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Idiotas con pedigrí.

Tras doscientos años repitiendo mentiras inducidas y mentiras ilustradas, los muy idiotas han alcanzado el pedigrí para ser los más imbéciles de la Tierra. Nos rodean y están por todas partes. Invaden las redes y los medios, que es tanto como decir las calles y el ágora. Son gilipollas y sumisos a un tiempo. Y son los que más me asustan.

No saben que son imbéciles y esclavos del adoctrinamiento que han recibido a lo largo de toda su vida. Se creen libres y auténticos, pero son copias de ignorantes. No saben razonar, no escuchan, no se interrogan, y en lugar de hablar rebuznan. Son clones inanes con picores en las bragueta que justifican sus debilidades como si fuera un derecho y una liberación refocilarse como un puerco. Y una puerca. Son lectores de El Pais, pero también abundan en el ABC, en el NYT.

Son peligrosos porque no saben que no saben, y además son peligrosos porque exterminan a los que tienen algo que decir, a los sabios. Los anulan y persiguen con sus consignas de medio pelo. Gritan y se jactan de que dominan la verdad, y no saben que siempre es más fácil una consigna que un argumento, un rebuzno que una explicación, una burla que una apología. Y un artículo que un libro. Invaden tertulias y memes, y se aseguran su opinión colgando en la red lo mismo que acaba de pensar otro clon semejante a ellos. Nunca escuchan, pues nunca aprendieron a escuchar.

Da igual que tengan carrera, estudios y buenos trabajos, pues jamás les dieron un criterio sólido para pensar por si mismos. Nunca paladearon una experiencia espiritual, mental o humana. Les negaron cualquier atisbo de religión y trascendencia, y se han convertido en adoradores de sus felices heces. No saben de Dios, ni de la eternidad, ni de sufrir, ni de los hombres. Leen lo que deben leer, y piensan lo que otros dijeron que debían pensar. Pero ellos se creen exclusivos y auténticos. Les bastan sus consignas y sus series favoritas  para entretener el pajarito y la pajarita. Infelices inconscientes de la verdadera felicidad. Arrebatados a Dios y condenados a la pobreza intelectual. A la ignorancia de vivir rodeados de libros que nunca podrán abrir y que no podrán leer; pues sólo puede leer el que está dispuesto a escuchar y a aprender.

Sin argumentos, sin razones, sin oídos y sin genio. No saben, y no saben que no saben. Son idiotas con pedigrí.

Han vivido adoctrinados bajo el dominio de los califas rojos, en clandestinidad y fuera de ella, y no van a cambiar. Se creen puros y buenos, sin conciencia para que no moleste, pero con tanta culpa que andan a la caza y captura de una banda de psicólogos que limpien de hedor su ponzoñosa piel. Llevas golpes en el alma, pero nunca reconocerán que sus males proceden de un divorcio que es moderno, de un abortorio que les arrancó un hijo o de un egoísmo enfermizo que los ha dejado en larvas de oruga primero, y en capullos muertos sin posibilidad de mariposear las letras. Se debaten en si son carne o pescado; y desconocen que serán vomitados.

Son los mismos que persiguieron a los cristianos en Roma, a los judíos en Europa, y a los contrarrevolucionarios en Francia o Rusia. Son los que quemaron iglesias en España, asesinaron monjas y poetas; para luego correr a apuntarse al bando vencedor por creer que dice la verdad. Bandos que cambian tanto como ellos, siluetas de manos o puños, svásticas y hoces con martillos, banderas arcoiris, república o la olímpica. Tanto da. Son los que reivindican la muerte en cualquiera de sus momentos: al principio de la vida, al final y en medio. Y creen que leer es tener noticias de un último bestseller.

Son los que perseguían a los portadores de gafas por ser enemigos del pueblo. Son esos mismos, los que ahora olvidan las letras y la corrección en el lenguaje haciendo de la inclusividad una pose nefanda. No saben hablar, pero hablan; no saben pensar, pero repiten lo correcto; no conocen la vergüenza, y no saben que son los nuevos cínicos, los perros sin atar que se lamen sueltos las heridas que les han dejado sin cicatrizar.

Están en la Junta, en el Gobierno, en los aularios y en la televisión. Son políticos y aprendices de político, entrenadores de fútbol y aficionados a un tiempo. Conocedores del coronavirus y asesores de barrio y de Naciones Unidas. Son gentes que se asoman como expertos, sindicalistas y protectores de la humanidad, de la sociedad, y de su estatus de cabrón alcanzado a fuerza de años sin aprender, sin leer, sin saber. Les basta con repetir lo que otros dicen. Repetir y repetir. Aparecer como sabio, con consignas estúpidas de un poder omnímodo que nunca he tomado en serio.

Nunca escuchan y nunca aprenden nada nuevo.

Cuando era joven creía que nadie se tomaba en serio lo que decía Txiqui Benegas, que hablaba porque la actividad política consiste en decir idioteces para que el rival político parezca peor. Hasta que comprobé que las mismas frases y consignas del Txiqui eran repetidas por un catedrático en una sala de profesores. Entonces me dí cuenta de que estaba todo perdido. De que no había salvación en mi país.

Y han pasado más de veinte años.

Han dejado su impronta en los chavalitos y chavalitas que han sido educados en las consignas de la propaganda del no pensar, del lenguaje inclusivo, del buenismo barato y de la asertividad que no tiene miedo al ridículo. Son Podemitas sin lecturas, apolíticos sin cerebro, aberronchos de usar y tirar que no disponen de recursos para oponerse. Quizás todavía escuchan algo, pero cada vez menos. Con los años dejarán de aprender y de escuchar, si es que alguna vez lo hicieron.

Son el residuo de una nueva sociedad que se ha hecho fuerte en los medios y que amenaza con destruir la cultura occidental mientras nos exigen un minuto de silencio ante una muerta, y salen de fiesta cuando los cadáveres son demasiado numerosos para contarlos.

Muchos ya gobiernan este país, otros empuñan micrófonos en mano sin avergonzarse de sus liendres intelectuales y mentales. A menudo repiten consignas educativas sin reparar en los cientos de vidas que han destruido por culpa de esas mismas consignas. Les da igual y ya son inconscientes de su estupidez. Se creen superhombres y sólo son estereotipos de sí mismos.

Por eso añoro aquellos tiempos en que los ateos leían a Nietzsche y se preguntaban por su fe. Al menos se podía hablar con alguien inteligente que se hacía preguntas inteligentes.

Perdiendo libertades, retrocediendo en derechos.

Todo el mundo coincide, derechas e izquierdas: en España hay menos libertad ahora que hace treinta años. ¿Por qué? La tragedia no es exclusiva de nuestro país, pues también se afirma la pérdida de libertades en México, Estados Unidos, Francia o en Alemania… ¿Qué está sucediendo en nuestro mundo para que haya un retroceso en la libertad de expresión, cuando precisamente los sistemas políticos democráticos, defensores de las democracias, son los que han triunfado frente a los totalitarismos del siglo XX? ¿Por qué ahora que no competimos contra las tiranías, hemos convertido nuestras sociedades biempensantes en reductos de fanatismo y de persecución? ¿Quiénes son y qué políticas e ideologías restringen las libertades? Adivina, adivinanza.

Los datos se van repitiendo. A Coque Malla le reprochan una canción que hizo hace años, lo mismo a Mecano. No es correcto, es machista, no es correcto, es homófobo, no es correcto, y deben pedir perdón. No es correcto, nos repiten. Por eso ya no se oyen las opiniones de los obispos en los medios de comunicación social, porque están vetados. Tampoco hay catedráticos discrepantes, gentes de universidad con ideas diferentes. No es que no existan, es que están ninguneados y sus opiniones perseguidas cuando afloran. Por eso se tienden a esconder. Son fascistas, ¿qué si no? ¿Tenemos que pedir perdón por lo que dijeron nuestros artistas hace treinta años? ¿Tiene que pedir perdón Aristóteles, San Agustín o Santa Teresa de Jesús? ¿Es un fascista Cervantes,  Ortega o Julio Iglesias por lo que dijeron en su tiempo y en su sociedad? Ya no tienen credibilidad, por lo que la humanidad ha sido desposeída de su historia y de sus pensadores. ¿Empezamos de cero? Vale, ¿volvemos a la tiranía que encarceló a Platón, aquel gran clasista, machista y fascista?

Es evidente que nuestra sociedad ha evolucionado desde lo que la izquierda ha venido en llamar ingeniería social. Las posturas defensoras de la familia, los hijos, la mesura o la tolerancia han sido criticadas y vejadas hasta el extremo de ser tachadas permanentemente de fascistas. Es el triunfo de la pereza intelectual. Todo lo que es contrario a la ingeniería social y cultural de las ideologías de género, o de los ecologismos contemporáneos, es tachado inmediatamente de patriarcal, de machista, de favorecedor del asesinato y la violencia, y por tanto malo en sí mismo. No hay ninguna posibilidad de dialogar. Por eso el machismo es siempre radical y malo; y el feminismo tiene matices en su defensa intelectual. Todo es calificado y etiquetado bajo tales parámetros, y no se escapa nadie. Si comes carne eres un maltratados de animales, y si comes espárragos un falócrata y un salido.

La persecución se está extendiendo con cada día que pasa, y el radicalismo llega a las nuevas generaciones que son incapaces de leer nada de literatura, poesía, historia o filosofía sin que perciban machismo por todas partes. Se les está educando para que no vean otra cosa, y esa es la desgracia verdadera y profunda de nuestro tiempo. Ciegos e ignorantes que van diciendo lo que vale y lo que no. Emiten juicios de valor a la historia, y nos quedamos en bragas, desnudos, bajo la intemperie y a merced de que cualquier listillo nos diga lo que tenemos que pensar. Eso es Podemos, pero eso es también el Frente Nacional francés. Son los que dicen lo que tienen que decir la siguiente generación.

Cuando afirmábamos hace unos años que la falta de cultura y la ignorancia cultural traería una manipulación mayor de las masas, no nos equivocábamos. Aquel futuro hace tiempo que es presente, y las nuevas generaciones están más concienciadas. Bueno, en realidad están sólo concienciadas y nada ilustradas. Desconocen el valor de lo tradicional, y la sociedad se ha, por desgracia, fracturado brutalmente. Todo es machismo, todo lo anterior al móvil y las redes sociales es una basura y no vale nada. No nos lo dicen, pero nuestros jóvenes lo piensan. Y los mismos que están alimentando al monstruo empiezan a darse cuenta de que los está devorando. Ya son una masa incontrolable que se está adueñando de la sociedad. Cursos, leyes, televisiones… todo es políticamente correcto; es decir, todo es dictadura y pérdida de libertad. Nadie puede ni debe discrepar, o será perseguido en las redes sociales, en el mundo, y truncadas sus posibilidades.

La incoherencia de la nueva sociedad no es un freno. La posmodernidad no tiene complejos, no es como antes. Al contrario, es la fragmentación la que absolutiza cada fragmento. Se puede tachar de machista el cuento de caperucita, y a la vez estar sometido a los controles del móvil que ejerce la pareja. Son radicales en lo que rechazan, que es casualmente lo cultural. Así es. Se puede estar horrorizado y ser beligerante con el racismo del amigo Trump, y a la vez odiar a los que piensan diferente. Intolerancia disfrazada de radicalismo y tolerancia cero. Se puede defender en público el libertinaje sexual, y a la vez exigir fidelidad en privado. Nada importa, todo vale, menos el machismo, los negacionistas y los católicos. Son sus dogmas.

La consigna que tuvieron hace años, afirmaba que cada cual hiciera con su vida y con su cuerpo lo que quisiera. Pero eso ha cambiado. Sin negar la premisa, ya no se puede pensar como se quiera, ni se puede actuar como se quiera. Vida y cuerpo para lo que quieras, pero pensar lo que se quiera no. Eso nunca.

Es la muerte de la democracia, y lo hace de la misma forma que anunció Aristóteles, vence la demagogia, la estupidez y la ignorancia. Vence la intolerancia del que es incapaz de escuchar un pensamiento contrario al propio. Cualquier discurso será bueno para ellos si dice lo que todo el mundo quiere escuchar (aunque sea mentira); y cualquier discurso será malo si dice lo que la sociedad rechaza públicamente, (aunque en privado se le dé la razón). Hermanos, bienvenidos a la clandestinidad.

 

 

Regalar condones no es educación sexual.

Hace años salió un estudio de un señor de la Universidad de Harvard que afirmaba que había una relación directa entre las campañas pro-preservativo y el aumento de embarazos no deseados de un pais, incremento del sida, enfermedades de trasmisión sexual (ETS) y aumento del número de abortos. Por mucho que se hicieran campañas queriendo educar los comportamiento sexuales y éticos de los jóvenes, en realidad lo que querían era regalar condones (debe ser un negocio más rentable que vender libros).

Y claro, como aumentaba proporcionalmente el número de relaciones sexuales irresponsables (eso que todos conocemos como la promiscuidad) pues ahí estaba el negocio para las empresas del sector. Más promiscuidad, más relaciones, más irresponsables dándole a la cadera, más embarazos. Eso justificaba que los ideólogos del tema alimentaran que se tuvieran que regalar más condones, más campañas para gastar pasta, más condones vendidos, más promiscuidad, más irresponsables pensando que no hay que reprimirse, etc. Pero al final todo parece que se ha descontrolado: más violaciones, más abortos y más adictos a la pornografía. A nadie se le ocurre decirle a un pimpollo de estos que no folle, porque se te ríen en tu cara.

Los datos sobre pornografía lo confirman. Llamo la atención que los 11 años es la edad promedio que un niño ve pornografía por primera vez. ¡Viva la Pepa! Esto hay que agradecérselo a los que han hecho ingeniería social durante estos últimos años en el mundo (casualmente suelen criticar mucho a la Iglesia y a las religiones… ), pero un poquito de autocrítica y humildad no les vendría nada mal.

La verdad es que la liberación sexual que preconizaban los listillos y listillas de los años 60 del siglo pasado han logrado en muy poco tiempo descomponer la afectividad humana y su sexualidad En realidad decían que por culpa de la represión de la iglesia – ¡Ven Señor, no tardes! – había violaciones, desequilibrios sexuales y una cantidad de enfermedades mentales castrantes para la humanidad en su conjunto; y que la sexualidad vivida con naturalidad lograría equilibrar y armonizar la vida de las personas. Decían que había que liberar a las mujeres de sus represiones, y obligarlas a liberarse para que tuvieran una vida sexual sana y controlada. O sea, que se pusieran a cuatro patas, que se formaran grupos de intercambio de parejas, que había que disfrutar después de siglos de represión haciendo cosas raras.

Fue entonces cuando llegó el destape, el erotismo, las tías enseñando las piernas, las tetas y el culete con morritos tipo BB. Aquella primera liberación sexual consistió en convertir a la mujer en el icono más humillante de la historia. Si se vendía un coche había que mostrar a una tía en pelotas dentro del coche, y si tenía que fregotear la casa, la madame lo hacía en minifalda. Solo los reprimidos miraban, claro. El resto de la especie humana se estaba esclavizando en una sexualidad burda y facilona. Las páginas centrales de algunas revistas eran fundamentales para que el resto de la revista ganara en credibilidad, supongo. La liberación fue un desastre incluso al principio, aún así siguieron prometiendo la felicidad al hombre.

Ahora la liberación sexual consiste en que tenemos a los niños a los 11 años consumiendo pornografía. Una práctica, la de la pornografía, que es altamente adictiva, y no me lo invento, simplemente reproduzco lo dicho por expertos en adicciones. Es decir, nos están convirtiendo en animales, no solo con el animalismo ideologico, sino con la reducción mental y espiritual a la que estamos sometidos usted y yo. Menos Dios y menos religión, y más sexo. ¿No lo ha notado?

Pretendían el equilibrio y la liberación, el fin de las represiones humanas y han logrado lo contrario, más desequilibrado sexual, más adicciones y una sed incontrolada de buscar el placer sexual de manera constante. La liberación sexual ahora, siglo XXI, consiste en que tengo que dejarme dar por culo por mi novio, porque si no me abandona. Esa es la sexualidad de nuestros jóvenes, tan listos y tan adultos. Los tíos matándose a pajas con la pornografía internáutica, y las tías entrando por el aro, porque están condenadas a vivir con la generación más esclava de la historia de la humanidad. Esa es la liberación.

Eso sí, los sabios que nos han desorientado sexualmente en los últimos sesenta años, siempre han querido hacernos un favor, y para eso nos educaban, educación sexual, chicos. Hoy toca el punto G.

Realmente, y me dejo de ironías, la educación sexual en España siempre ha sido algo deficitaria. Recuerdo cuando yo tenía 14 años que vino un señor a clase que decía ser médico y que nos contó un montón de entresijos sobre la anatomía humana. Ya está. Ni una palabra sobre anticoncepción, cosa que agradezco profundamente, porque no potenció que nos arriesgáramos. Un amigo mío le hizo la pregunta del millón, que si nos iba a explicar lo de las posturas y eso. Se echaron a reír, y no. Que cada uno haga lo que pueda respetando al otro. Y estupendo. Lo mejor que podía habernos dicho. Desde luego no vino ningún cretino a regalarnos condones diciendo que fuéramos muy felices (ahora es lo que hacen), ni una vendedora de marcas “clean” regalando tampones y compresas a las chicas contando que no pasa nada, y que no huele ni traspasa (lo han hecho durante muchos años para conseguir clientela).

Vivo en un país, y supongo que un mundo, donde la educación sexual se tiende a confundir con regalar condones. Por eso las cosas hay que ponerlas en su sitio. En realidad, si hablas de educación de comportamientos, tendrás que hablar de la reflexión que trata el comportamiento, o sea la ética.

La ética clásica kantiana alude a la necesidad de tratar al otro como si fuera un fin en sí mismo, de darle una dignidad, el cristianismo y su ética hablan de amar al prójimo, de procurarle el bien. La educación sexual debería hablar de autocontrol, de represión ante los impulsos, de dominio de la persona en aras de una decisión y una entrega al otro. Las ciencias experimentales han sido las encargadas de educar durante muchos años, pero ellas no hablan de autocontrol, ni de entrega, ni de amor gratuito. Me refiero a la psicología, sexología, sociología y demás mandangas, que con sus sabios consejos han logrado que aumenten las Enfermedades de Transmisión Sexual, el número de abortos y la infelicidad entre las clases populares.

– Regalamos condones y luego resulta que no los usan.

Solo un tarado puede pensar que está “solo” regalando condones. ¿No ves que estás diciendo que no pasa nada, que es divertido y que es un juego? Es potenciar la irresponsabilidad, dejar la educación sexual en manos de gente que no tiene ninguna ética. ¿Qué sexualidad va a educar un señor que ve pornografía por la tarde en su casa y que va por la tercera  pareja? Les dirá lo que hace él. Aquí van los datos.

O sea, que tras años y años desorientando la sexualidad de las personas, haciendo que la gente sea más promiscua e infeliz (más enfermedades y más aborto), supongo que habrá que decir que podemos educar la sexualidad de otra manera.

En realidad sí hay otra manera, la que propone la Iglesia desde hace siglos (la gran enemiga demonizada de todos estos liberadores). Más fidelidad, más amor, más respeto, más continencia, más castidad, más autocontrol, más encuentro, más diálogo, más mirar a los ojos al otro. Porque para tener sexo, primero hay que mirar al otro y quererlo tanto como la propia vida. Eso es sexo. Que nos lo enseñen, por favor.

El cautivo voto cristiano ha sido liberado.

 

urna

La fotografía recoge perfectamente lo que suele pasar con el voto cristiano. Vota aquí, da lo mismo, dice el simpático contenedor de basura, y es que la ingeniería social de la izquierda ha logrado, en connivencia con la derecha, suponemos ahora que laicista y masónica, que los cristianos no tengan casi opción para votar, o mejor dicho, que tengan el voto al borde de la histeria. Me explico, porque creo que vale la pena ahondar en una de las cuestiones más interesantes para la antropología cultural de nuestra sociedad española.

Pertenezco a la generación de cristianos con poco olor a naftalina, más del Concilio Vaticano II que de las grandes manifestaciones tumultuosas proviva el Papa, aunque todo seguro que se hace ad maiorem gloriam dei. Creo que “Lucha y contemplación” han sido los dos grandes lemas que sedujeron a cientos y cientos de cristianos a lo largo de la historia, y que en su momento me sedujeron a mí, como a tantos cristianos de base, de pie, de asfalto, de estudios y de grupos cristianos, a veces olvidados por las curias, y otras ninguneados por los poderes políticos. Poder vivir desde esos dos ideales, de la oración en profundidad, y del compromiso social y cultural transformador, es una gracia otorgada de lo Alto, para un pequeño cristiano como creo que soy.

Esto me ha obligado, durante muchos años como cristiano reflexivo y comprometido, a tener que dilucidar y discernir, en ocasiones con grandes dificultades, a qué partido entregar el voto, pues ninguno de ellos casaba con el ideal del evangelio en plenitud.

Desde la teología moral, y en concreto la teología social de la Iglesia, ninguna opción temporal agota la plenitud del ideal evangélico, por eso, a la hora de votar, se nos ha dicho a los cristianos laicos, con un criterio fantástico y discutible, por parte de los obispos y el magisterio en general, que había que pensar el voto. Y los dos extremos siempre han estado claros para muchos creyentes durante muchos años.

 Las izquierdas políticas han representado evangélicamente como ninguna, a veces más en la teoría que en la práctica (pues una cosa es predicar y otra dar trigo), el ideal de la igualdad, de la justicia social, de la ayuda al débil y necesitado, de la apuesta por una democracia participativa, reflexiva, pensada, creciente y constructiva. Una defensa más teórica que real, pues en la práctica la izquierda usa al pobre o al obrero como arma arrojadiza para lograr votos, aunque de nuevo, de todo hay.

La búsqueda de equidad era un principio tan importante casi como la honestidad y la austeridad como valor de izquierdas. En ese sentido, la izquierda siempre ha recibido, aunque algunos no lo crean, el voto de muchos creyentes cristianos. Muchos de ellos entraron en la militancia política en partidos como Izquierda Unida, en sindicatos (USO fue fundado por parte de la cúpula de la Juventud Obrera Cristiana en los años 60, y lo mismo podríamos decir de CCOO, en sus inicios, claro), o en el PSOE (corrientes de cristianos para el socialismo…).

Pero hay que decir que estas opciones políticas no siempre fueron acogedoras con los cristianos de base. Bien mientras dejen su cristianismo en la sacristía, porque en el partido no se habla de esas cosas. Además chocaban abiertamente con el ideal evangélico en una cuestión tan básica como era la defensa de la VIDA. El aborto ha sido un escollo importante para el cristiano de izquierdas, lo sonrojaba y le avergonzaba hasta el punto de tener que justificar la inhumanidad del humanismo materialista marxista. Incluso algunos creyentes pensaron que podían eludir ideológicamente todas esta cosmovisión sin poner en riesgo sus creencias, y acabaron perdiendo la fe, pública o privada, en Jesucristo, según casos.

Chocaban para los izquierdistas que el cristianismo pudiera ser una opción pública y radical, pues la ideología marxista de la que partían no admitía más religión que la transformación social, o la lucha de clases, que tanto daba; de ahí que la iglesia y los cristianos no pudieran, nunca lograran, tener una voz respetada en esas formaciones. Como gente del partido bien, pero si eran cristianos que lo llevaran en privado, les han dicho directa e indirectamente.

Es la mismo postura de la masonería en la que se han bañado muchos de los dirigentes de la izquierda. La misma que sostiene a los dirigentes de derechas de otros partidos. Tras cuarenta años de democracia los cristianos, ni de derechas ni de izquierdas han logrado evitar el deterioro de la clase de religión en la escuela (la asignatura más ninguneada y perseguida de todas), han frenado la lacra social y moral que supone el aborto en la sociedad, ni han sido tenidos en cuenta para el desarrollo de la justicia social, tantas veces denunciada por Cáritas, por ejemplo.

Dicho de otra forma: los cristianos de izquierdas modificaron su cristianismo, o cambiaron su voto, simplemente. Pero la derecha ha sido peor con los cristianos.

Aparentemente la derecha siempre ha sido más acogedora con el voto cristiano, pues al entender que las religiones representan algo tradicional y conservador, pues les venía bien. Era el granero de votos y la contestación ideológica en la calle que nunca pudo organizar la falange del Franco, ni el Pepé de la democracia. Nunca entendieron que el cristianismo incorporaba una revolución en su seno, que el dinero y el libre mercado tenían que estar por debajo del hombre. que el dinero no era todo, y que había que construir una sociedad con valores como la igualdad, la libertad, la vida, la pluralidad y el reconocimiento a la tradición española y a la historia. Sin complejos ni tapujos, sin falsas palabras.

Para los cristianos la libertad siempre ha sido necesaria como medio en la construcción del Reino Evangélico, era una coincidencia importante con una opción política menos sectaria y más complaciente con la pluralidad y la construcción social sin intervención política dirigida. O eso parecía, porque ni una mala palabra, ni una buena acción, eso ha sido el Pepé.

La izquierda hacía la ingeniería social para cambiar la sociedad, para dejarla pulida y desprovista de religión, para anular los valores del Reino, reconvertidos, eso sí, en pseudovalores conniventes con la modernidad, para alentar los derechos de la bragueta, del fumeque y del asesinato abortista. Y la derecha presumía de que iban a hacer cuando llegaran. Decía la derecha que le bastaba para convencer al mundo con ofrecer la libertad absoluta, la de mercado, la de optar entre lo malo y lo bueno, la del mínimo intervencionismo político, y el agudo orden público.

– ¿Y por qué no modificáis la ley del aborto? Le preguntaban a Aznar los cristianos cuando gobernaba.

– Porque no hay interés social – respondían los peperos de su entorno con un cinismo atronador.

O sea, que el interés social lo marca la izquierda, no los cristianos de este país. Ahí está el meollo de la cuestión. Los liberales del Pepé no van mover un dedo por lograr más igualdad social, ni justicia social ni nada por el estilo. Salvo que les de votos, claro, no son gilis. Tampoco van a modificar la ley del aborto, no van a proteger ni a la mujer ni el feto, ni a las familias, ni nada de nada. Salvo que nos de votos, dicen los gurús del pepé, que por cierto, parece que se van equivocando de medio a medio.

Los cristianos que pensaban que la derecha era algo más partidaria de sus postulados se han desencantado en esta legislatura, se han caído del guindo de bruces y se han roto la nariz, porque se han quedado desamparados y en la calle ideológica. Era algo que ya veíamos algunos desde hacía tiempo. Les pueden los complejos ideológicos, y prefieren hacer lo que marcan las ideologías de izquierdas que rastrear indagando lo que dicen sus votantes, algunos conservdores, otros liberales, y otros cristianos y todos indecisos.

Nadie hizo tanto por alejar el voto cristiano de la izquierda que el infausto presidente Zapatero, pero nadie ha hecho tanto por cabrear al voto cristiano de la derecha como el pasmado presidente Rajoy.

Por eso el voto cristiano, que estaba cautivo en la búsqueda del ideal ha sido liberado. Nadie quiere defender la familia, ni la vida, ni la clase de religión, ni la equidad, ni la justicia social, ni la verdad, ni la libertad, ni la igualdad como la defienden los cristianos, en lucha y contemplación. Y ahora sí, ahora podemos votar cualquier opción por muy antiabortista que sea, pues ningún partido defiende el NO AL ABORTO. incluso nos podemos quedar en casas con la conciencia bien tranquila mientras vemos que se derrumba la democracia. Total, ¿qué más nos da a nosotros? Nunca creímos que la monarquía fuera mejor que la república, ni que la democracia fuera mejor que la dictadura. Somos ciudadanos de otro mundo, y nos limpiamos el polvo de nuestras sandalias.

PD: Dice de Prada que una solución sería no ser metecos y quedarnos en casa, o votar otras opciones minoritarias, no seguir entregándonos a los que nos faltan al respeto permanentemente, y no le falta razón.

PD2:Luego se sorprenderán que la gente vote a Vox, como opción cristiana, a Ciudadanos, como opción de centro, y a Podemos de izquierda radical. Pero ya verán como pase lo que pase, aquí los cristianos seguiremos siendo ninguneados. No nos quiere ni el tato.

PD3: ¿No dicen nada los obispos de ésto? Sería deseable un partido cristiano, que claramente defienda la justicia social y la vida. No se agotaría el evangelio con las opciones mundanas, pero nos aliviaría de los problemas de conciencia, los mismos que no deben tener los diputados del psoe ni del pp, ni de Iu cuando votan lo que votan sin despeinarse…

El agua de la fuente

Blog de espiritualidad cristiana. Oraciones, poesía mística del autor, reflexiones teológicas, pensamiento católico y cristiano.