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Refranes y lenguaje: Agosto tiene el secreto de doce meses completos.

 

Pronosticar el tiempo de manera popular se ha hecho toda la vida, y una de las maneras más curiosas que utilizaron nuestros antepasados fueron las CABAÑUELAS, las HEBREAS o las HERRERAS, que consistían en observar variaciones atmósféricas en los primeros días de enero o de agosto. Con tales observaciones deducían el tiempo que iba a hacer el resto del año. De ahí el refrán: “Agosto tiene el secreto de doce meses completos”; aunque también hay otros refranes al respecto, como aquel que dice “cabañuelas en febrero, en lluvias junio entero”. Explico como lo hacían por si quiere aprender la marisabidilla del telediario.

Esta costumbre de las cabañuelas se mantuvo hasta tiempos recientes en muchos lugares de España, entre otros en Tierra de Campos, en las actuales provincias de Valladolid, Palencia y Zamora, y duraba exactamente 24 días, que se extendían desde el 13 de diciembre (Santa Lucía) hasta que concluía el cómputo a principios de Enero.

Cada día de los primeros doce días observados correspondía a la primera quincena de cada mes, y las segundas quincenas coincidían con los restantes 12 días. Es decir, se contaba el día 13 de diciembre para la primera quincena de enero, el 14 diciembre predecía la primera quincena de febrero, y así sucesivamente. Cuando se terminaba la primera quincena se iba con la segunda desde el día correspondiente, es decir, el 25 de diciembre era la segunda quincena de enero, el 26 de diciembre la segunda quincena de febrero, etc.

Me gusta la terminología y el léxico relativo a los fenómenos atmósféricos que se usaban antaño, pues eran bastante más expresivos y reales, cercanos a la condición humana. Muchas de estas palabras se están perdiendo, aunque por suerte, nos quedan los diccionarios y la gente mayor que todavía sabe hablar sin mover las manos al modo espantajo gringo. Me detengo en algunos que me gustan especialmente y lo hago por orden alfabético rastreando un diccionario de castellano tradicional, cuyas palabras muchas no están en la DRAE ni en el María Moliner.

Abonanzar es el tiempo que se serena y calma. Bonanza es una palabra preciosa que habla de tranquilidad y buen tiempo. Ahora parece que solo tiene que ver con la época de vacas gordas, pero no. Es el tiempo meteorológico, no “las bonanzas empresariales”.

Abrego es el viento fuerte y cálido que procede del sur. Era el mejor para aventar la parva en los meses de verano, cuando había que separar el grano de las pajas. Con los abregos de estío, los campos debían estar segados, pues la labor era otra, y los vientos soplan por donde quieren.

Abrocar es llover, está en desuso y es pariente de palabras como embrocar o brocar. Tiene otras acepciones que tienen que ver con el bricolaje. Llover es abrir brocas… que lo sepas.

Agostar es sufrir el calor fuerte de agosto. Abrilada, en cambio es el tiempo lluvioso de abril. Marciada el de marzo y no hay muchas más.

Aguachona es el nombre que recibe la nieve blanda, casi líquida. Es lo mismo que aguanieve.

Albanciar es lo mismo que escampar. Es cuando deja de llover.

Andaluviar es llover torrencialmente. Probablemente es variación de diluviar, que tiene su referente en la Biblia.

Arbayada es otro nombre que recibe el rocío de la noche.

Barbazar, barbuzar o barciar es la lluvia ligera que se produce cuando el tiempo está muy húmedo y nublado. Cuando se puede sentir la profunda humedad en todo el cuerpo y está lloviendo ligeramente empapando todo se habla de barciar.

Bernizo es la lluvia fina que termina empapando. Se le llama también calabobos, chirimiri o mojabobos. Bernizo suena mejor que calabobos, sobre todo para el que se moja, que no quiere ser un pelele ni por asomo.

Beruje es el viento muy frío, y tiene unas cuantas variaciones: baruje, baruji, biruji… Para estos vientos fríos se usan muchos nombres diferentes, según los matices que incorporan. Otras palabras que se usan es cierzo y corisco.

Calambrones es el nombre que reciben también los carámbanos de hielo, pero también reciben el nombre de candelitas, chupiteles, cirriones o cerriones. todo parece que tiene que ver con las velas y los cirios que se ponían a los santos. Calambrón suena simpático.

Cambrina es el nombre de la escarcha tenue, también se llama carama o caramada.

Cencellada y cencellear es la helada de la niebla que congela la escarcha y los cenceños. Esta palabra es muy usada en Valladolid, sobre todo porque la niebla, cuando es muy fría deja todo blanquito, blanquito. Ha cencelleado, dice la gente por la calle.

Cencío es el viento húmedo que procede de un arroyo o de un río cercano. Es la brisita fresca de los humedales cuando corren por sus cauces y la sentimos cerca cuando nos aproximamos.

Chaparrón es la lluvia intensa de corta duración, pero también tiene variantes semejantes como charpazo o champlazo. El término es popular, pero champlazo ya es otra cosa.

Cierzo es el viento fresco y seco del norte, el viento de las heladas tan de Burgos. Lso de la capital castellana diferencian su frío del frío que hace en el resto del planeta. En burgos el frío del norte es el Cierzo y pega que no veas. A veces esta palabras se usa con otras acepciones vinculadas a escarcha o a chubascos de corta duración que llegan con frío.

Corisco es casi lo mismo. Es el viento frío del norte, pero este es el nombre que suele recibir  cuando es verano. Es el airecito fresco de las tardes de agosto que nos obliga a ponernos una chaquetilla en las terrazas castellanas. Algo impensable en Valencia, donde no corre el aire fresco en verano ni por la mañana.

Engazarse se usa para la helada que sufren los ríos y los arroyos en invierno. Las aguas congeladas del campo se dice que están engarzadas; sin embargo, cuando la persona es la que se ha helado, o lo ha sufrido un ser vivo se habla de enganirse. Algo que suene a quedarse sin ganas.

Los copos de nieve también se llaman falepas, y según sea su tamaño y grosor se habla de falispas, que son las nieves finas como en ráfagas, también llamadas farraspas; la falliscosa es el nombre de la nieve que no termina de cuajar en tierra, la nieve que se deshace pronto. en cambio la farrapera es la nieve casi convertida en agua. Farrapos es otro nombre más vulgar para los copos de nieve.

Las burbujas que se forman en los charcos cuando llueve también gozan de nombres específicos. Los gargulitos, foroles o forolas son los sustantivos ya extintos para este fenómenos. Son como si hubiera ranas que hacen pompas en los charcos. Foroles es la palabra.

Garduñas son las heladas fuertes y se les llama también las jabardas. Pero la palabra garduña tiene también otros significados vinculados a la ornitología. Son términos muy populares, recogidos en pequeños lugares donde probablemente las palabras han prestado su forma para dar otros significados. Menuda garduña está cayendo.

Invernia es el frío del invierno. Los de Juego de Tronos no se inventaron la palabra.

Jarupia es el viento fuerte que te pega en la cara y no te deja mirar.

Jarrear es llover a cántaros, pero llover tiene muchas formas con la que se completa el término. Llover a cántaros es una lluvia abundante y permanente; llover a chaparrón o a jarros es algo parecido. En cambio, llover del regañón es cuando llueve con aire del noroeste. En cambio, llover en bernizo es llover pausadamente durante mucho tiempo. Es la lluvia lenta que parece no terminar nunca.

La muelda es el bloque de hielo que baja deslizándose entero. La palabra tiene un significado semejante a muela, como si fuera muela de molino, o algo así, pero en hielo.

Nidio es la nieve lisa y resbaladiza, y nevar poco es nevuscar, nevusquina o nevada de la cigüeña. La nevada de la cigüeña es la nevada menuda que no cuaja, y digo yo que será porque tiene poco blanco el animal, aunque tampoco hay que olvidar a la cigüeña negra, sin una pluma blanca y en peligro de extinción por estas lides.

Orbayo es el rocío, la pruina. Se usa el nombre como si fuera gallego, pero lo que sí sé seguro es que para hablar del rocío se usan muchos términos distintos. Le pasa algo parecido al planeta Venus, desde lucero del alba hasta el lucero trabayeguas. No me digan por qué, que no lo he investigado.

Pintear es el nombre de las primeras gotas de lluvia. Pintea porque pinta el suelo con los primeros dibujos de agua.

Hemos hablado de los vientos del norte y del sur. Nos queda uno más, el solanillo y solano es el viento de levante, el que procede del Este y que en Castilla es viento de Aragón. Lo habitual en estas tierra es el viento del oeste al este, por eso toman nombre los vientos contrarios por llamativos.

Trabancos son los montones de nieve que se acumulan en lugares resguardados y protegidos. Son palabras todas estas que tienen que ver con la nieva, con días fríos y de hielo. Por eso los saco a colación. Así que ya saben, si quieren hacer cabañuelas, igual hasta acertamos más que los del tiempo de la tele. Eso sí, cualquier día de estos zurrusquea. ¿Que qué es? Zurrusquear es nevar suavemente. Y es que estos días fríos son los propicios para ver la nieva blanca y fría de todos los años.

 

 

 

LA CICLOGÉNESIS DEL HOMBRE DEL TIEMPO Y SUS VÓRTICES POLARES.

El 9 de enero de 2014 escribí esta entrada en el blog. El tema y la forma pedagogiplasta de darnos el tiempo sigue vigente. Pero el mundo ya es distinto. ¿En qué? Pues que ahora la gente mira el tiempo en el móvil y no presta atención al telediario salvo para enviar las fotos. Mira, yo voy a enviar las mías. Ale, a freirnos en verano… Atención al pie de foto.

Foto enviada por topitocava desde Osakalid. “Puesta de sol templado desde las costa oeste de Nueva Groenlandia en el bendito planeta Arquidios, constelación Leo minor”.

 

 

“A los del tiempo se les ha ido la bola, no me cabe duda. Antes, cuando el hombre del tiempo daba el tiempo, decía simplemente lo esencial; y nos contaba, a los pardillos, si iba a llover al día siguiente, o por el contrario salía el sol. Pero las cosas han cambiado. Lo que antes era un temporal, ahora se llama ciclogénesis, y lo que era un frío invernal del carajo, ahora recibe el precioso nombre de vórtice polar.
Las categorías que nos enseñaron de pequeños, y que el hombre del tiempo (del tiempo de Maldonado, claro) contaba eran sencillas y claras: mañana llueve, está cubierto o nublado, hay un sol resplandeciente, o nieva con ganas. Y te lo ponían con pegatinas cutres de quita y pon. Y se acabó. Duraba el hombre del tiempo lo que tiene que durar, tres minutos, a lo sumo cinco si te metían el mapa de isobaras.
Ahora la vara también nos la meten, pero en plan pedante y plasta. Se imaginan que son un programa de variedades, y se entregan a la tarea con circunspecta saña. Nos ofrecen una media de diez mapas por programa. Que si el de ayer, que si el de hoy, que si el de mañana, que si los datos de los sitios que más ha llovido, los que más ha nevado, el de más frío, el de menos frío.
Nos dan explicaciones que nadie ha pedido, y nos alumbran con ciclogénesis y vórtices, con refranes tradicionales, y con curiosidades sobre la lluvia de estrellas y lo que haga falta. Un día te cuentan como se forman los monzones, supongo que por si se nos ocurre irnos el fin de semana por Asia, y al día siguiente te embadurnan con el cuento de los tifones y huracanes tropicales, para terminar con la berrea de los ciervos en otoño. Entretenido, la verdad.
Lo malo es que no te enteras de lo que va a hacer salvo que estés agazapado esperando el instante glorioso donde se acuerdan de tu región. Y es que la información que realmente te interesa pasa de largo con rapidez.
– ¿No te has enterado?
– Pues no hija, a ver si lo repiten.
Y no te repiten nada y te quedas con cara de tonto. Te cuentan dos refranes, te meten fotos de la gente y te despiden. Eso después de haberte tragado un preámbulo que no querías escuchar, y de abrasan con explicaciones que sobran.
Lo mejor es cuando se te olvida el tema, y te encuentras al “enterao” de turno que te lo recuerda.
– ¿Sabes que hay una ciclogénesis explosiva?
Pues eso, un temporal de cojones. Lo de siempre”.

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