No estoy últimamente demasiado atento a los asuntos de este blog. La vida me agarra por otros lados, así no me queda sino pedir disculpas a mis pacientes lectores y empezar de nuevo a articulear por estos lares. Un saludo a todos y vamos allá. Hoy vamos a hablar de los últimos acontecimientos de nuestro país.
La DANA caída en Valencia ha despertado una inusual actividad mediática y política en España; y como hay de todo, encontramos periodistas que están al pie del cañón, y otros que aprovechan la catástrofe para atacar al enemigo político. Es el viejo truco que empleaban los nazis. Hablamos de otra cosa que no salga Errejón, desviamos la atención, aprovechamos la indignación de la gente para atacar al rival y cambiamos de tema tan rápido que el otro no se da ni cuenta.
En esto el PSOE es especialista. No hay catástrofe de la que no saque partido mediático. Lo vimos con el covid y Ayuso, con el Prestige contra el PP gallego. O con el atentado del 11 de marzo cuando atacaron las sedes del PP; incluso con el golpe de Estado de los catalanes, donde parece que la culpa era del PP que los provocaba hablando de legalidad y Constitución. El PSOE siempre logran que la culpa parezca de la derecha, la derechona y la ultraderecha. Ellos nunca son responsables de nada.
Lo cierto es que nuestro país sigue siendo un espectáculo. Un espectáculo controlado y manipulado por la maldad de los que quieren sacar rédito político. La identificación de que la gente es buena; de que los políticos son malos y de que ahora tiene que dimitir Mazón, forman parte de la misma estrategia de toda la vida.
Lo terrible es la realidad. Muertos, gente desaparecida, bienes destruidos, trabajos y negocios arrasados, barro y mierda por todos los lados. La culpa no es del invento del recurrente cambio climático, porque siempre ha habido DANAS en el Levante español, con más calor y con menos. Tampoco esta DANA ha sido más fuerte que otras anteriores de las que tenemos constancia. Eso es echar balones fuera para que no hablemos de la verdadera responsabilidad de los que debieron hacer previsiones y no las hicieron.
La culpa es de la falta de previsión en muchos aspectos.
No se puede prever el lugar exacto donde va a caer una DANA torrencial, pero sí se puede saber que de cuando en cuando cae una. Se pueden tener los cauces de desagüe limpios, los sistemas de emergencias a punto. Se pueden tener a los ayuntamientos más preparados para actuar, y se podría formar a la población para que en caso de aguacero no bajen en chancletas a por el coche. Eso requiere un esfuerzo, claro que sí. También se podría organizar un mando único, dirigido por el Ejército, que son los que saben obedecer y mandar. Todo eso es prevención.
La previsión educativa de un país también es importante, y el nuestro rezuma cierto abandono. Me ha sorprendido mucho el bajo nivel. Macrón, Presidente de Francia, pegó la bronca a un chico por tutearle por la calle. En cambio aquí parece que todo vale con nuestro Jefe de Estado. El «Felipe, tío, no tenías que haber venío», habla mucho del igualitarismo cutre de nuestro país. Un país que no respeta a su Jefe de Estado, es una puta mierda de país, y lo siento por el tono.
España lleva educativamente enfangado desde hace muchos años, por un igualitarismo (ahora llamado inclusión) que lo único que hace es empeorar la educación de todos, todas y todes y todis. Un espectáculo muy triste que me causa vergüenza ajena. ¿No hay otros valores?
La gente opina en el telediario que como «están indignados», se les justifica. Y yo creo que no. La España de la solidaridad por mis cojones, la que se limpia el culo con las resoluciones judiciales, la que llora y grita cuando no les dan una ayudita, y la que piensa que tiene derecho a la solidaridad del otro, aunque sea a guantazos, no es una España que vaya bien. Una sociedad donde todos se muestran cabreados, listísimos, y estupendos es una país de necios, de soberbios y de imbéciles.
Por suerte está la otra España. La de la gente que echa una mano, la que piensa que se puede hacer mejor, la que agradece que el gobierno de la dictadura anterior hiciera un cauce para que Valencia no se inundara, la que piensa por sí misma, la que sabe que los muertos no son de derechas ni de izquierdas, la que se arranca y viaja kilómetros para ofrecer un cable a los que están machacando sin comida ni bebida, la que de cuando en cuando le recuerda a algún político que hay que hacer proyectos a largo plazo, y no a medio y a corto plazo para ganar elecciones. Hay otra España que merece ser escuchada, una España silenciosa que no por hacer ruido, vale menos.
Esa es la España en la que creemos muchos. La del alcalde que llama a un colega de la otra punta del país, sin saber de qué partido es, y le manda una cuadrilla de bomberos con toda su dotación.
Prefiero la España de Cáritas, la de la conciencia social, la de la ayuda coordinada, la que se vuelca en el que no conoce. La que envía maquinaria pesada aunque pierda una semana de ingresos. La España que se mueve y hace el bien. Y esa España, se construye desde la previsión; no se improvisa.