
Entre dimes y diretes, llegó el verano. Reconozco que me produce pereza escribir en el blog, pero también creo que he dilatado demasiado el tiempo desde la última entrega, y si bien lo miro, fue más dilatada desde la entrega anterior, y la anterior…
Quiero decir, que desde que publiqué LA EXTRAÑA FAMILIA DE ARGIMIRO MONTAÑÉS, no he regresado demasiadas veces a este blog del escritor, que, si bien mantiene afluencia de público en la búsqueda de entradas antiguas, presenta un cierto declive desde que le presto menos caso. Pido disculpas al respetable, aunque seguro que algún insidioso reirá entre dientes mientras afirma: “pues no me había dado cuenta”. Ale, que te den; por sandío y mentecato. Y por tocarme las gónadas.
Decía que regreso, claro que sí, como los Yedais, a poner orden, a entretener y a clarificar. Por delante mío, se presenta un verano que será más que llevadero; y por detrás, unas elecciones municipales que todavía son portada en los telediarios y revistas, las cuales tenían poco trabajo en Julio, hasta que llegó Pedro Picapiedra con sus ocurrencias de chulandrón para intoxicar el verano. Los malos no tienen remedio, y los buenos creo que van a pasar de su efigie enfadada.
El caso es que las próximas elecciones están cerca, y eso se nota en el lanzamiento de frasecitas ocurrentes por parte de los candidatos. Lo habitual era que, siguiendo el dictado de la hipocresía que marca el llamado “juego político”, los candidatos soltaban elogios de aquellos que los habían nombrado; y en el mismo párrafo, esos mismos paisanos se dedicaran a insultar y mostrar su odio más cerril contra sus adversarios políticos. Siempre me ha resultado vomitivo el uso de esos tonos asertivos de medio enfado que emplean los de la cosa nostra, tonos que, por otra parte, dejarían consternado al mismo Stanislavki si regresara de su tumba.
No creo ofrender a ningún colectivo si afirmo que los políticos son grandes actores, porque creo que es verdad. Lo malo, para mi desgracia, es que ahora, últimamente digo, se han sumado muchos periodistas, artisteo de sindicato y demás farándula de bicicleta y tatuaje, a la fiesta del opinar con una sola premisa, que para ellos es conclusión y mantra: “qué vienen los malos”.
A esta gente, digo yo, que les deben pagar sus partidos políticos favoritos, pues no creo que alguien sea tan idiota que piense que les van a mejorar los suyos, cuando todos van a navajazo limpio. Mi pesadilla es que repiten como papagayos las mismas consignas de mediopelo con numerosas variantes. Y eso sí que es insufrible, y además falta todavía una quincena de días para que se callen.
Lo dicho, no me entretiene demasiado hablar de las frasecitas y sus ocurrencias, que combinadas con los titulares de sus periódicos de cabecera conforman un auténtico espectáculo para los estudiosos de las falacias en la teoría de la argumentación lógica. Si es que las emplean todas: la ad hominem, la ex populo, la in populo… Son realmente gente falaz y de pocos recursos intelectuales. Aunque también puede ser que escondan sus verdaderos argumentos, y al populacho, o sea a mi y a mis compañeros de vida, nos suelten frasecitas porque piensan que no damos para más. Craso error, amigos candidatos. El pueblo parece tonto porque está callado; pero déjale que hable. Mira, en Francia están hablando, y está el Macron diciendo tontadas de kilo y medio, en plan español. Hasta en eso se nos parecen los gabachos.
Lo único que quiero decir, y ya me centro y voy al grano, es que no os voy a hacer ni caso durante los próximos días. El 23 votaré lo mismo que voté el otro día, y que os den. No pienso escuchar más sandeces que interrumpan la apatheia cristiana en la que me encuentro, y que me está permitiendo escribir un tratado de teología durante este espléndido y fecundo verano.
Antes prefiero saber si se casa la Tamara, y que deje de sufrir por nada. ¡Por cierto! No he visto a la Obregón luciendo bañador. Es lo que tiene ser abuela, que te desempoderas por culpa de los fascistas que siempre andan por ahí, a la vuelta de la esquina criticando su carrera de biología práctica. He, he.
No sigo. Tengo que disfrutar del nuevo clima monzónico que está a punto de llegar un día de estos por culpa del Niño, que está de paseo por el Océano Pacífico. Digo yo que dimitirá alguien si no hace el calor que preveen; aunque para mi, ya lo dijo Hume, la causalidad, imbéciles, el problema está en la causalidad, dudo que no sea un verano al estilo de como todos los anteriores desde que nací.
Feliz verano.
PD: El próximo día os hablo de Corazón de Jesús, que en Valladolid estamos de jubileo, caramba.