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Monotemática y temas tabú.

No soy el único que lo ha notado. Los telediarios, los reportajes, el equis ele, los periódicos y las radios parecen cortados por el mismo patrón. Cuando toca hablar de un tema, nos dan la matraca hasta el final, hasta aburrirnos y hasta agotar el tema. Lo hacen de manera divulgativa, que es ensartando unas cuantas mentiras, unos datos confusos y unas obviedades que den por verdadero lo particular y dudoso. Así funciona el sistema propagandístico de las democracias occidentales, porque en el resto nadie discute que no haya libertad de expresión. Ya sabe, da igual que sea mi tema o tu tema, lo importante es hablar y hablar sin parar del único tema que podemos y debemos hablar. Es propaganda, por supuesto, y en un país donde se supone que debería existir el pluralismo político, es una lacra que nos inunda y nos impide ver los árboles del resto del bosque.

Y es que además de pinos piñoneros, también hay abedules en el bosque. Incluso son a veces más abundantes. Frente a las 55 víctimas de presunta violencia de género, hay que contraponer, porque nunca se habla de ellos, de los 3000 suicidios anuales. Sí, lo han visto bien: 55 frente a 3000. De unos se hace monotema, y del otro tema tabú. Se justifican diciendo que hablar de suicidios incrementa los suicidios, pero no dicen que hablar de violencia de género también debe incrementar el número de este tipo de crímenes pasionales. ¿O acaso hay alguien que quiere que se incremente el número de casos porque vive de eso? No me lo respondan, por favor, me imagino la respuesta y me da náuseas.

Por supuesto nunca se habla en profundidad de ninguno de los monotemas. ¿Para qué si el tema está claro y nadie discrepa? Los periodistas repiten las consignas prejuiciosas de turno y sacan sus monotemas aunque no sean importantes. Da igual que haya habido un bombardeo en Siria, que los iraníes derriben un avión comercial, que tengamos terremoto en Filipinas con miles de muertos… si casualmente ese día hay un sobreseimiento en una causa de corrupción, o muere una señora presuntamente a manos de su marido, lo importante es eso. Dicho de otra forma,  predomina lo particular frente a lo general. Predomina el monotema, lo que demuestra que el caso particular da igual, lo que interesa es continuar con la propaganda un día más, un telediario más, una hora más, un minuto más.

Los monotemas son tres o cuatro, no más, porque si superan esos números se diluye la propaganda del sistema. Cuando pones un telediario, cualquier día y casi en cualquier cadena, se muestran lo mismo. Algunos dedican más tiempo a su propaganda ideológica y otros menos, pero en general, casi todos dicen lo mismo y dan las mismas noticias. ¿Todos los periodistas piensan que las noticias importantes son las mismas? Parece que sí, y supongo que es porque tienen los mismos miedos y los mismos jefes.

El primero de los monotemas del telediario es lo que hacen y dicen los políticos del día, casi siempre tema nacional, si es internacional es Trump, y por supuesto, nunca hablan de la democracia en el Congo ni del presidente de Liberia. ¿Para qué? Si no es interesante, dicen.

Los políticos suelen colgar sus rebuznos en twitter y así no molestan a los periodistas con ruedas de prensa. Lo que dicen y lo que braman son imbecilidades soltadas para el ganado. Y el ganado se lo traga como pan bendito. Ocupan un porcentaje alto. Lo que ha hecho y dicho el ministro y así. A estas declaraciones se añaden las especulaciones jurídicas de los periodistas, que no saben muy bien si el juez hace o deshace, porque básicamente no saben qué es un juez porque no lo han estudiado. El magistrado dice, deja de decir, imputa, procesa, declara. Probablemente no saben qué es cada cosa, pero les da igual, porque de inmediato son contestados por los políticos que sí saben, pero que en su maldad disfrutan destrozando la separación de poderes. De eso no hablan, de la independencia judicial. Tampoco hablan del Congo. Eso no importa, en cambio, la chorrada de cualquier imbécil metido a portavoz de algo sí importa, y mucho.

El segundo monotema es la consabida y tediosa violencia de género. Casi nunca hablarán de otros crímenes: ni drogas, ni contrabando, ni extorsiones, ni robos con violencia, ni robos sin violencia, ni desapariciones, ni ocupas, ni atracos, ni vandalismo callejero, ni suicidios ni casi nada de nada. Y si son menores o extranjeros tampoco lo mencionan, es tema tabú. A veces dedican algo cuando el tema es muy gordo, pero más bien poquito. Hay que vender, y se conoce que la violencia de género vende mucho, o cobra mucho. Que será eso también. Lo dicho, 3000 suicidios al año, y 1000 muertos en carretera en España anuales, no tiene nada que hacer frente a 55 presuntos asesinatos de género y con perspetiva de género. El 1,3% de las muertes de la cosa nostra ocupan la única actualidad en sucesos del país. Y he sido generoso en la proporción.

El tercer tema es el relativo a la meteorología y al cambio climático. Suceda lo que suceda, llueva o haga frío, todo es por el la consabida verdad verdadera del cambio climático, que ni es cambio, ni es climático, pero que da igual, porque todos le llaman así y Sánchez ha dicho que no se puede discutir. Nunca te explican las opiniones disonantes, las voces de los científicos que no son subvencionados, ni siquiera salen científicos de más de 60 años hablando en la televisión. Casi siempre son jovencitos que parecen recién salidos de las facultades de Ciencias Medio Ambientales, donde también debe ser todo monotemático. El caso es que te cuentan el tiempo por activa y por pasiva, y te dicen hasta el porcentaje de luna que tenemos. Información basura y poco relevante, pero que ellos lo dan, porque piensan que tenemos que estar informados. Jaja, que gracia tienen los tíos. El culmen del monotematismo es hablar del cambio climático con perspectiva de género. Palabra que lo dijeron el otro día en no se qué cumbre de las miles que hacen al año sobre el monotema.

El cuarto tema es el relativo al deporte. Perdón, quiero decir al fútbol que practican dos equipos: el Real Madrid, el Barça, y a veces el Atlético de Madrid. Cuando gana Rafa Nadal también lo sacan y sonríen los periodistas, y cuando gana algún otro u otra nos lo cuentan rápido. ¡Ah sí! ¡Qué también somos campeones de badminton gracias a Carolina Marín! ¿O era Martín? Vale, Ahora hablamos de los nuevos fichajes del Real Madrid. Pase lo que pase son noticia. O están en crisis y están ganando; pero nunca están fuera de los telediarios.

Frente a estos temas, se cuela alguno más relativo a la cultura, por poner algo, supongo. A las noticias científicas tampoco le dedican ni dos segundos. Que si han lanzado un satélite los de la NASA a Plutón. Y por supuesto deben ser noticias de relumbrón, porque si no, no son noticias. Lo cotidiano no es noticia, y por eso, mejor les contamos cinco minutos más lo del Madrid y ya. Que eso sí que es noticia, los entrenamientos del Madrid…

El caso es que hay grandes sacrificados en los informativos y los telediarios, que son, a saber, el arte en general y la ciencia en particular. Nada de música, ni de literatura, ni de poesía, ni de cine, ni de toros, ni de teatro, ni de danza, ni de ópera, ni de… Se ve que tampoco existen documentales sobre Carlos II, ni sobre Felipe III, ni sobre Galdós (ahora que está hasta de minimoda),  nadie habla de las consecuencias del Brexit, ni de la guerra en Ucrania, ni de nada. La inanidad debe ser esto. Monotemas y temas tabú. De unos repiten y repiten, Segunda Guerra Mundial y lo malísimos que fueron los nazis, y de el resto no se habla.

Hay otro tema de los documentales que sí se habla y mucho, y es el asunto de los extraterrestres y la teoría de los antiguos astronautas, que debe ser el monotema en Estados Unidos. Hasta las cadenas dedicadas a historia hablan de esto y no de historia. Luego están los reportajes sobre la naturaleza, y no parece haber más que bichos y animales asesinos que se comen a sus presas a lo salvaje. ¡Cómo que son bichos, coño!

En fin, que si te apetece ver algo diferente tienes que andar ronroneando al canal cocina; a canal sur, que siempre están triki triki; o Telecinco donde el monotema se llama “Sálvame” que es un programa con un final tan incierto como repetitivo. Por supuesto, siempre nos queda la lectura.

 

Posmodernidad: de la clase social a la tribu.

La posmodernidad de finales del siglo pasado definía al hombre como un ser fragmentado, en descomposición, light y débil. Exigente con los derechos de bragueta y olvidadizo con las injusticias del Tercer Mundo. Pero todo evoluciona, y tras casi veinte años del siglo XXI, me atrevo a formular el siguiente paso del proceso. El hombre débil y light se agrupa en función de sus intereses y gustos más inmediatos, y lo hace utilizando la globalización que permiten las redes sociales para construir un nuevo modelo social: la tribu. Las empresas están al acecho para determinar a qué cuatro o cinco tribus pertenecemos, y así nos puedan vender sus cacharritos con más acierto. Afilan sus cuchillos para darse el gran festín.

La descomposición cultural no es nueva, se inició ya hace unos cuantos siglos. La muerte de Dios y sus sustitución por la razón o por la lucha de clases queda algo lejos, y el hombre trata de agruparse en función de sus apetencias más inmediatas, sus deseos más íntimos, ocultos o públicos. Ahora da igual. Es más, se puede pertenecer a tribus contrarias, enemigas u opuestas en intereses y resoluciones. No importa. La necesidad empuja a que formar parte de la tribu, la que sea, la que nos permita salir de la soledad de un móvil apagado. Ahí está la gente en las redes sociales, atrapados en la tela de araña y buscando compañeros con los que compartir el tiempo, incluso la vida.

Marx inventó el concepto de clase social para poder enfrentar a la humanidad en una lucha sin tregua: oprimidos y opresores; proletarios y burgueses; ricos y pobres. Nadie se libraba de estar en algún bando de la guerra, y los que no tomaban partido eran unos desclasados, unos ateos a la política, unos alelados que fumaban opio a espuertas mientras rezaban el rosario. Tal esquema reduccionista se mantiene en determinados discursos de la izquierda, y eso que la posmodernidad barrió con el muro de Berlín y con los Gulag del paraíso comunista. Pero el mundo sigue su camino, y ahora la humanidad se ha fragmentado en cientos de miles de tribus distintas. Muchas de ellas no son tribus implícitas, pero eso no importa. Consumos comunes, me gusta, y demás van configurando nuestra personalidad en las redes y en los mercados. Los pobres comunistas se han convertido también en tribu; o mejor dicho en muchas tribus distintas: desde los perroflautas hasta los barbudos, Errejones, podemitas o antisistema. Cada uno a lo suyo y viva el individualismo.

No digo nada nuevo si hablo de la muerte del marxismo. Llegó el fin de los discursos y de los mandatos ortoprágmáticos, eso fue la posmodernidad. Sin embargo, la deconstrucción humana se mantuvo y perseveró, hasta lograr abrir una brecha en la soledad de un corazón humano cuya única plenificación sigue siendo Dios. Soledad y tristeza en medio de la fiesta Nietzscheana.

La incoherencia se asentaba en el hombre que había perdido a Dios, y que quedaba desasistido ante los embates de un capitalismo feroz que ha ido aniquilando la trascendencia hasta convertir al ser humano en un cúmulo de fragmentos sin conexión. Somos nuestros deseos de consumo, nuestros gustos. Y nos alimentan con ellos para evitar nuestra trascendencia. La incoherencia no importaba ya, y el pecado quedaba anticuado y lejos. Dicho de otra forma, se podía ser activista de los Derechos Humanos por la mañana, y por la tarde maltratar a la familia. Posmodernidad y doble vida.

Ahora la posmodernidad ha dado un paso más. Los fragmentos inconexos del hombre contemporáneo se han vinculado a otros fragmentos semejantes encontrados en otros hombres que habitan el otro lado del planeta. La red conecta gustos y nos convierte en una nueva agrupación, la de la tribu. Las hay de todos tipos, desde los de Star Wars hasta las “metoo”. En nuestro planeta, los amantes de los platelmintos se unen en la red para intercambiar sus pareceres sobre los abusos que sufren los pobres gusanitos en los intestinos humanos. No dan tregua, aunque sean dos cientos en un mundo de casi 10 millones de hombres fragmentados. A veces llegan a millones, y les basta para conectarse con un “me gusta”. Me mola, me va, me va… Fragmentos buscando el fragmento gemelo que me alivie mi tristeza, mi enfado, mi deseo, mi yo.

Las tribus son subsistemas culturales incompletos que pretenden dar significado a sus miembros. Ofrecen un sentido parcial, recortado y rizomático, pero es suficiente para que sus miembros se sientan a gusto y protegidos. Dan sentido a la soledad, y proporcionan seguridad a un hombre débil que tiene miedo a casi todo, especialmente al ostracismo. Pertenecer a un grupo es la necesidad inmediata. Ya no importa mejorar el mundo, ni siquiera mejorar personalmente, ni mejorar en el trabajo. A la generación Z, la que nació en torno al año 2000, ya tiene claro lo que necesita. Un móvil, conexión y un par de buenos juegos en red. Con eso será feliz hasta que se agote. Por eso la peor tortura que se puede sufrir es que se burlen de él en la red. Débiles, fragmentados y agrupados en tribus.

Por eso en las redes como facebook la gente se agrupa y agrupa sus intereses, sus gustos, para proporcionar un significado que no es conseguido ni en el trabajo, ni en la familia, ni en los amigos de carne y hueso que nos son dados en la vida. Nos agrupan por juegos, aficiones, amigos de red y conocidos de la vida. Nos tribalizan y nos trivializan, y nos ordenan para podernos vender mejor y con más eficacia lo que deseamos. Estas agrupaciones no debaten, no discuten, no comparten más que información para sentirse bien, para no dolerse de la incoherencia. Nos enviamos mensajes con los que estamos de acuerdo para que los que son como nosotros nos den la razón y estén también de acuerdo. Y el colmo del gozo es que reenviemos tales mensajes con los que estamos de acuerdo.

El hombre tribu puede pertenecer a varias tribus sin problemas de coherencia. No le importa, entre otras cosas porque no piensa en términos de totalidad. Ni la filosofía ni la religión son generalizadas, son dos tribus más…

Por eso se puede ser de la red amigos de las hamburguesas a domicilio y a a la vez pertenecer a la tribu que odia el metano que despiden las vacas por la campiña inglesa. No hay más incoherencia que la que proporciona el mismo planeta. Ecologistas todos y consumidores a la vez; feministas todos y machistas a la vez; correctos  y rebeldes al tiempo. Es lo que mola. todos en todo, y unos pocos líderes manejando las tribus a su antojo.

Por eso los movimientos sociales son lo que son, Tribus de deseos comunes. Feminismos, ecologismos, voxistas, socialistas e independentistas, madridistas o barcelonistas. La clave es pertenecer a tres o cuatro tribus. Maś que nada porque sin ellas hace frío.

Los católicos, sin ir más lejos, somos desde hace mucho tiempo una tribu más, una subcultura cada vez más extraña para el mundo, y que sobrevive en una cultura fragmentada. Al menos tenemos la ventaja de estar junto a Dios, el único lugar de la tierra donde hace calorcito.

También las tribus pasarán…

¿Por qué triunfan los populismos?

El asunto no viene de nuevas, desde hace unos cuantos años vencen en elecciones los que nos parecen a muchos los más mentirosos, los más fantasioso, los que dicen más tonterías por minuto, los más incoherentes, los más idiotas y los más lerdos, pero que por falta de contraste, en parte, y por otras razones, que ahora vamos a analizar, terminan llevándose el gato al agua.

Ganan las elecciones, y la peña se queda cariacontecida, asustada o lloriqueando directamente. ¿Pero cómo ha ganado este tío? Te dicen asustados. Lo que yo me pregunto es si alguien se mirar en el espejo; porque el triunfo de los populismos lleva funcionando en Europa desde hace bastantes lustros. Por lo menos se me ocurre desde que Napoleón III ganó las elecciones en Francia (en 1848) simplemente porque se presentó como pariente de Napoleón I, (otro iluminado en plan Hitler que pensó que se podía invadir el mundo a la fuerza). Francia de populismos sabe mucho, es verdad, y a las pruebas me remito, pero también sabemos mucho de lo mismo en Alemania, Rusia, España, Portugal, China, Japón, Corea del Norte, Gran Bretaña, Austria,… y por continentes la palma se la llevan en América del Sur y África. Cada poco tiempo surge un iluminado en la historia, un tío que promete el oro y el moro, y la gente se va detrás como los ratones con el flautista de Hamelín. Como los niños detrás de la música que tocan.

No hay que olvidar que el populismo es un fenómeno de la modernidad y la posmodernidad. Llegó con los nuevos vientos que trajo la Ilustración (uno de los periodos más nefastos de la historia), en la que se empeñaron en contarnos la falacia de que el pueblo era bueno y sabio (decía el vagabundo Rousseau), y que no se dejaba engañar porque era cantidad sabio y racional. Y claro, como es mentira, pues pasa lo que pasa. Que al pueblo le engaña cualquier mercachifle con cuatro ideas que suenen estupendas, incluso aunque no sean coherentes las cuatro ideas entre sí. El pueblo, ya lo decía Séneca, es una turba asquerosa, una masa lacerante para la filosofía y la inteligencia, estúpida y manipulable hasta decir basta. Aristóteles sostenía que el pueblo siempre elegía a sus representantes en función de sus intereses y de sus pasiones, por eso acaba degenerando la democracia en la demagogia. El prefería la monarquía como el mejor sistema político, cuya degeneración era la tiranía. Es curioso, que tanto D. Trump como H. Clinton, que son bastante parecidos en su afán por manipular a la peña, los veamos como rivales cuando apenas son basuras de distintos contenedores. En realidad no había mucho que elegir. Una representa el sistema que no funciona y está infectado de listos que se aprovechan del mismo y te venden la moto, y el otro es el antisistema de un tipo cuyo primer éxito a consistido en acojonar a Europa, para disfrute del ruso Putin.

El populismo tiene como principal caldo de cultivo la impotencia de una sociedad que se harta de ver incompetentes gobernando. Les han vendido que el mundo se arregla fácilmente. Que el pueblo tiene derecho a no sé qué cosas, y que esto se arregla rápido. Y no. Hay problemas en política que no tienen solución, y otros cuyo remedio es peor que la enfermedad. A veces no hacer nada es el mejor gobierno (no empeorar las cosas, por favor), pero eso nunca lo hará un populista. Siempre prometerá lo que la gente quiera escuchar, y la gente, por desgracia, está dispuesta a escuchar cualquier tontería que suene bien. Incluso aplaudirá a su líder aunque le suene mal, que es el colmo del populismo.

Profundizo un poco más. El populismo surge cuando se caen las ideas, las creencias y las convicciones profundas. En una sociedad agnóstica los populismos sustituyen a las religiones. Y en Estados Unidos, cuya religiosidad está dispersa y atomizada en la privatización de la fe, el populismo aparece como la salvación que las religiones no pueden lograr en el ámbito público. Kennedy fue un populista, pero B. Clinton, Nixon, Obama o Reagan también lo fueron. América necesita salvadores, y el presidente es lo más parecido a un superhéroe para ellos. Lo llaman líder, pero en realidad es una divinidad con fecha de caducidad. Una divinidad con pies de barro. Al menos sabemos que se largará en cuatro años, a lo sumo ocho. Gracias democracia.

Lo peor que le puede sucederle a una sociedad, y de eso las democracias tampoco son inmunes, es tener un populista tras otro, porque no hay forma de salir del agujero. Es lo que ha pasado en Argentina, en Venezuela o en Rusia con Yelsin y Putin seguidos. Se enquistan y parece que no hay forma de “desectarizarlo” todo. En España, el populismo lo despertó Zapatero y lo va a consolidar Pablo Iglesias, que es un ZP sin corromper y un Che sin escopeta. En cambio, la derecha en España no quiere populistas, porque ya tuvieron a Franco y saben bien que un gobernante no tiene por qué ser simpático. Que se lo pregunten a Aznar o a Rajoy, que caen mal hasta a los que les votan. Aquí el populismo vendrá de los perdedores de nuestra historia (izquierda y república), en cambio en otros lugares llega de manos de los  otros derrotados, como fueron los nazis en Francia, por ejemplo.

En Europa los populismos vienen teñidos por el color de la sangre y del pasado. Quizás por eso somos más sensibles y nerviosos a los lumbreras ajenos. Ya sufrimos a Hitler, un tipo que encandiló con su música a media Europa (sigue encandilando a muchos sin que lo sepan), o a Stalin, un psicópata que murió en la cama y que algunos todavía añoran y aclaman. El culto al líder. Normal. Es lo que pasa cuando se pierde el culto a Dios. En palabras de mi querido Chesterton: “cuando el hombre deja de creer en Dios, termina creyendo en cualquier cosa“. Pues eso, Europa es un ejemplo claro de rumbo errático en asuntos de política, que es lo que sustituyó básicamente a la religión cuando mataron a Dios. Por suerte, los valores que impregnan los derechos humanos, los que defiende Europa, siguen siendo básicamente cristianos. Hasta que los cambien por otros derechos tipo animalista transexualizado u otra cosa. Vamos camino.

Nuestra próxima “sorpresa” populista será Le Pen en Francia, igual que Siriza en Grecia, y en el futuro Pablemos en España. La gente tiene que creer a algo lo suficientemente deslumbrante, aunque sea estúpido. Algo que no recuerde la inanidad en la que vive, ni su vacío existencial, ni el errático devenir de su sociedad y cultura. Aquí estamos además, en España me refiero, bien adocenados gracias a los cuarenta años de dictadura educativa socialista, esa que ha impedido una Trascendencia con la que combatir el populismo. ¿Qué dices? ¿Qué están paralizando la LOMCE? Igual estaremos otros 40 años más, 80 en total. Aunque ya te digo, son contenedores con la misma basura. La LOMCE, la LOE, la LOGSE y lo que venga. Aquí estamos de populismo hasta las orejas y subiendo.

 

 

Rejuvenecer o envejecer en política. Crónica de un debate histórico. 13 de junio 2016

 

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¡Santa María! ¡Lo mucho que ha envejecido Pablo Iglesias en cuatro días! Este muchacho parecía tener una adolescencia retrasada, de esa que con 24 años andas de fumeta y de movida por la facultad, divirtiéndote y pasándolo de puta madre. Pero el tío se ha quedado anticuado en menos de un año, desde que ha tocado poder, desde que se ha asociado con Izquierda Unida y dice que es socialdemócrata para disimular que es comunista. Eso envejece a cualquiera, claro. Y es que la gerontocracia (poder para los ancianos) siempre ha sido el gran problema de la izquierda real. Que se lo digan a los soviéticos. Pero es un mal que afecta a todos los partidos políticos. Están todo el día diciendo que son el cambio y el progreso, pero en realidad lo único que cambian son ellos que envejecen. A saber.

La política tiene sus edades, y la imagen de las formaciones políticas también. Así, por ejemplo, y siguiendo con PODEMOS, estos muchachos eran unos adolescentes rebeldes hace cuatro días, pero desde que llevan gobernando en Madrid y Barcelona como que han madurado; siguen siendo jóvenes salvapatrias, pero ya no montan sus tiendas de campaña en la calle. Ahora ya son gente de bien que te cuenta lo guay que son sus ideas y disimula la edad que tiene. No le dan al canuto, y te piden el voto porque ahora los del Congreso SÍ nos representan. Todavía vociferan eso del “sí se puede”, pero en cuatro días se buscan un himno solemne para sus mítines, con letra y todo, en plan el de Riego y a llorar recordando lo bien que estuvimos en el 15M.

Esta gente que hace cuatro días nos parecían unos alocados descerebrados, ahora muestran una cara más madura y circunspecta. En poco rondarán los treinta y pico años, yo creo que será en esta legislatura, tanto gobiernen como si no, y cuando pasen cuatro años o seis, serán cuarentones venidos a menos. Están condenados por el tiempo, y, ¡sorpresa!: en ellos pasan más deprisa los lustros que en otros partidos. El chico, que se me ha hecho mayor de repente. Y van a la tele a debatir con sus enemigos de antes (la casta), que ahora son casi coleguitas (Sánchez), y dentro de poco se irán de cañas por Valladolid con la Soraya del Pepé, que para ellos tienen mucho morbo las tías del PP; y es que van en plan macho alfa, para probar que son atractivos con las incautas hijas del señor Rajoy.

Los votantes también cumplen años, por eso ahora los votantes podemitas son peña joven. Según vayan madurando en la vida, lo harán sus líderes de PODEMOS. Así que hay Pablito para rato, pero no hay que alarmarse: el tío evolucionará y yo ya predigo que será una mezcla entre Zapatero, Mussolini y Felipe González. Pablemos se negará a ponerse corbata, salvo en los Goya, y sus partidarios le seguirán votando aclamándole como un gran tipo que no renuncia a sus principios, aunque por entonces tenga amigos multimillonarios, como Roures, por ejemplo, que se está forrando y lo que le queda; y declare un par de guerras contra algún terrorista tocahuevos del futuro, que seguro que lo habrá.

Convergencia también ha caducado. Pujol era el padre del invento, y el hijo, Artur Mas, ha quedado tocado. Es como un hijo mayor bobolicón que no se va de casa ni a tiros. Se tienen que reinventar, y echar al muchacho de casa. Para eso tendrán que sacar un discurso nuevo, unos líderes nuevos y unas ideas nuevas. Tan nuevo todo que ni se parecerá.

Los que tienen problemas de edad son los del PSOE. Sobre todo porque no aceptan que son mayores, que han envejecido, y el tiempo los hace menos guays y progresistas. Son como esas señoras que no quieren tener arrugas y hacen el ridículo yendo a que se las planchen por aquí y por allá. En plan Preysler, que se hizo unos arreglitos y parece estirada, como una esfinge. Sara Montiel es su modelo, parecía joven pero tenía entre doscientos y trescientos años. Así está el PSOE, estirado y con la cara llena de botox. Cien años de honradez, presumen, pero es como el mantra de un abuelo en la residencia, ¿a qué no sabes cuantos años tengo? Pues eso, cien. Y es que no hay nada peor que alguien que no acepta la edad que tiene.

En realidad no están tan mayores. Zapatero rejuveneció el partido con locuras de juventud, pero la cagó (para sus votantes) cuando se rindió a Obama y a Merkel. En un día descubrieron sus partidarios que Blancanieves era en realidad la bruja arrugada ochentona de su madrastra. Y eso es muy fuerte. Por eso la mandaron al asilo con Felipe y buscaron algo nuevo, un tal Snchz, que es como Zapatero pero con restos de viruela. Nadie cree a Sánchez, este buen hombre, porque la gente está escamada con esos cambios de edad repentinos.

El gran complejo del PSOE surge cuando se arriman a PODEMOS. Parecen los hermanos mayores pijos y conservadores que presumen de luchar contra no sé qué franco (todo inventado porque fue el PCE), y quedan como el culo. Somos progresss. No cuela, le dice el tío de enfrente con chupa de marca y un tatuaje por el cuello. El enemigo es Rajoy. No hombre, no, el enemigo eres tú mismo, que has envejecido y no te has enterado.

IU siempre ha sido la formación más centenaria. Eran abuelos que contaban batallitas para cambiar el mundo que ellos no pudieron cambiar porque la cagaron. Por eso la coalición PODEMOS e IZQUIERDA UNIDA tiene algo entrañable. Es como juntar al abuelo con el nieto rebelde y sacarlos a tomar una cerveza. Es que tengo mal es estómago dice Cayo Lara. ¡Qué mayor estás abuelo! Han puesto un corazoncito para que nos lo creamos. Entrañable, digo. Y es que la imagen es lo primero, decía Goebbels antes de hacerse famoso por cabroncete.

Nos queda el PP, un partido que supo rejuvenecer en su momento quitándose de en medio a Fraga, y poniendo a Aznar al frente. Pero el tiempo pasa. El bigote se le ha quedado blanco, y Rajoy, parece el benjamín de una pandilla que ya tiene una edad y bastantes golferías a sus espaldas. Lo que hacen bien es no disimular la edad, y en el debate de ayer por la tarde lo dijeron con mucha tranquilidad. Gobernar no es fácil y esto no es un juego. Y los otros, que ya están en ayuntamientos disfrutando de ser poderosos, pues se quedan como que sí que es un juego, y es que es de puta madre jugar a mandar.

Nos queda Ciudadanos, que de momento se conserva bastante bien. Aparentan unos cuarenta años, edad de sensatez y prudencia, pero llevan diez años en Cataluña con la misma edad, y eso es sospechoso. No han tocado poder, y eso es como si tuviéramos al chico en casa, con una formación buenísima, gran capacidad y estudios, pero sin empleo. De la tele al frigo, y leyendo en inglés. O tocan poder en un par de legislaturas o envejecerán tanto que habrá que enterrarlos en vida. Es el síndrome del CDS, caen bien pero nadie les vota porque no parecen ser una alternativa. Es lo que ha pasado con UPD, que han muerto de ancianidad simplemente por no quererse renovar con los de Ciudadanos. Una oportunidad perdida para que Rosa rejuveneciera, sin duda.

En mi opinión habría que dar una oportunidad a estos muchachos de Ciudadanos. A la juventud sensata siempre hay que dejarles pasar, para que nos ayuden con sus ideas y su dinamismo. Antes de que envejezcan, claro. Lo de Podemos es otra cosa, son los getas de la facultad, los que mientras tú estudiabas ellos copiaban en los exámenes, y claro. No son de fiar, aunque vengan ahora con camisa blanca.

El triunfo del PAPANATISMO.

Yo creo que es una constante sociológica, que el ÉXITO atrae al ÉXITO. Sucede en todos los ámbitos de la vida, desde la política hasta el fútbol, desde los restaurantes hasta las lecturas de cabecera. Si algo triunfa, será como un imán. Aparecerán de inmediato gentes dispuestas a arrimarse al caballo ganador para saborear las mieles del triunfo. Esto hace que el éxito sea todavía mayor, y que engorde el triunfador de turno con más éxito todavía. Esto lo saben tanto los publicistas como los asesores políticos. Es verdad que presumir del éxito ajeno es un tanto ridículo, pero a cambio, nos permite disfrutar y humillar el que se ha apuntado al fracaso. Se llama papanatismo, y el responsable es la neurona espejo. Y es que así somos.

No me estoy inventando nada nuevo, pues esto es algo que sucede desde que el hombre es hombre. De hecho, yo creo que sería más interesante analizar algunos hechos históricos desde el papanatismo humano que desde las consignas marxistas de la lucha de clases. En realidad la historia no es una síntesis dialéctica provocada por el enfrentamiento entre opresores y oprimidos. ¿Ricos contra pobres, buenos contra malos? Ya no se lo cree ni Magoo haciendo de stripper en Femen. Para mi que la historia es una dialéctica entre triunfadores y fracasados; entre papanatas y auténticos. Entre la gente que se apunta al triunfo, y los que se empeñan en ser originales y auténticos, los cuales terminan convenciendo a sus parientes más cercanos de que tenían razón, al cabo de cincuenta años, claro. ¿A qué tenía razón? Sí, abuelo, sí. Genio y figura el cabroncete del abuelo, dicen cuando le dejan en la residencia los domingos.

En España, sin ir más lejos, tenemos una gloriosa historia de papanatas voceras amigos del pensamiento hervíboro. Hoy echo a la puta de la reina (Isabel II), y mañana grito “Viva el Rey” (Alfonso XII). Como un poseso y en manifa por si acaso. Esto, que no obedece a ninguna lógica – ya se lo dijo Russell a los marxistas estalinistas hace mucho, que la dialéctica hegeliana es una estafa –  es sin embargo fácilmente observable en cualquier tiempo histórico.

La antigüedad no fue mucho mejor. Julio César fue aclamado por Roma cuando tenía éxito y entró con sus legiones tras cruzar el famoso Rubicón y pronunciar el alea iacta est. Pero después de ser asesinado, la gente se cambió de chaqueta, o de toga, según se viera, y se convirtieron en apestados sus antiguos defensores. El pobre Marco Antonio, que fue incondicional suyo, quedó como Cagancho en Almagro cuando cambiaron las tornas. Hasta se fue a Egipto con Cleopatra, a ver si se le pegaba algo de las antiguas glorias cepillándose a la antigua amante de su jefe y amigo Cayo. Un error, porque con Augusto todos eran de Augusto de toda la vida. Es lo normal. Nos apuntamos al Real Madrid para ganar, y para que no nos partan la jeta, pero ahora los capullos del Barça están chuleándonos. Al menos Marco Antonio murió con el estandarte romano bien levantado a orillas del Nilo. Es lo que le queda. Y la gloria del genial monólogo de Shakespeare, que se me olvidaba.

En libros y literatura pasa otro tanto. Si empieza a triunfar 50 sombras de Grey, pues todo el mundo se apunta a leerlo. Total, antes hicieron lo mismo con el Código Da Vinci de Brown. Luego vendrá otra generación que lo vilipendiará, lo barrerá con su nueva basura, sus Juegos de Tronos o la mierda que sea, y ahí andará el chulito de turno presumiendo de que lo que él lee es estupendo y único. De cosa en cosa, de éxito en éxito, de Potter en Pota, o de Agatha Christie en Federico Moccia. Y es que la regla es brutal y repetitiva: nadie se hace colega del fracaso, aunque sea mejor, tenga más calidad, o sea, curiosamente idéntico. Por eso luego llega un tipo llamado Patrick Modiano (premio Nobel 2015), que escribe como los ángeles, cuyo primer eco que produce en nuestra patria es: ¿quién es ese tío que no me suena? Y eso tan lamentable sucede entre la gente que está atenta a la literatura y a los libros, porque los fans de GH se mantienen en su salsa de langostinos con tanga, sin coscarse de que hay librerías en el planeta tierra.

Ser del que tiene éxito tiene sus ventajas. Estás en la pomada, eres ganador, triunfan los tuyos y sobre todo… no eres perseguido y no te dan de hostias, cosa importante cuando el ambiente político se pone chungo. Y es que el Papanatismo en la política es cuanto menos peligroso. Por ejemplo, durante la Revolución Francesa, hubo unos añitos que si no eras de los jacobinos podías acabar aguillotinado, lo mismo con los que no eran estalinistas, que terminaban en el gulag perdiendo dedos congelados. Y es que ser de la oposición política, cuando no se lleva es, más que un error, una desventaja importante para la salud física y psíquica. Porque te persiguen, y si pueden te matan. Y es porque los triunfadores suelen pecar de soberbios e intolerantes; y si les dejas de cabrones. Se les sube a la cabeza, y no quieren competencias. Hace años todos éramos demócratas y aclamábamos la transición, en cambio ahora hay que defender que hay que cambiar la Constitución. Ni se te ocurra defenderla.

Los que marcan las tendencias culturales también saben ésto. Ahora por ejemplo se lleva ser alternativo y progre de ciudad. Cuando yo era peque los tíos que se tatuaban eran cargadores del puerto o proscritos recién salidos de la cárcel. Luego empezaron las tías de hollywood a tatuarse con solecitos y bobaditas, y al final todo el mundo se apunta al tatoo, al piercing y al rollito de decorarnos el body. Es que es guay ser guay. Lo de las rastas, el buen rollismo, comer lentejas sin chorizo y acelgas con avena, vestir como con restos y enseñar medio culo porque se cae el pantalón, es lo fetén. Pero cuando todo el mundo sea alternativo con esta estética alternativa – que ya casi lo es – pues ser alternativo será vulgar, como del montón, y dejará de molar. Y surgirá otra moda que atraerá al papanatas tanto como el éxito.

En realidad lo más alternativo que hay hoy día es tener cuatro hijos, piso propio no heredado, trabajar en un banco, leer a Góngora y no tener móvil. Pero eso no creo que triunfe, entre otras cosas porque se necesita un cargamento de neuronas espejo para lograrlo, y están todas ocupadas “tuiteando” por la red, y colgando chorraditas. Por dar ideas que no quede.

Insultarse en las redes sociales.

Está claro que necesitamos unas lecciones extras de educación en las redes sociales, “la cosa nostra”, o sea internet. Me dirán algunos que la educación en general anda de capa caída, y es verdad. Pienso, a bote pronto, en cualquier tienda de ropa regentada por jovencitas recién contratadas, de las que se esfuerzan por tratarte educadamente, pero que no les termina de salir. Entonces recurren al buenrrollismo, o sea, te tratan guay, del tipo, “hola chicos”, “hija, te queda fenomenal” y demás colegueos, donde el tuteo que despliegan sin pudor es lo siguiente a insoportable. Se creen que son familia nuestra, y estoy seguro de que les encantaría formar parte de ella. Pero no. Como dicen algunos, no somos iguales, aunque algunos, acérrimos al buenismo, se empeñen en rebajar todo lo que no es mediocre.

En mi opinión, el pulso real de una sociedad se puede comprobar viendo el “insulto ordinario” en la red. Casi siempre es anónimo. Es decir, la gente no pone a caldo a su cuñado en facebook porque todo el mundo lo lee, y se lo pueden contar, y se te cae el pelo. Ni uno manda a la mierda a sus amigos, aunque piensen distinto a uno, ni les llama hijos de puta, así, por la cara. O sea, justo l0 contrario de la red, donde la peña se vapulea de lo lindo, se explaya a gusto y se quedan más agotados que un gato viendo un estanque de peces epilépticos.

Insultar sin ver la cara del otro, que es tanto como sin dar la cara, implica cobardía, zafiedad y pobreza moral. Los pseudónimos, nombres artificiales o virtuales, y la distancia del ordenador por medio, ha convertido las relaciones sociales, los foros y los chats en un auténtico estercolero. Son el espejo de la humanidad, la prueba de que las guerras son nuestra forma de entender la vida propia y ajena. Son el fin del Imagine de Lennon y del pacifismo de salón. Muestran, a las claras y sin tapujos, el carente amor por la humanidad de la mayoría de la gente. Pero además, exhibe la ignorancia en un escaparate donde sufro, por vergüenza ajena y porque me da grima, el alardeo del catetismo más orgulloso. Casi todos hacen bueno aquello de que “la ignorancia es lo más atrevido que hay”. La gente está engolfada de soberbia para deslumbrar a los demás con su ira, que no sabiduría, se creen los mejores, y para que todos veamos que son unos genios de la opinión, nos dan lecciones a los que estamos equivocados, y por supuesto, si no nos convencen nos insultan abiertamente.

Sin duda estos foros de debate sacan lo peor de la gente, en las antípodas del espíritu de los Ilustrados. Si Voltaire levantara la cabeza y visitara un foro cualquiera de esos, estoy seguro de que querría ser cartujo con voto de silencio. Sería como la voz discrepante, razonable y educada, que aparecen de cuando en cuando por los contenedores de tales debates, de esas que no tienen nada que hacer en medio de una jauría de perros, con perdón para los chuchos que ladran y dan la patita, que sin duda están más civilizados que algunos simios alopécicos a los que les encanta darnos su visión de las cosas.

Y es que cuando cualquier tonto se pone a opinar, pues sale cualquier cosa de su boca; el listo se lleva las manos a la cabeza, y los políticamente correctos nos cuentan que todo el mundo tiene derecho a decir memeces. Por supuesto, faltaría más.

Para mi que la verdad sigue siendo una, grande y libre (mira que cosas), la diga quien la diga. Por eso, estos vomitorios de pensamiento social en la red, son lo que son. El que no sabe, no sabe lo que dice, por mucho que lo vista de vehemencia. Y el que sabe y conoce, aunque no explique nada, sabe y conoce.

Hay que decirles a muchos, que los que no opinan, no es porque no tengan opinión, sino porque no les gusta contar a todo el mundo lo que piensan. El que no manda la típica foto de Rajoy con orejas de burro, en plan insulto, es por que suele respetar las opiniones de aquellos que sí les gusta Rajoy como presidente. ¿Tan difícil es entender que no todo el mundo es exhibicionista de sus ideas?

Yo viendo las redes me asusto, porque compruebo lo difícil que es opinar contracorriente de cualquier cosa. Y entre esos me incluyo a mi mismo, bastante discrepante de lo políticamente correcto, más por irracional, que por abundante. En fin. ¿Se atreve alguien a defender al toro de Vega? ¿Alguien paciente dispuesto a explicar los contenidos de su fe católica? ¿Algún voluntario en discrepar y decir que la Merkel es estupenda, y que Rajoy lo ha hecho bien? Ni los del pepé se atreven. Antes te defienden como demócrata a Franco con la Pasionaria montando un affaire.

Yo antes, por entretenimiento, aprovechaba para escribir algún comentario ambiguo, medio correcto medio airoso, y lo metía de rondón en la red en cuanto salía una noticia de yahoo. Luego comprobaba que era de los más aplaudidos, aunque pusiera bobadas políticamente correctas. “Les vamos a dar pal pelo” fue la más aplaudida, y eso que no decía a quién íbamos a dar nada. Si entraba en el mismo foro con otro nombre, e intentaba explicar algo con argumentos, era reprobado inmediatamente por catetos con faltas de ortografía. Que esa es otra, la gente que escribe con faltas y se creen grandes intelectuales.

No nos igualan, y eso de Julián Marías, que ha afirmado que la red ha agrupado a los estúpidos, no es cierto. Por desgracia, la red agrupa todavía a todo tipo de personas. El otro día recibí la opinión discrepante de un lector de este blog, por supuesto con un tono cortés y educado. Algo que, por supuesto, agradecí.

El arte del buen gobierno.

En estos meses estivales de calor infernal, muchos de los nuevos gobiernos autonómicos y municipales se están licuando de placer verdadero. Están rumbosos hasta las cachas, en una especie de carrera desenfrenada que justifique ante sus votantes y electores (seguro que no es lo mismo), el porqué del voto que recibieron.

Se les ve felices, y es para temblar, porque cuando un político está a gusto se le empieza a ocurrir cosas, eructa elocuentes mensajes biempensantes y soberbios (en todos los sentidos), y exuda buena intención, que es lo peor para gobernar bien. Como están recién llegados, nadie les dice que lo que van a hacer era un disparate, que es imposible, o que es ilegal, cuando no caro y absurdo. Nadie les puede convencer de que son estupideces, entre otras cosas porque han ganado la elecciones (con ayuda de otros terceros más perdedores), y lo ponía en el programa, o lo dijeron que lo iban a hacer. O lo que les salga del gazmoño, que para eso lo tienen. La ley de memoria histórica se aplica con rigor, y la de educación a la carta.  Barça Madrid, y Pepé e izquierdas. Acaban de llegar y tienen derecho a equivocarse con nuestro dinero y con nuestras ilusiones de mejora política. El único que parece afearles la fiesta suele ser el partido opositor, claro; pero como es contrario, pues hay que hacer precisamente lo “contrario”. Como su nombre indica. Si ellos dicen A, nosotros B. Si ellos hicieron B, nosotros ahora hacemos A. Bienvenidos a las poltronas.

Y es que hay prisa por cagarla, con perdón. En política autóctona, primero hacemos una patochada, y luego pedimos perdón, o mejor, no decimos nada, nos hacemos los orejas, y esperamos a que vengan las siguientes elecciones para seguir prometiendo lo imposible. Lo malo es que lo hacen con nuestro dinero, y eso no mola, porque cuesta mucho ganarlo. Resulta que, a un fascistilla local se le ocurre que en su pueblo no haya toros, pues ale, a indemnizar al gerente de los toros que ya estaba contratado. ¿Le pagarán con el dinero de sus sueldos? Nooooo. Lo pagarán con el erario público, con nuestros impuestos, con la pasta de todos, de los que les gustan los toros y de los que no. Y es que con el dinero de los demás la gente suele presumir mucho, y los políticos que tiene que gestionarlo se vienen arriba, y la peña se tira de los pelos.

Supergenerosos con el dinero de los demás, aunque se tire y despilfarre: en esto no tenemos remedio los españoles, porque a fardar no nos gana nadie Aquí, además de hacer aeropuertos donde no hay aviones, y autopistas por donde no circula ni el tato, somos geniales en montar comedores escolares aunque no haya niños, y en cargarnos el derecho romano en el tema de los deshaucios, sin pensar en las razones que alumbraron los romanos. Total, ¿para qué? ¿Acaso gobiernan ellos? Además, los romanos eran unos fachas que saludaban en plan Musolini. Ale, y ancha es Castilla. Luego se bajan los pantalones ante las compañías de comunicaciones, bancos y suministros imprescindibles de gas y luz, pero es que ahí los gallos ya no pelean, se comen el triguito y el maicito que cae al suelo, y no pían nada de nada.

Creo que en Córdoba andan tras la catedral-mezquita de Córdoba para mangársela a la iglesia católica, que lleva en ella varios siglos; pero ni se les ocurre expropiar los comedores sociales de cáritas. Eso no. Esto es un pais laico, y faltaría más. Los pobres son de todos aunque los alimente la iglesia, y el arte no. Ese debe ser laico y a ser posible republicano. Les va a costar, porque la iglesia es un hueso duro de roer. Pero seguro que mordisquean. En lugar que hacer algo por la ciudad se empeñan en chinchorrear con bobadas.

Me pongo serio: los políticos tienen dos actividades que con complicadas, y no es ironía. La primera consiste en hablar. Hay que justificar lo que se hace, explicar la decisión tomada, y desprestigiar, insultar y vilipendiar la acción del contrario político, aunque tengan razón y lo hagan bien, que es lo que suele pasar la mayoría de las veces. Algunos votan a unos partidos políticos y sus caras visibles para escucharlos, y dejan de votar a otros, porque se cansan de sus rollos. Rajoy es un rollero, en cambio González hablaba que te cagas. Lo llaman carisma y funciona, aunque no sirva más que para empantanar las cosas. Sanchez suena muy relamido, en cambio el Pabliglesias habla como en plan listo, y ya está molestando. Si Errejón y Monedero no parecieran dos grullas parlanchinas Podemos iría más para arriba, pero es que dan en pelmazos. En cambio Rivera habla con aire relimpio, y gusta más.

La imagen y el culto a la imagen es fundamental en política, que se lo pregunten al Ché Guevara, a Churchill, a Lenin, a Pol Pot o a Hitler, que tanto da. Franco cuidó poco su imagen y así le ha ido, antes le afeaban que hiciera pantanos, y ahora le quitan el nombre a las calles. Y es que la imagen y el carisma es fundamental. El Rey Tsipras de Grecia tiene carisma en su pueblo, pero en Alemania cae mal. Y eso, para pedir pasta a la Merkel, es un marrón. Aquí la Merkel cae medio regular, sencillamente porque no la entendemos en Alemán, si la oyéramos hablar caería fatal del todo. En cambio Hitler nos caería genial, porque hablaba superbien, aunque luego fuera un psicópata asesino. Dime como hablas y si me gustas te voto. Somos así.

Los futbolistas hablan poco, y gracias a eso nos gustan mucho como juegan a fútbol. En cambio cuando empiezan a hablar lo estropean. Valdano era un brasas, y Messi parece medio tonto hablando. Butragueño ha mejorado mucho y Casillas siempre se ha expresado regular tirando a bien. Los políticos que hablan bien, a menudo gobiernan mal, y viceversa.

La segunda actividad de los políticos es hacer cosas. O mejor, hacer cosas bien, porque mal lo puede hacer todo el mundo, pero gobernar con acierto es complicado. Para eso hay que pensar, consultar, enterarse del tema, y no dejarse llevar por la ambición de querer dejar una cagarrutia personalizada de esas que tu partido político quiere olvidar cuanto antes. Hay unos preceptos muy sencillos para gobernar bien, que vale para todo. Los doy en exclusiva.

1. Lo que funciona bien no lo toques. Aunque quieras mejorarlo, seguro que la pifias; así que no toques. Esto valía para la LOGSE, pero llegamos tarde. La LGPJ igual, mejorar la justicia en España ha sido condenarla a la politización. Lo mejor de la Administración Pública eran sus altos funcionarios, hasta que decidieron quitar los altos funcionarios y poner a políticos elegidos a dedo. Mal, hombre mal. Antes de lanzarte, mira a ver. Es mejor no hacer nada que hacerlo mal. Esto hay que repetirlo como un mantra a los políticos.

2. Lo que funciona regular o mal intenta cambiarlo con prudencia y lentitud. No se cambian las cosas a las bravas. Ni a las personas. Traza un plan, vete lentamente y encárgate de que se haga autocrítica a todo lo que hagas. No escuches a tus amiguetes y menos a los sindicatos. Fíate de la oposición cuando te dicen que la estás liando, porque algo de razón puede que tengan. Y sobre todo, fíate de los técnicos independientes que son apolíticos. Son los que más saben, y salvo que los persigas, te dirán la verdad casi siempre. Esto se hizo en la transición con muchas leyes del régimen franquista, y salió bien. Lo que iba regular legalmente se fue cambiando poco a poco. No se dio un golpe de Estado rompiendo con el sistema.

3. Si algo funciona mal, déjalo morir y crea mientras algo paralelo. Luego compáralo y quédate con lo que funcione mejor, de principio a final. Esto es clave. Es la estrategia de Iglesias y Podemos para con IU, y de momento no parece salir mal. Es más complicado para la Administración, por ejemplo, porque es muy caro crear algo totalmente nuevo, y privatizar son parches que no mejoran la cosa pública. Aquí es mejor aplicar la receta 2. Cambios poco a poco, si quitar algo es caro.

4. Si algo funciona rematadamente mal, pregunta por qué sigue ahí, pues es probable que haya alguna razón de peso que se te escapa. No seas salvapatrias, ni elefante en cacharrería.

Estos consejos son válidos para cualquier gobierno, tanto de autonomías, ayuntamientos como asociaciones de vecinos, religiosas o deportivas. Prudencia y respeto a los que estuvieron antes que tú gestionando lo mismo, porque tan capaces eran, y tanta ilusión tenía. Lo contrario es osadía, soberbia y chulería. Y con eso se suele hacer mal.

Finalmente. No puedo dejar de lado el comentario de una piba concejala recién llegada a la alcaldía de Valladolid. Dijo que las fiestas de San Juan de este año, las que no había preparado ella, iban a ser, por fin, participativas y abiertas. Se supone que antes en Valladolid la gente por San Juan iba llorando por la calle, como sin hablarse, vestidos de musulmanes atunicados, todos cerrados, ceñudos y aupados en la intolerancia más cerril. Serian los de su bando, porque la fiesta fue exactamente igual que el año anterior. Pero es que las palabras son las palabras, y por la boca muere el pez; y los políticos, no digamos.

Españoles: Franco ha muerto.

¿Pero qué es eso del Franco? ¿Pero era español ese tío? Preguntó una alumna en clase hace exactamente tres días. Su compañero, con sobrados y perspicaces conocimientos de historia afirmó, sin dolerse en prendas, que era amigo íntimo de Hitler, y que asesinaba a todos los extranjeros que venían a España. Ni más ni menos, ni quito ni pongo a sus palabras.

No es que se me caigan los palos del sombrajo en la indefectible tarea de dar clase a las nuevas generaciones, es que uno se queda tan sorprendido de la ignorancia ajena, que no puede menos que, de cuando en cuando, hacer una reflexión con papel y lápiz, luz y taquígrafos. De hecho en clase lo intentamos, y tuve que hacer varias afirmaciones que me situaron casi en la extrema derecha, vinculado al facherío más tribal y casposo de los posibles. ¡Hombre! Eso es falso. Franco no fue íntimo amigo de Hitler, dije sin medir mis palabras. Imagino que negué alguna evidencia chistosa de las que el Gran Guayomin suelta de cuando en cuando por su programa, porque siguieron los angelitos poniendo cara de asombro e incredulidad en un mismo rictus. Luego entré a fondo en el tema, y pude balbucear – con miedo lo confieso – que Franco no asesinaba a los extranjeros, y menos a las extranjeras (las famosas Suecas) que tanta gracia hicieron a los españoles y tanto imitaron las españolas. Pero claro, yo era sospechoso, porque pertenezco a una generación que dice que el Quijote es una novela cojonuda; y como todo lo que no tiene diez años de antigüedad es algo trasnochado, de la edad media por ahí, y caduco para esta nueva generación adicta al móvil, pues sentí como si desvirgara intelectualmente al niño de La vida es bella, contándole que a su alrededor se moría la gente, y que la realidad no es paseo por un campo de concentración. O sea, que los móviles no crecen en los árboles, sino de la sangre de los niños africanos que se desgracian para conseguir un puñadito de koltán, con el que se fabrican nuestros cómplices aparatejos y nuestras insulsas e insostenibles vidas de enriquecidos sin causa.

Salió mejor de lo esperado, en realidad fue un poema, delirante y precioso a un tiempo, observar como abrían sus ojos aterrados. Tras un par de “vete a tomar por culo” y dos o tres blasfemias pidiendo a gritos silencio para acojonarse a gusto, seguimos la clase. ¿Pero cómo va a haber una guerra?, dijeron, y me vine arriba, he de reconocerlo. ¿Por qué no? ¿Acaso esperaban una guerra civil cruenta el 17 de julio del 36? ¿Acaso pensaba algún europeo que la guerra del 14 duraría tantos años? Ellos, tan fortachones por fuera, y tan blanditos por dentro, se asustaron de veras, y la única expresión que se atrevieron a pronunciar en su casi histeria fue un: y si no te da la gana ir. La respuesta de la dio uno de sus compañeros, “pues te matan por desertor”.

El caso es que les llegó un sudor frío, porque pensar que tenían que ir en un batallón a matar gente y que no te mataran les nublaba el móvil, y lo que les hacía temblar de veras era pensar en una guerra no podrían guasapear como tontos diciendo chorraditas, que había que madrugar, desayunar poco y liarse a tiros mientras veías morir a sus familiares a tu alrededor, con la mala suerte de tocarte estar en el sitio equivocado el día que bombardeaban.

Yo no es que deseara una guerra para esta generación, a fin de que espabilara y fuera menos lerdita, porque una guerra no se desea a nadie, pero confieso que ganas me quedaron. Tuve que explicarles que hay muchos sitios del planeta que están en guerra, que llevan en guerra décadas y décadas, y enumeramos unos cuantos conflictos abiertos. Como no son asiduos del telediario, y sí lo son del último espectáculo de GH, no para analizar sus experimentaciones como dijo el amigo Gustavo Bueno, sino más bien porque les encanta la carnaza fácil (entre otras cosas porque la entienden bien), desconocían que el mundo fuera tan mal. Siria está a cuatro horas en avión, les conté, y venga a empalidecer. Afganistán a unas cinco, sales ahora y llegas a las seis de la tarde. Y sudaban y sudaban.

Pasada la clase, y de regreso a mi casa, estuve dando vueltas a la clase. Recordé lo qué decía Fukuyama, el pensador norteamericano de origen japonés, “la posmodernidad es el fin de la historia”.

Siempre se ha venido a decir que un pueblo que olvida su historia, se condena a cometer los mismos yerros. En realidad no es que esté condenado a repetir el error, es que se arrastra a un futuro incierto, deja de tener conciencia de sí mismo, que es tanto como confundir el bien y el mal moral Y un hombre sin conciencia de su cultura justifica su necedad creyéndose un superhombre, con pies de barro, eso sí. Así es el hombre actual, un ídolo para sí mismo, con pies de barro, obsesionado con su imagen, que es lo único que les queda cuando son jóvenes, imagen y futuro. Pero como la muerte de la historia impide que puedan entender que hay un futuro, pues se convierten en necios que lloriquean su angustia cuando se acaba la fiesta del finde. Sin proyectos, sin ilusiones, sin sueños. Son zombis vivientes de una película donde todos son zombis sin saberlo, y donde la imagen que dan es lo más importante que tienen entre manos.

Decía Aristóteles que un ser humano que no se dedica a pensar y a reflexionar, que no cumple con la finalidad que le es propia, es como un animal o una planta. Y el hombre es algo más que eso. Por eso una escuela que no sirva para hacer pensar a sus alumnos es un contenedor de imbéciles, una guardería de ganado. Estos chicos que son tan frágiles, débiles y blanditos, que no saben quién fue Franco, que desconocen que muchos murieron en el pasado por dejarles un presente, que se burlan de la historia porque no tienen futuro, que reinventan el pasado para que les cuadre con sus cuatro ideas  prestadas de la tele, representan el fin de la historia, y el fin de nuestra cultura herida de muerte desde por lo menos la ilustración y su divinización de la razón.

Para esta nueva generación, todo el saber del pasado es decadente, no sirve para nada. El futuro está en el Candy Crash, el entretenimiento adictivo sin sentido. No te lleva a ninguna parte, pero te tiene colapsado mentalmente. ¡Mira! ¡Cómo la proabortista del pepé que presidía el Congreso el otro día! Qué maja ella, tan entregada a su país. Si algún día pedimos responsabilidades a alguien, esta clase de políticos caerán los primeros, pero no nos engañemos… nadie se acordará de nada dentro de unos años. Nadie sabrá que existió Zapatero, ni que hubo una crisis, ni que Rajoy perdió las elecciones, y nadie sabrá ni quién las ganó. Es lo que tiene la desmemoria, que diluye también la responsabilidad del votante.

Españoles: Franco ha muerto. Lo triste para mi es que se está muriendo todo lo bueno que pudo dar esta país, desde la literatura, la poesía, los mártires, los luchadores, los pensadores, los místicos, los pintores, los filósofos, los pensadores hasta más y más.

Ahora se lleva la necedad y el olvido. Por eso tenemos otras elecciones a la vista, donde nadie se acuerda de casi nada del pasado.

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