Francia y España. Amigos y enemigos.

Este pasado agosto visité Toulouse, la capital francesa de la Occitania, y claro, ¡cómo no!, me entretuve comprando unos cuantos libros en dos de las magníficas librerías francesas donde aterricé. La diferencia entre aquellas librerías y las españolas reside en la calidad —también la cantidad— de los títulos y libros que se venden. Los libreros son algo más huraños allí, pero los precios en general sn más bajos, lo que indica más pulso editorial y mayores tiradas de libros.

Es curioso que allí donde en Francia hay cinco estanterías sobre los primeros espadas de la filosofía (Maritain, Montaigne, Derrida, Foucault, Nietzsche, Platón o Deleuze) en España hay media balda ocupada por títulos del presunto antropólogo Harari, algún comentario reciente sobre Nietzsche, y si me apuras un resto de Ortega que no terminan de encajar a nadie. Ni qué decir tiene que el resto de la estantería está dedicado al espiritismo y a las ciencias ocultas. Luego viene la teología, que es casi de chiste, y por supuesto, las diez o doce estanterías donde pone psicología, pero que realmente venden libros de autoayuda en un porcentaje de nueve a uno.

No sigo con la ironía, pero ciertamente en Francia cuidan la cultura, y aquí la manoseamos.

El caso es que me traje unos cuantos libros de historia de Francia que he empezado a leer, y que me están sorprendiendo por varias cuestiones que no puedo dejar de comentar.

La primera sorpresa es ver lo chauvinistas que son los tíos. Realmente los franceses —y una buena parte de su intelectualidad— se cree el centro y el ombligo de Europa. Son fanfarrones y un poquitín fantasmas, como de Bilbao o más. Es extraño que cuando hablan de sus victorias, por ejemplo, son el “novamás”, pero cuando tienen que contar las derrotas que sufrieron, a manos de los españoles, por ejemplo, se sienten tan humillados que tratan por todos los medios de disimular.

¡Cómo que nos guardan rencor! Les molesta recordar lo de Pavía, o que les metimos en vereda en Italia, en Flandes, etc. De América te cuentan que la conquistaron los europeos, en cambio África fue cosa suya y de los ingleses. Y así con todo. Lo mío es lo mejor, y lo tuyo una castaña.

Esa soberbia desmedida esconde un complejo de inferioridad mal llevado, y tienen, por reacción, que estar contando todo el día que son estupendos, la grandeur, y demás tontadas propias de un señor bajito que quiere ser alto y no puede. Los joputas de los británicos les llaman los “frogs”, las ranas. Y tiene gracia el mote, porque algo de verdad encierra. Croc, croc.

Es verdad que en los diversos momentos de la historia, Francia siempre ha tenido una nación a su lado que les hacía sombra. Primero fue España y el Imperio español, que les dio pal pelo; luego llegó Inglaterra y su dominio sobre los mares, que los dejaron bastante atrás; y más tarde los teutones. Los franceses siguen a la sombra de Alemania, que los doblegó un par de veces militarmente, y bastantes más económicamente. Sí, tienen motivos para andar con cierto complejo. Que estén en la UE está estupendo, porque les hace sentir que son los jefecillos chuletas e imprescindibles de la banda de Bruselas. Digo yo que al no tener que competir con los machotes de alrededor, pues como que se sienten que son los mejores del grupo. Cabeza de ratón, que dicen. Y miran a Estados Unidos de reojo, y a Putin con sorpresa.

Sin embargo, lo que más me ha llamado la atención es la sensación de estar ante una Nación frágil, más frágil de lo que aparenta. Y eso no me lo esperaba.

Los historiadores franceses, al menos lo que estoy leyendo, afirman que Francia es Francia desde la Revolución Francesa, no antes. Aseguran que la nación francesa nace en 1789 con la sangre de la Revolución y con la Iª República. La matanza que fue todo aquello, es para ellos el germen de su nación, su principio. Y continúan, para mi sorpresa, afirmando que lo que había antes, no era la nación francesa, y me atrevo a decir que tampoco era Francia.

Desde esta postura se entiende mejor el laicismo francés —intrínseco a su nación, dicen—, pero también se parecia la debilidad interna de la Francia contemporánea.

¿En qué se basa la unidad de Francia, según estos pensadores? Básicamente en la Educación de la República. Y eso es lo asombroso. La cultura francesa es la base y el cimiento de la República Francesa. Por eso la escuela es fundamental.

En Francia había y sigue habiendo cientos de pequeñas lenguas, dialectos, hablas, y me atrevo a decir que idiomas. Pero sólo hay una lengua oficial y única que es la lengua de la República, el francés, la lengua de Oil. La República Francesa quiere unir el país, y lo hace por la lengua. Antes lo hizo desde la sangre, declarando la guerra al resto de Europa, y en torno a un caudillo militar, como fue Napoleón. ¿Esa es su fortaleza? Yo creo que tienen mucho más. Pero no lo reconocen ni lo aprecian.

¿Qué le sucedería a Francia si aumentaran los sentimientos nacionalistas en la población? Se rompería en mil pedazos. Alsacia, Bretaña, Borgoña, Provenza… ¿Qué le pasa a Francia cuando no logra insertar las segundas, terceras o cuartas generaciones de emigrantes musulmanes, por ejemplo, en la nación francesa o se sientan franceses? Houston, tenemos un problema.

Los nacionalismos en Francia no existen, o son menores, o son básicamente enemigos de la República Francesa y de la Revolución. Lo siguen viendo así. La cultura francesa representa la unidad, y el regionalismo y las culturas étnicas son válidas en cuanto que se integran en la cultura francesa, como una cultura cosmopolita y en francés.

En España sucede muy distinto. La diversidad regional española es parte de su riqueza, es el motivo principal de enfrentamiento, y me atrevo a decir que parte de su esencia como nación. Por eso la unidad en España, la representa el Rey. Sin el Rey, se acaba España. En contraste, la cultura en España es algo molesto, salvo que exalte el terruño nacionalista, cual pueblerinos con miopía que somos.

Por eso ahora, en Francia, con los funerales por la muerte de la reina Isabel II de Inglaterra, la gran pregunta que se hacen nuestros vecinos es si la monarquía en el Reino Unido está asegurada o terminará siendo aguillotinada. Nada les agradaría más, pues creo que añoran la monarquía, aunque solo sea por lo estético del asunto. Y los más guapos, claro, deben seguir siendo ellos.

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