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Artistas libres; artistas controlados.

Cuando a un artista se le encarga una obra, la ejecuta y cobra. No hace lo que quiere, pero gana dinero. En este mundo del arte, el que paga, manda. O mandaba. Así ha sido durante mucho tiempo en el mundo del arte, de los artistas y de los escritores. Por eso, amigo lector, si quieres vivir de esto, tienes que buscarte un mecenas. O ser independiente y funcionario.

Te recuerdo que un mecenas es cualquiera que te da dinero por lo tuyo. Puede ser un lector o amazon. El problema es que a veces la obra no gusta mucho cuando es terminada, o que gusta pasado un tiempo, o que no es ubicada donde te esperabas.

Me cuentan que a veces el cuadro no hace juego con el tresillo de casa porque es de colores apagados, aunque también hay casos donde el pagador se “pasa” de cuando en cuando por el taller del artista y le da instrucciones, aporta su visión de lo que debe ser, y lo que considera que está bien o mal según su criterio y su bolsa. Poderío, que se llama. Sí moana, dice el artista. Mejor colores claros que hagan juego con el tresillo. Lo que usted mande, señor editor.

Lo dicho, tú eliges, o independiente o lo que diga el jefe.

Esta visión no está tan superada como podría parecer. El que paga sigue mandando, y salvo que un artista tenga una familia con pasta, le tocará plegarse a las exigencias de su jefe.

Hoy los que pagan son muchos (lectores y compradores) y piden que tu obra sea agradable, rentable y que valga algo, aunque sea en el futuro. Que no es poco. Ya saben, si no gusta tu cuadro al propietario de la galería de arte, siempre puedes venderlo a tus amigos, conocidos, despistados y turistas manirrotos. A veces te lo compran pensando que vas a ser famoso en el futuro. Ya está. Se lo vendes.

A los poetas siempre les queda un último recurso. ¡Amigo escritor, si tu poesía no le gusta a tu editor, siempre puede declamarla en el Campo Grande de Valladolid a los pavos reales! No pasa nada. Así empezó Clarín y terminó suicidándose.

Cada uno tiene su caché y para no amargarnos, nos recordamos una y otra vez que van Gogh no vendió una morcilla en su vida, y que mira ahora. Lo descubrimos tarde. ¿Seguro? Digamos que generó dinero tarde, cuando el pobre ya había palmado y no podía hacernos cientos de cuadros de girasoles similares. Si le hubiéramos pillado a tiempo…

Pocos artistas ha habido en la historia del arte que hayan sido verdaderamente libres. Pero los ha habido. Casi siempre responden al creador que ha logrado alcanzar un estatus y reconocimiento a partir del cual, hagan lo que hagan, tienen éxito y son apreciados. Dejan de ser deudores de sus intermediarios, e incluso de su público. Hacen lo que quieren, desde el punto de vista creativo, y todo se les perdona y se les compra. Porque son de fulanito.

Esto permite a los autores liberados crear sin cortapisas, construir su obra, pintar lo que les da la gana y como les da la gana. O escribir lo que les parezca sin que nadie les diga lo que tienen o no que hacer. Así le sucedió a Victor Hugo, pero no a Cervantes ni a Shakespeare.

Siempre me hace gracia que los mismos que coartan en el presente la libertad de sus artistas en nómina, son los que afirman guardar un amor desmedido por lo que hicieron los genios con toda la libertad del mundo. Y así encontramos al mismo editor que rechazó “Cien años de soledad” o abomina de “Marcel Proust” dando lecciones de lectoescritura a una camarilla de adláteres escritores que trabajan sometidos a él en la editorial equis. Ese mismo editor es además el que otorga los títulos de buenos escritores a los de su pesebre con la concesión de suculentos premios. Si les dices algo te contarán que si el mercado patatín, el mercado patatán. Y que ellos defienden el arte. Pero no es verdad. Lo esquilman sin sostenibilidad para el artista.

Picasso pudo pintar lo que le daba la gana cuando tuvo un estatus de pintor genial. Antes no, pero luego sí. Lo mismo le sucedió a Dali, que firmaba lienzos en blanco para incrementar su cuenta corriente. En la música popular, los Beatles decidieron dejar de actuar en directo y pasaron a experimentar en el estudio de grabación de Abbey Road en Londres, entre otras cosas, porque estaban hasta los mismísimos tarantinos de dar conciertos donde no se escuchaban ni a sí mismos desafinar del griterío que había. Hasta aquí hemos llegado, Paul, dijeron. Y se acabó. Y tres años después “Let it be”.

Los Beatles hicieron lo que quisieron, experimentaron e inventaron como quisieron. Revolucionaron gran parte de la música, y siguieron vendiendo discos. Son seguramente sus mejores discos, los menos comerciales y los más interesantes. Si no hubieran sido tan famosos, no habrían editado ni la mitad de sus discos, y hoy serían un grupo más de los muchos que hubo en los años 60 por la pérfida albión. No habrían salido de su pueblo, vaya. Por muy molonas que sean sus canciones no tendríamos la psicodelia del Sgt Peppers, ni el album blanco, ni habrían llegado a cruzar Abbey Road, frente a los estudios Apple, que ellos mismos fundaron.

El otro día me contaban las penas de varios escritores consagrados, teóricamente consagrados y conocidos. Escriben lo que todos esperan que escriban. Si han parido una novela histórica buena tienen que escribir una trilogía. Y cuando tienen una trilogía, otra segunda parte de la trilogía. Y así se pasan su vida de artistas escribiendo lo mismo que una vez escribieron. Son envidiados por el resto de escritores; pero es curioso que muchos escritores consagrados envidian a los que no tenemos tanto éxito, entre otras cosas porque disfrutamos de libertad para escribir lo que nos sale del prepucio, el pucio y el pospucio.

Ellos viven de escribir, o mejor dicho, viven de reescribir aquello que les dio éxito, y lo reescriben una y otra vez. Nueva novela del año, la última de fulanito. Y es igual que las anteriores, incluso peor. No tienen el suficiente éxito para escribir lo que quieren y en ocasiones se van autodestruyendo. En cambio los pequeños escritores que no vivimos del tema, podemos escribir más libremente, aunque tenemos que alimentarnos de otro empleo para sobrevivir.

Es curioso que haya sido así en la historia de la literatura de manera tan generalizada. Abundan los escritores militares, periodistas, profesores, funcionarios, hijos de papá, etc.

Los artistas de nuestro tiempo están controlados por el pensamiento políticamente correcto. Pero también por los grandes inversores de arte, gente que ha construido una maquinaria para vender y comprar arte, libros o cuadros al por mayor. Esa maquinaria tiene mucho que ver con la política y las ideologías del mercado democrático. Artistas de izquierdas y artistas contraculturales. ¿Les suena? Hay público para todo, es verdad, pero los grandes del negocio quieren productos de bajo coste y mucha venta. Por eso hay arte basura, arte para usar y tirar, arte mercado y arte clandestino. Libros basura y libros de usar y tirar.

Por eso muchos artistas hoy se rebelan. Autoeditan sus discos, sus libros, sus novelas y su pintura. Son los nuevos genios que no quieren someterse al viejo mecenas, ni a las viejas formas.

Yo quiero ser uno de ellos. Como los poetas, que son los más libres de todos. A ellos les basta con compartirlo en las redes sembrando luces de belleza donde antes solo había caos.

 

 

Poema dedicado al niño Gabriel Cruz. Asesinado el 27 de febrero de 2018 en Níjar.

Gabriel tiene nombre de ángel.

Y sonrisa de cielo.

Tiene hambre de vida.

De vida y miedo.

 

Gabriel tiene manos frías,

el niño ha muerto,

Lo asesinó la envidia,

En un triste febrero.

 

Gabriel se parece a mis hijas,

y al universo entero,

de niños que nos preguntan:

¿dónde está el pequeño?

 

Y quieren jugar contigo,

volar con tus mismos sueños.

sonreírte en tu cumple,

bajo el sol del invierno.

 

Y para mi, no hay respuestas,

ni su madre consuelo.

Perdona, Gabriel. Pequeño.

Pescaíto eterno.

¡Anda, reza por nosotros!

Tú que ya estás en el cielo.

 

Poema de Antonio José López Serrano dedicado al pequeño Gabriel Cruz y a todos los niños desaparecidos.

12-marzo-2018

 

Versos sueltos de Navidad.

En el silencio de un pesebre,

Se adivina el rostro dormido de tu hijo.

Madre de los pobres y los sencillos,

 

En la soledad de una estrella.

se contempla la luz del ángel que anuncia.

Paz a los hombres que desean el bien.

 

En la alegría de los días de siempre.

Se desea que el Salvador nos salve.

Y ahora que sabemos quién eres y quién es tu Hijo.

Míranos como lo miras a Él.

Cómo nos mira Él.

Gracias, Señor. Me quedaré acurrucado a tus pies.

 

FELIZ NAVIDAD, FELIZ TIEMPO DE NAVIDAD 2017.

 

ENTREGA DEL PREMIO MIGUEL DELIBES DE NARRATIVA 2015

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Ayer por la tarde recibí el Premio Miguel Delibes de Narrativa 2015 que conceden los viernes del Sarmiento. (zarcillo?, no. Esos serán otros…). El caso es que fui la semana anterior, 12 de junio, para ver como era la cosa. Recité unos poemas míos (algo cutre, lo reconozco, y no volverá a suceder). Al final nos hicimos una foto (la de arriba). Estoy en el grupo con buenos e interesantes poetas. Yo estoy a la derecha, junto a mí está (de izquierda a derecha): Araceli Sagüillo (la presidenta de los viernes y fantástica poeta), Agustín Espina, Santiago Redondo, Amparo Paniagua y José Antonio Valle. Gente que declama sus versos con talento y arte. Muscho arte.

Una semana más tarde recibimos el premio, y nos hicimos la foto de los premiados, qeu es la que ha salido en el Norte de Castilla. La verdad es que es un honor estar entre gente tan talentosa. La foto la pongo, del recorte del periódico; pero si queréis leer la noticia entera pinchad en el enlace de abajo.

IMG-20150620-WA0000. Amén.

NORTE DE CASTILLA Y LA ENTREGA DEL PREMIO MIGUEL DELIBES DE NARRATIVA 2015

http://www.elnortedecastilla.es/culturas/201506/20/sombra-cipres-clausura-ciclo-20150619224154.html#

 

Por cierto, tengo que decir que en la foto faltan dos personas que llenaron la entrega de premios. Uno Carlos Aganzo, el Director del Norte, que también fue premiado, pero que restringe sus salidas fotográficas por el periódico. La otra fue Angélica Tanarro, Jefa de la Sección de Cultura del Norte, que nos contó sobre la realización y tarea del suplemento cultural La sombra del Ciprés, también interesante escritora, y me consta que magnífica y entregada periodista.

Yo añadiría una tercera persona importante para mi en la tarde de ayer, Fernando Rodríguez, que fue el que me entregó el premio, y cuya foto todavía no tengo. Para él un abrazo lleno de afecto. Luego cenamos, y se declamaron pequeñas obras de arte por parte de los premiados. Una gozada, la verdad, gente buena llena de palabras bien dichas, arte, belleza y ganas de escribir con el alma tanto como con la pluma.

Esta mañana me he levantado. Me he puesto la camiseta más a mano que tenía y me he hecho una foto con el trofeo, delante del mapa de Venturo Seco del Valladolid del siglo XVIII. Porque era la foto que no tenía.

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Y luego a comprar con mis hijas al supermercado. Que la vida sigue, y las letras no se detienen.

El poder del poeta.

La poesía no está de moda. No hay más que conversar con la gente para darse cuenta de ello. Ni gusta ni se la espera, dice la mayoría de la gente. Se ha convertido en el último refugio de los románticos y de los frikis. Leí una entrevista el otro día donde le preguntaban a una poetisa si no se atrevía a hacer novela. Su respuesta no puede ser más sólida: la poesía no es inferior a la novela. Pero esto el mercado editorial no se lo cree, que son los que acaban diciendo lo que es inferior y lo que es superior en este mundo.

Me gustaría saber qué novelistas contemporáneos se atreven con la poesía. Quienes pueden crear belleza con pocas palabras. Yo no distingo un novelista de otro, ni en estilo, ni casi a veces en temática. Da lo mismo que sea el Falcones, o la Dueñas, o la Pancol. Todos escriben igual, me parece a mí. En cambio en poesía nadie escribe como otro, nadie dice ni expresa lo mismo. Nadie te emociona con sus palabras como otro.

La poesía tiene algo de incorruptible frente a la sociedad de consumo que con su juego diabólico, quiere convertirla en valor económico. Cuando uno empieza a leer poesía, el mundo se calla y el ritmo mortal que nos inunda y acompaña en lo cotidiano se ralentiza y trasciende. La poesía requiere paz y sosiego para gustarla, y eso va en contra de nuestra forma de vida, la que nos ha impuesto la revolución industrial, hija del racionalismo, nieta de satanás. Por eso la poesía es rebeldía, porque va en contra de todo lo útil y valioso del mundo de hoy. Un poema pueden ser apenas doce versos, no llegan a cien palabras. Pero nos hacen llorar, emocionarnos, sentir, vibrar. Y eso es intolerable para un mundo que consume y consume palabras sin sentido. Las novelas parecen hechas para usar y tirar, pero la poesía está hecha para que la repitas y la fundas en tus labios, con palabras que puedes repetir al día siguiente y seguir encontrando la misma belleza otro día que te asomas a ellas. Son minutos cortos de belleza.

Es como aquel chiste que siempre que lo escuchas te hace gracia. Es lo que convierte en genial a Gila y sumerge en el olvido a cientos de monologistas. La poesía acaba con los yuppies de Wall street, sepulta a los mercaderes que todo lo quieren comprar. Porque basta con unas pequeñas palabras, para que uno se emocione. Es el valor del arte. Sublime e irrepetible. Puede haber cientos de miles de palabras escuchadas al cabo del día, incluso leídas por el mismo poeta. Pero hay tres versos que te rompen por dentro. Eso es poesía.

La poesía está ausente en la radio, ni un recitado en años. En la televisión, donde recitar poesía es perder audiencia. Como mucho se habla con algún poeta, se dice que han premiado a tal o cual señor o señora, pero la poesía en recitado, ni aunque nos maten la escucharemos con toda la fuerza de un buen rapsoda. Antes se hace un montaje con música e imagen que un recitado compacto y puro de poesía. Es la gran ausente de la sociedad, el arte que ingresa menos pasta al mundo. ¿Quién compra un poema a diez céntimos?

Se venden poemarios de cincuenta páginas por lo menos, porque un poema parece poco. Como si el precio de la literatura tuviera que ver con el número de palabras dichas en un momento. ¿Qué vale un poema? ¿A cuánto está la palabra? Verde que te quiero verde. Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Recuerde el alma dormida. Tenemos en mente cientos y cientos de palabras mágicas, dichas en poemas, en versos sueltos y atados, en silvas, sonetos, rimas asonantes y consonantes. Recitar y escuchar la voz recitando es una de las cosas con las que más disfruto y hago disfrutar. Con una palabra me basta. Es tan corta la vida y tan largo el olvido.

Como profesor me encanta recitar versos a los alumnos. Les pido silencio, y ellos callan porque no quieren sino escuchar para descansar de una explicación, de un dictado, de un análisis sintático, de unos ejercicios. Entonces se produce la música del poema. Sale con fuerza, con silencios y palabras dichas al viento, que encajan en sus oídos, acostumbrados a la palabra fácil y chillona. Y esto lo he comprobado. Sea el alumno que sea, más estudioso o menos, más bruto o menos. Casi todos se quedan en silencio, incluso emocionados cuando termino.

¡Que bonito! Se atreven a decir tras cuatro rimas de Becquer. ¡Qué precioso! comentaron tras la prosa poética de Platero y yo. ¡Es precioso, profe! me dijo el otro día un alumno del que jamás había sospechado que tuviera sensibilidad alguna. Y esta emocionado escuchando a Lorca.

Les cuesta entender lo que es una elegía, porque tienen pocas experiencias de la muerte. Pero reconocen el amor bien dicho. Saborean algo que les detiene en el tiempo, un micromomento poético que no viene en el móvil. Es una greguería sin tiempo para comprenderla…

Confieso que he descubierto la poesía, con toda su fuerza y poder, hace no muchos años. Dentro de la literatura, se le trata muchas veces como si fuera una hermana pequeña, casi residual, frente al poder de la novela de cualquier tipo y género. El capitalismo ha intentado doblegarla, pero la poesía es mucha poesía. En pocas palabras: emociona, corrompe, molesta, identifica, daña y agrede el alma como pocas artes son capaces de hacer.

El filósofo por antonomasia es para Nietzsche el poeta (como Heráclito), por eso escribe con un lenguaje narrativo su gran obra Así habló Zaratustra. El poeta es un contestatario, un corruptor de menores, una mosca cojonera, un flautista de Hamelin con la flauta de sus palabras, un malvado con una varita mágica, o un hada que cambia la vida de las personas con una palabra adecuada y a tiempo.

Los grandes de la literatura han tenido en algún momento de su vida el desliz poético. En otros casos fueron poetas que escribieron novelas, o cuentos cortos, o lo que fuera. Yo también he escrito algunos poemas, pero no los quiero sacar a la luz, pues temo que se pierdan en la vorágine de la prisa. Los míos no sé si son buenos. De momento lloro con otros grandes poemas. Con otros poetas. Poderosos conmigo.

EL PAN LECHUGUINO DE PUCELA SE COMIÓ LA BUTIFARRA CULÉ.

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¡Qué pena dan los aficionados de los equipos grandes, Barça y Madrid! Tan prepotentes los pobrecitos. Deberían mirar a su alrededor y defender los colores de los equipos de sus pueblos, sus atléticos y sus deportivos balompiés. Hay que aconsejarles encarecidamente que abandonen a los grandes por el bien del fútbol; y dejar los sueños de grandeza de los que viven en Madrid y Barcelona para los que viven y nacieron allí. El resto podría vivir perfectamente disfrutando del fútbol siguiendo al equipo de su pueblo. Vayamos al grano con esto.

En España todo el mundo es del Barça o del Madrid en estadísticas que sorprenden. El 35% se declara del Barça, y el 70% del Madrid. Luego sigue de lejos el Atlético de Madrid, con un simplón 15%. Y luego se acabó. Nadie es del equipo de su pueblo si no tiene otro más grande cerca que gane algo, y para cerca Madrid y Barcelona. Esta gente tiene el corazón dividido y no saben que hacer cuando juega el Madrid contra ellos. Les confunde la tele. Y es que yo creo que es porque no les gusta el fútbol, y para disimularlo se aprenden de memoria el peso y talla, procedencia y número de calzoncillo de sus jugadores. Y así les va.

Son ilustrados del fútbol, se creen que saben, y no han pisado un estadio en su vida, ni han visto evolucionar un equipo, ni nada de nada. Presumen más que una mierda en un solar (que decía mi abuelo) cuando ganan a un rival al que ningunean llamándolos “equipos pequeños”, “la otra liga”, y frases por el estilo. De hecho recuerdan más los partidos que han perdido que los que han ganado; y por supuesto, disfrutan más viendo perder a su eterno rival que ganando ellos. Son perdedores natos que ansían ganar algo importante alguna vez, pero como lo ganan casi todo, el fútbol no tiene aliciente para ellos, excepto conseguir el “casi”. Y lo contagian a sus equipos que son aburridos e indolentes, además de inmorales, claro.

El Madrid solo sabe jugar bien cuarto de hora por partido. Lo suficiente como para meter tres goles. Luego en su arrogancia aburren al respetable, cuando salen saludan a los niños discapacitados (para que no digan que no tienen alma), y se acabó. Dan poco ejemplo de trabajo y sacrificio, y no parece gente de bien (que no digo que no lo sean en su casa), excepto los que se sientan en el banquillo y los ceden al año siguiente. El Barça otro tanto de lo mismo, aburren tocando y tocando el balón mientras te meten goles y goles. Un coñazo.

Yo que voy al campo lo he visto: cuando los grandes no ganan reciben ayuditas de los árbitros, que siempre arbitran molestando al equipo pequeño (comprobado estadísticamente). Los equipos grandes suelen ser muy protestones y chuletas (que si el campo, que si me ha empujado con la ceja…), pero casi nunca los echan por mucho que den la lata al árbitro. Se les sanciona con benevolencia, y presumen de que gracias a ellos hay fútbol en España. En cambio, con los pequeños el trato es otro. Somos la morralla para los de la LFP, para los periodistas nacionales y para sus titulares, que siempre ponen algo tipo “el barça perdió, o el Madrid ganó”, pero nunca el Valladolid ganó. Aunque lo haga. Es la misma cantinela desde hace años, pero no por antigua deja de sonar entre los modestos de las liga.

Lo único importante para los “barsamadridistas” es ver que hace el rival, a ver si la caga empatando. La liga por arriba es siempre igual, a nadie se le ocurre pensar que la liga la pueda ganar otro que no sean ellos. Son rivales pero en realidad son el mismo equipo. El Barça y el Madrid son el mismo equipo, el de los “Prepotentes Fútbol Club”. Y sus aficionados son de uno u otro equipo por antojo, que es como decir porque se me ocurrió. Nunca he visto conversos del Madrid o del Barça, gente que cambie de equipo, y es porque son el mismo equipo. Los demás somos mucho más dignos, somos de nuestro club manque pierda. Y nos acordamos más de las victorias que de las derrotas.

Me detengo en la afición pucelana que destaca por sí misma. En primer lugar tiene un estadio acorde al hablar de la gente. Zorrilla, un gran poeta. Los comentarios en las gradas sobre el juego son auténticos recitales narrativos. Mira sino a Leo Harlem, pucelano sin tacha y gracioso como nadie. En Valladolid: cada tres aficionados cuatro entrenadores, es verdad, pero lo importante es el sosiego y respeto que nos produce siempre el rival. No gritamos más de la cuenta, y por supuesto no cantamos nada de nada. Ni cuando hay que cantar. Esto es porque no nos gusta escupir las migas de nuestros bocatas al vecino de delante. Como mucho tiramos pipas, y pocas porque se congelan las manos.

Pero esto no es frialdad, es educación. En Zorrilla solo insultamos al árbitro y poco. Con un aislado “pelele” y “ponte gafas” vamos sobrados de agresivos. Siempre hay excepciones en peñas miméticas, pero son los menos. Aquí todo es muy nuestro. Con decir pelele ya hemos recreado la condición humana lo suficiente. No nos enfadamos, ni vociferamos poniendo la cabeza al otro como un bombo como hacen en los demás estadios, donde insultan a los suyos cuando juegan mal. No tienen corazón ni sangre blanquivioleta y se nota. Otras aficiones son muy pesaditas, se ponen a cantar, a saltar, y a gritar animando a su equipo. En Zorrilla no animamos al equipo, simplemente somos parte del equipo, y solo hacemos la ola cuando tenemos el resultado garantizado, o sea casi nunca. En Valladolid todos corremos por la banda, ganamos y perdemos sin aspavientos, con la pena y la alegría del que quiere a su club, sin exaltaciones que anulen nuestra noble condición, (esto es muy de Pucela). Aquí estamos por encima de los arrumacos y gemidos que dedican otras aficiones como la bética. Está muy bien para ellos, pero aquí somos tranquilos, porque las formas es lo fundamental, y en Valladolid andamos sobrados de buen tono.

Nuestros logros son efímeros, como todo el fútbol es efímero y pasajero. Pero aquí lo sabemos y no nos disgustamos por ello. Somos el único equipo del mundo (que yo sepa) que ha ganado un partido sin tirar una sola vez a puerta, gracias a que el rival lo hizo en propia meta. Y tenemos una Copa de la Liga, lo cual demuestra que nadie es perfecto. Eso nos hace ganar en humildad. No exigimos al equipo más de lo que puede dar, y si no ganamos la Champion todos los años es porque no tenemos pasta para hacerlo. Por eso nuestro mérito no es nuestra masa social, ni nuestro patrimonio. Nuestro éxito consiste en haber patentado un estilo de juego único en España: el vencemuelas, que ahora paso a explicar, y cuya última víctima ha sido el Barcelona Fútbol Club, y cuyo estadio se llama traducido: Campo Nuevo. Aquí nuestro Campo es Grande, pero ese es otro tema.

El Vencemuelas consiste en que cuando parece que vamos a perder todos los partidos que nos quedan, cuando nadie apuesta por el Pucela, entonces los jugadores (que sueñan con jugar en el Barça y el Madrid), como no los fichan porque allí no hay hueco para nadie sin abuela, pues deciden ese día ser cojonudos. Y te meten goles de chilena, de falta, de corner, en plan Rubén Cano como el otro día, o como sea. Así es el Pucela. Aquí se han formado muchos buenos jugadores, por ejemplo Diego Costa, Hierro, García Calvo o Caminero. Y los tenemos a pares: los Zarandona, los Lesmes y los Barajas. Ahora todo el mundo habla de Costa, pero había que verlo deambular por Zorrilla cultivando la humildad y la impotencia para cuando volviera al Atlético de Madrid. Fue un año que bajamos a Segunda, creo, y al siguiente volvimos a subir  haciendo lo mismo pero con mejor defensa. Que segunda es eso. Nos da igual.

Con el sistema Vencemuelas hemos vencido al Barça, eso nos convierte en los mejores de la Liga, así que a animarse y a ganar. Eso es Pucela.

Yo no sé si nos salvaremos este año, y es que todo el interés de esta liga la estamos poniendo el Pucela, el Rayo (guiño a Alba), el Betis, el Málaga y los malos de siempre, pero esto es así, los grandes aburren, pero como tienen afición atraen a los bares al respetable los fines de semana. Es mejor ir a Zorrilla. Yo no me pierdo otro partido.

Ah, y tenemos otro éxito: no perder ni un partido la única vez que jugamos la Uefa, nos echaron empatando. ¿Alguien da más? El Pucela es único, por eso nuestra sangre es blanquivioleta: resucitada y mortecina a la vez.

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