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Star christmas wars. La ascensión de los cuñados.

Feliz Navidad, le dijo su peor enemigo de la empresa, y él, que es un hombre bueno, esencialmente bueno, le contestó con la misma cantinela: Feliz Navidad y próspero año nuevo. Luego vino todo lo demás. El cuñado pelma chupando percebes a su lado en la cena, el estofado quemado de la suegra, el retrovisor descuajado en el coche tras una noche aparcado en el barrio enemigo, y finalmente, todos discutiendo al llegar a casa sobre si había sido una cena sostenible y con perspectiva de género.

Es lo que le hizo regresar al cine para ver la última de los Star Wars, en este caso con subtítulo y final de una enealogía que va camino de ser parrésica: la ascensión de Skywalker, pero que él leyó como algo de cuñados: el retorno de los cuñados, el regreso del cuñado, y tras frotarse los ojos lo ratificó “La ascensión de los cuñados”. Nunca mejor dicho. La peli ya la había visto y no lo sabía.

No seamos negativos: la película está bien. Es mejor que ir a cenar, pero tampoco es como salir al campo. El problema es que está lleno de peña pululando que ya no te enteras. En las primeras de los star wars los personajes buenos eran pocos: la princesa Leia, el guapete Luke, el chuleta de Harrison Ford, un bicho peludo y un par de robots. El malo siempre era Dark Vader y luego su jefe, el emperador. Punto pelota.

Luego la cosa se fue liando. Aparecieron buenos y malos a porrillo. El Dark Vader de joven resulta que era otra persona, o sea un bueno que resulta que va de adolescente chulo en unas cuantas pelis para luego hacerse malote y terminar arrepentido de ser malo. Todos dudando sobre si es bueno o malo, y el tío sin definirse en la vida. Cosas de los tiempos complejos en que vivimos, supongo. Y

Luego se duplicaron los buenos a porrillo, casi tanto como los malos. Más robots, más jedis y más tipos de negro oscuro de Bruselas. Pero para mi, y ahí tengo que pedir excusas por mi osadía, el verdadero problema de Star Wars ha sido encajar tanta familia y tanto cuñado suelto.

La primera saga ya lió el asunto familiar. El famoso “yo soy tu padre” marcó una época. ¡Qué shock traumático tan profundo (entonces, hoy no) que un hijo bueno tenga un padre malísimo! Pero el tema se siguió enredando. La princesa y el Luke son hermanitos. Y Harrison Ford es el cuñado de toda la vida y para toda la vida. La prueba de su cuñadismo es que lo acompañaba un perro gigante que no habla ni Pamplona y que es como de otro planeta; y la segunda prueba es que es un fantarrón y se las sabe todas. Pues vale.

En la tercera trilogía la confusión alcanzó la altura mental de nuestro tiempo. Más hijos indeseados, más cuñados y amigos que no saben si deben ser buenos o malos y más parentela desorientada que parecen pollos sin cabeza. Han intentado darle una perspectiva de género poniendo de heroína una chica pero tampoco saben salir del lío. La última frase con la que me quedo es muy buena: “yo soy tu abuelo”. Ahí es nada. Más lío, más confusión, y casi se queda uno pensando si el emperador se lo hacía con el Vader cuando no miraba nadie en el teatro aquel de la capital, y de aquellos polvos estos lodos.

Star Wars no lo van a arreglar sacando a muertos del armario, que es lo que aparece en estas sagas, gente que viene y que va, que no sabes si son de la primera, la cuarta o la quinta película. Entre fantasmas y aparecidos y gente como que es de verdad deambula la saga. Los viejos y los jóvenes se regodean multiplicando colegas por el mundo. Y lo que es peor, todos cascando frases de cuñado cansino, de los que José Mota hace un programa de tres horas.

Por suerte todo acaba bien, espero que definitivamente. Se mueren los malos y triunfan los buenos. La dictadura y los totalitarismos parece que no convencen demasiado a las gentes de la galaxia, y de repente se rebelan y se monta la de Dios es Cristo. La lucha final de turno. Una más de las cientos de luchas finales del cine. La gente idealista está feliz yendo a luchar por el bien, que es lo que hace este tipo de pelis, alentar en la “lucha” al pueblo que lo que quiere es vivir en paz de una p. vez. Es verdad que luchan sin demasiado objetivo, en plan Greta en el presente, pero el caso es que luchan y se parten el pecho por lo que haga falta.

Lo que me sorprende es que ninguno piense qué orden constitucional y republicano van a montar, porque la galaxia va camino de una anarquía llena de bárbaros sin educar. Y la lideresa no parece saber mucho de organizar el tema. Lo dicho, como nos descuidemos se forma una nueva república tan caótica e ineficaz como la de la primera película, y nos meten otros nueve filmes por donde amargan los pepinos.

Reconozco que como fanfán histórico, no me convence ya el tema. Star wars se ha llenado de cuñados de distintos linajes y en este momento no me tomaría ni un mal café con ninguno de ellos. ¿Qué poesía se escribe en las lunas de Endor? ¿Y que tal el teatro de Aldebarán? ¿Vais al cine en el planeta Nabú? Nada. No hay nada interesante que hablar con esa gente tan aburrida y chorras. Son adolescentes que no crecen. Incluso Harrison Ford ha vivido sin madurar y con sentimientos de culpa porque le salió un hijo torcido. ¿Y la princesa Leia? Parece que tiene síndrome de nido vacío. Dejad descansad a Carrie, please.

Ni un café, digo.  Si quedo con ellos sería para darles un par de consejos sobre lo que es la vida, y recomendarles un buen psicólogo para que asimilen sus confusos parentescos, propios de familias desestructurada y con problemas. Casi el emperador de la tercera película parecía saber algo importante, y los jedis de entonces, me refiero a Yoda, hablaban con la suficiencia del que conoce los arcanos secretos de fuerzas desconocidas. ¿Se acabó todo? ¿Leía algún libro el viejo Yoda? ¿De Zenón de Citio? Lo digo porque esta Rey tiene pinta de analfabeta, todo el día en el gimnasio, y lo mismo sus amigos. Una banda de descerebrados. Al menos los Jedi parecían saber algo más, aunque igual era fachada. Desde luego es una buena alegoría para los tiempos presentes.

Yo habría finiquitado la saga con una cena espléndida de Nochebuena, que es donde todo cobra su sentido. Los cuñados se retratan, y la gente inteligentes se calla por no ofender. Hablaría el bueno de Yoda, y educadamente el emperador Palpatine le refutaría con argumentos inteligentes. Y luego todos a la misa del Gallo. La Nochebuena tiene sentido, al menos para los cristianos, y esta gente necesita convertirse cuanto antes. El tema es fácil: hoy nace un Salvador, que es Dios mismo, y ya está. Morirá por tí, porque te ama. Porque sin muerte no hay Resurrección.

Nada de héroes a medias y acomplejados con problemas de identidad. Si es que son como alumnos especiales llenos de carencias… y si miras sus padres. No te extraña nada, que hayan salido así los pobres chiquitos.

Asociación EDUCO en el barrio de los Cocos de Nicaragua.

El otro día estuve en una cena solidaria con un montón de viejos amigos, de esos que no ves desde hacía veinte años. Me invitó mi amiga Cielo, gente buena donde las haya, que además forma parte de un proyecto que arrancó hace precisamente unos cuantos años, en el milenio pasado y no sigo por ahí. Allí me encontré con gente estupenda: Mar Sarmentero (conmigo en la foto), Montse, Pili y Carlos, Ana y Alberto y muchos otros… Gente del antiguo MTA de Valladolid, que es lo mismo que decir Movimiento Teresiano de Apostolado. Gente con el espíritu recio y sereno, y al estilo de Santa Teresa, pom, pom, pom…

Se presentaba el último proyecto de la ASOCIACIÓN EDUCO. Un proyecto dedicado a prevenir la violencia sexual contra menores en Nicaragua. Debe ser frecuente, y así nos lo contaron, el abandono de los estudios de criaturas en edades tempranas por razones tales como embarazos no deseados, violaciones y tocamientos de adultos en menores que dejan secuela en los chiquillos.

No es pequeño el problema, porque Nicaragua es un país donde abundan los niños sin hogar, donde la tasa de fertilidad es muy alta, y donde muchos de los adultos no mantienen el comportamiento que se supone en personas civilizadas. Además de la impunidad existente, las secuelas que arrastran los criaturas son una lacra que hace estragos en una sociedad que ve imposibilitado su futuro. Las víctimas son los niños, los menores y las consecuencias sociales dramáticas pues perpetúan el abandono, la delincuencia juvenil y la prostitución. Solo piden más prevención, más concienciación, más trabajo para protegerlos. Y más ayuda.

Me gusta esta gente de EDUCO, y mucho. Educo es una ONG sin ánimo de lucro que trabaja vinculado a las Teresianas de S. Enrique de Ossó de Valladolid y de Managua, y que lo hace precisamente en Nicaragua, en el barrio de los Cocos en la capital Managua, un lugar marginal y pobre donde las religiosas tienen un colegio abierto. Al estilo Enrique de Ossó, al estilo Santa Teresa.

Siempre el relato cambia y las imágenes estereotipadas con las que se nutre nuestra cultura son más falsas que Judas. Resulta que las monjas pamplinosas le echan más huevos al asunto que los listillos que van de heavies y de malotes. Cada uno que ponga en malotes a los que quiera.

También cambia el relato del tercer mundo, de la falsedad de que los pobres no tienen problemas psicológicos ni traumas y cosas por el estilo porque están preocupados buscándose la manduca. No es cierto, además de buscarse la pitaza diaria arrastran la autoestima baja, el dolor de la mala suerte, el peso de la desesperanza. El hombre es hombre en cualquier rincón del planeta.

Encuentro además en la red bastantes cosas relativas a la ASOCIACIÓN EDUCO, al proyecto que lanzaron de MARTINA LA GAMUSINA. Por cierto, yo tengo una en casa y he tenido que convencer a la más pequeña para que no la meta en agua. Y el enlace de la asociación. Ale, a disfrutarlo, que vale la pena.

Lo siento. Os remito a sus videos y a lo que he encontrado. FAMILIA ASOCIACIÓN EDUCO, gracias y regracias.

 

 

ENLACE ASOCIACIÓN EDUCO http://www.asociacioneduco.es/

 

Y un enlace con una bloguera de un blog estupendo. Saludos y disfruten

https://www.arantzaarruti.com/una-bici-cuento-una-gamusina-la-oportunidad/

El agua de la fuente

Blog de espiritualidad cristiana. Oraciones, poesía mística del autor, reflexiones teológicas, pensamiento católico y cristiano.