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¿Por qué quieren acabar con el Circo los animalistas?

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Que ya, que ya. Que los animalistas en realidad no quieren acabar con el Circo, pero están en contra de que haya animales en los circos. O sea, que van a acabar con el Circo sin querer, porque un circo sin animales dudo que sobreviva, lo cual convierte la actitud de los animalistas en una forma paradójica de ser estúpido. No sé si han puesto fecha límite, pero de momento en Valladolid el pijo progre del alcaide socialista, de gemelos en la camisa y pasta de negocios urbanísticos anteriores, ya ha dicho que el próximo año no habrá circo en Pucela, no con animales. O sea, que o matan sus animales y les dan matarile convirtiéndolos en salchichas, o que no vengan por aquí, que esto es tierra liberada de las garras del pepé. Para el alcalde de los animalistas (que no de todos los vallisoletanos) los animales de Valladolid tienen que vagar sueltos por las calles, incluidos los homo sapiens, se supone.

Los que curran en el circo, trabajo duro donde los haya, puede hacer varias cosas. Una de ellas consiste en no volver a Valladolid en su vida. Si les obligan a elegir entre Valladolid y los animales, pues elegirán los animales. El perjudicado será el público de Valladolid que le gusta el circo, y el segundo perjudicado será el negocio del circo, que tendrá que sobrevivir sin venir a una capital interesante para sus negocios. Una pena, porque a mi me gusta el circo, y a mucha otra gente también. Y me disgusta mucho que una panda de fanáticos me prohíba que venga el circo una vez al año a mi ciudad. Si quiero circo tendré que ir a un país democrático donde se respeten a las minorías. O al pueblo de al lado, donde haya más libertad y menos prohibiciones. Ahí es nada.

Por si acaso, y porque hacía años que no iba, me he curado en salud y he ido esta tarde con mi familia y unos amigos al Gran Circo Holiday, y hemos disfrutado viendo atracciones, espectáculos, animales salvajes y domesticados, y sobre todo gente que hacía lo posible para que quedáramos contentos. Gente de bien, trabajadores que se preparan y ensayan mucho para que todo esté perfecto. Y lo ha estado.

El circo siempre ha tenido mala fama, se habla de gente ruda, de animales famélicos, de convivencias sangrantes. El cine y la literatura no les ha hecho un gran favor, y siempre han dibujado tras el rostro de un payaso a un psicópata de libro, la peli de freaks tampoco les hizo bien, y se ha recreado la imagen del circo como gente pérfida y con estrechez de miras.

Pero gran parte de esa visión es rigurosamente falsa. El circo es más una familia compleja, con personas que sacrifican tiempo y vidas para ofrecer lo mejor de sí mismos. Entre ellos se cuidan y protegen, e incluyen en tal tarea a los animales, que conviven con ellos desde que son pequeños. Les dan biberón, los atienden, los limpian y los alimentan con gran sacrificio, porque donde comen personas, también lo hacen animales: Los animales del circo que hoy he visto no estaban precisamente flacos. La gente del circo es consciente de lo que puede dar de sí un animal, de su peligrosidad, los conocen perfectamente, hasta el límite y por sus nombres, desde pequeños, y los animales de los circos, animales en cautividad, suelen vivir más que sus parientes en estado salvaje. Por eso, expulsarlos del circo, es condenarlos a que se sigan extinguiendo en reservas de animales. Es aniquilar el amor de una sociedad por sus animales, y los del circo los atienden bien, entre otras cosas porque viven de ellos y los necesitan.

¿Por qué no puede un hombre enseñar a un tigre a aplaudir y a levantarse? ¿Acaso van a prohibir a los ciudadanos con mascota que sus perros no saluden ni les den la patita a los amigos? Seguro que los animalistas dicen que no es igual, pero realmente sí lo es. El animal es cuidado y guiado mediante estímulos, comida, tacto. Un animal amedrentado y acosado no actúa en un escenario. En cambio un animal que se siente seguro y querido por su domador, le sigue hasta el fin del mundo. Pero esto los animalistas no lo van a entender, porque tienen metida en las meninges los circos del siglo XIX, donde todo el mundo pasaba hambre y punto.

Así que los del Circo lo van a tener difícil con esta panda. Una solución para los del Circo Holiday es montar el circo en La Flecha (pueblo de al lado de la capital) y que se chinchen los fascistilla estos que se creen que solo pueden tener mascotas ellos. Seguro que en algunos pueblos de los alrededores quedan encantados con sus atracciones. Esta idea me gusta mucho, porque seguro que sigue habiendo gente que se acerca a verlos desde Valladolid. Podría ser.

Hay otras soluciones, más contestatarias y radicales, a la altura de los rollitos asertivos que se montan los animalistas en su puerilidad. Yo, por ejemplo, propongo que sacrifiquen sus tigres, cocodrilos y oso pardo (por supuesto con inyecciones homologadas), y que les envíen las cabezas cortadas  a los animalistas, para que vean que los animales ya no sufren. Es lo que quieren, animales que no sufran. Animales muertos, convertidos en plantas. De ahí que cualquier día nos impidan ordeñar vacas, tener perros en pisos de menos de 70 metros cuadrados, y jilgueros dando la barrila en jaulas caseras. Ese día será el fin de la vaca frisona, de los perros, y de los canarios, que como todo el mundo sabe no pueden vivir fuera de sus jaulas. Ale, todos al monte a pastar con Heidi. Porque yo creo que esta gente es muy de Heidi y de documentales en la dos.

Los del circo no maltratan a los animales, al contrario, viven con ellos día tras día. Los quieren, los respetan, los temen y los aman. No confunden a un animal con una persona, a diferencia de los animalistas, que en lugar de proteger a las personas, se ocupan y preocupan de hundir en la miseria a un grupo de gente que cuida y respeta a sus animales. Los circos reciben además multas si no cuidan y protegen a sus animales, como cualquier hijo de vecino, y eso es desde bastantes años.

Cuando hemos salido del circo, un grupo de animalistas se había reunido con pancartas (¿no tendrán nada mejor que hacer que contarnos a todos su paranoia?) en la puerta, con la sanísima intención de provocar a los del circo, restregándoles por el morro que les van a joder vivos.

Por supuesto no me he callado y les he increpado su actitud. Muchas otras personas me han seguido y han dicho lo que pensaban. En ese momento he cruzado la mirada del Jefe del Circo, un hombre dolido porque tiene muchas bocas que alimentar. Se ha quejado en la prensa, y hoy lo ha hecho ante el público, del maltrato recibido por el Ayuntamiento de Valladolid. Tiene todo mi cariño y apoyo.