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Acogida y efecto llamada. Visión cristiana de la emigración.

Los medios de comunicación nos engañan desde hace años. La inmensa mayoría de los emigrantes no llegan a Europa en pateras, ni barcazas, ni en cayucos, ni saltando alambradas. Esos son los casos más extremos, los que están controlados y financiandos por mafias enriquecidas por el tráfico de personas. Son los casos más sangrantes y más deshumanizados, pero no hay que perder de vista que la inmensa mayoría de los emigrantes llega en autobús o en tren o en su viejo coche particular. Lo hacen con su pasaporte y con la intención de encontrar cuanto antes un empleo que les permita enviar algo de dinero a los que dejaron atrás. Vaya eso por delante de este complejo tema.

Vivimos días aciagos; días donde la UE y Occidente en su conjunto ha olvidado sus raíces catolicas y cristianas, días donde vuelve a resurgir el problema de la emigración. Y hay que entenderlo como lo que es: un problema y una oportunidad. El problema es para el país de acogida, que tiene que hacer hueco a otro más, que tiene que compartir con alguien que desconoce (trabajo, mercado y vivienda se compartirán día a día) a veces por completo; y una oportunidad para la persona que llega, pues seguro que tiene la intención de mejorar las condiciones de vida que dejó atrás. Lógicamente nadie emigra para empeorar, y nadie acoge para que le saqueen y le roben. Hasta ahí todo es lógico. Nos ofrecen cosas buenas, sus personas, sus sueños y sus ganas de mejorar. Todo eso es estupendo.

Pero no hay que olvidar que la emigración es un problema que tiene que ver con el número. Un pueblo de 1000 habitantes puede acoger a tres familias, pero no a trescientas. La acogida y la absorción de personas, a las que hay que garantizar vivienda, trabajo, salud y educación implica, y no invento nada, que hay que tener recursos. Si los emigrantes que vienen son muchos, los servicios sociales se colapsan y las ganas de acoger disminuirán entre los autóctonos, incluso entre los emigrantes de primera hornada.

Para los cristianos, emigrar es una actitud vital, incluso existencial. Los personajes escogidos por Dios en la Biblia fueron en su mayoría emigrantes. Abraham fue emigrante, y lo mismo Moisés y el pueblo errante por el desierto. Emigrantes fueron los judíos en Babilonia cuando el destierro, y emigrante es la condición del pueblo de Israel durante siglos. Emigrante fue también Jesucristo con sus padres en Egipto, y emigrante fue Pablo que se condujo como predicador de un lugar a otro. La condición para seguir a Jesús implica un corazón de emigrante, un corazón dispuesto a dejarlo todo, a salir de su comodidad y a caminar a otros lugares desconocidos. Emigrar es vaciarse por dentro, salir de uno mismo para dejarse conducir por el Señor.

Pero también es actitud cristiana la de acoger al emigrante, al que viene de lejos, al que muestra en su rostro el rostro de Cristo lacerado y pobre. Para los hombres antiguos, acoger a los peregrinos y viajeros era un gesto de reconocimiento de Dios en los hombres. El cristianismo manda (mandamiento nuevo) amar al prójimo, y el prójimo es el que llega a tu casa y se quiere instalar en tu barrio y en tu calle buscando una oportunidad. Por eso es buena la actitud del cristiano que acoge, que deja entrar en su casa, que mira a los ojos a los necesitados. Será por eso que la mayoría de las ONG que ayudan a los emigrantes son de inspiración cristiana y católica, y será por eso que algunas están hoy entre perseguidas y vilipendiadas por los gobiernos europeos por ayudar a los emigrantes. Pero está en el ADN del cristiano hacer el bien sin mirar a quién. Así nos lo mandó el Señor. Y el bien tiene rostro de emigrante.

Pero el asunto no es tan fácil, precisamente por el número y por las condiciones de la emigración. Cuando uno contempla la lista de ayudas que se dan en España a la vivienda, alquileres sociales, ayudas a familias desestructuradas, subsidios, etc… la mayoría están conformadas por apellidos extranjeros. En España hay muchos musulmanes, muchos rumanos, y muchos búlgaros que viven del Estado español, y cuando se quejan los pobres autóctonos, tienen una parte de razón, porque parece que todo es para ellos. En esa lista no hay emigrantes ingleses, ni alemanes, ni está Messi ni Cristiano Ronaldo. Son listas de pobres de un mundo que compartimos sin quererlo, pero que es de todos, y no es demagogia.

Esto que afirmo es políticamente incorrecto, pero es una realidad incontestable que los políticos tratan de eludir, de disimular, o simplemente borran de su memoria. Lo formulo a modo de interrogantes: ¿será entonces los marroquíes se dedican a tener hijos, y los españoles autóctonos nos dedicamos a darles pasta para mantenerlos? El problema no está resuelto, y la gente que tiene que convivir con la población emigrante de primera, segunda o tercera generación no siempre está feliz de recibir en su barrio a más emigrantes. ¿Hay un límite a la emigración? Tiene que haberlo, porque en buena lógica los recursos son escasos. Incluso los recursos sociales y laborales lo son. ¿Cuál es el límite? Sabemos que cuando un colegio sobrepasa un porcentaje de alumnos emigrantes, los alumnos autóctonos prefieren cambiarse de colegio. ¿Es eso racismo? Quizás sea que la gente quiere lo mejor para sus hijos, incluidos los autóctonos, y el nivel académico de un aula donde casi nadie habla español correctamente sea más bien bajito. ¿Qué hacemos entonces?

Creo yo que la emigración seguirá existiendo, independientemente de nuestra postura y nuestra actitud. Ya podemos decir, que las palabras no cambiarán el mundo más que de manera limitada. Desde luego, las posturas insolidarias no dan tampoco resultados. Los países que optan por ser agresivos con ellos, y piensan que obtendrán con una serie de normas aporofóbicas (odio a los pobres) o xenofóbicas (odio a los extranjeros), un efecto disuasorio para los emigrantes ponen en riesgo la misma existencia de los Derechos Humanos. Además, tampoco creo que funcionen del todo las políticas disuasorias. Los muros no obstaculizan el paso de gente por las fronteras, y no impiden que el hambre y la miseria se instalen al otro lado del muro. Cuando no hay nada que perder al otro lado, apostarán por venir cueste lo que cueste. La emigración en el pasado nos enseñó que no es inteligente poner puertas al campo, aunque ayude algo, que no digo que no, aunque yo creo que ayuda a que vengan con más ganas y con más vehemencia.

Por eso, en mi modesta opinión, la mejor solución es atajar la raíz del problema, y el problema es la pobreza. Las malas condiciones de vida de determinados países son un acicate y una motivación perenne para los que se atreven a emigrar. Si tuvieran mejores condiciones de vida en sus pueblos y hogares, no se verían obligados a salir en busca de un destino incierto, aunque probablemente mejor. La política internacional no debe conformarse con prestar, subvencionar o negociar con los países pobres saqueando sus materias primas, debería también buscar y potenciar un desarrollo real y sostenible en sus economías. La estabilidad política se debería exigir y reestableer. Esto no es nuevo, es algo que planteó Juan XXIII hace cincuenta años, un gobierno mundial, para un única humanidad.

El desarrollo económico y social debe estar tan globalizado y ser tan sostenible a un lado del muro como al otro. Solo así se frenará la emigración. Cuando estalló la crisis en los años 2008 hasta el 2017, el flujo de emigrantes disminuyó, se frenó y fue negativo. Los españoles volvimos a tener que salir para conseguir mejores condiciones de trabajo. Si hubiera trabajo de calidad aquí, no se habrían ido nuestros cerebros; y por supuesto, si hubiera trabajo de calidad allí, no vendrían pateras.

Asociación EDUCO en el barrio de los Cocos de Nicaragua.

El otro día estuve en una cena solidaria con un montón de viejos amigos, de esos que no ves desde hacía veinte años. Me invitó mi amiga Cielo, gente buena donde las haya, que además forma parte de un proyecto que arrancó hace precisamente unos cuantos años, en el milenio pasado y no sigo por ahí. Allí me encontré con gente estupenda: Mar Sarmentero (conmigo en la foto), Montse, Pili y Carlos, Ana y Alberto y muchos otros… Gente del antiguo MTA de Valladolid, que es lo mismo que decir Movimiento Teresiano de Apostolado. Gente con el espíritu recio y sereno, y al estilo de Santa Teresa, pom, pom, pom…

Se presentaba el último proyecto de la ASOCIACIÓN EDUCO. Un proyecto dedicado a prevenir la violencia sexual contra menores en Nicaragua. Debe ser frecuente, y así nos lo contaron, el abandono de los estudios de criaturas en edades tempranas por razones tales como embarazos no deseados, violaciones y tocamientos de adultos en menores que dejan secuela en los chiquillos.

No es pequeño el problema, porque Nicaragua es un país donde abundan los niños sin hogar, donde la tasa de fertilidad es muy alta, y donde muchos de los adultos no mantienen el comportamiento que se supone en personas civilizadas. Además de la impunidad existente, las secuelas que arrastran los criaturas son una lacra que hace estragos en una sociedad que ve imposibilitado su futuro. Las víctimas son los niños, los menores y las consecuencias sociales dramáticas pues perpetúan el abandono, la delincuencia juvenil y la prostitución. Solo piden más prevención, más concienciación, más trabajo para protegerlos. Y más ayuda.

Me gusta esta gente de EDUCO, y mucho. Educo es una ONG sin ánimo de lucro que trabaja vinculado a las Teresianas de S. Enrique de Ossó de Valladolid y de Managua, y que lo hace precisamente en Nicaragua, en el barrio de los Cocos en la capital Managua, un lugar marginal y pobre donde las religiosas tienen un colegio abierto. Al estilo Enrique de Ossó, al estilo Santa Teresa.

Siempre el relato cambia y las imágenes estereotipadas con las que se nutre nuestra cultura son más falsas que Judas. Resulta que las monjas pamplinosas le echan más huevos al asunto que los listillos que van de heavies y de malotes. Cada uno que ponga en malotes a los que quiera.

También cambia el relato del tercer mundo, de la falsedad de que los pobres no tienen problemas psicológicos ni traumas y cosas por el estilo porque están preocupados buscándose la manduca. No es cierto, además de buscarse la pitaza diaria arrastran la autoestima baja, el dolor de la mala suerte, el peso de la desesperanza. El hombre es hombre en cualquier rincón del planeta.

Encuentro además en la red bastantes cosas relativas a la ASOCIACIÓN EDUCO, al proyecto que lanzaron de MARTINA LA GAMUSINA. Por cierto, yo tengo una en casa y he tenido que convencer a la más pequeña para que no la meta en agua. Y el enlace de la asociación. Ale, a disfrutarlo, que vale la pena.

Lo siento. Os remito a sus videos y a lo que he encontrado. FAMILIA ASOCIACIÓN EDUCO, gracias y regracias.

 

 

ENLACE ASOCIACIÓN EDUCO http://www.asociacioneduco.es/

 

Y un enlace con una bloguera de un blog estupendo. Saludos y disfruten

https://www.arantzaarruti.com/una-bici-cuento-una-gamusina-la-oportunidad/

El agua de la fuente

Blog de espiritualidad cristiana.