo ha vuelto a hacer. Era el Basta ya, el final de ETA. La sociedad española (también la vasca) se mostró más indignada que nunca. Se logró en unos años destruir a ETA, ahogarla y derrotarla. Fue casi en lo único en lo que Aznar tuvo el apoyo del PSOE.

Con la segunda legislatura de Aznar, (2000-2004), la de la mayoría absoluta del PP, España había hecho los deberes y había entrado en el Euro. La economía se mantenía viento en popa, y España vio como el Euro se convertía en una moneda física y tangible en 2001. Pero ese mismo año  se producía el atentado en NY contra las Torres Gemelas, y la dinámica de la sociedad española iniciaba un nuevo momento histórico para la democracia española, la que tendría que ver con salir a la calle para mostrar la indignación al gobierno de turno. Eran pruebas de fuerza. Primero salió la izquierda contra Aznar por un accidente de un petrolero, y por la guerra contra Irak; luego salieron los católicos contra las políticas de Zapatero por la clase de religión y contra las políticas de ingeniería familiar del PSOE e su primera legislatura. Y al final de su mandato, en el 2011, salieron a la calle varios movimientos que ponían en duda la legitimidad de la democracia española, la representatividad del parlamento y la Constitución Española de 1978: el movimiento 15 de mayo del 2011. Con él llegó el final del bipartidismo, y del reinado de Juan Carlos I, que abdicó en favor de su hijo, Felipe VI, en el año 2014.

(continuará)

 

 

La traición del Pepé a sus votantes católicos.

Los mentideros, y comentaristas católicos están que trinan y con razón. Y es que el Pepé de sus amores los ha traicionado con el aborto. Esto se veía venir. De hecho no es la primera vez que el principal partido de centro-derecha español da la espalda a sus votantes católicos. En mi opinión la iglesia en general, y los católicos en particular, nunca han sido atendidos ni escuchados por ningún gobierno, ni de derechas ni de izquierdas. Pero claro, entre que te quemen la iglesia, o te digan que no van a hacer nada contra los que te la queman, uno casi prefiere el segundo. El primero es un fanatiquillo cabrón, y el segundo un acomplejado, pero al menos parece que te respeta un poco, aunque le importe poco o nada tu iglesia. Es la elección entre el malo y el menos malo, y los católicos nos hemos echado en brazos del menos malo, pensando que era bueno. Y claro, así nos va.

La culpa de todo la tenemos los católicos por no casarnos con nadie, por no tener estrategia y por dedicarnos a los pobres, y esto último lo digo con toda la ironía del mundo. Nos hemos quedado como las solteronas de los pueblos de antaño, para vestir santos en las fiestas, y ni eso. Nuestros mozos de la política no nos ajuntan, y en el parlamento parece que no hay nadie que vaya a defender lo del aborto. ¿Recuerdan alguna propuesta de los colectivos católicos tenida en cuenta en el parlamento español en los últimos treinta y cuatro años? Yo no. O claramente en contra de la sensibilidad católica, o en plan neutro que no moleste a nadie, pero a favor de algo, na de na.

Los católicos que votan al Psoe, y que han militado en la cosa nostra, en las corrientes cristianos para el socialismo, por ejemplo, han tenido que reinventar su discurso cristiano para que les cuadrara en la política. Y es que es complicado defender el aborto para niñas de 16 años, pero es lo que votaron las señorías que se declaraban cristianos. O ese día no fueron  por allí, que es casi lo mismo pero sin dar la cara para que no te la rompan. Ver para creer, porque luego lo defendían diciendo que disminuiría el número de abortos al año. En realidad han aumentado, pero como nadie se acuerda de Bono, ni de otros, pues ya está. Y es que debe ser jodido ajustar los postulados de la ingeniería social que decide el partido (o sea la cúpula manejada, según dicen, por la masonería) y los razonamientos éticos que se desprenden de tus creencias. Yo creo que les aconsejan dejar las creencias a un lado, y así hay menos líos. Estos católicos, más o menos de centro izquierda, digo que votaban (y votan todavía) tapándose la nariz.

Imagino la tristeza que les tuvo que dar ver que otras corrientes, por ejemplo la de “por una sociedad laica”, eran aplaudidos y apoyados en sus postulados e ideas; y ellos, tan majetes, fundadores del psoe y amigos de la misa, se quedaban fuera de juego. Han sido, poco a poco apartados y ninguneados en sus partidos por ser cristianos, y acaban abandonando la primera línea con la que sueña todo político. Para mí que son los chicos buenos de los mítines. No te haremos caso, pero nos viene bien que nos apoyes. Les vienen a decir sus jefes de filas. Cristianismo de base, se llamaban los tíos, como si tuvieran la exclusividad de la oración. Unos infelices es lo que son.

Yo creo que estas opciones de católicos en la izquierda están barridas y trasnochadas por su falta de audacia. O se les ha apartado de los órganos de dirección, o son simplemente ridiculizados por el resto de cristianos por su falta de coherencia. La ingeniería social que defienden los partidos en los que militan los han convertido en proscritos, deshechos ideológicos y reliquias de algo que una vez se llamó cristianismo y socialismo. Algo como privado, compañero. Y esto no es confesional, que te quede claro. Así se lo recuerdan cuando sacan las patitas del tiesto, que es cada vez que legislan apretando un poco más la clavija contra lo que la iglesia piensa y defiende. Nos tienen manía, seño. Y era verdad, nos tienen ganas desde que no les apoyamos en la Primera Internacional.

La única excepción que conozco donde se ha mantenido la coherencia de ser de izquierdas y cristiano es en el partido Sain, cuyas últimas elecciones no llegó a los diez mil votos en toda España. Una pena, me digo a mi mismo, quizás no sea lo mismo una opción utópica, que una opción preparada para gobernar, y los electores tampoco buscan demasiado, la verdad. Pero así son las cosas. Tiene más votos el partido contra el maltrato animal, y los amigos de la marihuena. Estos ganan por goleada a los friekpartidos.

 Dice el sabio Séneca, siempre aliado con el poderoso, que hay dar las gracias a Zapatero, pues que los católicos deslizaran su voto hacia opciones de centro derecha fue gracias a su sonrisa y a sus ministras. Esas opciones neocoon liberales tipo Aguierre, que siempre las ha habido, por aquello de la familia y la tradicional misa de domingo, parecían la panacea. No se escojonan de nuestra fe, no nos cuentan lo estupendo que es el Cerolo, y casi casi, nos mandan en Navidad una postal con el portal, el niño Jesús y la Virgen. El Gallardón de hace unas navidades, vaya, que menos Feliz Navidad dijo de todo a los madrileños. Pobriño, dicen por Pontevedra.

Lo que no sabe Arriola, que debe ser el que maneja a todos en el Pp, es que aquí los católicos (los que no son de fe sociológica, que empiezan a ser la mayoría) han tenido que taparse también la nariz viendo las políticas de inmigración del Pp, el recorte de los derechos de los trabajadores, y las políticas de ayuda al tercer mundo, entre otras cosas. ¿Cree que a los católicos nos da igual la penosa reforma de la justicia que ha intentado hacer? ¿O piensa que nos mola que Bárcenas se lo lleve crudo? Los del Pp no dan pasta para investigar los problemas de las lesbianas en Camerún, como hacían las del psoe, cuyo afán por repartir condones en Africa siempre ha sido fetén, los del Pp simplemente no dan dinero, o dan menos y sin que se note, por aquello de no perder votos. Y claro, los católicos mordiéndose la lengua. Todo sea porque defienden el no al aborto, decían algunos incautos. ¡Ay majo! ¡Qué te crees tu eso! Y las risas se escuchan por todo el territorio nacional.

¿De verdad nos han traicionado? La fallida ley del aborto de Gallardón era lo mismo que la ley del año 83 contra el aborto que hizo el Psoe. O sea, la misma basura, que ni protegía a las mujeres, ni defendía al no nacido. Esta ley, recordemos, fue aplicada de manera más laxa por el Pp del tío Aznar, que por cierto no hizo caso ni al Papa ni a los católicos españoles cuando se metió de sujetacopas en la guerra de Irak. De nuevo los votantes católicos, acostumbrados a elegir lo menos malo han tenido que apostar por Gallardón, en lugar de la ley Aido, aunque para qué engañarnos, es casi lo mismo. ¿No se puede hacer una ley mejor, más acorde a los postulados de los católicos? No, claro que no. Los católicos no tienen derecho a ser escuchados por el parlamento, dicen los más cabreados. En realidad el Pp nunca fue nuestro partido, y a las pruebas me remito.

Los católicos, cuando hemos analizado a quién votar, siempre hemos tenido más problemas que ningún otro colectivo, y es que las ventajas de la tolerancia y la pluralidad que profesa la iglesia y la comunidad cristiana en su conjunto, no son nada frecuentes ni habituales en otras instituciones sociales. Yo he visto, en encuentros de católicos votantes del psoe, iu, pp comulgar juntos, cada uno con sus ideas, y con un mismo compromiso por vivir la caridad política en la sociedad que se quiere transformar, cada uno en sitios distintos, y Dios uniéndonos a todos. Pero es que así nadie nos hace ni caso. Aunque la sociedad esté en contra del aborto en un 80%, no nos darían una ley acorde a nuestros postulados, ni siquiera por unas horas. ¿Para qué sacar a un millón de personas? Dirán que éramos treinta o cuarenta, y todos fachas, casposos y fascistas. Así que no tenemos nada que hacer por esa vía, porque cuando nosotros vamos, ellos están de vuelta. Nuestra batalla está en la opinión pública, en controlar la educación, en salir en la tele todos los días, como el de Podemos o Pablemos, que ha hecho un partido político a fuerza de salir en la tele contando que estamos los españoles cabreados.

Luego tenemos el tema de la educación. Mientras se descapitalizan los colegios concertados a pasos agigantados, que ya son fundaciones, y que dentro de cinco años tendrán de religiosos lo que yo de bosquimano, se vende en la sociedad que apoyan la educación religiosa. ¿La asignatura de religión? Se resume en lo siguiente: el Psoe la mató, y el Pp la enterró. No ha mejorado nada en relación con lo que ha ido haciendo el Psoe en educación en los últimos años. Si cada vez tiene menos horas, y sin departamento didáctico desde hace treinta años,  por supuesto sin puesto de trabajo fijo. Si es el único asalariado de la educación que queda, al que se le paga por horas. ¿Ha arreglado eso el Pepé? No. Como si no dieras clase, amigo, porque los sindicatos dicen, los de la oposición dicen. Y el PP no dice nada. Bueno sí, yo creo que .  está para animar a los católicos gritando: que viene la izquierda y os quema el templo. Sí, pero en lugar de apagar el fuego, se llevan a los bomberos a otra parte. Es que no hay interés social, nos dijeron cuando gobernaba el de bigote; y cuando salimos a la calle con un millón de tíos, y le llevamos a la presidencia, nos dice que no hay consenso social. Ni se va a poder ni falta que hace.

Los obispos españoles se negaron a apoyar a ningún partido politico en la transición, porque entendían que los cristianos insertos en la vida pública española, y metidos en los partidos políticos, influirían para que sus propuestas llegaran a los comités de dirección de los partidos, y las sugerencias de la iglesia en materia política y social fueran atendidas, haciendo así una sociedad más justa y equilibrada. Aquella estrategia ha sido un fracaso, y algunos empiezan a despertar con la última patada en el culo que nos han dado los del Pepé. No eran nuestros amigos, ¿o qué os creíais? Nosotros no somos liberales, y ellos sí y mucho, nosotros defendemos la vida, y ellos defienden su poltrona. Cambiarán de ideas cuando pierdan votos. Así que ha llegado del momento de que los pierdan, como le está pasando al Psoe con Podemos.

Los católicos, desde hace tiempo, hemos sido calificados por la ingeniería social que manipula este cotarro llamado España: casposos, anticuados, fascistas y demás lindezas. El Pp no se va con nosotros a ningún sitio, le basta con que le demos su voto, porque saben que no tenemos otro lugar donde ir.

Pero se equivocan.

Igual que el Psoe se descompone entre sus simpatizantes de toda la vida, que prefieren mirar a Podemos como opción politica más interesante; también los votantes del Pp pueden marcharse y deslizar su voto hacia opciones como Vox, o como SAin si defienden el aborto, que sí lo hacen. O votar al Podemos, o al Psoe, o a IU o a Upd. Seguro que nos van a hacer el mismo caso, o sea ninguno.

Podemos o no Podemos, esa es la cuestión.

Podemos dice que sí que puede. La agrupación de izquierdas levantada de la nada por el tertuliano Pablo Iglesias, ha logrado estar en boca de todos desde que en las elecciones al Parlamento Europeo lograra algunos escaños. Y eso hay que reconocer que tiene mucho mérito, porque Javier Nart, otro tertuliano, logró menos siendo un buen argumentador, mejor incluso que el Iglesias ese, al que vi una vez en intereconomía como se lo comía con patatas el feo de Jiménez Losantos, el azote de la progresía en este país. Los dos tienen en común que están como enfadados, igual que la Valenciano, y es que para ser convincente en este pais parece que tienes que argumentar con cara de cabreo, porque sino no eres creíble. En eso Nart, la Valenciano y Pablo Iglesias se parecen mogollón.

El caso es que la prensa en tropel dijo que el bipartidismo estaba herido de muerte, y como el Psoe era el que más perdía pues ha empezado a renovar lo suyo. En lugar de buscar otro tío con cara de cabreo ha aparecido un tal Sánchez, (esto es como un tal Blázquez que dijera Arzallus), pero sonríe demasiado, lo cual es horroroso para los de izquierdas, porque ahora hay que estar con cara de circunstancias, como Cándido Méndez. Otro que no sonríe ni a su ángel de la guarda por si le destapa algún secretillo.

Con Sánchez han aparecido en el Psoe caras nuevas, pero con las mismas ideas de siempre. Pijiprogres es lo que me parecen desde hace mucho tiempo estos del Psoe, pero es que ahora sonríen, y claro, con la herencia de Zapatero, que estaba en plan Mona Lisa, pues casi como que no. Mejor que salga un agonías, que seguro que le va mejor. No quiero dar ideas, pero es que las necesitan a voces.

Los que deberían estar cabreadísimos son los de IU. Después de una tradición histórica impresionante en la clandestinidad, luchando desde una guerra civil, apostando por ofrecer un programa distinto, revolucionario y solidario con los obreros y los desheredados de la tierra. Un programa utópico e irrealizable como ninguno, con gente y caras nuevas cada poco tiempo, con explicación tras explicación, dando la vara a la peña, que es lo que hacen bien los de izquierdas, llegan estos del Podemos y les adelantan por la derecha (no en el sentido político), y dejan a Cayo Lara con un pasmo de tres narices. El partido obrero comunista de toda la vida superado por una panda de colegas de ciudad. Está tan alucinado que todavía no ve que son sus rivales naturales, y que luchan por el mismo espacio político.

Lo que pensamos todos (incluidos los pocos de izquierdas que no se han exiliado a Francia) es que la izquierda está desorientada desde que se les cayó el muro de Berlín encima, y tienden a repetir el mismo discurso pseudomarxista sin demasiada creatividad. Deberían buscar en el cristianismo una fuente de inspiración segura para sus posiciones políticas, como hacen en algunos países nórdicos, pero eso en España, donde está la crème de la crème de la quema y tortura de obispos e iglesias, con un laicismo tan arraigado como el anticlericalismo de aldea, es casi imposible de plantear. Ni en el Psoe, ni en el Pce (que desde hace años no escucha a los creyentes que militan en sus filas). Cristianos para el socialismo parece cristianos en el olvido, porque no les hacen ni caso.

Podemos ha llegado copiando campaña. Se llaman así, Podemos, lo cual recuerda mucho a Obama en la campaña que lo aupó a Presidente de los Estados Unidos, (yes, we can – Sí, podemos), como a la furia española, luego llamada la Roja por la prensa, y que ganó el Mundial de Brasil (perdón, quiero decir el de Sudáfrica). La jugada fue maestra, porque ya estaba la publicidad hecha de antemano. Podemos ha jugado fuerte en la red y le ha ido bien. En lugar de una estrella o cruz esvástica, se han buscado un logotipo de otro tino, unos circulitos, en plan alianzas, y ahí están en el parlamento europeo, codeándose con Daniel el Rojo, el del mayo francés. Todos amiguitos tomando mejillones y cerveza, que es lo que se puede hacer en Bruselas.

Lo contrario de poder es la impotencia. Y eso es lo que parece que les está empezando a suceder. En el Parlamento Europeo no pudieron hablar lo que les diera la gana. Es que los turnos de palabra está asignados en función del poder real que tengas. Y Podemos, no puede hablar horas y horas en plan Fidel Castro. Es que no te dejan. Por eso tuvieron un coitus interruptus el otro día en el parlamento europeo, y se quedaron con las ganas de terminar su perorata. También se han bajado del burro del asamblearismo, y están montando su asociación en plan partido político y con un gran líder al frente: Pablo Iglesias. O sea él mismo. Desde que ganaron sus escaños creo que están perdiendo votos, pero vete a saber, que en este país hay gente para todo.

Podemos no va a poder hacer lo que quiera, igual que Obama tampoco ha podido en sus años de presidencia. No es que las cosas estén atadas y bien atadas, es que si te sales de las reglas de juego democrático te conviertes en un dictador. Y Obama, como todo americano, cree en la democracia porque es la esencia de su patria. Entre esas reglas encontramos unas tan sencillas como el respeto a las libertades  (incluido el respeto a la libertad religiosa y a sus acuerdos internacionales), la división de poderes (y la prohibición de tomar el Congreso por la fuerza), que seguro que llena de pena a muchos de los suyos;, y por ejemplo el respeto al Jefe de Estado, que en España es el Rey. Lo que está claro es que solo “podemos” cambiar la Monarquía respetando las reglas constitucionales, que son las reglas de nuestra democracia.

Ahora que es parlamentario en Europa quizás vea más pluralismo que el que suele haber por la cadena televisiva amiga, la que le ha aupado, porque si no le gusta se convertirá inmediatamente en un dictador, porque todo el mundo convendrá conmigo que un soviet (asamblea) no era exactamente una democracia, aunque se llame así. Pablo nos quiere convertir en una dictadura sin que nos demos cuenta, usando la palabra democracia, y eso no es posible. Los de Iu han tardado algún tiempo en aprenderlo, y los del Psoe lo aprendieron pronto olvidando a veces que hay que gobernar para todos, y no solo para los de su chiringuito.

Sus ideas, las de Pablemos, seguro que son muchas de ellas interesantes, pero no todas serán factibles. Podemos no va a poder hacer lo que se le ocurra, entre otras cosas porque muchos otros no piensan lo mismo que él. Y seguro que están tan dispuestos a pelearse por sus ideas como él por las suyas. En una palabra, tendrá que irse cambiando el nombre, y dejar de llamarse Podemos, porque cuando se vea que no puede, se cabrearán pensando que antes muertos que incoherentes a sus raíces, claro. Yo le sugiero Impostura, Impodemos, o simplemente Izquierda Unida Pablemos, que es donde creo que van a acabará este experimento político en no muchos años.

 

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