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Una tarde con el poeta Jesús Hilario Tundidor.

Conocí al poeta zamorano Jesús Hilario Tundidor la misma tarde que me entregaron el premio Miguel Delibes de Narrativa 2015. Fue en la sede del BBVA en Valladolid, lugar donde el grupo de amantes y amigos de la poesía, Viernes del Sarmiento, se entregaba con devoción para desgranar poemas y sensibilidad en tardes mágicas como la que viví con ellos.

A mi me habían concedido el premio Miguel Delibes de Narrativa 2015, premio que acostumbraba a entregar en tiempos anteriores a su fallecimiento, el mismo y genial escritor Delibes. Aquellos encuentros almacenaban décadas, y lo hicieron de la mano de poetas tan extraordinarios para nuestra tierra como Andrés Quintanilla Buey, Antonio Piedra, o la misma Araceli Sagüillo, poeta y esposa de poeta.

Por desgracia, la sombra del tiempo se da cita todos los días, y aquellas tardes de rapsodas y de versos estaban cerca de tocar a rebato, pues los esfuerzos cansan y los dolores oprimen. Nunca podremos agradecer lo suficiente a Andrés Quintanilla y Araceli Sagüillo el esfuerzo que hicieron durante tantos años, y el aliento y la luz que despertaron -y despiertan- en tantos poetas que ayudaron y fertilizaron con sus letras. En aquellos días conocí a José Antonio Valle Alonso, Santiago Redondo, Carlos Aganzo, Amparo Paniagua… La poesía sigue presente en sus vidas, me consta; por lo que queda esperanza para el mundo.

Tras la entrega de los premios, nos invitaron a cenar en el Hotel Felipe IV, donde cada uno agradecía y exponía con pequeños versos y aromas de palabras lo que en buena cosecha habían recogido recientemente de sus almas. Acudí con mi esposa, y nos juntamos un pequeño grupo de poetas y amigos de poetas. Allí compartimos belleza los galardonados, entre ellos Jesús Hilario Tundidor. Intercambiamos saludos, palabras, felicitaciones y comentarios. Nos miramos a los ojos, nos reconocimos en el arte de la palabra y encendimos el fuego de la nostalgia, la melancolía y los versos volátiles que se van y que quedan.

Yo, en aquel extraño grupo, era el de la narrativa, por lo que decidí no improvisar más versos sueltos de los convenientes. Era mi primer premio, y para Tundidor, quizás uno de los últimos. El poeta zamorano había recibido ya por entonces el Premio Castilla y León de las letras, creo que en el 2012; y recogía con nosotros el reconocimientos a toda una vida desgranando versos. El hombres estaba estupendamente, hablaba, preguntaba y escudriñaba el saber con la afabilidad del que busca la belleza en todos los rincones de la vida. Me pareció un hombre extraordinario. Amable y dulce, fuerte y cálido, sensible y poeta. Una gran persona, un hombre lleno de vida y de fuerza, cuya pérdida deja un hueco en los amantes de la poesía.

Disfruté de la velada y agradecí el premio con unas bellas y hermosas palabras. Por suerte fui de los primeros en hablar, pues eso me permitió relajarme para escuchar y deleitarme con el sabor de las palabras que mis compañeros de mesa fueron entregando a los presentes. Recuerdo la armonía y belleza de los versos de Antonio Piedra, la sencillez y fuerza de Carlos Aganzo, y la genialidad de Jesús Hilario Tundidor. Me caló su poesía quizás más que ninguna otra, y comprendí por qué estaba ante uno de los grandes de nuestra tierra, y por tanto del mundo entero. Aquellos versos, atinados en un recitado sólido y potente, evocaron en mi sentimientos que recuerdo perfectamente. Poder, nostalgia, belleza, fuerza, compromiso, vida…

Cuando ayer he tenido noticia del deceso, he pensado en aquella tarde y en la amabilidad de la conversación que mantuve con aquel genial poeta zamorano.

Gracias Jesús Hilario Tundidor. (1935 – 2021)

PD: Yo también quiero ser llorando el hortelano, / de la tierra fecunda de tus versos.