Poema para una nueva humanidad.

 

Susurra paloma herida, bajo el alero de la tarde.

Sin resentimiento, ni odio.

Sin envidias, ni recelos.

Y te digo:

Que los ricos me caen bien, y me da igual que vivan mejor que yo,

porque son mi otro yo.

No los envidio.

Que no me molestan los adinerados, y me da igual si huyen lejos con un maletín,

Tampoco los envidio.

Que no odio a los machotes ni a las féminas, ni a los blancos ni a los negros,

Están igualmente heridos.

No recelo del distinto, aunque piense opuesto a mi.

No odio al rey, ni al príncipe, ni a la princesa,

aunque vayan desnudos o vestidos,

esclavos de su condición.

No les envidio,

tampoco les desprecio.

Sólo son hombres como yo.

Y si me preguntas por la justicia, te diré:

que te arrodilles ante Dios,

y ante cualquier hombre que lo represente.

Que son todos y ninguno.

Y que no envidies a los hombres con sus pecados,

recela mejor de los tuyos, que son como los míos.

 

 

 

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