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Escribir en España es llorar.

No me quiero poner dramático ni histérico. Pero escribir en España es una tragedia. Les cuento por qué y luego nos tomamos unas cañitas. Venga, a su salud.

La primera tragedia es intentar vivir de lo que escribe. Son cuatro los que lo logran, a costa de estar hasta las narices de sus editores, agentes y demás público exigente que presiona y presiona hasta que vuelven a escribir la misma novela que tuvo éxito hace dos años. Si escribiste un día novela histórica y le fue bien a la editorial, estás condenado a no poder escribir nada más en tu vida. O si lo haces, será como empezar de cero, sin padrino y sin abuela. Por eso somos cientos de escritores los que vivimos de otra cosa. Muchísimos somos profesores y docentes, y otros muchos periodistas u otros oficios. Gracias a eso podemos escribir y comer. Lo que pasa es que no estaremos fácilmente en los circuitos de muchas editoriales, que buscan gente dedicada en cuerpo y alma a promocionar mi libro. O mejor dicho, el libro de la editorial, que son los que invierten y los que gana dinero con nuestro “oficio”.

Conocí a un escritor que me contó que se salió del circuito de su editorial. Le “obligaban” a ir a presentaciones de amigos escritores, a perder el tiempo con gente que ni le interesaba ni le decía nada, y encima tenía que escribir lo que no le apetecía escribir para seguir vendiendo lo que ya se vendió una vez. Me dijo que era un hartazgo, que ganaba dinero para otros, y que no era el único. Me habló de varios compañeros de profesión (que vivían del tema), algunos hasta conocidos por el público. Estaba hasta las narices de acumular consejos de gente que odia la buena literatura y que te obligaban a escribir la segunda parte, continuación, lo que fuera de “esa” novela que tanto les gustó a unos pocos. El tío me envidiaba: “bueno, al menos tu escribes lo que quieres”.

Y pienso en muchos escritores de hoy que parecen escribir el mismo libro una y otra vez. ¿Por qué hacen eso? Ahora me lo explico.

Segunda tragedia. Las editoriales apuestan por un tipo de escritores con marca de fábrica. Es sospechoso que todos los autores que triunfaron en los años setenta y ochenta (casi todos) sean amigos de la izquierda, simpatizantes del Partido Comunista y demás. Antes se llevaba ser izquierdoso, rojetilla de jersey de cuello alto, gafas culo vaso y pantalón manchado de restos seminales. Ahí están los Goytisolo, los Marsés, Vázquez Montalbanes y Caballeros Bonales. Serán buenos escritores, no lo discuto, pero que hicieron su carrera gracias a sus amigos del partido, también. Algunos de entonces se salvaron del politiqueo, pero otros hoy no los conoce ni el tato, a pesar de haber sido geniales, incluso mejores que los escritores oficiales del régimen cultureta. Castillo-Puche sin ir más lejos. ¿A qué no les suena? Pues eso.

Ahora la marca del escritor que busca las editoriales ha cambiado. Aquellos daban grima, y fumaban como colachas. Por eso ahora prefieren a las féminas, les encantan las escritoras luchadoras que venden universo de mujer que lucha por conseguir un puesto en un mundo tan duro. Escritoras de treinta y cuarenta. Ni jóvenes (salvo que sean pijirebeldes, que entonces sí, si venden), ni mayores, que van a parecer beatas de misa. Se vende la literatura femenina, y eso lo tienen que escribir las chicas. Ah, claro, era eso. Me temo que el resto de escritoras y escritores nos movemos en las pasarelas de lo inadvertido si no hablamos del tema que toca. Del único tema que toca ahora, claro. Si no escribes una novela con alguna lesbiana o gay por medio, o algo de un par de mujeres sufridoras  en una novela negra, no eres nadie en el mundo de las letras.

La tercera tragedia está en los Premios. Los premios son un invento de las editoriales para vender y promocionar sus propios libros. Los negros que leen los tochos que les envían suelen ser agentes editoriales vinculados a esos premios y editoriales, los cuales hablan con sus escritores para que presenten tal o cual cosa. Esos tipos, generalmente tipas, son muchas veces gente joven que no tiene ni un poso cultural para hacer la criba. Pero eso no importa, porque hacen el filtro, para que no se cuele nada que no sea comercial y vendible. Los cánones son los de la actualidad. No es casualidad que casi todos los finalistas de equis premios sean escritores de la misma editorial que convoca el premio. Luego salen en los medios asombrados. Ya claro. Es como un concurso oposición, donde gana el amigo del sindicato. No hablo solo de Planeta, Nadal o los Ateneos, es que no hay un premio medianamente remunerado en España que no funcione así. Hoy por tí, mañana por mi. Así llegaron algunos escritores que hoy todo el mundo lee y celebra, y olvida en cuanto fallecen. Y no me extraña. Algunos no llegan a escribir ni tres libros en toda su vida. La licuadora saca el zumo y abandona las colfas de la naranja cuando los ha exprimido. Ah, que rico el zumo; y corre, bebe rápido que se le van las vitaminas.

¿Sigo? Venga, un poco más.

Cuarta tragedia. Abundan las editoriales timadoras. Como lo oyen. El mundo está lleno de tipos sin escrúpulos que te ofrecen grandes negocios donde tu pones todo, pagas todo, y ellos te aplauden por vender libros a tus amigos. Viven de la ingenuidad y de la vanidad de muchos escritores cuyo principal delito es tener ganas de triunfar. Les sacan el dinero cuando envían el manuscrito, les sacan el dinero para que lo editen, y les sacan el dinero para venderlo, porque se quedan con sus porcentajes.

Ante este panorama, que haya pocos lectores es casi una suerte, decimos algunos con ironía.

La quinta tragedia es que a la clase política, les importa este tema una mierda. De hecho, obligan a los escritores de cierta edad a elegir entre cobrar su pensión o cobrar por derechos de autor. Pues eso, que se jodan los escritores y que no escriban cuando se jubilen. Ahí es que lo clavaron. No es extraña esta actitud, porque muchos políticos no leyeron ni los apuntes de clase cuando tuvieron oportunidad. Y se les nota. Hay que leer, dicen. Sí claro, la mierda tuya y con letras de molde.

Sexta tragedia. Escribir un libro es fácil, relativamente fácil. Pero escribir muchos es costoso, y requiere mucho tiempo, a veces muchísimo tiempo y sinsabores. El arte no tiene prisa, y es esfuerzo de escribir es inimaginable para el que no se dedica a ello. Muchos escritores hacen un libro para sentir que son capaces de escribir un libro, y lo consiguen, pero no vuelven a escribir en su vida el segundo o el tercero.

Los verdaderos escritores sentimos la necesidad de escribir y seguir escribiendo aunque no publiquemos fácilmente, o aunque guardemos el manuscrito bajo llave, o aunque autopubliquemos y saquemos quinientos ejemplares cada dos años. El número no importa, y el éxito no depende de nosotros.

Dicen que el problema no está en el escritor frente al folio en blanco, sino en el mercado; y en parte es verdad. Hay muchos escritores vendiendo lo suyo, y los hay de todo tipo. Hay miles de escritores malísimos y mediocres; y hay menos que son normales e interesantes, incluso excelentes. Lo que vende cada escritor, no está en relación con la calidad de sus escritos. La historia de la literatura ratifica esta verdad. Es triste que se reconozcan a algunos artistas más cuando mueren que mientras viven. La pléyade de gilipollas dice entonces que eran avanzados a su tiempo, lo que es siempre mentira. Eran de su tiempo, pero no hubo nadie con luces a su alrededor.

¿Qué puedo decir de esto? Muchos “best seller” son malísimos y mediocres, y por desgracia, los escritores que considero excelentes y buenísimos están compitiendo con una abundancia enorme de títulos que se publican al día de escritores malos o muy malos. Es difícil visibilizar la calidad, incluso para un librero, que no tiene tiempo de leer todo lo que le llega a  la librería. Cada tres meses cambia el escaparate y el interior de la tienda. Por eso no se escapan ni los escritores muertos a la tragedia de su olvido. Incluso los excelentes son olvidados, salvo que alguien los siga publicando, promocionando y aconsejando.

¿La séptima tragedia? La vida mercantil de un libro es de menos de dos años, y normalmente es un producto de temporada. A los seis meses está quemado; a los dos años es libro de viejo; y a los cien son del dominio público y no hay derechos de autor.

¿La octava tragedia?

No sigo. Habría que hablar del pirateo, de lo poco que lee la gente, de la competencia que tenemos con las series de la tele, o con la baja calidad de lo que lee la poca gente que lee. Pero no voy a seguir. Tengo pendiente continuar disfrutando de Marcel Proust y las chicas en flor. Así qué… me piro, vampiro.

Acabo, venga. Les cuento, mis queridos lectores, que yo escribo, me autopublico y tengo gente a la que le encantan mis novelas. No pierdo dinero, y ya es bastante. Por eso estoy satisfecho y seguiré escribiendo. Mi tragedia es que no saldré de los parámetros ostracistas a los que me ha sometido el mercado; lo cual que convierte en un escritor libre, con proyección internacional, y lectores en todo el planeta. Quién quiera (se entere y me conozca) me puede leer.

Y eso, en los tiempos que corren, es mucho.

 

¿Autopublico o lo cuelgo en amazon? Consejos de un escritor.

Me han lanzado un guante y escribo. ¿Por qué no? El otro día desde facebook alguien, en esas múltiples páginas de lectores y escritores en las que estoy presente, se preguntaba y nos preguntaba por el asunto. La persona en cuestión mostraba sus dudas si acudir a amazon o autopublicar, pues tras escribir un libro, no sabía con claridad qué hacer con él. Apostaba por amazon, pero le surgían dudas, porque evidentemente, no es oro todo lo que reluce en el mundo. Así que me lanzo, me atrevo y echo una mano a los escritores nóveles que puedan pasar por aquí, que son unos cuantos, supongo.

Lo primero que tiene uno que decidir, se supone que ya tiene algo escrito y que no es una basura, es a cuánto público quiere llegar. ¿A miles de millones? Vale, colega. Entonces necesitas miles de millones de euros en publicidad. Es así de simple. Los libros se compran si se conoce el libro en cuestión y te han hablado bien de él. Se venden cuando te lo recomienda alguien, si el autor es conocido, aunque sea porque sale en la tele, o escribe en una revista o un periódico, o tiene seguidores porque es alguien que nos suena. El resto, incluso los anteriores, necesitan de publicidad y mucha. Además, la mayoría de la gente en este país no ha leído nada en su vida, ni lee, ni leerá.

No estoy diciendo nada nuevo. Las editoriales grandes (y pequeñas, qué coño) no apuestan por autores desconocidos que tengan que gastarse un pastón en publicidad. Para ellos un libro es un negocio, y les da igual vender a Dan Brown, aunque sea una mierda que a Murakami, que está mejor. Ellos lo que quieren es ganar dinero. Y ya está.

Las editoriales, las distribuidoras y las librerías viven de este tipo de libros, los best seller. Habitualmente publican libros que ya han triunfado fuera, sobre todo en EStados Unidos y aquí los traducen sin más, la publicidad ya la tienen medio hecha, y les basta con poner ” el libro que ha cambiado la vida sexual de las amas de casa de medio mundo” para que las 50 sombras de Gray se venda como rosquillas. Aunque sea malote, que ya lo sabemos. Un dato, España publica muchísimos más títulos de autores extranjeros que nacionales, a diferencia de Francia, Inglaterra o Estados Unidos. Aquí no arriesgan por una cultura propia, y lo entiendo. Es su dinero y hacen con él lo que les sale del susodicho; pero eso nos hace entender la sensibilidad que hay por los nuevos escritores.

Si escribe un libro Ana Rosa, la Belén Esteban o el Cristiano Ronaldo, tiene las ventas aseguradas porque ya son conocidos y tiene tirón. A pesar de todo… no se gastarán demasiado en publicidad, salvo que piensen que lo van a recuperar de largo. Nadie tira el dinero a cambio de nada. Por eso, si quieres que tu libro se venda, tienes que publicitarte y vender tu producto. Y hay que pensar que quizás no recuperes lo que has invertido.

Por eso te preguntaba que cuánto quieres vender. ¿Amigos, conocidos, desconocidos, tu ciudad, tu comunidad autónoma, tu país, el mundo entero? Decídelo mirándote el bolsillo, porque nadie arriesgará por tí y por tu libro. Lo siento si soy demasiado realista, pero escribir es un negocio cuando quieres vender tu libro.

Vamos con AMAZON. Colgar un libro en amazon no garantiza que se vaya a leer ni a descargar. Si nadie te conoce, nadie lo leerá. La publicidad te la tienes que pagar tú de tu bolsillo, incluso ni eso. Este tipo de plataformas de libros (hay unas cuantas por ahí) ofrecen un hueco en la web para que cuelgues lo tuyo, la gente se lo descargue y al escritor le den unas “regalías”, un dinerito por libro. Evidentemente, el escritor no arriesga mucho (la publicidad si se la quiere pagar), y la plataforma arriesga todavía menos, pues tampoco tiene por qué publicitártelo. Ellos (y tú, mi querido juntaletras) ganan algo gracias a tus amigos y conocidos, que suelen ser los primeros que se animan a leerte. Eso es fundamental.

La gran ventaja de amazon, en mi opinión, es que permite descargas en cualquier lugar del mundo. Y eso para los que escribimos en lengua castellana es una ventaja. Pero hay que publicitar el libro también en México, Colombia o Estados Unidos, por ejemplo, para que te lean allí. Lógicamente necesitas una página web, o un blog, estar en las redes sociales y crecer en relaciones para que te vean y te conozcan. Un blog, algo para ir haciendo amigos… para que cuando alguien quiere saber de tí y de tus libros te encuentre y te descubra como un nuevo escritor.

Amazon tiene también la ventaja de que fabrican libros en papel según la demanda del usuario. Y tardan no demasiado en llegar a cualquier rincón del mundo. La calidad de tales impresiones bajo demanda no son demasiado buenas, aunque se puede revisar y controlar el proceso de edición con cierta facilidad. Pero es igual que lo anterior. Si nadie conoce el libro, nadie lo comprará. Incluso poniendo el libro gratuito en internet, la gente no se lo descargará si no lo conoce. Además, hay un exceso de oferta de libros gratuitos en la red.

AUTOPUBLICARSE es una opción que yo he hecho con bastante éxito. Cada vez más gente se lanza a ello. El precio se calcula multiplicando por cuatro (a veces por tres para que salga barato) el coste de cada ejemplar. Tú fijas el precio, buscas una editorial imprenta que se dedique a ello y pides presupuesto. Yo he trabajado con UNO Editorial y con Ambrosio Rodríguez y lo hacen bien.

El problema de autopublicar es vender, no fabricar el libro. Las librerías son las tiendas donde se venden libros, pero las librerías no pueden poner miles de libros en sus escaparates. Tampoco los libreros tienen porqué recomendar tu libro cuando a ellos les da igual vender uno u otro. Las montañas de libros que usan en carrefour, el corte inglés o la casa del libro son medios de publicitación. Realmente no venderán ni la cuarta parte de esas torres, pero es la manera de que cuando un comprador entre en una tienda se fije en esos libros. ¿Qué libros son esos de las montañas de libros y del escaparate? Lo has adivinado, los de las grandes editoriales, que generalmente son lo de los autores más conocidos. De nuevo la publicidad. Y es que esas editoriales pagan pasta por tener su montañita en la entrada de la tienda.

Por cierto, las librerías suelen llevarse un 30% del precio del libro.  Te tocaría llevar el libro tú mismo a la librería, porque si buscas una distribuidora que haga ese trabajo (es la opción que acabé teniendo) te pedirán el 50% o más, y ellos darán su parte a las librerías. Por supuesto, los libros que no se vendan te los devolverán y se almacenarán por si alguien los pide. Nadie lo va a pedir si nadie sabe que existe tú libro.

También se puede vender el libro directamente, y te llevas todo lo que ingresas por venta. es la manera de ir pagando la edición. Cuantos más ejemplares hagas, más tienes que vender, porque más te costará recuperar dinero.Yo me lancé con 200 ejemplares, y luego he ido haciendo más y más (de 50 en 50) según se han ido agotando. De esto hace ya cuatro años. Autopublicarse hace que el libro no se agote tan pronto como en una librería, pues tú lo mantienes vivo si lo sigues vendiendo y publicitando, aunque es difícil.

¿Qué dónde se venden libros autopublicados?

Las presentaciones ayudan a vender libros, las firmas en librerías y las promociones personales que se haga en medios de comunicación mucho más. Cuanto más salga uno en prensa más se vende un libro, cuanto más se publicite uno, más libros venderá. Normalmente los amigos y conocidos suelen comprarte el primer libro, y en ocasiones, si va bien la cosa, habrá gente que le gustes y que compren todo lo que saques. Los lectores mandan. Pero el universo en el que nos movemos será limitado. Tan limitado como el mundo al que tu libro llega realmente y es conocido. Recuerda: nadie compra algo que no sabe que existe. Si eres conocido en tu ciudad, venderás allí, pero no en el resto del planeta.

Tampoco los grandes escritores (los conocidos en España me refiero) venden demasiado. El pirateo los está machacando, y además están controlados y sometidos a las presiones de las editoriales para que escriban más como Dan Brown que como Marcel Proust. De la escritura no se mantiene casi nadie. La mayoría son periodistas o tienen otras profesiones más estables. Yo soy profesor, como has podido comprobar.

Otro campo, los PREMIOS. Los premios literarios siempre son interesantes y agradables de recibir. Muchos de ellos están amañados por las grandes editoriales para darlos a autores que ya venden, y que de esa manera van a vender más. Fíjate en los que ganan los grandes premios en España… casi todos son grandes editoriales que ponen a competir a SUS escritores. Forma parte de su publicitación. Si no estás en ese círculo, no conseguirás demasiado. Pero hay otros premios, los medianos y pequeños, que suelen ser más libres y auténticos, y que dan satisfacciones. Yo no suelo ir tras ellos, pero están bien y permiten la libertad de escribir lo que te apetezca, aunque eso no te garantice ganar. Los AGENTES LITERARIOS son parecidos a las editoriales, solo que querrán sacarte el dinero dándote unos consejos para que tu libro sea mejor libro y se venda mejor. O sea, más Dan Brown. Hay de todo, pero es un mundo cerrado donde hay que vender productos llamados libros.

Por cierto, si publicas en amazon, ya no puedes optar a esos concursos, pues dejan de ser obras inéditas.

¿Mi consejo? Disfruta escribiendo, y escribe para que “alguien” disfrute leyendo. Llegar a unos pocos, o a unos muchos, es lo de menos. Cuando hay una buena historia que contar, y hay palabras hermosas para hacerlo… ¿a quién le importa lo que opinen el mundo?

 

 

 

 

Ya está EL ÁNGEL AMADO en papel.

Trailer presentación del libro EL ANGEL AMADO.

Entrevista al autor, ANTONIO JOSÉ LÓPEZ SERRANO

NOVIEMBRE 2017.

¿Por qué escribió EL ANGEL AMADO?

Cuando terminé la novela LOS CABALLEROS DE VALEOLIT, sentí una especie de vacío. Es una especie de precipicio que se abre frente a cualquier persona creativa. Escribir es algo cotidiano, por eso cuando terminas algo, tienes que preveer lo siguiente. De alguna forma hay una necesidad creativa por contar algo nuevo y distinto. Antes de terminar de parir ya estamos pensando en la siguiente criatura.

¿Una novela sobre mártires del siglo II d.C.?

Así es, un tema olvidado incluso por muchos cristianos de hoy. Aquellos primeros siglos de cristianismo fueron fascinantes, tanto por la fundación de la iglesia, una institución milenaria, como por los riesgos y compromisos que mantuvieron por sus creencias. Pero eran también personas corrientes, incluso vulgares. Los santos nunca son gente distinta al resto, los hagiógrafos reinventan a los santos para que parezcan bichos raros. Eso es una tentación. Juan Pablo II intentó por todos los medios hacer de la santidad algo cotidiano y abundante, porque en verdad lo es. Dios es más fecundo de lo que creemos en su iglesia. La tentación anticlerical consiste en secularizar tanto a los santos que se convierten en una caricatura, en gente sin fe, enfermos mentales o algo parecido. Supongo que hay un punto medio para la mayoría de ellos, entre los que incluyo los santos anónimos, los olvidados…

¿Con continuidad?

Mi pretensión inicial – y no sé si la mantengo, porque escribir es siempre un acto de fe y un esfuerzo doloroso y placentero – es escribir una especie de Episodios Eclesiales, y lógicamente la historia de EL ANGEL AMADO, sería la primera de esas historias. Sería el Trafalgar del cristianismo, el origen martirial y amoroso de los que no saben que serán esenciales para el futuro. Lo que no sé es si continuaré, porque escribir es duro, y no siempre gratificante.

¿Qué significa entonces para usted EL ANGEL AMADO?

EL ANGEL AMADO es una de las novelas que más aprecio. La escribí en pocos meses, casi de un tirón y apenas hubo correciones. Era buena tal y como la parí. Me gustó desde el principio. Y las pocas personas que lo han leído me han dicho que es magnífica, qué está muy bien escrita y que es entretenida y fácil de leer.

Pero es distinta a LOS CABALLEROS DE VALEOLIT. Siendo novela histórica, la manera de narrar es diferente. Se lee muy bien, pero hay más literatura, más estilismo a la hora de escoger las palabras, por ejemplo.

Es cierto, es una novela distinta. La verdad es que siempre he considerado EL ANGEL AMADO como una novela menor, más por tratarse de una novela breve que por el contenido o la fuerza de su temática. Apenas me ocupó unas 150 páginas, durante aproximadamente unos meses. Es ciertamente una novela histórica, pero también es una novela religiosa, espiritual, teológica e incluso filosófica. Soy consciente de que es una novela diferente a LOS CABALLEROS DE VALEOLIT, no es una simple novela de aventuras, es algo más. Creo que mi pretensión inicial era mostrar una época y unas circunstancias que se dieron, y que son desconocidas para la mayoría de los cristianos. La ignorancia a la hora de interpretar la intrahistoria sigue siendo una tarea pendiente.

¿Es entonces una novela para creyentes?

Digamos que es una novela para gente con cierta sensibilidad hacia la temática religiosa, pero no creo que sea una novela para un modelo de lectores. No creo que se pueda clasificar a los buenos lectores, eso son cosas que crea el mercado del libro para vender determinadas novelitas a los lectores que cree que son de determinada forma. Aborrezco esa forma de tratar la cultura. Tolstoi no escribe de religión en Ana Karenina, pero puede gustar a gente religiosa. De la misma forma, alguien sensible puede leer a San Juan de la Cruz y disfrutar, sin que necesariamente sea una persona piadosa. Eso nos distingue de las sectas. Es además una forma de dialogar con el lector, sea quién sea. Supongo que esos libros desconciertan a los editores, que siempre están buscando un best seller que les saque de pobres por una temporada. Por eso publican cualquier cosa que les parezca vendible, y por eso se equivocan cientos de veces despreciando novelas buenas, o publicando bazofias. Arriesgan con su dinero, no lo olvidemos.

O sea, EL ANGEL AMADO es una novela que puede gustar a todo el mundo.

Creo que a cualquier persona que le guste leer disfrutará con EL ANGEL AMADO. Si además le gusta la novela história lo disfrutará más, y si encima es creyente, seguro que le emociona y agradará mucho más. Pero es difícil calibrar los gustos. Un libro es siempre una propuesta de un escritor, una especie de desnudo personal. Como escritor soy LOS CABALLEROS DE VALEOLIT, pero también soy EL ANGEL AMADO. Los dos son hijos míos, fragmentos de una misma persona, de un mismo universo literario, supongo.

El libro, sin embargo, sale en una edición muy limitada.

El libro lo tengo colgado en la plataforma digital Amazon desde hace mucho tiempo. Decidí sacarlo en papel porque tengo la seguridad de que el papel es más valioso que la nube. Supone acceder a un tipo de lector que no utiliza libros electrónicos, y que merece un respeto por mi parte. Esta edición tiene la letra más grande, para facilitar a personas más mayores su lectura. Eso ha repercutido en el coste de cada ejemplar, que he asumido personalmente y que no repercute en el comprador.

¿Es usted escritor y editor de sus libros?

La autoedición está cambiando el mundo del libro, casi de la misma forma que lo está haciendo internet. Los agentes literarios, por ejemplo, obtienen cada vez más recursos haciendo cursos para aprender a escribir que representando a los escritores. Las editoriales, que son las que otorgan los premios literarios más jugosos, juegan con un número casi endogámico de escritores. Muchos se buscan la vida en internet y de ahí vienen los problemas.

¿A qué problemas se refiere?

Hay libros en internet que son auténticas basuras, que sin embargo conviven con novelas muy interesantes y buenas. Pero sucede igual en el mercado tradicional del libro. Hay libros malísimos muy publicitados que son lamentables, y que se venden como “imprescindibles”. En realidad los imprescindibles son los clásicos. Y tenemos auténticas joyas en internet, obras de poesía que no se editan, o mejor… que se autoeditan.

Sinceramente, creo que mucho de lo que se vende en las librerías como obras maestras son libros de usar y tirar. Eso ha hecho que las editoriales y los premios sean peores filtros de selección. Internet está ganando la partida, igual que sucedió hace tiempo con la música. Tampoco hay que olvidar que para esta gente un libro tiene una vida comercial de unos seis meses o menos. Para ese final trágico no vale la pena un libro en papel.

¿Dónde se puede comprar EL ANGEL AMADO en papel y qué precio tiene?

He pedido a la LIBRERÍA EL SUEÑO DE PEPA, de la Plaza Mayor de Valladolid que se encargue de las ventas, tanto presenciales como por correo o internet. Su precio final es de 17 euros. Seguramente estará también en la PAPELERÍA AMBROSIO RODRÍGUEZ de Valladolid. Son los que han hecho la impresión del libro en su editorial, Editorial Azul.

Por supuesto, también se lo facilito a los amigos más cercanos.

Una última cosa. ¿Tiene previsto hacer una presentación del libro?

Físicamente no. Lo presentaré en la red con un video más elaborado que el que he hecho del trailer.

 

De profesión “famoso enfadado”

No quiero tocar demasiado las narices, pero es verdad esto de que ni no estás cabreado e indignado contra algo o alguien no eres nadie. De hecho es como una fachada, una actuación memorable, un personaje que se superpone a la persona, y que no pocas veces termina devorándolo.

Camilo José Cela se montó un personaje entre cabreado e irónico, Pérez-Reverte tiene un tono chulesco que vende mucho (acaba de llamar payaso a Pio Moa sin despeinarse), Cristiano Ronaldo faltó al respeto a un compañero de trabajo retirado llamado Xavi Hernández y en la tele hay programas que consisten básicamente en estar cabreado y reconciliado por días, incluso por horas. Si te mosqueas mucho sales mucho en la tele, pero si eres un tipo normal, no sales ni aunque te peguen dos tiros en la nuca seguidos. Ya puedes escribir novelas, hacer cine, recitar poesía o ser medalla de oro en badminton. Sales a lo sumo un día, treinta segundos, y se acabó.

Si Carolina Marín hubiera dicho que estaba hasta los cojones de Montoro y que se iba a Andorra con sus minúsculos ahorros, y luego hubiera enseñado el culo a la prensa brasileña en protesta por el hambre de las favelas, y luego hubiera afirmado con vehemencia que habían sido los peores Juegos Olímpicos de la historia saliendo del armario y cabreándose contra los gilipollas que ven fútbol y contra los negros que se ahogan porque les da la gana en sus putas pateras, sería mucho más famosa y ganaría más dinero. No jugaría mejor a badminton pero la tendríamos de tertuliana con Lucía Etxebarría en un programa dirigido por las Campos y con Pedro Sánchez de invitado especial. Todos cabreados hablando de Rajoy, que es un tipo cabreante hasta para los del PP.

Los cabreados venden su cabreo y su indignación como si fuera real. Hay gente enfadada porque mataron a su abuelo hace ochenta de años en una guerra, se lo han contado y están mosqueados desde entonces, sobre todo cuando van a la tele a contártelo. Las feminazis están cabreadas y la emprenden a tetazos contra el que les cae mal. Incluso gente que va por la calle con cara normal, en cuanto les plantas la alcachofa como que se despiporran a calentarse. Y es que la tele es un modelo de referencia imprescindible para el vulgo, y como en la tele todo el mundo está como cabreado, pues eso.

A mi me molan los de gordishore, que es un programa (para mi que es un documental de antropología encubierta de la UNED) donde unos tiparracos tatuados se entregan a la promiscuidad sin arrobo, pero también están cabreados. Lo que iba a ser el paraiso del sexo libre se convierte en un infierno de dudosa estética. los escogen así, a los angelitos me refiero, porque si no están cabreados no lo ve ni rita. El gran éxito de Gran Hermano es que todos parecen mosqueados y reconciliados cada poco, y eso debe poner mucho. Que uno odie a otro, pero luego le sonría como un tontorrón debe ser super interesante. Record de audiencias. Eso por no hablar de “hermano mayor”, donde montan un chou a costa de un ficus malcriado que afostia a sus padres de cuando en cuando. Seguro que veía mucho la tele de pequeño, y no precisamente la dos.

Lo enfadado vende, y a la gente le gusta ver a otra gente enfadada, esa es mi conclusión. Aunque imagino que habrá excepciones, los periodistas, que siempre andan detrás de la noticia, saben que un cabreo es noticia, en cambio un tipo tranquilo, es aburrido. Les encanta ver si Casillas se cabrea o no por no llamarle Lopetegui o del Bosque, por ejemplo. También se plantan delante de la casa de la Pantoja a ver si pierde los nervios, porque si se cabrea ya tienen programa. Por eso hay gente, que para hacerse famosa, vende que está supercabreado, y esta enfermedad afecta incluso a los escritores, que son gente como que va de otro rollo más tranquilo e intimista.

Por ejemplo, a Pérez-Reverte le va de cuando en cuando el tono chulesco y prepotente. Recuerdo que en una ocasión el señor Arturo se quejó de que la gente por la calle le alentaba a dar caña, porque creía que era un broncas. Él se defendía diciendo que era una pose, o eso entendí. Pero el otro día llamó payaso a Pío Moa en su página del XL, y es que su personaje lo está devorando. No es que dice que en España no cabe ni un tonto más, es que se lo termina creyendo sin matices. Cualquier día absorbe agua por el culo, como confesó Camilo José Cela, nuestro cabreado premio el Nobel. ¿Más gachas don Camilo? Toma, claro. A Miguel Delibes nunca le llamaron para hacer anuncios, y es que don Miguel no estaba cabreado de oficio de buena gente que era. Por supuesto, de Vicente Aleixandre, otro premio nobel español, prefiero no preguntar.

Yo, humildemente, y para vender los Caballeros de Valeolit en su tercera parte, había pensado quemar el último libro de Harry Potter en público, escupir y limpiarme el culo con una bandera, digamos la catalana o la andaluza (que son más peña), lógicamente tras defecar en público guardando mis heces en un frasco para enviárselo a la Princesa Letizia por operarse la napia. Luego llegarán los medios, y hablaré abiertamente de que la tele está llena de gilipollas de género confuso, y que si me daban el Premio Planeta iba a cagarme en su puta madre y en toda la industria cultura, eso sí, aceptaría porque me mola el dinero más que a un tonto un lápiz. Seguro que me lo daban por contestatario y rebelde, porque eso vende. No como escribir con gusto, claro, que es de idiotas creidillos y aburridos.

Lo malo es que tendría que renunciar a pasear por el Campo Grande con mi mujer y mis hijas, y estaría obligado a soltar exabruptos a los del Norte de Castilla que quisieran entrevistarme, porque claro, conseguir una entrevista conmigo sería un premio para un periodista, pues todo el mundo sabe que siendo un capullo valgo más. Mis pobres caballeros de Valeolit se harían famosos, pero a costa no de su lectura, sino por culpa del mundo en el que vivimos. Ya lo siento, porque yo es que me cabreo poco, me va más el estilo de don Miguel, por eso estoy jodido.

Voy a acabar esta entrada a lo grande, a ver si tengo más audiencia esta semana: Ale, a la mierda. Con perdón, claro.

Los Miserables de Víctor Hugo

  

Acabo de terminar esta novela magnífica novela, estupenda y bastante mal escrita. Lo que no sé es cómo lo he podido leer, si es un tocho de esos que nadie se atreve a editar por ser excesivo en páginas. Ha sido una suerte poder contar con un volumen de la editorial Aguilar, la que cuida sus traducciones por ser de épocas donde el lenguaje se cuidaba. Y ha sido una experiencia única, lo confieso.

No digo nada nuevo, pues al mismo Victor Hugo le achacaron que estaba mal escrita, y es verdad. No guarda los estúpidos cánones con el que nos seducen las películas, las novelas y el ocio en general que cuenta y que narra historias con las cartas marcadas. Esas que permiten que supongamos el final en cuanto leemos veinte páginas. Happy end. Esa que a la gente le molan porque le enganchan, como si quedara alguna historia interesante. Yo, tras la mierda de “el código da Vinci” que enganchaba mucho y no decía más que tontadas, recelo de las novelas que enganchan. Cuanto menos enganche mejor, por si acaso. Con que sea hermoso, los personajes sean interesantes, y esté bien escrito me conformo, y casi estoy pidiendo la luna, pues no todo el mundo es capaz de escribir con buen gusto y arte.

Le pasa lo mismo al Quijote, y cualquier editor moderno le diría al tal Cervantes que abrevie, que le sobran las digresiones y los cuentecitos; que hay que quitar trescientas páginas, vaya. A Hugo le sobrarían doscientas del principio, y otras cien de algunas partes. Eso sí, no tendríamos los Miserables, tendríamos algo parecido a una novela romántica algo ridícula. Lo que hacen en el teatro, musicales y cosas por el estilo es para el que no le gusta leer. ¿No han hecho película? Te preguntan los alumnos cuando hablan de alguna de estas magnas obras. Y es que estas novelas, La Regenta, el Quijote o Los Miserables, necesitan aire para escribirse y tiempo para disfrutarlos. Tiempo para la belleza y para la reflexión. Eso es. y la sociedad actual no es capaz de disfrutar de una obra de arte más de cinco segundos. Hacemos la foto, y nos vamos corriendo a otra cosas sin entender nada. Así funciona la música, las exposiciones, la poesía y la literatura. Y eso suponiendo que alguien lo consuma.

Yo creo, que el arte que seduce, nos atrapa y nos deleita embriagándonos. Cuando algo es bello nos obliga a mirarlo (un cuadro por ejemplo) cientos de miles de veces, de horas, de años. Por eso Los miserables es una obra revolucionaria, no porque tenga cientos de miles de frasecitas chorras de esas que molan en internet, a medio decir y no dicen nada, tipo: “el amor es lo que queda cuando el vapor del alma se disipa”. Ole mis… Ni tampoco es una obra revolucionaria porque nos cuente la historia de una barricada formada por gente que no sabe a lo que va (como hoy). Para mi gusto, por cierto, tampoco es original la historia de amor de Mario y Cossete. La novela es grande porque con todo eso hay dos grandes personajes interesantes que lo recorren todo: Jean Valjean y Javert. Porque está bien contado y para eso necesitó el autor un tocho de cientos de páginas, y porque cada párrafo guarda la belleza de un autor que escribe como él mismo. O sea, todo lo contrario de lo que recomiendan las academias de escritura, donde hay que escribir para que sea fácil de leer. ¿Para quién? Huyo de los libros cuya forma de escribir no reconozca como original y novedosa. Escritura estandar, no gracias.

De nuevo reconozco que los clásicos no fallan, que tienen ese algo que enamoran. Grandes personajes, reconocibles y tan veraces que se hacen de carne y hueso. Que los puedes tocar y que los conoces en profundidad. Grandes escenarios, lugares míticos del pasado o del presente, da igual. Y exquisitez para contarlo. Capacidad para escribir de manera única y bella.

Así me gustaría escribir a mi. Así que pediré a Victor Hugo que me de unas clases de narrativa, donde no me entretenga en agradar al público, sino en marcar mi ritmo y seguirlo hasta el final. Una obra única, sin duda. De las que no se olvidan.

Consumir libros.

Desde que el mundo del libro es un negocio, o sea desde siempre, hay libros de usar y tirar, y libros para guardar. Precisamente en estos días, que celebraremos el Día del libro y sus acólitas Ferias del Libro, los libros se convierten en protagonistas de las calles, se instalan recintos, se hacen actos, presentaciones, carteles, y se deambula por Ferias, en plan casetas, de ocasión y demás recintos. Todo el mundo parece empeñado en que compremos libros, y está bien, porque siempre se encuentra algo que vale la pena leer.

Yo, este año, que me he estrenado editorialmente con LOS CABALLEROS DE VALEOLIT, no puedo menos que hacer una reflexión sobre el tema del libro, su funcionamiento, resortes y vericuetos de todo un negocio, que hace viejo un libro a los dos años (oficialmente) o a los pocos meses en términos de mercadotecnia.

Vender libros es un negocio complicado, más de lo que parece. El mercado siempre se mueve en términos de oferta y demanda, de ahí que unos trabajen por ofrecer libros (escritores, editores, distribuidores y libreros), y otros los demanden (lectores, amigos de lectores que regalan libros, bibliotecas e instituciones públicas). Actualmente deben salir, o sea editarse, unos 600 libros a la semana en España, doscientos arriba o abajo. Esto hace que haya un exceso de oferta, pues la demanda de libros es más bien escasa. En palabras de un librero: “hay más libros que lectores”, y no le falta razón.

Por eso la solución es fácil: o potenciamos la lectura, o sacamos menos libros.

Lo primero es cosa de educación, política cultural y cosas por el estilo, por eso los charcos son abundantes y embarrados a más no poder. Hace años las instituciones sacaban libros que no vendían, y que terminaban regalando entre los funcionarios de tal o cual sección. Libros caros, con fotos e ilustraciones estupendas. Yo en casa tengo varios de esos, regalos de consejerías de aquí, y regalillos de allá, con títulos absurdos que no compraría ni loco, pero ahí están. Regalados por la Junta. Tenerlos los tenemos, pero no leemos más por eso. En los insti y colegios potenciamos que vayan autores, y cosas por el estilo, gracias a lo cual la literatura juvenil e infantil goza de bastante buena salud. Luego desaparece todo el trabajo en el bachillerato y la universidad. Política cultural cero (excepto lo que hacen los profes y maestros, que no es política sino otra cosa), así que vamos con la segunda solución.

Se sacan menos ejemplares que hace unos años. O mejor, se sacan más ejemplares de una publicación de moda que se intenta vender sí o sí, y menos de los demás posibles títulos. Estos ejemplares masivos, que inundan las librerías se editan se trituran y se usan como papel para vender y volver a reciclar. Esto es sorprendente, pero es así, como lo leen. Las grandes editoriales fabrican miles de ejemplares que inundan las librerías durante unos meses conformando torres con su volumen cuando el espacio es amplio (Carrefour, Coste Inglés, Fnac y Casa del Libro), y copan escaparates enteros a golpe de talonario e intereses. De estos libros, se venden muchísimos menos de lo que parece, y que nunca dicen. El resto se envía a América, para hacer allí la segunda parte de la campaña de venta del autor, y luego se recicla el papel.

Actúan así de manera lógica a sus intereses, pues dan a conocer el producto mediante la acumulación de objetos, en este caso ejemplares. Cuantos más ejemplares del mismo libro se vean por la librería mejor, y cuanto menos libros de los competidores (escaparates) haya, mucho mejor para los primeros. Esto explica que las grandes cadenas no tengan en sus escaparates expuestos más que unos pocos libros, con grandes carteles, y amontonados en una decoración estética atractiva. ¿Y el resto de libros? ¡Ah! ¿Pero hay más libros en las librerías? A los dos años todos calvos. Prueben a buscar algo concreto de hace unos años. Ni existe, ni se acuerdan de ello, salvo librerías excepcionales, o escépticas que son la excepción.

Un ejemplo actual: la gente no va a comprar los 500.000 libros del último de María Dueñas, el número hace la publicidad. Realmente van a vender 10.000, se dan con un canto en los dientes, y destruyen el resto de la producción, o la mandamos a américa, donde venderán a lo sumo 150.000 o así. El resto, que es más de la mitad, no va a librerías de ocasión, porque son demasiados volúmenes, por eso se destruyen o reciclan. ¿Te has fijado cuántos libros hay en las casas? Está claro que no cabe un ejemplar más de María Dueñas, ni de Pérez-Reverte, ni del que sea. Se almacenan o se destruyen. Es como los Chinos, o nos los comemos cuando se hacen viejos, o vuelven a su patria. Yo creo que es esto segundo, se usan (las macroediciones no los chinos) para sacar ediciones de bolsillo con papel reciclado, y así nunca se acaba el mundo.

Suena a obsolescencia programada en los materiales residuales, pero es que tratan los libros como material de usar y tirar, ni más ni menos. Por eso hacen libros de usar y tirar, porque como se escriba un libro único, uno de esos que te guste leer una y otra vez, pues la han cagado con ganas. Lo que quieren es que una vez que lo compres y lo leas, lo vuelvas a comprar. Pero eso solo pasa con el Quijote o con la Biblia, que te gusta tener ediciones monas y estupendas para lucir en la estantería.

Ellos querrán que vuelvas a comprar el mismo libro, o sea, comprar otro libro del mismo estilo o autor si te gustó, que se convierte en autor de moda, aunque no sepa escribir, ni tenga estilo literario, ni cuente nada relevante. Si entretiene y te mola antes de dormir por la noche, pues ya está. Libros fáciles, con temáticas que enganchen para no llegar a ningún sitio. Libros que entretienen y que enseñan poco.

Da igual que un libro sea bueno o malo, porque a los seis meses un año está muerto para los circuitos. Así funciona. Por eso los editores aprovechan los grandes momentos del año: navidades para regalar libros, ferias del libro y antes del verano que parece que en verano mola leer. Se acabó. Los demás meses son malos para los libreros, fatales o de hundirse, como es febrero.

Es que unos libros se venden y otros no, te dicen como si fuera el único criterio por el que valorar una obra. Es como la telebasura, si tiene audiencia parece que es estupendo, y ahí andamos destruyendo la cultura y la literatura. Todos sabemos lo que hay que hacer para vender: mete algo de sexo, algo de gentes ricas y glamour, algo de intriga y misterio, y cierto deje trascendente. Eso vende. O gana un premio (los conceden los mismos que quieren vender libros). Eso vende. Sé conocido (que ahorra publicidad en la calle), eso vende.

Otra cosa es que valga la pena leer algo así. Por eso los clásicos suelen siempre funcionar, por eso muchas de las novelas contemporáneas de los últimos quince o veinte años (economía en despegue) no sorprendan ni en calidad ni en temática. Por eso los géneros están funcionando y despertando: policíaco, novela histórica, comic o ciencia ficción…

LAS MIERDAS QUE LEEMOS Y SUS CONTENEDORES.

Twitter está que se sale de poesía, y es que últimamente se lleva mucho la frasecita chorras, la que se supone que hace estragos de inteligencia entre la población, y que es soltada enigmáticamente por un fulano conocido en su casa. Es como soltar citas clásicas de la antigüedad pero evacuada por gente que no se ha leído un libro en su vida. Cosas como: “el amor es el pozo de la vida”, “cuando llega la soledad no tengo más remedio que sumergirme en el mar”, y pasteladas por el estilo, que digo yo que están hechas por adolescentes mentales, de los que escriben con faltas de ortografía y presumen de una sensibilidad especial.

Pero enfín, no me voy a meter con ese nuevo foro de poesía, sino con la lectura de peso. El libro con mayúsculas, porque hoy los libros están minusculados por culpa de la invidencia en el sector editorial.

Estoy leyendo Ana Karenina, del ruso Toltoi. Es verdad que tal como están las cosas por Crimea, a algunos les parece un delito entregarse a la causa de los maestros rusos, pero es que la literatura no tiene fronteras tan angostas como las mentalidades y las ideologías de pose.

Estoy disfrutando leyéndolo, y lo hago en un formato perfecto: el libro de papel y tinta, con tapa dura, y magnífica traducción. Es de la editorial Aguilar y es el segundo tomo de las obras completas de Toltoi, comprada en un quiosco salmantino del barrio de Pizarrales hace no demasiados años. Su lectura es perfecta: se necesita sillón, taza de váter o silla, pero nunca defrauda. No entro en el romanticismo de pasar las páginas, sino en la literatura misma. Como viajo frecuentemente tengo el mismo libro en formato electrónico, un kindle, para más señas y dando publicidad gratis. Pero es una mierda con perdón para las mierdas. Los libros electrónicos están hechos para leer basura, y a los hechos me remito.

La traducción que tengo en el ebook es bastante penosa, se juntan capítulos, y de repente aparecen páginas con una palabra por renglón. Está bajado de una página barata, de los de euro y medio por libro, la misma que te advierten que tienen cookies (putas en inglés ¿?) para orientarte en tu compra y en tus gustos. Se jactan de que es más barato, de que así los pobres pueden acceder a la cultura, como si pudiéramos los pobres leer en esas condiciones. Yo creo que confunden el contenedor de plástico con el papel, la basura con el reciclado, y la mierda con el abono. Y además te lo quieren vender como que es el futuro. Y yo es que me cago en el futuro, porque siempre termina llegando.

Leer en formato electrónico es como ver telebasura y deportes por la tele, es una experiencia mundana y cutre que pocas veces te produce la satisfacción del libro (o campo de fútbol) de toda la vida. Se almacenan libros y libros, y más libros que nunca se van a leer, pero que se tienen porque son gratis. Y cuando un libro lo venden por dinero, no vale ni lo que pagas. Leer en formato electrónico está hecho para el metro, el autobús, que como estás ocioso y te aburre la radio, pues te entregas a la novelita de toda la vida, pero que parece que es la hostia.

No quiero ser injusto, pero el otro día intenté leer un libro que me regaló un señor murciano por internet. Gracias a Dios tengo muy buena idea de Murcia, porque al fin y al cabo un pedazo de mi vida pasa por Yecla, y a mucha honra; porque el libro era diarréico. Hay tanto cursillo de cómo escribir, que cualquier ignorante te hace un libro. Agrega intriga e inventiva teológica a lo Dan Brown, y a repartir mierda en lata. Cuando andan cavernícolas con el sexo, te escriben las Cincuenta sombras del Gay ese, y así andan, como Jackson Pollock, soltando pinceladas de caca por un lienzo arrugado.

Los libros que se publican, cada vez se parecen más a lo que nos hechan por televisión: programas y programas para entretener a las amas de casa (literatura femenina), cadenas de programación infantil (literatura infantil con historias sorprendentes), programas de chistes (esto en twitter hay mucho) y demás. Pasarse por una librería es como zapinear, carteles gigantescos ofreciéndote el último detritus de la temporada (las almudenas, pancoles, y juego de tronos crepusculares con ribetes de Pérez Reverte para que parezca esto algo serio y plural), y luego pequeñas joyas por las estanterías perdidas y descatalogadas. Para los primeros libros aconsejo descargarlos gratis de la red, para la bisutería recomiendo el papel.

Lecturas que no están de moda: La piel fría.

Suele suceder que las editoriales te cuentan los libros que tienes que leer por temporada. En realidad son su producto, su nuevo producto estacional, y tratan de vendértelo durante unos meses anunciándolo por todas partes. Para tal fin invaden escaparates y diseñan grandes carteles anunciadores de lo suyo. Las editoriales potentes, claro.

Las otras sobreviven haciendo un hermoso trabajo cada día con más dificultades.

Los grandes son los responsables de que unos autores estén de moda y otros no, de que unos puedan vender mucho (si les sale bien la jugada y el público se engancha), y otros no tengan oportunidades. Ellos deciden que hay que leer ahora a Allende, a Pérez Reverte o Posteguillo. Y si tienen dudas se tiran al negocio seguro, extranjeros que ya han triunfado fuera: Wolfe y bla, bla, bla.

Pero no me interesa ahora arremeter contra el sistema de explotación temporal de las novelas y los novelistas, sino contar que siempre hay un buen libro desconocido que merece la pena encontrarse. ¿Cuál?

El geógrafo bloggero que se esconde detrás de geopacus.blogspot.com me recomendó dos muy divertidos y entretenidos. Por supuesto ciencia ficción. Los dos recomendables:

El primero es el que tenéis arriba. Se titula “La pell freda”, LA PIEL FRÍA en castellano y es de un autor no demasiado conocido por el gran público. Se trata de Albert Sánchez Piñol.

Este señor saltó a la fama con esta novela en el año 2003. Hasta el 2005 no se tradujo al castellano. Los derechos de traducción parece ser, así me lo cuentan en wikipedia, están extendidos por 37 lenguas. Eso dice.

La novela LA PIEL FRÍA es una historia curiosa, con más fondo del que parece y muy entretenida. El argumento es simple: Zombis alrededor de una isla desierta donde tratan de sobrevivir dos paisanos. Seguro que no gana el Nobel del próximo año, pero ni falta que le hace para que disfrutemos de una lectura amena y entretenida.

Dicen que están haciendo ya la película, y que cualquier día nos sorprenden invadiendo nuestra pantallas y regresando a los escaparates de las librerías.

¿Qué pasa? ¿Qué he dicho dos libros? No, no , no, no. Este vale por dos.

El agua de la fuente

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