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AUTOCRÍTICA EN EL INFORME PISA 2023

Siempre que sale un nuevo informe Pisa, que mide y compara el nivel educativo en los países de la OCDE en matemáticas, comprensión lectora y ciencias, a alguien importante se le olvida hacer autocrítica.

Ese “alguien importante” es el mismo que hizo los planes, reformas y leyes educativas de las últimas décadas, y que, una vez más, se ha quedado sordo y mudo ante el informe PISA 2023. ¿Dónde están los ideólogos de la Logse, de la Loe, la Loce, la Lomce y de la Lomloe? ¿De verdad se puede despachar el asunto diciendo que la culpa es de la pandemia? ¿Acaso no ha habido pandemia en todo el mundo? ¿Cómo puede ser que, habiendo menos fracaso escolar, no mejoremos los resultados en PISA? ¿Dónde están los responsables europeos, nacionales y autonómicos de este desastre histórico?

Echo de menos unas cuantas explicaciones de los “gurús” de la educación, los mismos que se pavonean diciéndonos a los profesores y maestros lo que hay que hacer en clase. Los que nos dan lecciones de modernidad en las aulas y cursillos de 30 horas. Los que teorizan sin dar clase.

Me temo que esos “gurús”, y sus convencidos políticos y gobernantes, responsables todos ellos de la educación, se están haciendo los sordos, porque no quieren oír la verdad, ni atender a algo que venga de fuera de sus prejuicios progres sobre la pedagogía y la educación. De hecho, también se han quedado mudos, y sin capacidad para argumentar de manera inteligente, qué ha podido pasar. Es llamativo el silencio, máxime cuando sus grandes descubrimientos pedagógicos iban a lograr que, por ejemplo, sin hacer deberes, los niños obtuvieran buenísimos resultados en un mundo de felicidad, prosperidad, derechos y disfrute.

Buenísimos resultados que, por cierto, no han obtenido ni de lejos. Es decir, que los que hacen los deberes, empeoran; y los que no hacen nada, se hunden un poco más. Tampoco han logrado mejorar los resultados, a pesar de obligarnos a los profes a evaluar por competencias en una interminable burocracia. En realidad han cabreado a los profesores, y se les han caído los consejos —cual palos del sombrajo— de lo que teníamos que hacer los profes en clase. Les durará un par de años, hasta que se nos olvide el dichoso informe PISA, y ellos tengan que justificar el sueldo dándonos la murga en una nueva reforma. La ultimísima.

¿Por qué no hablan ahora las Asociaciones de Padres que afirmaron que había que prohibir los deberes? ¿Dónde andan los sindicatos que afirmaban que el problema era gastar más dinero en educación, cuando se ha demostrado que los mejores resultados no van parejos a más gasto en educación? ¿Dónde están los de las matemáticas divertidas que nunca terminan de aprenderse? Todos han hecho mutis por el foro.

En España, lo único que ha mejorado en educación es la igualdad, por lo bajo, claro. Hay más igualdad en ignorancia y analfabetismo; así que, para los ideólogos de la escuela inclusiva y diversa, como han logrado empeorar a todos, incluidos a los más desfavorecidos de nuestra sociedad, va todo bien. Seguro que les queda el argumento de que sabemos menos, pero que somos más felices. Argumento científico y contrastable donde los haya. En plan obvio y literal, digo.

En fin, el caso es que viendo el informe PISA, nuestro país, España, está bajo mínimos; y aunque soy profesor de Filosofía en Castilla y León, la comunidad puntera en resultados, no encuentro consuelo por ningún lado, pues la mejora con respecto a las demás autonomías no puede ocultar que estamos empeorando con respecto al anterior informe, el de hace cinco años. Dicho de otra forma, estamos peor que hace un lustro, pero no tan mal como otros. Mal de muchos…

Nuestro Presidente autonómico presume de un éxito que no le corresponde. Olvida la sociología de Castilla y León, y se atribuye un mérito ajeno. La gente de por aquí tiende a valorar más el esfuerzo por el estudio que el ponerse a buscar un trabajo que no existe. Si no se ha deteriorado más la educación en Castilla y León, no es porque no lo hayan intentado desde la Junta de Castilla y León, repitiendo las consignas educativas que vienen de Europa y de España.

Ahora se les olvida, y se quedan mudos, pero el modelo educativo que ha defendido la Junta de Castilla y León sigue hablando de la importancia de las nuevas tecnologías, el bilingüísmo everybody y trabajar por proyectos. Justo lo que está fracasando en el resto del país. Lo dicho. No hay nada diferente que se haya hecho aquí, que no exista en las demás autonomías.

¿De dónde viene entonces el éxito educativo de Castilla y León? En mi opinión, el aprecio por la cultura en Castilla y León viene de bastante más lejos. No hay que olvidar que el 80% del patrimonio nacional, artístico y cultural está en esta gigantesca autonomía. No hay pueblo que no guarde un rico pasado y un patrimonio espléndido de épocas barrocas, medievales, etc.

Pero no sólo eso.

Nuestra región está acostumbrada al esfuerzo en educación porque no hay demasiadas posibilidades laborales. Nos remontamos al siglo XIX y XX. La necesidad de buena formación en Castilla y León ha funcionado en paralelo al desangrado migratorio a tierras de Madrid, Cataluña o País Vasco. Hoy sigue siendo así, de cada dos sorianos, los dos emigran. Ahora, gracias al AVE, los pucelanos se pueden quedar a residir en Valladolid mientras trabajan en Madrid. Todo subvencionado, claro.

Nuestro fracaso demográfico e industrial, no es un éxito educativo, mi querido presidente. En una Comunidad Autónoma donde la principal aspiración es ser funcionario público, es lógico que haya buenos resultados educativos… para ser funcionario, claro.

Como profesor que lleva impartiendo clases desde hace más de veinte años, en diferentes niveles, tengo una idea bastante clara de los problemas y sus soluciones. No hay que dar demasiadas vueltas: aprender requiere esfuerzo. Si el alumno no se esfuerza por aprender, memorizar, lo que sea… en casa o en el cole, no hay nada que hacer. Sin esfuerzo, no hay aprendizaje alguno. Da igual el sistema.

Si se regalan las notas, los alumnos dejarán de esforzarse por alcanzar un buen resultado. Y la tendencia de los “gurús” educativos ha consistido, durante casi 40 años de democracia, en regalar y regalar aprobados y buenas notas para disminuir el fracaso educativo.

Lo que más pone contento y educa a un alumno, es cuando, tras el esfuerzo y el trabajo, ese alumno logra una buena nota, y el profesor y sus padres se lo reconocen. Eso es calidad en la enseñanza, porque además logras equilibrio emocional. No es necesario ir a Japón, ahora Finlandia ya no nos sirve, para lograr eso.