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Ciencia Ficción y Terror en ORSON SCOTT CARD. Narrativa breve de Mapas en un espejo.

Tenía muchos temas para tratar, desde el sentimentalismo que despertó la muerte de Lady Di, víctima del pueblo y de su curiosidad, hasta las múltiples tonterías que el devenir político nos deparará como no detengamos a los dictadores de Corea del Norte y de Cataluña. Pero no. Prefiero dedicarme a hablar de un escritor que me ha gustado: Orson Scott Card.

Estamos ante un escritor que consiguió, hace unos años, los premios más prestigiosos de ciencia ficción en Estados Unidos: premio Hugo de novela, Premio Nebula, Premio Locus y el Margaret Edwards, que es otorgado a autores de literatura juvenil. En España, la ciencia ficción cuenta con muy poco reconocimiento público de la cultura oficial, entre los que incluyo la prensa y los grandes premios literarios. Pero en USA no es así. Aquí, y me refiero a Europa, es tratada la ciencia ficción y la literatura de terror como el hermano menor de la narrativa, lo mismo que la literatura humorística, o la fantasía en general. Por eso no es demasiado conocido. O sí. Es el escritor de la novela que luego se hizo película LOS JUEGOS DE ENDER. Ahí sí, sí que nos suena. Si hay pelí, sí que nos suena. La peli también la hicieron los americanos, quién si no.

El libro que me he leído este verano, o mejor dicho los libros, son una colección de cuentos cortos que agrupó hace unos años y que tituló MAPAS EN UN ESPEJO. Algunas son sus primeras obras, sus primeros cuentos y narraciones, los más exitosos y los más curiosos. Selecciona un buen número de obras, entre las que incluye la primera redacción de Los Juegos de Ender, que fue antes cuento corto y luego creció hasta ser novela. Además incluye muchas pequeñas obras de terror, e incluso cuentos familiares, los que destinó a su comunidad mormónica.

Orson Scott Card escribe con la soltura que ahora se impone en todo el mundo, maneras americanas cien por cien. Poca descripción, abundante diálogo, movimiento y construcciones que sean sencillas y fáciles de digerir. No se va por las ramas. Estamos en el género narrativo del cuento, que requiere todo eso en grandes dosis. Orson no usa la literatura para expresarse, sino para contar cosas, entretener y ganar dinero vendiendo impacto y sorpresa. Y lo hace bien.

Su novela más conocida, LOS JUEGOS DE ENDER, no es mucho más larga que el cuento que lleva el mismo nombre, cambia un poco el punto de vista, pero no demasiado. Lo va espesando (término que yo utilizo) para consolidar y fortalecer una historia; pero no logra superar nunca las quinientas páginas. Me recuerda a Edgar Allan Poe, que no lograba escribir una novela larga, salvo su excepcional “Narración de Arthur Gordon Pyn”. La narrativa americana que es demasiado directa y ágil, pierde fuerza en cuanto quiere contar algo introspectivo que requiera entrar en detalles. Tienen miedo de aburrir, y terminar cansando, pero no por la falta de acción, sino por su exceso. Autores como Ken Follet terminan haciendo de sus abultadas novelas auténticos folletines, y es precisamente por eso, porque no dedican (como sí hacían en el siglo XIX) párrafos a describir el ensimismamiento de los personajes. Por eso a la narrativa americana pragmática le sienta mejor la narración corta, el cuento sencillo. Orson Scott Card lo hace muy bien, y en el género del cuento corto parece moverse como pez en el agua.

Además de los cuentos, en esta agrupación literaria, Orson explica las razones de tal o cual cuento, que va mezclando con las circunstancias de su vida y de su manera de pensar. Orson es un tipo comprometido con la defensa de la familia en Estados Unidos, lo que le ha valido el rechazo de la comunidad LGTB… (y un largo etcétera de siglas…) que lo ha saboteado y perseguido de las maneras más extrañas posibles. Él cuenta un poco de todo esto, de los fanatismos que se ha granjeado en su vida, y de su compromiso por la iglesia mormona. Además de sus problemas de sobrepeso, y las dificultades para sacar a sus hijos adelante.

También cuenta, Orson es un tipo sincero e inteligente, cuando un cuento le ha salido bien, y cuando no, la sorpresa que se lleva cuando  le llega el éxito o no, sin terminar de entender las razones. O sí. Orson explica al detalle, desde su punto de vista, por qué algunos cuentos fueron publicados (casualidad), sin que tenga ni pajolera idea de por qué unos elegidos fueran aceptados por el público (fortuna). Se supone que el éxito tiene que ver con estar en el lugar adecuado el día adecuado.

Defiende también, como si fueran sus hijos, las narraciones que se quedaron fuera de ser publicadas por razones un tanto absurdas, que son las que manejan a menudo los editores. Hay libros que entran por los ojos aunque sean malos (cumplen sin más) y otros que son rechazados de buenas a primeras sin que nadie sepa a ciencia cierta las razones más allá de una simple e imaginativa intuición. C’est la vie.

Me gusta su tono de hombre bueno, sencillo y sincero. De persona comprometida con sus valores religiosos y sus convicciones, de sus historias forjadas a golpes y experiencias dolorosas vitales. Como siempre se ha dicho, no se puede escribir sobre aquello que no se conoce. Por eso la ciencia ficción es uno de los géneros más complicados de abordar para un escritor, precisamente porque hay mucho que no se conoce.

Y Orson Scott Card lo hace precisamente muy bien, por eso lo recomiendo.

La Novela de Edgar Allan Poe: Narración de Arthur Gordon Pym

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La verdad es que lo he terminado de leer hace un par de semanas, y me ha fascinado. Tanto como que me he animado a leer las obras completas de este escritor, es decir, primero un repaso a los Cuentos, que aunque muchos ya los había leído, otros, sin embargo, me eran desconocidos. Luego me deleitaré con sus ensayos y cartas, algunas voy encontrando muy interesantes, y terminaré con su poesía, porque Poe fue un poeta; y las vidas de poetas ya se sabe que suelen ser desdichadas y turbias, como es esta magnífica novela, que siempre se ha leído como una especie de autobiografía oculta del autor. Edgar Allan Poe es Arthur Gordon Pym, piensan casi todos los estudiosos del tema, y no les puedo quitar razón, pues me delataría mi ignorancia.

Me suena, porque en la red las cosas suenan en el inconsciente sin calar hondo, que le han hecho un museo en Richmond, Virginia, aunque él naciera en Boston (1809) cien años antes que mi abuela, y doscientos antes que mi hija, pero no voy a comprobarlo ahora. Me imagino que guardarán reliquias del autor, de esas que florecen en los rincones conservados de los museos: sus calzoncillos, calcetines agujereados, unas botas destrozadas, alguna botella de su bebida favorita (esta no suelen ponerla, aunque en el caso de Poe sería una simpática excepción), y un par de insignias de su medallero particular, que suelen concederse cuando el autor, en este caso escritor, ni puede disfrutarlas ni puede agradecerlas, ni limpiarse los mocos con ellas. Se enorgullecen de su escritor cuando está muerto, porque cuando está vivo es un borracho depresivo y un enfermo al que la gente rehuye. Somos así: materia orgánica.

Poe vivió en una América recién independizada,  la misma que convirtió la vida de algunos en un sueño y la de otros en una pesadilla. Murió en el año 1849, tras una vida depresiva, problemas con la bebida, y más pobre que un rata. La vida de Poe es más bien la pesadilla de alguien, y eso en un museo, por muy bien diseñado que esté para enclaustrar el alma de los poetas, y sentir que la vida de unos y otros se iguala en la miseria de la vida, seguro que no logran atrapar el aire que respiraba.

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Pero esto sí se puede hacer con la Narración de Arthur Gordon Pym, que recoge, con una historia pulida y bien cuidada (atención traducciones, que algunas son buenísimas), la vida de un joven que se embarca casualmente en un barco ballenero y recorre los mares sorteando peripecias más que entretenidas. La muerte lo acosa a menudo, y la soledad golpea al personaje que recrea los conocimientos de Poe sobre el mar, y sobre la vida. Especialmente esto último. La desconfianza en el otro, que se vuelve malvado en circunstancias trágicas, convierte el relato en una obra maestra con los habituales yerros de las obras maestras que rechazan las editoriales de postín: no hay un final demasiado pensado. La novela parece que termina abruptamente. Y ni falta que le hace, diría otro.

Poe es el precursor de la novela fantástica, con una sola novela, está emparentada con Moby Dick de Melville, está abrazando el terror que otras novelas contemporáneas han tratado de imitar con más o menos gusto. Si en los cuentos apreciamos que Poe (el mismo lo explica así) escribe primero el final y luego organiza el principio para que impacte en el lector; en esta novela le sucede lo contrario. No parece tener destino, no hay destino. Es como la vida misma, sin rumbo y sin horizonte, pero con un afán de supervivencia, un deseo por regresar a algo que valga la pena, que hacen que este libro sea una luz para cualquier lector avezado al que le guste disfrutar.

Por eso, creo yo que si hubiera escrito la novela de Katherine Pancol, Los ojos amarillos de los cocodrilos, nos hubiera contado más cosas del chino y de los cocodrilos que atemorizaban a los africanos merendándose de cuando en cuando a alguno, y no como hace esta escritora francesa, narrando la insustancial vida de dos hermanas petardas. ¡Mira, se me ocurre! Un final para esta novela, así estilo Edgar allan Poe sería que su primer marido le envía un paquete a su exmujer en París con un cocodrilo vivo dentro que se empezaba a comer a gente. Ahí acaba la historia, porque en la segunda parte, habría que contar que la señora se ha hecho un bolsito de la piel de su mascota favorita.

En fin, lo dije, menos perder el tiempo: un brindis por Poe, pero con absenta, ¿eh?

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