PAPOLOGÍA, METAFÍSICA Y CIENCIAS PAPALES.

Los periodistas españoles se han venido arriba con la muerte del Papa Francisco, y es que, tras estudiar papología en clases intensivas y aceleradas, están pontificando sobre el pontífice, que debe ser el colmo de la pontificación y de la ciencia metafísica papal.

Piensan que el Papa es una especie de político para los asuntos religiosos, y que la Iglesia una asociación tradicional de ultracatólicos que deben modernizarse. Bajo esa lectura, dicen muchas tonterías. Más los de izquierdas que los de derechas, pero todos se quedan a gusto.

Unos están deseando un Papa modernísimo que apoye el aborto, apruebe el matrimonio homosexual y que acabe con un par de sacramentos anticuados, que además son muy aburridos. Tiene sus contertulios, y hoy dominan los medios de comunicación españoles.

Otros, desean un Papa que defienda el Valle de los Caídos y que rece el Rosario en latín. Por supuesto, que no hable de los pobres, ni de los emigrantes ni de nada de eso, que es como algo de rojos. Estos están más en las redes, y acusan a Francisco de peronista bolivariano y de sindicalista hipócrita.

En general coinciden en que la Iglesia no debe hablar, y el Papa tampoco. Que es algo privado. Salvo para darles la razón a ellos, claro. Y aquí nos muestran sus soberbias opiniones pontificales. ¡Qué razón tiene el Papa cuando opina igual que yo! Del Evangelio, ni por asomo saben de qué va, ni falta que importa. Por supuesto, consideran la Iglesia una asociación de gente dispar y contraria entre sí, y no una comunión, que es lo que es.

Por supuesto, se equivocan. Por que si algo importa a los católicos es la comunión en la diversidad que señalara el Concilio Vaticano II. Unidos en la fe, en la liturgia, y diversos y fecundos en los dones del Espíritu Santo.

A los periodistas les encantan las anécdotas de un papa que era guay. Se basan en las imágenes. El Papa que visitaba la cárcel, que atendía a los pobres, y que lavaba los pies a los desfavorecidos el Jueves Santo. O sea, exactamente igual que Benedicto XVI, Juan Pablo II, Pablo VI, Juan XXIII… y exactamente igual que la mayoría de los obispos.

Esta peña no sabe que el Papa es el obispo de Roma, y que la Iglesia realiza una labor pastoral, además de política. Les asombra mucho que lave los pies el Jueves Santo, e ignoran que eso mismo se hace en todas las parroquias por parte de nuestros curas. Incluidos los curas más conservadores y ultracatólicos. Van poco a misa, creo yo, y hablan de lo que no saben.

También nos bombardean intentando explicarnos cómo será el procedimiento de elección del próximo papa. Les encanta especular con fechas, con candidatos, con lo que se hace o se deja de hacer. Que si lo trasladarán por una calle o por otra, que si cantarán el gori gori o no cantarán. Que si un cardenal se ha quejado por la comida. Cosas así.

Por supuesto, nunca se preguntan por qué se elige así, ni por qué se han tomado decisiones. Tampoco se valora el sentido de las tradiciones. Piensan que se hace así, porque son tradicionales, sin darse cuenta de que no siempre se han elegido los Pontífices como se eligen ahora. Pero les da igual. No tienen tiempo, y en cualquier momento llegan los anuncios, y se quedan sin su minuto de gloria televisiva. La superficialidad impera, y no vamos a aburrir contando algo importante. Bombardean con naderías.

La tercera parte del espectáculo televisivo, está en ciernes. Consiste en especular en cómo será el próximo Papa, y en quién será. En esto son como los reporteros de las Olimpiadas. Se fijan mucho en los españoles que compiten, y les importa un bledo el resto de los deportis… perdón, el resto de los cardenales. Qué cosas. A ver si sale un tío tan progre y majo, de esos que no escuchamos para nada sus homilías. Eso parecen decir. Otros especulan en que sea un papa negro, el fin del mundo y asuntos de tanta enjundia como ficción. El caso es no parar.

Por supuesto, para los católicos, la fiesta es otra.

Nosotros celebramos la resurrección. No la muerte, ni el poder, ni las tendencias políticas de la rabiosa actualidad. Para los católicos el Papa es el Papa. El Espíritu Santo asiste, y no es tan importante, ni quién será, ni quién ha sido, ni lo que ha hecho. Dios sabrá. El Papa está al servicio del evangelio, igual que los obispos, los curas, y todos y cada uno de los bautizados. La sensibilidad particular del clero no suele estar en si es progresista o conservador, que es un exceso lamentable, sino en su sensibilidad pastoral hacia la liturgia, la oración, la pobreza, la justicia social, la catequesis, la misma Iglesia, etc. Deseamos un siervo fiel al evangelio, lo más santo posible, para que nos ayude a santificarnos a nosotros, pobres mortales como él.

Si atendemos a las últimas Encíclicas o exhortaciones de los últimos cinco o seis papas, vemos que casi siempre tratan de lo mismo: el Redentor y el perdón de Dios, la justicia social, la paz, la Virgen María, la liturgia, la alegría de la fe, el esplendor de la verdad, la familia, y por supuesto, la Iglesia, la unidad de los cristianos, su papel en el mundo, etc. Los temas son muy abundantes y variados, pero no son extraños para ningún católico. Tampoco se contradicen, sino que unos papas reafirman su magisterio citando y recogiendo el magisterio de sus predecesores. Siempre ha sido así. Hay continuidad, no saltos en el vacío. Todos y cada uno de los Papas aporta una novedad, pero todos y cada uno de los Papas se mantiene en la continuidad.

Luego están las características personales: unos son más teólogos, otros más pastorales, otros más carismáticos, o viajeros, espontáneos, etc. Da igual, todos ellos caminan con el pueblo de Dios, al que pastorean. Cada uno está en el momento en el que el Espíritu Santo de Dios decide; y los creyentes asentimos, damos gracias y oramos por él.

Por eso, ante la muerte del Papa Francisco simplemente rezamos. Por su alma pecadora, pues pecadores somos todos; y para que interceda por nosotros cuando esté en la presencia del Señor. También rezamos por los cardenales, no solo por los que nos caen bien, sino por todos; para que el Espíritu Santo los asista, que seguro que los asiste. Finalmente rezaremos por el próximo Papa, y cuando se asome al balcón y se oiga el «Habemus Papam», seguiremos pidiendo a Dios todos los días en la Eucaristía por el que sea, igual que lo hacemos por nuestro obispo, y por todo el pueblo de Dios. Para que Dios le de fuerzas, y para que sea fiel al evangelio que ha recibido.

Seguro que para entonces, muchos ya le dejan de escuchar, y se olvidan del Evangelio al que sirven los Papas.

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