EL EXTRAÑO COMPORTAMIENTO DE LA FAMILIA REAL ESPAÑOLA

Últimamente está el patio revuelto, y yo, que ahora me informo por el “Pronto”, no puedo menos que enterarme de lo que va y viene por la Familia Real Española. Y de eso quería hablar.

Como decía la del visillo. No cuentes nada, que ya lo cuento yo. Eso es recato y buena costumbre.

A mi los Borbones me caen bien. Me gustaban más los Austrias, tenían más empaque y eran más feos con sus mandíbulas de caballo, pero estos tampoco están mal, con sus tochas gigantes y su miedo a ser aguillotinados por un algarada o un escrache de medio pelo.

El caso es que España da siempre que hablar, y no perdemos la ocasión.

En mi modesta opinión, los Austrias eran mejores y pasaban de todo. El que no se entretenía cazando se dedicaba a rezar; y el que hacía las dos cosas solía introducir su verga real en lo rincones más extraños de las fulanas y señoras del viejo Madrid. Todo iba bien hasta que llegó el último Austria, claro, que salió medio tonto y ni cazaba, ni rezaba ni la metía.

(Por cierto, un antepasado mío de Yecla, estuvo en la Corte de Carlos II como Consejero del Rey. Cualquier día lo cuento. Pero hoy no).

Lo que digo es que los Borbones siempre han sido otra cosa. Yo no les veo más defecto que el afrancesamiento, pero como lo llevan en los genes, tampoco vamos a reprocharles su condición. Por otra parte, como son todos primos y cuñados de la reina Victoria Eugenia, que era fea como un susto, tampoco podemos entrar en vericuetos sobre sus orígenes, pues salen todos mal parados. Salvo los de Mónaco, que son como de prestado.

Para abundar más en la causa monárquica, diré que los Borbones actuales son mejores que los de hace un par de siglos. Eso es obvio. Varios siglos residiendo, sufriendo y reinando en nuestra patria española han logrado una normalidad y un chascarrillo que no tenían. Son casi como de la familia.

Juan Carlos I siempre ha sido un gran tipo, simpático y risueño; pero no ha sido el único; Alfonso XII también era un buen compañero de fancachelas y antros nocturnos. Otros, en cambio, salieron más aburridos, como Carlos III, Carlos IV o el mismo Juan de Borbón, que no le dejaron reinar porque Franco era más chulo que él. La Isabel II salió como salió porque los militronchos de turno la ningunearon; y el deseado Fernando VII tuvo como principal defecto ser un mandón y un gilipollas. De Alfonso XIII mejor no hablar. Ya tuvo lo suyo, el pobre. En fin, una juerga, y gente sufridita. Se han ganado el derecho a reinar, y se lo merecen. Claro que sí.

Es verdad que todos los Borbones han tenido sus defectillos personales, como todo el mundo, pero mientras no afecte demasiado al gobierno de nuestra insoportable patria, se les puede aguantar.

Además, una corona como la Borbónica siempre ha dado un punto de cutrez, que genera una simpatía, envidia y elegancia por su antigüedad y su buen rollo.

¡Ya quisieran los franceses tener una monarquía tan guapa y hermosa! Y es que el castigo por ser regicidas, lo siguen pagando con creces. Los pobres se tienen que aguantar con sus Macrones y sus Miterrandes, que son “un petit merde” comparado con una monarquía fetén y popular como la nuestra.

El problema está en que están tan mal asesorados. Como Carlos IV con Godoy, y van a estrellarse.

Juan Carlos es de los nuestros. Con un par de escraches en la puerta de su nuevo domicilio; y que pida perdón, ya está. En España se purgan los pecados poniendo ojitos, como la Pantoja o la Lola Flores. ¡Perdón, perdón! Luego que salga por Madrid la nuit con sus amigotes, invita a unos calamares con unas cañas a media ciudad, y todos tan contentos.

¡Una ronda, que paga el Rey! Si el rey convida y reparte fiesta, la gente en España se queda muy contenta. Nos gusta ver que los grandes son como nosotros, cutres y simpáticos; cercanos a más no poder. Campechano le decían hace años, pues eso. Hay que poner en su sitio a la España puritana y roja, que es un fenómeno de exportación, y que el Rey vuelva a ser “picha brava” en la España cañí de siempre. Unos selfies con el Juan Carlos, y subiría la leche en popularidad.

Si tiene que pedir una peseta a cada español para pagar lo suyo, pues ya está. Se paga y en paz. Y si tiene que repartir, pues tampoco pasa nada. A un español no se le humilla, y eso es lo que tiene que evitar a toda costa.

Yo creo que si un día engatusa a Barbara Rey, con Pablo Iglesias y con Abascal, y les invita a cenar y los emborracha, pues ganaría muchos puntos. Los telediarios abrirían contando el nuevo ejemplo de reconciliación nacional. Y luego que vaya a Sálvame. Eso sí rescataba a la corona del puritanismo. Incluso se me está ocurriendo que se volviera a casar con la princesa del pueblo, una tal Belén algo, sería el jolgorio padre y la monarquía se volvería intocable.

Lógicamente, eso Felipe VI no lo puede hacer, porque es más formal y a su mujer no le gusta que haga el tonto. Pero Juan Carlos ya es otra cosa, y todavía puede servir a España con su actitud ante la vida.

Es verdad que le va a tocar pagar más birras que la Carmen de Ronda, pero es lo que tiene. De momento ya se va ganando el regreso cuando afirma que “se aburre fuera de España”. Claro, coño. Y nosotros estamos apenados sin un rey como usted en nuestra patria.

Tampoco están bien asesorados mandando a Leonor a un colegio pijiprogre, que según dicen “inspira a los impulsores del cambio”.

Es evidente que un colegio que celebra el rollito LGTBIFQHT están con muchas ganas de cambiar el mundo; pero España es otro asunto. España no cambia con una manifa tipo orgullo. Aquí en España, y es histórico, celebramos fiesta cuando echamos a la “puta de la reina” lo mismo que cuando entronizamos a su hijo Alfonso. Somos así, de fiesta castiza, garrotazo y un pitillo antes de seguir dándonos de hostias. Aquí el que debe poner el fumeque es el rey, coño. Y Leonor tiene que ir aprendiendo de nuestra forma de ser. Cuanto más se aleje del estilo de ser de la Greta Thumbalgia esa, mejor.

No niego que Alexia de Holanda cuadre más en aquel pijicole. La chica es rebelde y de momento ya la hemos visto enseñando su ropa interior roja en una fiesta sin el porrompompero, donde sus amiguitas se pintaban las tetas, y varios alegres metrosexuales se depilaban los pelos de culo. Para Holanda está bien, pero España es hija de un imperio, una guerra y una pertinaz sequía; y aquí eso no nos impresiona.

Sinceramente, eso no le conviene a nuestra princesita Leonor, que es como una princesa de cuento, rubia y mona. Es mejor que siga comiendo verdura y hablando en chino con el de los restaurantes y los empresarios que nos visitan.

En definitiva, tiene que esforzarse, porque en España nos gusta que la Casa Real sufra un poquito, que estudie e hinque los codos para ganarse la plaza. Luego ya puede ser como el resto de los españoles: paella el domingo y verdurita ecológica para la operación bikini.

Y también reírse con chistes de Pepe y la Mary, como todos los españoles. Leonor tendría que completar su formación en alguna Universidad de Hispanoamérica, o de Andalucía, de esas que fundaron los Austrias; y no andar por esos mundos de Dios, que están sin civilizar.

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