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Nos han mentido tanto (periodistas), que ya no confiamos en ellos.

Acabo de leer un ensayo titulado CONFIA EN MI, ESTOY MINTIENDO, de Ryan Holiday. Un texto sencillo donde su autor cuenta las miles de veces que él ha manipulado las redes y a los periodistas, creando noticias a medias, rumores de rumores, y falsedades que cuando son rectificadas es demasiado tarde para sus víctimas.

Los periodistas se las tragan, porque no hay capacidad para contrastar las fuentes. El periodismo honesto está en horas bajas porque el proceso es demasiado rápido, y aunque no se quiera, se acaba dando voz a los que otros quieren. El periodismo actual y globalizado funciona amplificando la voz, incluso cuando no se pretende hacerlo. Es la opinión pública, dicen. Pero no. La opinión se manipula para que sea pública una opinión y no otra.

¿Recuerdan la canción de “Resistiré” en tiempo de pandemia? Fue un ejemplo de manipulación y de alimentación de la mentira. Un señor puso esa canción en su balcón, un periodista lo sacó como algo generalizado , símbolo del confinamiento. Al día siguiente, más gente, que vio la información, puso la canción. Al tercer día, era el himno de la pandemia. ¿Seguro? Así evitamos que canten otra canción, dijo alguien en la sombra. Mejor que canten esta canción, y que no nos ataquen, dijo otro. ¿Conspiranoico? Acabo de contarlos los hechos, si hubo una mente o una intención malévola lo dejo a su antojo. Sigo.

El fenómeno no es nuevo y es muy conocido. Los periodistas recogen las noticias de “otros”, muy a menudo de “agencias de noticias” que a su vez las recogen de “otros” y estos las han seleccionado de “otros”. La confianza se la van entregando entre ellos, pero basta con que una fuente parezca solvente (aunque no lo sea) para que se fíen muchos más y la difundan. Cuanto más se difunda una noticia, más dinero proporciona (en las redes, en las redes se cliquea a cambio de dinero). Luego aparece en una gran cadena como CNN, o en El Pais, o el NYT y todo el mundo cree que es fiable y se lo traga porque lo han dicho en la CNN, El País o el NYT. Medias verdades, y profundas mentiras, diseñadas para que pulses el botón de más información. Y luego otro botón, y así hasta que ellos ganan dinero y alimentamos al monstruo de las mentiras que algunos quieren que creamos. No sucede por casualidad, sino que “alguien” quiere que se hable de tal tema.

Pues bien, dice el escritor de este libro que basta con estar en el primer lugar de la cadena para expandir cuantas mentiras se quiera. Mentiras que son medias verdades y que se extienden sin control generando un inmenso daño. Bestias que devoran reputaciones, hunden empresas, levantan gobiernos y sepultan países. Crean opinión pública y difunden lo que los ciudadanos tienen que creer y pensar. Al final actuarán en consecuencia a lo que piensan.

Miente que algo queda. Miente mucho y repite la mentira para que todos se la crean. Miente para que no puedan averiguar la vedad; y cuando la vean, la verdad, no la detecten.

El arte de la propaganda siempre ha sido el arte de manipular y de mentir a las masas. El problema de hoy es que internet amplifica y extiende las mentiras en minutos, sin que haya tiempo para reaccionar. Nuestro gobierno, sin ir más lejos, se contradice constantemente; pero no es el único que cambia de discurso según la hora del día. Los políticos necesitan mentir para seguir ganando elecciones, para alimentar a sus indignados, a sus detractores y a sus acólitos.

Dicho de otra forma. Bajo cualquier mentira podemos sacar a la calle a cientos de personas indignadas por algo que no ha sucedido. Podemos cambiar la intención de voto fácilmente. Lo emocional se alimenta con mentiras; y el resentimiento y el odio se nutre de esas medias verdades. No hablo de memes, hablo de gestos acompañados por mentiras dichas una y otra vez, de información que luego es ofrecida en abierto y en las televisiones más prestigiosas como si hubiera sido contrastado. Opiniones aparentemente pensadas y meditadas en un periódico, se han inspirado en una noticia falsa, creada a sabiendas, por alguien que quiere que hoy hables de eso. Y te indignes con tal o cual cosa. Los periodistas lo toleran y lo construyen, y viven de ello, y es que es obligatorio rellenar el periódico, incluso cuando no sucede nada. Y cuando sucede, hay que ofrecer el titular más impactante, el que más va a atraer a los compradores del periódico. El resultado es molesto pero real: la información que más vamos a cliquear no suele ser la más ajustada a la verdad. ¿Y qué es la verdad para esta gente? La verdad es lo que la gente cree y vota. O sea, la mentira que ellos mismos han difundido.

Les pongo un ejemplo de titulares de cinco noticias que cliquearían miles de navegantes, y que fácilmente mienten. ¿De qué quieren que hablemos la próxima semana? Se puede elegir el tema, y se lanza la noticia.

Titulares:

  1. TITULAR ¿Podría la ruptura entre Bertín Osborne venir de una infidelidad?
    1. COMENTO: Siembra la sospecha y acaba con la reputación de los dos.
  2. TITULAR El secreto de la Casa Real para que Leonor se forme fuera del país.
    1. COMENTO: Crea desconfianza en Felipe VI, y desestabilizarás a España, y con ello a la UE. Esto es válido también para la desinformación catalana que pulula por el mundo.
  3. TITULAR ¿Por qué la vacuna de Moderna es menos eficaz que las demás?
    1. COMENTO. Estas mentiras le vienen bien a las demás empresas farmacéuticas que tienen una vacuna y que quieren vender su producto. No es difícil contratar y diseminar una mentira. Seguro que a Moderna le cuesta mucho parar esta mentira, y los rumores destruirán una empresa y alzarán a otras.
  4. TITULAR: Lo que no nos dicen de las elecciones catalanas y todos los españoles deben saber.
    1. COMENTO. Con estos titulares puedes contar lo que te dé la gana, sin contrastar, claro. El click está asegurado, y es que la gente confía más en un secreto, aunque sea mentira, que en algo conocido por todos.

Por eso llama la atención que los que más hablan de “fake news” sean precisamente los que más las sueltan. Y es que en este tema hay que preguntarse “a quién beneficia”. Probablemente ahí está al generador de mentiras. Yo apunto a tres sectores:

  1. Políticos. Necesitan ganar elecciones, y saben que las emociones mueven a los electores. Creamos mentiras, difundimos infamias del rival, propagamos falsedades para que opten por lo que hacemos y somos nosotros.
  2. Periodistas y empresas de comunicación. Cuanto más mientan, más cliqueos pueden obtener por sus titulares y por sus noticias. ¿El precio a pagar? Manipulación de las masas, pero no importa, al fin y al cabo, mañana daremos otra noticia. Las rectificaciones tienen menos cliqueos que las mentiras, por cierto.
  3. Empresas que compiten por dominar el mercado. Rivalizan y siembran falsedades de la competencia para desestabilizarla.

Dice el autor del libro que las redes, y el periodismo contemporáneo ha creado un monstruo que es difícil de guiar, de reconducir, incluso de matar. Esa bestia alimentará las más terribles especulaciones sobre la realidad del mundo. ¿Quién ha manipulado las últimas elecciones en Cataluña? Elijan la respuesta correcta: China, Putin, Twitter, Facebook, Google, Amazon, Sánchez, Trump, el Club de alguien que no puedo nombrar…