Pere Casaldáliga, obispo y poeta.

La muerte de Pere Casaldáliga, obispo retirado de San Félix de Araguaia en Brasil, ha llenado de tristeza a muchos. Con él muere, casi termina, una generación de teólogos y de testigos de Cristo que hicieron de la teología de la liberación su bandera en América y su forma de vivir y de presentar la fe en el mundo. No olvidemos que estos hombres fueron combatidos por el FBI y perseguidos por los terratenientes que vieron en sus consignas y desobediencias un escollo y un peligro. Un escollo para que continuaran los abusos que benefician a unos y perjudican a muchos desheredados; y un peligro por el aliento que daba al marxismo revolucionario que termina en guerras y en asesinatos. No olvidamos tampoco que en aquellos años, la revolución, -y la sangre- no era una quimera ni una imbecilidad de cuatro exaltados.

No obstante, Pedro Casaldáliga era algo más que un teólogo marxista. Ha muerto una hombre comprometido con los verdaderamente pobres. Ha muerto un poeta de Cristo, un hombre que hizo de la fe y del Evangelio un discurso encarnado.

Pedro Casaldáliga nació en el año 1928, y vivió la guerra civil española en la Cataluña que perseguía a monjas, curas y frrailes. Cuenta él, como callaba ante las preguntas de los milicianos de la República, mientras ocultaban monjas y perseguidos en su casa. Cuando acabó la guerra renació en él la vocación. Con 17 años ingresó en la orden Claretiana, y fue ordenado sacerdote en Monjuic el año 52.

En el año 68, en plena apertura del Concilio Vaticano II viajó hasta Sao Felix de Araguaia para fundar una misión claretiana. Allí levantó su casa, y allí se quedó a vivir hasta el final de sus días. Hasta el 8 de agosto de este año del 2020.

La pobreza y la miseria que encontró en aquellas tierras le valió que continuara su esfuerzo y trabajo para levantar escuelas y hospitales. Pero también para enfrentarse a los que prefieren sacerdotes y obispos sumisos. Denunció, habló claramente de la injusticia y la denunció con palabras duras. Apostol de la no violencia, era hombre de paz; pero también de los que saben que no puede haber paz si no hay justicia para vivir dignamente.

En el año 71 fue nombrado obispo por el Papa Pablo VI, y en su ordenación hizo público un documento titulado: “Una iglesia de la Amazonía en conflicto con el latifundio y la marginación social”. Un escrito que vale la pena, y que se convirtió en uno de los más importantes para entender la pobreza indigenista, su explotación y abuso; y por supuesto, para revisar y encontrar una luz en la teología de la liberación que practicaba y estudiaba Pere Casaldáliga.

Fue amenazado de muerte y sufrió varios atentados frustrados contra su persona. Era protegido por su comunidad, la de los pobres e indígenas a los que quiso y acompañó, -se acompañaron- hasta el final de sus días.

Reconozco que me hubiera gustado haber sido testigo de la conversación entre Pere Casaldáliga y Juan Pablo II; pues el Papa lo llamó en el 88 para que le explicara su conducta y su línea pastoral. El primero buscaba una “lucha de clases” (como toda la teología de la liberación), pero esta sonaba en Occidente a guerra, enfrentamiento y comunismo sangriento. Realidades que se antojaban siniestras para el Santo Padre, que había vivido en carne y hueso el comunismo y el socialismo en su Polonia natal. El “régimen paradisíaco” que alentaba, había sido un infierno en la tierra, y pocos años depués caía; dejando que el segundo infierno, el de la deshumanización capitalista, la que también denunció Juan Pablo II y Pere Casaldáliga, se hiciera fuerte en el pensamiento único contemporáneo.

Idealismo y realidad. Lucha y oración hasta el final. La conversación de estos dos hombres de Cristo muestra la pluralidad del universo de nuestros santos y de la Iglesia en su Espíritu, que sopla por donde quiere.

Me hubiera gustado conocerle, obispo Casaldáliga, por eso hoy quiero dejarte estos versos improvisados y sencillos.

 

Mi querido padrecito.

Hoy le acompaño de nuevo a casa.

Tienda abierta y hogar para nosotros.

Traigo para usted unos pocos frijoles con ahuyama.

Que dejaré ante sus pies descalzos.

¿Sabe que ayer vino a mi hogar,

y me dio un pan eterno que no puedo olvidar?

Y quiero darle las gracias,

con lo poco que nos queda en la cabaña.

Suyo y nuestro.

 

Antonio José López Serrano.

A Pere Casaldáliga en el día de su muerte. (8 de Agosto del 2020)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .