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Pecados navideños y tiempo de Navidad.

No me apetece convertir este blog en una clase, pero es que a veces conviene. Sobre todo cuando han pasado los caballos de Atila por encima de la cultura contemporánea. Así que vamos con un poco de reflexión en voz alta, y con unos razonamientos filosóficos y teológicos que nunca nos vienen mal. Seré breve que va por ustedes y feliz año.

Lo primero que hay que explicar es que no es lo mismo el día de Navidad que el tiempo de Navidad. El  día de Navidad, que es el día que empieza el tiempo de Navidad, arranca la festividad en la víspera del día 25 de diciembre,  en la Nochebuena, pero el tiempo de Navidad se extiende hasta el domingo posterior a la Epifanía, que este año será el día 13 de enero, fiesta del Bautismo del Señor y primera semana del tiempo Ordinario. Por tanto la Navidad no es un día, ni unas horas, y no se termina ni cuando comienza el año, ni cuando llegan los Reyes. La semana tras los Reyes (epifanía) también son días de Navidad.

En Navidad los cristianos celebramos el nacimiento de Jesucristo, de Jesús el Mesías, que es tanto como decir del Hijo de Dios (Unigénito de Dios). Navidad es una abreviatura del término Natividad, que significa nacimiento.

Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo desde la eternidad. Pues bien, los cristianos creemos que el Hijo, la Segunda Persona de la Trinidad, se encarnó en Jesús de Nazaret, el hijo de María en los días históricos de hace unos 2019 años. No nos importa la precisión o la imprecisión de las fechas exactas, porque no es relevante para la fe. Lo importante para nosotros es lo que indican los evangelios: Jesús nació en Belén de Judá y es el Mesías que esperaba el pueblo de Israel. Ser el Mesías en la tradición semita significaba que era Dios mismo. Que Jesús sea el Mesías y el Hijo de Dios sólo puede indicar que es Dios mismo. No es hijo de adopción como nosotros, no es criatura; sino que es, y así ratifica la tradición de la iglesia desde el inicio que es engendrado, luz de luz, es Dios mismo.

¿Cómo no celebrar que Dios se ha hecho hombre por nosotros? Esta sería la teología de abajamiento. Dios desciende y se hace pecado por nosotros, dice San Pablo en la 2Cor. Dios se hace uno de nosotros para que nosotros podamos alcanzar lo divino, en palabras de San Ireneo.

Dios se hace hombre de forma plenamente humana. No es un medio hombre, ni es un medio Dios. La iglesia defendió en los primeros Concilios que Jesús era verdadero hombre y verdadero Dios, uno y el mismo, en plenitud de facultades. Eso nos permite descubrir que Dios se hace uno de nosotros, para poder dialogar con nosotros, para redimir nuestra naturaleza pecadora, para dar su vida en la cruz mostrando el profundo AMOR de un Dios que se hace DOLOR Y SUFRIMIENTO por nosotros.

En Navidad celebramos tal abajamiento, tal descenso y humillación de Dios para mostrarnos la MISERICORDIA INFINITA que tiene por nosotros. Se hace además hombre en un pequeño niño, indefenso y pobre, desnudo como estuvo desnudo en la cruz. Dios nos interroga con su manera de hacerse hombre.

Durante el tiempo de Navidad, la Iglesia Católica de los primeros siglos  fue ubicando otras fiestas menores de ese gran misterio que nos ayudan a comprender la profunda naturaleza de ese misterio sobrenatural que supone que un Dios se haga hombre.

Configuró el tiempo de Adviento en las cuatro semanas previas a la Navidad para que hubiera una preparación adecuada. Es un tiempo de esperanza, reflejo de la Segunda Venida, un tiempo para reconocer la figura de la Virgen María en la fiesta de la Inmaculada Concepción, para descubrir una actitud en Juan el Bautista, y para mantener encendido el aceite de la lámpara.

Dentro ya del periodo de Navidad, del tiempo navideño, las fiestas importantes se van sucediendo una tras otra, especialmente la primera semana tras el día 25 diciembre. El primer mártir de la Iglesia es festejado el día 26 dic (San Esteban), el día 27 dic celebramos al primero y más joven de sus discípulos (San Juan Evangelista) y el día 28 dic la iglesia reflexiona sobre la matanza de los inocentes.

El primero domingo tras la Navidad la iglesia recuerda la fiesta de la Sagrada Familia, donde recordamos el misterio de la encarnación desde la perspectiva de un niño en su hogar y en su familia. El crecimiento en sabiduría y estatura es la clave; y la actitud de María es ejemplar para los cristianos: María meditaba todas estas cosas en su corazón.

La tercera fiesta más importante para el cristianismo tras la Navidad y la Sagrada Familia es la fiesta de Santa María, Madre de Dios. 1 de Enero y día de hoy. Es quizás la fiesta mariana más importante del año. El misterio de la Maternidad y Virginidad de María confluyen en un sentido para afirmar que Dios lo puede todo. Por eso, la que era una simple niña-mujer, es ahora la Madre de Dios, la que dice que “sí” a Dios y cambia la historia de la Redención. Dios pide permiso al hombre para redimirlo, y María abre una puerta que cerraron Adán y Eva con su pecado. Ahora sí se puede. María es esa puerta. Abre el año civil, pero abre también la historia de salvación.

El misterio del Theotokos fue afirmado en el Concilio de Efeso en el 431, creo recordar. No es María madre de la humanidad de Jesús, es Madre de Dios. ¿Una madre que es Virgen a un tiempo? Dios lo puede todo. ¿Una madre que lo es de su creador? Dios se entrelaza de esta manera amorosa con nosotros. Un Dios que se hace hombre, y una madre que lo es de su creador. Esa es nuestra fe.

Finalmente, la última gran fiesta, además del segundo domingo de Navidad, cuando lo hay, es la fiesta de la Epifanía. De hecho, para los ortodoxos es el verdadero día fuerte de la Navidad, el centro del tiempo navideño. Lo celebramos el día 6 de enero como el día de los Reyes Magos.

Epifanía significa manifestación, y es el día en el que el misterio de la encarnación de Jesús se abre a la humanidad entera, se manifiesta ante la humanidad entera como Rey y Señor de la Historia. En esta epifanía (hay otras dos más), Jeśus es adorado por la humanidad entera, representada por la figura de los reyes magos, cuyo número no viene en la Biblia. Es un día que personalmente me recuerda mucho al último del calendario litúrgico: Jesucristo como Señor y Rey de todo lo creado. Esa fiesta que es la fiesta plena del Resucitado es rememorada por la Iglesia cuando todavía es un niño. Día de la Epifanía.

El pecado de los cristianos durante estos días santos está en celebrar otra cosa. En celebrar unas cuantas comilonas, o celebrar que somos felices haciéndonos regalos, o celebrar que nos juntamos en familia que hacía muchas semanas que no nos veíamos. O celebrar que hay que ser solidarios y buenos, soltando frasecitas más o menos ñoñas y melancólicas. Esa forma de celebrar la Navidad solo conduce a la tristeza, que es el principal fruto del pecado.

Y la Navidad es alegría, que Dios ha nacido es una buena noticia para una humanidad que lo creía muerto.

 

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