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23 DE SEPTIEMBRE DE 2023. CORONACIÓN CANÓNICA DE NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES.

Este sábado, en la catedral de Valladolid, celebraremos la Misa Pontifical de la Coronación Canónica de la Reina del Dolor de Valladolid, a las 17 horas. Imagen que veneran y se custodia en la Cofradía Penitencial de la Santa Vera Cruz de Valladolid, la de la calle Platerías. El acontecimiento es único, histórico y lleno de belleza y sentido en este año en el que celebramos también el Jubileo por la Consagración de Valladolid al Corazón de Jesús.

Son dos buenos motivos para mirar al cielo, y admirarnos del profundo amor que Dios ha tenido para con nosotros en una economía de salvación que se inicia con el “fíat” de María, el “hágase tu voluntad”; y que culmina con la muerte y el dolor de la cruz, y la resurrección de entre los muertos de su hijo Jesucristo. Dolor que comparte con su madre, nuestra madre, la Reina del Dolor.

No puedo olvidar que el 15 de abril de 2017, otro Sábado, en este caso Santo, me invitaron los cofrades de la Santa Vera Cruz, a proclamar el ofrecimiento de los Dolores a la Madre Reina del Dolor. En aquella ocasión preparé unas bellas palabras y un poema que quiero compartir de nuevo con todos ustedes, mis lectores.

Desde entonces mi relación filial con la Virgen Inmaculada se ha intensificado. Ya sabéis, creo que ya lo he contado a los cuatro vientos, que me he consagrado a ella durante este verano siguiendo el Tratado de la verdadera devoción a la santísima Virgen María, escrito por San Luis Grignion de Montfort, y que fue camino también para la consagración que hizo un grande de la Iglesia como fue San Juan Pablo II. De nuevo un motivo más para amar y entregarse a María, en este caso, Reina del Dolor de Valladolid.

POEMA A LA REINA DEL DOLOR.

Virgen de la Vera Cruz, Madre del dolor.

Que tus lágrimas fecunden esta tierra de Castilla,

Y que crucemos el río de su misericordia,

En brazos de Cristo, tu Hijo.

Sin quererte ver, he visto,

Hoy tu alma desgarrada,

Por la muerte de tu Hijo,

Agua y sangre en una espada.

Sin quererte ver, he visto,

Mis pecados en tu alma,

Me susurrras como un grito,

Que camine hacia tu casa.

Te ofrezco con el perdón,

Que labres en nuestras tierras,

Semillas buenas de Amor.

¡Qué en la Pascua que hoy espera,

reticente corazón!

Resucitemos de veras.

(15 abril 2017)