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Lecturas y sosiego.

Me reconozco en estas tardes de lluvia, primaverales y venturosas, refugiado en la lectura y en el sosiego. No siempre es fácil encontrar silencios y huecos en los hogares. Convivimos con muchas realidades, algunas de una tecnología invasiva capaz de hacernos perder la cabeza y la tranquilidad. Pero hoy puede ser distinto. Hoy quiero verme refugiado en la lectura de los clásicos, en el silencio que inunda mi hogar cuando mis hijas se van a la cama. En la paz que otorga, feliz buenaventura, unas sencillas páginas que nunca antes han sido abiertas, ni recorridas, ni pasadas con mimo y tacto por mis manos que hoy quieren ser más delicadas y amables que nunca con su contenido.

Huelo el lomo del libro, me impregno del aliento de sus páginas. Como si se tratara de un plato exquisito, de esos que los nuevos cocineros jefes califican con una descripción interminable. Nada puede superar las palabras de una novela, mucho menos de un poema, incluso el teatro leído es diferente al interpretado. Si una fotografía se esconde bajo cien palabras muertas, y el cine trata de vivificar cien palabras en movimiento de manera interminable, con una historia, la palabra puede ir más alla. Va maś allá y se convirte en arte, en experiencia sublime, en un atisbo de la trascendencia. Tal cosa sucede cuando las palabras están escritas con la máxima belleza y el escritor es alguien que lo sabe hacer. ¡Ojalá fuera yo ese escritor!

Una novela es capaz de mil cosas. Puede permitir examinar los pensamientos del asesino, descubrir sus sentimientos con precisión, nos hace imaginar con nuestra propia experiencia lo que le sucede al protagonista. Nunca una película será mejor que un libro. Salvo que el libro sea muy malo, cutre y fofo. Casi siempre el libro es mejor que la película.  Yo los prefiero, y es que una foto es algo mudo, un trozo congelado del tiempo. En cambio, las palabras nunca enmudecen. Recorres sus capítulos despacio y reverdecen, es como si despertaran los personajes, la vida que estaba oculta durante meses, quizás años, se levanta mientras las palabras son pronunciadas en silencio por nuestra mente. Silencio y lectura, una combinación espectacular.

Las palabras son superiores a las imágenes, entre otras cosas porque trasmiten una paz que no logra el cine, ni las películas, ni la televisíon. Tampoco las redes sociales, tan cargadas de imágenes insulsas, de mensajitos ñoños, de vulgaridades y chistes fáciles se pueden comparar. Gente posando su inanidad, grandezas y vilezas que necesitan una simple frase para tener algo de vida. No dicen nada, salvo que haya un pie de foto, una palabra que rompa su silencio.

Y es que sin palabras el mundo se muere, el hombre se muere, la civilización se muere. Somos palabras, palabras puras y firmes, decisivas. Las necesitamos para expresar el amor, para expresar los sentimientos, las ideas, las contrariedades y para despedir a los muertos. Para decir lo que es el mundo, para decir lo que somos nosotros, para decir lo mucho que nos importan los que están a nuestro lado. Los rayos catódicos malvados de los miles de redes mortecinas, que ahora nos piden permiso para molestarnos, son agonías que no prosperarán. Se extinguirán cuando sus luces nos aburran. Y ya nos aburren y nos maltratan. Un libro no. Un libro nunca fulmina el sueño, al contrario, lo acompaña por la noche hasta obligarnos a conciliar el sueño con el recuerdo y el aliento de la historia, el verso, o la palabra que acabamos de escuchar.

Un libro es un compañero, una obra de arte escondida en una estantería. Un libro acompaña, seduce, invade la vida con el máximo cuidado. Por eso leer es un placer único. Solo basta dedicarles un pequeño rato al día para que sus beneficios duren horas, semanas, meses y años. Hay libros que los recordamos durante años porque nos han dejado una impronta inolvidable. Eterna. Los libros calman la ansiedad, alientan la vida, distraen las preocupaciones, motivan la vida y nos hacen pensar. ¿Se puede pedir más a los escritores que logran tal cosa?

Ahora solo nos quedará elegir un buen libro, un próximo libro. El mejor de los posibles para el momento presente. Necesitamos encontrarnos con una historia, con unas ideas que nos seduzcan y un mundo que nos haga ser más nosotros mismos. Para eso están los libros.

Y para estamos los escritores, para buscar la mejor de las historias o de las palabras, las que sean capaces de levantar a los hombres, de elevarlos hasta lo trascendente. La historia que conceda la esperanza a los que han perdido toda esperanza. Ese es el libro que me gustaría volver a escribir, para así poder agradecer lo que me regalaron Proust, Conrad, o Juan Ramón Jiménez.

 

Bibliotecas domésticas.

libros

 

Reconozco que me encanta, cuando voy a casa de alguien, husmear por su biblioteca y hojear y ojear sus libros. Digo que me encanta, aunque debería decir que: “me encantaría”, porque uno, educado en las buenas costumbres y mejores hábitos, apenas se atreve a mirar lo que hay encima de una mesa del comedor, o en la estantería decorativa central del salón. El dueño hace un inciso (mear, vestirse, lo que sea…) y yo, cual garduña necesitada de pescado fresco, enlatado o congelado, oteo con disimulo esperando que tarde mucho.

Hay casas donde la biblioteca es exhibida con orgullo y arrogancia. “Mira que buenos libros tengo”, me dicen, y aprovecho para comprobar la veracidad de tales palabras. Me hablan de sus libros con cariño, pues muchos de ellos guardan recuerdos inmarcesibles y profundos. El libro es una pequeña joya en sus manos, y cuando te lo ofrecen para que mires su índice, aunque sea de pasada, compruebas que el dueño te está observando para que acaricies sus páginas como acariciarías a su novia, si es que te la prestara, que seguro que tampoco, y el libro menos. Yo nunca los pido por si acaso. Ni los libros ni las novias, claro.

La biblioteca doméstica es espejo de nuestras almas y de nuestra vida,  Está lleno de libros que se han convertido en cicatrices de nuestro pasado, lugares de soledad, de interés, de búsqueda de respuestas en libros que quizás no los tuvieron, o que sí. Hay libros que se aman con profundidad porque dejaron una huella dolorosa o entrañable, según. Otros los compramos y apenas han sido abiertos más que un par de veces. Están esperando una oportunidad que quizás no llegue nunca. Puede que sorprenda la muerte del dueño del libro, y algunas páginas no sean nunca abiertas por él, ni por sus hijos. Quizás el nieto… Me encantaría pasar una tarde en la biblioteca de Vargas Llosa, en la del difunto García Márquez, Pérez-Reverte o JM de Prada Me gustaría entretenerme mirando y mirando entre las estanterías que guardaba Steinbeck, o Churchill, o Felipe González. ¡Qué más da! Me gustaría saber qué libros tenía Nietzsche en casa, Dickens, o Lorca, o Hemingway cuando estaba en España… Supongo que es pura curiosidad, pero es también entender a las personas.

Ahora que estoy intentando recolocar la biblioteca de mi casa, apurando el escaso espacio que tengo, compruebo que hay libros que fueron muy apreciados cuando era adolescente. Ahora me parecen estúpidos, pero me resisto a deshacerme de ellos, porque son parte de mi vida y de mi persona. Son mis circunstancias hechas páginas y letras. Hay otros que han llegado a mi casa de casualidad, un regalo desacertado, un libro comprado por equivocación, o que alguien dejó perdido y no recuerdo, los que me regalaron mis padres, o mis amigos. Tengo muchos libros de cuando estudié, porque yo estudiaba leyendo libros, subrayando apuntes y memorizando de manera organizada. Tengo bastantes de derecho, pero son los básicos, los que no se pasan de moda, Los libros de leyes los tiré según fueron derogándose. ¡Adiós amigos, bye, bye mi friend! Tengo muchísimos de teología porque cuando estudié me gastaba casi toda la beca en libros, muchos libros, algunos buenísimos y únicos. De filosofía tengo bastantes, pero reconozco que no demasiados, los he ido tomando prestados (y devolviendo) de las bibliotecas públicas, y no me ha interesado coleccionarlos más que cuando me ha impresionado algún autor. Son como retazos del pasado. Me gustaría tener más de Ortega, pero “c´est la vie”, que dicen los franceses, y en cambio tengo una colección de ajedrez que ahora mismo no sé ni donde la guardo. La compré en una feria del libro de ocasión hace treinta y cinco años, o por ahí.

Examino mi adolescencia a través de los libros que me gustaban entonces, parapsicología, sexualidad y acertijos. Los años en los que me dio por conocer más el mundo del cine también dejaron su huella. Tengo algunos guiones originales, otros editados, muchos sobre escribir guión para cine, adaptar novelas…. Cientos de películas de video VHS, y en DVD, vinilos. El único formato que no ha cambiado demasiado es el libro, porque la música y las películas ha sido un desastre tecnológico. La misma canción en tres formatos, y no puedo oírla como no sea on-line. Eso con el libro no pasa. Tengo partituras, libros y libros sobre los Beatles, partituras y cancioneros de guitarra. Tengo más de quince cancioneros distintos, creo. Y libros de trotamundos, de viajes, mapas y postales de muchos lugares del mundo (o sea de Europa). También forman parte de mi vida. Somos nuestros objetos dicen los fenomenólogos de la antropología.

Ahora compro literatura, o sigo comprando, porque llevo bastantes años acumulando narrativa y novela, ahora me engancha más la poesía. Los disfruto y los remiro, los leo sistemáticamente, y aún tengo años de lecturas por casa para darme el gustazo. Tengo una biblioteca modesta, pero es la mía, la que me ha costado tiempo, la que puedo permitirme en la pequeñez de mi hogar. Se amontonan los pobres libros, y el desorden me nubla y me molesta. Los libros valiosos, los de Aguilar que son obras completas me encantan y está colocaditos, circunspectos y ufanos: Goethe, Shakespeare, Balzac, Tolstoi… Me da gusto verlos, autores y autores, aunque no tenga sitio.

Reconozco que hay libros que una vez leídos, me desharía de ellos. Hay otros que me sirven, los consulto una vez cada diez años, o así, y con eso ya soy feliz. Y hay otros que releo una y otra vez. Los clásicos me encantan. Hay traductores que deberían hacerles un monumento, porque son geniales.

La tragedia ahora está cuando llegas a casa de alguien y no tiene ni uno, ni medio libro. ni videos ni discos. Nada de nada. Minimalismo total. Apenas una revista perdida en una mesa de cristal desempolvada. Cientos de miles de fotos por las paredes, objetos decorativos de singular gusto, y ni un libro.

-¿No te gusta leer?- pregunto.

-Es que yo leo por el móvil – me dice.

Y pienso en lo poco gratificante que es ojear (porque hojear es imposible) un ebook o una tablet. Es todo tristeza y pena. De hecho hay gente que ni se acuerda del título del libro, entre otras cosas porque no lo maneja, no lo toma en sus manos, no mira y remira su portada. Es verdad que una vez leído, leído está, pero reconozco que el gustillo que me da mirar la biblioteca de mi casa de cuando en cuando, acariciarlos y abrirlos buscando el contenido en un sucinto índice, y poder decir: ¡qué majos! Eso aún no lo han logrado los de amazón.

Lecturas de verano: los clásicos nunca fallan.

Reconozco que cuando llega el buen tiempo, con las vacaciones y las ganas de campear, playear y arrumbarse al ocio, surge el fervor desmedido por entregarse a la ejemplar lectura de verano. Las experiencias en este campo, como suele pasar con todo, son de lo más variopintas; y así, uno se enfrenta de cuando en cuando al deporte de buscar algún libro que valga la pena, y bucea entre la innumerable pléyade de publicaciones que se dispersan por la estanterías de las librerías más guapas de la ciudad, y de la propia casa.

También están las librerías de los grandes almacenes, donde ofrecen los libros igual que fueran quesos de producción regional, en grandes anuncios, y amontonados de cincuenta en cincuenta. Me dice un amigo editor (local, claro) que la mayoría se reciclan y destruyen luego, pero que una montonera llama a otra montonera y que es la forma de vender contemporánea: torres de libros, montones en cajones como sandías. O sea, si quieres vender libros acumula tres mil libros en un pasillo de un supermercado y venderás doscientos. Porque si acumulas doscientos, solo venderás treinta, y así sucesivamente. La peña funciona así, no rebusca un buen libro, sino que prefiere que le digan lo que tiene que leer. Que me aconsejen, que me recomienden hasta que tenga más criterio, o porque me fío del buen gusto de mi gente, o porque no quiero perder el tiempo pensando. Y eso está bien a medias. Yo soy de los que rebuscan y encuentran más por casa propia, o de mis padres que por grandes almacenes. Sí que sigo los consejos de mi hermano o de mi madre en lecturas, porque no suelen fallar. Y luego el instinto de uno, no siempre certero, pues reconozco que alguna vez uno ha picado de más, y cuando vas a comprar una silla de playa, terminas llevándote el libro que dignifique el asiento, pero suelo leer lo que veo perdido por algún rincón y me llena de curiosidad. ¿Y este libro?

Dicen los libreros que en estos días la gente prefiere el libro de bolsillo, cómodo de llevar y casi también hecho para las vacaciones. Y mucha gente me ha comentado que en verano aprovechan para leer lo que durante los meses de trabajo, con niños y bullicio es imposible. La piscina siempre se presta a que, mientras los niños abruman al personal soltero con sus gritos, la mamá (o papá) profesional del berrido cotidiano se entregue a la lectura entre sol y sombra, cañita y heladito. Eso son las vacaciones, y que se quiten bobadas de parques temáticos, donde nos los excitan por veinte euros tu entrada de adulto.

También los pueblos se iluminan de urbanitas que durante las horas de siesta, donde hay más silencio que por las noches, se empanan con alguna lectura. Desde luego más ameno que los bodrios que echan por la tele, series b, o corazón con tomate, donde te cuentan lo delgados y guapos que está la gente delgada y guapa de la tele, sí que es. Este año, Marujita Diaz no nos pondrá ojitos (D.E.P.), y seguro que con suerte nos perdemos a la Obregón enseñando el jamón (mira, rima), gracias a Dios, por supuesto. Así que no tenemos excusa para echar un vistazo al Delibes que espera en la estantería  polvorienta y fresca de la casa del pueblo.

Yo la pregunta que me hago siempre que acabo un libro es cuál será el título de lo siguiente que lea. Reconozco que no soy de comprar más que cuando me interesa mucho, o me llama mucho la atención una obra o un autor, porque yo soy de autores y de obras completas. Soy más de rebuscar entre los buenos clásicos que andan por casa, y nunca me han defraudado, que de salir a la biblioteca a por algo, que también. Y siempre escucho y digo lo mismo: donde esté un autor clásico que se quite lo demás.

Supongo que uno está acostumbrado a que la lectura sea magistral, única y benévola. Que le saque de la rutina, que le impulse a los más altos grados del delirio placentero que se puede alcanzar con un libro. O si un año leímos algo que nos encantó, exigimos a la vida que nos deleite con lecturas magníficas y maravillosas, y claro, eso no suele ocurrir con frecuencia. Por que hay libros que nos decepcionan después de haberle entregado nuestra alma y tiempo. Por eso reconozco que prefiero los clásicos, los que nunca fallan.

Los autores clásicos son como una novia estrecha y recatada, exigen cierto esfuerzo que no piden las novelicas montoneras, casquivanas todas ellas. Aquí se conquista la lectura, y alcanzan los deleites más elevados. La literatura que ofrece un clásico no es la estándar, aquí se nota una buena de una mala traducción, un buen vocabulario y una expresión personal del autor, a diferencia de esa forma de escribir “finlandesa” que ahora parece imperar en todo el mundo. Ningún clásico se parece a otro libro, entre otras cosas porque un clásico no es un libro de usar y tirar. Perduran en el tiempo, y siempre ofrecen algo especial que no ofrece nadie. Son la novia para toda la vida. la que entregas alma y cuerpo y no te decepciona ni aunque te vayas con otras mil. Siempre retornas para admirarla sobre todas las demás. Por eso el Quijote es único y lo releo de cuando en cuando, o a Proust, o a Galdós, o a Dickens, Wilde, etc. Únicos e irrepetibles.

Hay gente que necesita que una novela le enganche, pero eso para mi es un defecto. La intriga del final puede ahogar las palabras empleadas por el autor. Se acaba convirtiendo la novela en una anécdota que va seduciendo de tramo en tramo, sin que termine importando la profundidad del personaje, ni la descripción del autor, ni los mundos que recrea, y me atrevo a decir ni la misma trama. ¿Leería usted dos veces un libro que le enganchó? Si la respuesta es negativa, es que el libro es malo, seguro.

Yo creo que los buenos amores no tienen por qué partir de una seducción incontrolable, sino de una belleza irrepetible. Y la lectura es igual, ni no es bella por algo que tenga, no es buena. Siempre digo lo mismo: la poesía, por ejemplo, no engancha, entre otras cosas porque no tiene trama, ni falta que le hace. Pero su belleza la convierte en sublime, en la literatura con mayúsculas, no es un género menor, como creen algunos. Las buenas novelas no necesariamente tiene que enganchar. Es un amor duro de conquistar, pero un amor para toda la vida.

Un clásico puede llegar a cambiar la vida de un lector, y eso no se puede decir de cualquier otra lectura.

¿Qué qué voy a leer? La verdad es que no lo sé, pero no faltará algún clásico que ilumine un poco más mi vida.

¿Y qué me gustaría escribir durante el verano? Por supuesto una novela que sea un clásico, un buen clásico. El mejor del mundo. Sé que seguramente no lo conseguiré, pero no dejaré de intentarlo.

Ahora ando todavía corrigiendo un par de novelas que me parecen muy interesantes. Con el tiempo terminará el parto, e iniciaré la siguiente. Espero que sea la mejor que pueda escribir.

Feliz lectura, feliz verano.

Hábitos de lectura de los españoles.

No es un tema que me suela importar, lo que piensa o hace el resto de la humanidad, pero me han llegado los datos del CIS sobre los hábitos de lectura de los españoles en las contestaciones que dieron el pasado mes de diciembre 2014. Como supongo que a un escritor todo esto le tiene que interesar mucho, me he armado de paciencia, y me he dedicado a leer lo que otros leen. (Quién me mandaría a mi…)

Vamos por partes y por preguntas, y comentamos todo ésto.

1. La primera pregunta, que es la bomba, es la que hacen en el cuestionario en el número 9, y dice así: ¿En qué medida interesa la lectura a los españoles?

Respuestas: Mucho: 27,6%; Bastante: 34,1% ; Poco: 27,6% ; Nada:10,4% ; NSNC: 0,3%

O sea, a los españoles les interesa bastante la lectura, seguido de mucho, que empata con poco. Esto es estupendo, porque teóricamente hay muy pocos españoles que no les interesa nada (10,4%). Esto se puede leer de muchas formas, como que a los españoles les interesa la lectura, pero no leer, según se desprende en lo que se sigue leyendo. La lectura es un gran tema, pero leer es un coñazo. ¿Puede ser? Seguimos.

2. Segunda pregunta es sobre el tiempo de ocio que se dispone. La lectura requiere tiempo, y organización, y el principal enemigo de que se lea o no, no la tienen tanto los editores y libreros, que también su parte, sino los empleos y los agobios en los que enfrascamos nuestras vidas. La pregunta dice así, y las respuestas siguen abajo: ¿De cuánto tiempo se dispone descontado el tiempo de trabajo y de obligaciones familiares, hogar y horas de sueño?

Nada de tiempo 3,1; Menos de 4 horas 42,4; De 4 a menos de 6 horas 23,2; De 6 a menos de 8 horas 11,1

8 horas 7,3; Más de 8 a menos de 11 horas 5,5; 11 o más horas 5,1; N.C. 2,3

Aquí la cosa se empieza a comprender. La gente dispone de menos de cuatro horas al día para entregarse al ocio. Vamos, que llegamos a casa agotados de darlo todo en el andamio, en la fábrica, por los hijos, y por los demás. El siguiente tramo es como de 4 a 6 horas de ocio al día. Se supone que en esas horas es cuando los españoles aprovecharían para leer, ir al cine, pasear y ver la tele…

3. La tercera incide en la percepción que tienen los españoles de ellos mismos. Las respuestas tienen a remachar los tópicos, que a veces aciertan y a veces no, supongo. Es la pregunta número 13: Vamos a hablar ahora de la lectura, ¿diría Ud. que en España la gente lee…?

Mucho 2,1; Bastante 18,4; Poco 66,1; Nada 4,7; N.S. 8,6 N.C. 0,1 (N) (2.477)

Me encantaría hablar con el 2% que dice que la gente lee mucho. Será alguien que vive en la Biblioteca municipal, porque sino no me lo explico tanta inocencia optimista. El bastante también es curioso, porque junto a los cándidos del “mucho”, forman nada menos que un 20% de los españoles. Aquí ganan los que pensamos que los españoles leemos poco, lo que no estoy seguro es si es porque somos pesimistas sobre los demás, o porque los lectores vivimos rodeados de gente que no lee nada. A saber…

4. Vamos con la pregunta cuarta que es la 14 en los genios del CIS. Y con respecto a hace diez años, ¿diría Ud. que la gente lee…?

Mucho más 3,0; Bastante más 26,3; Más o menos igual 26,5; Bastante menos 27,0; Mucho menos 3,0; N.S. 13,9; N.C. 0,2.

Esto es significativo, porque ya podemos comparar no de oídas, sino con lo que percibimos del pasado. Aquí cualquier tiempo pasado fue mejor para una cuarta parte de la gente, que es la misma que cree que bastante más. Sería interesante saber la opinión de colectivos más atentos al tema, por ejemplo profesores, libreros, editores o directores de periódicos. Como he podido escuchar a un profesional del papel y del libro. Cada vez se vende más papel, se diga lo que se diga que se está sustituyendo al papel.

5. Pasamos a la quinta preguntita de marras. Esta es buena, y corresponde a la pregunta 15 ¿Ha oído hablar o sabe Ud. qué es el libro electrónico o e-book?

Sí 84,7; No, es la primera noticia que tengo 15,2; N.C. 0,0

Me gusta pensar que hay gente que no sabe que es un libro electrónico, supongo que gente mayor, para quiénes la última moda se la trae al pairo. Aunque también puede tratarse de peña que no sabe del tema porque vive de espaldas al mundo de los libros, que también.

6. Solo para los que saben de la existencia del libro electrónico. Es decir las siguientes preguntas están hechas en relación con la gente del 84,7% que sí sabían de su existencia. Porque una cosa es que Dios exista y otra que se le rece un Paternoster. Vamos al tajo…

Pregunta 15a ¿Ha leído parcial o totalmente un libro en versión digital?

En bastantes ocasiones 15,2; Alguna vez 18,4; Nunca 66,3; N.C. 0,1

Esta respuesta llenará de paz y satisfacción al gremio del libro en papel, distribuidores incluidos. Se sabe que existe, pero no se tiene ninguna relación con el asunto hasta unos porcentajes altos. ¡Vaya por Dios! Seguro que además hay gente que la leído alguna vez y no le ha gustado, pero la inmensa mayoría no lo ha probado, aún conociendo el artilugio.

7. Pregunta 15b ¿Y cree que es muy probable, bastante, poco o nada probable que lo haga en un futuro?

Muy probable 17,1; Bastante probable 28,2; Poco probable 22,0; Nada probable 24,6; N.S. 7,2 N.C. 0,9

Esto anterior casi mide el grado de conformismo. ¿¿Pero lo vas a usar?? Meloncillo responde con resignación: bastante probable. Aunque también hay que señalar que hay gente que dice un nada probable, que equivaldría a un “te lo metas por donde te quepa”. Curiosa respuesta, desde luego, equivalente a un “estoy en ello”.

8. La siguiente pregunta, y van ocho corresponde a la 16 del CIS. Es la pregunta sobre el futuro, mediría la clarividencia nacional para los cambios en el futuro. Las escuelas psicológicas y sus estudios del efecto pigmalión seguro que tienen mucho que decir.  ¿Cuál de las siguientes afirmaciones refleja mejor su opinión sobre el futuro próximo de los libros?

La mayor parte de los libros serán electrónicos y habrá muy pocos libros impresos en papel 33,2;

Los libros impresos en papel seguirán siendo los más leídos 16,5;

En el futuro ambos convivirán 42,0;

Ninguna de las afirmaciones recoge lo que Ud. opina del tema 0,9; N.S. 6,4 N.C. 1,0

La respuesta es interesante porque refleja que mucha gente percibe que no le gustará leer, así lo interpreto yo, fuera del libro de papel. De ahí que se piense que van a convivir, pues la costumbre será que cada uno lo haga, lea donde quiera. Aquí la sensatez es alta, porque realmente los dispositivos electrónicos no se venden más que el año anterior, y aunque las ventas de libros en papel han bajado, siguen siendo altas. La reflexión más profunda que alcanzamos pasa por pensar que habrá libros que vale la pena tener en papel, y otros libros que no. Los comics, los libros infantiles, incluso juveniles se salvarán y se seguirán editando en papel. Los libros best seller, creo yo que están condenado a lo electrónico, porque no suele valer la pena tener en papel. Salvo que guste mucho o se regale. Que de todo hay. Lo cierto es que el lector más mayor, también preferirá leer en papel en el futuro. A la gente le gusta tocar el papel, mirar y remirar el índice, ver lo que falta y lo que ha leído. Posibilidades que no ofrece el libro electrónico, por mucho que se diga.

9. La pregunta fatídica, la de la vergüenza es la siguiente. La que nos pone en su sitio, pero que también nos hace pensar. Hay que tener en cuenta que se pregunta cualquier tipo de lectura. Pregunta 17 ¿Y con qué frecuencia lee libros? (Tanto lectura de tiempo libre, como de trabajo o estudio; y en cualquier soporte; impreso en papel o en formato digital).

Todos o casi todos los días 29,3; Una o dos veces por semana 16,1; Alguna vez al mes 12,6; Alguna vez al trimestre 7,0; Casi nunca 19,8; Nunca 15,2; N.C.

En este horizonte tenemos que agrupar respuestas. Los que leen mucho son un 30%, no está mal. Pero es que el resto, gravita en el gran peso del casi nunca o el nunca. O sea, en España no lee nada de nada hasta incluir a los trimestrales un porcentaje de 41%. Mucha peña, demasiada. Supongo que el gran objetivo de los libreros y editores son este colectivo, para quienes una librería es una tienda de material exóticos, inservibles, ridículos y tontorrones (como un sex shop para otra parte de la humanidad). Si a este grupo se suman los que leen alguna vez al mes, o sea casi nada, llegamos al 50%. La mitad de los españoles no leen. Y esto debería suponer la dimisión del Ministro de Educación y Cultura, y el harakiri de sus antecesores en el cargo. ¿A qué se han dedicado entonces?

10. Siguiente preguntita. Hecha para los que no leen nunca libros. Es la respuesta que justifica, y encontraremos respuestas lógicas, y respuestas lamentables. Pregunta 17a ¿Cuál es el motivo principal por el que Ud. no lee nunca o casi nunca libros? ¿Y hay algún otro motivo? Motivo principal. En la respuesta aparece el otro motivo como un segundo dato. La gente da una primera respuesta y luego da otra. Tipo: no me gusta; bueno, y tampoco tengo tiempo. Las separo para que se vea mejor.

No le gusta, no le interesa 42,0 (otro motivo)13,4

Por falta de tiempo 23,2  (otro motivo)8,7

Problemas de salud, mala visión, etc. 12,9 (otro motivo) 5,7

Prefiere emplear su tiempo en otro tipo de entretenimientos 15,4 (otro motivo)27,5

No tiene fácil acceso a materiales de lectura (bibliotecas, etc.) 0,5 (otro motivo) 1,3

Por el precio de los libros 0,8 (otro motivo)3,7

(NO LEER) Otro motivo/Ninguno 3,2 1,6

N.S. – 14,4

N.C. 2,0 23,8

La respuesta es sincera. No le gusta y no le interesa. Es algo que importa una mierda. Se aburren. Esto no es tan extraño, porque leer supone un esfuerzo, pero el periódico tampoco, ni la revista de la peluquería. Nada. No mola y a la mierda, dice esta gente. Que lea tu p.m. Está bien que nadie nos cuente el argumento utilitarista: “pa lo que sirve leer”. Al menos leer vale para algo. no sirve para nada, que es

11. La siguiente pregunta ya está medio respondida, pero aquí volvemos de manera clara. ¿Lee los libros principalmente en papel o en formato digital (libro electrónico, ordenador, tableta, etc.)?

En papel 79,7; En formato digital 11,1; (NO LEER) Los dos por igual 8,7; N.S. 0,1 N.C. 0,4

Se lee en papel, y solo lee en exclusiva en formato digital un poco más del 10% de los que leen.

12. Esta pregunta es la del millón. Si los que no leen es porque no les gusta, suponemos que la respuesta principal afirmativa será porque sí gusta. Vale. Leer no es como el comer, no es una necesidad. Pero parece interesante valorar que aunque leer es un esfuerzo, mucha gente lee a gusto a pesar de ese esfuerzo. Pregunta 17c ¿Cuál es el motivo principal por el que Ud. dedica algo o parte de su tiempo a leer libros? ¿Y hay algún otro motivo?

De nuevo se ofrece un motivo principal y uno secundario.

Para estar informado/a 12,8 19,6

Para disfrutar, distraerse 61,6 17,9

Por motivos de estudio 8,5 5,3

Por razones profesionales y/o de trabajo 5,5 7,1

Para aprender cosas nuevas, mejorar su cultura 10,4 32,5

(NO LEER) Otro motivo 0,4 0,4

N.S. 0,2 5,2 N.C. 0,5 12,0

13. Esta siguiente pregunta también es interesante, porque el lugar dónde se lee es cuestión interesante.  Se formula de la siguiente manera, y lógicamente solo la respondieron los que leen. Pregunta 17d ¿En qué lugar lee Ud. con mayor frecuencia? ¿Y en segundo lugar?

Respuesta en dos tiempos, para recoger el primer y segundo lugar.

En su casa 91,0 6,5

En el trabajo 3,2 9,1

En el lugar de estudio 1,1 4,7

En la biblioteca pública 0,4 4,7

En los transportes públicos 2,9 9,1

En espacios abiertos 0,6 8,1

En lugares de espera (médico, peluquería, etc.) 0,3 9,1

En bares/cafés 0,1 2,1

En otro lugar 0,2 1,2 N.C. 0,2 45,6

Las respuestas son esperables. La mayoría de la gente lee en casa. La idea de que se lee yendo al trabajo es escasa, pues no son demasiados. Suponemos que estas respuestas se concentran en las grandes ciudades con metros y largas distancias, pero el resto de los españoles lee en casa de manera abrumadora.

14. ¿Y qué es lo que lee la gente? Pues esa es la siguiente pregunta. Se valora lo que más o menos gusta a la gente cuando se acerca a una librería a comprar un libro. Es curioso también porque algunos géneros, que parecen marginales, no lo son tanto. Vemos las respuestas a la pregunta: De los géneros literarios que voy a leerle a continuación, ¿cuál le gusta más? ¿Y en segundo lugar?

Cuentos, relatos cortos 2,4 2,9

Ensayo 2,9 3,8

Novela histórica 23,6 9,6

Novela de aventuras 9,1 7,4

Novela sentimental, de amor 6,1 4,3

Novela fantástica 3,7 3,2

Novela negra, policíaca 7,6 6,8

Novela en general 17,9 10,5

Ciencia ficción 4,4 7,8

Teatro 0,6 0,7

Poesía 1,7 2,6

Biografías 3,5 6,0

De viajes 0,9 2,5

De divulgación, información 7,4 7,9

De autoayuda 1,9 3,2

Libros de cocina 1,4 2,6

Tebeos, cómics 0,6 1,5

Otros 3,4 5,3

N.S. 0,5 3,8 N.C. 0,4 7,6

Yo saco muchas conclusiones. La novela histórica es lo que más gusta a la gente, y puede alcanzar a un 30% si añadimos primera y segunda opción. Luego hay parcelitas, y salvo un porcentaje algo más alto que le gusta la novela en general, el resto se decanta por literatura más específica: romántica, ficción, negra, cada una tiene su público. No obstante, es llamativo que el teatro, por ejemplo esté al final, y que la poesía esté casi desaparecida. Como decía la canción: malos tiempos para la lírica; aunque yo creo que tiene mucho que ver con el caso que se le hace en televisión a la poesía y al teatro, que es casi ninguno.

15. La siguiente pregunta parece reiterativa de algunas anteriores. Y formula la siguiente pregunta con sus consabidas respuestas. ¿Cuántos libros ha leído Ud. aproximadamente en los últimos doce meses ?

Ninguno 0,7; Un libro 7,5; De 2 a 4 libros 42,1; De 5 a 8 libros 21,9; De 9 a 12 libros 9,5; 13 o más libros 14,1; No recuerda 3,7; N.C. 0,4.

El margen de libros que se leen al año no es demasiado abultado. La mayoría de los lectores lee de 2 a 4 libros al año. Seguido de lejos de 5 a 8 libros. Está claro que se lee lentamente, y sin demasiada continuidad en la lectura, o eso entiendo yo.

16. Pregunta 17g A la hora de elegir qué libro va a leer, ¿cuál es el criterio que tiene más en cuenta? Esta es una de las preguntas más interesantes que se hace, sobre todo para el gremio de libreros. Orientar a los lectores no es demasiado fácil, porque el propio criterio marca mucho. De ahí que las recomendaciones, publicidad tengan menos papel que lo esperable. Las respuestas son las siguientes:

Su propio criterio 58,4; La recomendación de familiares o amigos/as 27,1; La orientación de profesores/as y/o especialistas 4,0; La información de medios de comunicación (crítica, publicidad) 5,8; La recomendación de libreros/as 1,4; Recomendaciones u opiniones de Internet 2,2; Otro 0,5; N.S. 0,2 N.C. 0,4.

Funciona los intereses y las ganas de cada uno, lo que le gusta o no, y en segundo lugar el boca a boca. Alguien recomienda un libro que ha gustado. Luego, y a distancia, la publicidad y los medios de comunicación. Esto es interesante para el gremio del libro. Los libros que no se ven no se compran, los que no se recomiendan ni están en boca de la gente no se venden. La publicidad cumple un papel importante en este campo para colocar aquellos libros que los grandes del sector han hecho una apuesta monetaria.

 17. Esta pregunta es también importante. A la hora de decidir por un libro, que es lo que resulta atractivo. Y de nuevo encontramos una variedad importante que puede ayudar mucho a los editores. ¿Y, elige los libros que va a leer, principalmente,…?

Por el/la autor/a 16,6; Por el género o el tema 64,3; Por el título 5,1; Por la cubierta o la edición 1,2; Por el resumen o comentarios en la contraportada 8,8; Por el precio 0,6; Porque están disponibles en la biblioteca 0,4; (NO LEER) Ninguna de estas razones 2,3; N.S. 0,4 N.C. 0,2

Destacamos que se elige un libro por el género o tema. Es de los que gusta o no es de los que gusta. El nombre del autor no importa demasiado, aunque es la segunda razón, pero muy alejada de la primera. Esto nos informa de la especialización de la lectura de mucha gente. Si no le gusta la novela fantástica, no la leerá. Cada libro tiene, por así decirlo, su público. Y de hecho, da la impresión de que la gente no recorre la librería de arriba abajo, suele ir a las secciones de libros que suele leer y le gustan. Los demás simplemente no los ve.

 18. En la siguiente pregunta se valora si se compran libros o no. La respuesta es ajustada. Compran libros los que leen, y parece mantener un porcentaje similar a otras preguntas ya hechas. Pregunta 21 ¿Ha comprado Ud. algún libro en los últimos doce meses? (Tanto lectura de tiempo libre, como de trabajo o estudio; y en cualquier soporte: impreso en papel o en formato digital).

Sí 50,5; No 49,3; No recuerda 0,2; N.C. 0,0

19. Para los que sí compran libros se pregunta cuántos. La cosa es interesante porque siempre se ha pensado que los que leen compran mucho, aunque ya hemos visto que no leen tanto. Pregunta 21a Aproximadamente, ¿cuántos libros ha comprado en este tiempo?

1 libro 15,5; De 2 a 4 libros 46,8; De 5 a 8 libros 20,2; De 9 a 12 libros; 7,4; 13 o más libros 7,6;

No recuerda 1,5; N.C. 1,0

Coincide con los libros que se leen al año. Se compran más o menos esos, de 2 a 4 libros. No se compran libros por comprar, y si se compran cinco, parece que se leen esos cinco. Da esa impresión.

20. Pregunta 22 ¿Le han regalado algún libro en los últimos doce meses? (Tanto lectura de tiempo libre, como de trabajo o estudio; y en cualquier soporte: impreso en papel o en formato digital).

Sí 38,6; No 61,1; No recuerda 0,3

La pregunta es interesante, porque apreciamos aquí que regalar libros no es una práctica tan generalizada como podríamos pensar. Deducimos también que hay un porcentaje de personas que lee libros pero que no regala libros. Y seguramente sea una invención pensar que el que no regala libros es porque no suele leer. O porque la persona a la que se regalan libros no suela leer, o se piensa que no lo hace.

21. La pregunta es parecida a la anterior. Pero ahora la pregunta pasa por el regalador. La gente tiene más conciencia de regalar libros, que conciencia de recibir libros como regalo. Pregunta 23 ¿Ha regalado Ud. algún libro en los últimos doce meses? (Tanto lectura de tiempo libre, como de trabajo o estudio; y en cualquier soporte: impreso en papel o en formato digital).

Sí 41,8; No 57,4; No recuerda 0,7; N.C. 0,1

22. Esta es la última cuestión, pues nos indica el grado de acumulación de libros que la gente tiene en su casa. Implica el nivel de amor que se tiene a los libros en los hogares españoles, aunque no se les haga caso en el presente por las circunstancias que sean. Se supone que con los años se tienen más libros, pues los libros no suelen tirarse a la basura. ¿O sí? Esto no lo han preguntado en la encuesta. Los datos y la pregunta es la siguiente: Pregunta 24 ¿Podría decirme, aproximadamente, cuántos libros impresos en papel tiene en su casa?

Menos de 5: 5,5

Entre 5 y 20: 16,8

Entre 20 y 50: 21,3

Entre 50 y 100: 19,9

Entre 100 y 200: 14,7

Más de 200: 15,6

Ninguno 1,2

N.S. 4,5 N.C. 0,4 (N) (2.477)

Está claro que ganan aquellos que tienen entre 20 y 50 libros, pero muy seguido de los que tienen entre 50 y 100 libros. Tampoco es despreciable el 15% que afirma tener en casa más de 200, entre los que supongo que me encuentro.

Desde luego acumular libros no es lo mismo que leerlos, pero está claro que parece que es un primer paso. Me gustaría saber lo que sucede en otros países, en Francia, Méjico, Estados Unidos, China o Dinamarca, por ejemplo. Esto seguro de que nos sorprenderían las costumbres de otros lugares con respecto del libro.

En fin, nada más. Está claro que leer en intenet y en la red cuesta bastante, pero si has logrado llegar hasta aquí es que eres un fenómeno y te interesaba mucho el tema. En todo caso, un saludo y gracias por amorrarte en esta página. Bss

Experiencias de la vida y para la vida.

Hoy vivimos en un mundo donde se nos dice que gozar de variadas y múltiples experiencias es fundamental para tener una vida más plena. Realizarse, dicen. Debe ser algo estupendo, porque realizarse es como construirse a uno mismo pero en plan edificio de base rocosa. Ortega decía algo parecido, pero diferente: la vida es un quehacer que debe ser pensado. El problema es que hay quehaceres y quehaceres, experiencias y experiencias, y ahí vamos al tema, porque no todo es igual. Y no todo lo que se experimenta es pensado, ni mucho menos.

Hay experiencias que no son demasiado gratificantes, y aunque no se vivan no se pierde uno nada. Por ejemplo, tener una experiencias de comunicación twitteriana en plan intelectual con un zote de esos que inunda el panorama internacional es una mierda: Insultos, frases incoherentes, descalificaciones, y poca chicha. Es un quehacer semejante a jugar al candy crush que es como una droga de entretenimiento de móvil.  Te pasas el rato, y se te pega un estrés por el cuerpo que piensas si no hubiera sido mejor haber perdido el tiempo en cosas a priori más aburridas. es un quehacer pensado, en este caso una pérdida de tiempo que descubres cuando has pasado unos cuantos miles de horas delante del cacharrito. Discutir con la ignorancia es también una mala experiencia, porque nunca llegas a ningún sitio donde no hubieras estado antes.

En conclusión, si no tienes esa experiencia no te pierdes nada, como no sea perder la tranquilidad, o tener otras experiencias mejores para pensar en ellas.

Experiencias insulsas hay muchas, y a la gente en general le encanta contarlas y hablar de ellas como el no va más: hemos estado en un restaurante que se come genial (pues vale); hay un grupo que toca de puta madre (me alegro), me he tirado en parapente y me he orinado encima (fashión tío), hay un balneario donde te restriegan chocolate por el cuerpo y es flipante (que rico), subimos al Kilimanjaro y nos soltaron varias gallinas para que viéramos como se las comían los leones salvajes, da buten. Me parece estupendo. Son experiencias seguro que maravillosas pero no creo que cambien la vida a nadie. Aquí incluyo el gol de Iniesta. Muy bien tío, somos los mejores del mundo, o sea ellos. Y ya está. Ahora son los peores, no pasa nada, vale. Son  experiencias mejores o peores, pero vacías de contenido. En la vida, gracias a Dios, hay experiencias únicas que si no se viven se puede pensar que no se ha vivido del todo.

Por ejemplo tener un hijo, o dos o muchos. Tengo un buen amigo salmantino que dice que hay dos tipos de personas: los que han tenido hijos y los que no. Y dice que los que tienen hijos pueden entender a los que no, pues recuerdan los años en los que estaban solteros y no gozaban de tal compromiso.

Pero es imposible que los que no hayan tenido hijos puedan entender a los que los tienen, pues requiere tal descentramiento y gratuidad que es imposible entenderlo para el que no lo ha vivido. Y no le falta razón.  El que no ha tenido hijos no sabe lo que es, y aunque se lo pueda imaginar, coincidimos muchos padres que es bastante distinto que lo que nos contaron, bastante mejor, bastante más prosaico y bastante más sublime a la vez. Una experiencia inenarrable, una montaña rusa de sentimientos irrepetible.

Podemos intentar páginas y páginas de literatura, pero un padre o una madre que abraza a su hijo por primera vez… eso es inenarrable. Simplemente o se vive o no se vive. O se ha experimentado o no.

Supongo, que en medio de esta reflexión tengo que reconocer que hay algo en una experiencia que no se puede comunicar fácilmente. Una persona enamorada jamás podrá comunicar su experiencia a aquel que nunca se ha enamorado. Pero le será muy sencillo hacerlo con alguien que pierde los vientos por su amante. De ahí que podamos entender la experiencias del otro cuando hemos experimentado algo parecido.

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A mi la gran experiencia que me gustaría comunicar con mejores maneras es la experiencia de Dios. Es única y sublime. Entiendo a San Juan de la Cruz cuando intentó describirla con poemas de amor y pasión amorosa, y se quedó corto, pero es lo mejor que se ha podido hacer en cualquier lengua, y por suerte lo disfrutamos en castellano. Y es que es realmente imposible hablar de la relación de uno con Dios porque Dios te descoloca cuando lo ves y lo experimentas. El mismo Francisco de Asis hablaba de una intimidad imposible de comunicar. Las videntes de Medjugordie, Lourdes, Fátima coinciden en que estamos ante una experiencia inenarrable, pero no imposible para el alma.

Una persona que NO haya visto a la Virgen con sus ojos terrenales, puede experimentarla con el alma, y tal intensidad trasciende la propia vida, la transforma, la cambia. Es lo que llamamos conversión, que en griego es algo así como “metanous” cambio de mentalidad. La experiencia mística es un regalo de Dios, no es controlado por el orante, no es lógica desde su exterioridad. Es una experiencia que saca a uno de sí mismo y que lo abrasa en un amor fecundo y suave: un fuego transformador. Llama de amor viva, decía el poeta místico. Que a vida eterna sabes. Es asomarse al abismo de la Totalidad para paladear unas gotas de su ambrosía.

Todos los creyentes que hemos vivido alguna experiencia mística hemos sentido que era un regalo de Dios que no apetece contar demasiado. La experiencia de Dios que uno vive es un verdadero striptease personal y aún así muy difícil y complicado de comunicar. Desde fuera se percibe como una rareza, como una estupidez, o simplemente no se percibe, pero para el que lo vive es único.

El que no ha tenido experiencia de Dios, no entiende nada de esto. Suelen, en foros de diálogo con ateos y agnóstico ( de los que me salí hace tiempo por aburrimiento), hablar de psicologías, de alucinaciones, de mentiras, de crímenes en la historia de la iglesia, y asuntos por el estilo. Es lo más que pueden llegar a decir sobre algo que no han experimentado, inquisición para arriba inquisición para abajo. ¡Cómo si tuviera algo que ver con Dios! Sería como si un soltero hablara de pañales, de gastos y de chupetes. Se perdería lo más importante de la paternidad. El no creyente suele resolver el problema de Dios con un simple Dios no existe. Y esto para un místico es un absurdo, porque la experiencia es real y trasformadora. La experiencia yo la he tenido, es lo que responde el creyente.

En lo que estamos de acuerdo es que es imposible de comunicar.

Es tan real y auténtica como tener hijos, tan cierta y fuerte como tirarse en parapente, tan única e inefable que se convierte en algo impagable, un asomarse a la felicidad, a la felicidad absoluta que es Dios. Pero no se puede contar sin que el no creyente dibuje una mueca en su rostro. Es imposible entendernos y comunicarnos.

A menudo he escuchado que para qué sirve la religión, que es como preguntar para qué sirve Dios. Sin duda es una pregunta marcada por el prejuicio de lo valioso. Suelo responder lo mismo: ¿no desgrava a hacienda creer en Dios? No nos entendemos.

Hoy en el mundo de la escuela, que es la que me ocupa y preocupa, la experiencia de Dios no está, ni en la pública, donde está mal visto, ni en la concertada, donde es residual en muchos centros educativos. Ni se reflexiona sobre la experiencia de Dios, ni se educa sobre ella. Me atrevo a decir que en muchas parroquias e iglesias, incluso movimientos de iglesia tampoco está viva esa experiencia de Dios. Se habla de iglesia, de curas y de planes pastorales, pero no se garantiza bien la experiencia de Dios. Por eso no podemos trasmitirlo.

Por eso es tan negativa la mala experiencia religiosa. El que tenía que facilitarla lo imposibilitó con una vida incoherente, con crímenes, con abusos o con incomunicación de su experiencia,… La solución puede ser fácil. Abrir una puerta nueva a Dios, darle otra oportunidad. Porque Dios no es el cura zoquete, ni el catequista incoherente, ni el obispo aburrido. El problema es que no siempre están los confesionarios dispuestos a confesar, ni los templos abiertos a los que buscan una respuesta. Tengo sed de Dios, dicen muchas personas, pero nos guardamos el agua para nosotros sin ofrecer siquiera un vaso.

Este año, que he obligado a los alumnos de bachillerato en Filosofía a leer uno de los evangelios y responder algunas preguntas de comprobación, las respuestas de estos no dejaban de ser más que sorprendentes: no me lo imaginaba así, nunca había leído algo así, no lo entiendo, los milagros no me los creo, y respuestas por el estilo. Pocos habían tenido una experiencia narrativa intensa desde algo religioso, y ninguno había reflexionado sobre las características de un texto religioso, y les llamó la atención. A unos les impresionó y a otros les molestó. Pero a pocos se les hizo indiferente la lectura. Fue un vaso de agua fresca para chicos que no sabían que tenían sed, para gentes que nunca habían refrescado su boca con algo que los saciara. Fuente de agua viva, decía San Juan de la Cruz.

Tuvieron la posibilidad de tener una experiencia única. Precisamente eso que se está permanentemente negando en el estilo de sociedad que vivimos, escuela laica o concertada incluida, porque suelen ofrecer ya el mismo sinsentido y el mismo vacío. Experiencias y enseñanzas que no enseñan ni ayudan a vivir mejor. Que no sacian la sed que tenemos todos los hombres. Ya lo decía San Agustín: nuestro corazón estará inquieto hasta que no descanse en tí.

Los ateos y agnósticos de hace unos años pudieron elegir, rozaron la experiencia, pudieron entender algo de ella. La experiencia religiosa se ofrecía de manera obligatoria, de ahí los rechazos y los abrazos a la misma. Saben de lo que se habla, y conocen el discurso del cristianismo. Pero los ateos y agnósticos de hoy lo son simplemente por ignorancia. No saben nada de Dios, ni de Cristo, ni de la Virgen, pero lo desprecian desde la arrogancia de la ignorancia laica de nuestro tiempo. Esto, lejos de ser un problema, es una oportunidad, deja la puerta más abierta que nunca a una experiencia nueva. no tienen prejuicios forjados en una experiencia negativa, son perjuicios sin experiencia, fáciles de cambiar.

La experiencia de los apóstoles tuvieron de Jesús se puede seguir compartiendo, se puede llegar a apreciar, y se puede repetir. Por desgracia, la sociedad contemporánea está empeñada en que las personas no conozcan al Dios cristiano, un Dios que interroga y pregunta por el hermano, un Dios dispuesto a darte la felicidad.

Me gustaría haber trasmitido  a la gente con la que comparto las clases la experiencia de lo divino y lo trascendente como la gran experiencia, pero una vez más quizás no lo he conseguido. En palabras del maestro: muchos son los llamados, pero pocos los escogidos. También El predicó en el desierto, y eso me da paz y me justifica a la vez.

 

LAS MIERDAS QUE LEEMOS Y SUS CONTENEDORES.

Twitter está que se sale de poesía, y es que últimamente se lleva mucho la frasecita chorras, la que se supone que hace estragos de inteligencia entre la población, y que es soltada enigmáticamente por un fulano conocido en su casa. Es como soltar citas clásicas de la antigüedad pero evacuada por gente que no se ha leído un libro en su vida. Cosas como: “el amor es el pozo de la vida”, “cuando llega la soledad no tengo más remedio que sumergirme en el mar”, y pasteladas por el estilo, que digo yo que están hechas por adolescentes mentales, de los que escriben con faltas de ortografía y presumen de una sensibilidad especial.

Pero enfín, no me voy a meter con ese nuevo foro de poesía, sino con la lectura de peso. El libro con mayúsculas, porque hoy los libros están minusculados por culpa de la invidencia en el sector editorial.

Estoy leyendo Ana Karenina, del ruso Toltoi. Es verdad que tal como están las cosas por Crimea, a algunos les parece un delito entregarse a la causa de los maestros rusos, pero es que la literatura no tiene fronteras tan angostas como las mentalidades y las ideologías de pose.

Estoy disfrutando leyéndolo, y lo hago en un formato perfecto: el libro de papel y tinta, con tapa dura, y magnífica traducción. Es de la editorial Aguilar y es el segundo tomo de las obras completas de Toltoi, comprada en un quiosco salmantino del barrio de Pizarrales hace no demasiados años. Su lectura es perfecta: se necesita sillón, taza de váter o silla, pero nunca defrauda. No entro en el romanticismo de pasar las páginas, sino en la literatura misma. Como viajo frecuentemente tengo el mismo libro en formato electrónico, un kindle, para más señas y dando publicidad gratis. Pero es una mierda con perdón para las mierdas. Los libros electrónicos están hechos para leer basura, y a los hechos me remito.

La traducción que tengo en el ebook es bastante penosa, se juntan capítulos, y de repente aparecen páginas con una palabra por renglón. Está bajado de una página barata, de los de euro y medio por libro, la misma que te advierten que tienen cookies (putas en inglés ¿?) para orientarte en tu compra y en tus gustos. Se jactan de que es más barato, de que así los pobres pueden acceder a la cultura, como si pudiéramos los pobres leer en esas condiciones. Yo creo que confunden el contenedor de plástico con el papel, la basura con el reciclado, y la mierda con el abono. Y además te lo quieren vender como que es el futuro. Y yo es que me cago en el futuro, porque siempre termina llegando.

Leer en formato electrónico es como ver telebasura y deportes por la tele, es una experiencia mundana y cutre que pocas veces te produce la satisfacción del libro (o campo de fútbol) de toda la vida. Se almacenan libros y libros, y más libros que nunca se van a leer, pero que se tienen porque son gratis. Y cuando un libro lo venden por dinero, no vale ni lo que pagas. Leer en formato electrónico está hecho para el metro, el autobús, que como estás ocioso y te aburre la radio, pues te entregas a la novelita de toda la vida, pero que parece que es la hostia.

No quiero ser injusto, pero el otro día intenté leer un libro que me regaló un señor murciano por internet. Gracias a Dios tengo muy buena idea de Murcia, porque al fin y al cabo un pedazo de mi vida pasa por Yecla, y a mucha honra; porque el libro era diarréico. Hay tanto cursillo de cómo escribir, que cualquier ignorante te hace un libro. Agrega intriga e inventiva teológica a lo Dan Brown, y a repartir mierda en lata. Cuando andan cavernícolas con el sexo, te escriben las Cincuenta sombras del Gay ese, y así andan, como Jackson Pollock, soltando pinceladas de caca por un lienzo arrugado.

Los libros que se publican, cada vez se parecen más a lo que nos hechan por televisión: programas y programas para entretener a las amas de casa (literatura femenina), cadenas de programación infantil (literatura infantil con historias sorprendentes), programas de chistes (esto en twitter hay mucho) y demás. Pasarse por una librería es como zapinear, carteles gigantescos ofreciéndote el último detritus de la temporada (las almudenas, pancoles, y juego de tronos crepusculares con ribetes de Pérez Reverte para que parezca esto algo serio y plural), y luego pequeñas joyas por las estanterías perdidas y descatalogadas. Para los primeros libros aconsejo descargarlos gratis de la red, para la bisutería recomiendo el papel.

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