El viejo libro de mi tatarabuelo: Juan Serrano Cerezo.

Reconozco que tengo un punto caprichoso; por eso me he comprado un libro que editó mi tatarabuelo, por parte de madre, padre, padre en la imprenta de YECLA, en Murcia. El libro debía andar desde hace tiempo por Valladolid, pues parece ser que se lo regaló el escritor, que fue notario en Yecla, un tal Manuel Redondo Reinoso, a un  amigo suyo de Valladolid Santiago Mercado González, que lo era también de la Catedral Metropolitana de Valladolid.

La vida da muchas vueltas, desde luego, y este libro ha llegado a mis manos esta misma tarde, procedente de una librería de viejo de Urueña. El ejemplar es de 1890, y realmente tiene  valor sentimental, que no el crematístico, pues realmente el libro está desfasado totalmente, al tratarse de Formularios de Derecho para Juzgados Municipales.

Es curiosa la vida cuando empiezas a indagar. Este señor, mi tatarabuelo Juan Serrano Cerezo, se casó con mi tatarabuela Amalia Ros Azorín, que era a su vez, sobrina carnal de Antonio Azorín Puche, el que da nombre al Azorín de la novela. Por aquel entonces estudiaron sus hijos en los Escolapios de Yecla, el mismo lugar en el que también estuvo interno durante ocho años el escritor Azorín, José Martínez Ruíz, que nació en junio de 1873.

Mi bisabuelo Rogelio Serrano Ros, primogénito de Juan Serrano Cerezo el de la imprenta había nacido seis meses antes, el 29 de diciembre de 1872. No hay motivo para no pensar que estuvieran en la misma clase y que se conocieron y fueron compañeros. De hecho su padre era de Yecla y su madre de Petrel.

La imprenta, al parecer, la heredó Juan Serrano de su suegro Leonardo Ros y Ferrer, que tiene la consideración en el pueblo de ser el primer impresor que hubo. Llegó de Fuente la Higuera (Valencia) antes de mediados del siglo XIX y se estableció en el pueblo con el oficio de escribano.  Se casó con Joaquina Azorín Puche, hija del los hidalgos de la familia Azorín Vicente y de los Puche del siglo XVIII por el pueblo. Al fallecer Leonardo Ros en 1888 dejó la imprenta a varios de sus hijos, entre ellos una parte a su yerno y su hija, Juan Serrano y Amalia Ros.

Sabemos que Juan Serrano Cerezo era ciego, condición habitual de muchos impresores. Con el tacto confeccionaban las planchas de la imprenta dada su sutil rapidez y velocidad con los dedos. Este libro lo hizo probablemente con sus manos. Las planchas que él compuso.

La imprenta fue heredada no por mi bisabuelo, Rogelio, sino por su hermano Adolfo, también ciego, que a su vez dejó la imprenta a su hija Amalia Serrano hasta que cerraron, quebraron o algo que sucedió por el siglo XX en los años previos y posteriores a la guerra. Hubo por tanto dos o tres generaciones de impresores que llevaron el nombre de Serrano, y que simpatizaron más bien con las posiciones liberales. También sabemos que publicaba estampas de la Virgen del Castillo y demás folletos de corte litúrgico, luego editaron varios periódicos liberales en los años de la guerra con Cuba; pero este libro, es el único del que tengo noticia que se publicara en la imprenta a finales del siglo XIX.

También viene en el libro la dirección de la imprenta, Plaza del Teatro 17. Hoy la calle toma el nombre de Alfarería, tras ser durante mucho tiempo plaza calle del Teatro, y después General Mola. La casa de mi abuela no está, y tampoco queda ni rastro la imprenta. Pero mi abuela se acordaba haber observado a las máquinas trabajar siendo ella pequeña. Sería 1915 aproximadamente. Ella tuvo amistad, una fortísima amistad con Amalia Serrano, la heredera de la imprenta, y por supuesto, casó con el nieto de Juan Serrano Cerezo, llamado Rogelio Serrano Villascusa. Siguiente generación.

Aquellas amistades se las llevó el viento, igual que la imprenta, los libelos libertarios, y las clases compartidas en los Escolapios, que fueron arrasados por la guerra. Nos queda el recuerdo. Y este libro que lleva su nombre y sus manos. Y nos queda Azorín y nos quedan sus libros. ¡Qué sean bienvenidos a las mesitas de noche!

Hoy rezaré por mis antepasados. ¿Por quién si no?

 

 

 

 

Acerca de Antonio José López Serrano

Nací en Valencia a finales de los años sesenta, pero casi toda mi vida la he pasado en Valladolid. A esa ciudad le debo lo que soy, lo que creo, lo que siento y lo que amo. En ella estudié Derecho primero y Teología después. En ella conocí a mi mujer y en ella ví por primera vez el rostro de mis hijas. En ella descubrí que la CREATIVIDAD puede ser amiga de la VERDAD, y que la AUTENTICIDAD es un bien escaso que se descubre PENSANDO y VIVIENDO. Trabajo como profesor de Filosofía en Secundaria y Bachillerato, y recientemente he descubierto una nueva pasión: ESCRIBIR. Disfruto escribiendo y me gustaría que disfrutaras leyendo. Como puedes ver, solo soy un profesor de filosofía al que le gusta pensar, rezar, escribir y amar.

Publicado el 16 enero, 2018 en Artículos de opinión., Noticias del autor y etiquetado en , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

actuapoli

Actualidad política y Administración municipal