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Lecturas y sosiego.

Me reconozco en estas tardes de lluvia, primaverales y venturosas, refugiado en la lectura y en el sosiego. No siempre es fácil encontrar silencios y huecos en los hogares. Convivimos con muchas realidades, algunas de una tecnología invasiva capaz de hacernos perder la cabeza y la tranquilidad. Pero hoy puede ser distinto. Hoy quiero verme refugiado en la lectura de los clásicos, en el silencio que inunda mi hogar cuando mis hijas se van a la cama. En la paz que otorga, feliz buenaventura, unas sencillas páginas que nunca antes han sido abiertas, ni recorridas, ni pasadas con mimo y tacto por mis manos que hoy quieren ser más delicadas y amables que nunca con su contenido.

Huelo el lomo del libro, me impregno del aliento de sus páginas. Como si se tratara de un plato exquisito, de esos que los nuevos cocineros jefes califican con una descripción interminable. Nada puede superar las palabras de una novela, mucho menos de un poema, incluso el teatro leído es diferente al interpretado. Si una fotografía se esconde bajo cien palabras muertas, y el cine trata de vivificar cien palabras en movimiento de manera interminable, con una historia, la palabra puede ir más alla. Va maś allá y se convirte en arte, en experiencia sublime, en un atisbo de la trascendencia. Tal cosa sucede cuando las palabras están escritas con la máxima belleza y el escritor es alguien que lo sabe hacer. ¡Ojalá fuera yo ese escritor!

Una novela es capaz de mil cosas. Puede permitir examinar los pensamientos del asesino, descubrir sus sentimientos con precisión, nos hace imaginar con nuestra propia experiencia lo que le sucede al protagonista. Nunca una película será mejor que un libro. Salvo que el libro sea muy malo, cutre y fofo. Casi siempre el libro es mejor que la película.  Yo los prefiero, y es que una foto es algo mudo, un trozo congelado del tiempo. En cambio, las palabras nunca enmudecen. Recorres sus capítulos despacio y reverdecen, es como si despertaran los personajes, la vida que estaba oculta durante meses, quizás años, se levanta mientras las palabras son pronunciadas en silencio por nuestra mente. Silencio y lectura, una combinación espectacular.

Las palabras son superiores a las imágenes, entre otras cosas porque trasmiten una paz que no logra el cine, ni las películas, ni la televisíon. Tampoco las redes sociales, tan cargadas de imágenes insulsas, de mensajitos ñoños, de vulgaridades y chistes fáciles se pueden comparar. Gente posando su inanidad, grandezas y vilezas que necesitan una simple frase para tener algo de vida. No dicen nada, salvo que haya un pie de foto, una palabra que rompa su silencio.

Y es que sin palabras el mundo se muere, el hombre se muere, la civilización se muere. Somos palabras, palabras puras y firmes, decisivas. Las necesitamos para expresar el amor, para expresar los sentimientos, las ideas, las contrariedades y para despedir a los muertos. Para decir lo que es el mundo, para decir lo que somos nosotros, para decir lo mucho que nos importan los que están a nuestro lado. Los rayos catódicos malvados de los miles de redes mortecinas, que ahora nos piden permiso para molestarnos, son agonías que no prosperarán. Se extinguirán cuando sus luces nos aburran. Y ya nos aburren y nos maltratan. Un libro no. Un libro nunca fulmina el sueño, al contrario, lo acompaña por la noche hasta obligarnos a conciliar el sueño con el recuerdo y el aliento de la historia, el verso, o la palabra que acabamos de escuchar.

Un libro es un compañero, una obra de arte escondida en una estantería. Un libro acompaña, seduce, invade la vida con el máximo cuidado. Por eso leer es un placer único. Solo basta dedicarles un pequeño rato al día para que sus beneficios duren horas, semanas, meses y años. Hay libros que los recordamos durante años porque nos han dejado una impronta inolvidable. Eterna. Los libros calman la ansiedad, alientan la vida, distraen las preocupaciones, motivan la vida y nos hacen pensar. ¿Se puede pedir más a los escritores que logran tal cosa?

Ahora solo nos quedará elegir un buen libro, un próximo libro. El mejor de los posibles para el momento presente. Necesitamos encontrarnos con una historia, con unas ideas que nos seduzcan y un mundo que nos haga ser más nosotros mismos. Para eso están los libros.

Y para estamos los escritores, para buscar la mejor de las historias o de las palabras, las que sean capaces de levantar a los hombres, de elevarlos hasta lo trascendente. La historia que conceda la esperanza a los que han perdido toda esperanza. Ese es el libro que me gustaría volver a escribir, para así poder agradecer lo que me regalaron Proust, Conrad, o Juan Ramón Jiménez.

 

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