Reflexiones eutanásicas: ¿Y no podemos adelantar la fecha de su muerte? Es que me viene mejor para el segundo jueves…

Kilo y medio de eutanasia, por favor; pidió el señor Sánchez para ser moderno y progre. Y metió al zorro en el corral de gallinas creyendo que era cordero y que las gallinas lo agradecerían. El caso es una vez dentro y aprobada la ley, la EUTANASIA crecerá, y se convertirá, “pendiente resbaladiza”, en un satanás difícil de controlar y de parar. Nos queda Vox, es verdad, pero no sé si es poco o es suficiente para detener el suministro de muertes a la carta. ¡Ah, qué no se han enterado de lo que es la eutanasia! No pasa nada, el gobierno se lo explica: es para morir con dignidad, porque vivir con dignidad no es ya tan importante.

Me cuentan desde Bélgica, país eutanásico-homicida, que llegó una familia y le pidió al médico de cabecera que matara al abuelo, que total, ya estaba mal el hombre y mejor morir ahora que esperar unos meses. El abuelo parecía estar más o menos de acuerdo, si le habían diagnosticado unos meses más de vida, que para qué seguir viviendo. El hombre no quería ser un estorbo, y más ahora que había muerto su mujer hacía cinco años y que se encontraba tan solo.

El médico de familia, que debía ser uno de tantos, le dijo que no. Que él no podía hacer eso. Y les dio el consejo habitual en estos casos. Pueden ustedes cambiarse de médico, un tal Dr. Mengele de la Seguridad Social, les dará la eutanasia sin problema. Está habituado, porque es que en este Centro de Salud, nadie quiere matar a sus pacientes.

La familia se quedó indignada. Pobre abuelito, ser matado por un desconocido. El caso es que cambiaron de médico, y hablaron con el famoso y simpático Dr. Mengele, una buena persona amante del progreso (que diría Sánchez), el cual no hizo oposición ninguna a los deseos de la familia. El único problema es que había que contar con el visto bueno del Médico de Cuidados Paliativos, porque no se podía eutanasiar si había una alternativa a los cuidados paliativos. ¡Qué mala suerte!

Pero no iba a ser una desgracia, porque casualmente, a los quince días, el gobierno cambió de nuevo la norma para que sí se pudiera eutanasiar sin necesidad del Médico de Cuidados Paliativos. Era lógico, pues como explicó el portavoz del gobierno, era un escollo innecesario que provocaba mucho sufrimiento a las familias. Volvieron a hablar con el Dr. Mengele, que estaba más contento que nunca.

— ¿Y qué fecha les viene bien para la eutanasia? –preguntó el Dr.

La familia no lo había pensado, y lo dejaron en manos del abuelo. Lo que diga el abuelo. El hombre, que estaba allí presente feliz por ver a sus nietos e hijos juntos, eligió un mes que le caía mal.

–Para septiembre, total, queda un par de meses. Así me despido de los amigos que hace años no les veo.

¡Qué buena idea! y qué bien lo está llevando el abuelo. Lo malo será que nos quedamos sin pensión, dijo una hija de esas que sólo piensan en el dinero. La miraron con cara de asesinarla, la muy avariciosa. Pensar en la pensión. Eso eran cosas del gobierno, que ya se encargaría de dárselo a otro jubilado.

Por suerte, cambiaron de conversación y volvieron al asunto de la fecha. ¿Y no sería mejor antes del verano? Es que tenemos que irnos de vacaciones, tenemos el apartamento en España ya pagado, y no podemos ocuparnos del abuelo durante el verano. Total, el hombre no quiere ser una carga. Lo dijo uno de los hijos, y la propuesta era fantástica. El abuelo no dijo nada.

Lo fijaron en Julio primero y dos semanas más tarde, decidieron adelantarlo unos días. Los inconvenientes veraniegos: había habido un problema con las fechas del apartamento y tenía que ser antes. El 16 de junio a las once y media de la mañana en el hospital. una buena fecha, y era la que quería el abuelo, más o menos.

Por no ser una carga, el abuelo no dijo nada. Y llegó la fecha. El hombre está algo peor por la enfermedad, pero no se había deteriorado tanto como habían pronosticado los médicos. Ya se sabe, la medicina no es una ciencia exacta. El caso es que como ya tenían una fecha, con lo que había costado ponerse de acuerdo, pues no lo cambiaron. Que qué más daba unos meses antes que después.

Se reunieron todos alrededor de la cama, y entró el Dr. Mengele. Era un buen hombre, y tan culto. Le administró el medicamento y el hombre se quedó como si tal cosa.

— ¿Ya se ha muerto? Preguntó la nieta.

Se rieron todos y el Doctor informó, que para eso era un derecho de los pacientes ser informados en todo momento. Bendito gobierno que lo había previsto todo.

— No. Todavía no ha muerto. Estará muriéndose en unas dos o tres horas. Es el protocolo para morir sin dolor. Primero se quedará aturdido, y luego como dormido. Notarán cuando expire el paciente porque deja de respirar. Bueno, el caso es que yo ya he terminado. Esta es mi última consulta. Buenos días y gracias por su confianza. ¡A este paso me voy a quedar sin pacientes! –Bromeó con un sentido del humor inigualable.

Todos rieron la broma, menos el abuelo que no se enteró. Daba gusto ver a un hombre tan campechano y avanzado que tomaba la muerte tan a risa.

— Cuando acabe avisen a la enfermera. Si nos firman estos papeles, así vamos adelantando de cara a la salida del cadáver del hospital.

Y el doctor que era un caballero, se despidió del paciente. Un placer haberle conocido. El abuelo soltó una palabrota, pero nadie le recriminó nada. A un hombre que se muere no hay que contrariarle, aunque hubiera sido mejor otra actitud, pensaron varios de los hijos. Al parecer, el Dr. Mengele estaba acostumbrado a estos cambios de humor de la gente mayor.

Cuando salió el médico de la estancia, muchos se pusieron nerviosos. ¿Y qué hacemos ahora? Yo pensaba que se moría enseguida. Yo es que tengo cosas que hacer, yo también, etc. Siempre hay gente que se ocupa de todo, así que unos se fueron a sus quehaceres. Total, allí ya no pintaban nada, y otros se fueron a hablar a la funeraria para ir adelantando trabajo. Yo me quedo hasta que se muera el abuelo, dijo otro. Gracias, gracias. Al fin y al cabo si habíamos cambiado la fecha era por él. Era normal que se ofreciera. Total, el abuelo ya está dormido y no se entera.

Y colorín colorado, este cuento verdadero, se ha acabado. Está sacado de casos reales ocurridos en Bélgica y en Países Bajos. Las frases son reales y verdaderas. Escuchadas a testigos presenciales de este progreso que viene. Es verdad que la realidad supera la ficción, y que nadie se lo imaginaba así, pero será así.

Por cierto, cuando llegue, no digan que no se lo advirtió el Comité de Bioética al gobierno de Sánchez. El Comité de bioética emitió un dictamen, y votó por unanimidad en contra de la Ley de Eutanasia, pero el gobierno progresista de Sánchez no quiso escuchar. Debía estar muy ocupado en salir en la tele en plena pandemia. Sensibilidad que tuvo el tío.

 

 

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