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Monotemática y temas tabú.

No soy el único que lo ha notado. Los telediarios, los reportajes, el equis ele, los periódicos y las radios parecen cortados por el mismo patrón. Cuando toca hablar de un tema, nos dan la matraca hasta el final, hasta aburrirnos y hasta agotar el tema. Lo hacen de manera divulgativa, que es ensartando unas cuantas mentiras, unos datos confusos y unas obviedades que den por verdadero lo particular y dudoso. Así funciona el sistema propagandístico de las democracias occidentales, porque en el resto nadie discute que no haya libertad de expresión. Ya sabe, da igual que sea mi tema o tu tema, lo importante es hablar y hablar sin parar del único tema que podemos y debemos hablar. Es propaganda, por supuesto, y en un país donde se supone que debería existir el pluralismo político, es una lacra que nos inunda y nos impide ver los árboles del resto del bosque.

Y es que además de pinos piñoneros, también hay abedules en el bosque. Incluso son a veces más abundantes. Frente a las 55 víctimas de presunta violencia de género, hay que contraponer, porque nunca se habla de ellos, de los 3000 suicidios anuales. Sí, lo han visto bien: 55 frente a 3000. De unos se hace monotema, y del otro tema tabú. Se justifican diciendo que hablar de suicidios incrementa los suicidios, pero no dicen que hablar de violencia de género también debe incrementar el número de este tipo de crímenes pasionales. ¿O acaso hay alguien que quiere que se incremente el número de casos porque vive de eso? No me lo respondan, por favor, me imagino la respuesta y me da náuseas.

Por supuesto nunca se habla en profundidad de ninguno de los monotemas. ¿Para qué si el tema está claro y nadie discrepa? Los periodistas repiten las consignas prejuiciosas de turno y sacan sus monotemas aunque no sean importantes. Da igual que haya habido un bombardeo en Siria, que los iraníes derriben un avión comercial, que tengamos terremoto en Filipinas con miles de muertos… si casualmente ese día hay un sobreseimiento en una causa de corrupción, o muere una señora presuntamente a manos de su marido, lo importante es eso. Dicho de otra forma,  predomina lo particular frente a lo general. Predomina el monotema, lo que demuestra que el caso particular da igual, lo que interesa es continuar con la propaganda un día más, un telediario más, una hora más, un minuto más.

Los monotemas son tres o cuatro, no más, porque si superan esos números se diluye la propaganda del sistema. Cuando pones un telediario, cualquier día y casi en cualquier cadena, se muestran lo mismo. Algunos dedican más tiempo a su propaganda ideológica y otros menos, pero en general, casi todos dicen lo mismo y dan las mismas noticias. ¿Todos los periodistas piensan que las noticias importantes son las mismas? Parece que sí, y supongo que es porque tienen los mismos miedos y los mismos jefes.

El primero de los monotemas del telediario es lo que hacen y dicen los políticos del día, casi siempre tema nacional, si es internacional es Trump, y por supuesto, nunca hablan de la democracia en el Congo ni del presidente de Liberia. ¿Para qué? Si no es interesante, dicen.

Los políticos suelen colgar sus rebuznos en twitter y así no molestan a los periodistas con ruedas de prensa. Lo que dicen y lo que braman son imbecilidades soltadas para el ganado. Y el ganado se lo traga como pan bendito. Ocupan un porcentaje alto. Lo que ha hecho y dicho el ministro y así. A estas declaraciones se añaden las especulaciones jurídicas de los periodistas, que no saben muy bien si el juez hace o deshace, porque básicamente no saben qué es un juez porque no lo han estudiado. El magistrado dice, deja de decir, imputa, procesa, declara. Probablemente no saben qué es cada cosa, pero les da igual, porque de inmediato son contestados por los políticos que sí saben, pero que en su maldad disfrutan destrozando la separación de poderes. De eso no hablan, de la independencia judicial. Tampoco hablan del Congo. Eso no importa, en cambio, la chorrada de cualquier imbécil metido a portavoz de algo sí importa, y mucho.

El segundo monotema es la consabida y tediosa violencia de género. Casi nunca hablarán de otros crímenes: ni drogas, ni contrabando, ni extorsiones, ni robos con violencia, ni robos sin violencia, ni desapariciones, ni ocupas, ni atracos, ni vandalismo callejero, ni suicidios ni casi nada de nada. Y si son menores o extranjeros tampoco lo mencionan, es tema tabú. A veces dedican algo cuando el tema es muy gordo, pero más bien poquito. Hay que vender, y se conoce que la violencia de género vende mucho, o cobra mucho. Que será eso también. Lo dicho, 3000 suicidios al año, y 1000 muertos en carretera en España anuales, no tiene nada que hacer frente a 55 presuntos asesinatos de género y con perspetiva de género. El 1,3% de las muertes de la cosa nostra ocupan la única actualidad en sucesos del país. Y he sido generoso en la proporción.

El tercer tema es el relativo a la meteorología y al cambio climático. Suceda lo que suceda, llueva o haga frío, todo es por el la consabida verdad verdadera del cambio climático, que ni es cambio, ni es climático, pero que da igual, porque todos le llaman así y Sánchez ha dicho que no se puede discutir. Nunca te explican las opiniones disonantes, las voces de los científicos que no son subvencionados, ni siquiera salen científicos de más de 60 años hablando en la televisión. Casi siempre son jovencitos que parecen recién salidos de las facultades de Ciencias Medio Ambientales, donde también debe ser todo monotemático. El caso es que te cuentan el tiempo por activa y por pasiva, y te dicen hasta el porcentaje de luna que tenemos. Información basura y poco relevante, pero que ellos lo dan, porque piensan que tenemos que estar informados. Jaja, que gracia tienen los tíos. El culmen del monotematismo es hablar del cambio climático con perspectiva de género. Palabra que lo dijeron el otro día en no se qué cumbre de las miles que hacen al año sobre el monotema.

El cuarto tema es el relativo al deporte. Perdón, quiero decir al fútbol que practican dos equipos: el Real Madrid, el Barça, y a veces el Atlético de Madrid. Cuando gana Rafa Nadal también lo sacan y sonríen los periodistas, y cuando gana algún otro u otra nos lo cuentan rápido. ¡Ah sí! ¡Qué también somos campeones de badminton gracias a Carolina Marín! ¿O era Martín? Vale, Ahora hablamos de los nuevos fichajes del Real Madrid. Pase lo que pase son noticia. O están en crisis y están ganando; pero nunca están fuera de los telediarios.

Frente a estos temas, se cuela alguno más relativo a la cultura, por poner algo, supongo. A las noticias científicas tampoco le dedican ni dos segundos. Que si han lanzado un satélite los de la NASA a Plutón. Y por supuesto deben ser noticias de relumbrón, porque si no, no son noticias. Lo cotidiano no es noticia, y por eso, mejor les contamos cinco minutos más lo del Madrid y ya. Que eso sí que es noticia, los entrenamientos del Madrid…

El caso es que hay grandes sacrificados en los informativos y los telediarios, que son, a saber, el arte en general y la ciencia en particular. Nada de música, ni de literatura, ni de poesía, ni de cine, ni de toros, ni de teatro, ni de danza, ni de ópera, ni de… Se ve que tampoco existen documentales sobre Carlos II, ni sobre Felipe III, ni sobre Galdós (ahora que está hasta de minimoda),  nadie habla de las consecuencias del Brexit, ni de la guerra en Ucrania, ni de nada. La inanidad debe ser esto. Monotemas y temas tabú. De unos repiten y repiten, Segunda Guerra Mundial y lo malísimos que fueron los nazis, y de el resto no se habla.

Hay otro tema de los documentales que sí se habla y mucho, y es el asunto de los extraterrestres y la teoría de los antiguos astronautas, que debe ser el monotema en Estados Unidos. Hasta las cadenas dedicadas a historia hablan de esto y no de historia. Luego están los reportajes sobre la naturaleza, y no parece haber más que bichos y animales asesinos que se comen a sus presas a lo salvaje. ¡Cómo que son bichos, coño!

En fin, que si te apetece ver algo diferente tienes que andar ronroneando al canal cocina; a canal sur, que siempre están triki triki; o Telecinco donde el monotema se llama “Sálvame” que es un programa con un final tan incierto como repetitivo. Por supuesto, siempre nos queda la lectura.

 

¿Por qué se está haciendo odioso el feminismo?

El mérito no es mío, el chiste circula por la red, éste y cientos más. Por cierto, procede de una tal “monicarogo” en twitter, y como es mujer, no es sospechosa. ¿Hay tías que no piensan como las feministas? Bastantes más de lo que parece. Y es que, en este mundo terrible, hasta las mujeres están hasta las narices de las feministas, feminazis y femiplastas, y no me extraña, porque hacen méritos para que la gente les tenga manía.

Las feministas son como un latiguillo que suena permanentemente, una propaganda pesada y cruel que limita los derechos y libertades fundamentales conseguidos en la historia. Reducen y limitan la libertad de expresión, anulan la presunción de inocencia de los varones heterosexuales (la mitad de la población que se dice pronto), y dificultan la igualdad de hombres y mujeres. En realidad no protegen mejor a las mujeres de la violencia, sino que nos distraen con sus juegos ideológicos para seguir chupando del bote y viviendo del cuento del “rollo de ser mujer”.

Observatorios, delegaciones de la mujer, secretariados para la mujer,… hay cientos de organismos institucionales que cuestan mucho dinero y que no han logrado mejorar las cosas para las mujeres. Al contrario, yo creo que las están perjudicando gravemente en sus aspiraciones sociales y culturales, que son tantas como las que tiene el resto de la sociedad. Ni han roto el techo de cristal, ni han reducido la violencia doméstica, ni han equiparado salarios, ni concilian la vida familiar y laboral de las familias. El modelo de mujer al que aspiran y se empeñan en imponer, es una mujer que tiene que renunciar a los hijos, tiene que empoderarse (hacerse con el poder político, social y cultural), y tienen que enfrentarse con tolerancia cero y continuamente a los opresores varones. Porque esto es una lucha, dicen. Y yo creo que no.

Las mujeres son válidas lo mismo que los tíos, unos más y otros menos. Y no tienen que andar demostrando nada a nadie, ni siquiera a ellas mismas. Si los hombres no tiene que demostrar nada, las mujeres tampoco. ¡Qué disfruten de la vida, coño!

La igualdad ante la ley fue en su momento una conquista del liberalismo democrático que se fue extendiendo poco a poco. Era un principio de la Revolución Francesa. Algunos colectivos que eran políticamente sospechosos, dejaron de serlo, y accedieron al voto a lo largo de las décadas. Ser pobre o ignorante era mirado con sospecha, porque se pensaba que podían ser manipulados por los enemigos de la patria o por el dinero; y con la mujer sucedió lo mismo, se sospechaba de si se dejarían llevar por sus confesores (así defendió la izquierda la negativa a que votaran en la II República Española). Pero cuando acabó la sospecha ejercieron el derecho a voto. Es una conquista ya realizada, y su único lugar de exigencia son los tribunales. Por cierto, los niños tampoco votan, y no hablamos de discriminación. ¿Me entiendeeees? La igualdad ante la Ley ya está conseguida desde hace décadas. Ahora tendríamos que derogar las leyes que otorgan privilegios a las mujeres, que son las que defienden las femiplastas a capa y espada.

La discriminación positiva, que defienden estos colectivos femibroncas, es discriminación, y por tanto un retroceso social evidente que solo puede ser defendido por un discurso “victimista”, que es lo que han hecho las feministas de última hornada. Discurso que perjudica mucho a las mujeres que no van de víctimas por la vida, y que no quieren que las ayuden porque no se consideran inferiores. Y es que no lo son, ni débiles ni bobas.

El victimismo del feminismo contemporáneo se ha vinculado con las llamadas ideologías de género, y eso ha hecho que los avances reales de la mujer por conseguir una mayor igualdad jurídica y social se hayan atascado y retrocedan. Entre otras cosas porque estos colectivos no saben defender los derechos de las mujeres sin SOSPECHAR DE LOS VARONES. Y este es el problema. Han terminado generando una victimización insoportable y una agresividad protegida, y frente a ellas, muchos varones y mujeres se oponen. Las mujeres se niegan a que las protejan, y los hombres se oponen a que se sospeche de ellos solo por ser varones.

Por desgracia la lacra feminista y las ideologías de género cuentan con el apoyo directo e indirecto de los medios, además del apoyo de la clase política que tiene miedo a ser “incorrecto” o a ser tachado de “machista”. En este sentido, son un auténtico lobby de poder. Su único enemigo (además de la iglesia católica) es la lógica, la ciencia y la realidad, a la que muchos nos aferramos; pero todo lo demás, está a su favor, y por eso se les escucha mucho, y generan mucho rechazo, tanto entre las mujeres como entre los hombres. Ahora se quejan de misoginia, y mañana se quejarán de otra cosa. El victimismo como argumento político se agota en su lamento, y no da más de sí. Y casi todo lo que cuentan que han conquistado recientemente, en realidad son retrocesos en libertades y derechos.

Uno de los temas más escabrosos, y que más relieve tiene en los medios es el asunto de la agresividad que sufren las mujeres por ser mujeres. Le llaman erróneamente “violencia machista” y se equivocan, porque el machismo en sí no es violento, no tiene por qué serlo. De hecho, para un machista de toda la vida, pegar a una mujer es una cobardía impropia de un hombre. La hombría se demuestra frente a los iguales, y no ante los inferiores. ¿Me entienden, verdad? El machismo no tiene por qué ser agresivo, pero como han mezclado todo para conseguir su gran objetivo, continúan instaladas en la queja y el lamento. Su gran pretensión es hacerse con el control y el poder. Pero cuando lo tienen, tampoco saben qué hacer, salvo meter en la cárcel a todos los que no piensen como ellas. A los machistas, a los maridos y a los meapilas, ale.

Cuando fue aprobada la Ley contra la Violencia de Género, se oyeron algunas voces discrepantes, que fueron acalladas por ser machistas, o sea discrepantes. Predecían un fracaso antropológico que luego se ha comprobado real. La ley, por cierto, fue aprobada por casi la unanimidad del parlamento, derechas e izquierdas, radicales y moderados. Pero ya verán como no derogan la Ley, le darán una vuelta de tuerca para limitar más derechos esenciales, y seguirán sin saber qué hacer con el asunto. ¡Con la de observatorios de la mujer que hay! Para mi que en todos los observatorios usan las mismas gafas polarizadas de antimachismo. Y no ven nada que les dé una pista, claro.

Hay una opinión novedosa, que me resulta fascinante de las muchas que he escuchado y que creo que tiene toda la razón. La violencia doméstica forma parte del grupo de las violencias que se generan en torno a las relaciones afectivas, por eso siempre se dará un cierto número de agresiones (algo inevitable pero reducible): de padres a hijos, de hijos a padres, de maridos a sus mujeres, de adultos a ancianos, en pareja de novios y de casados… Como los accidentes de tráfico, no desaparecerán, pero podríamos reducirlos al máximo. Mejores coches, mejores carreteras, y menos distracciones, alcohol y móviles cuando se conduce. Interesante.

Seguramente también potenciando unas relaciones afectivas sanas se logre reducir la violencia en general de una sociedad competitiva que ya es bastante violenta de por sí. Mejores personas, mejores relaciones, mejores familias; y menos aislamientos, menos ignorancias, menos dar caprichos a los hijos.

Es un dato que es fácil de observar. Los jóvenes de ahora controlan más a sus parejas a través del móvil. Son más dependientes y más desconfiados. ¿No eso acaso un caldo de cultivo para las agresiones del mañana? Pues eso.

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