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Otro varapalo a las “nuevas pedagogías” en LA BUENA Y LA MALA EDUCACIÓN de Inger Enkvist

Es de esos ensayos que debería ser de lectura obligatoria para los irresponsables que se dedican a educar, entre los que incluyo a los colectivos más necesitados de una luz que ilumine sus meninges: padres amigos de sus hijos, profesores dinámicos y/o sindicalistas, inspecciones educativas burócratas y su pléyade de simpáticos pedagogos, y por supuesto, a todos los políticos entregados a empeorar la educación en el mundo desde hace décadas, que son casi todos, por no decir todos.

La sueca Enkvist hace un análisis de los diferentes métodos pedagógicos empleados a lo largo y ancho del planeta, en distintos países y épocas, y las consecuencias culturales a medio y largo plazo. Sus conclusiones son las que estábamos esperando muchos profesores y padres centrados y de la vieja escuela: los países con mejores resultados emplean métodos pedagógicos tradicionales, los países peor parados se empeñan en cagarla con las “nuevas pedagogías”, entre las que se incluye la última moda de estudiar por competencias, que es lo mismo que no estudiar, y por tanto, no aprender. Mejor contenidos y memoria, que dinámicas y buen rollo. Mejor un profe erudito que haga a trabajar, que no un animador sociocultural.

El viejo mito de que se puede enseñar las matemáticas jugando se derrumba. Es mentira. Las matemáticas se aprenden con esfuerzo, tesón, repetición, entendimiento y autoexigencia. Los que saben matemáticas no la aprendieron por ciencia infusa, ni jugando a las tabas, ni decidiendo en libertad lo que tenían que aprender, en plan descubrir el Mediterráneo. El mundo está ya inventado, las matemáticas también, y la pedagogía que funciona también. Una mala educación (que es lo que hay actualmente en casi toda Europa) nos conduce a la edad de piedra. Enseñar a que aprendan por sí mismos es además de una falacia, algo peligroso; y es que el conocimiento se trasmite de generación en generación, no se descubre espontáneamente. Uno enseña y otro aprende. Gracias Enkvist por tu aportación. Hacía tiempo que no oía más que gilipolleces en este asunto.

Es destacable que Inger Enkvist reconoce a los profesores y maestros de toda la vida, los de siempre, que en lugar de perder el tiempo divirtiendo a los alumnos, se han preocupado en enseñar. Son docentes que en lugar de relegar la memoria en clase, se empeñaron en enseñar y exigir de memoria las tablas, poemas, canciones, o textos de Shakespeare. ¿Por qué no? Gracias a ellos, el desastre no es mayor. Y es que en el fondo, nadie como un profesor para darse cuenta de lo que funciona o no, de la pedagogía que hace que los niños sepan cosas, y de la que los mantiene en la ignorancia.

También me llama la atención que Ekvist critica sin tapujos la progresiva degradación educativa de los profesores. Las nuevas pedagogías ha ido impregnando a las nuevas generaciones de profesores, y han logrado que actualmente los profesores sepan menos de su materia, y por tanto estén peor preparados para dar clase. Por mucha pedagogía-jueguito que sepan, si no dominan lo que deben enseñar, no podrán enseñar con calidad. ¿Exagero? Las oposiciones a profesor en Castilla y León han dejado bastantes plazas sin cubrir porque los aspirantes no alcanzaban el mínimo. Por supuesto los sindicatos gritaron, no para que exigieran más, sino para que los profesores tengan menos nivel. Venga, tío.

Otra prueba: acabo de ver en el libro de texto de mi hija de 4º Primaria la palabra “absorver”, en lugar de la correcta “absorber”. Si en eso yerra un libro de texto, cuya función es enseñar a leer y escribir sin faltas, ¿qué no sucederá con el resto del país? Un desastre, ni más ni menos. Las nuevas técnicas para enseñar a sumar y restar son peores que las que aprendí yo de pequeño, lo constato. Antes los maestros eran más claros que ahora, tenían ideas más claras, y eso solo se debe a que sabían más. Ahora está todo lleno de pegatinas y de mariconadas, y aprenden menos. Quizás la excepción sea la enseñanza de los idiomas, pero no nos engañemos con que hay ahora más medios, porque también he visto que hay alumnos de quince años que han dado cientos de horas de inglés desde que tenían dos años, y no saben decir ni jota en ese idioma.  Autocrítica, se llama.

Inger Enkvist constata el deterioro cultural y social de muchos países del mundo, y hace especial incidencia en Suecia, que es el suyo. La nueva pedagogía ha bajado el nivel educativo del país; en cambio en Finlandia, donde impera la pedagogía más tradicional, basada en el esfuerzo y la exigencia, con los mejores profesores preparados posibles, y una carrera profesional de prestigio como es la docencia, los resultados son mejores para las pruebas estandarizadas internacionalmente y que componen el informe PISA.

Es también curioso que el informe PISA, siendo un modelo de examen acorde a las nuevas pedagogías, no tenga mejores resultados entre los alumnos que han sufrido las “nuevas pedagogías”. En cambio los alumnos con sistemas de aprendizaje tradicional, los asiáticos sin ir más lejos, logran los mejores resultados del planeta.

Se suele contestar que la autoexigencia que tienen los alumnos asiáticos conduce a suicidios, por lo que no es oro todo lo que reluce. Pero contesta Inger Enkvist que no es mayor que el porcentaje de suicidios que hay en Suecia; y me atrevo a decir, que en España no estamos mejor en este tema, sobre todo si añadimos los suicidios por acoso escolar que se generan cuando las nuevas pedagogías pululan por las atmósferas de un centro educativo progre. Cuanto más disciplina, trabajo, esfuerzo y estudio haya en un centro educativo, menos conflictos y menos mear fuera del tiesto por parte de los alumnos. Nuestro fracaso son los “ninis”, ni estudian ni trabajan. Algo que no existía cuando las viejas pedagogías sí existían.

Por supuesto, a los profesores sometidos a las “nuevas pedagogías” nos obligan a tener buenos resultados, nos obligan a hacer cientos y cientos de papeles, informes, currículos, valoraciones, evaluaciones y muchas más monsergas que en general no suelen mejorar la educación ni las clases. Papeles y más papeles para explicar a un padre por qué su hijo (que no ha ido a clase, o que no ha abierto un libro en todo el curso) ha suspendido. Como mucho mejorarán los resultados por prevaricación inducida, pero no porque los alumnos aprendan más cosas

Inger Envist afirma contundentemente que las pedagogías que se centran en el aprendizaje correcto y profundo de la lengua son las que logran alumnos más creativos, con más capacidad crítica y por consiguiente con más libertad. No es necesario meter “moralina” de cuando en cuando, como pretenden ahora los que han arruinado la cultura de mi generación y de la siguiente. Para que la peña piense por sí misma, basta con exigir que lean a los clásicos, a los autores difíciles, a los que dicen algo sin pamplinas. La mejor educación contra la violencia de género no consiste en contarnos mentiras sobre Hipatia en un cursillo de lerditos; sino en leer el Quijote, o Madame Bovary, o a Séneca.

Afirma Inger Enkvist también que los emigrantes sometidos a sistemas educativos de exigencia y esfuerzo logran integrarse mejor (analiza Francia y otros países europeos que han coqueteado con las “nuevas pedagogías”). Los países que se atontan con el buen rollo de la comprensión, los que hacen que el alumno sea el rey de su fiesta, acumulan masas de desarraigados y de predelincuentes.

En Castilla y León, la comunidad autónoma española donde vivo y doy clase, donde hay un buen número de profesores que preferimos la pedagogía de toda la vida, donde los alumnos proceden de ambientes funcionariales (importa el estudio para ser algo en la vida), y donde la lengua castellana se aprende en el hogar primero y en la escuela después, y de manera excelente, tenemos unos resultados educativos semejantes a los de Finlandia. Si quitan la inspección y ponen la clase de religión obligatoria, es que lo bordarían.

 

Los profesores estrella.

La red está llena de buenos chistes sobre la educación. Estos de Manel Fontdevila son simplemente geniales. Y es que ahora se lleva mucho el profe estrella, en plan star system of beautiful. Los padres son los primeros que quieren que les den clases esos tíos con imaginación, buen rollo,… que lo mismo entretiene a un grupete de alumnos que se desvive contando chistes y dinamizando la clase para que nadie se sienta mal. Es la victoria del profe estrella, el profe guay, el profe que todo el mundo quiso tener, el que no enseña de manera ordenada, pero que paqué. ¿Para qué saber algo estructurado y ordenado, si la misma legislación  educativa es caótica en sí misma? Pues eso, nos van a salir tontos y con razón, y todo a costa de convertir a los profesores en animadores de aula.

En realidad la educación es otra cosa menos divertida. A nadie le gusta que se le recrimine la conducta, y a nadie le mola tener que decir las cosas que se están haciendo mal. Tampoco puedes estar diciendo cosas amables y buenas para animar siempre, aunque venga bien a todos, porque no siempre se debe ni se puede. Dar clase, y educar a niños y adolescentes, tiene poco que ver con ir de ocurrencia en ocurrencia, haciendo cosas ingeniosas para que disfrutemos todos de la vida. Se confunde aprender jugando (propio del jardín de infancia) con jugar para ver si aprenden algo.

La ciencia infusa no llega por mucho que pongamos películas, apliquemos jueguecitos y nos lo pasemos bomba. Eso está muy bien, pero no debe presuponer aprendizajes nuevos. Y es que para aprender se necesita esfuerzo, atención y constancia. Precisamente tres cualidades que hoy brillan por su ausencia en los educandos de hoy: poco esfuerzo porque han nacido en la cultura del bienestar, y aprender no es tan placentero para ellos como jugar a la play; poca atención porque no son capaces de mantenerla cuando está rodeados de estímulos constantes; y poca constancia porque se cansan rápido de todo.

En el fondo, lo que piden de verdad lo alumnos, es cierta rutina que les dé seguridad, para saber a qué atenerse. Luego, y solo luego, podrán romper la rutina para hacer otra cosa, que entonces sí, será valorada y divertida. Pero convertir la escuela es un parque infantil, con profes atracciones y divertimento sin control no educa a la gente, simplemente la entretiene y les engaña, porque creen que saben algo, cuando no saben casi nada. Esto hace daño a los alumnos, y deteriora la sociedad misma, que proporciona títulos a gente que no se lo merece. Se disfruta más de algo cuando se carece de ello, que cuando se tiene en abundancia; y divertirse es ese “algo”.

Educar tiene que ver con trabajar, con prepararse para hablar bien, con escribir correctamente, con no vocear a destiempo, ni pedir ir al servicio cada minuto. Educar tiene que ver con ser ejemplo, y el mejor ejemplo para que un alumno trabaje es un profesor trabajador. Puede ser divertido ver una película en clase, incluso instructivo, pero si el alumno no memoriza ningún contenido abstracto, no habrá aprendido nada. Se puede memorizar la tabla de multiplicar con canciones, pero como no se practique con cientos de ejercicios y multiplicaciones (deberes, sí deberes) pues no sabrán multiplicar. Los ejemplos motivadores son estupendos el primer día, pero al segundo y al tercero los alumnos se aburren. ¿Otra vez peli? Y es que el ansia por pasarlo bien y no hacer nada es infinito, y el trabajo y el esfuerzo de aprender es muy, pero que muy finito y limitado. Por eso, no hay que caer en la trampa de los profesores estrella, porque su programa de variedades acaba cansando y decepcionando; o está tan sometido a genialidades y cambios que termina estresando a los chicos. Además, cada alumno querrá hacer una cosa distinta según pase el tiempo.

Los mejores profesores que tuve explicaban bien, nos exigían, nos hacían currar y eran tipos agradables y cercanos. Ya está. Un profe que sea divertido no es un profe, no me va a poder exigir nada, y si me lo pide le contestaré con cachondeo, como el que me trata a mi. Un profe que me da conversación no me enseña nada, o casi nada. Puede ser algún día, pero si es la costumbre iré a un bar de tertulia, no a clase. En cambio un profe que me explica algo, mientras estamos todos en silencio respetuosamente, y luego me obliga a repetirlo, me está enseñando algo. Aunque me fastidie estar así, me está enseñando.

Ahora el sistema educativo premia a los profes guays que divierten a los chicos, y los padres están encantados de que sus hijos estén supercontentos con el profe ese. No saben lo que están exigiendo, porque los buenos profes son precisamente los que más hacen sufrir y trabajar a sus hijos. El problema será cuando vaya a la compra y no calcule la vuelta; escriba por whasap y no se le entienda; le hagan preguntas sobre la guerra civil española y la confunda con la guerra de la independencia. En realidad ese tema no lo estudió, vio una peli, mientras su profe le contaba lo malo que es el fascismo, y el chico hizo una redacción libre sobre el tema que le quedó estupendo. Le aprobaron para que las estadísticas fueran acordes a los deseos de un político que presume de reducir el fracaso escolar. Entonces la gente se lleva las manos a la cabeza. ¿cómo puede un universitario no sepa nada de eso? Es que pasaron de curso divirtiéndose, y no se quedaron con nada. Eso sí, son arquitectos, ingenieros,… con flamantes títulos y ninguna cultura. ¡Señor, Señor!

EL INFORME PISA ME DA RISA.

Con el famoso informe Pisa me sucede lo mismo que con las recomendaciones que hace el FMI sobre la economía de los países. Da consejos para terminar con el planeta y con sus recursos cuanto antes, cuatro palmaditas en la espalda y si tienes dudas pues nada, que ahí te quedas con tu mal rollo. Pues aquí igual, vamos a ver como va la educación en el mundo, y te decimos porqué lo tuyo es peor que lo mío, que es de lo que se trata. Está claro que tenemos pocos amigos por ahí, porque siempre nos sale más mal que bien.

El tema viene a propósito de una especie de prueba sobre la resolución de problemas, cuyos lamentables resultados dicen, que en España los alumnos son tontos hasta para arreglar las cosas. ¡Cómo si no lo supiéramos! Aquí los alumnos y sus mamás (no todos, claro) arreglan los problemas gritando, ciscándonos en la madre que parió al profesor, y yendo a hablar con la más alta inspección para asuntos ridículos. Para eso no hay que hacer ninguna prueba de diagnóstico, ni pruebas de nada, los profes lo sabemos porque día a día hieren nuestras ganas de enseñar algo.

Dicen que los alumnos emigrantes saben resolver problemas mejor, y no me extraña, cuanto más pobretón seas mejor te buscas la vida. Pero los resultados del informe salen al revés. Los que mejor resuelven los conflictos son los de siempre, los nórdicos y los que tiene pasta, y eso me mosquea. Porque los finlandeses, digo yo que si están estudiando lengua y son buenísimos en mates, no puede ser que además sepan colarse en el cine, y evitar el deshaucio de papá como nadie.  ¡Ah, perdón! ¡Qué allí no hay desahucios! Entonces permítame que me ría sobre su capacidad para resolver conflictos, porque no los tienen, ni han resuelto un conflicto de verdad en su vida.

Lo que me gustaría saber, y lo digo sinceramente, es en qué consisten esas pruebas de resolución de conflictos. Lo digo porque en España somos muy buenos en supervivencia si nos comparamos con los simpáticos escandinavos. Que pongan a un finlandés delante de la valla de Melilla, y veremos como resuelve el conflicto de entrar en Europa sin pasaporte y sin pasta. Que lleven a un coreano al barrio Colorines de Badajoz, que ya espero yo a ver como se queda sin cámara en cuestión de minutos. ¿Dónde está comisaría?, preguntaría en medio de la sonriente mafia que controla la droga y el barrio. Esos tíos no saben resolver más que sus conflictos, que veo que son menos chungos que los de otras latitudes.

Aquí la picaresca nos ha enseñado a resolver conflictos desde hace mucho tiempo, y es que el hambre y la necesidad llaman a la puerta de muchos españoles todos los días. Hay que pedirles que cambien las preguntas, claro, así veremos quien se busca mejor la vida si un mendigo de Helsinki o un okupa madrileño. Yo creo que el madrileño le da cien vueltas, aunque depende del mendigo y del okupa.

En algo que seguro que sí tienen razón es que resolvemos los problemas peor que hace unas décadas. Antes con la posguerra y el hambre la gente resolvía los problemas de su vida de puta madre, sin ir a la escuela ni nada. La gente se buscaba la vida con catorce años, tanto si quería como si no. En cambio ahora, nuestros niñitos se nos han aburguesado y hamburguesado, y no nos comen ni el cocido ni la fabada, que dicen que engorda y no se qué. Son adictos al móvil, y presumen de ser activamente sexuales antes de tener pelos en los huevos. Eso antes no pasaba. Ahora se nos quejan de todo, y no han dado un palo en su vida. Los hemos rodeado de algodones y así nos salen. Y ojo, que ahora esos niños tienen padres que son igualmente blanditos. Así que cada vez resolvemos peor los conflictos que la vida nos casca. Seguro.

Lo que me extraña es que en el informe Pisa no diga nada de eso, y es que para mi está amañado, y es nulo de oficio para medir de manera poco científica lo listos y lo tontos que somos. En la lista del informe deberían estar los países africanos los primeros, que son los que tienen más conflictos que resolver, de siempre.

– Resuelve niño el conflicto de ira a por leña, a por agua, al cole a 10 kilómetros y de cuidar a sus hermanos.

– Hijo, a ver si no te secuestra la guerrilla del coltán.

Y por ahí. Eso sí son conflictos chungos.

Los niños europeos solo tienen el conflicto de cómo sacar el móvil en clase sin que me vean, grabar a la zorra de la menganita con el cabrón del zutanito. Lo de ir corriendo de un punto a otro del mapa y ver quién lo hace más rápido está bien para los escandinavos y coreanos, que andan como pollos sin cabeza. En otras latitudes tienes que sortear las minas antipersona y sin mapa, ¿verdad mis queridos camboyanos? Tampoco sale eso en el informe.

Lo malo es que los políticos se creen mucho lo del informe, y prefieren los papeles a hablar con el profesorado. Por culpa del informa Pisa nuestras autoridades educativas están empeñadas en evitar el fracaso escolar quitando horas de latín, y poniendo a un especialista en clásicas haciendo guardias por el instituto. Las optativas que no salgan que no hay alumnos suficientes, dicen; y miran y remiran cuántos tíos has aprobado o suspendido, sin importarles nada lo que haces o dejas de hacer con el alumno trastornado porque sus padres le han abandonado.

Muchos chicos españoles suspenden porque en sus casas no hay medios, ni ganas, ni a veces familia, ni valores, ni costumbres, ni hábitos, ni nada de nada. Pero a eso no metemos mano. En lugar de mejorar las bibliotecas escolares con profesores encargados de la misma en exclusiva, se dedican a contarnos que tenemos que usar pizarras digitales de nueva generación.

Me reservo para contarles como será el desastre del espanglis al que conduce el bilingüismo en los centros educativos, porque se sale de tema. También omito los consejos que nos dan los del informe Pisa a los profesores sobre como mejorar nuestros resultados porque algunos son de risa. Da consejos el que no puede darlos, y evita escucharlos de quién les puede aconsejar como acabar el desastre, que no son otros que los que se dedican a la educación: los profesores. Esa casta social a la que nunca, nunca, nunca se le pregunta sobre como mejorar la educación.

El agua de la fuente

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