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Veintidós ministros de cuchipanda.

Este fin de semana, el presidente del Gobierno, gente progresista y feminista a tope, se ha ido de casa rural con los ministros de su gobierno. Es verdad, que les ha costado encontrar una casita, pues son veintidós pibes y no es fácil, pero al final la Calvo lo ha conseguido. De hecho, llevaba el tema en mente desde hace días, y debió ser un tema importante en el último Consejo de Ministros, que son secretos y los martes, pero que deduzco de manera natural de qué hablan en los ruegos y preguntas.

-¿Qué tenéis para el finde del 8 de febrero? Pues reservar que nos vamos de convivencias.

-Bieeeeen.

Y se lo han tenido que pasar bomba, porque esta gente de izquierda solidaria, progresista, feminista y antifascista donde va, triunfa. De hecho fueron en autobús para divertirse más y no sufrir los atascos de la capital. Es lo que tiene ser solidarios con el medio ambiente. Es verdad que podrían haber ido en bici, pero la Calvo dijo que no. Que ni hablar. Mejor en un ecoautobús, y se acabó.

Es verdad que los desayunos eran temprano, y que hay ministros que no les mola madrugar porque no están acostumbrados al curro duro; pero claro, tras la fiesta de pijamas del primer día, nadie quiso perderse al coletas despelujado con babuchas sarracenas. Bajó por la mañana con Irene, su señora, que está henchida de gozo por irse de convivencias con su marido.

Los demás se morían de envidia, pues no pudieron llevarse a sus respectivos ni por asomo. A los de Galapagar les dieron la suite nupcial, y los barones que se han enterado se han chinado de la leche. El amigo Pedro, que es el líder cuya luz nunca le llega al cogote, no estaba contento del todo la primera noche, pues parece ser que cuando se va de casa rural suele tener problemas porque se le salen los pies de la cama. Y es que el tío es alto y tiene problemas con sus pies.

El tema trajo miga incluso en el autobús. No es para menos. Pablo e Irene son la primera pareja matrimonio que son ministros los dos, y eso, aunque a muchos les suene a Ceaucescu y su señora, o a Marcos y la Imelda, no es verdad. Es porque somos unos fachas malpensados. Ellos viajaron juntos en el autobús, y los demás tuvieron que andar regateando pareja de viaje. Dicen las malas lenguas que es porque se parecen a los Clinton, Bill y Hillary, y por supuesto hay que alejar a las becarias de macho alfa de la tribu de los progresistas, feministas, solidarios y antifascistas. De hecho, aquella noche, fueron los únicos que se daban arrumacos  en la fiesta de pijamas para envidia del resto de los ministros, que se tuvieron que conformar con mirar y beberse su cubata de cincuenta euros.

El caso es que la fiesta de pijamas fue un éxito, sobre todo cuando se hizo tertulia en el salón de abajo después de cenar.

Pedro sacó su guitarra, la del campamento de las juventudes socialistas, cuando cantaban a Quilapayun y el kumbayá. Y se sintieron todos dichosos cantando lo de la muralla y el pueblo unido jamás será vencido, que para eso se han juntado. Pablo, que también es muy ducho en fiestas de facultad, sacó unos petas, y aunque la ministra de sanidad (no sé quien es pero seguro que es una mujer y acierto) le miró con recelo por aquello de facilitar el contagio del coronavirus chupando el mismo cigarro, nadie dijo nada, pues son gente moderna y moralmente superiores. Cantaron una cancioncitas y disfrutaron contando unos chistes de Franco que casi nadie se sabía, pues no lo vivieron. De hecho los llevaba Abalos escritos. Eran malos, los chistes digo, pero se tuvieron que reír para evitar suspicacias. Cuando llegaron chistes de mariquitas, de aquellos de Arévalo, ya dejaron de reirse y se fueron a la cama. El coletas con su churri, faltaría más, y los demás con pena pensando que no habían tenido ninguna oportunidad de ligar en aquel ambiente tan insano.

Al día siguiente, tras el desayuno de café au lait, digo que a media mañana, alguno se empezó a aburrir y propusieron una caminata al Valle de los Caídos, pero se vé que no tuvo éxito, y ahí empezaron los problemas, pues montar una convivencias sin nada que hacer es superaburrido. Por supuesto, alguien dijo que se podía jugar a hacer una lluvia de ideas bajo un mismo tema, en este caso: temas que cabrean a la derecha, y se entretuvieron hasta la hora de comer y se lo pasaron muy bien, aunque el tema era repetitivo.

Un, dos, tres, responda otra vez. Cosas que cabrean a la derecha: sacar a Franco de la tumba, llamar ultraderecha al que no diga que todo es violencia de género, quitarles la educación de sus hijos, afirmar que la Justicia es un poder al servicio del gobierno, indultar catalanes sin preguntar, invitar a Torra a la cuchipanda… Jajaja. interrupción. Perdieron algunos, porque todo el mundo sabe que Torra es de derechas y nacionalista, y no de ERC. ¿Quién lo iba a decir? La próxima vez hay que invitar al Rufián, que es un parto el tío.. Ahí se lo pasaron bien, y han sacado unas cuantas ideas para los próximos meses, que se van a divertir y nos van a entretener a todos con sus cosillas de gobernantes.

Con la comida llegaron otros problemas no menos graves que los anteriores. Con la cena del día anterior no pasó nada, pues la gente fue con su bocata, y aunque hablaron de compartir, no se animó más que el Ministro de Agricultura con unos yogures que guardaban de la época de Cañete. Nadie los probó, pues procedían del averno Aznar. Pero ahora, con la comida, los ánimos se empezaron a caldear cuando propusieron el menú.

Que si a mi me gusta lo vegano, que si yo soy huevófago y sólo trincho pimientos coloraos, que si yo no puedo comer pescado porque los progresistas no comemos seres vivos con memoria de pez (lo cogen, lo cogen). Ahí se entablaron varias discusiones terribles, que se resolvieron cuando el presidente afirmó que había que llamar a los veintidós cocineros personales de Moncloa, asesores incluidos de radio y televisión, para que les hicieran un menú verdaderamente progresista, sostenible y con perspectiva de género. Un ecomenú, vaya.

Comieron lo que les dio la gana, excepto rabo de toro, que lo denunciaron como comida fascista y machista en grado superlativo. Pásame otro peta, Pablo.

Por la tarde las actividades se atascaron, pues varios ministros se echaron una cabezadita que se prolongó hasta la merienda. Recuperaron las formas con el partido de fútbol  que propusieron. Siendo veintidós, pues once contra once. El problema es que para no parecer cerrados, se hicieron equipos nombrando como capitanes a Pedro y a Pablo. Se cabrearon varias ministras cuando vieron que nadie las escogía, y decidieron formar su propio equipo. Heteromachos contra mujeres, y para dar perspectiva de género, los hombres tenía que jugar de rodillas, sin poner las plantas de los pies sobre el suelo. Es discriminación positiva, y todos se callaron como muertos jodiendose los ligamentos cruzados anteriores y posteriores.

Aquí se lo pasaron bárbaro. No porque ganaran ellas, sino porque dieron un balonazo a Abalos en los huevos, y daba gusto ver trinchado por el suelo al ministro. Luego se fueron a cenar a un burguer cercano de unos sindicalistas, que quisieron homenajear a los legítimos representantes del pueblo. Por supuesto, hubo langostinos, pero aquí nadie protestó pues dieron la consigna de no contradecir en asuntos de Estado a los sindicatos mayoritarios. Y se comieron los langostinos como está mandado. Luego volvieron a casa felices, no sin antes abrazarse a sus nuevos amiguitos.

Que digo yo, que si lo retransmitiera la tele, que sería mejor que la Isla de las tentaciones. Es por dar ideas a las cadenas…

(continuará algún día…)

 

 

El agua de la fuente

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