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Tres cosas que nos enseña la pandemia.

Siempre se aprende en la dificultad, y yo, filósofo y observador, he aprendido tres cosas en esta crisis que no sabía. La primera es que todos improvisan, políticos y expertos, y lo hacen todo el tiempo;  dos, el teletrabajo combinado con el trabajo es más eficaz, realista y cómodo tanto para el trabajador como para las empresas; y tres, la familia necesita espacios físicos, mentales y espirituales. No basta con convivir, es necesario crecer juntos compartiendo tiempos, lugares y comidas.

En esta crisis hemos visto a las autoridades de todos los países del mundo, gobernantes de todos los perfiles posibles y de todas las calañas improvisando tanto en palabras como en hechos. Y lo sorprendente es que no he encontrado diferencia alguna con lo que hacían y decían antes de la pandemia. Improvisan todo el tiempo y todo el rato desde hace años.

Los políticos viven de decir frases estúpidas, gilipolleces constantes y rebuznos contradictorios que son improvisados la tarde anterior, y que contentan de una manera escabrosa a sus lameculos acólitos. Da igual los contenidos que vomiten, pues pueden decir una cosa y la contraria durante el mismo discurso. Lo importante es vender su producto y su imagen de hombres listos y capaces, pero se ve a las claras que son los más idiotas y torpes de la clase.

Los gobernantes se han convertido en una especie de bacterias que viven calientes bajo el aroma del eslogan propagandístico. Disimulan su incapacidad y su improvisación intelectual tras un aparente ingenio que se cae en cuanto rascas. Gente tan idiota como Lastra, Sánchez, Iglesias Montero, Trump, Johnson, Maduro, Mañueco, Torra o Macron son un ejemplo de lo que digo. No pueden disimular su inoperancia ni su improvisación cotidiana. Son una tribu entera improvisando, aparentando saber y disimulando para que la gente crea que lo tienen todo controlado, pero realmente son bobos que juegan a parecer listos. A veces ganan una poltrona para toda la vida.

Son campanillas que resuenen en un circo mediático alimentado y engordado por la improvisación de los periodistas, que son los alientan este modelo de atmósfera política. De algo hay que hablar y algo hay que decir para rellenar periódicos y telediarios. Preguntamos la inanidad y ellos responden croando o ladrando según toque. Rellenan y rellenan informativos… y también redes sociales, porque sus palmeros virtuales y engordados han florecido por doquier recitando las mismas simplezas que sus líderes de barro. Les prometo mi ausencia.

Detrás de estos improvisadores hay otros improvisadores no menos peligrosos, que son los “expertos”. Que también van de improvisación en ocurrencia. Utilizan cuatro eslóganes y cinco frases hechas para vender al político lo importante que son ellos y que los necesitan a su lado cobrando un sueldecito de “expertos”. Son lo peor, la razón técnica que decía Habermas y que hay que extirpar cuanto antes de la esfera del poder.

Estos expertos son los que hacen las leyes de educación que permiten aprobar sin aprender, son los que deciden que no haya oposiciones a médicos aunque pasen veinte años o los que sugieren al político que es mejor decir esta frase u esta otra para ganar las elecciones. Son los que deciden por los incompetentes del cotarro.

En mi descargo diré que yo hasta ahora creía que sabían algo y que había gente más o menos formada detrás de los políticos, los técnicos, vaya. Para mi asombro pandémico, he descubierto que no. Que no son más sabios que los políticos, en todo caso más “listillos” y aprovechados. Entre estos “expertos” abundan los sindicalistas, cualquier sátrapa con carnet del partido, simpatizante con estudios universitarios, trepas de colores, activistas entregados, psicólogos de nómina, instalados, sociólogos, comunicadores, y por supuesto, cualquier recién llegado al mundo de los corifeos que rodean a los gobernantes. Porque lo que mas gusta a esta gente es una cara nueva con ideas aparentemente nuevas y modernas.

La crisis me ha mostrado a las claras que no saben nada y que improvisan todo el tiempo según les da el viento. Son unos “expertos” pero podrían ser “expertos” que dijeran lo contrario. Viven de las subvenciones lo mismo que los de la cultura, escritores y artistas,  periodistas del rollito, científicos amigos y un largo montón de personas que cuando se vinculan al pesebre gubernamental tienden a improvisar perdiendo su capacidad y su sabiduría anterior, si es que alguna vez la tuvieron.

Por eso los planes de estudios de un bachillerato, que parecen sesudos, realmente son improvisados; lo mismo que la gestión de cualquier hospital que está dirigida más por la improvisación y el consejito de los coros sindicales o los expertos del partido. Y así con todo. Seguimos comprando las mascarillas chinas que no funcionan sin saber que nos han engañado los expertos suyos a nuestros expertos.

Lo segundo que he aprendido es que el teletrabajo combinado con el trabajo puede ser mejor y más rentable que tener a la gente en una oficina, una empresa o un centro de trabajo,  perdiendo la mañana como un zascandil. Se ahorra tiempo en el trayecto, se ahorra dinero en calefacción y se tiene a la gente más contenta, pues está en calzoncillos tomando un café mientras hace su trabajo al ritmo que le apetece desde su casa.

Este modelo no es válido siempre ni para todos los casos. A veces hay que ir. También es verdad que lo más agradable de muchos trabajos ese tomarse el café a mediodía con los compañeros, y eso no lo ofrece el teletrabajo. Pero en otros es claramente una mejora. Se evitan pérdidas de tiempo, se trabaja de manera más práctica, incluso más rápida y eficaz, etc. El modelo mixto de una parte en teletrabajo y otra parte presencial puede ser una solución fantástica para muchos sectores. Para otros quizás no. Pero es algo que tras probarlo, lo he analizado y veo que funciona más de lo que parece.

Lo tercero que he descubierto es la importancia de los espacios familiares. Realmente no son tan necesarias, al menos a mi edad adulta, la sociabilidad del conocido. Están en la carnicería y la pescadería tanto como en la mesa de al lado de una oficina.

Seguramente los adolescentes necesiten verse y conocer gente a mogollón, pero hay otros momentos en la vida que es más importante profundizar y disfrutar de las personas que amas. Y esas personas suelen ser más bien pocas. Hablar a gusto con los amigos y tranquilamente, estar con los hijos pasando las horas haciendo y sin hacer, jugando, viendo una película o lo que sea. Comer reposadamente, haciendo la comida con detenimiento y cariño. Leer a gusto, escucharse… Esos beneficios los ha traído la pandemia, que si no fuera por los miles de muertos y enfermos que ha habido por culpa de los improvisadores de turno, hubieran sido días felices y casi perfectos.

El arte del buen gobierno.

En estos meses estivales de calor infernal, muchos de los nuevos gobiernos autonómicos y municipales se están licuando de placer verdadero. Están rumbosos hasta las cachas, en una especie de carrera desenfrenada que justifique ante sus votantes y electores (seguro que no es lo mismo), el porqué del voto que recibieron.

Se les ve felices, y es para temblar, porque cuando un político está a gusto se le empieza a ocurrir cosas, eructa elocuentes mensajes biempensantes y soberbios (en todos los sentidos), y exuda buena intención, que es lo peor para gobernar bien. Como están recién llegados, nadie les dice que lo que van a hacer era un disparate, que es imposible, o que es ilegal, cuando no caro y absurdo. Nadie les puede convencer de que son estupideces, entre otras cosas porque han ganado la elecciones (con ayuda de otros terceros más perdedores), y lo ponía en el programa, o lo dijeron que lo iban a hacer. O lo que les salga del gazmoño, que para eso lo tienen. La ley de memoria histórica se aplica con rigor, y la de educación a la carta.  Barça Madrid, y Pepé e izquierdas. Acaban de llegar y tienen derecho a equivocarse con nuestro dinero y con nuestras ilusiones de mejora política. El único que parece afearles la fiesta suele ser el partido opositor, claro; pero como es contrario, pues hay que hacer precisamente lo “contrario”. Como su nombre indica. Si ellos dicen A, nosotros B. Si ellos hicieron B, nosotros ahora hacemos A. Bienvenidos a las poltronas.

Y es que hay prisa por cagarla, con perdón. En política autóctona, primero hacemos una patochada, y luego pedimos perdón, o mejor, no decimos nada, nos hacemos los orejas, y esperamos a que vengan las siguientes elecciones para seguir prometiendo lo imposible. Lo malo es que lo hacen con nuestro dinero, y eso no mola, porque cuesta mucho ganarlo. Resulta que, a un fascistilla local se le ocurre que en su pueblo no haya toros, pues ale, a indemnizar al gerente de los toros que ya estaba contratado. ¿Le pagarán con el dinero de sus sueldos? Nooooo. Lo pagarán con el erario público, con nuestros impuestos, con la pasta de todos, de los que les gustan los toros y de los que no. Y es que con el dinero de los demás la gente suele presumir mucho, y los políticos que tiene que gestionarlo se vienen arriba, y la peña se tira de los pelos.

Supergenerosos con el dinero de los demás, aunque se tire y despilfarre: en esto no tenemos remedio los españoles, porque a fardar no nos gana nadie Aquí, además de hacer aeropuertos donde no hay aviones, y autopistas por donde no circula ni el tato, somos geniales en montar comedores escolares aunque no haya niños, y en cargarnos el derecho romano en el tema de los deshaucios, sin pensar en las razones que alumbraron los romanos. Total, ¿para qué? ¿Acaso gobiernan ellos? Además, los romanos eran unos fachas que saludaban en plan Musolini. Ale, y ancha es Castilla. Luego se bajan los pantalones ante las compañías de comunicaciones, bancos y suministros imprescindibles de gas y luz, pero es que ahí los gallos ya no pelean, se comen el triguito y el maicito que cae al suelo, y no pían nada de nada.

Creo que en Córdoba andan tras la catedral-mezquita de Córdoba para mangársela a la iglesia católica, que lleva en ella varios siglos; pero ni se les ocurre expropiar los comedores sociales de cáritas. Eso no. Esto es un pais laico, y faltaría más. Los pobres son de todos aunque los alimente la iglesia, y el arte no. Ese debe ser laico y a ser posible republicano. Les va a costar, porque la iglesia es un hueso duro de roer. Pero seguro que mordisquean. En lugar que hacer algo por la ciudad se empeñan en chinchorrear con bobadas.

Me pongo serio: los políticos tienen dos actividades que con complicadas, y no es ironía. La primera consiste en hablar. Hay que justificar lo que se hace, explicar la decisión tomada, y desprestigiar, insultar y vilipendiar la acción del contrario político, aunque tengan razón y lo hagan bien, que es lo que suele pasar la mayoría de las veces. Algunos votan a unos partidos políticos y sus caras visibles para escucharlos, y dejan de votar a otros, porque se cansan de sus rollos. Rajoy es un rollero, en cambio González hablaba que te cagas. Lo llaman carisma y funciona, aunque no sirva más que para empantanar las cosas. Sanchez suena muy relamido, en cambio el Pabliglesias habla como en plan listo, y ya está molestando. Si Errejón y Monedero no parecieran dos grullas parlanchinas Podemos iría más para arriba, pero es que dan en pelmazos. En cambio Rivera habla con aire relimpio, y gusta más.

La imagen y el culto a la imagen es fundamental en política, que se lo pregunten al Ché Guevara, a Churchill, a Lenin, a Pol Pot o a Hitler, que tanto da. Franco cuidó poco su imagen y así le ha ido, antes le afeaban que hiciera pantanos, y ahora le quitan el nombre a las calles. Y es que la imagen y el carisma es fundamental. El Rey Tsipras de Grecia tiene carisma en su pueblo, pero en Alemania cae mal. Y eso, para pedir pasta a la Merkel, es un marrón. Aquí la Merkel cae medio regular, sencillamente porque no la entendemos en Alemán, si la oyéramos hablar caería fatal del todo. En cambio Hitler nos caería genial, porque hablaba superbien, aunque luego fuera un psicópata asesino. Dime como hablas y si me gustas te voto. Somos así.

Los futbolistas hablan poco, y gracias a eso nos gustan mucho como juegan a fútbol. En cambio cuando empiezan a hablar lo estropean. Valdano era un brasas, y Messi parece medio tonto hablando. Butragueño ha mejorado mucho y Casillas siempre se ha expresado regular tirando a bien. Los políticos que hablan bien, a menudo gobiernan mal, y viceversa.

La segunda actividad de los políticos es hacer cosas. O mejor, hacer cosas bien, porque mal lo puede hacer todo el mundo, pero gobernar con acierto es complicado. Para eso hay que pensar, consultar, enterarse del tema, y no dejarse llevar por la ambición de querer dejar una cagarrutia personalizada de esas que tu partido político quiere olvidar cuanto antes. Hay unos preceptos muy sencillos para gobernar bien, que vale para todo. Los doy en exclusiva.

1. Lo que funciona bien no lo toques. Aunque quieras mejorarlo, seguro que la pifias; así que no toques. Esto valía para la LOGSE, pero llegamos tarde. La LGPJ igual, mejorar la justicia en España ha sido condenarla a la politización. Lo mejor de la Administración Pública eran sus altos funcionarios, hasta que decidieron quitar los altos funcionarios y poner a políticos elegidos a dedo. Mal, hombre mal. Antes de lanzarte, mira a ver. Es mejor no hacer nada que hacerlo mal. Esto hay que repetirlo como un mantra a los políticos.

2. Lo que funciona regular o mal intenta cambiarlo con prudencia y lentitud. No se cambian las cosas a las bravas. Ni a las personas. Traza un plan, vete lentamente y encárgate de que se haga autocrítica a todo lo que hagas. No escuches a tus amiguetes y menos a los sindicatos. Fíate de la oposición cuando te dicen que la estás liando, porque algo de razón puede que tengan. Y sobre todo, fíate de los técnicos independientes que son apolíticos. Son los que más saben, y salvo que los persigas, te dirán la verdad casi siempre. Esto se hizo en la transición con muchas leyes del régimen franquista, y salió bien. Lo que iba regular legalmente se fue cambiando poco a poco. No se dio un golpe de Estado rompiendo con el sistema.

3. Si algo funciona mal, déjalo morir y crea mientras algo paralelo. Luego compáralo y quédate con lo que funcione mejor, de principio a final. Esto es clave. Es la estrategia de Iglesias y Podemos para con IU, y de momento no parece salir mal. Es más complicado para la Administración, por ejemplo, porque es muy caro crear algo totalmente nuevo, y privatizar son parches que no mejoran la cosa pública. Aquí es mejor aplicar la receta 2. Cambios poco a poco, si quitar algo es caro.

4. Si algo funciona rematadamente mal, pregunta por qué sigue ahí, pues es probable que haya alguna razón de peso que se te escapa. No seas salvapatrias, ni elefante en cacharrería.

Estos consejos son válidos para cualquier gobierno, tanto de autonomías, ayuntamientos como asociaciones de vecinos, religiosas o deportivas. Prudencia y respeto a los que estuvieron antes que tú gestionando lo mismo, porque tan capaces eran, y tanta ilusión tenía. Lo contrario es osadía, soberbia y chulería. Y con eso se suele hacer mal.

Finalmente. No puedo dejar de lado el comentario de una piba concejala recién llegada a la alcaldía de Valladolid. Dijo que las fiestas de San Juan de este año, las que no había preparado ella, iban a ser, por fin, participativas y abiertas. Se supone que antes en Valladolid la gente por San Juan iba llorando por la calle, como sin hablarse, vestidos de musulmanes atunicados, todos cerrados, ceñudos y aupados en la intolerancia más cerril. Serian los de su bando, porque la fiesta fue exactamente igual que el año anterior. Pero es que las palabras son las palabras, y por la boca muere el pez; y los políticos, no digamos.

El agua de la fuente

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