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Zuckermann encadenado, de Philip Roth. La novela de las neuras de los escritores

El pasado mes de mayo murió Philip Roth, un escritor norteamericano de origen judío. Me enteré de la noticia por el homenaje que le hicieron en la televisión francesa. En la española creo que ni lo mencionaron, pero no estoy seguro porque tampoco la veo mucho. El caso es que en Francia sí le dieron cancha, y pude visualizar la última entrevista que dio en su hogar en USA. Una entrevista de más de una hora, que me encantó. El hombre se había retirado, había dejado de escribir bajo un argumento demoledor: no tengo nada nuevo ni interesante que contar. Ya he contado todo. Ahí están mis libros. Llevaba varios años sin escribir, y sin que le hicieran entrevistas. Feliz, supongo.

La sentencia me pareció implacable y me recordó a Miguel Delibes, y es que escribir es siempre algo muy costoso, y no siempre gratificante. Luego están los lectores, que no siempre son respetuosos, y por supuesto las críticas y las incomprensiones de la obra, que también proporcionan dolor de cabeza cuando se traspasan ciertos límites. Por eso me abrumó su sinceridad, pero también su inteligencia y el dolor que arrastraba como escritor, como escritor y como judío rechazado por el sionismo radical.

Roth es alguien que ha contado cosas, que no ha escrito por escribir. Es la prueba de que los libros no duran lo que las editoriales les dan de vida (nueve meses de novedad, y dos años para los libros de viejo). Roth es la prueba de que un escritor es un transmisor de ideas, y no una fábrica de tontadas banales. Imaginé a alguien parecido a Saramago, y no anduve muy desencaminado.

Me leí en verano un primer libro donde dialogaba con otros escritores y pensadores judíos, escrito por su mano. La obra se titulaba EL OFICIO: UN ESCRITOR, SUS COLEGAS Y SUS OBRAS. Y luego, como me dejó un regusto dulce, me atreví con su monumental ZUCKERMANN ENCADENADO, que son tres novelas en una, más una novela corta. El principal personaje es un tal Zuckermann, un personaje-escritor inventado por Roth, que es un reflejo bastante aproximado (no deja de ser una novela) del mismo Philip Roth.

La novela no la desgrano, se lo dejo al avezado seguidor de este blog que le apetezca disfrutar con los relatos y las neurosis divertidas de Zuckermann. Así que me entretendré mejor pensando en voz alta lo que me ha sugerido.

Es algo archisabido, pero no siempre todo el mundo es consciente. Los escritores no son los personajes de sus novelas, aunque se parezcan mucho a su padre eyaculador. Si uno escribe una historia cuyo protagonista es un psicópata asesino, no hay porqué encerrar al escritor. Ni mirarlo de reojo. El asunto me viene al caso como anillo al dedo (que diría don Quijote), hay escritores que afirman que es mejor no conocerlos, porque decepcionan. Igual hay alguno psicópata, me temo. El otro día, sin ir más lejos, con un compañero de trabajo comentaba el prejuicio que genera conocer al escritor a la hora de leer una novela. La sexualidad de los personajes, las relaciones sanas o insanas, los sueños y los anhelos de los personajes son tomados como reflejo del que escribe; y viceversa. ¿Cómo puede un tipo tan apocado escribir tan encorajinado? Lo dicho, si no se le conoce hay menos prejuicios a la hora de abordar el libro. Es como si juzgáramos a los hijos viendo a los padres; y viceversa, como si imagináramos a los hijos con solo tomar una cerveza con su padre.

Segunda cosa. Los libros son hijos concretos del autor. Es decir están sometidos al tiempo y al espacio. Son hijos del escritor de un momento de su vida. Luego dejan de ser suyos. Los libros se interpretan, se convierten en símbolos, se destruyen, se odian y son olvidados por los escritores, a veces tanto o más que por los lectores. No conozco (ni he leído) a ningún escritor que diga que escribir sea fácil. A alguno incluso le persiguen sus personajes durante años. Puede ser entretenido, visceral, placentero por momentos; pero también es tedioso durante años de trabajo escondido y silencioso. Escribir requiere pensar mucho y crear mucho. Más de lo que parece. Tras las páginas de un libro hay revisiones, silencios, y me atrevo a decir que lágrimas e impotencias inimaginables. Los personajes se rebelan, y las historias no siempre osn buenas.

Añado sin rubor que todos los escritores guardamos libros que nunca publicaremos. Todos tenemos libros monstruosos que nacieron con dos cabezas, que son insostenibles. Quizás malos o avergonzantes. Los libros muestran el ADN de su progenitor, y no siempre exhibir las miserias es agradable para los pecadores. Dicho queda.

Y una tercera cosa. Los libros se escriben para ser leídos, tanto por la gente cercana como la lejana. Con los que uno nunca se va a cruzar no pasa nada, el problema son los parientes y amigos cercanos. Tal desnudo requiere un grado de libertad interior y de compromiso con uno mismo que confieso no haber alcanzado. Me explico: si yo hubiera escrito “50 sombras de Gray” tendría problemas con mis vecinos y con la familia. Y Roth tuvo problemas por escribir EL LAMENTO DE PORTNOY, que es la historia sexual de un onanista judío en Estados Unidos. Por eso me admira su osadía y sus agallas.

Igual que Zuckermann, todos los escritores estamos encadenados a nuestros miedos. Y eso es un gran descubrimiento para un escritor como yo. Gracias Roth, y descansa en paz. Ahora sí.

 

Un programa excelente de libros y escritores en Francia: LA GRANDE LIBRAIRIE.

¿Por qué no tenemos en España un programa con este formato tan brillante y sencillo? Supongo que es porque las autoridades del sector audiovisual nos desprecian hasta acabar extenuados. Tanto reportero granuloso haciendo aspavientos que parecen malas traducciones de adolescentes americanos saliendo de su villorrio; y sin embargo, no todo está perdido. Al menos no en Francia, donde cuentan con un programa excelente sobre escritores y libros titulado LA GRANDE LIBRAIRIE. Es en el canal France 5, y se puede ver en el canal del internacional vecino previo pago al monopolio “fusión” (como el fútbol). Gracias, gabachos. La revolución fue una cagada sanguinolienta, pero este programa os dignifica. Merci beaucoup.

La estructura del programa, por si alguien no lo ha visto, es bien simple. François Busnel, que además de presentador se lee los libros y se los curra con detalle, se dedica a entrevistar simultáneamente a unos seis escritores. Los temas varían, hablan de otros escritores, de libros de autores no francófonos, de mundos de escritores, de universos lingüísticos, de las filosofías de lo que escriben, de psicologías y experiencias vividas y reflejadas en los libros, etc. Pensamiento y quizás divine gauche, pero bueno, al menos hablan de libros y de escritores, sin censuras y sin alharacas. La primera vez que lo ví, hace unos años, entrevistaban a Roman Polanski; y acto seguido, varias escritoras feministas lo repudiaron. Aunque lo corriente es que se junten alrededor de una mesa baja llena de libros los seis del día. Hablan todos, se escuchan y no se interrumpen. Y da gusto.

Habitualmente, François Busnel, que es el presentador, va entrevistando uno por uno, y él mismo va interviniendo para que nadie quede fuera de la conversación general. Relee algunos párrafos, cita autores consagrados, vivos o muertos, y hace fluir el programa de manera sencilla. A la vez interactúan entre ellos, añaden puntos de vista y respetan los turnos tanto o más que el presentador. Magnifique. Están así como una hora y media, por lo que dedican a cada escritor entre diez minutos y cuarto de hora. Todos hablan de lo suyo sin que tengan que pegarse ni vociferar (a diferencia de los debates españoles de La sexta y Telecirco). El programa queda aderezado con algunos minutos breves, donde varios libreros de Francia cuentan sus experiencias con las letras, los libros que más le gustaron a ellos, o sus lecturas impactantes. En ocasiones hay reportajes especiales sobre algunos escritores norteamericanos, ingleses, franceses. De fondo siempre hay público, de todas las edades, y no solo jubiletas como en España.

Lejanamente en España hizo algo parecido Sanchez Dragó, pero no era habitual que fueran tantos escritores distintos. En cambio, en LA GRANDE LIBRAIRIE los hay mayores, jóvenes promesas, filósofos o historiadores, y todos hablan y comparten sus puntos de vista ampliamente. En España estos programas superan un par de años, como mucho. Más que nada porque parecen no contar con los programadores de la tele, que prefieren concursos y debates políticos amañados a gritos. Los seguidores de Dragó, o de las lecturas y los libros, nos tenemos que conformar con la Milá haciendo de Milá en su librería, o con los de la 2 entrevistando a la Dueñas.

Cuando en España queremos hacer un programa cultural, la primera pregunta que se hace el preboste de turno es si va a aburrir. Por eso los mejores programas culturales los hacen en Canal Sur, donde están cantando el triki triki las 24 horas. De libros nada, o formatos superficiales que no aburran, o no hay programa.

En cambio el de los franceses es una delicia. Aburre a los que les aburre la cultura y a los que no les gustan los libros. Como tiene que ser. A los demás nos encanta.

En Intereconomía, que es cadena también de pago en el monopolio y que está cerca de la France 5, intentan algo más. Hay un programa de libros donde dos paisanos hablan de libros en una librería, libros prohibidos para la cultura dominante, claro. Hablan de Maeztu y tantos otros asesinados por los Republicanos, aunque también se salen de tema y hablan de muchos más libros alternativos. Está bien y se puede ver. Es también muy corto. Y luego hay otro curioso que no lo he visto mucho, porque no sé cuando lo echan. Nos enseñan las librerías particulares y personales de algunos personajes de la tele, gente culta y que tiene buenas librerías y que nos habla de sus joyas. Ese está mejor, pero tampoco va demasiado lejos. La de Alaska y Mario me encantó.

¿Qué más puedo decir? En el último programa del año de LA GRANDE LIBRAIRIE hicieron un homenaje a Philip Roth, escritor norteamericano fallecido en mayo de este año 2018. Redifusión íntegra de la última entrevista que dio el escritor hace ya unos años antes de retirarse. Luego hablaron de él hasta hacerme disfrutar. Me animaron a leerlo, y me está gustando mucho, muchísimo. Roth es un escritor que tiene algo que decir, como el programa de LA GRANDE LIBRAIRIE. Si no pinchara la France 5 de cuando en cuando no saldría nunca del universo Planeta. (Es broma). No recuerdo que homenajearan a Philip Roth en las televisiones españolas, supongo que es porque era judío… (ha, ha, ha, otra maldita broma semita). Y eso que le dieron el Príncipe de Asturias, si no ni lo mencionan en el telediario que no ví.

El agua de la fuente

Blog de espiritualidad cristiana. Oraciones, poesía mística del autor, reflexiones teológicas, pensamiento católico y cristiano.