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Portugal rescata a España de la basura holandesa.

En la Unión Europea existe un principio no escrito que consiste en que cualquier baboso político de un país adinerado puede insultar a España, y a otros países acomplejados, sin que suceda nada.

El otro día, un imbécil llamado Wopke Hoekstra, Ministro de Finanzas de Holanda, dijo que habría que investigar a España por no tener dinero para frenar el coronavirus. Ante esa afirmación tan gratuita e insultante, intervino Antonio Costa, Primer Ministro de una gran nación como es Portugal, que contraatacó diciendo que tales declaraciones eran repugnantes; y Francia, que es el que chulea a los países del sur por falta de tono pugilístico en los mediterráneos, salió en defensa de Costa, que se ha convertido así en el adalid y defensor de los nuestros, de los países del sur Europeo. En frente están los capullos arrogantes de los países adinerados de la Unión Europea, que suelen ser los mierdillas acomplejados de Holanda, Bélgica, Dinamarca y alguno que otro cuyo nombre no recuerdo.

Vamos a hablar de esta gente.

Holanda siempre ha sido una nación de segunda, incluso de tercera. Y lo saben. Nunca lograron ser un gran imperio, y lo más que llegaron fue a construir una Compañía Comercial Naviera que surcó los mares del planeta comerciando, robando y presumiendo de ser un gran país. Pero nunca lo fueron. A diferencia de Portugal que sí que fue y que sigue siendo una gran nación, los holandeses son más bien unos tenderos acomplejados, y eso lo comprobamos en la final del Mundial de fútbol en Sudáfrica, cuando en lugar de ganar por las buenas, se dedicaron a darnos patadas, para al final sucumbir a la superioridad española. Al ladrón y al caballero se le conoce en el juego, dice el refrán.

La aportación de los Países Bajos a la cultura europea y occidental ha sido más bien pequeña, por no decir exigua. La excepción estuvo en el arte durante los siglos en los que Flandes pertenecía a España. Imagino que fue porque entonces andaban compartiendo con nosotros las fuentes de la genialidad barroca. Por eso, en el momento que se separaron de nosotros se agotaron culturalmente. Luego queda gente suelta, pero no hay en su país ni una gran pinacoteca, ni grandes museos, ni monumentos extraordinarios. La única excepción: Van Gogh, al que dejaron morir de hambre. Con eso está dicho todo.

Los holandeses poco han tenido y poco han hecho en su historia salvo mentir, hacer dinero, cultivar tulipanes y robar, aunque fuera metros al mar. Su presencia colonial también fue patética y ridícula. Apenas consiguieron invadir cuatro pequeños enclaves, entre los que yo destacaría Sudáfrica, el último país en quitarse de encima la mentalidad racista de sus dirigentes. ¿Qué podemos decir de esta gente? ¿Podemos montar una Unión Europea con ellos?

Holanda no se merece los dirigentes que ha tenido en su historia. Desde el mentiroso y belicoso Guillermo de Orange hasta el señor Wopke Hoekstra.

Belgica es parecido en muchas cosas a sus vecinos del norte. Me contaban de una familia con un hijo con síndrome de Down que vivieron en Bruselas, la capital de Europa, que eran despreciados y mal vistos por mucha gente de allí. No estaban acostumbrados a ver discapacitados. Como que debían esconder al muchacho, no podía entrar en tiendas, restaurantes, etc. Muchos no decían nada, pero mostraban su desagrado, lo que hace de la situación aún más incómoda. Se tuvieron que venir a España a vivir, donde somos más acogedores con los débiles. Una película como “campeones” es impensable en Bélgica u Holanda.

La pregunta surge. ¿Creemos en el mismo modelo para Europa cuando culturalmente somos tan diferentes? Sin duda son demasiado racistas para nosotros, demasiado fríos y deshumanizados. Compiten para ser la cola del león Alemán, cuando nosotros buscamos un proyecto distinto que olvide viejos odios, que no mire constantemente tu dinero y el mío, que sea más fraternal y solidario en sus valores. Europa debe ser una fraternidad de países y de culturas o no será nada. Europa sólo volverá a ser relevante en la historia si consolida su unidad cultural, artística, política, financiera y económica.

Sin embargo, estos países mediocres y secundones son los que consideran a Europa como un club económico de gente rica donde ellos viven bien al regazo de Alemania y Francia. Donde el egoísmo más desconsiderado con los países del sur bordea el insulto abierto. No quieren planes para las fronteras del sur, no quieren problemas con los refugiados, no quieren un plan común contra el coronavirus, no quieren eurobonos, no quieren rescatar a nadie, no quieren ni siquiera a su gente mayor cuando enferma y les cuesta dinero. Se quieren a sí mismos, y así no hay forma de superar la mentalidad tribal que los caracteriza.

La altura de miras de Francia no la tienen, ni la generosidad de Alemania. Tampoco tienen la fuerza de Portugal para levantarse en la historia, ni la mirada limpia de nuestros vecinos y de nosotros mismos cuando recorrimos los mares del planeta. No saben que nosotros creamos el derecho de gentes desde la teoría a la práctica, y que abanderamos la primera noción de globalización que hubo en Europa.

Por eso, mi propuesta es que estos corralitos sean absorbidos de inmediato por los países más grandes. Que se conviertan en provincias de Alemania y de Francia y que dejen de molestar.

En el caso de Portugal sería deseable una unidad peninsular con España, como ya hablaron muchos en el pasado. A mi me gustaría mucho.

Además, podría votar a mi tocayo Antonio Costa como presidente de todos los íberos y cantar fados a la luz de la luna en su honor. Muito obrigado, presidente.

¿Hacia dónde va el mundo? Apuntes de geoestrategia y geopolítica mundial.

Cada tres años edita la revista Mundo Negro un especial sobre África donde detalla en su conjunto, y país a país, el devenir y los problemas del continente africano. El trabajo es ingente y la labor fantástica, pues esta revista, de los misioneros Combonianos, es la mejor en lengua española sobre el continente africano, y probablemente sea de las mejores del mundo de temática africana. Les prometo que la voy a estudiar despacito despacito, la voy a analizar, y voy a disfrutar aprendiendo de lo que pasa por allí abajo.

Lo que he empezado a leer ya me ha traído preguntas e interrogantes sustanciosos. Me pregunto hacia dónde va el planeta, el mundo y la geopolítica mundial, porque mirando a uno de los continentes, el más castigado por la desigualdad, pero también uno de los más ricos en recursos naturales, uno percibe que el mundo está cambiando. Lo cual, dicho así a bote pronto, como que nadie lo discute.

El caso es que lo primero que me llama la atención es la irrupción de CHINA como potencia económica, inversora y política en África, pero también en el resto del mundo. Nuestra deuda, la europea, está en manos del gigante asiático, y lo mismo que manejan nuestro dinero, controlan nuestras opiniones. China es un IMPERIO EMERGENTE y esa evidencia hace que haya dos o tres IMPERIOS DECADENTES: Estados Unidos, Europa y Rusia. China se expande por África, y los europeos estamos de retirada.

De los mundos decadentes, el que claramente está más en declive es EUROPA. Durante el siglo XX ya se situó en un segundo plano a la sombra de Estados Unidos y de la Unión Soviética. Vivimos en un continente siempre en división y enfrentado en cientos de tribus, grupejos, nacionalidades y clanes. La guerra de Yugoslavia no queda tan lejos, y la de Ucrania por Crimea tampoco.

En las últimas décadas, a pesar de intentar ubicarse Europa como potencia económica con el Euro (políticamente está claro que no lo es por la división), su deterioro con la crisis económica, y la incapacidad para mostrar una solidez política a medio y corto plazo hacen que el proyecto de la UE sea inviable, incluso como potencia económico. Europa a lo sumo será lo que es ahora, un gran mercado que tendrá que luchar para defender en su interior un sistema de bienestar muy atractivo para la emigración y muy costoso de conseguir. Es verdad que representamos la cultura ancestral, la de la vieja Europa, el continente originario… pero poco más. Nuestra voz apenas está representada por una Francia que pulula a la sombra de la sólida Alemania, y Gran Bretaña, que está de capa caída y en retirada estrepitosa. El resto poco… los viejos imperios castigados por la historia…

El segundo imperio en decadencia son los ESTADOS UNIDOS. ¿Durante cuánto tiempo andarán en caída? Me atrevo a decir que su decadencia se va a gestionar muy lentamente, hasta tal punto de que es probable que se resitúen en el mapa geoestratégico mundial de otra manera muy diferente a la que hemos visto hasta ahora. El imperio nuevo se reinventa, y todavía es posible.

Actualmente, los Estados Unidos siguen siendo el enemigo a batir, son los poderosos y fuertes de la economía, el ejército y la conquista espacial. Pero Estados Unidos está harto de ejercer determinados papeles que le cuestan dinero y vidas. Se han cansado de ser la policía del planeta y de Naciones Unidas. ¿Alguien quiere un ejército de Cascos Azules o Naciones Unidas? Pues que lo pague de su dinero.

Europa es una rémora para los americanos. Quiere estar contra el Estado Islámico sin disparar un tiro y criticando a los americanos que sí lo hacen, y eso no es posible. El alejamiento de Trump de sus aliados tradicionales europeos no señala más que lo que la sociedad americana lleva pidiendo durante mucho tiempo: más mirar a su interior, y menos salvar el planeta occidental de los malos. ¿Por qué deben ejercer ese papel que nadie está solicitando? Que envíe tropas rusia a Naciones Unidas, o China…

El tercer imperio decadente es RUSIA. La antigua Unión Soviética se desmembró a principios de los 90 del siglo pasado, y su gran trabajo geopolítico ha consistido desde entonces en erigirse como la gran potencia que fue en la Guerra Fría. ¿Lo sigue siendo? En un parte sí, y en otra no. Rusia es el país más extenso del mundo, y goza de reservas de gas y petroleo. Sus materias primas son importantes, y su desarrollo tecnológico, aunque ha perdido relevancia en los últimos decenios, sigue siendo clave en muchos sectores. Rusia mira a Asia y a Europa a un tiempo, y tiene frontera con los Estados Unidos por Alaska. En ese sentido tienen mucho que decir todavía. No sabría decir si está en decadencia, o es que todavía no ha mostrado su fuerza ni sus posibilidades reales como potencia económica, y quizás ese sea su talón de Aquiles. Si Rusia tuviera la economía y el mercado interno de los Chinos, otro gallo nos cantaría.

Pero no lo tienen, y esa puede ser su herida en el futuro. Es verdad que los aliados de los rusos suelen ser los enemigos de los Estados Unidos, y viceversa, lo que nos da la impresión de estar como en barrios controlados por mafias de macarras. Los yanquis no meten las patas en Irán, y Rusia les deja cabrearse con Corea del Norte. Es verdad que tal confrontación se mantiene con unas formas más elegantes que durante la guerra fría, donde todos tenían enemigos en el bando de enfrente, pero el juego de ratones y gatos sigue estando vigente. ¿Son Rusia una potencia a la altura de los Estados Unidos? Creo que sí, pero desarrollan una estrategia distinta, muy amparada en la propaganda y en la desestabilización de Europa antes que en su conquista cultural. ¿Cuándo empezarán a decaer? ¿Lo han hecho ya? Ya veremos lo que da de sí esta parte del mundo.

De lo que nadie duda es de que el gigante asiático, CHINA, es la superpotencia del futuro, son el Imperio, y eso lo harán con permiso de los decadentes, o incluso sin ellos, que es lo que realmente está sucediendo. Los países emergentes, de los que tanto se hablaba hace diez años, ya no emergen tanto. Son países que están bajo la órbita de otras potencias y controlados por ellas. Son los aliados que necesitan todos los imperios, los adláteres que les siguen el juego.

China está extendiendo sus tentáculos por toda la economía mundial, especialmente en Europa, pero también lo ha hecho en toda Asia, Oceanía y Oriente Medio. Tiene también una presencia creciente en hispanoamérica y Brasil y por supuesto en África.

¿Y que va a pasar con África? África está dejando de ser ese continente rural, y sus ciudades están creciendo mucho. Pero no va a ser fácil. La emigración interna del continente es importante, y lo va a seguir siendo en el futuro. Lo mismo que la emigración a Europa. ¿Que por qué? Buscan nuevas oportunidades que no las dan sus convulsos y poco estables países de origen. La clase media alfabetizada quiere vivir mejor. La pregunta que me hago es si terminarán emigrando a China como mano de obra barata o preferirán venirse a Europa. Lagarto, lagarto.

Paseando por el Louvre.

Esta cosa minúscula que señalo con mi dedo índice es el famosísimo cuadro de Leonardo Da Vinci, titulado La Gioconda, por ser la señora esposa del Giocondo. También es conocida por la Mona Lisa, si bien desconozco a qué se debe el insulto a tan egregia y fotografiada señora. El cuadro está en el Louvre y no hay forma de arrimarse al mismo, pues hay tal fila de respetable, que ni aunque hiciera cola durante media hora (las interminables colas parisinas) conseguiría verlo con detalle. Además de un cristal de un centímetro, hay una azofaifa a su derecha que vigila un perímetro de dos metros, a fin de evitar ataques de locura entre la tropa cultureta de este planeta enano. Si el Giocondo levantara la cabeza se mosquearía y mucho, ¿qué es eso de que a su esposa la mire toda la peña, la fotografíen y se entretengan mirándola?

Del tema de la enigmática sonrisa no digo nada. Me basta mostrar la mía, también enigmática, pues no se sabe si es resignación, júbilo, cachondeo o chanza. Es la expresión viva de lo que siento cuando entro en un museo, un profundo maltrato personal y colectivo.

Los museos son la expresión más clara de la sociedad en la que vivimos. El arte se agrupa y almacena igual que se almacenan a las personas en cajas de cartón llamadas viviendas o en contenedores urbanos semovientes llamados metros y autobuses. En Paris todo está almacenado y organizado. Hasta Napo tiene su sitio de dictador que no se lo va a quitar ni la memoria histórica ni la madre que lo parió. Ole y ole.

El Louvre es la expresión máxima del almacenaje cultural y de la decadencia francesa. Salas y salas de material robado a los egipcios, griegos, italianos, sirios o persas que es mostrado sin el menor rubor a una serie de hordas turísticas, entre las que me encuentro, cuyo principal interés es tachar de la lista lo que nos falta por ver en París, entre ellos el Louvre, el Orsay, la torre Eiffel y el Montmatre. Y dentro del Louvre nos dan otra lista para decir que hemos estado delante de tal o cual cuadro. El de la Mona debe ser muy cotizado en Japón, por eso hay más gente que en la guerra, con perdón.

Lo dicho, dentro del Louvre hay carteles sembrados por doquier anunciando donde está el cuadro de la Gioconda, para que las masas transiten a través de salas y salas llenas de cuadruchos impopulares. Luego están los prospectos anunciadores de los cuadros de segunda fila. Y por supuesto el resto es de tercera fila. En realidad para un artista casi todo es de una magnífica calidad, pero para las masas no. Como dijo mi amigo el Latino, la plaza Mayor de Salamanca es mucho mejor que lo que hay por ahí. Y tiene su parte de razón.

A mi, lo que más me gusta de los museos famosos, es hacerme una idea del tamaño real del cuadro; porque cuando uno estudia pintura siempre tira de fotos de libros y todos parecen iguales. El retrato de la Gioconda es más bien pequeñito, tamaño medio tirando a ñaco. El de la Revolución guiando al pueblo (Delacroix) tampoco es demasiado grande, pues hasta cabría en el salón de mi casa; en cambio el de Napoleón coronándose emperador es cojonudo, enorme y gigantesco, como la cojonudez y el chauvinismo de nuestros vecinos. Ese es para la fachada del Corte Inglés en Navidad. De hecho no me cabía casi en la cámara, es decir en el móvil. Ofrezco unas muestras, para que no se diga que soy un exagerado. Primero Delacroix, y luego David con su cuadrito del Bonaparte cascándose una autocoronación.

Vale. No voy a aburrir con la misma monserga. Reconozco que lo más interesante de los museos es la gente haciendo fotos y mirando los cuadros. Es una experiencia mistérica, primaria y única. Muchos miran sin verlos, y casi todos lo hacen a través de sus móviles. Están necesitados de una explicación para poder ver lo que hay que ver, de ahí que compren audioguías; lo que los convierte en una especie de compradores de marchandeisin que miran y rebuscan en un mercadillo de viejo, no para comprar lo que no pueden comprar por falta de recursos, sino para congraciarse con lo que estudiaron en el cole. Mira, este me suena; es lo que le digo yo a mi santa.

Pero siempre hay alguien que te hurta el cinismo y la ironía; y está delante de tus ojos. La excepción es joven y frágil. Me fijé en alguien que entró en una sala, miró un solo cuadro, estuvo dos horas contemplándolo extasiada. Se humedecieron sus ojos, lloró en silencio y se fue. Era imposible no reconocerla como la mujer del cuadro, la única que encuentra sentido en contemplar su retrato, supongo. O quizás, no. Quizás tengamos que aprender a visitar los museos de cuadro en cuadro. Deteniéndonos en el primero, y dejando para la semana siguiente el segundo.

En fin, yo me quedo con mis abundantes fotos. Este de Renoir y público, es magnífico. Hasta parece que miran algo, los del cuadro, digo. Feliz fin de agosto.

 

Reinterpretar la historia: un deber español gracias a IMPERIOFOBIA Y LEYENDA NEGRA DE ROCA BAREA

Pocas veces un libro ha removido el intelecto a tantas personas como lo ha hecho el de IMPERIOFOBIA Y LEYENDA NEGRA de María Elvira Roca Barea. Lo leí hace un par de meses, y esto no ha hecho más que empezar. El libro hay que recomendarlo a todos los amantes de la historia, los buscadores de la verdad, y los interesados en la política. Por supuesto, también los recomendamos a franceses, holandeses, ingleses e italianos que siguen creyendo las mentiras que ellos mismos inventaron sobre nuestro país; y no olvidamos, faltaría más, a las soberbias élites españolas que repitieron, y repiten, como papagayos durante los siglos XIX y XX las consignas difamantes de franceses, ingleses, holandeses, masones independentistas americanos y demás enemigos de nuestro país. Gracias a ellos España se odia a sí misma y está acomplejada, y no es difícil encontrar españoles avergonzados de sus pajas en ojos propios, olvidando las vigas de los óculos ajenos. Osease.

Cabizbajos hasta que leímos este libro, por supuesto. A partir de ahora, cuando me encuentre con alguien que me hable mal de España, le recomendaré el libro y le contaré que tenemos que reinterpretar la historia. Más que nada, porque seguimos bombardeados por documentales de la BBC y la francophonie que siguen erre que erre alimentando los viejos tópicos y las mentiras más burdas sobre nuestro imperio colonizador a sangre y fuego. Para más inri, nuestros libros de texto en España están infestados de tales mentiras y frases hechas que funcionan como coletillas estúpidas que nos obligarían a rehacerlos de arriba a abajo. ¿Empiezo? El último gran imperio europeo fue el español, y eso les duele. Francia no llegó, y los ingleses se conformaron con cuatro puertos francos dominados por sus comerciantes durante siglo y medio. Eso fue su imperio, por eso dicen que el nuestro fue casualidad y una mierda. Ya, claro. Y vamos y nos lo creemos…

Les duele porque las indias, o sea casi todo el continente americano, los Países Bajos o Napoles, fueron tan España como lo sigue siendo hoy Cuenca, Sabadell o Valladolid. Las españas, que se  decía así en plural, no montaron una metrópoli racista para saquear sus colonias. En realidad España no tuvo colonias, ni colonizó nada. España fue un imperio, y los imperios no tienen colonias, sino territorios y súbditos. Ni siquiera hubo persecución contra los indígenas, pues los mismos pueblos sometidos por los aztecas e incas pidieron ayuda a los recién llegados para acabar con el terrorismo de estado que soportaban. España llevó la civilización donde había genicidio, y llevó el catolicismo donde se practicaban sacrificios humanos, y lo hizo de manera ejemplar.

Las españas se organizaron en reinos, ducados y virreinatos, con garantías y con leyes. En los dos virreinatos, el Perú y Nueva España, se abrieron universidades, se asfaltaron caminos, se edificaron hospitales y se hicieron súbditos de la corona a sus habitantes, en igualdad de condiciones y derecho que el resto de españoles. El tradicional racismo europeo no existió en España, que por el contrario creó la raza criolla. Donde no se ponía el sol. Es curioso que los extremeños, esos que tanto ridiculizan los catalanes y los daneses contemporáneos, conquistaran a los pueblos genocidas de américa con intuición, capacidad, prudencia y valentía. Lo que otros no hicieron en su historia, sufren porque lo logramos nosotros.

No me voy a poner estupendo, porque no fue todo fantástico, aunque sí casi todo. El libro de Roca Barea no me pilla de nuevas. Para los que hemos estudiado un poco de todo, y mucho de algo, la historia siempre me ha resultado extraña y tendenciosa en las interpretaciones más aceptables por el común. ¿No han escuchado aquello de que la historia la hacen los vencedores? Lo cual significa que la historia la hacen algunos contra otros. Ni más ni menos. Unos intereses contra otros intereses. Y cuando se inventan aspectos de la historia para parecer unos más y otros menos, entonces es cuando entramos en la falta de honestidad, en la mentira burda, en la falta de escrúpulos, en el abuso contra la memoria de los pueblos. Como sucedió con el caso Galileo, por ejemplo; o con el caso Hipatia, recientemente reinventado como arma cristofóbica y anticlerical.

Cuando yo estudiaba, o cuando explicaba Historia de la Filosofía, me preguntaba por qué se daban los autores que se daban. ¿Por qué se empezaba la HF con los presocráticos? ¿Por qué no estaban los profetas bíblicos, que eran de la misma época, con sus ideas sobre la igualdad, la justicia o la misericordia humana y divina? ¿Por qué los padres de la iglesia, que fueron excelentes pensadores, habían sido eliminados de un plumazo de los libros de texto? ¿Ninguna mención a San Leandro o a San Ildefonso? ¿Por qué era el medievo del siglo XIII oscuro, si había más libertad de pensamiento y de ciencia que en siglos ilustrados? ¿Por qué eliminaron luego de la HF a la escuela de Salamanca del siglo XVI, cuando fue una de las más brillantes en el derecho de gentes y el derecho internacional? Daba la impresión de que era desconocimiento, pero hoy sé que no. Era producto de la mala fe de nuestros enemigos, y luego del papanatismo de los que presumían de afrancesados y modernos.

En resumen, por qué lo que estudié en la carrera de Derecho era desconocido en Filosofía, y por qué la Teología y sus importantes contribuciones al pensamiento occidental eran obviados y eliminados de los tratados de Filosofía política. Todo me pareció un misterio que he resuelto al leer este libro de la profesora Roca Barea. La respuesta clarifica: por odio a la verdad. Odio a todo lo que sonara católico primero y cristiano después, y odio a lo que fuera una contribución de los españoles a la cultura europea.

De hecho, eso explica que los españoles hablen mal de España, odien su patria, y sigan leyendo su historia con las gafas de la mentira, las gafas equivocadas que llevamos desde hace dos siglos. Voto a brios.

La futura y próxima guerra civil europea.

No quiero ser pájaro de mal agüero, ni mucho menos. Cualquier guerra sería un desastre de proporciones humanitarias gravísimas en Europa, y en cualquier lugar del mundo, pero tengo al sensación de que la Unión Europea camina hacia una Tercera Guerra Mundial. Espero equivocarme como pitoniso, pues sería un fracaso estrepitoso de Occidente en su conjunto. Lo malo es que si me pongo a estudiar los antecedentes históricos, y añado al cóctel la deriva de la sociedad Europea, entendida en su conjunto, deduzco una posible guerra. Dios no lo quiera.

Vamos al principio. La razón de ser de la UE fue evitar una Tercera Guerra Mundial que enfrentara a los europeos. Después de la Segunda Guerra Mundial era una buena solución. Teníamos los cadáveres calientes sobre la mesa, y había que asegurar que Francia y Alemania (especialmente) no siguieran jodiendo al resto con sus interminables batallitas.

Además la idea era muy buena y sonaba muy bien: construir un marco supraestatal de libertades y de democracia que resistiera frente a los totalitarismos amenazantes (comunismo y nacionalsocialismo). Unos Estados Unidos de Europa frente (junto ) a los de América, y frente al creciente poder asiático. Muy bien. Felicidades, muchachos. Viva el ingenio y montemos los Erasmus.

Francia, Alemania, el Benelux (Belgica, Luxemburgo y Holanda) e Italia fueron los primeros, luego vinieron los siguientes periféricos, y conforme se fue deshaciendo el totalitarismo en la Europa comunista se fueron incorporando países al paraiso de libertades y de respeto de los Derechos Humanos, incomparable en el resto del mundo. Luego llegó la idea de suprimir fronteras, facilitar el tránsito, inventar una moneda. Ya está. Ese el el punto en el que estamos.

Pero no funciona bien y es un ídolo con los pies de barro.

Los dos peligros más serios a los que se enfrenta la UE son, desde mi punto de vista, el exceso de burocracia para manejar diferentes Estados cuya aspiración debería ser la UNIDAD, y por tanto la disolución de las soberanías nacionales. No es un problema menor que Europa sea fría para sus ciudadanos y que no haya sentimiento de unidad. Al contrario, el sentimiento antieuropeaísta es muy fuerte en muchos sectores de la sociedad que solo se ven tranquilos cuando extienden el cazo para que les den más pasta. Vease Syriza en Grecia. No todos están aportando lo mismo, porque no todos tienen lo mismo. Y muchos europeos, en el otro lado, no ven con buenos ojos que su pasta acabe en la otra punta de la UE, ni que haya getas ni aprovechados con la mano extendida eternamente.  Todos tienen su parte de razón. Y es que hay sentimientos que solo se solucionan con un concepto nuevo inexistente en Europa: la fraternidad, la unidad cultural. Unidad complicada con tantos idiomas, sentimientos provincianos y gente acomplejada. Catolicidad es la palabra, pero muchos prefieren el islam y la cristofobia.

El congelador de la UE se pone en marcha cuando no se trata por igual a todos lo países. Los agravios comparativos son terribles e ineludibles. Las exigencias a Francia cuando se pasa de déficit son música celestial comparado con las mismas exigencias cuando el afectado es Grecia o España. Tampoco las normativas son ecuánimes en la UE. Si un presunto delicuente llamado Puigdemont y compañía se puede pasear por UE a su gusto, y nadie defiende la legalidad del Estado Español con el que tiene pendiente algunos asuntos, entonces, ¿para qué querrá España la desaparición de fronteras y la unidad territorial? Si las volviéramos a cerrar, los británicos no se habrían ido de la cosa nostra. ¿Me equivoco? Con la doctrina Parot sucedió igual. Estrasburgo, que es un tribunal político, anula la forma de proceder de los tribunales españoles con los terroristas condenados por delitos de sangre. ¿Acaso han tenido ellos el terrorismo que han tenido en España? ¿Alguien puede dar lecciones de democracia a España, que conquistó pacíficamente su propia democracia desde una dictadura apoyada por los actualmente socios europeos? No todos los ciudadanos tenemos los mismos derechos, ni deberes, en la UE. Ni hemos sufrido lo mismo en la historia. Y eso es un problema para encariñarse con ella.

El segundo problema, además de su ineficacia burocrática, es el incremento del nacionalismo en sus formas más totalitarias, provincianas y exaltadas. El mapa que he colgado en la foto, recoge (parcialmente) el mapa de las naciones europeas si consiguieran la independiencia aquellos territorios que lo solicitan y que se están aventurando en el lío. Me explico, Tractoria (verbigracia Cataluña independentista) tiene muchos partidarios en Europa que le hacen el caldo gordo. Los reciben, los aplauden y los visitan. Coinciden en ser gropúsculos de extrema izquieda y de extrema derecha. ¿Gropúsculos he dicho? Perdón. Los neonazis son la segunda fuerza en Alemania, también en Francia y en muchos otros países son la primera. Así que átense los machos, porque la Unión Europea tiene menos futuro que Tabarnia (o sea Cataluña en España y en Europa). Y eso, si mis cálculos no me fallan desemboca en una guerra civil. En un enfrentamiento entre dos concepciones del europeísmo. Una lo quiere deshacer, y la otra lo quiere construir. Casi nada.

¿Se podría aceptar una Francia totalitaria con un gobierno ultranacionalista (Le Pen) que no desee pertenecer a la UE? ¿Y una Bélgica que ampare a los nacionalistas insurrectos y golpistas del resto de Europa, sencillamente porque los necesitan para gobernar? La Belgica que crea terroristas islámicos y mira para otro lado cuando atentan en París, por cierto. La que se inhibe y protesta cuando asaltan las fronteras de Melilla. ¿Cómo detenemos al enemigo cuando tenemos que tratarlo como amigo? ¿Dónde nos quedamos los que pensamos que es preferible una UE más fuerte? ¿Podría la mayoría de los ciudadanos europeos que quieren la UE enfrentarse a una Francia dividida que se quisiera salir de ella? De momento ya liquidaron la abortada Constitución Europea en el vientre de su madre.

Está claro que habrá que tomar decisiones, y no puedo dejar de pensar en decisiones militares, porque lo contrario será simplemente la disolución de la UE. En cuanto lleguen los totalitarios al poder en Francia y Alemania (llevan escalando puestos unos cuantos años), se terminará el asunto comunitario. ¿Se imaginan una negociación entre el Frenxit y la UE para la salida de Francia? ¿Y la de Alemania negociando para salirse? ¿Nos hacemos todos Alemanes y volvemos al antiguo imperio romano germánico? De momento hemos abandonado a casi la mitad de la sociedad británica que deseaban pertenecer a la UE. Casi nada. ¿Se volverá a hacer lo mismo con Francia? ¿Y si Alemania se radicaliza más hasta vencer los neonazis en las elecciones? ¿Se van con Hungría y nosotros con Portugal, Andorra e Italia? ¿Puede un tribunal regional poner en tela de juicio la decisión del Tribunal Supremo de otro país? No son preguntas de ciencia ficción, están ya entre nosotros.

El problema es que Europa no tiene ejército propio que la defienda de sus enemigos externos e internos. Siempre ha confiado en los Estados Unidos de América, y por interés. Tanto a USA como a Rusia quizaś les interese más una UE no tan fuerte económicamente ni políticamente. ¿Acaso la crisis en el Euro no fue provocada por los USA y sus especuladores? ¿Acaso no depende Ucrania y el problema de Crimea de que Alemania necesita el gas siberiano de Rusia? Eso es Europa; un gigante con los pies de barro.

¿Qué cuáles serán los bandos de la futura Tercera Guerra Mundial? Yo imagino dos. Los Europeístas que aspiran a unos Estados Unidos de Europa, frente a los Nacionalistas que aspiran a una separación estricta de las naciones y sus identidades culturales en el continente. La guerra, por supuesto, si se internacionaliza, contaría con unos USA apoyando un bando, y Rusia al otro. Si apoyaran al mismo, está claro quienes quedarían derrotados.  Y si no hay guerra ni se camina a la unidad, no parece que el invento de la UE pueda durar mucho. Bienvenida peseta, y acogemos al gobierno de Tabarnia en el exilio. Boadella, te queremos.

 

Islamofobia, cristofobia y libertad de expresión.

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En días recientes la voz del Papa Francisco recogía el clamor y la agonía de los cristianos perseguidos en Siria, Irak y tantos otros lugares de Oriente Próximo (me atrevo a incluir al Oriente lejano de China), donde bajo la luz de una especie de un juridicismo coránico, y una interpretación del mismo torticera, iluminista, fanática y excluyente, convertían el Corán en un arma arrojadiza, y a los cristianos de aquellas zonas del planeta – que llevan viviendo allí desde antes que hubiera islam – en sus principales víctimas.

Pero hete aquí que esto es insuficiente para esta gente, y desde hace tiempo, pues no es nuevo, se empeñan en atosigar con actos terroristas a los países Occidentales, como si nosotros fuéramos culpables de su desconcierto cultural. En este sentido atentaron contra las Torres Gemelas de NY, Madrid, Londres, y ahora París, donde por cierto, se la tenían jurada a Charlie Hebdo. También llevan atentando y persiguiendo cristianos en Africa, secuestrando a chicas jóvenes (Boko Haram) y muchas otras atrocidades sin apenas despeinarse, y con Occidente mirando a Marte por si acaso hubiera vida por allí.

También hay que decir que a los cristianos no solo los atacan estos zumbados, también encontramos en la fauna nacional y patria, otros grupos y sectores, que con límites más razonables, se toman en serio la tarea de incomodar y molestar a los creyentes de la religión que sea. Y ahí tenemos a las petardas de Femen sacando sus mandolinas en el Vaticano, agrediendo a ancianos en misa (o sea curas y obispos), o, sin ir más lejos, los señores de Charlie Hebdo, que han sufrido en sus carnes el precio de tocar los cojones a una panda de fanáticos radicales nacidos y crecidos en los suburbios musulmanes de París, y me consta que no es el primer atentado que reciben por disfrutar de una libertad de expresión siempre en el límite de la falta de respeto (y de prueba cuelgo algunas de sus portadas, todas tan graciosas como impertinentes para la gente sensible a lo religioso).

¿Tiene límites la libertad de expresión? Evidentemente sí,  debe tenerlos, pues todos los derechos tienen límites. Y de hecho en nuestra sociedad la libertad de expresión está limitada y cada vez más: reírse de una víctima del terrorismo o de una mujer agredida deben ser penados, pues entendemos todos que hay un limite a la libertad de expresión muy claro y es herir la sensibilidad más íntima y radical del otro.

Esto abre la puerta a una serie de problemas sobre el nivel de sensibilidad y paciencia que uno puede soportar. Así por ejemplo, los cristianos estamos “acostumbrados” a que se nos falte al respeto de cuando en cuando. Se alude a la libertad de expresión para montar exposiciones vejatorias e insultantes para la sensibilidad de un creyente, donde se mofan de Cristo, o de la Virgen, y aunque hay una muestra de rechazo importante, las autoridades no suelen prohibir ninguno de estos actos, argumentando la libertad de expresión. Es verdad que con no acudir a tales actos es suficiente; pues no hay mayor desprecio que no hacer aprecio, pero esto no es tan fácil para una víctima del terrorismo cuando tiene que cruzarse por la calle con un grupo de idiotas que le insulta. Las televisiones, por ejemplo, u otros medios públicos, no suelen insultar de manera flagrante a sus espectadores creyentes, pues entienden que el respeto es el límite de la libertad de expresión, un límite al que hay que adherirse hoy más que nunca, pero no por miedo a la reacción del otro, sino por miedo a perder la esencia humanista de los derechos humanos.

Está claro que el nivel de tolerancia de un señor para matar a otro, no tiene nada que ver con el nivel de tolerancia de alguien que se siente molesto porque cuelgan un crucifijo en el cole de su hijo, o tocan las campanas de la iglesia del pueblo el domingo, o soporta la burla en un chiste gráfico  mofándose de sus convicciones religiosas. Podemos convivir sin molestarnos demasiado, y sin matarnos, creo yo. Lo contrario vulneraría una de las conquistas más importantes de Occidente, como son sus derechos, entre los cuales figura el derecho a la libertad de expresión, limitado, pero necesario para nuestra cultura cristiana y occidental, hija de Roma y del debate filosófico, tanto como lo es de la bondad y el reconocimiento del otro como persona.

Tolerancia significa que vemos la persona, y que la tratamos respetando aquello que no nos gusta de su ideología, creencia, etc. Supongo que un agnóstico o un ateo podrá sobrevivir sin agredirnos ni insultarnos cuando se cruza una procesión de Semana Santa por donde él paseaba, o se canta una saeta delante de la fachada de su casa, o se cruza con una monja de hábito y rosario en la mano.

En el malvado atentado terrorista contra Charlie Hebdo yo creo que se han saltado varios límites importantes:

Por supuesto el primer límite de todo este asunto es el derecho a la vida del nacido (del no nacido también aunque ahí se mire para otro lado), es decir, que aunque un señor se burle de mi creencia religiosa, no estoy legitimado, ni por Dios ni por el derecho ni por nada ni nadie, para matar al bufón. Esta gentuza tergiversadora del Corán cree que les legitima la sharia, y ahí demuestran que tienen bien poca formación religiosa. La misma formación religiosa que no existe en Francia desde hace 100 años por ser un Estado laico, con un sistema político bastante intolerante con la religión cuando se manifiesta en público, todo hay que decirlo. Pues no olvidemos que en Francia la iglesia fue despojada de sus templos, y actualmente no se permite una procesión con el Santísimo por las calles salvo que lo apruebe un funcionario en su despacho. O sea, intolerancia en el corazón de la grandeur, que quizás conviene repensar.

Segundo límite, la libertad religiosa. Las religiones deberían poderse manifestar públicamente sin más cortapisa que la alteración del orden público, o la generación de graves problemas sociales. Esto no se respeta en Francia, que recluye la religión a la esfera de lo privado, negando a la religión una de sus características más esenciales, como es la de ser un hecho social, cultural, y por tanto público. Esto ha convertido a la religión en un problema para todo occidente, en especial para Francia, pero no la religión islámica, sino cualquier religión incluida la cristiana. El laicismo francés desconoce que es en esencia lo religioso, pero tampoco entiende el cristianismo que explica la cultura francesa, lo que equivale a decir que no se entienden a sí mismos. Este mal por desgracia tiene a aquejar a todo Occidente que se va desraízando de su propia cultura, hasta no reconocerse fácilmente en el espejo. ¿Cuál es la esencia de occidente?

En mi opinión la religión forma parte intrínseca de una cultura, es uno de sostenes de la identidad de un pueblo y de una nación, y sus manifestaciones, cuando no son imposiciones intolerables y contrarias a las convicciones más íntimas, no deberían molestar. Es una superestructura, como les gusta decir a los marxistas. En mi opinión, la religión es capaz de moldear el resto de elementos culturales propios y ajenos: familia, jurídico, social, ideológico, e incluso económico y productivo. Esto no es ni bueno ni malo, es simplemente una realidad antropológica.

La sharia no es por eso algo malo en sí mismo, sino algo lógico en todas las culturas, incluida la nuestra, que también de alguna forma tiene su normativa jurídica más o menos reconocida en la ley cristiana. El cristianismo modificó singularmente el imperio Romano, y la cultura romana formó en gran parte el cristianismo (latín, liturgias, etc).

Tercer límite. La libertad de expresión. Las religiones no compiten de la misma manera con las ideologías cuando se trata de zaherir al otro desde la libertad de expresión. Es decir, se pueden ridiculizar las ideas cuando son abiertamente irracionales, irreflexivas, o absurdas, y el debate se enriquece, pero no se puede ridiculizar las creencias del otro sin insultarlo profundamente. Esto no suele ser comprendido demasiado por el ateísmo, que tiene las creencias de los demás como algo absurdo y ridículo, como mera ideología irracional. De hecho, hace unos años, cuando participaba en debates ateos-cristianos, era bastante complicado dialogar con los representantes del ateísmo, porque fácilmente terminaba tachando a los creyentes de idiotas, ignorantes y cosas por el estilo. Es verdad que luego no sabían que era el argumento ontológico de San Anselmo, ni habían leído un libro en su vida, pero les daba igual, porque bastaba con manejar varios clichés insultantes sobre la inquisición, para autoconvencerse de que eran unos sabios comecuras. Por supuesto abandoné tales foros porque la libertad de expresión se había tergiversado y convertido en insultar al otro, lo que convertía esa libertad de expresión en la esclavitud de no poder entendernos.

Por eso, es muy importante limitar la libertad de expresión que promueve el odio, porque en la construcción del diálogo en la democracia, el respeto y al escucha al otro es una premisa ética sin la cual no existe democracia alguna.

¿Por qué entonces no entendemos el islam de igual forma que ellos nos entienden a nosotros?

Desde el punto de vista racional no podemos comprender culturalmente a un pueblo si no entendemos y atendemos a su religión, además de, por supuesto, a su economía, su estructura familiar, patrimonial, jurídica, ideológica, o productiva-reproductiva. Pero no son compartimentos estancos, sino que se vinculan y conviven influyéndose unos y otros hasta armonizarse con el tiempo. Una cultura no puede ser incoherente por mucho tiempo, salvo que esté sometida a una permanente crisis identitaria, que es lo que le sucede a Occidente. Por eso la disarmonía de las estructuras culturales tiene que ver con los periodos de crisis de las sociedad y las culturas, crisis causada por el encuentro con otra cultura poderosa, que es lo que le sucede al cristianismo occidental y al islam. O crisis causada por la pérdida del sentido religioso, como le sucede a Occidente.

Ellos (los descerebrados estos que se auto-inmolan haciendo el bestia) se sienten atacados por la cultura occidental que es más poderosa económicamente, y su reacción ante tal invasión cultural es la resistencia ante Occidente, su estilo y su modo de vida. Por eso atentan contra sus vecinos inmediatos sean parisinos o sean de Alepo en Siria. Para esta gente todo lo que pertenece a Occidente es el demonio, y ante una cultura que pretende globalizar los derechos humanos, incluida la libertad de expresión, no les queda más respuesta que justificar su atentado bajo la falacia de una interpretación religiosa sesgada por ellos mismos para obligar a Alá a decir lo que dicen ellos mismos blasfemando contra el hombre y en el nombre de Alá.

De hecho, estos señores que han atentado en París se han educado en Occidente. Son franceses que han ido de pequeños a la escuela laica y pública francesa, la gran escuela francesa, muy eficaz en muchas cosas, pero claramente incapaz de orientar a las nuevas generaciones de emigrantes hacia un arraigo en la tradición cultural francesa. Son por desgracia la punta de un iceberg formado por desarraigados que no desean convivir con la cultura francesa que les vio nacer.

Es evidente que el problema no está en las religiones mismas, pues encontramos que desde hace 1400 años convivían los cristianos Caldeos de Siria con los musulmanes que llegaron a allí tras la Hégira. El problema está en la falta de arraigo y sentido de la vida religiosa de estos franceses, hijos de emigrantes la mayoría, que han encontrado en el islam una justificación y una legitimación para matar a otros, igual que los de miembros de cualquier otra secta fanática e intolerante.

Por eso la libertad religiosa, tiene que encontrar como límite el respeto y la convivencia con otras confesiones o religiones. Y esto es complicado desde el punto de vista antropológico, porque una cultura siempre tiende a uniformizarse desde la mayoría cultural que va imponiendo a la minoría cultural sus pautas culturales. De ahí que sea lógico y entendible, que estos franceses sientan animadversión hacia la cultura que se les quiere imponer, en este caso la Occidental, aunque sea la cultura que les ha dado todo, y sea a la que pertenecen. ¿Me siguen? Están desarraigados en su propia cultura francesa, y hay que combatir el yihadismo combatiendo tal desarraigo cultural mostrando que es posible ser un buen musulmán en Occidente aceptando y asimilando los derechos humanos como algo querido por Alá.

Cuando las chicas musulmanas acaban yendo con estos grupos a salvar al mundo occidental del demonio, y se encuentran con que son las putas de los soldados varones del Estado Islámico yihadista desean volver, y es que no han sido educadas para ser putas de nadie. De hecho, en ninguna cultura (y mucho menos en el islam) se educa a las mujeres para ser putas de los varones.

El desarraigo cultural de occidente, donde se seculariza cualquier trascendencia acaba formando una sociedad deconstruida, fragmentada y rizomática (en terminología de Deleuze). Se fragmenta el individuo, que lo arroja y convierte en un superviviente de la sociedad de consumo, y se termina sustituyendo la trascendencia por lo tangible de la patria, la grandeur del pasado y la historia, o el frenesí de sus lemas omnímodos: libertad, fraternidad e igualdad. Napoleón acaba siendo el Dios que Francia mató en la Revolución, por decirlo en un lenguaje metafórico y poético, y ellos mismos terminan adorándose como el becerro de oro se adoraba a sí mismo, pues era de oro. Este es un caldo de cultivo para que surjan los fanatismos religiosos, las interpretaciones excluyentes y violentas de los textos sagrados, sean los que sean, y suenen como suenen. Y es que no se puede sustituir a Dios por la Nación, por la Patria, o por la Raza francesa, como pretenden hacer los extremistas del otro lado.

Por eso es deber de todos combatir este yihadismo desde los distintos frentes que no podemos dar, y que voy a proponer en varios puntos sencillos.

1. El islam que vive en occidente debe vincularse a esta lucha contra el yihadismo. Si forman parte de nuestra sociedad francesa, española, o alemana, deben implicarse en su construcción social y cultural, donde los derechos humanos sean respetados por ser principios insertos en la vida de la sharia. En este sentido no puede aceptarse una interpretación de la ley islámica que incluya la lapidación, y otras muchas reglas del mismo cariz. La interpretación personal del Corán que afirme que el respeto a los derechos humanos es querido por Alá, y es tan bueno y santo como la Sharia, debe ser la interpretación dominante entre los imanes y los líderes religiosos del islam.

2. Occidente (pero también los países islámicos) deben asumir la práctica de lo religioso, incluidas sus manifestaciones como algo público. No se puede exigir libertad religiosa en París o Madrid, y no pedirla en igualdad de condiciones para los cristianos que viven en El Cairo, en Alepo, o en Teherán. La confesionalidad de un estado no puede ser un obstáculo que restrinja la libertad religiosa, donde se incluya el respeto a las minorías.

3. Limitar la libertad de expresión censurando aquellas manifestaciones que sean insultantes o vejatorias para la sensibilidad religiosa, o para las personas. No se deben aceptar manifestaciones que potencien la violencia o el odio contra nadie, ni contra sus ideas o creencias.

4. Potenciar una auténtica y adecuada formación religiosa en las nuevas generaciones. La religión no puede estar en manos de cualquier iluminado. La formación religiosa es un asunto de Estado, como lo es la trasmisión de una cultura. Esto no implica obligatoriedad en la creencia, sino en su conocimiento. Necesitamos buenos profesores de islam, como ya hay gente en el cristianismo con una magnífica formación. ¿No sería deseable un islam con dirigentes sensatos, con buenos intelectuales, y gente de bien como tiene el cristianismo en sus obispos o en el Papa? Esto ya sucede en muchos estratos de la sociedad islámica, pero la cuestión es si esas personas están asumiendo posiciones de liderazgo, capaz de construir una sociedad más justa y tolerante. Esto beneficiaría al islam a encontrar su acomodo en este mundo globalizado, a la vez que le permitiría la convivencia, dejando al descubierto el absurdo del terrorismo yihadista.

Menos islamofobia, menos cristofobia, y más una libertad basada en el respeto al otro. ¿Podría ser?

El agua de la fuente

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