Los Miserables de Víctor Hugo

  

Acabo de terminar esta novela magnífica novela, estupenda y bastante mal escrita. Lo que no sé es cómo lo he podido leer, si es un tocho de esos que nadie se atreve a editar por ser excesivo en páginas. Ha sido una suerte poder contar con un volumen de la editorial Aguilar, la que cuida sus traducciones por ser de épocas donde el lenguaje se cuidaba. Y ha sido una experiencia única, lo confieso.

No digo nada nuevo, pues al mismo Victor Hugo le achacaron que estaba mal escrita, y es verdad. No guarda los estúpidos cánones con el que nos seducen las películas, las novelas y el ocio en general que cuenta y que narra historias con las cartas marcadas. Esas que permiten que supongamos el final en cuanto leemos veinte páginas. Happy end. Esa que a la gente le molan porque le enganchan, como si quedara alguna historia interesante. Yo, tras la mierda de “el código da Vinci” que enganchaba mucho y no decía más que tontadas, recelo de las novelas que enganchan. Cuanto menos enganche mejor, por si acaso. Con que sea hermoso, los personajes sean interesantes, y esté bien escrito me conformo, y casi estoy pidiendo la luna, pues no todo el mundo es capaz de escribir con buen gusto y arte.

Le pasa lo mismo al Quijote, y cualquier editor moderno le diría al tal Cervantes que abrevie, que le sobran las digresiones y los cuentecitos; que hay que quitar trescientas páginas, vaya. A Hugo le sobrarían doscientas del principio, y otras cien de algunas partes. Eso sí, no tendríamos los Miserables, tendríamos algo parecido a una novela romántica algo ridícula. Lo que hacen en el teatro, musicales y cosas por el estilo es para el que no le gusta leer. ¿No han hecho película? Te preguntan los alumnos cuando hablan de alguna de estas magnas obras. Y es que estas novelas, La Regenta, el Quijote o Los Miserables, necesitan aire para escribirse y tiempo para disfrutarlos. Tiempo para la belleza y para la reflexión. Eso es. y la sociedad actual no es capaz de disfrutar de una obra de arte más de cinco segundos. Hacemos la foto, y nos vamos corriendo a otra cosas sin entender nada. Así funciona la música, las exposiciones, la poesía y la literatura. Y eso suponiendo que alguien lo consuma.

Yo creo, que el arte que seduce, nos atrapa y nos deleita embriagándonos. Cuando algo es bello nos obliga a mirarlo (un cuadro por ejemplo) cientos de miles de veces, de horas, de años. Por eso Los miserables es una obra revolucionaria, no porque tenga cientos de miles de frasecitas chorras de esas que molan en internet, a medio decir y no dicen nada, tipo: “el amor es lo que queda cuando el vapor del alma se disipa”. Ole mis… Ni tampoco es una obra revolucionaria porque nos cuente la historia de una barricada formada por gente que no sabe a lo que va (como hoy). Para mi gusto, por cierto, tampoco es original la historia de amor de Mario y Cossete. La novela es grande porque con todo eso hay dos grandes personajes interesantes que lo recorren todo: Jean Valjean y Javert. Porque está bien contado y para eso necesitó el autor un tocho de cientos de páginas, y porque cada párrafo guarda la belleza de un autor que escribe como él mismo. O sea, todo lo contrario de lo que recomiendan las academias de escritura, donde hay que escribir para que sea fácil de leer. ¿Para quién? Huyo de los libros cuya forma de escribir no reconozca como original y novedosa. Escritura estandar, no gracias.

De nuevo reconozco que los clásicos no fallan, que tienen ese algo que enamoran. Grandes personajes, reconocibles y tan veraces que se hacen de carne y hueso. Que los puedes tocar y que los conoces en profundidad. Grandes escenarios, lugares míticos del pasado o del presente, da igual. Y exquisitez para contarlo. Capacidad para escribir de manera única y bella.

Así me gustaría escribir a mi. Así que pediré a Victor Hugo que me de unas clases de narrativa, donde no me entretenga en agradar al público, sino en marcar mi ritmo y seguirlo hasta el final. Una obra única, sin duda. De las que no se olvidan.

Acerca de Antonio José López Serrano

Nací en Valencia a finales de los años sesenta, pero casi toda mi vida la he pasado en Valladolid. A esa ciudad le debo lo que soy, lo que creo, lo que siento y lo que amo. En ella estudié Derecho primero y Teología después. En ella conocí a mi mujer y en ella ví por primera vez el rostro de mis hijas. En ella descubrí que la CREATIVIDAD puede ser amiga de la VERDAD, y que la AUTENTICIDAD es un bien escaso que se descubre PENSANDO y VIVIENDO. Trabajo como profesor de Filosofía en Secundaria y Bachillerato, y recientemente he descubierto una nueva pasión: ESCRIBIR. Disfruto escribiendo y me gustaría que disfrutaras leyendo. Como puedes ver, solo soy un profesor de filosofía al que le gusta pensar, rezar, escribir y amar.

Publicado el 30 julio, 2016 en Comentarios y reseñas de otros libros. y etiquetado en , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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