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El feminismo a examen. Las gafas violetas de Narcisa.

El feminismo de género es la última de las ideologías totalitarias emergentes de nuestra sociedad fragmentada y deconstruida. Su discurso está plagado de dogmas y de verdades indiscutibles que han terminado impregnando la cultura y el discurso social. A pesar de la saturación y el hartazgo que muchas personas manifiestan en privado; en público, pocos se atreven a manifestarse abiertamente en su contra, siempre bajo el miedo de ser acusados de fascistas, machistas u homófobos.

Cuando es una mujer la que discrepa, corre el riesgo de ser atacada por tratarse de una falsa feministas, una mujer rancia y traidora a la causa. Sin embargo, este segundo feminismo no es menos feminismo que el anterior. Todos son discutidos y discutibles, y ninguno debe arrogarse el valor de lo absoluto. De hecho, hoy día, podemos encontrar tantas variantes de feminismo como tendencias se dieron, por ejemplo, bajo el marxismo, el platonismo o el empirismo ilustrado. La pluralidad obliga a no tratar por igual lo que es filosóficamente distinto.

Hay un feminismo que está asumido y asimilado ideológica y plenamente en nuestra sociedad y que nadie discute. Nadie, muy pocos, ponen en duda que los hombres y las mujeres deben ser iguales ante la Ley. Esta idea no era tan evidente antes del siglo XX, como tampoco lo era la igualdad, la libertad o el pluralismo político en siglos precedentes y contemporáneos. Este feminismo, igualitarismo lo llamaría yo, está perfectamente asimilado y aceptado. Es una conquista social hecha por hombres y mujeres a la que nadie se opone. Iguales derechos e iguales obligaciones. Igual capacidad jurídica e iguales privilegios por razón de sexo.

El problema es que el feminismo de la tercera ola, el que despierta Simone de Beauvoir sin pretenderlo, considera insuficiente la igualdad de hombres y mujeres ante la Ley. Su premisa es que las mujeres no nacen, sino que se hacen mujeres a lo largo de la vida, y tal absurdo dogma concita entre sus partidarias una serie de consecuencias que han sido imprevisibles incluso para las mujeres.

En el fondo, lo que manifiesta esta sentencia de Beauvoir es que las mujeres deben aspirar a conquistar la felicidad para ser mujeres de verdad, porque en el presente no pueden ser consideradas mujeres auténticas. Las ideólogas seguidoras de este feminismo aspiraban a una felicidad utópica, imposible de alcanzar. La consecuencia más dramática de esta falacia ha sido el residuo tóxico de una frustración conducente al odio y a la agresividad. ¿Contra quién?  Contra la sociedad, a la que tachan de patriarcal; contra los varones, y contra ellas mismas por no estar lo suficientemente emancipadas y empoderadas.

Es obvio que trabajar fuera de casa no es una panacea. Igual que tampoco lo es cuidar de los hijos, hacer la comida o limpiar una casa. Por eso el neofeminismo ha necesitado generar un nuevo discurso, en mi opinión profundamente utópico e intolerante, que pone como punto de partida de su vida el placer y el aislamiento. Placer sexual como lugar feliz; soledad como lugar feliz; y empoderamiento como lugar feliz.

Sus mentiras son simplistas: todo es patriarcado y nosotras somos víctimas. Las explicamos con cierto detalle.

PRIMERO. Todo es patriarcado. Si te pones las gafas violetas, que es un claro prejuicio, verás todo del color violeta, que hace la misma función que hizo el capitalismo para las ideologías socialistas y comunistas. El patriarcado es el gran enemigo y está presente en todo. Por eso hay que adoptar la famosa “perspectiva de género”, que es el nombre de esas gafas. Afirman, por ejemplo, que hay que combatir el cambio climático con perspectiva de género. Para evitar que el patriarcado siga esquilmando el planeta. Escuela con perspectiva de género, donde no se defiende la igualdad ante la Ley, sino que todo es patriarcado y que hay que combatirlo.

Los ejemplos que ponen es que la mujer es invisible en la sociedad. Lo cual es bastante falso. Nunca han sido más visibles o invisibles que los varones, ni en la historia, ni en el presente. Pero esa coletilla la repiten sin cesar, pues es la base de su ideología.

Ante este patriarcado, (más inexistente que real, pues se construye como una entelequia) hay que tomar medidas, dicen. Y en eso consiste su lucha, en dar palos de ciego contra una entelequia inexistente que además de cegarles ante la realidad matriarcal y patriarcal de la sociedad, les hace sufrir mucho. Han necesitado un enemigo y lo han creado.

Segunda falsedad. Por culpa del patriarcado, la mujer es siempre víctima, nunca verdugo. Y si es verdugo es por culpa del patriarcado. Esta es una de las mentiras más repetidas por los medios y más constantes. Ellas mueren, ellos no. Ellas sufren, ellos no. Ellas son discriminadas, ellos no. Ellas son el centro, y deben empoderarse. Necesitan el victimismo para mantener su discurso vivo. Plantean que es necesario intervenir en las empresas para que dejen de ser víctimas. Es decir, hay que apostar por la desigualdad ante la Ley porque están sufriendo más que los hombres. Así lo afirman constantemente. Sin el victimismo, el neofeminismo no tendría lugar.

Tercera falsedad. Por culpa del patriarcado, el verdugo último es el varón heterosexual. No lo es ni el varón homosexual, que es también víctima, ni la mujer, que es por antonomasia víctima haga lo que haga. De ahí la importancia de los géneros, que no de los sexos. Esta visión arrastra a la sociedad a un enfrentamiento civil constante. Los hombres son malos siempre y las mujeres buenas. Y hagas lo que hagas está en tu naturaleza. Ellos son siempre violadores, y ellas violadas. Así lo afirman, abiertamente, muchos de estos feminismos. Es por culpa del patriarcado, por eso, para que los hombres sean buenos deben dejar de ser patriarcalistas, o algo parecido, que no se sabe tampoco lo que es. Deben dejar de ser lo que son, y ellas nos van a decir lo que somos en cursillos financiados por los gobiernos feministas. El problema que tenemos los varones es que tenemos un género masculino asignado por el patriarcado, pero nos podemos liberar de eso.

Cuarta falsedad. El patriarcado ha estado presente a lo largo de toda la historia de la humanidad. Por eso la historia del pensamiento, de la ciencia, y de todo lo demás, está manchada y debe ser rechazada. Todas las tradiciones son negativas, desde el lenguaje, el vestido, la familia, la  iglesia o la política. Todo es patriarcado y debe desaparecer. De ahí la obsesión con el lenguaje, al que consideran machista. Lo combaten mediante el lenguaje inclusivo, que consiste básicamente en hablar y escribir mal, confundiendo género con sexo, con la única intención de visibilizar su sexo con el género, que hay que introducir con cada palabra que pronuncian.

Quinta falsedad. La maternidad es consecuencia del patriarcado. Tener hijos es algo querido por los varones opresores. De ahí que la maternidad no sea un rasgo característico de las mujeres. Tampoco lo debe ser la paternidad en los varones, pero de eso no se ocupan. El dogma del feminismo implica que una mujer debe abortar si lo desea para liberarse del patriarcado opresor. Aunque maten a su propio hijo, su ideología totalitaria impedirá y luchará para que no se sientan culpables. Identifican matriarcado con poder, y no con madre. Del mismo modo que ven en el patriarcado como poder, y no como padre.

En este sentido, niegan las premisas con las que ha trabajado siempre la antropología. Pero les da igual, la antropología es una ciencia patriarcal, hecha por varones contra las mujeres. Y así con todo.

Concluyo. El feminismo contemporáneo es un tipo de NARCISISMO ideológico, de corte totalitario, que se alimenta de las emotividad de una sociedad y unos medios que manipulan la realidad para que la “perspectiva de género” siga presente en la opinión pública. Es algo impostado y artificioso que necesitan porque es ya la manera de vivir de muchas personas, agentes de género, cátedras de género, observatorios de género, etc.

Este feminismo es llamado con razón feminazismo, pues mantiene unas premisas totalitarias que son insoportables en una sociedad libre y avanzada como la nuestra. Su gran sueño es un hedonismo absoluto, una sociedad utópica donde las mujeres puedan ser felices de la misma manera que ellas piensan que han sido felices los hombres. Con poder y gloria. No lo conseguirán, porque al igual que el comunismo, para conseguir la utopía hay que cambiar el corazón imperfecto del hombre y de la mujer. Y eso sólo lo logra Dios. Lo más que harán será generar odio y nuevas víctimas entre los varones y las mujeres.

Hasta entonces escucharemos sus lemas: “ni santa, ni puta… yo soy estupenda”. Narciso no lo hubiera dicho mejor.

Revistas de mujer.

La verdad es que me privan un montón este tipo de revistillas que pululan por el panorama quiosquero de cualquier lugar del mundo, y despiertan en mi la más inocente curiosidad sobre el mundo de la mujer. O mejor dicho, lo que dicen que es la mujer y su mundo, que no es lo mismo. Y siempre me pasa lo mismo cuando termino de leerlas, ¿los cientos de observatorios de género no hacen nada para cuidar el género y los contenidos de estos lugares? Pues no, mire usted.

Se dedican páginas y páginas sobre qué es ser mujer y unificar voluntades y conciencias para ser ante todo modernas y actuales. Antes, años ha, se juntaban las mujeres para tomar un anisito, o para coser, o darle a la sinhueso sin más entretenimiento que el de confiarse secretos propios y ajenos, y parlar por el gusto de hacerlo. Ahora es parecido, pero pasado por la mano (o sea manipulado) por unos editores que buscan así unificar criterios culturales y éticos. Una buena mujer debe hacer esto y lo otro, ser decente y todo eso se decían en aquellas reuniones caseras. Ahora es lo mismo pero en plan contrario, y se dedican las revistitas de marras a contarnos lo que es ser mujer, lo que deben hacer y cómo deben pensar, vestir y coyundarse. Entre nosotros y sin que nadie se ofenda: nadie sabe que significa realmente ser mujer. Ni ellas, ni las revistas que se autoproclaman de tías.

Yo creo que estas revistas están confeccionadas para que las mujeres del mundo se vuelvan locas, y lo hacen dando unos consejitos siempre de lo más simple. Recuerdo en una que aconsejaba a las adolescentes la primera vez que lo hacían que llevaran una toalla y la pusieran debajo, más que nada para no manchar y luego no sufrir el corte inevitable con su chico. Todo en plan psicólogo colega, que es lo que mola. Les crean nuevas necesidades y les educan la conciencia ética para que sean todas entre iguales, parecidas o idénticas, a saber. Otro ejemplo que recuerdo: los diez consejos si pierdes el empleo. estos eran para mujeres más maduras, se supone, y todo era de lo más aséptico. Ninguno ponía llamar a tu antiguo jefe y mandarle a tomar por culo, por cabrón o por explotador, había que ser superpositivos y guays. Digo yo que para una mujer madura que pierde su empleo lo que más le apetece es cagarse en la madre que lo parió, pero no te dejan. Tienes que ser medio adolescente, medio gilipollas y ser positiva. Esto además lo remataban con una foto de una piba mona, superasertiva mordiendo un boli y con cara de pensar en un sofá cojonudo de su casa y medio en pijama recién comprado, con el letrero debajo animándola a pensar en sus nuevas oportunidades. Para vomitar y cagarse a la vez.

Estas revistas, además, da igual la que sea, tienden a contar casi lo mismo, y es normal, porque están todas dirigidas por los mismos responsables empresariales. Casi todas tienden a dar consejos parecidos con ligerísimas variantes. Si es una revista para tías adolescentes, les cuenta lo importante que es disfrutar de la vida o del sexo, que es casi lo mismo para sus redactores, si tienen edad juvenil pronta o mediana, los dicen que tienen que disfrutar del sexo y ser capaces de decir que no a los hombres que se aprovechan (por ejemplo), y si es para mujeres maduras les dicen que tienen que disfrutar del sexo sin complejos, tirándose a los tíos que les apetezca. O sea, disfrute, disfrute y disfrute. Varios toques de narcisimo, y a otra cosa mariposa. Que para eso se lo han currado sus progenitoras en la lucha feminista, concluiría cualquier provoceras de Comisiones.

Todas tienen la misma visión de la sexualidad, muy progre y guay, e incluso con una ética deleznable, digna de la alemania nazi. Recuerdo en una que contaba que si te cansas de tu chico, lo puedes dejar acostándote con su mejor amigo, y seguro que pilla la indirecta. O sea, las personas son para usar y tirar según estas revistas. Imagino que esa es la liberación de la sexualidad que proclaman las agentes de igualdad diseminadas por la geografía nacional, por desgracia bastante lejos de Kant y su imperativo categórico, donde las personas son fines en sí mismos, y no medios, de ahí que el hombre y la mujer tengan dignidad y los objetos precio. ¿¡Ah, pero Kant no era un hombre!? Se acabó la discusión ilustrada. No podemos ser menos que los hombres, y se dedican a imitar lo peor de los varones como si fuera una gran conquista. Y añaden, que los que no hacen eso son una retrógradas y unas machistas el día que se operen. Ale.

Estas revistas no tienen desperdicio, las mires por donde las mires. Mantienen secciones que van variando según el tramo de edad de la revista. Si se dirigen al público adolescente juvenil, no puede faltar un consultorio sentimental, y cuando la señora está crecidita el consultorio es jurídico, médico, a la par que sexológico, que ese nunca falta. Estas secciones siempre me han parecido entretenidas, desde los tiempos del Diez Minutos y el Pronto en casa de la abuela en el verano, donde se acumulaban en el revistero años y años de revistas de famosos. ¡Hasta había una que se llamaba Blanco y negro! Ahora las llaman revistas de cotilleo, y las de mujeres son las de mujeres. Ahí percibes que la gente va por otro lado, y que la mayoría de las mujeres mira estas revistas igual que lo hago yo, sin tomárselo demasiado en serio, y asombrándose de algunas curiosidades. Pero, ¿y las que se lo creen? Con la generación Logse que lleva funcionando desde hace años, muchas señoras menores de treinta y cinco años por lo menos, empiezan a desbarrar igual que estar revistas. De hecho cuando lees algunas entrevistas a actrices modelos y demás señoras, tengo que leer algunas opiniones dos y tres veces, porque son dignas de la antología de la decadencia occidental. Hasta Nietzsche tendría arcadas.

Una vez tuve la desgracia de hojear una revista se supone que de hombres y del impacto todavía no me he recuperado. Poco menos que los tíos estaban obsesionados por los coches, las tías en pelotas, el fútbol, beber como cosacos y arreglarse como putas en campaña. Es la metrosexualidad, supuse, que se edulcora con el toque de la rusticidad de toda la vida: coches, tías y fiesta. Supongo que la igualdad de género va también por ese camino, que los tíos y las tías nos fundamos en una especie de indefinición: el andrógino. Recuerdo una frase de la película de “Trainspotting”, “en el futuro no habrá tíos ni tías, solo gilipollas”. Como acertó Edwin MacGregor, oye.

Por cierto, Las revistas de mujeres tampoco se escapan de la rusticidad, y suelen caer en los tópicos que las feministas de postín odian: trapitos, recetas de cocina, hacer dieta y arreglarse, quedar bien, y cosas por el estilo. Pero es extraño, y no dejo de salir de mi asombro que las feminacis y sus plataformas de género no dicen nada sobre ese “sexismo”. Prefieren enviarnos manuales sobre como usar un lenguaje no sexista, mientras ellas se ponen moradas a conocer la moda, adelgazar y arreglarse los quesos (los pies son la obsesión de estas revistas en cuanto llega el verano y hay que disimular los callos, las durezas y los juanetes con pintura fetén), y quedar bien en una fiesta familiar, vaya. Es la hipocresía de toda la vida, que ahora tiene formas nuevas. Les decimos a los demás (a los tíos que son sospechosos de machismo por naturaleza) lo que tienen que hacer y como tienen que pensar, pero luego hacemos lo que queremos (que para eso somos mujeres y nos gusta ser mujeres).

Lo malo es que las revistas han calado hondo, y la simplicidad sobre ser tía se ha multiplicado con la factoría Cosmo. Es fácil encontrarse en yahoo, sin ir más lejos, con consejos cosmopolitan que nos recrean y nos devuelven a la realidad. Diez trucos para cortar con el novio sin que se note, y mecanismos maquiavélicos por el estilo. Diez trucos para que se fije en tí. Diez trucos para lucir unos pies de ensueño. Así todo el día.

Luego nunca falta un artículito en la revista donde una mujer afirma en letras grandes: las mujeres no estamos pensando todo el día en arreglarnos, también sabemos ser solidarias. Ahí la risa se me atasca. ¿Es que no hay redactores jefes en la revista que la lean en su conjunto? Si dedicas treinta páginas a moda, estética, consumismo y egocentrismo variado, no será luego muy coherente que además quieran ser solidarias, porque no me lo creo. Ser todo es misión imposible, chicas de la revista.

Yo, que siempre he sido un observador del asunto, me reconcilio cuando me encuentro mujeres que vomitan y abjuran de estas revistas. ¿Pero no hay ni un artículo sobre ciencia? ¿Nada sobre historia o política? ¿Es que se creen que no pensamos más que en arreglarnos y en capullear por ahí? ¿Por qué no ponen algo sobre África? Pero no de la mujer en África, sino de lo que pasa en África. ¿Tan frívolas somos las mujeres que no pensamos más que en nosotras?

Es entonces cuando me siento más mujer que nunca. Porque si estamos hechos para pensar, como dijo Aristóteles, sería un error de la naturaleza no buscar la felicidad en pensar, aunque tengamos que renunciar a ser mujeres de hoy.

El agua de la fuente

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