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BREVE COMENTARIO A LA ENCÍCLICA MAGNIFICA HUMANITAS. Desarmar las palabras.

Estoy a punto de terminar su lectura, que me ha abierto la ventana a otras y suculentas lecturas sobre la IA; y tengo que decir que me ha encantado.

Sin duda el Papa León XIV, que ha mostrado clarividencia y profundidad en su visita reciente a nuestro país, destaca en la «Magnifica Humanitas» por apuntar y disparar con precisión a los graves y terribles problemas que aquejan a nuestro tiempo. Nos ofrece aproximaciones de solución, basadas en los principios de la civilización del amor, que hablara S Pablo VI.

Me detengo, en esta ocasión, a comentar la primera contribución que nos invita a hacer: Desarmar las palabras. Está en el número 214, en un primer párrafo.

Copio textualmente:

«La primera contribución que podemos hacer a una civilización más humana es prestar atención a nuestras palabras. «Desarmemos las palabras y contribuiremos a desarmar la tierra». El poder de las palabras es enorme y lo experimentamos en nuestra comunicación cotidiana, cuando alguien nos dice algo que cambia nuestro estado de ánimo, ya sea para bien o para mal. «La paz conmienza por cada uno de nosotros, por el modo en el que miramos a los demás, escuchamos a los demás, hablamos de los demás; y, en este sentido, el modo en que comunicamos tiene una importancia fundamental; debemos decir «no» a la guerra de las palabras y de las imágenes, debemos rechazar el paradigma de la guerra».

Es muy interesante el valor que da el Papa a las palabras, precisamente en nuestro mundo que está impregnado de palabras terribles, llenas de odio y de rencor. No hay más que asomarse a las redes sociales para comprobar como los insultos, los desprecios y las descalificaciones inundan el panorama de los particulares. El «hate» como dicen ahora, y el echar «hate» al otro, no es más que una expresión de este odio que se ha instalado en nuestra sociedad.

Si nos asomamos al panorama político no encontramos palabras mejores. Las declaraciones cruzadas entre los gobernantes de Irán, Israel o Estados Unidos son para ponerse a temblar. ¿Tan difícil es hablar y dialogar? Palabras que hablan de conflictos enquistados, de odios ancestrales, de una incapacidad para reconocer la existencia del otro y dialogar de igual a igual.

Pero el Papa dice más, termina afirmando en este mismo número lo siguiente:

«Todos debemos, por tanto, hacer un examen de conciencia sobre las palabras que usamos, sobre los prejuicios de los que están impregnadas y sobre la agresividad, abierto o encubierta, que las motiva. Tenemos una posiblidad real de contribuir al bien cada vez que decimos la verdad, que damos un consejo sabio, que apoyamos a quien necesita consuelo, que denunciamos una injusticia o damos voz a quien no la tiene».

La invitación no es universal, no es a los gobernantes o al otro, sino que es una llamada a la conciencia de cada persona. La pregunta es introspectiva. Muchos prejuicios que guardamos están construidos sin la misericordia entrañable que Dios nos invita a adquirir de su Hijo en la cruz. Perdónales porque no saben lo que hacen.

Por el contrario, tenemos la posibilidad de decir la verdad, de aconsejar con sabiduría, de consolar y apoyar al que sufre, de denunciar la injusticia y de dar voz al que de verdad no tiene voz ninguna en nuestra sociedad.

Desarmar las palabras, en el Papa, significa que podemos construirlas de manera distinta, naciendo del corazón y buscando el bien del otro en el encuentro.