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Viejos y nuevos totalitarismos.

Acabo de terminar la lectura de dos clásicos que releí en tiempos tan pasados que casi no guardaba memoria de sus formas: “Rebelión en la granja” y “1984”. Ambos de nuestro querido Orwell. Ni que decir tiene que su relectura me ha llenado de un profundo placer, y un terrible desasosiego que me revuelve en forma de interrogante. ¿Vamos camino de algún nuevo tipo de totalitarismo? Quiero pensar que no, pero tengo dudas. Muchas dudas.

Volver a sumergirme en las inquietantes aguas de Orwell me han traído el recuerdo de otra de las obras apocalípticas de nuestro tiempo, una que ya me llamó la atención en su día, “El país de las últimas cosas” de Paul Auster. Creo que lo leí hace unos dos o tres años. Pero hay muchas más, muchísimas en la literatura juvenil y no tan juvenil donde el mundo deviene en horrible y tremebundo.

Todos estas distopías navegan por mundos repletos de aguas pantanosas y tétricas, sociedades destruidas o lugares de caos y muerte donde se añora el presente opulento, democrático, libre igualitario y plural. Es curioso que la libertad (y por consiguiente la pluralidad) sea la gran damnificada en todos los casos. La libertad, el pensamiento libre, la seguridad y la integridad física. Estos valores son siempre amenazados o directamente perseguidos, en cambio no lo son tanto la piedad, la sencillez, el perdón, la vida o la inocencia. Será que ya hemos abandonado estos valores y no los echamos de menos. No lo sé. El caso es que estos libros a menudo suelen mostrar sociedades totalitarias y son ejemplos de mundos militarizados y politizados hasta el extremo de ahogar a sus individuos en su naturaleza humana, que hoy definimos como libre e íntegra; y a la que yo añado el valor de lo espiritual y relacional para con Dios y los hombres.

La pregunta que nos hacen estos escritores es si no caminamos hoy hacia un totalitarismo. Y lógicamente, releyendo las distintas distopías descubro que no todos los totalitarismos son iguales, aunque sí sean todos terribles y aterradores para el hombre contemporáneo. Mi pregunta es qué sentiría o pensaría alguien del siglo XVIII al leer “1984”, o que idea tendría un franchute en 1774 cuando leyera “Rebelión en la granja”, seguro que lo interpretarían como un infierno no deseable, como una pléyade de pecados absurdos y en comandita. Me queda la duda.

Desde el punto de vista de la antropología social y cultural, no hay grupo humano ni sociedad que no sobreviva generando mecanismos internos que eviten las disensiones graves y corrompan al grupo con su disolución. No existe. Estos mecanismos suelen tener formas muy diferentes, pero todos guardan en común la necesidad de mantener un “mensaje común”, lo que se viene a denominar una “cosmovisión compartida” donde la mayoría se encuadra y se siente cómoda; y dónde la minoría es relegada, tolerada o perseguida.

Nuestra cultura no es distinta al resto de las culturas, y es notable que en muchas de ellas no son conscientes del totalitarismo y el control férreo e ideológico bajo el que viven, pacen y mueren. Sólo cuando salen de su cultura y conocen otras realidades; o simplemente reciben la influencia occidental con su libertad por bandera, rehúsan entonces a lo propio y enarbolan lo nuestro. O se reafirman en odiarnos. Lo cierto es que nadie sufre por no vivir en el mundo idílico que imagina, pues de una u otra forma la gente sobrevive haciendo y construyendo su felicidad con las pequeñas cosas de su alrededor. Por eso la vida en blanco y negro que dibujamos para una sociedad como la España de la dictadura franquista es una falacia contemporánea. La gente también era feliz entonces, unos más y otros menos. Igual que ahora. El mundo no es en blanco y negro, pues el hombre es capaz de vivir los colores incluso en las peores circunstancias. Es evidente que hay mundos menos deseables que otros, pero no mundos donde se haya perdido la esencia colorida del hombre totalmente.

También tienen en común todas las sociedades humanas el control ideológico mediante la trasmisión cultural, es decir la educación. La educación forma parte de algo más que unos contenidos inocuos. Se aprende lo que somos y lo que seremos, y se controla y decide la sociedad del futuro mediante el control del pensamiento y la  memoria contemporánea. Igual que lo muestra Orwell en “1984”. Nuestros libros de texto son un reflejo de lo que seremos en el futuro: más ignorantes y más manipulables que ahora. Que ya es decir.

También es significativo que todos los totalitarismos crean un enemigo al que alimentan para mantener la ideología a toda costa. El miedo a la antítesis es un motor muy importante para los totalitarismos, que crecen más cuando sus partidarios y acólitos perciben que ese mal crece. Cualquier ideología que funciona asustándose de otros, probablemente está generando en sus entrañas algún tipo de totalitarismo aterrador e incontrolable.

Si me pongo a examinar hacia donde va el pensamiento dominante, y desde qué fuentes se generarían los próximos totalitarismos, descubro varias realidades ideológicas que, si Dios no lo remedia, conformarán los totalitarismos del futuro. Son las preferencias sociales públicas que generan una cosmovisión y que ya están impregnando la sociedad. Me detengo en tres aspectos: religión, familia y política. Por ejemplo…

En Occidente se prefiere lo no-religioso a lo religioso Católico. Entre medias se ubica actualmente el agnosticismo débil y la religiosidad costumbrista, que se percibe como menos negativa que la convicción religiosa profunda y la vivencia mística o espiritual fuerte y sólida. El totalitarismo del futuro será ateo. Y si no pueden será islámico, que son más impermeables a estas ideologías totalitarias del laicismo. Los enemigos del totalitarismo ateo son los fanatismos religiosos. Por eso, cualquier persona que se tome en serio la religión es sospechosa de maldad y descontrol. El futuro totalitarismo perseguirá más lo religioso probablemente, o como digo, será islámica.

Se prefieren en Occidente las ideologías de género a la observación empírica y científica de la naturaleza sexual humana. Claramente el feminismo de género y todas ideologías respectivas son una muestra de totalitarismo que quiere modificar la manera de pensar, de hablar y de vivir de nuestra sociedad. De nuevo “1984”, y el Gran Hermano que son los observatorios de género de nuestra sociedad. Cambiar la sociedad y cambiar la mentalidad de la gente. ¿Puede haber un totalitarismo más en marcha que éste?

En este neototalitarismo “el varón heterosexual” es claramente menospreciado frente a cualquier otra persona, dando preferencia a la “mujer empoderada” que es la mujer teóricamente liberada del enemigo, que no es otro que el machismo. Ya tenemos leyes discriminatorias contra los varones, y leyes que persiguen a los que opinan y actúan intentando “sanar” a los homosexuales, por ejemplo. El malo es de nuevo el catolicismo, pero también el machismo y una sociedad en su conjunto que es calificada como patriarcal, y por tanto indeseable.

Se prefiere también al concienciado activista frente indiferente. Este totalitarismo agrede y persigue al pasota de otros tiempos, al hombre corriente que no desea que cambien las cosas. Estos sujetos son acusados de tener hijos, de comer carne o de no tomarse en serio la hipótesis del cambio climático. Es el totalitarismo de los idealistas, de los que sueñan sociedades mejores, y que fácilmente cuando gobiernan o asaltan los gobiernos generan otra cosa. Se repite la granja de Orwell con sus cerdos que ahora en lugar de ser los pensadores aprovechados, son los soñadores. Muchos también aprovechados. Este totalitarismo es de ordinario el del progresismo de izquierda, donde el gran malo es la ultraderecha, o cualquiera que ponga en duda sus “avances” entre los que se encuentra el aborto, la eutanasia y unos cuantos más faros de que efectivamente, caminamos hacia una sociedad totalitaria. ¿Será evitable?

Imagino una sociedad totalitaria en el futuro donde se persiga la religión católica por ser machista y patriarcal, por ejemplo. Una sociedad donde los varones tratarán de disimular su virilidad en favor de arquetipos culturales más afeminados y andróginos. Una sociedad, en definitiva, que tendrá sus cárceles llenas de disidentes. Por eso, donde nos jugamos todo es en la libertad, y sobre todo en la pluralidad ideológica. Es nuestra única posibilidad.

 

¿Por qué somos los hombres distintos a los demás animales?

Defender esta opinión hace años era una cuestión baladí, nadie lo hacía, porque se suponía que los hombres y los animales ya éramos lo suficientemente diferentes como para que no nos volviéramos locos con el tema, pero es que últimamente sí nos estamos volviendo locos, y se escuchan diatribas defendiendo la humanidad de los animales, o criticando la animalidad de la gente, y por eso conviene aclarar algunas cosas. Sin acritud, ¿de acuerdo?

Para empezar diré que me gustan los animales, me caen bien y me hacen gracia. Bastante más que las plantas o los champiñones. Me gustan más los mamíferos que los pájaros, y más las abejas que las moscas. Todo normal. También diré que me agrada algo menos la humanidad, me cae gorda en su conjunto, aunque me gusta relacionarme con mis amigos, mi entorno… como todo el mundo supongo. Así que creo que no me pierden los colores, menos que la gente que tiene un perrito y defiende a los animales porque le mira y se ablanda, y menos que aquel que odia a los chuchos porque de pequeño le mordió un pulgoso y los trata a patadas. Por eso defiendo que un hombre no es un animal, y que no tenemos que tratar a los animales como si fueran personas, porque no lo son.

El evolucionismo sintético darwinista trajo la noción científica de que el hombre es un animal, en concreto un tipo de primate que ha evolucionado desarrollando la inteligencia. El hombre, para sus defensores, forma una parte indivisible con la naturaleza misma, por lo que solo debe esperarse de él un comportamiento teóricamente “natural”. Desarrollan de esta manera la convicción filosófica, que no científica, de que los hombres son meros animales, y que la naturaleza y lo natural debe regir nuestras vidas, contraponiendo naturaleza a cultura (portadora de viejas costumbres morales). Lo natural es además un concepto contrario a cultura, que ellos identifican simplemente con el comportamiento etiológico.

El problema es que si todo lo explica la naturaleza, entonces cualquier referencia cultural se antoja una molestia impostada y ridícula. En realidad estas corrientes filosóficas tratan de sustituir la cultura contemporánea heredada de las tradiciones cristiano greco-romanas por las nuevas costumbres proclamadas a golpe de ingenio y ocurrencia, en este caso animalista. De hecho son más moralistas que los antiguos moralistas, y pretenden imponernos sus consignas morales. Naturaleza buena, cultura mala. animales buenos, toreros y toros malos.

El hombre, (que en el siglo XIX tiene mucho del buen salvaje de Rousseau), es concebido de esta manera como un animal más, pero terminan justificando cualquier comportamiento humano, incluidos los de tipo sexual, como pautas de la diosa naturaleza. Basta indicar, por ejemplo que hay animales hermafroditas, para que el hermafroditismo  humano quede justificado, o la homosexualidad en algunas especies para que todo comportamiento humano errático parezca lógico y natural, tachándose lo ortodoxo y cultural como algo anticuado o ridículo. La justificación del comportamiento humano no puede estar en la naturaleza. Si la ameba es incestuosa porque se multiplica por partenogénesis nosotros también. Luego se empeñan en contarnos que no hay dos sexos, sino cinco géneros y que también nos deberíamos reproducir de la misma manera. Da igual el perro que el collar del perro; y da igual un perro que un medusa. Entre otras cosas porque no saben donde corta la naturaleza entre uno y otro. ¿Por qué conceder derechos a los mamíferos y no a las medusas? Pues eso, que están perdidos porque el límite de la animalidad no está entre unos animales y otros, sino entre el hombre y los animales. Porque somos radicalmente distintos, aunque se empeñen en igualarnos.

El problema es que el tiempo pasa, y las viejas construcciones ideológicas, edificadas a golpe de gilipollez, se terminan volviendo contra nosotros. Donde alguien dijo una tontería, al cabo de cincuenta años la encuentra uno mencionada como una gran cita de un pensador contemporáneo. Es el absurdo de nuestro tiempo, que todo el mundo anda perdido, como pollos sin cabeza; por eso, cualquiera de los que corretea por el corral parece un líder importante. Es en este circo argumental donde encontramos, por ejemplo, personas que quieren ser hervíboros. Sorpresa. Se consideran primos hermanos, o hermanos al resto de los animales, (mamíferos casi siempre), y se hacen veganos, que es una forma como otra cualquiera de ser un rumiante de libro. Con el tiempo habrá gente que pida ser ovíparo por horas, y vivíparo por meses, como que será mejor y más natural. y a todo el mundo le parecerá lo normal y lo natural. Todo menos ser “homo sapiens sapiens” a la vieja usanza. A mi me da igual lo que coman, lo malo es que quieren imponernos su ideología con argumentos insostenibles.

La última de las verdades absolutas viene a propósito de los toros. Hay una corriente de imposición cultural que pretende destruir la tauromaquia, entre otras cosas porque (dicen) los animales son hermanos y por tanto portadores de derechos. Primero nos han igualado a los animales, y luego les han extendido los derechos humanos, montando espectáculos macabros, como la suelta de armiños en el monte, o la liberación de los jilgueros por el parque. Evidentemente los pobres animales se mueren en nombre de la libertad y sus supuestos derechos. Hay que explicarles urgentemente que la hermandad se tiene con los iguales, y que somos radicalmente distintos de los animales. Por el bien de los propios animales y de los hombres. Al proteger a los animales suele suceder como a aquella niña que apretó tanto al pollito del corral que terminó por ahogarlo. A los animales hay que dejarles que sean animales, que es lo que son.

Querer a los animales es algo bueno y agradable para sus dueños, pero pretender defenderlos frente al hombre es una estupidez. No son de los nuestros ni tenemos por qué protegerlos. ¿Acaso no saben protegerse solos? Si el toro de lidia sobrevive como especie es gracias a la tauromaquia. Lo mismo que muchas otras especies hoy amenazadas de extinción en este parque zoológico llamado Tierra. Los animalistas van camino de extinguir las especies deseando liberarlas, y la hacen pensando que salvan a los animales cuando los conducen a su condena. Evitar la extinción de las especies es un valor de supervivencia de nuestra especie, una obligación moral para no perjudicarnos. Por eso hay que rechazar a los animalistas como perjudiciales para las especies. Entre otras cosas porque no las entienden.

Para mí los hombres somos profundamente distintos a los animales, nuestra razón, nuestra libertad, y nuestra capacidad para amar y relacionarnos nos hace muy diferentes a los primeros. Y no proviene solo de la evolución. El hombre goza de una emergencia significativa en la naturaleza que le obliga a la pauta cultural heredada y que le hace ser Cultura desde sus orígenes. Las culturas son dominadoras de las naturalezas, y eso es bueno para nuestra supervivencia. Nuestra obligación es conservar y mejorar esa naturaleza, intentando comprenderla sin esquilmarla. Pero estamos por encima de ella. También es una cuestión de Dios (ecoteologías) que ahora no deseo profundizar, pero que está ahí. Si el hombre es un Dios para sí mismo, entonces cualquier cosa de la naturaleza se termina convirtiendo en humana y divina. Como la ameba o el toro en la plaza. Esto por supuesto no lo aceptan los biólogos. Ni los veganos, claro.

La traición del Pepé a sus votantes católicos.

Los mentideros, y comentaristas católicos están que trinan y con razón. Y es que el Pepé de sus amores los ha traicionado con el aborto. Esto se veía venir. De hecho no es la primera vez que el principal partido de centro-derecha español da la espalda a sus votantes católicos. En mi opinión la iglesia en general, y los católicos en particular, nunca han sido atendidos ni escuchados por ningún gobierno, ni de derechas ni de izquierdas. Pero claro, entre que te quemen la iglesia, o te digan que no van a hacer nada contra los que te la queman, uno casi prefiere el segundo. El primero es un fanatiquillo cabrón, y el segundo un acomplejado, pero al menos parece que te respeta un poco, aunque le importe poco o nada tu iglesia. Es la elección entre el malo y el menos malo, y los católicos nos hemos echado en brazos del menos malo, pensando que era bueno. Y claro, así nos va.

La culpa de todo la tenemos los católicos por no casarnos con nadie, por no tener estrategia y por dedicarnos a los pobres, y esto último lo digo con toda la ironía del mundo. Nos hemos quedado como las solteronas de los pueblos de antaño, para vestir santos en las fiestas, y ni eso. Nuestros mozos de la política no nos ajuntan, y en el parlamento parece que no hay nadie que vaya a defender lo del aborto. ¿Recuerdan alguna propuesta de los colectivos católicos tenida en cuenta en el parlamento español en los últimos treinta y cuatro años? Yo no. O claramente en contra de la sensibilidad católica, o en plan neutro que no moleste a nadie, pero a favor de algo, na de na.

Los católicos que votan al Psoe, y que han militado en la cosa nostra, en las corrientes cristianos para el socialismo, por ejemplo, han tenido que reinventar su discurso cristiano para que les cuadrara en la política. Y es que es complicado defender el aborto para niñas de 16 años, pero es lo que votaron las señorías que se declaraban cristianos. O ese día no fueron  por allí, que es casi lo mismo pero sin dar la cara para que no te la rompan. Ver para creer, porque luego lo defendían diciendo que disminuiría el número de abortos al año. En realidad han aumentado, pero como nadie se acuerda de Bono, ni de otros, pues ya está. Y es que debe ser jodido ajustar los postulados de la ingeniería social que decide el partido (o sea la cúpula manejada, según dicen, por la masonería) y los razonamientos éticos que se desprenden de tus creencias. Yo creo que les aconsejan dejar las creencias a un lado, y así hay menos líos. Estos católicos, más o menos de centro izquierda, digo que votaban (y votan todavía) tapándose la nariz.

Imagino la tristeza que les tuvo que dar ver que otras corrientes, por ejemplo la de “por una sociedad laica”, eran aplaudidos y apoyados en sus postulados e ideas; y ellos, tan majetes, fundadores del psoe y amigos de la misa, se quedaban fuera de juego. Han sido, poco a poco apartados y ninguneados en sus partidos por ser cristianos, y acaban abandonando la primera línea con la que sueña todo político. Para mí que son los chicos buenos de los mítines. No te haremos caso, pero nos viene bien que nos apoyes. Les vienen a decir sus jefes de filas. Cristianismo de base, se llamaban los tíos, como si tuvieran la exclusividad de la oración. Unos infelices es lo que son.

Yo creo que estas opciones de católicos en la izquierda están barridas y trasnochadas por su falta de audacia. O se les ha apartado de los órganos de dirección, o son simplemente ridiculizados por el resto de cristianos por su falta de coherencia. La ingeniería social que defienden los partidos en los que militan los han convertido en proscritos, deshechos ideológicos y reliquias de algo que una vez se llamó cristianismo y socialismo. Algo como privado, compañero. Y esto no es confesional, que te quede claro. Así se lo recuerdan cuando sacan las patitas del tiesto, que es cada vez que legislan apretando un poco más la clavija contra lo que la iglesia piensa y defiende. Nos tienen manía, seño. Y era verdad, nos tienen ganas desde que no les apoyamos en la Primera Internacional.

La única excepción que conozco donde se ha mantenido la coherencia de ser de izquierdas y cristiano es en el partido Sain, cuyas últimas elecciones no llegó a los diez mil votos en toda España. Una pena, me digo a mi mismo, quizás no sea lo mismo una opción utópica, que una opción preparada para gobernar, y los electores tampoco buscan demasiado, la verdad. Pero así son las cosas. Tiene más votos el partido contra el maltrato animal, y los amigos de la marihuena. Estos ganan por goleada a los friekpartidos.

 Dice el sabio Séneca, siempre aliado con el poderoso, que hay dar las gracias a Zapatero, pues que los católicos deslizaran su voto hacia opciones de centro derecha fue gracias a su sonrisa y a sus ministras. Esas opciones neocoon liberales tipo Aguierre, que siempre las ha habido, por aquello de la familia y la tradicional misa de domingo, parecían la panacea. No se escojonan de nuestra fe, no nos cuentan lo estupendo que es el Cerolo, y casi casi, nos mandan en Navidad una postal con el portal, el niño Jesús y la Virgen. El Gallardón de hace unas navidades, vaya, que menos Feliz Navidad dijo de todo a los madrileños. Pobriño, dicen por Pontevedra.

Lo que no sabe Arriola, que debe ser el que maneja a todos en el Pp, es que aquí los católicos (los que no son de fe sociológica, que empiezan a ser la mayoría) han tenido que taparse también la nariz viendo las políticas de inmigración del Pp, el recorte de los derechos de los trabajadores, y las políticas de ayuda al tercer mundo, entre otras cosas. ¿Cree que a los católicos nos da igual la penosa reforma de la justicia que ha intentado hacer? ¿O piensa que nos mola que Bárcenas se lo lleve crudo? Los del Pp no dan pasta para investigar los problemas de las lesbianas en Camerún, como hacían las del psoe, cuyo afán por repartir condones en Africa siempre ha sido fetén, los del Pp simplemente no dan dinero, o dan menos y sin que se note, por aquello de no perder votos. Y claro, los católicos mordiéndose la lengua. Todo sea porque defienden el no al aborto, decían algunos incautos. ¡Ay majo! ¡Qué te crees tu eso! Y las risas se escuchan por todo el territorio nacional.

¿De verdad nos han traicionado? La fallida ley del aborto de Gallardón era lo mismo que la ley del año 83 contra el aborto que hizo el Psoe. O sea, la misma basura, que ni protegía a las mujeres, ni defendía al no nacido. Esta ley, recordemos, fue aplicada de manera más laxa por el Pp del tío Aznar, que por cierto no hizo caso ni al Papa ni a los católicos españoles cuando se metió de sujetacopas en la guerra de Irak. De nuevo los votantes católicos, acostumbrados a elegir lo menos malo han tenido que apostar por Gallardón, en lugar de la ley Aido, aunque para qué engañarnos, es casi lo mismo. ¿No se puede hacer una ley mejor, más acorde a los postulados de los católicos? No, claro que no. Los católicos no tienen derecho a ser escuchados por el parlamento, dicen los más cabreados. En realidad el Pp nunca fue nuestro partido, y a las pruebas me remito.

Los católicos, cuando hemos analizado a quién votar, siempre hemos tenido más problemas que ningún otro colectivo, y es que las ventajas de la tolerancia y la pluralidad que profesa la iglesia y la comunidad cristiana en su conjunto, no son nada frecuentes ni habituales en otras instituciones sociales. Yo he visto, en encuentros de católicos votantes del psoe, iu, pp comulgar juntos, cada uno con sus ideas, y con un mismo compromiso por vivir la caridad política en la sociedad que se quiere transformar, cada uno en sitios distintos, y Dios uniéndonos a todos. Pero es que así nadie nos hace ni caso. Aunque la sociedad esté en contra del aborto en un 80%, no nos darían una ley acorde a nuestros postulados, ni siquiera por unas horas. ¿Para qué sacar a un millón de personas? Dirán que éramos treinta o cuarenta, y todos fachas, casposos y fascistas. Así que no tenemos nada que hacer por esa vía, porque cuando nosotros vamos, ellos están de vuelta. Nuestra batalla está en la opinión pública, en controlar la educación, en salir en la tele todos los días, como el de Podemos o Pablemos, que ha hecho un partido político a fuerza de salir en la tele contando que estamos los españoles cabreados.

Luego tenemos el tema de la educación. Mientras se descapitalizan los colegios concertados a pasos agigantados, que ya son fundaciones, y que dentro de cinco años tendrán de religiosos lo que yo de bosquimano, se vende en la sociedad que apoyan la educación religiosa. ¿La asignatura de religión? Se resume en lo siguiente: el Psoe la mató, y el Pp la enterró. No ha mejorado nada en relación con lo que ha ido haciendo el Psoe en educación en los últimos años. Si cada vez tiene menos horas, y sin departamento didáctico desde hace treinta años,  por supuesto sin puesto de trabajo fijo. Si es el único asalariado de la educación que queda, al que se le paga por horas. ¿Ha arreglado eso el Pepé? No. Como si no dieras clase, amigo, porque los sindicatos dicen, los de la oposición dicen. Y el PP no dice nada. Bueno sí, yo creo que .  está para animar a los católicos gritando: que viene la izquierda y os quema el templo. Sí, pero en lugar de apagar el fuego, se llevan a los bomberos a otra parte. Es que no hay interés social, nos dijeron cuando gobernaba el de bigote; y cuando salimos a la calle con un millón de tíos, y le llevamos a la presidencia, nos dice que no hay consenso social. Ni se va a poder ni falta que hace.

Los obispos españoles se negaron a apoyar a ningún partido politico en la transición, porque entendían que los cristianos insertos en la vida pública española, y metidos en los partidos políticos, influirían para que sus propuestas llegaran a los comités de dirección de los partidos, y las sugerencias de la iglesia en materia política y social fueran atendidas, haciendo así una sociedad más justa y equilibrada. Aquella estrategia ha sido un fracaso, y algunos empiezan a despertar con la última patada en el culo que nos han dado los del Pepé. No eran nuestros amigos, ¿o qué os creíais? Nosotros no somos liberales, y ellos sí y mucho, nosotros defendemos la vida, y ellos defienden su poltrona. Cambiarán de ideas cuando pierdan votos. Así que ha llegado del momento de que los pierdan, como le está pasando al Psoe con Podemos.

Los católicos, desde hace tiempo, hemos sido calificados por la ingeniería social que manipula este cotarro llamado España: casposos, anticuados, fascistas y demás lindezas. El Pp no se va con nosotros a ningún sitio, le basta con que le demos su voto, porque saben que no tenemos otro lugar donde ir.

Pero se equivocan.

Igual que el Psoe se descompone entre sus simpatizantes de toda la vida, que prefieren mirar a Podemos como opción politica más interesante; también los votantes del Pp pueden marcharse y deslizar su voto hacia opciones como Vox, o como SAin si defienden el aborto, que sí lo hacen. O votar al Podemos, o al Psoe, o a IU o a Upd. Seguro que nos van a hacer el mismo caso, o sea ninguno.

TERRORISMO CON LICENCIA

Uno de los males de nuestra sociedad es, sin duda alguna, la impunidad con la que delinquen algunos, y cuya raíz está en el aplauso y los vítores de esa misma sociedad. Mientras los asaltantes de todo tipo empiezan a campar por sus anchas, hay una parte de la sociedad que aplaude y ve con buenos ojos esta “kale borroka”. Los que en su momento llamaron a estas prácticas del terror “terrorismo de baja intensidad”, hoy lo abrazan con la alegría del cervecero que ve ganar a su equipo de fútbol con un gol en el último minuto. No son todos, por supuesto, pero hay una parte de la izquierda, cuyo principal sueño de grandeza es emular al Che Guevara. Bajo sus ideas, sean las que sean, justifican la violencia y la promueven. O sea, practican el terrorismo impunemente, y reciben el aplauso de un buen número de bien alimentados irresponsables que se dicen solidarios de los que sufren, aunque no hayan visto un pobre más que en foto y de lejos.

No han servido de nada las lecciones de la historia, y la posmodernidad que se hartó hace tiempo de aquellos salvadores de la humanidad que pronunciaban discursos vacíos, ha cambiado la indiferencia por la rebeldía. Se ha pasado del “don´t worry be happy” al “cambia el mundo a base de hostias”. Parece como si la conquista democrática no hubiera existido y tuviéramos que repetir la Revolución Francesa con nueva saña y nuevas cuchillas. El progreso debe ser eso, matarse para dejar el futuro con gente que piense como yo. De hecho están ya doblegando a los mecheviques liberales.

Cada poco salen a la calle: ora paran unas obras en Gamonal, ora reivindican la Tercera República con un escudo monárquico en el medio, ora insultan a la familia real, o a un político cualquiera. Unos días ocupan la Puerta del Sol dejando todo como un estercolero, y otro día montan un escrache en la casa de la Vicepresidenta, que digo yo tendrá derecho a descansar en su casa tranquilamente algún rato. Pues no.

Necesitan una revancha, y es que la derrota que sufrieron en la guerra incivil les ha bajado la autoestima hasta niveles preocupantes, y andan con ganas de quitarse el mal sabor de boca que les quedó por no haber escuchado en el último parte de guerra de Negrín algo parecido a: “Vencido y derrotado el ejército fascista. La revolución ha empezado”.

La cosa sería jocosa si no pasara a más, pero es que no es así. El otro día un grupo de feminacis activistas (creo que se llaman Femen, o algo así) agredieron e insultaron a golpe de tetazo al obispo de Madrid. Son cuatro, pero como van en pelotas y montando gresca pues a vivir. Licencia para tetear (golpear con las mandingas) al prójimo Y ayer mismo otro grupo de pibas en Palma se ha entretenido en profanar un templo católico insultando a la gente que allí se congregaba. Luego tendrán la cara de decir que la iglesia les impone sus ideas, y que les han provocado con la ley del aborto, y que no han tenido más remedio que salir a la calle porque los curas las están obligando a tener hijos y cosas por el estilo.

Todo menos debatir con serenidad. Hasta las acólitas recogedoras de premios de los Goya manifestaron que tenían derecho a decidir. ¡Cómo si fuera obligatorio quedarse embarazada y tener hijos! Digo yo que una mujer puede decidir antes de quedarse embarazada si se quiere quedar embarazada. Pues no. El derecho a decidir es para cuando les sale del ovario, es un derecho eterno y sin límites. Y para demostrarlo le damos un tetazo al cardenal Rouco. ¡Ale! Por facha y por malo. Y los tíos ni chistar sobre el asunto del aborto, que como no somos hembras no tenemos nada que decir. ¡Y además se lo creen!

Está claro que la democracia ya no les mola, y supongo que es porque pierden las elecciones. Y como se han enfadado, pues eso, prefieren insultar y reventar actos públicos, que ahí sí que no tienen ningún rival. Lo hacen en nombre de los parados (como si no hubiera parados que hubieran votado al Pepé), y contra los poderes fácticos, entre los que incluyen la iglesia (como si la iglesia no fuera una de las instituciones que más está haciendo para paliar las consecuencias catastróficas de la crisis). Unos cardan la lana y otros llevan la fama, y a la iglesia le toca la peor parte. O la mejor: ganarse el cielo aguantando golpes y amén. A rezar por la paz.

Lo triste es que la izquierda se ha reinventado de la peor forma posible, y ha regresado como los cerdos de la Rebelión en la Granja de Orwell, con ganas de doblegarnos a todos los que no pensamos como ellos. Por las buenas o por las malas. Con propaganda y sin ella, todos tenemos que ser buenos, modernos, agnósticos, indignados y reflexivos. Así llevan años diciendo que tienen que ser los alumnos que pasan por la Escuela Pública. Por eso odian tanto las escuelas de las monjas y los curas, porque ofrecen valores alternativos (cada vez menos) a los suyos. Creo recordar que en una de las últimas huelgas de estudiantes incluso asaltaron un colegio concertado insultando a los curas. Una gran demostración de lo que es la libertad de expresión sin límites y sin un rival que te pare los pies.

Yo sueño con algo distinto. Con una izquierda más constructiva y con más sentido de Estado. Con una izquierda inspirada en los valores del cristianismo (como la socialdemocracia de los países escandinavos), una izquierda que devuelva a la historia los valores de internacionalismo, del cooperativismo, de la solidaridad con los débiles de verdad (el nasciturus), que no defienda el modelo de familia más bizarro, que sea pacífica y pacificadora. Que crea en la fraternidad y crea en la liberación que otorga Dios. ¿Es mucho pedir? Mucho mejor que un terrorismo con licencia creo que sí que es.

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