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OCTUBRE: MES DEL ROSARIO Y DE LA MISIÓN.

Mientras seguimos contemplando con asombro y dolor el final de la civilización cristiana, nos ratificamos en afirmar este mes de octubre como mes del Rosario y de la Misión.

Estos dos ejercicios de piedad expresan bien la dialéctica que tiene lugar en el corazón del hombre creyente: contemplación y lucha, oración y proclamación.

Los cristianos vivimos con esperanza el encuentro con María, con el Señor y con Dios, y lo desarrollamos en el encuentro con los hombres deseosos de una palabra de alivio para sus vidas, es decir, en la misión.

Del Rosario tengo algo que decir y mucho más que practicar. El Santo Rosario es la oración por antonomasia de la Virgen María, es la oración sencilla que mejor doblega al diablo y a sus siervos. Es la oración que mejor ayuda a combatir la tentación de la soberbia, la ira, la lujuria, etc. Es la oración que junto con la Eucaristía y la Liturgia de las Horas (Laudes y Vísperas especialmente) más nos fortalece, nos edifica y nos acerca a Dios.

El Rosario es una oración repetitiva de padrenuestros, avemarías y gloria que se recita a la par que se contemplan los misterios gozosos, dolorosos, gloriosos y luminosos de la vida de Jesús y de María. Mientras se recita el Rosario, María nos mira y nos sonríe. Y lo reza con nosotros. Conviene rezarlo meditativamente y sin prisas. Disfrutando el recitado y mirando la cruz, o a María, o al Santísimo.

El día 7 de octubre es el día de Nuestra Señora del Rosario, un día feliz.

También es el mes de octubre un tiempo de especial recuerdo para las misiones pues se celebra el Domingo Mundial de las Misiones, el famoso Domund. Es un día para recordar que todos los cristianos somos misioneros. Esto es importante. Los cristianos recibimos por el bautismo y por la unción con el sagrado Óleo el ser sacerdotes, profetas y reyes.

El ejercicio del sacerdocio común lo realizamos siendo mediadores entre los hombres y Dios. Ejercicio que el laico realiza estupendamente bien rezando el Rosario y pidiendo la intercesión de María.

El ejercicio profético denuncia el mal del mundo, y anuncia el Reino de Dios.

Ejercitamos nuestro reinado desde Jesucristo en la cruz e inspirados en la Virgen María, que es la Reina del cielo por su Inmaculada Concepción y su poderosa humildad.

El ejercicio misionero de los cristianos deriva de la ratificación que recibimos de nuestro bautismo en el sacramento de la Confirmación. Por este sacramento, recibimos el Espíritu Santo, y eso nos permite salir de nosotros mismos para proclamar que Cristo vive. En este sentido, toda la Iglesia es misionera, todos y cada uno de los bautizados, y con más fuerza los confirmados, son misioneros de aquello que han visto y oído. De Pentecostés al cielo, pasando por la cruz.

La Iglesia incluso ha considerado, a los mártires que no han sido todavía bautizados, como receptores de un bautismo de sangre. De esta manera, la misión y la entrega conforman el corazón de los hombres creyentes, que son guiados hacia Dios. Es decir, el misionero predica y anuncia el evangelio a sí mismo. También para sí mismo, pues es Dios el que está hablando en él.

Rosario y Misión que son integrados en los santos de este mes. Por cierto, la santa que hoy celebra la Iglesia, aunque sea Domingo, y que está presente en nuestros corazones es Santa Teresa del Niño Jesús, patrona de las misiones y contemplativa en el carmelo. Misionera desde la oración.

Su “Historia de un alma” sigue siendo una obra maestra de espiritualidad de nuestro tiempo. Mi vocación es el amor, afirmó. También ha de ser la nuestra.

PD: No he dicho nada del día 12 de octubre, festividad del Pilar. Ya lo contaremos. Felices días de octubre.